La Era del Lobo

La era del lobo. Los vikingos y la batalla por el imperio del mar del Norte, que Ático de los Libros publica en su edición rústica, es una historia épica y apasionante sobre los vikingos y la lucha por el poder que transformó para siempre la Europa medieval.

Óscar Herradón ©

Lo firma el historiador noruego Tore Skeie, ganador del prestigioso premio Sverre Steen en su país; la épica historia del apogeo del gran imperio vikingo. A comienzos del siglo XI, el norte de Europa era una tierra de reyes guerreros, frágiles alianzas y ambiciones desmedidas. Noruega, Dinamarca e Inglaterra se disputaban el control del mar del Norte, un imperio levantado a golpe de espada, plata y traición. Desde los fiordos escandinavos hasta las costas inglesas, desde Normandía hasta la rica al-Ándalus, los vikingos combatían por la gloria y el poder, mientras el destino de Europa se decidía en campos de batalla, salones reales y travesías imposibles

Olaf II el Santo.

En este vibrante ensayo, Skeie nos sumerge en uno de los periodos más fascinantes de la Edad Media: los años en que Canuto el Grande extendió su poder sobre Dinamarca, Noruega e Inglaterra; Olaf Haraldsson pasó de saqueador vikingo a futuro santo, y el reino anglosajón de Etelredo el Indeciso se tambaleó entre invasiones y traiciones. En esa pugna feroz, el mar del Norte se convirtió en el centro de un imperio. A partir de crónicas, sagas y poesía escáldica, descubriremos una era de conquistas, emboscadas, botines y conversiones forzosas. La era del lobo es una historia épica y apasionante sobre los vikingos y la lucha por el poder que transformó para siempre la Europa medieval.

Un mundo político conectado

Cnut el Grande.

El libro reconstruye algo más de medio siglo, entre la muerte de Edgar el Pacífico en 975 y la muerte de Cnut el Grande (Canuto II de Dinamarca en castellano) en 1035, y lo hace siguiendo a tres figuras que rara vez se cuentan juntas: Svend Barba Bífida, su hijo Cnut y el noruego Olaf Haraldsson, el futuro san Olaf. Skeie aborda el periodo como un mundo político conectado, mostrando cómo Inglaterra, Dinamarca y Noruega quedaron unidas por la guerra, el tributo, la diplomacia y una ambición compartida. Frente a la tradición historiográfica británica que suele condenar sin matices las incursiones vikingas, el autor noruego adopta un enfoque más equilibrado que, sin glorificar a los asaltantes ni suavizar la brutalidad de sus métodos, los sitúa en un contexto histórico más amplio. 

Etelredo II.

Una de las mayores virtudes indudables del libro, y también su rasgo más curioso como fuente, es el uso masivo de la poesía escáldica: los poemas que los escaldas componían por encargo de la nobleza escandinava para inmortalizar sus hazañas. Skeie se apoya en esos poemas para ofrecer un relato más matizado, y esa decisión metodológica explica parte de la fuerza narrativa del ensayo. El volumen dedica bastante espacio a uno de los episodios más escalofriantes de la Inglaterra anglosajona, la matanza del día de San Bricio. En noviembre de 1002 el rey Etelredo II ordenó ejecutar a los daneses asentados en su reino, un episodio que la arqueología ha corroborado: en 2008 apareció en los terrenos del St John’s College de Oxford una fosa con los esqueletos de treinta y siete varones jóvenes, presumiblemente víctimas de esa matanza. Skeie enlaza ese suceso con la espiral de venganza que desembocaría en la conquista danesa de Inglaterra, y con el sistema de tributos conocido como Danegeld: los pagos en plata que Etelredo fue entregando a los vikingos crecieron de forma constante, desde las diez mil libras romanas de plata pagadas tras la derrota de Maldon en 991 hasta las veinticuatro mil libras de oro y plata reunidas en 1002, cifras que dan una idea de hasta qué punto la riqueza inglesa, más que su debilidad militar, convertía al reino en un objetivo codiciado. 

Los claroscuros de Cnut el Grande

Emma de Normandía.

El retrato que hace Skeie de Cnut es especialmente interesante porque rehúye tanto la leyenda del rey piadoso –la célebre anécdota de Cnut ordenando a las olas que se detuvieran– como la caricatura del bárbaro sanguinario. Cnut aparece como un gobernante moldeado por la contingencia, que hereda conquistas difíciles, aprende deprisa y entiende que gobernar Inglaterra exige algo más que barcos y espadas. La era del lobo detalla cómo, tras ser coronado en 1017, elimina metódicamente a los nobles en los que no confía, destierra a los herederos supervivientes de Etelredo y sella su legitimidad casándose con Emma de Normandía, viuda del propio Etelredo: una jugada dinástica que convierte a la reina normanda en la bisagra entre dos dinastías rivales. 

Un libro que el Financial Times ha definido así: «La turbulenta época que marcó el cambio de milenio cobra vida en una historia digna de una epopeya televisiva moderna»; y Publishers Weekly describe como: «Exquisitamente documentada, la historia de Skeie sobre conflictos implacables, intrigas políticas y maniobras diplomáticas se lee como un auténtico Juego de Tronos sin dragones. Fascinará a los aficionados a la historia medieval».

La historia económica de la humanidad (contando con las mujeres)

Ático de los Libros publica Económica. Una historia global de mujeres, riqueza y poder, de la economista británica Victoria Bateman, que nos acerca el crucial –e injustamente olvidado– rol económico de las mujeres en el progreso humano.

Óscar Herradón ©

Bateman recorre doce milenios, desde la Edad de Piedra hasta la informática, para demostrar que las mujeres nunca estuvieron ausentes de la economía, sino ocultas en los relatos. Es un libro de divulgación ambicioso, con anécdotas memorables y una tesis que crítica y público ha acogido con entusiasmo.

Bateman enfrenta tres ideas preconcebidas: que la mujer trabajadora es un fenómeno moderno, que la prosperidad fue obra de los hombres y que la producción femenina se limitó durante siglos a la reproducción. El libro (una voluminosa edición en tapa dura con sobrecubierta que quita el aliento) sostiene que las mujeres han estado siempre en el centro del progreso económico como empresarias, comerciantes e industriales. Es el desarrollo natural de The Sex Factor (2019), donde defendía que la libertad de las mujeres fue un factor clave del ascenso económico de Occidente, una tesis que Foreign Affairs describió entonces como una crítica feminista al sesgo masculino de gran parte de la teoría económica.

Un desfile de mujeres olvidadas

Boda de Mahoma con Khadijah.

Y en ello descansa el mayor atractivo del libro. Aparecen Phryne, la mujer más rica de la Atenas antigua, que ofreció pagar la reconstrucción de las murallas de Tebas tras su destrucción por Alejandro Magno; Khadijah, la comerciante que empleó a Mahoma antes de proponerle matrimonio; y Ching Shih, prostituta convertida en pirata que dominó el comercio en el mar de China Meridional. Junto a ellas, Priscilla Wakefield, que fundó el primer banco inglés para mujeres y niños, y la zapatera del siglo XVIII Ann Askew. Y el trabajo anónimo: mujeres que participaron en la construcción de la Gran Pirámide y en la fontanería de la Roma antigua, tejedoras de seda de la Ruta de la Seda y cerveceras que dominaron el comercio londinense medieval.

En una entrevista con The New Feminist, la autora, que ha enseñado historia económica en Oxford y Cambridge y es miembro de la Royal Historical Society, menciona a las mujeres lidias y a las neandertales que eran más cazadoras que recolectoras, y subraya que leemos el pasado desde un guion occidental y patriarcal. Recuerda además una frase de su abuela: las mujeres de clase trabajadora siempre han trabajado. Sostiene que la figura del ama de casa a jornada completa es un invento del siglo XIX, y que la cerveza, hoy asociada a lo masculino, fue durante siglos un negocio de mujeres. Su ejemplo más provocador es el de Roma, donde, según cuenta, mujeres que comerciaban con aceite de oliva por todo el Mediterráneo se vieron empujadas hacia el hogar por las leyes natalistas de Augusto, un movimiento que ella compara con el conservadurismo social actual y con el mito de las tradwives.

Es una mujer singular, y activista: llegó a protestar desnuda en congresos académicos y en directo en televisión, en horas de máxima audiencia, contra el Brexit (en la imagen de la izquierda), que ella misma explicó como una doble protesta contra la sexualización del cuerpo femenino y a favor de reconocer el valor económico que el mercado del sexo le pone. Ante la pregunta de si es valiente, responde que solo es ella misma, con o sin ropa. Económica es una lectura vívida y bien documentada, que gana enteros por las historias, muchas de ellas insólitas, que rescata.

Barbarroja 1941. La guerra absoluta

Ático de los Libros publica este monumental ensayo sobre la operación de conquista del Tercer Reich en el Este de Europa firmado por dos de los mayores especialistas franceses en el frente germano-soviético, Jean Lopez y Lasha Otkhmezuri. Una crónica total, el vibrante relato de la mayo campaña de la Segunda Guerra Mundial.

Óscar Herradón ©

Barbarroja 1941. La guerra absoluta reconstruye en casi mil páginas, publicadas en castellano en una edición que corta el aliento por Ático de los Libros, una de nuestras editoriales favoritas, la campaña que abrió el frente del Este, y lo hace no como una crónica militar más sino como una síntesis de quince años de trabajo de estos autores, dos de los mayores especialistas franceses en el frente germano-soviético.

Zhúkov.

Este Barbarroja 1941 es uno de los ensayos de historia militar más ambiciosos publicados sobre el frente del Este en la última década. Jean Lopez dirige la revista francesa Guerres & Histoire y se ha especializado en la estrategia del frente oriental de la Segunda Guerra Mundial; antes de este libro ya había coordinado una infografía de gran éxito sobre el conflicto global. Lasha Otkhmezuri, antiguo diplomático, se asoció con Lopez en 2013 para firmar una biografía del mariscal soviético Gueorgui Zhúkov que tuvo notable repercusión, así como un estudio sobre el Ejército Rojo, y ese tándem es el que vuelve a trabajar aquí el terreno particularmente sangriento de la operación que Hitler bautizó con el nombre del emperador medieval Federico Barbarroja (Barbarossa).

El libro arranca el 22 de junio de 1941, día en que más de tres millones de soldados alemanes cruzaron la frontera soviética en la mayor ofensiva militar jamás desplegada hasta entonces, y cierra su relato el 31 de diciembre de ese mismo año, con la Wehrmacht detenida a las puertas de Moscú tras el fracaso de la operación Tifón. Pero el verdadero valor del libro no está solo en el relato de esos seis meses de combate, sino en cómo lo enmarca: los autores rechazan la tesis simplista de que la invasión de la Unión Soviética nace directamente de las páginas de Mein Kampf, el testamento político de Adolf Hitler, y prefieren rastrear sus raíces en una relación germano-rusa mucho más larga, que atraviesa la Primera Guerra Mundial y las convulsiones revolucionarias antes de desembocar en el ascenso paralelo del nazismo y el estalinismo de los años treinta.

Estructuralmente, la obra se organiza en varias partes que avanzan desde esa génesis lejana hasta el detalle casi hora a hora de las operaciones, y ese contraste de escalas es su seña de identidad. Por un lado hay una reconstrucción minuciosa de la toma de decisiones en Berlín y en Moscú, de las propagandas enfrentadas, de las disputas entre los altos mandos de ambos ejércitos y de la maquinaria política de los dos regímenes totalitarios. Por otro, un relato de guerra de enorme precisión técnica: cronologías de batalla, número de regimientos y nombres de sus comandantes, cifras de bajas, logística de material, movilización industrial y el papel de la retaguardia, las fábricas y los transportes.

Operación de exterminio y colonización

El libro insiste, además, en presentar Barbarroja como una guerra de exterminio y de colonización por parte de la Wehrmacht, frente a un Ejército Rojo que se desangra atrapado entre el fuego de un enemigo sin piedad y la propia represión estalinista, y dedica un espacio considerable a las masacres de población civil y a las cifras humanas del desastre: en apenas doscientos días murieron más de cinco millones de personas, entre soldados y civiles, mientras se enfrentaban unos diez millones de combatientes, treinta mil aviones y veinticinco mil carros de combate.

Firma del Pacto Ribbentropp-Mólotov.

Uno de los aspectos más comentados del libro es su voluntad de desmontar mitos consolidados sobre esa campaña. El más señalado es el del patriotismo ruso espontáneo como clave de la resistencia soviética: la idea, muy repetida, de que Stalin habría apelado con éxito al orgullo nacional ruso, incluso apoyándose en la Iglesia ortodoxa, para sostener la moral del país. Los autores matizan ese relato con documentación de primera mano, entre ella la llamada a las armas lanzada el mismo 22 de junio de 1941 por el metropolita de Moscú, y muestran que la relación entre el poder soviético y ese supuesto despertar patriótico fue mucho más ambigua y tardía de lo que la memoria oficial posterior quiso transmitir.


Richard Stein, en su reseña para la Fondation Charles de Gaulle, subraya que la obra no se limita a narrar los hechos militares sino que los cruza con un análisis económico, psicológico, político e ideológico de las decisiones tomadas en ambos estados mayores, y valora especialmente que Lopez y Otkhmezuri mantengan un paralelismo constante entre la acción y la reacción de los dos bandos, algo que Stein considera poco frecuente en una historiografía que suele mirar la guerra solo desde el lado alemán o solo desde el soviético, ya que estudiar el conflicto desde un único punto de vista pone en duda la neutralidad del historiador. Esa arquitectura, señala, dedica un tercio del libro, repartido en dos partes, a todo el camino que condujo hasta la guerra, antes de entrar en la campaña propiamente dicha

También es notable el retrato que los autores hacen, insisto, de Stalin como jefe de guerra, un juicio durísimo del gran líder soviético: Stalin apenas entendía cómo se desarrollaban realmente las operaciones, descuidaba la organización, imponía una rotación de mandos destructiva y mostraba un desprecio aterrador por las pérdidas humanas de sus generales. Frente a esa brutalidad, los autores sostienen una tesis casi sorprendente: la ofensiva alemana estaba condenada desde el primer día, no por la resistencia soviética en Moscú en diciembre, sino por el desgaste continuo de la Wehrmacht desde el 22 de junio. Es decir, la derrota de Hitler ya estaba inscrita en el propio plan Barbarossa («Barbarroja»), y la contraofensiva de Zhúkov ante Moscú no hizo sino revelar y agravar un fracaso que ya era evidente antes de ella. Esta lectura reduce, casi hasta anularlo, el papel de salvador paradójico que otros relatos atribuyen a Stalin.

La dimensión ideológica del conflicto

Esa dimensión ideológica del conflicto es, para varios críticos, el verdadero centro del libro. Benoît Rondeau señala que uno de los rasgos más marcados del texto es poner de relieve el componente ideológico de la guerra y sus consecuencias directas sobre el terreno, hasta el punto de que Barbarroja resulta ininteligible sin el proyecto de colonización hitleriano del Este y sin la voluntad de esclavizar a las poblaciones eslavas. Insiste en que ese marco ideológico explica también por qué no cabía ningún compromiso que pusiera fin a las hostilidades, ya que el objetivo alemán era la aniquilación lisa y llana de la Unión Soviética, y destaca además cómo los autores retratan la paranoia de Stalin, capaz de imaginar una connivencia secreta entre Londres y Berlín. Colosal y magistral son las palabras que vienen a la mente tras la lectura de esta suma extraordinaria, un libro que marcará un antes y un después en la bibliografía sobre el tema. 

En el terreno académico, la revista quebequesa Cahiers d’histoire, a través de la reseña de Louis Marcoux, confirma que el libro se ha convertido en referencia obligada en los estudios universitarios sobre el frente del Este, lo que da una medida de su recepción fuera del circuito puramente divulgativo. Y el Webzine cultural Froggydelight resume el consenso general al describir la obra como un libro que recorre desde el Kremlin hasta el cuartel general del Führer, de los estados mayores de los frentes a los grupos de ejércitos, del NKVD a los Einsatzgruppen (escuadrones de ejecución itinerantes de las SS), de las columnas en marcha a las fábricas y a las fosas de ejecución, subrayando así la voluntad de los autores de abarcar tanto la dimensión militar como la genocida del conflicto.

Es, en definitiva, un libro pensado para el lector de historia militar dispuesto a sumergirse en el detalle extremo, apoyado en una masa ingente de fuentes, diarios personales, informes militares y análisis posteriores, y que reivindica el relato de las operaciones sin renunciar por ello a la pregunta política de fondo: por qué aquella campaña, y sobre todo su fracaso final ante Moscú, terminó siendo la matriz de algunas de las peores atrocidades del siglo veinte en el frente oriental.