Alejandro Magno y el oráculo de Amón (I)

A través de los siglos el hombre ha mostrado un inusitado interés por conocer lo que le deparaba el futuro. En la antigüedad, los encargados de vaticinar el porvenir eran los sacerdotes y pitias que interpretaban las respuestas de los oráculos. Algunos tan célebres como el de Delfos o el de Siwa, al que acudió Alejandro Magno, permanecieron ocultos a los ojos de los hombres durante siglos. Ahora Edhasa publica una vibrante monografía sobre el macedonio, obra del británico Anthony Everitt, que revela, además de numerosos episodios oscuros de su frenética vida, lo que sucedió durante su visita al oráculo.

Óscar Herradón ©

Se conservan innumerables respuestas de los oráculos de la antigüedad, algunas de cuyas profecías han llegado a hacer historia, hasta el punto de que algunos de los hombres más poderosos llegaron a basar sus decisiones en las sentencias de los mismos, como siglos más tarde reyes y príncipes se basarían en los horóscopos trazados por los astrólogos y en las predicciones de sus magos para tomar decisiones de índole política y militar. En la era helenística la creencia en los milagros estaba muy arraigada, pero sería una constante a lo largo de la historia, al menos hasta que la ciencia tal y como hoy la conocemos hizo su aparición. Aún así, son muchos todavía hoy los que creen en vaticinios milenarios, baste recordar lo que sucedió hace casi una década con la dichosa profecía maya y el una y otra vez mancillado 2012. Y eso que 2020 y 2021 sí que se acercaron bastante más a un Armagedón a causa del dichoso Covid.

Cimón

Grandes líderes del mundo antiguo consultaron a los oráculos, en cuyas sentencias creían sin titubeos. El oráculo de Siwa se hizo mundialmente famoso en el año 450 a.C. por una profecía que afectaba directamente a Cimón, hijo de Milcíades, uno de los políticos y militares más importantes de Atenas, quien envió una delegación al Oráculo de Amón, en el oasis de Siwa, mientras asediaba con su flota la costa de Chipre. Mientras los delegados escuchaban la ambigua respuesta del oráculo, el mandatario moría, lo que fue interpretado como una señal de gran poder profético, noticia que rápidamente se extendió por toda Grecia, haciendo que Siwa se convirtiera en competencia directa de los de Dodona y Delfos. A partir de ese momento, enviados de muchos países emprendieron el duro camino a través del desierto libio, ofreciendo valiosos presentes y sacrificios, con la intención de que Amón les predijera el futuro.

La dinastía argéada y el oráculo

Pero lo que ha hecho que Siwa y su oráculo pasaran a la posteridad fue el interés que uno de los grandes militares de la historia, Alejandro Magno, mostró en él, y los supuestos vaticinios que éste le ofreció cuando acudió a su consulta. Alejandro, que fue educado desde los trece años en la rica cultura griega nada menos que por Aristóteles, era un ferviente creyente, algo que le habían inculcado en la corte de su padre, Filipo de Macedonia, en cuyo reinado, como en el de su hijo, desempeñaron un importante papel los sueños proféticos y los vaticinios oraculares.

Olimpia presenta a un joven Alejandro a Aristóteles, por Gerard Hoet (1648-1733)

Al parecer, tanto Filipo como su esposa, la hermosa Olimpia, habían tenido un extraño sueño de tipo profético antes del nacimiento de Alejandro. Un buen día, el rey envió a su hombre de confianza Querón a consultar el significado de sus sueños al oráculo de Delfos y la respuesta que al parecer le dio la Pitia es que ofreciera sacrificios a Amón y que venerara a éste sobre todos los dioses, lo que quizá provocara que Alejandro decidiera hacer una breve visita al oasis de Siwa. Asesinado su padre, en el 336 a.C., con apenas veinte años pretendía hacerse con la hegemonía sobre Grecia y conquistar nada menos que el poderoso imperio persa. Antes de emprender esta campaña, el joven Alejandro viajó personalmente a Delfos, pero la Pitia ignoró sus preguntas. O eso cuentan las crónicas de sus gestas.

Los oráculos persiguieron al mandatario macedonio durante toda su vida. En el invierno de 334-333 a.C., mientras realizaba de camino a Egipto conquistando una a una todas las ciudades del Asia Menor, en Gordio tuvo lugar el episodio del nudo gordiano; según una profecía oracular, aquel que fuera capaz de deshacer el enorme nudo que sujetaba el timón del carro de Gordias –padre de Midas– y fundador de la ciudad, conquistaría toda Asia. Un nudo casi imposible de deshacer debido al caos de fibras del mismo, que mantenía juntos el yugo y el timón. Alejandro no se lo pensó dos veces, desenvainó su espada y cortó de un tajo la enorme atadura. La fuerte tormenta de rayos y truenos que azotó la noche siguiente Gordio fue interpretada por éste como la aprobación de Zeus, y a causa de ello se proclamó rey de Asia.

El conquistador a las puertas del «más allá»

Parece ser que fue hacia el 331 a.C. cuando el Magno tomó la decisión de acudir personalmente al santuario oracular de Amón, en el desierto egipcio, al oeste, a las puertas de Libia, empresa harto peligrosa teniendo en cuenta que el rey persa Darío había reorganizado su ejército y pretendía contraatacar tras la derrota de Iso. Pero a Alejandro le apremiaba más saber lo que tenía que decir el oráculo.

Ruinas del oráculo de Amón, en Siwa

El historiador romano Quintio Curcio Rufo, en Historia de Alejandro Magno, señala que el rey macedonia sentía «un abrumador deseo» (pothos) de consultar uno de los más célebres oráculos del mundo antiguo, el radicado en el templo de Zeus-Amón. Y ello implicaba emprender un arriesgado viajes desde Egipto por la costa libia y cruzar más de 250 kilómetros de desierto para llegar al oasis de Siwa. Un lugar de especial significancia para Alejandro, pues dos de sus antepasados, imbuidos de la carga simbólica de la mitología y relacionados no solo con la línea genealógica de los hombres, sino también con la divinidad, Heracles y Perseo, lo habían visitado.

Heracles representaba a una figura que por su propia condición de héroe era medio humano y medio divino, ya que había sido engendrado por Zeus, el único humano al que se había concedido la inmortalidad; y Perseo, que había derrotado a la gorgona Medusa, capaz de transformar en piedra a todo aquel que le mantuviese la mirada, también pertenecía a la liga de los semidioses, y el macedonio era un apasionado de la mitología griega, hasta el punto de que consideraba la Ilíada de Homero una suerte de Biblia (y que guardaría con celo en uno de los tesoros más valiosos arrebatados a Darío: un cofre orlado de piedras preciosas que llevaba junto a él a las campañas militares).

Un día de marzo del 331, Alejandro decidió abandonar el campamento del lago Mariut con su escolta militar y adentrarse en terreno desconocido con camellos que transportaban sus víveres, y tras un dificultoso viaje por las condiciones climáticas (viento, aire frío, una feroz tormenta de arena). En cierto momento, cuando estaban sedientos y temerosos de perecer, un pequeño chaparrón permitió calmar su sed y poco después, según cuenta Everitt, pasaron dos cuervos batiendo rápidamente las alas por delante de la comitiva. Supusieron, acertadamente, que las aves se dirigían al oasis de Siwa y Alejandro tomó el mismo rumbo. Según aseguran varias fuentes, todavía hoy habitantes del palmeral consideran el vuelo de un par de cuervos como señal de buen augurio.  

La Pitia de Delfos

En un altozano se levantaba el templo de Zeus-Amón. Por regla general, las representaciones de Amón lo muestran con los rasgos de un hombres con cuernos de carnero, pero en Siwa, la imagen a la que se rendía culto era una piedra con forma de ombligo, el ónfalo, cuajada de esmeraldas y otras piedras preciosas. Cuando se consultaba el oráculo, ochenta sacerdotes escoltaban el sagrado objeto, previamente colocado en un barco de oro de cuyas borlas pendías copas de plata, dando la sensación de que se movía solo con la cadencia de los religiosos. Asimismo, un coro de mujeres seguía a la embarcación entonando himnos sagrados, mientras uno de los oficiantes interpretaba los desplazamientos que efectuaba la nave en respuesta a las preguntas que se le hacían al oráculo. Debió ser un espectáculo digno de contemplar.

En el interior del santuario

Plutarco

Una vez instalada la comitiva en el oasis, Alejandro ascendió por el sendero que conducía hasta el santuario y cruzó los umbrales de la primera de las dos salas que se abrían en él. Según narra Plutarco en Obras morales y de costumbres, salió a recibir al macedonio un anciano ungido con dotes de videntes y le dijo: «Regocíjate, hijo mío». Cuenta Everitt en su detallada monografía que era habitual que los altos dignatarios llamaran «hijo de Amón» a los sucesivos faraones, y Alejandro ya había sido ungido como tal en Egipto tras su conquista del país del Nilo. La fórmula respondía, por tanto, a la cortesía protocolaria.

Siwa

Acto seguido, el religioso indicó al Magno que «Amón [es decir, Zeus] es por naturaleza el padre de todos los hombres». Aunque probablemente no era más que una aseveración de carácter ceremonioso y habitual, destinada en este caso a agasajar al célebre consultante (sobre cuya existencia y gestas es posible que tuvieran ya noticia en un lugar tan apartado como Siwa), Alejandro entendió que se trataba de un mensaje directo del dios, lo que vino a reafirmarle en sus sospechas y creyó ser realmente el hijo de Zeus. A continuación, el guardián del templo lo condujo hasta el segundo vestíbulo; lo cruzó y lo introdujo en una suerte de pequeño tabernáculo. El tonsurado escuchó las preguntas del soberano y lo más probable –incide Everitt– es que abandonara un momento el oratorio para poder contemplar las evoluciones del navío divino para pasar después a exponer sus interpretaciones sobre ello.

Alejandro quiso saber luego si estaba destinado o no a gobernar el mundo. El clérigo, probablemente un adulador que conocía sus hazañas, quizá con cierto temor a su reacción, le respondió que el dios se mostraba de acuerdo en tales expectativas. Luego, el macedonio preguntó: «¿Han sido castigados ya todos los asesinos de mi padre?». Al escucharlo, el sacerdote se vio en la obligación algo temeraria de corregirlo, pues si Amón era quien lo había engendrado, resultaba evidente que no solo no podía ser acuchillado (como le sucedió a Filipo), sino que, en su divina condición, no conocía la muerte. En cualquier caso, el religioso confirmó que los magnicidas habían pagado por su execrable crimen, sin excepción.

Alejandro consultando el oráculo de Apolo, por Louis-Jean-François Lagrenée (1724-1805)

Everitt sugiere la posibilidad de una gran conspiración –nunca desvelada– según la cual Alejandro pudo estar involucrado en la muerte de su progenitor, e incluso que su propia Madre, Olimpia, que sugirió en más de una ocasión que el Magno pudo ser hijo del adulterio (disfrazado de alumbramiento divino) se hubiese hallado secretamente metida en el regicidio. Quién sabe. Todo cuanto se dijo entre aquellas paredes quedó entre Alejandro y el sacerdote visionario. Magno ofreció valiosas ofrendas a Amón y en otra ocasión volvió solo al templo. Tanto la pregunta como la respuesta que recibió entonces continúan siendo otro de tantos enigmas históricos. Según Plutarco, se llevó el secreto a la tumba, pues moría el año 323 a.C. en Babilonia.

Lo que sí es seguro es que después de su segunda consulta al oráculo de Amón, Alejandro estaba cada vez más seguro de su «ascendencia divina» y llegó a comunicar a un amigo que su deseo era ser enterrado cerca del templo de Amón, en Siwa, aunque parece ser que su deseo no se cumplió; ante el temor de los saqueos en el desierto, Ptolomeo I, general de los ejércitos de Alejandro y posterior mandatario de Egipto, erigió un mausoleo monumental en Alejandría, aunque todavía son muchos los que creen que el cuerpo del gran general permanece escondido en algún lugar desconocido del oasis. Como otros secretos de la historia, permanece sepultado por las arenas del tiempo.

PARA SABER MUCHO MÁS:

Alejandro Magno, de Anthony Everitt (Edhasa, 2021)

Como he señalado en el post, Edhasa acaba de publicar un sensacional ensayo sobre el conquistador macedonio. El académico inglés Anthony Everitt es especialista en literatura y en arte, a lo largo de su dilatada carrera ha ocupado diversos puestos directivos en instituciones como el Arts Council de Gran Bretaña o el Liverpool Institute of Performing Arts (LIPA). Colaborador habitual de medios como The Guardian, ha publicado otras biografías sobre grandes figuras de la antigüedad clásica, como el emperador Augusto o Cicerón, cuya publicación en castellano corrió a cargo también de Edhasa.

En la que probablemente sea la biografía definitiva de Alejandro Magno, Everitt responde a quién fue realmente el macedonio en su tiempo. Han sido muchas las teorías y estudios sobre el personajes, pero en este monumental ensayo biográfico el autor lo juzga conforme a los criterios de su época, considerando todas las posibles contradicciones.

Podemos, ahora sí, conocer al príncipe macedonio: naturalmente curioso y fascinado por la ciencia y la exploración, fue un hombre que disfrutaba de las artes. A medida que conquistaba más y más tierras y veía su imperio crecer, Alejandro mostró respeto por las tradiciones de sus nuevos súbditos y un juicio cuidadoso al gobernar sobre tan vastos territorios. Pero también su vida tuvo un lado oscuro: conquistador empedernido que construyó el imperio más grande de la historia hasta el momento, también glorificó la guerra y fue conocido por cometer actos de notable crueldad. Él confiaba en detenerse sólo al llegar al océano Pacífico, pero todo se acabó antes, con su prematura muerte a los treinta y tres años.

He aquí el enlace para adquirir la biografía definitiva del más grande estratega de la historia:

https://www.edhasa.es/libros/1291/alejandro-magno

Piratas y filibusteros: los saqueadores del océano (I)

Hermandades secretas, maravillosos tesoros escondidos, mapas imposibles, barcos encantados… y al margen de la leyenda, mucha historia. Hace tiempo que el tema de la piratería pasó de ser un recurso romántico de la literatura y el cine a convertirse en objeto de estudio de los historiadores más prestigiosos. Ahora, la editorial Crítica publica el que puede ser el ensayo definitivo sobre estos «outsiders» del pasado… y del presente, pues la piratería vuelve a ser algo trágicamente común en ciertas partes del planeta.

Aunque casi todo el mundo asocia a estos personajes con el estereotipo romántico –que reimpulsaría la exitosa y longeva saga Piratas del Caribe–, que se ajusta al aventurero por lo general inglés que comenzó a saquear a partir del siglo XVI hasta bien entrado el XVIII, habitualmente en las costas del Caribe o de las Antillas, lo cierto es que nos podemos remontar muchos siglos atrás para encontrar a los primeros de ellos. Desde el mismo momento en que el hombre empezó a navegar, surgieron individuos que adoptaron como «profesión» desvalijar los cargamentos de otras embarcaciones y a veces convertir a sus tripulantes en esclavos.

Hace más de cuatro milenios que las naves egipcias y fenicias eran acechadas por estos primeros bandidos del mar, pero no sería hasta el siglo VI a.C. en Samos (Grecia), cuando aparecerían los primeros «piratas» propiamente dichos: el más cruel y ambicioso de ellos respondía al nombre de Polícrates, quien fundó un auténtico «estado pirata» en la zona, dominando importantes zonas costeras del Peloponeso y del Asia Menor.

Drake

Muchos siglos después nos encontramos con el que sería uno de los piratas más famosos de la historia, el inglés Francis Drake, quien tras una exitosa carrera desvalijando navíos enemigos, obtuvo «patente de corso» de la propia reina de Inglaterra, Isabel I, por lo que podía abordar los buques –desvalijar, vamos–, de forma oficial. Sus éxitos le granjearían ser nombrado Sir por la soberana. Drake se convertiría en el azote de los españoles en ultramar y en el enemigo número uno de la Corona española ceñida por Felipe II. Hizo carrera en las Indias, pero sus navíos llegaron a desembarcar en las costas de Vigo y Cádiz, entre otros puertos patrios, sembrando el terror entre los habitantes de la Península y granjeándose una leyenda que todavía hoy permanece muy viva en nuestras costas.

Otros célebres piratas fueron Henry Morgan y su asalto a Panamá, y el capitán William Kidd, quien se haría célebre gracias al escritor Robert Louis Stevenson y su novela La isla del tesoro, y quien sería el primero en extender la leyenda –o no– de un fabuloso tesoro escondido en… ¿el mar de la China? Existen numerosas teorías sobre el mismo y muchos han sido los buscadores que han ido tras él, sin éxito. Esos, y otros muchos «tesoros malditos» codiciados por bucaneros, buscavidas, corsarios, arqueólogos y meros sinvergüenzas continúan muy vivos en el folclore de distintos pueblos. También Oak Island, a la que algunos se refieren como la verdadera «isla del tesoro», que oculta un supuesto secreto templario. 

Orígenes intemporales

La palabra «pirata» deriva del griego peiratés y tenía el significado de «bandido» o «saqueador», ya que con este vocablo los helenos se referían a los saqueadores de navíos. Con el paso del tiempo términos como «filibustero» o «bucanero» han pasado también a ser sinónimos de pirata, pero lo cierto es que existen matices diferenciadores. Los primeros piratas franceses del Caribe fueron llamados «bucaneros» ––del francés boucaniers–– porque solían alimentarse de carne ahumada –(viande boucanée)–, mientras que los marineros de varios países que se asociaban para navegar de forma libre en busca de un botín –(en inglés booty)– fueron designados por los ingleses como freeboters, palabra que pasó al francés como flibustiers y al castellano como filibusteros.

La Gran Armada

En el siglo XVI, bajo el reinado de la inglesa Isabel I, se pasó a utilizar la denominación «corsario» para definir a los piratas «legales», aquellos que pasaron a servir a la Corona atacando navíos de países enemigos –los españoles de Felipe II fueron los que más abordajes sufrieron–. Fue el momento histórico en el que surgieron las conocidas como «patentes de corso», documentos oficiales que se presentaban a la hora de demostrar que uno tenía licencia real para «hacer un corso» (del latín cursus, carrera)–, es decir, autoridad legal para perseguir y saquear naves enemigas. Aunque dichos ataques no se consideraban acciones de guerra, eran autorizados por el gobierno. El citado Drake fue uno de sus máximos exponentes.

Polícrates, el primer «pirata» del Viejo Continente

Samos

A mediados del siglo VI a.C. desembarcaron en Samos tres hermanos con una partida de marineros curtidos en batallas navales contra los persas. El más cruel y ambicioso de ellos, de nombre Polícrates, tomó el poder a base de derramar sangre y fundó un auténtico «estado pirata» en la zona. Con su imponente poderío naval, eje central de su fuerza, proclamó una tiranía unipersonal con la que consiguió dominar importantes zonas costeras del Peloponeso y del Asia Menor.

La crucifixión de Polícrates, de Salvator Rosa (1615-1673)

Como anécdota podemos resaltar que a pesar de su crueldad, Polícrates era un apasionado de la poesía, y favoreció en las artes y las letras, siendo amigo del famoso poeta Anacreonte. Su vida estuvo llena de sobresaltos, como era de esperar, y tampoco tuvo una buena muerte: terminó sus días crucificado por los persas tras una trampa que le tendió Darío I.

Este post tendrá una inminente continuación en «Dentro del Pandemónium».

PARA SABER ALGO (MUCHO) MÁS:

La editorial Crítica lanzó recientemente un vibrante ensayo que lleva ya varias ediciones. Se trata del libro Piratas. Una historia desde los vikingos hasta hoy. Su autor es Peter Lehr, profesor de estudios sobre terrorismo en The Handa Centre for the Study of Terrorism and Political Violence de la Universidad de St. Andrews, en Escocia. Ha firmado otros exitoso ensayos, como Counter-Terrorism Technologies: A Critical Assessment o Militant Buddhism: The Rise of Religious Violence in Sri Lanka.

En su último libro, de espíritu fundamentalmente divulgativo, lo que logra gracias a su facilidad de lectura y un ritmo que no cae en ninguna de sus páginas, aunque aportando la precisión del especialista, aborda la piratería desde tiempos inmemoriales hasta la misma actualidad, donde, debido a diversas circunstancias de este tumultuoso siglo XXI, ha resurgido con fuerza. Y Lehr sabe de lo que habla, pues uno de sus trabajos más exitosos se centraba precisamente en este punto, el terrorismo marítimo: Violence at Sea: Piracy in the Age of Global Terrorism.

Desde los vikingos y los piratas Wako medievales hasta los asaltantes somalíes de la actualidad, Lehr analiza la motivación que lleva a algunos individuos a convertirse en piratas, así como su organización, la violencia en el mar y las tácticas de terror utilizadas para saquear barcos y regiones costeras. También se ocupa del papel del Estado en el desarrollo de la piratería desde los corsarios que actúan bajo una autoridad legítima hasta los piratas que operan tomándose la justicia por su mano, y explora cómo la combinación de factores estructurales como la debilidad de la vigilancia marítima y la liberalización del comercio ha hecho posible que la piratería persista hasta nuestros días.

He aquí el enlace para adquirir este vibrante ensayo:

https://www.planetadelibros.com/libro-piratas/333733

Revista Enigmas 234

en234-01

SUMARIO:

La Dama de Blanco

En Riba de Santiuste (Guadalajara), se erige un viejo castillo impregnado de leyendas y con alguna historia trágica. Son varios los testigos que afirman que un espectro recorre sus galerías; una atormentada Dama de Blanco…

El Secreto de las Catedrales Templarias (La Expedición arqueológica de los 9 fundadores)

¿Que secreto escondieron los templarios en las catedrales góticas? La Orden del Temple estaría detrás de las claves ocultas que esconden estos edificios, que son muchas, y que se activarían con la llamada Palabra Perdida que contendría uno de los más emblemáticos objetos de poder: el Arca de la Alianza.

Terror en el agua

El cine de terror japonés ha hecho célebre el líquido elemento en las tramas de películas ya emblemáticas como The Ring. Pero el agua, en su aspecto más oscuro, está presente en la mayoría de los mitos nipones, que se remontan a tiempos pretéritos.

La Maldición de la Momia

En 1991 era descubierta una momia, la de Ötzi, bautizado como “El Hombre de Hielo”, que arrojó valiosa información sobre nuestros ancestros pero su historia también parece arrastrar una terrible maldición: muchas son las muertes acaecidas tras el hallazgo.

Extraños casos de “Niños Espectrales”

¿Sucede? Eso afirman los testigos: niños vestidos de comunión, que surgen de la nada y recorren las frías estancias de edificios oficiales sembrado el terror. No es para menos.

El enigma de la Filmación Patterson

Hablamos con Bill Munns, especialista en efectos especiales de Hollywood, quien ha diseccionado la película más célebre de la historia de la criptozoología: la supuesta grabación del llamado Bigfoot.

La conspiración de los reptilianos

Hoy en día está muy de moda eso que se ha dado en llamar Exopolítica, cuyos gurús aseguran que estamos dominados por reptilianos procedentes de otro planeta que pretenden dominarnos y poner en marcha un Nuevo Orden Mundial. Pero, ¿qué hay detrás de esta historia? ¿Qué intereses manejan sus ideólogos? Te lo contamos en un exhaustivo reportaje de investigación realizado por Juan José Sánchez Oro, miembro del equipo del programa de radio La Rosa de los Vientos, de Onda Cero.

El retorno de las bestias imposibles

La ciencia continúa relegando a la criptozoología a la marginalidad, pero los nuevos y sorprendentes hallazgos de “críptidos” indican que deberíamos prestarle mucha más atención. Están ahí…

Además, Teo Rodríguez nos trae un nuevo y escalofriante Relato de Terror: “Jamás te creerán”; ofrecemos lo último en actualidad y misterio, recomendamos los mejores libros y cómics y las secciones habituales: Ciencia al Límite, Historias Malditas y El Túnel del Tiempo, donde nos acercamos a la leyenda urbana de “Paul is Dead”, la supuesta “muerte” de Paul McCartney, el célebre ex Beatle, en los 60, y los fakes en Internet.

Más información en http://www.revistaenigmas.com