Ático de los Libros publica uno de los libros más singulares, y me atrevería a añadir que extraños –y a la vez cautivadores– de la temporada: Las estaciones ocultas, del británico Tristan Gooley, un paseo por la naturaleza, y sus múltiples y sutiles señales, nunca antes recorrido de esta forma.
Óscar Herradón ©
Hay libros, la gran mayoría, que sirven para leer (te aporten más o te aporten menos) y otros que se experimentan, se viven, como es el caso de La estaciones ocultas. Un calendario de las señales de la naturaleza, que acaba de publicar en castellano una editorial habitual en el Pandemónium, Ático de los Libros. Su autor es Tristan Gooley –navegante, explorador, naturalista y lo que él mismo llama «natural navigator»– que lleva más de dos décadas perfeccionando un arte que podríamos describir como la lectura de aquello que podemos ver en el mundo: ha escrito sobre el agua, sobre el clima, y en esta ocasión, va más allá y se atreve a leer el mismo tiempo, no el tiempo meteorológico de los telediarios y el que nos empapa, nos derrite o nos congela, sino el tiempo en una concepción mucho más trascendente, el tiempo cíclico, el ritmo profundo del año natural.
Cuando sabemos qué buscar en la naturaleza, las estaciones que antes permanecían ocultas brillan con intensidad. Todos conocemos las cuatro estaciones del año, pero la naturaleza cambia mucho más a menudo de lo que creemos: el agua siempre es más clara en junio, una estrella concreta marca el sur a medianoche en una fecha exacta y la sombra de las mariposas nos permite orientarnos en los campos florecientes. El mundo natural está lleno de pistas, aunque rara vez sabemos leerlas.
En Las estaciones ocultas, Tristan Gooley nos enseña a descifrar las señales que nos ofrecen el sol, la luna, las estrellas, las plantas, los hongos, los animales, el agua y el clima. Gracias a su guía experta, el otoño nos hablará a través de las hojas, aromas y hongos; la primavera, con flores silvestres, nubes y fascinantes comportamientos animales; el verano, desde las playas y campos, y el invierno, gracias a la nieve y los gélidos cielos nocturnos. El año se convertirá así en una sucesión de microestaciones en constante transformación, repletas de maravillas. En Las estaciones ocultas descubriremos una forma nueva de observar el mundo, y no volveremos a ver, ni oír, ni oler las estaciones de la misma manera.
La singular estructura del libro muestra una suerte de año desplegado: el ensayo se organiza siguiendo el ritmo del año natural, pero no de manera cronológica o académica. Gooley no empieza en enero ni en la primavera astronómica, sino donde empieza la atención: en el primer signo extraño, en la primera anomalía que te hace detenerte en tu camino y preguntarte el porqué. Esa estructura orgánica, que imita el ritmo de un paseo más que de un manuscrito o tratado, es una de las virtudes formales más elegantes e innovadoras del texto. Y el autor/viajero/naturalista lo hace con un tono también original, casi inaudito: escribe como el que piensa en voz alta durante un paseo, mezclando la observación precisa con la digresión afectuosa, el dato científico con la anécdota personal.
El autor, oriundo de Londres, Inglaterra, donde nació en 1973, es considerado, y no gratuitamente, una suerte de «Sherlock Holmes» de la naturaleza –según lo ha definido The Wall Street Journal–: genera, efectivamente cual detective, suspense a partir de lo aparentemente irrelevante (la dirección en que se inclina un musgo, el comportamiento de una bandada de estorninos, la temperatura del agua en un tramo del río), para construir una cadena de inferencias que termina revelando algo sorprendente sobre el estado del mundo, y que habremos de descubrir sumergiéndonos en sus vívidas, nunca mejor dicho, páginas.
Un libro que ha supuesto para el autor un éxito internacional, cosechando elogios de crítica y público y que The New York Times ha definido de esta manera: «Uno de los guías más hábiles del planeta […] Tristan Gooley ayuda a millones de lectores a descifrar las pistas de la naturaleza para encontrar el camino de vuelta a casa».








