Aquí se pudren los reyes de España (I)

Es uno de los rincones más herméticos del majestuoso monasterio del Escorial, en la localidad madrileña del mismo nombre. Se conoce como el Pudridero Real, y es uno de los lugares que recogen Gorka López de Munain y Miriam Beltrán Valiente en el ensayo España Macabra. La cultura de la muerte entre el Medievo y la Modernidad, que acaba de publicar Desperta Ferro Ediciones.

Óscar Herradón

No está clara la fecha precisa en que se habilitó el llamado pudridero, pero no fue durante el reinado de Felipe II, el Rey Prudente, artífice del monasterio escurialense, cuyos arquitectos no contaron con un habitáculo apropiado para tal fin cuando erigieron el edificio, a la vez palacio y a la vez centro religioso. Sería con Felipe IV y la creación del Panteón Real, que se inauguró en 1654, cuando este lugar que aún hoy permanece en funcionamiento tomó forma.

La Cripta Real del monasterio, conocida como Panteón de los Reyes, sería construida por Juan Gómez de Mora, artífice también de la Plaza Mayor de Madrid, siguiendo los planos de Juan Bautista Crescenzi. Pero en tiempos de Felipe II, el espacio, mucho más reducido, fue ideado por el arquitecto Juan de Herrera siguiendo las indicaciones del soberano que, a su vez, quería cumplir la última voluntad de su padre Carlos V. El arquitecto y divulgador Juan Rafael de la Cuadra Blanco afirma en un artículo publicado en ABC en 1998 que «Carlos V dejó claro en su testamento que quería estar medio cuerpo debajo del altar y medio debajo de los pies del sacerdote».

El principal cronista de la época de Felipe II, el padre fray José de Sigüenza, ya dejó escrito que el monarca «quiso hacer un cementerio de los antiguos donde estuviesen los cuerpos reales sepultados y donde se les hiciesen los oficios y misas y vigilias, como en la primitiva Iglesia se solía hacer con los mártires». El lugar original donde Felipe II quiso enterrar a sus progenitores, a sus tías, a tres de sus mujeres y a su hijo Don Carlos –trágicamente fallecido a los 23 años tras una conducta muy inestable–, fue en una pequeña bóveda bajo el altar y bajo las estatuas orantes del presbiterio, y ligeramente encima del actual Panteón de los Reyes. Así descansaron sus restos hasta 1654, año del traslado y creación del nuevo espacio fúnebre, tal y como se encuentra en la actualidad. Aunque en las memorias de aquellos tiempos no se menciona el pudridero ni el origen de su construcción.

Acceso a la cripta.

En las mismas escaleras que bajan al Panteón Real, un espacio dotado de un ambiente y luminosidad que invitan al recogimiento y al misterio, en el segundo descanso, a mano derecha, se halla un pasadizo cerrado por una puerta de madera que da a un espacio cerrado, incluso hoy, para el común de los mortales; más aun para el visitante; y eso que el monasterio recibe una media de 700 mil visitantes cada año. Se conoce desde hace siglos como el Pudridero Real: las paredes son de piedra, el suelo de granito y el techo abovedado, 16 metros cuadrados por donde han pasado los restos mortales de la mayoría de los soberanos después de Felipe IV y donde todavía se encuentran los restos de los dos últimos Borbones fallecidos.

Leyendas macabras

Aquel espacio dio lugar a numerosas leyendas y rumores durante siglos que intentó desmontar fray José Quevedo, bibliotecario del edificio, en su Historia y descripción de El Escorial, en 1849, siendo el primero en hablar del pudridero propiamente dicho: «Las puertas que están en el segundo descanso de la escalera conducen a los pudrideros, cuyo uso explicaré para desvanecer las muchas patrañas que sobre ellos se cuentan. Son tres cuartos a manera de alcobas, sin luz ni ventilación ninguna. Luego que se concluyen los Oficios y formalidades de entrega del Real cadáver que ha de quedar en uno de los panteones, el prior, acompañado de algunos monjes ancianos, baja al panteón del cadáver llevando consigo los albañiles y algunos otros criados».

En este punto, cabe reseñar que solo los 51 miembros de la comunidad de los agustinos que custodian el monasterio desde 1885 tienen acceso a este habitáculo que parece salido de un cuento de Poe, en una ceremonia que se repite desde hace siglos y de la que estaban encargados antiguamente los monjes jerónimos, un ceremonial que comienza así: «Padre prior y padres diputados, reconozcan vuestras paternidades del cuerpo de (…) que conforme al estilo y la orden de su majestad que os ha sido dada voy a entregar para que lo tengáis en vuestra guarda y custodia».

Momia de Carlos V.
Vista del Panteón, 1830.

Una vez cerrado de nuevo el féretro y levantada un acta de entrega, los monjes agustinos correspondientes se hacían cargo de la llave del ataúd y el cuerpo pasaba al pudridero. Quevedo continúa afirmando que «estos –los criados– sacan de la de tisú o terciopelo que la cubre, la caja de plomo sellada que contiene el cadáver y la conducen junto al pudridero. Mientras los albañiles derriban el tabique, los otros abren cuatro o más agujeros en la caja de plomo, la colocan dentro del cuarto o alcoba sobre cuatro cuñas de madera que la sostienen como dos o tres pulgadas levantadas del suelo, y en el momento los albañiles vuelven a formar el tabique doble que derribaron».

Los cuerpos regios permanecen en el interior del pudridero unos 30 o 40 años, hasta que ya se ha eliminado la corrupción y la humedad de los mismos y ya no desprenden mal olor, siendo trasladados al respectivo panteón. El objetivo del habitáculo es reducir los cuerpos de los cofres de plomo que el visitante puede observar en la cripta, de apenas un metro de largo por 40 centímetros de ancho que, una vez sellados, se introducen en uno de los 26 sarcófagos del Panteón Real, cada uno grabado con el nombre en latín de la persona regia.

El cronista sigue así el relato del proceso: «Las cajas exteriores de las personas Reales que han de pasar al de Infantes permanecen en la sacristía de dicho panteón, hasta que vuelve a colocarse en ellas la de plomo con el cadáver según vinieron. Las de los Reyes se deshacen y aprovechan para ornamentos, porque ya no han de tener uso, pues sus restos se colocan en las urnas de mármol».

¿Qué encontraremos en España Macabra. La cultura de la muerte entre el Medievo y la Modernidad?

La muerte siempre ha generado angustia, miedo e incertidumbre. Es inevitable, impredecible y, por encima de todo, indomable. Sin embargo, los seres humanos tenemos a nuestro alcance una herramienta poderosa y que no hemos dejado de utilizar a lo largo de los siglos: las imágenes. Con ellas podemos materializar nuestros miedos, exorcizarlos e incluso escenificar el destino que nos aguarda más allá de la vida. España macabra. La cultura de la muerte entre el Medievo y la Modernidad recorre las diversas estrategias con las que las personas nos hemos enfrentado a la muerte a través de una amplia selección de obras de arte medievales y modernas, tratando así de responder a una pregunta que no dejará de sobrevolarnos: ¿por qué se puso un énfasis tan marcado en crear imágenes sangrientas y crudas en lo formal y de tono melancólico en lo emocional?

Los autores de este libro, Gorka López de Munain y Miriam Beltrán Valiente, buscan desentrañar los mecanismos de lo macabro, comprender qué hay detrás de los cuerpos lacerados, las vísceras desparramadas o los borbotones de sangre que han salpicado las pinturas de vanitas o las esculturas de los santos mártires a lo largo de la historia. Para ello, hemos propuesto un viaje por la España más macabra, atravesando claustros, capillas, conventos, museos y cementerios, o panteones como el citado de El Escorial, con su singular Pudridero, tras los ecos de una estética que, a través de mecanismos cambiantes y refractarios a una definición cerrada, sigue agitando nuestras emociones. Veremos así cómo, de manera inesperada, el recurso a lo macabro terminará por encima de todo siendo una llamada de esperanza: Ubi est, mors, victoria tua? «¿Dónde está, muerte, tu victoria?».

Este post tendrá una inminente continuación en el Pandemónium *Texto publicado en su forma original en la revista Historia de Iberia Vieja por el autor y actualizado para el blog (todas las imágenes son de Wikimedia Commons de libre uso).

Neandertales, la estirpe perdida

Pinolia publica el libro Neandertales. La historia de una estirpe perdida, un cautivador viaje por los últimos hallazgos sobre nuestros ancestros homínidos en la península ibérica que han contribuido a cambiar por completo nuestra percepción sobre ellos: estaban mucho más evolucionados de lo que se creía hasta ahora.

Óscar Herradón ©

Desde hace años, con el vertiginoso avance de la genética y las nuevas tecnologías, que han permitido estudios hace unas décadas impensables, ha cobrado fuerza el debate sobre la posibilidad de devolver a la vida a un neandertal (Homo neandertalis), la otra especie humana inteligente que fue desbancada por nuestros ancestros inmediatos en el proceso evolutivo, los Homo sapiens.

A pesar de poseer diferencias anatómicas y genéticas importantes, hoy sabemos que ambas especies se relacionaron y llegaron a mantener relaciones sentimentales e intercambios sexuales que pudieron producirse, a decir de los expertos, cuando el Sapiens llevó la tecnología del Paleolítico Superior en su migración fuera de África. El cruce entre ambos favoreció la evolución del Sapiens, haciéndolo más fuerte y, probablemente, introduciendo nuevas variantes en su sistema inmunológico (los genes HLA), esenciales para que el cuerpo pueda reconocer y destruir los patógenos, por ejemplo, superar un simple catarro que, sin su intervención, podría ser letal, algo que pudo haberle pasado a los neandertales; los antígenos se extendieron entre los descendientes de las poblaciones mestizas en Europa y Asia y ganaron la batalla de la evolución, donde los neandertales, más fuertes y robustos, finalmente se extinguieron.

  • Hoy, se trata de nuestro pariente más cercano, que vivió en Eurasia hace más de doscientos mil años, aunque todavía se discute si se trataba de una especie distinta (el Homo genus) o es una subespecie del Homo sapiens. Ahora, la editorial Pinolia, muy presente en el Pandemónium por su cuidado de la divulgación científica e histórica, publica Neandertales. La historia de una estirpe perdida, y con este fabuloso libro divulgativo como referencia, contamos 10 curiosidades fascinantes sobre nuestros ancestros homínidos:
  • Su apariencia era muy similar a la nuestra (aunque su cerebro era más grande y de crecimiento más lento que el del Sapiens) y poseían una inteligencia rudimentaria que les permitía usar herramientas y controlar el fuego.
  • Han pasado al imaginario colectivo como «los hombres de las cavernas», nombre que se debe a que precisamente los primeros fósiles encontrados en Eurasia se hallaron en cuevas profundas. Se cree que vivían allí, en plena Edad de Hielo, para protegerse del frío, la nieve y las ventiscas.
Cráneo Engis 2 del primer neandertal encontrado.
  • Pero, ¿hubo o no mestizaje entre el Sapiens y el Neandertal? Mestizaje como tal no, pero sí intercambios y relaciones sexuales. Un estudio del ADN del africano promedio mostró que no hubo mestizaje, pero el ADN de los no africanos muestra una coincidencia, lo que indica que los cruces pudieron haberse producido en un momento de coexistencia  de ambas especies, después de que, efectivamente, migraran al continente eurasiático. No obstante, continúa habiendo controversia sobre este punto –y muchos otros– entre los académicos.
  • A día de hoy no se sabe a ciencia cierta la causa de su extinción. Los científicos barajan tres posibilidades: el impacto del cambio climático sobre sus organismos, un problema de alimentación o bien precisamente a causa de la mezcla de especies, que finalmente habría conducido a la unificación, la desaparición del neandertal y al ser humano como es (somos) hoy en día.
  • Los neandertales parece que llevaban una vida social muy similar a la nuestra (a la de nuestros ancestros homínidos, se entiende, pues evidentemente han pasado decenas de miles de años y no iban ni de discoteca ni al cine ni tenían Smartphones): se reunían en clanes familiares y hay constancia de que cuidaban de personas enfermas y débiles, como los ancianos, del clan. Además, según los últimos hallazgos arqueológicos, daban entierro funerario a sus muertos.
  • No sabemos si tenían un lenguaje propio, aunque a juzgar por el tamaño de su cerebro se baraja que probablemente se comunicaban a través de un sistema de signos y señas.
Enterramiento neandertal Kebara 2 (Wikimedia Commos)
  • Por los restos encontrados, parece que fueron de pequeña estatura, pero de complexión robusta y una adaptación importante al entorno para retener el calor en un clima de temperaturas extremadamente bajas. Tenían  narices prominentes (probablemente para calentar el aire gélido al respirar) y se cree que eran de piel muy clara, pelirrojos y probablemente salpicados de pecas. Su cerebro era, salvo algunas diferencias (más grande, como hemos dicho), similar al nuestro.
  • Los encuentros sexuales entre las dos especies homínidas inteligentes explican que todos los hombres del mundo, con excepción de los africanos, poseamos en nuestro ADN la huella de los neandertales. Fue Svante Pääbo, del Instituto Max Planck de Antropología Evolutiva de Leipzig, Alemania, con la colaboración de decenas de investigadores de todo el planeta, quien culminó en 2010 la secuenciación del genoma del hombre de neandertal, y se determinó que entre el 2% y el 4% de nuestro genoma es herencia de esta «especie».
  • Investigadores del citado Instituto Max Planck creen que los neandertales aprendieron a hacer joyas y herramientas sofisticadas de los primeros  homínidos modernos (Sapiens) con los que convivieron, que se sepa, en España y Francia hace 40.000 años.
Svante Pääbo
  • Eran presumidos, pues se adornaban con vistosas plumas de aves (de córvidos y rapaces), y además se colgaban collares hechos de conchas e incluso se maquillaban, lo que parece evidenciar que poseían pensamiento simbólico, acercándolos más al Homo sapiens de lo que se creía hasta ahora. Además, cocinaban y consumían regularmente una variedad de vegetales, según reveló un estudio del Museo Smithsonian de Historia Natural de Fairfax (Estados Unidos): examinaron los dientes fosilizados de algunos neandertales hallados en cuevas de Irak y Bélgica, de lo que se dedujo que habían tratado granos de almidón, raíces y tubérculos antes de ingerirlos, lo que sugiere que conocían el fuego de forma muy similar a como lo hacían los humanos. Además, en Cueva Bajondillo, en Torremolinos (Málaga), un equipo internacional con participación del Consejo Superior de Investigaciones Científicas español (CSIC) reveló que los neandertales ya comían marisco en la península ibérica hace 150.000 años.

¿Qué encontraremos en las páginas de Neandertales. La historia de una estirpe perdida?

Durante décadas, los neandertales fueron considerados una especie primitiva y tosca, incapaces de rivalizar con los Homo sapiens. Sin embargo, los últimos descubrimientos científicos revelan una realidad fascinante que ha transformado por completo nuestra comprensión de nuestros parientes. Gracias a las investigaciones de expertos multidisciplinares que combinan paleontología, geología, arqueología o la tecnología 3D, hoy conocemos en profundidad su biología, su alimentación, su cultura material y su evolución cognitiva.

El cerebro de nuestro antecesores neandertales, lejos de ser rudimentario, albergaba capacidades que les permitieron dominar el fuego, desarrollar innovaciones tecnológicas revolucionarias para su tiempo y crear manifestaciones artísticas y simbólicas. Esta obra coral, coordinada por Ignacio Martín Lerma pero con la firma de numerosos expertos (periodistas, divulgadores científicos, antropólogos, etc.) nos adentra en los numerosos yacimientos de la península ibérica –desde Gibraltar hasta los Pirineos– donde una serie de hallazgos excepcionales han cambiado nuestra percepción de estos antiguos habitantes de nuestro territorio y nos han revelado su relación con otras especies humanas, su convivencia con una fauna muy variada y las condiciones ambientales que moldearon su existencia.

Entre estos hallazgos, destaca la reconstrucción científica de una mujer neandertal, cuyos rasgos y herencia genética nos desvelan una verdad profunda: los neandertales no desaparecieron del todo. Siguen vivos en nosotros, en nuestra biología y en la memoria colectiva de lo que significa ser humano. Su historia no es un eco del pasado, sino una parte esencial de la nuestra.

*Todas las imágenes del reportaje son de licencia libre de Wikimedia Commons, salvo la portada del libro, facilitada por Pinolia.

Grecia. Biografía de una nación moderna

La editorial Ático de los Libros, que acostumbra a publicar fascinantes y muy documentados ensayos históricos, publica este libro, obra del catedrático emérito en el King’s College de Londres Roderick Beaton. Un viaje al origen y desarrollo de la Grecia moderna.

Óscar Herradón ©

Ático de los Libros publica la que probablemente se convertirá en la obra definitiva sobre la Grecia moderna, obra del catedrático emérito Koraes de Historia, Lengua y Literatura Griega y Bizantina en el King’s College de Londres Roderick Beaton, y que ha sido merecedora del premio Runciman (que concede cada año la Liga Anglo-Helénica al mejor libro de temática griega y que el autor ha ganado cuatro veces).

lord Byron

La nación griega, artífice del esplendor clásico, no tuvo un Estado propio hasta principios del siglo XIX. La revolución de 1821 no solo marcó el inicio de su independencia tras siglos de dominio otomano: encendió en Europa una oleada de entusiasmo romántico y planteó una pregunta que sigue vigente dos siglos después: qué significa ser griego en el mundo moderno. Desde entonces, Grecia ha vivido una historia intensa y compleja, marcada por grandes aspiraciones y profundas fracturas. El país de la ortodoxia y los sueños de lord Byron, de las guerras balcánicas y del exilio político, de la invasión italo-americana y la resistencia, de la junta militar y del ingreso en la Unión Europea, ha forjado una identidad propia entre la nostalgia clásica, el legado bizantino y la presión de Occidente y Turquía.

Roderick Beaton

En este excepcional libro que combina erudición con múltiples anécdotas y fácil lectura a pesar de la ingente información que maneja, Beaton recorre más de dos siglos de historia con erudición y maestría narrativa. A través de gestas y derrotas, símbolos y decisiones políticas, traza el retrato vivo de un país que ha tenido que inventarse –y reinventarse– para sobrevivir. La apasionante historia de una pequeña nación que ha logrado desempeñar un papel clave en la historia política y cultural de la Europa moderna, y que hace apenas quince años vivió uno de sus momentos más delicados con la crisis de deuda soberana: Grecia entró en quiebra y pidió un rescate formal a la Unión Europea en abril de 2010; la austeridad hundió todavía más la economía helena, que meses después tuvo que pedir un nuevo rescate, con duras consecuencias: bajaron los salarios, se disparó el paro y se registró una gran fuga de depósitos y talento, quebrando muchas empresas.

Finalmente, y tras una caída del gobierno anterior, Grecia tuvo que pedir un tercer rescate, que sería el origen de un resurgimiento pero arrastrando un notable empobrecimiento, desempleo, emigración y aumento de la delincuencia; España, a pesar de haber atravesado también una fuerte crisis, participó con notables aportaciones económicas al rescate de Grecia.  En 2012 sería España la que sufriría una crisis económica severa, y también hubo de pedir el rescate de la UE, y para salir de ella fueron necesarias igualmente medidas de austeridad y reformas económicas de calado que todos, al menos los de cierta edad, tenemos muy presentes.  

Un breve repaso a su historia moderna

A través de las vibrantes páginas del libro de Roderick Beaton, conoceremos el pasado reciente de Grecia hasta llegar a lo que es hoy, pasando por grandes conflictos y episodios históricos clave como la guerra civil, la primera y segunda guerras mundiales, el golpe militar, etc.

Alzamiento del Peloponeso en 1821.

Durante siglos, los griegos se conocieron a sí mismos como «romios», un nombre heredado del Imperio bizantino que reflejaba su identidad como cristianos ortodoxos dentro del mundo otomano. Sin embargo, al estallar la Revolución griega en 1821, surgió una necesidad urgente de redefinir lo que significaba ser griego en términos nacionales, no imperiales. En 1822, la Primera Asamblea Nacional adoptó oficialmente el término «helenos» para referirse a los ciudadanos del nuevo Estado en formación. Esta elección no fue casual ni meramente arqueológica, sino un acto consciente de recuperación del legado clásico, vinculándose claramente con los valores y glorias de la Antigüedad.

De la Ilustración al Reino de Grecia

En el siglo XVIII, la iglesia ortodoxa se convirtió en uno de los principales impulsores para la educación en griego, que también mejoró el aumento de la circulación de libros impresos en griego moderno. Nació también la Ilustración griega, un proceso de difusión de ideas científicas y filosóficas occidentales, pero adaptadas al contexto ortodoxo. Fue a través de la lengua como las élites griegas comenzaron a conectar el pasado antiguo helénico con la realidad contemporánea.

La Guerra de la Independencia, entre 1821 y 1830, supuso un auténtico baño de sangre, caracterizado por una violencia extrema en los dos bandos: cristianos griegos y otomanos musulmanes. Tras la guerra, la presencia musulmana en muchas regiones desapareció, con la conversión de mezquitas en iglesias y la demolición de minaretes. El conflicto se caracterizó por una rabia y violencia extremas, siendo calificado como un «descenso al salvajismo». Sus principales víctimas fueron civiles, y los asesinatos de prisioneros y rehenes fueron algo habitual. El estado otomano respondió con represalias desproporcionadas, como la aniquilación de la clase fanariota de Constantinopla entre abril y mayo de 1821, con la eliminación de las familias griegas destacadas de la ciudad, que vivían en el barrio del Fanar, y la ejecución del Patriarca Ecuménico, líder espiritual de la Iglesia ortodoxa.

El Partenón. El gran símbolo de Grecia.
Entrada del rey Otón en Atenas.

En 1834, Atenas fue proclamada capital del Reino de Grecia, una decisión que desconcertó a muchos, dentro y fuera del país, porque aquella urbe entonces no tenías apenas calles pavimentadas ni edificios oficiales, una población escasa y una vida urbana mítica. Sin embargo, fue una elección de fuerte carga simbólica: en sus ruinas clásicas, y especialmente en la Acrópolis, el nuevo Estado quiso ver reflejada su identidad cultural y su aspiración de continuidad con el pasado glorioso. Atenas fue así reconstruida casi desde cero como capital moderna, inspirándose en los modelos neoclásicos europeos y con la mirada y el alma puestas en el mito de la Grecia clásica.

La «Gran Idea»

La conocida como «Gran Idea» fue el nombre que recibió el movimiento político y sentimiento nacional griego surgido a partir del nacionalismo griego de los siglos XIX y XX. Su fin era reunir a todos los griegos en un único Estado-nación, con capital en Constantinopla, y revivir el Imperio bizantino. Para ello reclamaba los territorios de Epiro, Tesalia, Macedonia, Tracia, las islas del Egeo, Creta, Chipre, parte de la península de Anatolia y Constantinopla.

Kolettis.

Fue un término y concepto ideado por el primer ministro del rey Otón, Ioannis Kolettis, en 1844, y se convertiría en una idea constante que dominaría toda la política exterior de Grecia, así como la interior, durante varias décadas, de hecho, estuvo presente hasta la década de los 70 del siglo pasado. Aunque contaba con un gran apoyo social y político en el país, también hubo de enfrentarse a una oposición que la haría irrealizable de forma total –aunque sí se consiguieron ciertas anexiones territoriales sucesivas–.  El Imperio otomano primero y más tarde Turquía frenarían su avance.

El primer triunfo aliado en Europa

Emblema de la octava división de infantería.

El 28 de octubre de 1940, Grecia tuvo los bemoles de rechazar un ultimátum del régimen fascista del italiano Benito Mussolini. La respuesta sería inmediata: el ejército italiano invadió desde Albania. Sin embargo, contra todo pronóstico el ejército griego resistió y no solo detuvo a las fuerzas italianas, sino que las empujó de vuelta, invadiendo territorio albanés. Una victoria, conocida como el Día del No, que sería el primer triunfo militar de un país aliado en la Segunda Guerra Mundial y alentaría otros éxitos como la Invasión de Sicilia o la de Normandía, el celebérrimo Día D. La hazaña griega retrasó la ofensiva alemana en los Balcanes, alterando los planes estratégicos del Eje. Todo un hito nacional y símbolo del coraje frente a la tiranía totalitaria.

Metaxás en 1937.

Pero las cosas no serían ni mucho menos fáciles. Tras el fallido intento de invasión de Grecia por parte de Italia en 1940, los alemanes ocuparon Grecia en abril de 1941 (en enero había muerto el general y político conservador y ortodoxo Ioannis Metaxás). Los germanos establecieron un gobierno títere, y la requisa de alimentos y el bloqueo naval británico ocasionaron una hambruna con miles de muertos. La resistencia, con el Frente de Liberación Nacional (EAM), liderado por el Partido Comunista (KKE) y su brazo militar, el Ejército Popular Helénico de Liberación (ELAS), consiguió crear un movimiento de masas, pero le choque con otros grupos derivaría en un estado de guerra civil que estalló tras la retirada alemana.

En octubre de 1944, Churchill y Stalin acordaron crear una esfera de influencia británica del 90% de Grecia a cambio de vía libre para los soviéticos en los Balcanes. El ELAS se retiró y disolvió, al no tener apoyo soviético, y llegó el llamado Terror Blanco, que consistió en la persecución de los asociados con la resistencia liderada por el Frente de Liberación Nacional. En 1946, nacía el Ejército Democrático de Grecia (DSE). Con el final de la guerra civil en 1949, y derrota del DSE, Grecia entraba en una nueva etapa dominada por la influencia estadounidense en el marco de la Guerra Fría. El país recibió ayuda del Plan Marshall y se convirtió en un bastión anticomunista en el Mediterráneo oriental.

Constantino II:

En 1967 un golpe militar impuso una dictadura que suprimía las libertades y reprimía la oposición con brutalidad. La Junta Militar intentaba moldear una nueva identidad griega ultranacionalista y tradicionalista, pero generó un rechazo creciente tanto dentro como fuera del país. Su caída llegaba en 1974 tras el intento fallido de anexionar Chipre a Grecia, lo que provocaría la invasión turca de la isla. Dicho fracaso acabó con la dictadura y con la monarquía (el último rey de los griegos sería Constantino II), allanando el camino hacia una democracia plena.

He aquí el enlace para adquirir el libro en la web de la editorial:

https://aticodeloslibros.com/inicio/381-grecia.html

Y ADEMÁS:

Y el mejor complemento para conocer el esplendoroso pasado de Grecia, que sentó las bases de la democracia moderna y de Occidente tal y como lo conocemos, y cómo la nación helena ha llegado hasta el día de hoy a pesar de múltiples vicisitudes, también ha sido publicado por Ático de los Libros, lleva por título Los Griegos. Una historia global, y su autor es igualmente el laureado helenista Roderick Beaton.

Hace más de dos mil quinientos años, los griegos, encabezados por Atenas y Esparta, sentaron las bases de la ciencia, las artes, la política y el derecho modernos. Pero la influencia de los griegos no terminó con la caída de su civilización clásica. En esta historia completa de los griegos, Beaton nos sumerge en tres milenios y medio de fascinantes cambios, un periplo en el que descubriremos a uno de los pueblos más influyentes de la humanidad.

Alejandro Magno.

Desde la Grecia minoica y micénica, inspiración de los mitos y los héroes homéricos, llegaremos hasta el esplendor clásico del Partenón y la filosofía para cabalgar luego junto a Alejandro Magno en su conquista del mundo. Durante el Imperio romano, los griegos continuaron siendo una fuerza de primer orden, y el Imperio bizantino fue la gran potencia medieval. La caída de Constantinopla ante los turcos solo redujo en parte el poder de los griegos, y de entre sus filas salieron algunos de los administradores más exitosos del Imperio otomano, hasta que finalmente los helenos recuperaron su independencia. Hoy, tras un siglo xx marcado por traumas y desafíos, la historia de la Grecia moderna es también, como siempre lo ha sido, la de su diáspora, extendida por todo el mundo.

Fruto de décadas de investigación, esta es la apasionante historia de los griegos y su impacto global.