Las ciudades oscuras. Libro 1

Norma Editorial publica el tomo 1 integral de esta obra maestra del cómic franco-belga que arrancó en 1983 y que ha durado más de cuarenta años, y combina con rigor y elegancia elementos de literatura fantástica, arquitectura ilusoria, geografía imaginaria y cómic en estado puro.

Óscar Herradón ©

Las ciudades oscuras. Libro 1, que Norma edita en tapa dura, es la traducción española del primer tomo de la intégrale que Casterman lanzó en Francia con las obras completas de François Schuiten y Benôit Peeters. Un volumen recopilatorio, una de las cumbres del noveno arte, de 328 páginas que reúne Las murallas de Samaris, La fiebre de Urbcande, Los misterios de Pâhry y El archivista, enriquecido con fragmentos del apócrifo Guía de las ciudades y material inédito que ata cabos entre las distintas urbes del ciclo.

La serie arrancó en 1983 como una rareza dentro del cómic franco-belga: un mundo paralelo, invisible al nuestro, poblado por ciudades que son versiones deformadas de las reales, desde la Viena burocrática que asoma en Xhystos hasta el París reconocible en Pâhry. Lo que hace especial este primer libro es que reúne el germen completo de esa mitología; Samaris, la ciudad-espejismo que se reconstruye por delante de quien la recorre; Urbicande, dividida en dos mitades por un río hasta que un cubo reticular empieza a crecer sin control y acaba invadiéndolo todo; y Pâhry y el propio archivista, piezas más breves que funcionan casi como anotaciones al margen del resto del universo.

Una estructura arquitectónica

Entre las curiosidades del contenido, podemos mencionar el caso de La fiebre de Urbicande: pensada en principio para publicarse en color, como Samaris, la coloración resultó demasiado lenta y entonces los autores optaron por el blanco y negro, lo que además permitió que la historia se extendiera mucho más allá de las 44 páginas habituales del álbum franco-belga clásico. El ensayista estadounidense Julian Darius recuerda en su lectura del ciclo que el propio Peeters llegó a calificar de «esquelética» su primera entrega, Samaris, por sentir que el formato corto no le dejaba espacio para desarrollar sus ideas; fue precisamente esa frustración la que empujó a extender el segundo álbum, un cambio de ritmo que terminó ganando el premio al mejor álbum del festival de Angulema en 1985, uno de los grandes reconocimientos del cómic europeo.

Otra curiosidad tiene que ver con la propia estructura del volumen integral: a diferencia de la publicación original álbum a álbum, Casterman decidió ordenar el material de forma mayoritariamente cronológica dentro del universo ficticio, intercalando las páginas del Guía de las ciudades justo después de cada historia con la que se relacionan, de modo que el lector puede seguir casi como un atlas la evolución interna de ese continente imaginario (y que reproduce igualmente la edición de Norma). La revista suiza Le Temps, con motivo de la publicación de uno de los tomos posteriores de esta misma intégrale, describió el conjunto como un rompecabezas sin final, y situó la serie en la estela de las arquitecturas imposibles de Julio Verne, la claridad inquietante de los cuadros de Magritte y los laberintos de Jorge Luis Borges, una tríada de referencias que la crítica francesa repite casi como fórmula fija al hablar de Schuiten y Peeters.

El propio origen biográfico de Schuiten explica buena parte de la obsesión arquitectónica del libro: pertenece a una familia de arquitectos, y esa formación se nota en el detalle casi técnico con el que dibuja los edificios de Urbicande, con un aire de clasicismo monumental que recuerda a la estética de la Alemania de Entreguerras, sin que eso implique una lectura política explícita por parte de los autores. El resultado es un álbum considerado por crítica y público, reitero, una de las cumbres del noveno arte. Sin lugar a dudas.

Regreso al futuro. La historia visual definitiva

Norma Editorial, tan presente en el Pandemónium (cosas de sus novedades, que son cautivadoras para los fanáticos del cine y la novela gráfica como un servidor), publica esta historia visual definitiva –y ampliada– de una de las trilogías más inolvidables de los 80 dirigida por Robert Zemeckis.

Óscar Herradón ©

Todo empezó como una obsesión de despacho de prensa. En 1990, cuando trabajaba como publicista de producción de las secuelas de Regreso al futuro, Michael Klastorin propuso a Robert Zemeckis la idea de un libro-mesa de café descomunal, con absolutamente todo el material gráfico de la trilogía metido dentro. Nadie creyó entonces que la franquicia mereciera semejante volumen, y la idea quedó aparcada durante más de veinticinco años, hasta que Klastorin, ya convertido en coautor junto al especialista Randal Atamaniuk, la sacó adelante como Back to the Future: The Ultimate Visual History. Esta edición revisada y ampliada, publicada por Insight Editions para celebrar el treinta y cinco aniversario de la cinta original y lanzada en castellano en una edición que corta el aliento por Norma Editorial, es la que Bob Gale describe como el libro definitivo que él y Zemeckis siempre quisieron: le dieron a Klastorin acceso total, con la instrucción explícita de no dejarse nada fuera.

Esa generosidad documental se nota en la estructura. El volumen arranca con el perfil de los propios Gale y Zemeckis y el vía crucis del guion antes de llegar a rodarse, y a partir de ahí desglosa el rodaje semana a semana desde noviembre de 1984, incluyendo el episodio incómodo pero crucial del reparto: las semanas que se filmó con Eric Stoltz (La mosca 2) como Marty McFly antes de que Michael J. Fox lo sustituyera. El propio Fox –que recibió una fuerte ovación tras su emocionante discurso en los Emmy 2026 acerca de su dura lucha contra el Parkinson– firma el prólogo del libro, y Christopher Lloyd, el inolvidable Doc, el prefacio, dos firmas que ya funcionan como un sello de autenticidad para cualquier fan de la saga.

Material añadido y piezas de atrezo

La gran diferencia de esta versión ampliada frente a la primera edición de 2015 (que también publicó en España Norma) es el material añadido tras el treinta aniversario: un capítulo dedicado al videojuego de Telltale Games, un repaso a la serie de cómics de IDW, una sección sobre el merchandising más memorable –incluida la línea de coleccionables de Funko– y un vistazo exclusivo al musical Back to the Future: The Musical con comentarios del propio Bob Gale. En total suma dieciséis páginas nuevas de contenido inédito sobre el proceso creativo, hasta las 240 páginas, y además conserva el gancho físico que hizo célebre a la primera edición: piezas de atrezo y facsímil desplegables para el lector, como el justificante de retraso del instituto Hill Valley High o la portada del USA Today que aparece en la segunda entrega.

Publicaciones especializadas en cultura friki como GeekTyrant lo consideran una compra obligada para cualquiera que haya visto la película y no le parezca simplemente «correcta» –una manera elegante de decir que no hay término medio con este título–, y reseñas más detalladas, como la de Future of the Force, insisten en que el libro cumple exactamente lo que promete su subtítulo: un repaso exhaustivo desde la concepción hasta la entrega final de la trilogía, con una profundidad que roza lo enciclopédico.

Como curiosidad final sobre el propio Klastorin, vale la pena señalar que su condición de publicista de las dos secuelas no es un dato menor, pues significa que buena parte del libro está armada con materiales de primera mano –memorandos de producción, fotografías de set, notas de rodaje– que él mismo custodió durante tres décadas antes de que el proyecto viera finalmente la luz, lo que explica el detalle con que se documentan las semanas de rodaje, algo que rara vez aparece con este nivel de precisión ni siquiera en los documentales incluidos en las ediciones en Blu-ray de la trilogía.

Sangre de Barrio

Norma Editorial publica una nueva edición integral, con 192 páginas que incorporan doce páginas inéditas realizadas expresamente para esta versión (más una lámina), de la obra de culto de Jaime Martín, más de tres décadas después de la original.

Óscar Herradón ©

Vicen se muda a L’Hospitalet con su hermana y su madre, y esa mudanza a un extrarradio barcelonés gris, marcado por el paro y las drogas, es la semilla de la que nació Sangre de barrio, el debut en solitario de Jaime Martín que en 1990 le valió el Premio Autor Revelación del 8º Salón Internacional del Cómic de Barcelona.

Martín, nacido en L’Hospitalet de Llobregat en 1966, llevaba ya cuatro años trabajando profesionalmente en el cómic cuando publicó el álbum: había empezado en 1985 dibujando para revistas infantiles y de humor adulto bajo el sello Intermagen de Josep María Beà, y desde 1987 colaboraba de forma regular en El Víbora, la revista underground de Ediciones La Cúpula, donde firmaba series costumbristas con guion de Alfredo Pons. Sangre de barrio, aparecida por entregas en El Víbora a partir de 1989, fue su salto a autor completo, guionista y dibujante a la vez, y el resultado, según describe su propia editorial, fue un cóctel amargo de pesimismo, rebeldía y frustración. La historia de Vicen –un adolescente que pasa de las gamberradas de barrio al mundo del crimen organizado– se amplió en tres ocasiones, en 1993, 1998 y 2002, hasta consolidarse como una obra en dos partes que algún lector describe como un arranque a lo Makinavaja que termina convertido en una historia de mafia por derecho propio.

Lo interesante de rastrear el impacto de Martín es que su carrera despegó precisamente a partir de este título. El catálogo internacional de referencia para dibujantes, Lambiek, lo sitúa entre los mejores narradores y los cronistas más importantes de la vida cotidiana en el cómic contemporáneo, y señala que fue Sangre de barrio lo que lanzó su trayectoria, antes de que su trabajo empezara a publicarse en Alemania, Italia, los Estados Unidos y Francia. Esa proyección europea se confirmó cuando en 2007 fichó por la editorial belga Dupuis para su colección Aire Libre, con la que firmaría títulos como Lo que el viento trae (publicado en España por Norma en 2008) o Las guerras silenciosas, igualmente publicado por Norma hace relativamente poco tiempo y que le llevaría a ser nominado en la selección oficial del Festival de Angulema en 2011 y 2014.

En el extrarradio barcelonés, en la década de los 80, el panorama es desolador, un horizonte gris, achatado por el paro, la violencia y las drogas. El protagonista, Vicen, pasará su adolescencia y su primera juventud en el epicentro de este ambiente marginal, respirando lo bueno y, sobre todo, lo malo, hasta desembocar en el desastre. Una obra maestra del noveno arte, el cómic que retrató la rabia de la juventud desheredada del post-franquismo en una nueva edición que corta el aliento que incluye también una lámina de regalo.