De la mano de la editorial BLUME nos llega en castellano una hermosa edición ilustrada con cientos de espectaculares fotografías, El Color en la Naturaleza, compuesto por un equipo multidisciplinar de científicos, seis autores de Inglaterra, Nueva Zelanda y los Estados Unidos, expertos en evolución, ciencias ópticas, neurociencia, ciencias marinas y el uso creativo del color.
Óscar Herradón
Justin Marshall.
Entre ellos destaca el neurocientífico-ecologista británico-australiano Justin Marshall, especializado en investigaciones centradas en decodificar cómo los animales usan el color para comunicarse. La investigación de Marshall, que se plasma en gran parte de este ambicioso libro, se centra en la neumoeotología, o cómo los animales perciben su entorno y cómo sus cerebros y sistemas sensoriales en el mundo real han sido moldeados por su entorno y necesidades, en particular sus sistemas visuales, tema principal del ensayo que el experto coescribe con otros cinco investigadores.
Camarón mantis.
Uno de los animales que ha estudiado es el camarón mantis (Gonodactilus Smithii), que reveló poseer el sistema visual más complejo del mundo, con 12 canales de color, o que los pulpos y otros cefalópodos son daltónicos. Demostró también que el camarón mantis y la sepia pueden reflejar y detectar luz polarizada circular, estrechamente ligada con la comunicación encubierta, una investigación que actualmente se está usando para diseñar cámaras de polarización de nueva generación y otros dispositivos ópticos.
Marshall también ha realizado descubrimientos sobre la visión del color en varios otros grupos de animales, como aves, lagartos y cangrejos. De hecho, en 2017 su laboratorio descubrió un nuevo tipo de célula ocular en peces de aguar profundas, un cono con forma de bastón especializado en entornos con poca luz. Curiosamente, su alumno Wen-Sung Chung fue la primera persona del planeta en ver un calamar gigante (Architeuthis rex) en su hábitat natural en julio de 2012, gracias a una cámara de vídeo instalada por la cadena japonesa NHK.
El color en todas las facetas de la vida
En relación con otros de los autores del libro, Jane Boddy, por ejemplo, es la directora creativa del Pantone Color Institute, por lo que sabe bien cómo se comporta el color en el entorno y la naturaleza y cómo hacen uso de él las especies animales o cómo nos afecta a nosotros, a los seres humanos. El instituto está reconocido mundialmente como la principal fuente de información sobre el color, y ofrece conocimientos y soluciones a empresas en este sentido.
Por su parte, el biólogo Thomas W. Cronin, profesor de ciencias biológicas y coautor del trabajo, cubre el mundo del color desde los principios de la física a su uso en el arte y el diseño. Según afirmó tras el lanzamiento del libro en inglés –ahora publicado en castellano por BLUME– en noviembre de 2024: «El libro ofrece una visión integral del papel del color en la biología de plantas y animales, así como en la sociedad humana y el arte».
Los autores consideran el papel del color en el apareamiento, la caza, la lucha, el engaño y el escondite, y recurren a disciplinas como la física, la genética, la química, la fisiología y la psicología. Las imágenes del libro refuerzan los conceptos del texto, pero «también buscan ser bellas y mostrar la diversidad de colores y patrones del mundo natural», en palabras del citado Cronin.
A través de preciosas imágenes, El color en la naturaleza revela el sentido del color en nuestro entorno, y cómo lo perciben los distintos seres vivos, y aclara hasta qué punto el color contribuye en el comportamiento animal, ya sea en la reproducción y comunicación e incluso en acciones de ataque y defensa. Asimismo, contextualiza la percepción del color, junto con los usos que le damos a aquellos que nos rodean, en la naturaleza y en nuestra vida privada, para nuestro uso y disfrute. El ensayo, profusamente ilustrado, presenta un análisis extenso y ameno sobre un tema cautivador que nos afecta a todos en nuestro día a día.
Durante los últimos años, se han producido avances extraordinarios en el estudio de la visión, la ecología visual y nuestra percepción multidimensional y compleja del color en la vida y el planeta. Estos avances han sido posibles gracias a hallazgos insólitos en neurociencia y biología evolutiva, así como en psicología y diseño. El color en la naturaleza incluye un gran número de asombrosas ilustraciones en color; explica qué es el color y cómo se origina; aborda la física, genética, química, fisiología y psicología de la percepción animal del color; analiza los colores que los humanos no ven o apenas utilizan, como los ultravioleta, los infrarrojos y los bioluminiscentes; revela la evolución de los colores en el apareamiento, la caza, la supervivencia, las artimañas y el camuflaje, y proporciona información sobre el daltonismo, los colores bioinspirados y nuestra apreciación del color en el arte y el diseño
En palabras de The Wall Street Journal, «El color en la naturaleza ofrece una entrada científica accesible a los colores de nuestro mundo, con imágenes llamativas y brillantes y diagramas detallados».
Es uno de los grandes personajes del siglo XXI. Magnate tecnológico y emprendedor «visionario», al frente de Tesla, SpaceX y StarLink, además de la red social X, Elon Musk es también un hombre controvertido que ha tenido problemas con sus trabajadores, antiguos socios y ha generado aceradas críticas de un rincón a otro del planeta tras su alianza con Donald Trump en la campaña de las presidenciales a 2024. Ahora, La Esfera de los Libros y Planeta Cómic nos traen dos novedades editoriales que revelan esa doble faceta del «genio que mira a las estrellas».
Elon Reeve Musk nació el 28 de junio de 1971 en Pretoria, Sudáfrica, que entonces era un régimen nacionalista blanco que practicaba el Apartheid o «separación» en afrikáans, un sistema legislativo que sostenía políticas segregacionistas contra los ciudadanos no blancos y estratificaba la sociedad según la raza, garantizando el estatus superior a los ciudadanos blancos, seguidos por los indios y los negros. Los africanos negros estaban en el escalafón inferior y no podían votar, los obligaban a vivir en zonas separadas de los blancos y también a emplear instalaciones públicas diferentes; además, la resistencia al Apartheid se reprimía de forma brutal por las autoridades, y Musk creció en un ambiente expuesto a propaganda gubernamental antinegros.
Joshua Norman Handelan
Su abuelo materno, Joshua Norman Handelman, era un peculiar estadounidense que se dedicó a la quiropráctica y con unas ideas políticas nada ortodoxas. De 1931 a 1941 fue miembro del Partido Tecnocrático y lideró su rama canadiense, un movimiento popular en los EE.UU. y Canadá durante un breve periodo de los años 30 y 40 del siglo XX, que proponía una forma de gobierno tecnocrático: planeaban que el Tecnato norteamericano transformara el subcontinente en un gran sociedad tecnocrática que incluiría Canadá, México, Centroamérica y parte de Sudamérica. Haldeman era profundamente anticomunista, algo que heredaría su nieto. Después, se mudaría a Sudáfrica, donde nacería Elon, quien tendría una infancia acomodada pero difícil, con un padre autoritario y violento.
De pequeño, Musk era un apasionado de los libros y los ordenadores, y ya en su adolescencia, también de los explosivos químicos a partir de productos caseros, del motocross y del juego de rol Dungeon & Dragons. Luego, estudió en diversas universidades distintas disciplinas (muchas de las cuales nunca terminó) y siempre destacó por su emprendimiento, aunque en la escuela sus compañeros lo consideraban un friki, y le hacían bullying, algo bastante habitual en los jóvenes con un alto coeficiente intelectual e inquietudes distintas al fútbol o al béisbol, como era su caso. Además, según reveló el propio Musk en mayo de 2021 en el programa Saturday Night Live, padece Asperger, lo que parece que complicó sus relaciones con el resto de chavales.
De Zip2 a SpaceX
Con Obama en 2010.
Su extraordinaria capacidad para el aprendizaje y su habilidad informática le convirtieron pronto en un próspero empresario de Silicon Valley, tras vender su primera empresa, Zip2 (compañía que proporcionaba software de guías locales para internet, fundada en 1995 por Elon y su hermano Kimbal y por Greg Kouri), por 300 millones de dólares, y la segunda, PayPal (sí, la de los pagos seguros que casi todos usamos), por 1.500 millones. Luego pasó a hacer realidad sus sueños más ambiciosos: construir coches eléctricos y venderlos a precios asequibles, para lo que fundó Tesla, y hacer baterías de litio en las que almacenar energía y con las que funcionar al margen de las compañías eléctricas, a través de la empresa SolarCity, e incluso diseñar cohetes capaces de ir al espacio y volver a la Tierra para reutilizarlos (algo inaudito hasta entonces en el sector aeroespacial), con SpaceX, que ha firmado incluso contratos conjuntos con la NASA; enviar una inmensa red de satélites al espacio (Starlink) para que haya conexión a internet y red telefónica disponible en más de 150 países e incluso diseñar un tubo que permitiría a vehículos circular a 1.200 kilómetros por hora bajo tierra, llamado Hyperloop y que fue un rotundo fracaso (donde se instaló, los coches no pueden ir a más de 50 km/h).
«Make America Great Again»
A pesar de la indudable brillantez de Musk en la innovación empresarial y tecnológica (posee una memoria fotográfica, es autodidacta en ciencias e ingenierías y se trata, sin duda, en ciertos aspectos, de todo un visionario), ha sido, sin embargo, duramente criticado por su actitud en sus empresas e incluso denunciado por viejos socios por prácticas abusivas, malos tratos a sus empleados y un largo etcétera. Y en los últimos años se ha sumado lo que probablemente le ha granjeado un gran rechazo en un amplio espectro de la opinión pública: su inmersión en política apoyando la candidatura de Donald Trump a las elecciones presidenciales de 2024 que el magnate neoyorquino finalmente ganó, agitando nuestro mundo como no se recuerda desde hace décadas.
Trump convirtió a Musk en su hombre de confianza para llevar a cabo los recortes en la Administración USA (fondos públicos para sostener universidades, funcionarios, investigaciones en biomedicina, y un largo etcétera) al frente del llamado eufemísticamente Departamento de Eficiencia Gubernamental (DOGE, por sus siglas en inglés) lo que granjeó al CEO de Tesla y SpaceX una gran impopularidad: Musk imitó a su admirado Javier Milei, presidente argentino que se declara anarcocapitalista y quien se ha mostrado orgulloso con una motosierra en actos públicos (aludiendo precisamente a los recortes del llamado «escudo social»), y el propio Elon ha aparecido incluso realizando lo que para muchos no es sino el saludo fascista en público, y ha apoyado, como tiempo antes otros mentores ideológicos de Trump –pensemos por ejemplo en Steve Bannon–, partidos políticos y de gobierno vinculados a la extrema derecha (célebres son sus rifirrafes en redes con el presidente español, Pedro Sánchez, en relación con las políticas de regularización masiva de migrantes del gobierno, embarcado ahora en una cruzada contra la política imperialista estadounidense del «matón» de Trump al recuperar el viejo eslogan anti-PP de «No a la Guerra» y prohibiendo a los yankees el uso de las bases militares de Morón y Rota –lo que no le ha impedido enviar la joya de la corona de la Armada, la fragata Cristóbal Colón, al Mediterráneo para proteger a Chipre de la amenaza iraní–). Los tiempos, sin duda, están agitados. Mucho.
Tas unos meses de confianza mutua y elogios en los que el propio Elon Musk aparecía junto a su hijo llamado X (tiene al menos 12 hijos reconocidos), en los mítines de Trump e incluso en el mismísimo Despacho Oval, la relación entre ellos se fue enfriando e incluso se echaron en caso turbios asuntos: Musk llegó a acusar a Trump de estar en los papeles de Epstein –cosa que es cierta, a pesar de la censura informativa de su propia administración, pero hoy sabemos que a Musk también se le menciona, entre infinidad de grandes personalidades de las altas esferas y del mundo del espectáculo–, cosa que después retiró, y Trump, ni corto ni perezoso acusó a Musk de haberse vuelto loco y pedirle que se marchara –todo comenzó con la crítica del magnate de Tesla precisamente a las políticas fiscales de la Casa Blanca–.
Hoy parece que las cosas se han suavizado, mientras Musk sigue empeñado en seguir sorprendiendo al mundo no con sus declaraciones de índole ideológica (más bien desafortunadas, por ser suaves) sino con sus prodigios tecnológicos, campo en el que sin duda se maneja mejor que en la jungla política, y ahora pretender impulsar la llegada del hombre a Marte y la creación de una colonia en el Planeta Rojo, él que, aunque negacionista del cambio climático (como lo fuera del Covid y la eficacia de las vacunas, al igual que la mayoría de miembros del movimiento MAGA que en su día tanto jaleó) afirma que es la única posibilidad de que la humanidad siga existiendo. ¡Señoras y señores, con todos ustedes: Elon Musk!
*Todas las imágenes de este reportaje han sido extraídas de Wikimedia Commons y son de libre uso.
PARA SABER MÁS:
Soberbia Máxima (La Esfera de los Libros)
Recientemente, La Esfera de los Libros, una de nuestras editoriales predilectas del Pandemónium, publicaba en castellano Soberbia Máxima: irrupción, ascenso y caída de Elon Musk, de Faiz Siddiqui, periodista especializado en tecnología establecido en San Francisco y que colabora con The Washington Post, en cuyas páginas ha cubierto la información de empresas como Tesla, Uber y Twitter (ahora X) para la sección de economía del legendario rotativo estadounidense, un trabajo reconocido por la Society Advancing Business Editing and Writing, y galardones de Periodismo Hearst.
Siddiqui
Con una prosa afilada y sencilla Siddiqui nos ofrece la crónica definitiva de la irrupción, ascenso y caída del último césar de Silicon Valley, y nos cuenta la historia americana por excelencia, la de forjarse a uno mismo, como hemos narrado en el post, desde la juventud de un joven extranjero y retraído, aunque sumamente inteligente, hasta el ascenso de este a la cima de la economía y la política, mostrando una ambición sin límites.
Con el pulso narrativo del mejor periodismo de investigación –la traducción, sin duda, es magistral–, y la mirada crítica de quien ha seguido muy de cerca la trayectoria de Musk, Siddiqui desmonta muchos de los mitos del magnate tecnológico y su identificación con el movimiento MAGA («Make America Great Again») liderado por el controvertido Donald Trump, y, a través de episodios clave de su biografía que llevan hasta la guerra cultural en RRSS de todo el mundo, el autor revela cómo la arrogancia y la confianza desmedida del «ultimo césar de Silicon Valley» han sido «tanto su fuerza como el germen de su declive». Y lo hace a través de testimonios de primera mano y de documentos inéditos, como debe hacerse para realizar la autopsia (sin fantasías) de un personaje clave de nuestro tiempo, nos guste o no.
Elon Musk. Retrato de un oligarca (Planeta Cómic)
Por su parte, Planeta Cómic nos trae la novela gráfica que desgrana de forma mordaz al personaje: Elon Musk. Retrato de un oligarca, de Darryl Cunningham, alias «Yudori», autora de cómic de Corea del Sur y residente en Cambridge que presenta una investigación muy documentada –y no exenta de ironía, e incluso sarcasmo– del que es una de las personalidades más fascinantes de la actualidad: de su infancia en Sudáfrica al desarrollo de PayPal, Tesla, SpaceX o la compra de Twitter, la primera biografía en forma de novela gráfica sobre Musk revela aspectos poco conocido del oligarca, y en ocasiones impactantes, tanto de su vida privada como de la carrera impresionante –pero polémica– que lo ha convertido en el hombre más rico del mundo, por encima de Jeff Bezos (Amazon) y más inasible.
De la mano de Planeta Cómic nos llega en castellano la esperada novela gráfica que adapta la novela corta Lluvia, de Joe Hill, una historia postapocalíptica aterradora con una doble lectura que advierte de los riesgos de no creer en las advertencias de los expertos sobre la amenaza del cambio climático.
Todo comienza un asfixiante día estival en Boulder, Colorado, Estados Unidos, cuando unos oscuros nubarrones se ciernen sobre el cielo de la población y desatan una terrible lluvia de «clavos»: astillas de metal brillante que atraviesan la piel de cualquiera que esté a la intemperie. Precisamente la macabra y letal lluvia sorprende a la protagonista de la historia, Honeysuckle Speck, que se encuentra en Boulder para encontrarse con su novia Yolanda y comenzar una nueva vida a su lado. La lluvia acabará con la vida de Yolanda y de su madre, sumiendo a Speck en un shock seguido de una profunda tristeza, aunque conseguirá salvar al pequeño Temp, que a partir de ese momento le acompañará en un escenario catastrófico que recuerda en parte a la sobrecogedora novela distópica La Carretera, de Cormac McCarthy.
Los aviones caen del cielo, se colapsan las comunicaciones y la tormenta se irá extendiendo por todo el país de las barras y estrellas y después por todo el planeta, sembrando la desolación y acabando prácticamente con la civilización (algo que bien puede suceder a escala real con los desastres climatológicos que, aunque no descarguen en forma de clavos, son cada vez más frecuentes y tienen consecuencias devastadoras para las poblaciones en las que se producen, una traslación a nuestro mundo real que es palpable a lo largo del relato).
A partir de ese momento asistimos a una historia que en cierta forma ya hemos visto en novelas gráficas como la serie The Walking Dead (y su exitosa adaptación televisiva) o en el videojuego The Last of Us (y su también lograda versión catódica), o en la saga cinematográfica 28 días después y sus secuelas (ahora, recientemente, 28 años después: el Templo de los Huesos, con un camaleónico Ralph Fiennes bailando en una perfomance a ritmo del The Number of The Beast de los Iron Maiden), escenarios apocalípticos dominados por zombies en los que aquellos que representan un mayor peligro no son los infectados sino los propios humanos, lobos con piel de cordero que desvelan su verdadera faceta ante la adversidad y la lucha por la supervivencia, volviéndose depredadores: los gobiernos comienzan a culparse unos a otros del colapso que ha traído la lluvia de clavos y los ciudadanos hacen lo que sea para salvarse, aunque ello implique robar, atacar e incluso asesinar a sus vecinos, amigos y a cualquier otro ser humano.
En esta tesitura, Honeysuckle deberá emprender un viaje (en cierto modo iniciático), que pondrá a prueba sus capacidades y su resistencia, donde, junto a otros compañeros de viaje –no, no todos los humanos son despreciables–, se topará con lo mejor y lo peor de nuestra especie. La novela gráfica adapta la premiada novela corta de Joe Hill, de la mano del guionista David M. Booher (multigalardonado con el Eisner y otros premios). Con un dibujo preciso y muy dinámico, con personajes muy expresivos aún sin ser completamente realistas, obra de la artista británica Zoe Thorogood (nominada también a los Premios Eisner a Mejor Artista Multimedia y Mejor Portadista) y que según asegura el propio Joe Hill en el prólogo «encuentra lo humano en cada imagen de película de terror, los últimos vestigios de calidez en un mundo asolado por tormentas frías y letales»; y con colores vivos en general, que contrastan en ciertos pasajes con fríos y ocres que evocan un estado de ánimo bajo y una situación calamitosa, cosecha de Chris Ryall, Lluvia consigue transmitir todo un cúmulo de sensaciones dolorosas y paralizadoras en las que, sin embargo, no todo está perdido y no falta una llamada a la esperanza y a la capacidad de resiliencia de cada uno de nosotros, protagonistas o lectores.
He aquí el enlace para adquirir esta novela gráfica que fue nominada en 2023 a tres premios Eisner: