Península publica un ensayo revelador sobre cómo han llegado las grandes piezas de arte a los museos de Occidente. De los mármoles del Partenón al penacho de Moctezuma, nos revelan una turbia y oculta historia de las colecciones del Norte Global.
Óscar Herradón ©
El hilo conductor del ensayo es una crítica a lo que el mundo anglosajón conoce como el universal museum argument. En 2002, los directores de dieciocho grandes museos de arte, patrimonio cultural e historia natural –entre ellos el Louvre y los Museos Estatales de Berlín– firmaron una declaración sobre «la importancia y el valor de los museos universales», que constituía, en esencia, un argumento contra la restitución de sus colecciones. La lógica de dicha declaración era que estos museos custodiaban los objetos «en beneficio de la humanidad», y que, por tanto, su presencia en el Norte Global no respondía a una injusticia arrastrada del colonialismo con sus países de origen sino a un principio de acceso universal que trasciende la reivindicación nacional de cada país de origen.
Las autoras de Arte Secuestrado parten no del valor artístico de cada pieza sino de la pregunta de cómo han llegado las grandes obras a los museos o a las pinacotecas. Ambas son dos juristas expertas en derecho internacional: Catherine Titi es investigadora titular en el CNRS francés y, además de su formación jurídica, posee un título en historia del arte por el Courtauld Institute of Art. Una combinación (la rara confluencia entre la mirada del historiador del arte y el instrumental del jurista internacional) es la que confiere al libro su carácter singular y lo dota de mayor consistencia. Su coautora, Katia Fach Gómez, es profesora titular de derecho internacional privado en la Universidad de Zaragoza, experta en litigación internacional y arbitraje, con formación en periodismo y habitual en la prensa española.
La combinación de perfiles que componen el trabajo es en sí misma una declaración metodológica: el libro aspira a tender un puente entre la academia especializada y el gran público; no es el primer trabajo de Titi sobre estas materias, pues en 2023 la editora estadounidense Springer Publishing publicó su monografía The Parthenon Marbles and International Law, un estudio que refutaba punto por punto los argumentos jurídicos del Reino Unido para retener las esculturas, revisando la historia de su extracción y analizando documentos a la luz del derecho internacional contemporáneo. De hecho, podríamos considerar que Arte Secuestrado es, en cierta medida, la versión destinada al ciudadano curioso de ese trabajo académico más técnico, ampliada además a una docena de casos de expolio colonial procedente de varios continentes.
¿Mentalidad colonial o filantropía universal?
En el ensayo, Titi y Fach Gómez desmontan la lógica argumentada por los museos y centros de patrimonio del «beneficio de la humanidad» sin piedad, y lo hacen desde un análisis de casos concretos. Apoyadas en el marco jurídico internacional vigente, y en lugar de limitarse a la argumentación moral, sostienen la opinión de muchos críticos de que dicho concepto perpetúa una mentalidad colonial, ignora los medios violentos o no éticos de adquisición de las piezas museísticas y niega a las comunidades de origen (países latinoamericanos, Egipto, Irán, y un largo etcétera) el derecho a su propio patrimonio; además de que la comprensión genuina de un objeto, remarcan, proviene precisamente de que este se encuentre en su contexto cultural, accesible a sus legítimos herederos.
En definitiva, un viaje fascinante por el lado oscuro y el trasfondo poco transparente del recorrido de las obras de arte. Detrás de muchas de las que admiramos cuando visitamos el Louvre, el Museo Británico o el Met de Nueva York se oculta un pasado incómodo. Son piezas que desaparecieron de su lugar de origen, arrancadas de templos, tumbas o palacios, y que hoy se siguen reclamando por sus legítimos dueños.
Durante siglos, los grandes museos, principalmente del Norte Global, reunieron objetos procedentes de todos los rincones del planeta convencidos –aunque no siempre, como aquí podremos descubrir– de estar preservando el patrimonio de la humanidad. Pero tras esa apariencia de universalidad se esconde una historia de conquistas, expolios y apropiaciones que todavía proyecta su sombra sobre nuestras instituciones culturales. Arte secuestrado sigue el rastro de seis piezas emblemáticas: los mármoles del Partenón, el penacho de Moctezuma (custodiado en el Museo Etnológico de Viena), los bronces de Benín, el busto de Nefertiti (en el Neues Museum de Berlín), el hombre prehistórico de Java y los restos del príncipe etíope Alemayehu (enterrado en el Castillo de Windsor y que el Palacio de Buckingham se niega a devolver) y los tesoros de Magdala.























