Garras de Ángel: la carne y la letanía

Norma Editorial reedita Garras de ángel en gran formato, en la que el mago Alejandro Jodorowsky y el irrepetible Moebius volvieron a aliarse para ofrecernos un perturbador relato de iniciación sexual con un fuerte componente psicoanalítico y místico marca de la casa.

Óscar Herradón ©

Ambos ya habían colaborado en Los ojos del gato (publicada también en España por Norma Editorial) y El Incal, y en 1994 nos ofrecieron una autentica obra de culto en la que demostraron tener la fórmula alquímica para transformar en poesía las imágenes más explícitas e inquietantes (sí, es un cómic solo para adultos): Garras de ángel es una joven que, tras enterrar a su padre, se iniciará en un camino de autodescubrimiento sexual sin límites a través del cual alcanzará nuevas formas de trascendencia.  Ahora, Norma Editorial recupera esta obra en una edición de lujo en gran formato perfecta para apreciar como se merece el trabajo de quien es, sin duda, uno de los mayores genios del noveno arte.

Y el volumen vuelve con la misma pregunta que lo acompaña desde 1994: ¿Es una obra maestra del arte erótico o un ejercicio de fantasía masculina con coartada mística? Se trata de un objeto en el que el dibujo de Moebius hipnotiza y el texto de Jodorowsky divide. La génesis importa para entender el libro. Según la librería estadounidense Copacetic los dibujos en tinta y pluma en blanco y negro se ejecutaron en su mayoría entre 1992 y 1994. Moebius los hizo en aislamiento y después se los pasó a Jodorowsky, que se enfrentó al reto de hilvanar una narración. Otras fuentes, incluida la propia Norma, lo presentan como una obra concebida a la par, de modo que el origen exacto queda en discusión. Lo que sí encaja con todos los relatos es el momento vital de Moebius, un periodo en que el dibujante, muy espiritual, purgaba y redefinía su visión artística. El epílogo de la edición inglesa, firmado por Diana Widmaier-Picasso, cuenta que Moebius quemó los originales al terminar, un gesto que Copacetic interpreta como intento de expulsar esa parte de sí mismo.

El libro salió en Les Humanoïdes Associés en otoño de 1994, cuando Moebius y Jodorowsky trabajaban además en la trilogía de El corazón coronado, otro relato de sexo y metafísica. Teniendo esto en cuenta, Garras de ángel no funciona como cómic al uso: en cada doble página, a la izquierda una viñeta depurada con el texto de Jodorowsky, a la derecha el dibujo grande. Lo que se lee es breve, y lo que se mira es enorme. Por eso el formato pesa tanto. La primera edición francesa era un álbum de gran formato con sobrecubierta. Humanoïdes lanzó en 2012 una edición de lujo de 30 por 40 centímetros, un cruce entre álbum y libro de arte, y la edición inglesa es un tomo de mesa de 406 por 305 milímetros. Todas apuntan a lo mismo, que el libro pide ser contemplado.

Una joven, un padre muerto y una liturgia

El argumento cabe en una frase. Una joven acaba de enterrar a su padre y emprende un periplo iniciático para abrirse al mundo y a sí misma: pasa por el autoerotismo, el sadomasoquismo y el incesto; y el erotismo velado deja paso enseguida a la pornografía y la perversión. El artista estadounidense Bob Wiacek subraya la contundencia de los textos, tersos, desafiantes y deliberadamente perturbadores, que exponen el mundo interior de la joven mientras esta arrasa con toda convención.

Casi nadie discute el dibujo. Copacetic habla de calidad espectacular y de un carácter hipnótico que exige contemplar cada imagen, pero advierte de que ese hechizo no es del todo inocuo, dados los elementos obsesivo-compulsivos y sadomasoquistas. Y añade otra advertencia notable: muchos lectores juzgarán la obra sexista y patriarcal, y quizá se lee mejor como investigación sobre la sexualidad masculina europea. La relación entre forma y contenido es, dice, el gran misterio del libro. El propio Wiacek va en la misma línea con más entusiasmo: un asalto a los sentidos y a la moral tradicional que espanta y deleita a partes iguales, según lo que cada cual traiga a la mesa. La mayoría de las críticas destacan que Garras de ángel se sostiene mejor como libro de arte que como narración; aún así, todo apasionado del cómic debería tenerlo en su estantería, o si no lo conoce, quizá por la edad, al menos echarle un buen vistazo.

El Mercenario. Integral 1

Es, probablemente, el cómic español de fantasía heroica más internacional de su generación, y este integral es la primera vez que se edita en España con el cuidado que la obra siempre mereció gracias a Norma Editorial.

Óscar Herradón ©

Vicente Segrelles (Barcelona, 1940), empezó a publicar El Mercenario en 1980 en la revista Cimoc de Norma Editorial, y Norma, referente ineludible de la novela gráfica, recupera ahora la serie completa en tres volúmenes integrales, el primero de los cuales –espectacular: 336 páginas a color, con extras e ilustraciones– reúne las aventuras iniciales del personaje: «El pueblo del fuego sagrado» y «La fórmula», entre otras.

La premisa sitúa la acción en un misterio antiguo que rodea el Himalaya: entre las leyendas del Yeti, el Valle de la Eterna Juventud o el Monasterio de la Sabiduría Universal, existe una menos conocida, la de un valle escondido bajo un manto perpetuo de nubes, habitado por un guerrero sin nombre al que todos llaman, simplemente, el Mercenario. Ese «país de las nubes permanentes», como lo llamó el propio Segrelles con marcado toque poético, es una tierra alta de Asia aislada del resto del mundo por la altitud y la niebla constante, poblada de castillos, dragones, armaduras y tecnologías curiosas a medio camino entre lo medieval y lo fantástico. El protagonista, un quijote sin nombre ni pasado, se gana la vida como mercenario volador –cabalga dragones domesticados– al servicio de quien mejor le pague, en misiones que lo llevan de un reino a otro de ese universo inventado.

Viñetas al óleo

La gran curiosidad de la obra, la que la distingue de cualquier otro cómic de su época, es puramente técnica: cada viñeta está pintada al óleo, un procedimiento tan inusual como extraordinariamente lento para el medio del cómic. Según ha contado el propio autor, la idea de la serie nació casi por necesidad profesional: Segrelles trabajaba como ilustrador freelance, una actividad inestable, y en 1979 decidió crear un cómic que le garantizara trabajo a largo plazo si tenía éxito. Para no perder tiempo en documentación escogió deliberadamente temas que ya dominaba y que le gustaban: castillos y armaduras medievales, fantasías orientales y batallas aéreas al estilo de la Segunda Guerra Mundial, solo que con dragones en lugar de aviones. Pintó seis páginas de muestra, se las dio a su agente para la Feria del Libro de Bolonia sin muchas expectativas, y el agente volvió con media docena de precontratos firmados. Así nació, casi por accidente comercial, una serie que acabaría alargándose catorce álbumes y veinte años de trabajo, hasta su cierre en 2003.

El impacto internacional fue inmediato y llamativo. La serie se publicó en inglés en la revista estadounidense Heavy Metal entre 1981 y 1982, y más tarde en volúmenes recopilatorios de la editorial NBM, que llegó a traducir once de los trece álbumes originales; hoy esas ediciones americanas están descatalogadas y se cotizan caras entre coleccionistas. Cuando Heavy Metal relanzó la revista, El Mercenario volvió a formar parte de su catálogo de clásicos, junto a nombres como Enki Bilal o Guido Crepax, señal de que la obra sigue considerándose, seis décadas después de su creación, parte del canon del cómic fantástico adulto. Entre sus admiradores declarados estuvieron Moebius y el director italiano Federico Fellini, quien llegó a describir el cómic como una obra que devuelve al lector la emoción y el placer de contemplar imágenes.

Puesto en contexto, El Mercenario. Integral 1 es sobre todo un objeto para mirar antes que para leer con atención al argumento: una fantasía de capa y espada de guion cinematográfico, resuelta con un hiperrealismo pictórico que ningún otro autor de la época –ni siquiera los grandes nombres del cómic europeo adulto con los que compartió páginas en Heavy Metal– llevó tan lejos. Su valor histórico está fuera de duda, y esta edición integral es la ocasión perfecta para redescubrir, con calidad de reproducción a la altura del original, una de las cumbres visuales del cómic español.

SIX. INTEGRAL 1 (de 2)

Seis parias cabalgan hacia las Black Hills perseguidos por un pasado que no los suelta, y de esa premisa nace Six. Integral 1, la propuesta que el guionista francés Philippe Pelaez y el dibujante español Javier Casado lanzaron originalmente en Dargaud y que Norma Editorial recoge ahora en España en un volumen integral de gran formato.

Óscar Herradón ©

El proyecto nació como una serie de cuatro tomos concebida para desmontar los tópicos del western clásico. Pelaez sitúa en primer plano a personajes que el género solía dejar invisibles o reducidos a clichés: los negros, las mujeres y los guerreros indios, en un relato que Javier Casado magnifica con un grafismo expresivo. El resultado son seis antihéroes reunidos por el azar en la América de 1850: un huérfano tuerto, una prostituta de diecisiete años, un desertor del ejército, un indio renegado, un esclavo huido y una monja defenestrada de su convento. 

El motor de la trama no es la épica sino la pura necesidad: los protagonistas comparten una motivación ordinaria, la de sobrevivir, a ser posible enriqueciéndose por el camino, en un tono que varios reseñistas describen como spaghetti western, con acción, humor negro y una cacería casi coral en la que todos persiguen a todos. Pelaez despliega prácticamente todos los tópicos del western, apoyado en un dosier final que revela su conocimiento del género, tanto de las dime novels (novelas de diez centavos) como del cine de Hollywood, al que rinde un homenaje no exento de ironía. 

La violencia como verdad histórica

Con la publicación original, Dargaud resumió bien la apuesta de esta ambiciosa novela gráfica: no es un western que subraye la belleza del género sino la realidad violenta de la época, una elección que Pelaez explica en el dosier final del álbum, titulado con cierta provocación Le western n’existe pas («El western no existe»). El medio La Ribambulle insistió en su momento en esa misma idea de fragilidad moral: los héroes de Pelaez y Casado deben desconfiar constantemente los unos de los otros, y es el dibujante español quien traduce la violencia y la atmósfera de la época de un modo que atrapa al lector. 

El apartado gráfico de Casado destaca incluso por encima del guion: se habla de una cámara que se mueve por todos los rincones y ofrece un auténtico festival de ángulos. En conjunto, Six. Integral 1 funciona como una relectura descreída del western clásico: sin héroes solitarios de moral intachable, sin redenciones fáciles, con el mito puesto boca abajo a través de seis vidas que la historia oficial nunca contó. Es, sobre todo, un triunfo de equilibrio entre el guion coral de Pelaez, que conoce el género lo bastante bien como para subvertirlo con conocimiento de causa, y el dibujo de Casado, que carga sobre sus viñetas buena parte de la tensión y la crudeza que el relato exige.