Armas «Milagrosas» del Tercer Reich (III)

23 11 2020

Aviones a reacción, un cañón sónico y otro solar, prototipos “OVNI”, una supuesta bomba atómica e incluso un arma eléctrica basada en el Martillo de Thor. Los ingenieros y científicos nazis desarrollaron un arsenal bélico que parecía cosa del futuro, varias décadas adelantado a su tiempo. Un increíble repertorio de «Armas Milagrosas» que pudo haber cambiado el curso de la guerra, y de la historia.

Óscar Herradón ©

¿Qué sucedió cuando los bombarderos aliados de la RAF destruyeron las instalaciones de Peenemünde? Los proyectos de «Armas Milagrosas» no se detuvieron, ni mucho menos, y los nazis continuaron innovando en este campo, esta vez en laboratorios construidos en búnkeres bajo tierra que no podían localizar los rastreadores enemigos.

Aunque no todas las instalaciones fueron destruidas –el llamado «túnel del viento», la planta de medición y los terrenos de prueba, quedaron intactos–, la Operación Hidra retrasó notablemente el proyecto y obligó a trasladar las investigaciones y a algunos de sus más brillantes científicos a otro lugar secreto para continuar la lucha a la desesperada.

Laboratorios bajo tierra

Los bombardeos aliados contra Hamburgo, o las fábricas de cojinetes de Schweinfurt y las de Peenemünde citadas, obligaron a trasladar los equipos de investigación hasta Nordhausen, en Turingia, en el interior de las montañas Hartz, donde la empresas Mittelwerk GmbH se dedicaría a fabricar y montar las bombas voladoras V-1 y los cohetes V-2, así como motores de propulsión para los aviones Messerschmitt 262 –el primer avión de combate a reacción del mundo en estar en servicio– y otros modelos vanguardistas.

Me-262 (USAF, Wikipedia)

Las nuevas instalaciones fueron situadas una caverna de 23 metros de altitud, construida ex profeso para aquella tarea. Los presos del campo de concentración cercano de Mittelbau-Dora, que hoy permanece en pie como museo del horror, fueron trasladados hasta su interior y utilizados como mano de obra esclava. Llegaron a trabajar allí hasta 20.000 hombres en régimen de esclavitud. En la impresionante instalación secreta de Nordhausen se fabricaron más de 30.000 proyectiles V-1, de los cuales al menos una quinta parte cayó sobre Londres.

Hasta finales del verano de 1944, la fábrica consiguió permanecer oculta a los aliados gracias a que todas las entradas y conductos de ventilación estaban eficazmente camuflados y los misiles, una vez fabricados, eran cargados en grandes camiones o en vagones de tren dentro de los mismos túneles, de donde partían las vías hacia la red ferroviaria alemana hasta llegar a las bases de lanzamiento, situadas cerca del Canal de la Mancha. En diciembre de 1944, la fábrica subterránea había producido un total de 1.500 V-1 y 850 V-2, por lo que comenzaron a ampliar su superficie excavando nuevos túneles, uno de ellos destinado a una fábrica de oxígeno –necesario porque era uno de los combustibles empleados por los V-2–, una nueva fábrica de motores de avión y una refinería para producir petróleo sintético.

Cuando la derrota era inevitable, se habían lanzado sobre Londres unos 1.403 misiles que acabaron con la vida de 2.754 personas y causaron 6.532 heridos y también sobre otros objetivos, como Amberes, donde cayeron 1.214 misiles. De haber contado con más tiempo, el V-2, unido a otros diseños y armas «milagrosas» nazis, habrían sin duda influido de forma decisiva en el desenlace de la guerra. El 11 de abril de 1945, las tropas norteamericanas llegaron a los túneles, liberaron a los prisioneros –que habrían muerto si se hubiera dado vía libre al plan de bombardear las cuevas con napalm, que se barajó– e inspeccionaron minuciosamente el lugar antes de dejarlo en manos de los soviéticos, haciéndose, casi con seguridad, con importantes y secretos diseños de última generación.

Campo de concentración de Mittelbau-Dora

Nordhausen no sería el único refugio subterráneo donde los nazis llevarían adelante sus proyectos técnicos y sus «armas milagrosas». En diciembre de 2014 saltaba a los medios una sorprendente noticia: «Desentierran el laboratorio nuclear de Hitler», titulaba el rotativo español El Mundo, que se hacía eco de las investigaciones del historiador alemán Reiner Karlsh, quien decía probar la existencia de varios lugares de ensayos y laboratorios nucleares, pruebas que se habrían realizado el 3 de marzo de 1945 a las 21.20 horas y en octubre de 1944. La CIA parece que también poseía información de un espía que señaló que existían varios campos de tiro e identificó la entrada a una compleja red de túneles.

Túneles que cuya existencia fue corroborada por excavaciones en una zona bastante inaccesible de la población de St. Georgen an der Gusen, que formaba parte de Alemania durante el Tercer Reich y hoy es territorio austriaco, según hacía público en el semanario Der Standard el periodista Markus Rohrhofer. Una zona que despertó la curiosidad al detectarse niveles de radiactividad excesiva y aparentemente inexplicable.

Entonces, el documentalista Andreas Sulzer, al frente de la investigación, señalaba que en base a exploraciones geoeléctricas parece que las instalaciones fueron edificadas aprovechando una cavidad de la montaña rocosa: una extensión total de más de 75 hectáreas cuyos accesos estaban sellados y rodeados de muros de granito de gran espesor; las investigaciones sobre el terreno han dividido a los expertos: algunos creen que allí ser realizaron pruebas nucleares, laboratorios que estaban conectados con el campo de concentración de Mauthausen-Gusen y la fábrica subterránea B8 Bergkristall –donde se fabricaba el Messerschmitt Me 262, mientras que otras corriente mantiene que los nazis nunca llegaron a ser capaces de construir un reactor nuclear, ni tampoco sabían cómo calcular la masa crítica de una bomba, según se determinó en las denominadas «conversaciones de Farm Hall» en 1945 tras los interrogatorios a varios científicos atómicos alemanes.

B8 Bergkristall

Y poco antes de dar forma a este reportaje, se hacía pública en Alemania la investigación del historiador Rainer Karlsch sobre unas galerías inexploradas de un búnker en Brandemburgo que pudo haber sido utilizado con fines bélicos. Aunque el polémico estudioso ya había «patinado» al sostener que los físicos nucleares habían logrado construir tres bombas nucleares, lo cierto es que las mediciones geomagnéticas parecen ahora darle la razón.

La historia cuenta que en el pequeño pueblo de Genshagen, junto a Ludwigsfelde, existían unas instalaciones de Daimler-Benz, concretamente una planta de fabricación de motores de avión. A comienzos de los años 40, en medio de la contienda, cuadrillas de trabajadores construyeron cerca de allí un complejo subterráneo que serviría de refugio antiaéreo durante los bombardeos. Pero parece que había algo más… En abril, con el avance del Ejército Rojo, un comando de las SS decidió volar los cinco accesos al búnker, «un despliegue excesivo» en palabras de Karlsch, que baraja que allí se ocultaran documentos secretos y también que al mismo fueron trasladados los materiales y proyectos que hasta entonces habían estado escondido en el espectacular castillo de Hakeburg, a unos 15 kilómetros de distancia.

El propietario de aquella antigua mansión señorial era Wilhelm Ohnesorge, ministro de Correos del Reich desde 1937 y que convirtió en su residencia después de que Hitler, en 1938, le otorgara 250.000 marcos como regalo de bodas. Ohnesorge, uno de los más entusiastas defensores de la producción de una bomba atómica, hizo construir en la finca de Hakeburg unas instalaciones de investigación y un centro de pruebas, donde un número indeterminado de científicos parece que trabajó en la construcción de material militar, precisamente en el momento de mayor auge de las denominadas «Armas Milagrosas», en los últimos meses de la guerra.

Frank Thadeusz, siguiendo la tesis de Rainer Karlsch, apunta que en dichas instalaciones se llegaron a producir verdaderos ingenios: desde aparatos de infrarrojos para visión nocturna hasta cohetes teledirigidos. A pesar de que el ministro enseñaba personalmente al Führer los maravillosos diseños que salían de sus laboratorios secretos, a éste parece que no le entusiasmaban demasiado, llegando a comentar en su círculo íntimo: «Hasta ahí íbamos a llegar, que ahora la guerra me la tenga que ganar el ministro de Correos…».

Wilhelm Ohnesorge

Sin embargo, los aliados serían poco después testigos de los avances que se habían llevado a cabo en los laboratorios armamentísticos tutelados por Ohnesorge: llegaron a fabricarse misiles antiaéreos guiados a distancia a través de monitores de televisión, algo increíble en su tiempo. Además, sus científicos desarrollaron diminutas cámaras que podían instalarse en los cohetes y convertirlos así en bombas dotadas de visión.

En las entrañas de la tierra los nazis cobijarían sus arsenales secretos que tantas décadas después del final de la guerra aún salen, de vez en cuando, a la luz, gracias al tesón de investigadores que a día de hoy continúan desempolvando los expedientes secretos del Tercer Reich, trazando un puzle cada vez más completo de aquel tiempo de verdugos y héroes, científicos y esclavos, cuya última línea aún está por escribir.  

PARA SABER UN POCO/MUCHO MÁS:

HERRADÓN AMEAL, Óscar: Expedientes Secretos de la Segunda Guerra Mundial. Ediciones Luciérnaga, 2018.

Espías de Hitler. Las operaciones secretas más importantes y controvertidas de la Segunda Guerra Mundial. Ediciones Luciérnaga 2016.

La Orden Negra. El Ejército pagano del Tercer Reich. Edaf 2011.

PRINGLE, Heather: El Plan Maestro. Arqueología fantástica al servicio del régimen nazi. Debate, 2007.

ROMAÑA, José Miguel: Armas Secretas de Hitler. Nowtilus, 2011.

WITKOVSKI, Igor: The truth about the Wunderwaffe. RVP Press 2013.

VVAA: Armas Secretas de Hitler. Proyectos y prototipos de la Alemania nazi. Tikal, 2018.

VV.AA.: Hitler. Máquina de guerra. Ágata Editorial 1997.





Armas «milagrosas» del Tercer Reich (I)

21 11 2020

Aviones a reacción, un cañón sónico y otro solar, prototipos “OVNI”, una supuesta bomba atómica e incluso un arma eléctrica basada en el Martillo de Thor. Los ingenieros y científicos nazis desarrollaron un arsenal bélico que parecía cosa del futuro, varias décadas adelantado a su tiempo. Un increíble repertorio de “armas milagrosas” que pudo haber cambiado el curso de la guerra, y de la historia.

Óscar Herradón ©

El Tercer Reich, el mismo régimen que había puesto en jaque a las democracias occidentales y derramado ríos de sangre a su paso desde que los ejércitos de la Wehrmacht invadieron Polonia el 1 de septiembre de 1939 con su Guerra Relámpago, comenzaba a claudicar frente al avance aliado. Ya cerca del final de la contienda, llegaron al Alto Mando aliado informes muy inquietantes sobre el armamento enemigo, que era cada vez más extraño y sofisticado, por lo que comenzó a tomar forma el rumor de que existían toda una serie de Armas Maravillosas o Milagrosas (Wunderwaffe) que estaban causando grandes estragos.

Los reportes eran enviados por pilotos de bombarderos que sobrevolaban Europa y destruían las ciudades alemanas sin piedad, y también por simples soldados de infantería que contemplaban con sorpresa, en el frente, artilugios que parecían venidos del futuro. Aunque, en parte, aquello de «Armas Maravillosas» fue un mito creado y potenciado por el eficaz Ministerio de Propaganda nazi –el Promi–, comandado por el viperino Dr. Goebbels, quien ya había creado el término de «Armas de Represalia», lo cierto es que no estaba tan alejado de la realidad.

Los pilotos que hablaban de artilugios imposibles no mentían. Existieron algunos proyectos que hoy creeríamos fruto de la mente de algún conspiracionista alucinado, elementos de una novela sci-fi con toques pulp, si no fuera porque tantas décadas después por fin se han hecho públicos diversos archivos de aquel tiempo de sangre y fuego, cobijados con celo por distintos organismos aliados que se hicieron con los mejores científicos e inventos nazis en 1945.

El súper laboratorio del Báltico

En una pequeña y remota isla alemana, de nombre Usedom, en la desembocadura del río Peene, a orillas del mar Báltico, se levantaba un complejo secreto de laboratorios y campos de aviación donde los científicos nazis realizarían asombrosos avances técnicos, entre ellos, el primer misil de crucero de la historia. Se trataba de instalaciones militares fuertemente protegidas en el apacible pueblo costero de Peenemünde, donde comenzará, en medio de fuertes medidas de seguridad, la era de la aviación a reacción y los primeros pasos de la era espacial. Era una zona muy remota del país donde los alemanes podían hacer lanzamientos de misiles al mar Báltico asegurándose de que ningún espía pudiera informar a los aliados acerca de aquellas armas milagrosas. Su existencia era un secreto de Estado cuya revelación se pagaba con la muerte.

Base hoy no tan secreta de Peenemünde

Según el experto en armas Scott Marchand, los programas americanos de desarrollo de misiles durante la guerra eran muy primitivos en relación con los que los alemanes ya habían desarrollado antes de 1944. Realizaron un desarrollo aeroespacial tan avanzado que situaban a Alemania muy por delante de las demás naciones: miles de brillantes ingenieros, físicos, químicos y otros técnicos contaban con la tecnología más sorprendente en varias instalaciones del que sería conocido como el súper laboratorio del Báltico, el más moderno de Europa a pesar de la escasez a que obligaba la contienda, siendo generosamente financiado por el Tercer Reich. Su misión: desarrollar un armamento letal, armas de destrucción masiva que nadie había visto hasta ese momento, adelantándose en varias décadas a la tecnología que utilizarían más adelante, con éxito, otras potencias.

Von Braun y sus hombres del Reich

Al frente de aquel complejo se hallaba el coronel de la Wehrmacht y SS Wernher von Braun, director técnico del centro investigación, que más tarde, aunque parezca increíble, se convertiría en el padre de la aeronáutica y en un héroe en los EEUU tras su paso por la NASA. Von Braun y el mayor Dr. Walter Dornberger, experto en misiles, descubrieron la idoneidad del lugar –allí cazaba patos el abuelo de Von Braun– y se lo comunicaron a los Ministerios del Ejército y del Aire para habilitar una zona reservada para sus experimentos secretos. Bajo la pantalla de la organización propagandística nazi «Fuerza a través de la Alegría» –Kraft durch Freude–, fueron trasladados a dicha península centenares de obreros y técnicos con la misión de construir una «colonia de descanso veraniega» para los trabajadores alemanes, pero en realidad edificaron, a partir de 1937, talleres, barracones, alojamientos para los científicos y sus familias, laboratorios y zonas de prueba.

En 1939, tras haber gastado el Tercer Reich unos 300 millones de marcos, Peenemünde ya era una realizad y los científicos (ingenieros, físicos…) fueron llevados en secreto desde el polígono de pruebas Kummersdorf, en Berlín –cuyas instalaciones eran demasiado limitadas para realizar vuelos y ensayos con motores avanzados, una zona más expuesta a los espías enemigos–, en vagones de tren, hasta las nuevas instalaciones –construidas de forma muy similar al tipo de casas de otros pueblos de la zona para evitar rumores– donde comenzaría la carrera armamentística más feroz del Tercer Reich.

Cartel de «Fuerza a Través de la Alegría»

Era una metrópoli autónoma cuyo diseño había corrido a cargo de Albert Speer –con una capacidad para 30.000 científicos y  con la intención de que, una vez ganada la guerra, se convirtiese en centro espacial mundial– que contaba con instalaciones metalúrgicas, centrales eléctricas y zonas de pruebas de armamento, siendo el equivalente alemán a la base norteamericana de Los Álamos y a la soviética de Akademgorodok, el epicentro de la tecnología rusa en plena Siberia. Peenemünde sería una de las cinco instalaciones militares de pruebas que dependían de la Oficina de Armas del Ejército y sin duda en la que se desarrollaron los proyectos más innovadores.

El aspecto más siniestro del que sería conocido como Centro de Investigación Armamentística de Peenemünde fue la utilización de mano de obra esclava en la fabricación de prototipos y artefactos. Cuando los prisioneros estaban demasiado débiles para continuar, eran asesinados para que ninguno pudiese revelar los secretos de la base. Aunque los científicos no tenían la condición de prisioneros, lo cierto es que muchos fueron presionados también por los nazis con colaborar a cambio de su seguridad y la de sus familias. La Gestapo acechaba en cada esquina.

Mientras en las instalaciones que pertenecían a la Fuerza Aérea –Luftwaffe– se centraron en el desarrollo de aviones cohete y otros artefactos sorprendentes, el Ejército –la Werhmacht– puso su empeño en producir grandes cohetes de combustible líquido. Finalmente, consiguieron hacer realidad un extraño avión sin piloto propulsado por un pulsorreactor que llevaba una tonelada de explosivos y que fue bautizado como V-1, al que seguiría tiempo después el V-2 (bautizados como pomposidad por Goebbels simultáneamente como «Represalia 1» y «Represalia 2»).

Fritz Kolbe

Sin embargo, en 1943, gracias a un audaz plan orquestado por la inteligencia aliada en Londres, se consiguió identificar la zona de Peenemünde. Y se hizo, curiosamente, también utilizando una tecnología muy adelantada a su tiempo: un estereoscopio, según la BBC, a través de unas gafas especializadas –muy similares a las utilizadas en la actualidad en el 3D–, que permitieron visualizar con gran precisión desde el aire la remota ubicación de los misiles nazis; una información que los aliados conocían gracias a las escuchas a prisioneros de alto rango de la Wehrmacht retenidos en Inglaterra y a los informes enviados por uno de los mejores agentes dobles de la guerra, injustamente mancillado: el berlinés antinazi Fritz Kolbe, alias «George Wood», asistente especial del embajador Karl Ritter con acceso a información vital sobre operaciones militares.

Entre los miles de documentos que entregó, Allen Dulles, futuro primer director de la CIA –entonces operaba en una estación espía en Berna al servicio de la OSS–, señaló que había descrito los trenes blindados en los que se refugiaban algunos peces gordos del NSDAP, como Heinrich Himmler y que estaban dotados de defensa antiaérea, e informó sobre los tipos de aviones entonces desconocidos que estaban operando en el frente del Este, tanto alemanes como soviéticos.

Los pilotos aliados tomaron las fotografías en el marco de la Operación Crossbow –Ballesta–, que no fue ni mucho menos fácil: debían sobrevolar a bordo de un Spitfire –el caza monoplaza británico diseñado por R. J. Mitchell que dio una gran ventaja a la RAF– la zona alemana totalmente desarmados, pues no podían cargar con más peso que las cinco cámaras que llevaban y que lograron decenas de millones de fotos y 36 millones de impresiones.

Más tarde, con el material sobre la mesa, el mariscal sir Arthur T. Harris –también conocido como «Carnicero Harris»– planificó la «Operación Hidra» (Hydra), que durante la noche del 17 al 18 de agosto de 1943, lanzó un multitudinario bombardeo aéreo sobre Peenemünde: 598 bombarderos de la RAF dejaron caer en tres oleadas 2.000 toneladas de bombas sobre la zona, principalmente en los barracones de los científicos y los edificios de proyectos.

Wasserfall

A pesar del éxito de la operación, unos 300 pilotos ingleses fueron asesinados o detenidos al saltar de sus aparatos en llamas. Durante la operación Hidra se acabó con la vida de cientos de científicos de Hitler, entre ellos el director de la base, el general Wolfgang von Chamier-Gliczinski y el Dr. Thiel, decisivo en el desarrollo del motor A-4, y que a punto estuvo de hacer realidad un arma supersónica basada en la figura aerodinámica del misil balístico V-2, el Wasserfall –«Caída de Agua»–, contra la que probablemente los aliados no hubiesen tenido defensa alguna. Otro artilugio cuasi futurista.

El martillo eléctrico del Reichsführer

Obsesionado por el martillo de Thor –Mjolnir– del que hablaban los mitos nórdicos que le habían fascinado desde niño, distorsionando, junto a las teorías raciales, su visión de la realidad, se sabe que Heinrich Himmler ordenó a miembros de su Orden Negra –las SS– que lo buscaran, asunto corroborado en una carta que aún se conserva y que está rubricada por el propio Reichsführer-SS; debían hacerlo a través de la Deutsches Ahnenerbe o «Sociedad Herencia Ancestral Alemana», cuyo fin era rastrear cualquier vestigio del pasado ario en el mundo conocido. Junto al Mjolnir, distintas expediciones más sonadas de SS irían tras la pista del Santo Grial, la Mesa de Salomón, la escritura de los antiguos arios o la Lanza del Destino, llegando incluso hasta el lejano Tíbet o hasta tierras islandesas.

Pero cuando era evidente que el frente del Este acabaría finalmente con el poderío nazi en Europa, Himmler se autoconvenció –lo que puede darnos una idea de hasta qué punto llegó a desvirtuar el mundo que le rodeaba– de que el arma mágica del Dios del trueno nórdico, el martillo letal que fulminaba a sus enemigos del que hablaban los Eddas, era en realidad un complejo artilugio basado en la electricidad que habrían desarrollado los antiguos arios. Sin duda, se había dejado influir poderosamente por los escritos de Rudolf John Gorsleben y otros ariosofistas.

Ahora, destinaría todos sus esfuerzos a desarrollar una máquina que utilizara ingeniería eléctrica, una versión moderna del «Martillo de Thor» que sirviera para asestar un último golpe mortal, cual héroe nórdico en gesta final por su pueblo elegido, a la amenaza del «bolchevismo judío».

Eddas

Como una de sus últimas extravagancias, a las que tan acostumbrados tenía a sus subordinados, transmitió a la Oficina Técnica de las SS la descabellada propuesta para la construcción del arma eléctrica «milagrosa» que salvara a la gran Alemania de las garras de sus adversarios «subhumanos», utilizando si era necesario los últimos avances en fisión nuclear que en 1942 debatían los miembros del Consejo de Investigación del Reich como una posible vía para la construcción de la bomba atómica nazi, un proyecto que nunca fructificó debido a su alto coste y a la dificultad para llevarlo a la práctica, a pesar de la insistencia del entonces Ministro de Armamento del Reich, Albert Speer, por convencer a Hitler de destinar importantes fondos al asunto. Pero Hitler quería resultados casi instantáneos, y el avance aliado no permitía dedicar un tiempo que no tenían a la experimentación que, por otra parte, se estaba llevando a cabo también en la base blindada de Los Álamos, el denominado Proyecto Manhattan, precisamente comandado por un norteamericano de origen judío y ascendencia alemana, Robert Oppenheimer. Paradójicamente, cuando los nazis ya habían paralizado casi por completo las investigaciones en este sentido, los aliados pensaban que Hitler estaba a punto de tener lista una bomba atómica, lo que aceleró los trabajos de los yankees.

Volviendo al «conductor eléctrico del dios del trueno», Himmler recurriría a varias empresas para que realizaran un diseño del artefacto, y sería la oscura empresa Elemag, según la periodista Heather Pringle, quien le presentó un proyecto para su construcción en noviembre de 1944. Según sus expertos, se podía emplear tecnología actual para construir un arma capaz nada menos que de transformar «el material aislante de la atmósfera en un conductor eléctrico»; a través de un complejo proceso, los ingenieros de Elemag pretendían lograr esto con la intención de bloquear la señal de todos los aparatos eléctricos de los aliados, desde frecuencias de radio a controles remoto.

El Reichsführer se mostraba eufórico con el proyecto de su arma definitiva, su nuevo “Martillo de Thor que se abatiría implacable sobre las fuerzas enemigas; llegó a transmitirle a su masajista, Felix Kersten, su confidente entonces, que «Muy pronto empezaremos a usar nuestra última arma secreta. Y eso cambiará completamente la situación de la guerra». Kersten dejaría por escrito la estupefacción que le causaron las palabras de su superior años más tarde: «El país estaba en ruinas, el bombardeo era cada vez más intenso, Alemania estaba casi derrotada, ¡y Himmler hablaba de victoria! Apenas podía creer lo que oía».

Cuando los técnicos de las SS, tras analizar minuciosamente los bocetos del conductor eléctrico presentados por Elemag, comunicaron a Himmler que aquello era inviable, apenas una fantasía para la que Alemania no tenía medios, y mucho menos en el estado de avanzado desgaste y escasez en los que la guerra había sumido al país, éste no quiso aceptarlo, y recurrió también al jefe de la oficina de planificación del Consejo de Investigación del Reich, el mismo que había realizado las investigaciones con uranio enriquecido, en busca de una segunda opinión, quien le corroboró la imposibilidad de llevar a cabo tan gigantesco y fantástico proyecto.

Con Berlín bombardeado por las fuerzas aliadas y el ejército soviético apostado a apenas 100 kilómetros de la capital alemana, a Himmler ya sOlo le quedaba intentar sellar una alianza con el enemigo como única forma de mantener en pie «Reich de los Mil Años» que ya era incapaz de sostenerse. Ningún arma milagrosa, ni los dioses atávicos de la mitología nórdica, ni siquiera el ardor guerrero que creía le transmitía el emperador Enrique I, su avatar en la imaginería fantástica que se había forjado a lo largo de los años, podían ya salvarle a él ni a su Orden Negra, trasunto siniestro de la Alemania «purificada y superior», de la derrota a manos del adversario.

Si en torno a Himmler todo había sonado extravagante desde sus primeros tiempos en el poder, cerca del desastre final adquiría ya tintes estrafalarios que dejaban entrever la incompetencia en el campo militar del que había sido, por otra parte, un excelente burócrata y organizador del aparato de terror nacionalsocialista.

Este post continuará.

PARA SABER UN POCO/MUCHO MÁS:

HERRADÓN AMEAL, Óscar: Expedientes Secretos de la Segunda Guerra Mundial. Ediciones Luciérnaga, 2018.

Espías de Hitler. Las operaciones secretas más importantes y controvertidas de la Segunda Guerra Mundial. Ediciones Luciérnaga 2016.

La Orden Negra. El Ejército pagano del Tercer Reich. Edaf 2011.

PRINGLE, Heather: El Plan Maestro. Arqueología fantástica al servicio del régimen nazi. Debate, 2007.

ROMAÑA, José Miguel: Armas Secretas de Hitler. Nowtilus, 2011.

WITKOVSKI, Igor: The truth about the Wunderwaffe. RVP Press 2013.

VVAA: Armas Secretas de Hitler. Proyectos y prototipos de la Alemania nazi. Tikal, 2018.

VV.AA.: Hitler. Máquina de guerra. Ágata Editorial 1997.





La Marca del Maligno (III)

18 11 2020

Es una figura intemporal que causa temor allá por donde pasa pero que, a su vez, goza de una legión de seguidores. Con diversas máscaras e identidades a lo largo de la historia y las distintas culturas, el mal se humaniza adquiriendo su forma y tentando a las almas más endebles con sueños de dinero y poder. El diablo, y sus múltiples rostros, ha dejado señales de su existencia que van más allá de meras leyendas. En numerosos lugares aún puede verse y sentirse… LA MARCA DEL DIABLO

Óscar Herradón ©

El Museo del Diablo (Kaunas, Lituania)

Si uno quiere sentirse más cerca del diablo, pero sin correr el peligro que supone invocarlo o firmar un pacto con su sangre, puede visitar el Museo del Diablo –Devil’s Museum– de Kaunas, en Lituania, una verdadera rareza expositiva sobre la que se ciernen multitud de leyendas.

Incluido en la lista de los museos más curiosos del mundo, consta de tres pisos y alrededor de mil criaturas a cuál más peculiar venidas de todos los rincones del planeta, una colección que se va incrementando año tras año con las aportaciones de numerosos visitantes foráneos. En el primer piso nos encontramos con los demonios locales, la mayor parte auténticas obras de arte: pinturas sobre seda o lienzo, tallas en madera, algunas centenarias, cerámicas o tallas en piedra, con originales interpretaciones de estas malvadas –y también cómicas– criaturas. Uno de los demonios más curiosos es un pequeño diablo dorado sólo visible a través de una lente de aumento, así como un demonio bíblico protector de esta planta museística.

En el segundo piso se halla un gigantesco demonio hecho en madera que fue donado por varios ciudadanos que habían sufrido numerosos desastres y que culpaban a la talla de los mismos. En esta planta hay rarezas de todo tipo; armas, piedras esculpidas con la imagen del maligno, y un tronco con apariencia de demonio, así como un recorrido por la historia de las acólitas de Satán, las brujas. En la tercera planta, el curioso se encontrará con diferentes demonios forasteros, una amplia variedad diabólica.

El diablo…

…es el ángel rebelde, el enemigo de los planes de Dios, el que tienta a los hombres. Los hebreos lo llamaron Satán –Satanás–, cuyo significado es «el obstructor», «el adversario» o «el acusador». El Nuevo Testamento le dio el nombre griego de diabolos –Diablo–, que significa «el Calumniador». Por otra parte, la palabra demonio proviene del griego daimon, con el que los griegos se referían al destino de las personas y que se aplicaba a distintas divinidades o a los poderes desconocidos e invisibles que actúan sobre el hombre. Los cristianos tomarían el término para designar a los ángeles caídos. Además de Satán, la demonología fue elaborando una intrincada jerarquía que incluía nombres como Luzbel, Belcebú, Mammón, Leviatán, Belial, Astaroth, Asmodeo o Belfegor… todos ellos son Legión

Arqueología demoníaca

En 2010, un grupo de arqueólogos británico descubrió, en el barrio londinense de Greenwich, enterrada a cinco metros de profundidad, una botella de 23 cm de alto, colocada al revés, esmaltada y con el dibujo del rostro de un hombre barbudo grabado. Tras un minucioso estudio, se concluyó que se trataba de una botella de bruja, llamada también «jarra Belarmino», en honor, o quizá como burla, a San Roberto Belarmino, un jesuita italiano del siglo XVI, azote de protestantes y “martillo de herejes”.

El interior de la «botella de brujas» encontrada en Greenwich contenía orina humana con un alto contenido en nicotina, azufre –elemento imprescindible en todo rito contra las fuerzas del averno–, 12 clavos de hierro, 8 alfileres, un trozo de tela en forma de corazón y uñas recortadas. Fue sellada y enterrada boca abajo con un buen puñado de clavos para «infligir dolor a la bruja».

DANZAD, DANZAD, MALDITOS

Para expulsar al maligno, se celebran procesiones y bailes en numerosos rincones.

La Diablada de Píllaro (Ecuador): En Píllaro, entre el 1 y el 6 de enero de cada año, miles de personas disfrazadas toman las calles para bailar en la Diablada: suelen ataviarse como diablo, guaricha o capariche, los tres personajes principales. El origen de esta festividad está en la época colonial y evoca la rebeldía de los indígenas y mestizos contra la religión católica: se disfrazaban de diablos en repudio a los sermones de los sacerdotes españoles y al maltrato que recibían de los colonos. La tradición exige que aquellos que se vistan de diablo en Píllaro deben hacerlo durante siete años consecutivos. En caso contrario, pueden pasarles “cosas imprevistas”…

Los diablos danzantes de Yare (Venezuela)

Desde hace 269 años, los “diablos” danzan en esta localidad nueve jueves después del Jueves Santo. Comenzó en 1749, cuando una gran sequía afectó al Valle de Yare. Los fieles hicieron promesas al Santo Sacramento para que llegara la lluvia; y llegó. Durante el ritual de los “diablos danzantes”, los llamados “promeseros” visten de rojo, con capas y máscaras de apariencia grotesca, y portan cruces, escapularios y rosarios. Bailan por las calles al ritmo de tambores e instrumentos de cuerda que causan un gran estruendo para espantar al maligno. Escenifican una larga procesión que finaliza en la iglesia, cuando todos en señal de respeto, se postran ante el Santo Sacramento, y son bendecidos por un sacerdote.

El Colacho (Castrillo de Murcia, Burgos)

Esta festividad se celebra el domingo después de Corpus Christi y se remonta a 1620, aunque sus orígenes no están claros. Ciudadanos vestidos de demonios corren por todo el pueblo luciendo máscaras rojas y amarillas y profiriendo insultos contra los lugareños, dándoles latigazos con una cola de caballo atada a una vara. Cuando los redobles anuncian la llegada del atabalero, vestido de negro, y los hombres devotos para «expulsar el mal», da comienzo una exhibición singular y no exenta de controversia: el salto del Colacho. Los bebés que han nacido ese año son colocados sobre un colchón, mientras los «diablos» les saltan por encima en una suerte de bautismo: así el demonio absorbe los pecados de los recién nacidos y les proporciona protección frente a las enfermedades y desgracias.

Lugares que acogen el mal

Davolja Varos (Serbia)    

Davolja Varos, que en serbio cirílico significa «Ciudad del Diablo», es una formación rocosa al sur de Serbia. Compuesta por 202 exóticas formaciones conocidas como «pirámides de tierra» o «torres», fueron creadas por la erosión y una fuerte actividad volcánica. Bajo ellas corre un manantial con alta concentración de minerales y dos fuentes: Davolja voda –«agua del Diablo»– y Crveno Vrelo –Pozo Rojo–. La particularidad del terreno: suelo rojo, aguas extremadamente ácidas y el particular sonido que causa el viento al atravesarlas, ha dado origen a diversas leyendas, entre ellas, que aquel es un lugar consagrado al maligno.

Las Flechas del Diablo (Devil’s Arrows, Boroughbridge, Inglaterra)

Los llamados «Menhires de Boroughbridge» son tres grandes piedras megalíticas ubicadas en North Yorkshire, que se levantan cerca de la carretera A1 que en la actualidad cruza el río Ure. Erigidas en tiempos prehistóricos, parece que en un principio fueron cinco piedras, que finalmente se dispersaron. Las tres restantes están alineadas de forma casi perfecta, por lo que se cree que fueron así colocadas para coincidir con los movimientos lunares. La historia sobrenatural empezó a escucharse en 1721, cuando se dijo que fue el mismísimo Satanás quien tiró las piedras, que empezarían a ser conocidas como «Las Flechas del Diablo» (Devil’s Arrows). Una leyenda señala que al dar doce vueltas en contra de las agujas del reloj a una de ellas, se aparecerá el mismo Astuto en persona.

Los pantanos de los condenados

Cuentan que algo oscuro se cierne sobre Yeun Elez, en Bretaña, donde, según Olivier Le Carrer, los sortilegios de otros tiempos «se divierten confundiéndose con los de la actualidad». Ese río de los ángeles es el Elez, cuyo curso «seguían las criaturas aladas para ir a liberar las almas cautivas de los difuntos y abrirles las puertas del purgatorio». Se dice que antes de que el embalse sirviera para refrigerar, en los 60, la hoy desaparecida central de Brennilis, allí convergía una marisma sin fondo.

Los campesinos del Arrée vivían siempre con el alma en vilo esperando los chirridos de la carreta del Ankou, según Le Carrer, «el devoto servidor de la muerte que recorría los campos con su mell bennigt –mazo bendecido– para marcar a los siguientes ‘elegidos’». No era baladí que se encontraran inquietos: no sabían qué les aguardaba en el insondable youdig, considerado la puerta del mismo Infierno; otra de tantas…

Marcas y huellas del Diablo

Dispersas por el mundo, existen huellas y señales que se atribuyen a la acción del Astuto. Aquí os dejamos algunas de las más sugerentes:

–La huella del Diablo en la catedral de Múnich. Cuenta la leyenda que cuando en el siglo XV le encargaron al arquitecto Jörg Von Halsbach construir la catedral de Múnich, éste hizo un pacto con el diablo. Al parecer, le propuso al Astuto que si no interfería en la construcción, él levantaría una catedral sin ventanas, y si no lo conseguía, como es de recibo, el maligno se quedaría con su alma. Veinte años después, cuando el templo estuvo terminado, el diablo, que no podía pisar suelo sagrado, se asomó a la puerta y no pudo ver ventana alguna –el ventanal del fondo estaba tapado por un gran retablo–. El rey de los infiernos, encolerizado, logró cruzar el umbral y plantó su huella en mitad del suelo de la catedral, una huella que hoy puede verse.

La huella del diablo en Santa Eulària (Ibiza). Cuenta el folclore local que un leñador huraño de nombre Pep cortaba troncos en el Puig d’en Ribes y un hombre extraño le preguntó si necesitaba ayuda; luego se puso a cortar árboles a una velocidad de vértigo. Pep recelaba de él, recelo que fue en aumento cuando a la hora del almuerzo el desaliñado visitante sacó un cuenco «lleno de lombrices, uñas, lagartijas, insectos y demás inmundicias que se llevaba a la boca»; y sus sospechas se vieron confirmadas cuando al volver al trabajo, Pep pudo ver de refilón cómo bajo las ropas del extraño sobresalía «una cola larga y afilada».

Era el mismo diablo. Como el leñador llevaba consigo un rosario, ahuyentó con él al maligno, que salió en estampida hacia la cima. Se levantó una capilla –Sa Creu d’en Ribes– en el mismo lugar en el que –aseguran– el huidizo diablo dejó su última huella.    

La Puerta del Infierno

Si quieres emprender el camino hacia el averno, obviando los riesgos que implica, puedes hacerlo, por ejemplo, en la República Checa, en la región de Okna, al norte de Bohemia. Allí se erige el misterioso Castillo de Houska, que, según la tradición local, habría sido erigido precisamente como «tapón»de una entrada al mismísimo infierno. La historia, que se remonta al siglo IX, contaba que en la roca sobre la que se yergue había una grieta por la que salían criaturas infernales «con aspecto mitad humano y mitad animal, que causaban daños a personas, animales y perjudicaban la cosecha». Con el paso de los años se logró taponar la grieta y sobre ella se erigió una capilla de estilo gótico. Fue en el siglo XIII, lo que convierte a Houska en una de las fortalezas más antiguas de Chequia.

El hecho de que las paredes estén siempre húmedas y cubiertas de líquenes, mientras las demás construcciones no sufren dichos problemas, despierta aún más dudas entre los lugareños. Desde hace siglos, las gentes de la zona están convencidas de que la misteriosa puerta que se abriría debajo del castillo conduce a otros mundos… e incluso a otros tiempos. Aunque las fortalezas se construían con una finalidad protectora, la mole pétrea de Houska se sitúa en un lugar desierto y sin acceso al agua. Una leyenda apunta que en el siglo XVI se concedió a un reo condenado a muerte la posibilidad de trocar su trágico destino por la libertad si se aventuraba en su interior y contaba lo que había visto. Una vez que le hicieron descender, comenzó a gritar, aterrado, que lo subieran, asegurando que prefería morir en el cadalso: aseguró que en el interior de la sima había escuchado unos gritos espeluznante, y que el ambiente estaba impregnado de un hedor insoportable. En el siglo XIX se extendió aún más la leyenda cuando el poeta romántico Karel Hynek Mácha decidió pernoctar en la sima.

Existen otras supuestas puertas al infierno diseminadas por todo el orbe: El Escorial (España); el Necromanteión (Éfira, Grecia, el cráter de Darvaza (Turkmenistán), Hierápolis (Pamukkale, Turquía). El Monte Osore (Japón) Suma y sigue… No sabemos cuál es el mejor atajo para llegar hasta allí. En otro post nos atreveremos a abrirlas.