Rodolfo II de Habsburgo: el emperador de las sombras

Introvertido y extravagante, Rodolfo II convirtió la ciudad de Praga en un hervidero de cultura donde se dieron cita científicos, artistas y matemáticos pero también magos, nigromantes, charlatanes y vividores que hicieron de la vieja Bohemia un lugar tan fascinante como lúgubre.

Óscar Herradón ©

Según los astrólogos del momento, Rodolfo vino al mundo bajo una nefasta conjunción de los astros, los mismos que tanto le fascinarían siendo adulto. Sus primeros meses de vida no fueron lo placenteros que cabría esperar. Su hermano Fernando, heredero del Imperio, falleció tres semanas antes de nacer él. Abatida por la pérdida, su madre, María de Austria y Portugal, jamás se mostró cariñosa con él, algo que influiría en su carácter introvertido.

Para alejarle de las influencias luteranas, su tío Felipe II reclamó que fuera llevado a España para continuar con su educación. Y así, con doce años, Rodolfo fue enviado junto a su hermano Ernesto a la austera corte madrileña. Preocupado por su educación, el Rey Prudente los recibía en su despacho a diario y comprobaba sus progresos. No quería que se sintieran atraídos por el protestantismo como su padre. Felipe II obligó al chico a presenciar un auto de fe en Toledo. El terrible ajusticiamiento, al que asistía el pueblo como si se tratara de una obra teatral, atemorizó al joven. Ante las súplicas de los reos, el olor a carne quemada, la imponente presencia de los inquisidores y los vítores de la gente, Rodolfo sintió asco y terror. Pero bajo la tutela de su regio familiar, el futuro emperador no solo conoció desgracias. Gracias a los gustos secretos del monarca español, el joven se adentró en la alquimia y las ciencias ocultas, pasión que le atraparía de por vida.

Real Monasterio de San Lorenzo de El Escorial

A su regreso a Viena, el futuro emperador ya no se identificaba con la corte que le vio nacer. Tras siete años en España, no volvió a sentirse cómodo en su país natal. Su padre, Maximiliano II de Habsburgo, preocupado porque la corona imperial siguiese en manos de la familia, presionó a la Liga para que su hijo fuera nombrado rey de Hungría y de Bohemia.

Tras la muerte de su progenitor en 1576, Rodolfo fue elegido emperador del Sacro Imperio Romano Germánico. Apremiado por los problemas que acechaban al territorio y desconfiado de una posible traición, se hizo consagrar precipitadamente el día 1 de noviembre, mes de los muertos, sin tener en cuenta el mal augurio que muchos achacaban a la inapropiada fecha. Rodolfo ya era emperador, sueño de muchos monarcas y, sin embargo, según sus cronistas no estaba contento. Gobernar le espantaba. Prefería reunir reliquias y objetos misteriosos, cosa que hizo en su célebre Gabinete de las Maravillas.

Wunderkammer: Cuartos de las Maravillas

Ainkhurn

Aunque heredó todos los territorios de su padre, Rodolfo lamentaría toda la vida no conseguir el famoso ainkhurn y la copa de ágata de la familia, que pasaron a su tío Fernando, y a los que atribuía un poder sobrenatural. El ainkhurn era un supuesto cuerno de unicornio, criatura que fue considerada real por muchos soberanos. Pero la copa de ágata era para él aún más valiosa. Fernando del Tirol, gran coleccionista antes que Rodolfo, privaba a éste del privilegio de poseer un objeto que la tradición consideraba como el Santo Grial. Años después, tras morir su tío, lograría añadir el cuerno y el «santo vaso» a su colección, desbordada de objetos raros y desconocidos. Este afán coleccionista del monarca se materializó en el conocido como Wunderkammer, «Gabinete de las Artes y de las Maravillas».

Voynich

En unas salas creadas específicamente para tal efecto, Rodolfo reunió cientos de armarios a rebosar. Nunca sabremos la cantidad de objetos raros que el emperador llegó a reunir. Tras su muerte muchos fueron desperdigados o subastados a un precio ridículo. La lista era interminable: medallas, amuletos, cruces de todo tipo, péndulos, armas, piedras preciosas, amatistas y otras piezas a las que Rodolfo atribuía un poder sobrenatural; manuscritos extraños como el Voynich, la Biblia del Diablo, la vara de Moisés; un poco de lodo del valle de Hebrón, donde dice la Biblia que Dios modeló a Adán, cálices fabricados con cuernos de rinoceronte para contener veneno, figuras egipcias… amén de su pasión por las reliquias, que compartía con su tío Felipe II. El gusto por lo horrendo y lo extravagante era otra de sus pasiones: poseía monstruos bicéfalos y raíces de mandrágora.

El periodista argentino Marcelo Dos Santos señala en su libro El Manuscrito Voynich: el libro más enigmático de todos los tiempos, que también se dedicó a «coleccionar» enanos, y ordenó a sus oficiales que reuniesen gigantes suficientes para formar un regimiento. Todo es posible. Reacio a contraer matrimonio a raíz de un anuncio profético, según el cual uno de sus legítimos descendientes lo asesinaría, Rodolfo tomó como concubina a la hermosa Catarina da Strada, hija de su proveedor de antigüedades. Con ella tuvo cinco hijos, al parecer deformes y de comportamientos desviados, el mayor de los cuales, don Giulio, causó numerosos problemas al soberano.

Praga, capital de un imperio mágico

El castillo de Praga, donde residió Rodolfo II

Antes de emprender su labor como mecenas de artistas y magos, Rodolfo trasladó la capital del Imperio a Praga, donde se sentía más cómodo. Allí encontró la tranquilidad que necesitaba para entregarse a sus quehaceres mágicos y a sus experimentos alquímicos… Es muy probable que esta pasión le viniera de sus años en España, pues su tío mostró un enorme interés por la Gran Obra, como atestiguan los numerosos manuales dedicados al asunto que alberga la imponente biblioteca escurialense.

Rodolfo buscó en esta disciplina una fuente de riquezas y, al mismo tiempo, un elixir para calmar sus achaques. Quiso aprender por sí mismo el arte de transmutar los metales y por ello se rodeó de auténticos alquimistas, pero también de caraduras y charlatanes que querían enriquecerse a su costa. El doctor Tadeás Hájek, matemático, astrónomo y esoterista, gozaba de la confianza del monarca y fue el encargado de recibir a quienes decían ser alquimistas y desenmascarar a los impostores. En muchas ocasiones descubrió a los estafadores, pero otras veces lograban ocupar un puesto en las destilerías reales.

Este post tendra una inminente continuación en «Dentro del Pandemónium».

PARA SABER (MUCHO) MÁS:

Y para una visión global de la estirpe regia a la que pertenecía Rodolfo II, la misma que dinastía que trajo a España monarcas del calado de Carlos V o su hijo Felipe II, entre otros, nada mejor que sumergirse en las páginas del voluminoso ensayo Los Habsburgo. Soberanos del Mundo, publicado recientemente por Taurus, la primera historia global de la dinastía que dominó el mundo.

De orígenes modestos, los Habsburgo ganaron el control del Imperio romano en el siglo XV y, en tan solo unas décadas, se expandieron rápidamente hasta abarcar gran parte de Europa, desde Hungría hasta España, y crear un imperio en el que nunca se ponía el sol, de Perú a Filipinas, bajo el cetro de Carlos V y después de su hijo Felipe II. Precisamente el autor, Martyn Rady, catedrático de Historia de Europa Central en la Escuela de Estudios Eslavos y de Europa del Este (SSEES), concede una importancia especial en el relato a la rama española de los Austrias, la más poderosa y la más decisiva de la historia moderna. En un relato de pulso envidiable, narra con magistral claridad la construcción y la pérdida de su mundo, un mundo que duró novecientos años, tiempo durante el cual los Habsburgo dominaron Europa Central hasta la Primera Guerra Mundial.

Precisamente, uno de los detonantes de la Gran Guerra fue el asesinato del archiduque Francisco Fernando, heredero al trono austrohúngaro. Un magnicidio de cariz política que ya se había cebado con otro miembro de la dinastía, la emperatriz Sisí (Isabel de Baviera), asesinada por un anarquista el 10 de septiembre de 1898. Pero el libro recoge infinidad de nombres (en función de su importancia historiográfica, por supuesto).

Asesinato del duque Francisco Fernando en Sarajevo

Entre los numerosos personajes que conforman la historia de los Habsburgo, nada menos que 900 años, hubo de todo: personajes extravagantes y variados, desde guerreros a contemplativos, unos de viva inteligencia, otros con poca perspicacia, unos valientes, otros tendentes a la traición, pero a todos les impulsó el mismo sentido de misión familiar, como le sucedía al protagonista de este post, Rodolfo II.

Con su masa aparentemente desorganizada de territorios, su maraña de leyes y su mezcolanza de idiomas, el Sacro Imperio Romano-Germánico suele parecer caótico e incompleto, pero gracias a la labor de Rady, con una ingente cantidad de información y un trabajo de documentación y análisis de las fuentes (muchas de ellas inéditas) ciclópeo, descubrimos el secreto de la perseverancia de este largo linaje: sus miembros estaban convencidos de su predestinación para gobernar el mundo como defensores de la Iglesia católica (aunque algunos, como el propio Rodolfo II, fuesen excomulgados, y otros, como Carlos V, enviase sus tropas contra la Santa Sede, el célebre Sacco di Roma), garantes de la paz (pese a las numerosas guerras que libraron) y mecenas de la ciencia y la cultura, algo en lo que coincidieron todos, contribuyendo, en tiempos de Felipe II, al esplendor del Renacimiento, y siglos después, a la expansión de otras corrientes de pensamiento aun a pesar de ser una institución del Ancien Régime

Para adquirir este completo ensayo, puedes visitar la página de Taurus (Penguin Random House):

https://www.penguinlibros.com/es/historia/38916-los-habsburgo-9788430623334











Ignacio de Loyola: el soldado que juró defender a Dios (parte II)

Este 2021 la Compañía de Jesús conmemora el Quinto Centenario de la conversión de Ignacio de Loyola, un personaje histórico fascinante y cuya labor evangelizadora marcaría un antes y un después no solo en la trayectoria del catolicismo sino en la configuración del mundo contemporáneo occidental. Extendida por todo el orbe, la Compañía de Jesús se convertiría en la milicia de la Iglesia católica en tiempos de la Contrarreforma, pero también tendría abiertas disputas –y algo más– con la Santa Sede. Esta es la historia de un hombre corriente reconvertido en militante de la fe, un «soldado de Dios» con sus luces y sus sombras.

Óscar Herradón ©

Pío V

Pocos años después de la muerte del fundador, Ignacio de Loyola, el catolicismo se enfrentaba como nunca antes con el avance de la herejía. Con la amenaza latente del protestantismo, se sentó en el trono de San Pedro un pontífice que sería estandarte de la llamada Contrarreforma. Su nombre era Pío V, un religioso con amplia experiencia al frente de la Inquisición que sería el responsable de fundar la llamada Santa Alianza en 1566, llamada así en honor del acuerdo firmado entre éste y la reina católica María Estuardo, un auténtico servicio de espionaje vaticano cuyo fin era contrarrestar la amenaza protestante inglesa.

La Santa Alianza

Rizzio

Uno de los espías del Papa fue el italiano David Rizzio, quien se convertiría en amante de la reina escocesa y era el hombre de Roma en la corte inglesa, quien acabaría asesinado por el marido de ésta, el rey consorte Henry Darnley y otros conspiradores. Más tarde sería enviado a las islas el jesuita Lamberto Macchi. Hábil espadachín, Macchi había ingresado en la Compañía de Jesús con ánimo aventurero. En aquel tiempo, y al contrario de lo que sucedería después, cuando los jesuitas mantendrían abiertos enfrentamientos con Roma, sus miembros eran considerados los «soldados del Papa» por su voto especial de obediencia al pontífice de turno.

Lord Darnley

Macchi era hombre de gran destreza y avezado esgrimista y no tardaron en llegar rumores sobre sus habilidades a oídos del jefe del servicio de espionaje papal, Marco Antonio Maffei. El propio pontífice le encargó entonces a Macchi la tarea de acabar con la vida de los asesinos de Rizzio. Partió hacia Inglaterra junto a otros dos jesuitas y el hermano del espía asesinado, Giuseppe Rizzio. Meses después, éstos acabaron con la vida de Darnley, al que estrangularon, para ir matando uno a uno a todos los conspiradores.

Los jesuitas también intentaron quitar de en medio a la misma Isabel de Inglaterra, atentado frustrado gracias a los hombres de Sir Francis Walsingham, creador del más eficiente servicio de espionaje de su tiempo, junto al papal, y mano derecha de la reina inglesa. El final de Macchio está rodeado de sombras, ocultado por la propio Santa Sede precisamente por las implicaciones políticas que tuvieron sus acciones en la sombra.

Isabel I de Inglaterra, la «Reina Virgen»

Una versión apunta a su muerte en la toma de Amberes, mientras servía como capellán en los tercios de Alejandro Farnesio; la otra habla de su fallecimiento durante una misión en Japón, donde habría sido ejecutado por el shogun Toyotomi Hideyoshi tras sufrir el suplicio conocido como Tsurushi, el llamado «potro japonés», consistente en colgar a la víctima de una fosa llena de excrementos humanos mientras se le realizan cortes para ir desangrándola lentamente. Lo más probable, no obstante, es que esta segunda versión sea apócrifa. Lo que sí es seguro es que de esta forma fue martirizado el también jesuita Cristóvao, Ferreira, quien se hizo célebre por cometer apostasía después de ser torturados durante las purgas anticristianas de Japón. Fue autor de un texto que roza el ateísmo, La superchería desvelada, escrito tras haber abrazado la religión budista. Su epopeya sería recordada por el genial cineasta Martin Scorsese en la película Silencio (2016).

Matar al Papa

Uno de los más enconados detractores de la Orden jesuítica fue el papa Clemente XIV, en un siglo, el XVIII, en el que la Compañía sería expulsada de varios países. Este pontífice, cediendo a las presiones de los gobiernos de Francia y España, promulgó el breve Dominus ac Redemptor, por el que disolvía la Compañía, entonces comandada por Lorenzo Ricci. Inmersos en la esfera de la conspiración, que perseguirá siempre a los jesuitas, algunos personajes culparán a sus miembros nada menos que de la muerte del pontífice «por haber disuelto la Orden de Jesús».

Clemente XIV
Felipe V

En su apasionante libro El Secreto de los Jesuitas (Almuzara, 2006), el periodista Manuel Barrios, fallecido en 2012, recoge frases como las siguientes respecto a este oscuro asunto: «De nuevo, la muerte es usada con finalidades turbias, en concreto para atacar a los odiados jesuitas». Al parecer, los manuscritos de los que extracta estas acusaciones parecen corresponder a cartas de un cardenal anónimo dirigidas en aquella época a un noble señor de la Corte madrileña, en las que pide venganza, «pues de lo contrario veré que triunfan los más inicuos que hay en el mundo, que son los jesuitas y sus parciales, que componen la facción más poderosa que hay en Roma, por cuanto se junta con ella la mayor parte de los cardenales (…); supuesto que ahora se dice por roma que morirá de veneno el monarca de España. Toda Roma está llena de esta voz; lo dicen los ex jesuitas españoles en el café que está frente de Venecia y con ellos lo dicen también sus terciarios que allí concurren…». Seguro que no imaginaba el autor de estas letras y otros detractores de la Orden que un jesuita, en 2013, se sentaría en el mismo trono de San Pedro…

Las misivas, autorizadas aunque hasta entonces secretas, continúan afirmando que «El Jueves Santo de 1774 tomó el Papa chocolate en San Pedro y, apenas dio unos sorbos, profirió: ‘¡Caí!’; el sujeto que le servía, para manifestar que no tenía veneno, se tomó lo restante del chocolate y ayer murió; éste no puede haber sido el autor, según infiero, pero sí creo que había sido una mano más inicua la autora…». Ya construida toda una teoría de la conspiración, probablemente sin más fundamento que el odio de este personaje anónimo hacia los monjes que se erigieron «soldados» de Dios, continúa: «…Ya hace dos días más fue forzoso que los cirujanos sajaran toda aquella carne que quedaba en el cadáver e introdujesen cal en las sajaduras que se le hicieron y, juntamente, bálsamos y después fajarle todo; y pues que toda Roma decía a voces que el Papa había muerto de veneno, ponerle una mascarilla para que quedase oculta la iniquidad de los señores cardenales cómplices con el Camarlengo por cabeza…».

Este post tendrá una tercera y última parte. En breve, en «Dentro del Pandemónium».

PARA SABER UN POCO (MUCHO) MÁS:

GARCÍA HERNÁN, Enrique: Ignacio de Loyola (Colección Españoles Eminentes). Taurus 2013.

J. LOZANO NAVARRO, Julián: La Compañía de Jesús y el poder en la España de los Austrias. Cátedra 2005.

LARA MARTÍNEZ, María y Laura: Ignacio y la Compañía. Del castillo a la misión. Edaf (XIII Premio Algaba), 2015.

MARTIN, Malachi: La Compañía de Jesús y la traición a la Iglesia Católica. Plaza & Janés, 1988.

P. LUIS GONÇALVES DA CÁMARA: San Ignacio de Loyola. Biografía. Editorial Verbum 2020.

BREAKING NEWS!:

Recientemente, la editorial La Esfera de los Libros publicaba una novela de ecos biográficos de Ignacio de Loyola escrita con escrupulosa fidelidad a los hechos históricos y con un pulso narrativo encomiable, precisamente en el V Centenario «de la herida y conversión que transformaron al gentilhombre Íñigo (que también así le llamaban) de Loyola». El libro en cuestión se titula Para alcanzar amor. Ignacio de Loyola y los primeros jesuitas, y su autor es el sacerdote y periodista español Pedro Miguel Lamet, quien nos introduce en los apasionantes hechos que rodearon al nacimiento de la Compañía de Jesús, las «visiones» y la búsqueda de una misión como hemos narrado en el post. Los sitúa con maestría dentro del complejo ambiente político y social de una de las épocas más ricas de nuestra historia, el Siglo de Oro.

Y lo hace a través de la mirada de su amigo, el historiador Pedro de Ribadeneyra (primer biógrafo de Loyola y uno de los hombres que más estrechamente le trataron): así, se va desgranando la peripecia vital (y compleja personalidad) de Ignacio, que estuvo a punto de ser canonizado en la España de Felipe II pero que finalmente sería elevado a los altares un siglo después: fue beatificado en 1609 y beatificado en 1622 bajo el pontificado de Gregorio XV.

Asistimos a sus raíces, a su vida laica como soldado, su experiencia mística y conversión, los tiempos de estudio y peregrinaje, de fundación y de estrecha relación con sus compañeros y también los del oculto gobernante de la Orden que ya se extendía por prácticamente todo el mundo conocido y que llegaría a poner en jaque a la mismísima Iglesia católica.

He aquí el enlace para adquirir esta magnífica novela:

http://www.esferalibros.com/libro/para-alcanzar-amor/

El Escorial: El Templo mágico de Felipe II

Felipe II fue el soberano occidental más poderoso de su tiempo, pero su figura se ha desdibujado en parte por los partidarios de la Leyenda Negra y también por los afectos a la «Leyenda Rosa». Hombre de su tiempo, tuvo una completa educación renacentista y a pesar de su defensa a ultranza de la Contrarreforma, mostró un profundo interés por las ciencias ocultas, la alquimia y el hermetismo. Con la idea de erigir su propio templo, «émulo del de Salomón», mandó erigir el monasterio de San Lorenzo de El Escorial cargado de un simbolismo en gran parte desconocido.

Óscar Herradón ©

Existen diversas evidencias que señalan cómo Felipe II concibió la idea de plasmar en su gigantesca obra escurialense una especie de Cielo en la Tierra, quizá influido no solo por las teorías lulistas –del místico mallorquín Ramon Llull–, la funcionalidad de los templos religiosos o el «hermetismo cristiano», tan en boga por aquel entonces –lo que hacía que un rey católico pudiera interesarse por lo oculto sin caer en la herejía–, sino también por los textos de corte místico que fueron escritos por «visionarios» y hombres de fe de su época como Fray Luis de León, San Juan de la Cruz o su muy admirada Santa Teresa, por la que intercedió ante la Inquisición y cuyas obras el monarca parece que leía con asiduidad y devoción.

Pero además del carácter intimista y austero, como un gran espacio de religiosidad, que el monarca quiso impregnar al edificio donde pasó los últimos años de su vida, en él Felipe II plasmó también, insisto, un auténtico «Cosmos», su Universo o Cielo particular –al igual que hizo el emperador medieval Federico II en Castel del Monte–, emulando el más simbólico edificio religioso de la antigüedad: el Templo de Salomón, hecho que sin embargo ha pasado desapercibido –al menos para la gran mayoría– durante varios siglos. Aún hoy no es algo que te cuenten los guías oficiales del monasterio o las biografías al uso.

Múltiples referencias mágicas

Aunque desde prácticamente su misma construcción se viene haciendo referencia a la planta del edificio sacro en forma de «parrilla», probablemente en alusión al patrón del mismo, San Lorenzo, que según la tradición fue sometido a martirio en el objeto de tortura del mismo nombre, lo cierto es que, según investigadores como René Taylor –quien más datos ha aportado para una comprensión a fondo del sentido esotérico y hermético del monasterio– todos los análisis apuntan a que dicha hipótesis comúnmente aceptada es errónea, y a que el diseño y trazado son precisamente «una evocación del Templo de Salomón».

No es una casualidad que el llamado Patio de los Reyes, que sirve de acceso al recinto, sobre la fachada de la iglesia del monasterio, estén representadas las figuras de varios reyes del Antiguo Testamento, entre ellos David y su hijo Salomón, artífice del templo de Jerusalén. El mismo padre fray José de Sigüenza, primer cronista del recinto, en uno de sus textos, afirma: «…otro templo de Salomón, al que nuestro patrón y fundador quiso imitar en esta obra». Luego, aquellas palabras fueron casi olvidadas por la historiografía.

Teniendo en cuenta que desde la antigüedad el rey hebreo ha sido relacionado con la magia y que incluso en el Corán, en algunas Suras, se habla de la relación de éste con el mundo de los espíritus, mientras que en la Edad Media se atribuyeron a su autoría tratados mágicos cuyo título era Las clavículas de Salomón, recogiendo quizá parte de su sabiduría, no deja de ser harto curioso que el segundo Felipe escogiera precisamente su figura para que precediera la entrada a su templo «cristiano». No obstante, el soberano español ostentaba entre sus múltiples títulos el de Rey de Jerusalén, y como apuntan diversos estudios, él mismo se veía como un nuevo Salomón, por lo que no debe extrañarnos que quisiera emular a esta figura en la construcción de su templo particular.

Juan de Herrera, hombre de ciencia… y magia

Pero éstas no son las únicas evidencias que apoyan esta hipótesis; se sabe que el arquitecto Juan de Herrera, que se puso al frente de las obras del monasterio tras la muerte de su colega Juan Bautista de Toledo, poseía una colección de libros titulada precisamente Copia del Tratado que se hizo del Templo de Salomón en manuscrito, textos en los que seguro se basó el arquitecto para llevar a cabo las obras del monasterio.

Precisamente, Herrera dio la orden de que los trabajos de construcción del edificio se llevasen a cabo en silencio, puesto que la obra, en palabras del heterodoxo investigador Juan G. Atienza, «necesitaba paz y sosiego». El caso es que para que existiera ese relativo silencio de ciertas connotaciones mágicas, los sillares de piedra se tallaron y labraron directamente en la cantera –de este modo no se escucharía en los alrededores el constante golpeteo de los malletes y martillos–; curiosamente, al igual que ocurrió, según los textos bíblicos, durante la construcción del Templo de Salomón.

El Patio de los Reyes, coronado por David y Salomón

Aquello, como es de suponer, ralentizó el avance de las obras, que corrieron el riesgo de ser detenidas en más de una ocasión y que sangraron los ya de por sí limitados recursos del Tesoro Real, con la repercusión que todo ello tenía en la maltrecha economía castellan, que bajo el gobierno del «todopoderoso» Rey Prudente sufrió hasta tres bancarrotas.

Una planta llena de particularidades

Pero las similitudes entre la ambiciosa obra de Felipe II y el templo salomónico no terminan ahí; la misma distribución de los espacios puede hallarse en ambos templos. En el hebreo se encontraba la Casa de los sacerdotes (Domus Sacerdotum), la Casa del rey (Domus Regia) y la Casa del Señor (Domus Domini), mientras que en San Lorenzo se pueden diferenciar a su vez tres espacios: el palacio, el convento y la iglesia.

En la creación de la propia planta del edificio, analizada minuciosamente por René Taylor en su magnífico trabajo Arquitectura y magia. Consideraciones sobre la idea de El Escorial, editado en su día con mimo por Siruela, nos encontramos con una combinación perfecta de las figuras del círculo, el triángulo y el cuadrado, mediante las cuales, siguiendo la obra de Ramon Llull, era posible representar la estructura del Universo, estructura que puede apreciarse en los frescos que adornan los techos de la biblioteca del monasterio donde están representadas además las llamadas Artes Liberales; entre ellas, aparecen personificadas la Retórica, la Gramática, la Aritmética, la Geometría, la Astrología y la Didáctica, junto a la Teología y la Filosofía. Y se puede apreciar además, ingeniosamente disimulado, el famoso Sello de Salomón, una alusión más que evidente al rey hebreo y su templo.

En 1604, el jesuita Juan Bautista Villalpando, discípulo de Herrera, publicó De postrema Exechielis Prophetae Visione (La última visión del profeta Ezequiel), un texto financiado por el mismo Felipe II donde el autor, siguiendo las Sagradas Escrituras, ofrecía una imagen de cómo debió ser el mítico Templo de Salomón, siguiendo las corrientes renacentistas según las cuales el hombre era un reflejo del Cosmos, corrientes de pensamiento impulsadas por hombres como Leonardo da Vinci y su hombre vitruviano, Marsilio Ficino, Pico Della Mirandola o Enrico Cornelio Agrippa.

En próximos post, seguiré adentrándome en los secretos de este austero y magnificente edificio madrileño en el que siempre me siento muy, muy pequeño, aunque en completa paz. Y no, no es ninguna revelación mística…

Para un análisis en profundidad del aspecto esotérico y hermético del monasterio de San Lorenzo, consultar las siguientes obras:

–TAYLOR, René, Arquitectura y magia. Consideraciones sobre la idea de El Escorial, Ediciones Siruela, 1994.

–ATIENZA, Juan. G, La cara oculta de Felipe II. Alquimia y Magia en la España del Imperio, Ediciones Martínez Roca, 1998.

–CUESTA MILLÁN, Juan Ignacio, La boca del infierno. Claves ocultas de El Escorial, Aguilar, 2006.

EL LIBRO DEL MES PARA SABER MÁS:

–La editorial La Esfera de los Libros nos trae una monumental monografía sobre el Rey Prudente recién salida de imprenta: Felipe II. El hombre, el rey, el mito, del catedrático de Historia Moderna de la UCM Enrique Martínez Ruiz. El autor aborda en esta extraordinaria biografía, ricamente ilustrada, las tres principales facetas vitales de Felipe II. La primera, la del hombre que ha de formarse con vistas a las responsabilidades que le esperaban como cabeza de un gran imperio que se asentaría en las cuatro partes del mundo entonces conocidas. La segunda, la del rey que debe ejercer un gobierno permanente sobre todos los territorios en multitud de ámbitos. Y la tercera, la derivada de las dos anteriores, y que eleva su figura a la categoría de mito.

Esta obra, destinada a convertirse en una de las principales referencias historiográficas, no solo se centra en la vida y obra del monarca, sino tambien en su tiempo, su corte, las artes y las letras, la guerra y la paz, la diplomacia y la vida cotidiana del Siglo de Oro español. Podéis adquirirlo aquí:

http://www.esferalibros.com/libro/felipe-ii/