La novela damneiPequeño Hongo llega a España en formato integral de la mano de Norma Editorial: dos volúmenes en estuche de la obra china que se ha convertido en un fenómeno internacional.
Escrita por Yi Shi Si Zhou, la obra combina ciencia ficción postapocalíptica, drama emocional y un romance que aporta el toque sensible y ha conquistado a millones de lectores de un rincón al otro del globo. Tras la destrucción del campo geomagnético de la Tierra, nuestro planeta se encuentra arrasado: la radiación cósmica ha provocado mutaciones monstruosas y ha empujado a la humanidad al borde de la extinción.
En este siniestro y distópico contexto, An Zhe (un pequeño hongo que habita el Abismo y que da título a la voluminosa obra) absorbe accidentalmente los genes de un humano muerto en su cueva y adopta su apariencia, convirtiéndose, en un relato de ecos cronenbergnianos, en un heterogéneo. Desesperado por recuperar su espora, emprende un viaje hacia la Base Norte, el refugio de los supervivientes humanos, donde deberá ocultar su verdadera naturaleza ante los jueces encargados de identificar y eliminar a seres como él. El más terrible de todos estos «garantes» de la ley y el orden es el coronel Lu Feng.
Estamos ante una edición en español cautivadora: las cubiertas, guardas y cantos tintados han sido facturados por Sara Onzzes, las ilustraciones interiores a color, de Ero Pinku, y las de blanco y negro de Rocío Sogas. La mejor traducción y edición de novela danmei (género literario chino centrado en las relaciones románticas entre personajes masculinos) que Norma ha publicado hasta la fecha.
Ático de los Libros publica la que probablemente sea la investigación más exhaustiva sobre la relación del régimen franquista con la Iglesia católica. En El águila y la sotana el historiador Julián Chavez Palacios aborda de forma rigurosa la estrecha relación de la Iglesia con los sublevados durante la guerra civil y la primera etapa de la dictadura, de 1936 a 1945.
El sugerente título alude al símbolo imperial de la dictadura –el águila, tan presente también en otros totalitarismos como el nazismo y el fascismo italiano, que el franquismo imitó, y que tenían como inspiración los estandartes de las legiones del Imperio romano–, y la sotana, la vestimenta típica del sacerdote, el obispo y el cardenal. Cuando Franco, una vez muertos los generales Mola y Sanjurjo, presentó la Guerra Civil española como una cruzada por la fe y la patria (es más, la guerra, en los libros del régimen, se conocería como la «Cruzada Española de Liberación») la Iglesia abrazó su discursos casi sin reservas.
No debemos olvidar que, no obstante, durante el periodo republicano y el estallido del conflicto la quema de iglesias y la persecución a religiosos (en la guerra, fusilados en masa) tuvo quizá mucho que ver, y ese miedo de toda Europa al avance del comunismo soviético, y el anarquismo, caracterizados ambos –aún siendo entre sí incompatibles– por el ateísmo feroz. Sí, hubo quema de iglesias y destrucción de patrimonio religioso (decapitaciones de estatuas de santos y vírgenes, profanación de cementerios en monasterios y conventos…), pero eso no puede justificar la acción de la institución eclesiástica al lado de los reaccionarios ni su complicidad con la represión posterior ni casa con la moral cristiana de poner la otra mejilla y de la máxima «Ama a tu prójimo como a ti mismo», que podría sustituirse por «Ama a tu prójimo como a ti mismo, salvo si es rojo…».
La legitimación del discurso reaccionario
Pío XII
Sin embargo, ya en 1939 el papa Pío XII (sobre el que planea la larga sombra de un comportamiento pasivo, cuando no cómplice, con los nazis durante la Segunda Guerra Mundial, muy discutido) celebró la victoria de la España católica sellando una alianza que consolidaría el poder del régimen.
Franco con el arzobispo Manuel de Castro Alonso en Burgos (1938).
Esa estrecha alianza entre la Iglesia católica y los sublevados que se reflejará en una colaboración recíproca para lograr sus respectivos intereses y que dio lugar a la ideología particular del régimen, el citado nacionalcatolicismo, tuvo subsecuentes cambios en la zona sublevada, como la obligatoriedad de la religión en la enseñanza primaria y secundaria, así como la imposición del crucifijo en institutos y universidades. También fue obligatorio en las escuelas, desde finales de la guerra, el Catecismo Patriótico Español del obispo Menéndez-Reigada, sin imprimátur (declaración oficial por la jerarquía católica de que una obra está libre de error en materia de doctrina y moral católica, autorizando por tanto su lectura por los fieles), y con proclamas antidemocráticas y antisemitas; y según confesaría el socialista Juan Simeón Vidarte, diputado y vicesecretario general del PSOE entre 1932 y 1939, incluso se llegó a modificar el catecismo del padre Ripalda, agregando al quinto mandamiento («No matarás») lo siguiente: «…a no ser que sean rojos, o enemigos del glorioso movimiento». Escalofriante.
La gigantesca cruz de piedra del Valle de los Caídos (hoy Cuelgamuros).
Por tanto, la Iglesia católica española legitimó el discurso de los sublevados con la idea de cruzada, sirviendo los propios obispos y sacerdotes (muchos de ellos, insisto, asesinados a sangre fría por el bando republicano) como capellanes a los combatientes franquistas: les administraban los sacramentos y bendecían sus armas y las banderas de los regimientos antes de entrar en batalla o marchar al frente. La Iglesia (o al menos la mayor parte de ella, pues también hubo curas disidentes que no estaban de acuerdo con aquella política de venganza) se sintió enormemente aliviada por el triunfo de las tropas de Franco, recibiendo, además, una compensación económica que supuso el restablecimiento del presupuesto del clero en octubre de 1939 y que contribuyó a una estrecha y longeva relación durante los 40 años que duraría la dictadura.
De la cruzada al nacionalcatolicismo
Este riguroso ensayo, basado en numerosas y exhaustivas fuentes, pero ameno como si se tratase casi de una novela, es obra de Julián Chaves Palacios (autor ya conocido por su exitosa obra Historia del maquis, publicada también por Ático de los Libros), catedrático de Historia Contemporánea en la Universidad de Extremadura. Su gran mérito, además del enorme trabajo de investigación que hay detrás, es brindarnos la que probablemente sea la radiografía más completa hasta la fecha sobre este delicado asunto de nuestro pasado reciente –y por ende, el de toda Europa, si tenemos en cuenta que la Guerra Civil fue el preámbulo de la contienda más salvaje que conocería el hombre y que estallaría el mismo año de la victoria franquista, aunque con actores diferentes, pues esa alianza Iglesia/Estado no se daría, por ejemplo, en el nazismo, salvo en la connivencia de algunas instituciones luteranas–.
El águila y la esvástica recorre los años decisivos que van del estallido de la Guerra Civil, el 18 de julio de 1936, fecha de infausto recuerdo, a 1945, con el fin de la Segunda Guerra Mundial y la caída del Eje. Chaves, que no se limita al relato de ecos políticos (analiza cómo la jerarquía eclesiástica influyó de manera decisiva en la educación, la censura, la moral pública y los mecanismos de control social que serían el origen de lo que se dio en llamar nacionalcatolicismo). Qué mayor demostración de ese estrecho vínculo ente Iglesia (sotana) y Estado (águila) que renombrar así el Movimiento. El autor muestra con pelos y señales cómo esa alianza capital entre eclesiásticos de alto rango (y también bajo) y régimen moldeó la ideología franquista y condicionó la vida cotidiana de millones de españoles.
En el anterior post hablamos del Patronato de Protección a la Mujer con motivo de un revelador ensayo que acaba de publicar la Editorial Crítica. Pues bien, si lo que queremos, además de profundizar en la labor represiva de este y otros organismos, es conocer la lucha por los derechos de las mujeres en los años 70, nada mejor que hacerlo de la mano del nuevo libro de la escritora feminista Carmen Domingo, De silenciadas a protagonistas. Las mujeres y la política en España, que acaba de publicar RBA y que comienza precisamente abordando el papel del Patronato de Protección a la Mujer tras hacerlo de los colectivos en clandestinidad.
Pilar Primo de Rivera.
Un ensayo que aborda minuciosamente, con información muy relevante, el periodo comprendido entre 1975 y 1983, cuando ya se hizo efectiva la ansiada democracia, diversas instituciones, como el citado Patronato de Protección a la Mujer, y su justa desaparición, así como otras instituciones falsamente «feministas» de la dictadura, como la Sección Femenina, la rama femenina de la Falange Española Tradicionalista y de las JONS, comandada por Pilar Primo de Rivera, para adentrarse en las sombras de las cárceles (que acabarían por convertirse en espacio de lucha), y encaminarse hacia la luz con las asociaciones vecinales, el Partido Feminista de España o el Movimiento Democrático de Mujeres (MDM), entre otras instituciones que, ahora sí, luchaban por la libertad y emancipación de la mujer.
Reparto de comida de mujeres de la Sección Femenina en Guipúzcoa, 1937.
Con la instauración de la democracia en nuestro país, comenzaron a cristalizar muchos de los cambios reclamados por la sociedad mediante constantes protestas públicas que habían sido duramente reprimidas por el régimen franquista. En estas reivindicaciones, la participación de la mujer es fundamental para entender lo que sucedió en ese periodo que hemos dado en llamar Transición. No solo en cuanto a nombres propios –más de los que aparecen en la mayoría de los libros de historia–; sino también en lo que respecta a las exigencias sociales, estrechamente vinculadas a los roles que las mujeres desempeñaban.
De silenciadas a protagonistas culmina la necesaria trilogía que Carmen Domingo ha dedicado a la implicación de la mujer en la política española del siglo XX (cuyos títulos precedentes fueron Con voz y voto. Las mujeres y la política en España (1931-1939) y Coser y Cantar. Las mujeres y la política en España (1939-1975), ambos publicados en RBA y disponibles en los puntos de venta), un ensayo que es una vívida crónica de una época en que las mujeres volvieron al primer plano de la esfera pública, tras décadas y décadas de oscurantismo en el que fueron mal llamadas –y consideradas– el «sexo débil». Sus intervenciones y su protagonismo en las diversas organizaciones, sindicatos, iniciativas ciudadanas, vocalías vecinales y partidos políticos fueron determinantes para el establecimiento de la democracia en España.