Oráculos. Vaticinando el futuro desde la Antigüedad (III): Dodona

Junto a Delfos, el oráculo de Dodona, fue el más célebre de la antigüedad. Su nombre se debe a un lugar que se halla a 80 km al este de la isla de Corfú, en la región de Epiro, cerca de la frontera de Grecia y Albania. Centro de peregrinaje de tiempos pretéritos al que también se acercaron reyes y emperadores, fue un imponente santuario dedicado al dios Zeus y a la Diosa Madre naturaleza. Viajamos a sus entrañas…

Óscar Herradón

(Dodona en la actualidad. Fuente: Wikipedia)

Una de las más valiosas descripciones que poseen los arqueólogos del milenario oráculo fue la dejada por Heródoto: «Las sacerdotisas de los dodonienses cuentan que de Tebas, en Egipto, partieron dos palomas negras; una viajó hasta Libia, y la otra hasta ellas; una vez allí, la paloma se posó sobre un roble, y con voz humana articuló que el destino quería que se estableciera en aquel lugar un oráculo de Júpiter; los dodonienses, mirándola como una mensajera de los dioses, obedecieron de inmediato. Cuentan también que la paloma que voló hasta Libia ordenó a los libios construir el oráculo de Amón, que es también un oráculo de Júpiter. Esto es lo que me dijeron las sacerdotisas de los dodonienses, de las cuales la más vieja se llamaba Preumenia, la siguiente, Timarete, y la más joven, Nicandra. Su relato fue confirmado por el resto de dodoneos, ministros del templo».

Fue así como surgió el culto al «Gran Roble», un árbol sagrado en el que se adoraba al dios Zeus Naios –Zeus residente– y Dione Naia, su contrapartida femenina. En el siglo V a.C. las sacerdotisas serían tomadas por adivinas y conocidas como las Sellas. El propio Homero hablaría del oráculo de Dodona en la Ilíada hasta en dos ocasiones, otra de las fuentes de la que han bebido con profusión los historiadores. Al parecer, las Sellas vaticinaban el futuro de diversas formas: interpretando la caída de las hojas del roble sagrado, el ruido causado por uno o varios recipientes de bronce y puede que también el vuelo de las aves –lo que se conoce como ornitomancia–, en este caso de las palomas. En el siglo IV a.C. el ateniense Demón ofreció una tradición paralela sobre el oráculo: afirmaba que el santuario estaba delimitado por un cerco de calderos de bronce que estaban dispuestos en trípodes y que, cuando el viento los golpeaba, el sonido que emitían por medio de una cadena era el que debía ser interpretado por las sacerdotisas.

Por su parte, Homero apuntaba que, en relación con el simbolismo de los árboles y el roble sagrado del santuario, los sacerdotes y sacerdotisas de Dodona no podían lavarse los pies y debían dormir en el suelo. Algunos cronistas señalan que en los primeros tiempos, el oráculo ordenaba a los consultantes sacrificar una víctima al río Aqueloo cada vez que debía contestar una pregunta, aunque no existen vestigios arqueológicos de ello.

Rascando vestigios arqueológicos

La historia del santuario guarda numerosos enigmas, y la arqueología no ha podido datar con exactitud su origen. En fecha reciente se han encontrado restos de la época micénica, de alrededor del siglo XV a.C. El culto al Zeus Dodoniano llegaría a Epiro con los tesprotios en el conocido como periodo Heládico reciente, en torno al 1200 a.C., aunque parece ser que existía un culto anterior dedicado a la diosa ctónica prehelénica de la fertilidad y la abundancia relacionada con las raíces sagradas del «Gran Roble».

Ruinas de Dodona (Licencia Libre: Wikipedia)

Hasta el siglo VI a.C., el santuario gozaba de gran renombre y consultado regularmente por los atenienses, que enviaban a su consulta una embajada anual. Incluso Creso, rey de Lidia, consultaba a los célebres oráculos si debía declarar o no la guerra a los persas, como harían otros mandatarios de manera habitual. Plutarco cuenta cómo Agesilao II (444-360 a.C.) rey de Esparta, preguntó al oráculo sobre si sería oportuno lanzar una gran ofensiva contra los persas, mientras que los espartanos viajaron también a Dodona para que les realizaran un vaticinio antes de la batalla de Leuctra contra Tebas, en el 371. Las consultas parece que se hacían en laminillas de plomo de las que se han hallado bastantes ejemplares en las excavaciones.

Pirro

Después, Delfos suplantaría progresivamente a este como sede principal de los oráculos del mundo heleno y en torno al siglo IV a.C. el santuario parecía haberse reducido a un simple templo en torno al Roble Sagrado, hasta que recuperaría su máximo esplendor gracias al mandato de Pirro –célebre por las guerras que emprendió– en Epiro, entre el 297 y el 272 a.C., quien reconstruiría casi todos los edificios de Dodona, convirtiéndolo en una especie de santuario nacional de Epiro: reconstruyó el templo de Zeus, el de Heracles y el de Temis, que ganaron en espacio y también los edificios cívico: el Bouleuterión y el Pritaneo, además de ordenar construir el teatro para acoger espectáculos dramáticos y musicales que servían como acompañamiento de la fiesta de los Naia en honor de la tríada constituida por Zeus, Dione y Temis y que en época romana sería reconvertido en circo.

Tras la repentina muerte de Pirro en Argos en el 272 a.C., se produciría el rápido declive del enclave sacro, que sería saqueado en diferentes épocas y de nuevo reconstruido. Se sabe que el emperador romano Adriano visitó el oráculo hacia el año 132 de nuestra era, al igual que el geógrafo e historiador griego Pausanias poco tiempo después. El santuario sería destruido en el año 218 a.C. durante la guerra con los etolios, aunque los arqueólogos creen que volvió a ser restaurada. Un misterio que sigue sin aclararse.

BIBLIOGRAFÍA:

DAKARIS, Sotirios: Dodona (en inglés) 1993.

VANDENBERG, Philipp: El Secreto de los Oráculos. Destino, 1991.

PARA SABER UN POCO (MUCHO) MÁS:

Y si lo que queremos es una visión pormenorizada –a la vez que detallada y apasionante– sobre la civilización griega, en este caso centrada en el aspecto bélico de uno de sus mayores enemigos en la antigüedad, nada mejor que sumergirse en las páginas de Viaje a la Grecia clásica. Del monte Athos a Termópilas (Almuzara, 2020), del periodista y escritor Antonio Penadés, autor del también recomendable ensayo Tras las huellas de Heródoto. Crónicas de un viaje histórico por Asia Menor, publicado igualmente por Almuzara en 2015.

El autor, con un pulso narrativo electrizante, nos sitúa en el año 480 a. C., para seguir el itinerario del ejército del rey persa Jerjes, el mayor despliegue militar terrestre visto hasta entonces. Una vez que tamaña fuerza atraviesa el Helesponto y, ya en el Viejo Continente, se dispone a recorrer las regiones de Tracia y Macedonia, apoyado por una colosal flota, para vengar las afrentas que los atenienses hicieron a su padre, el rey Darío, incorporando así –o esa era la idea– tan estratégicos territorios helenos al inmenso imperio asiático, aquel ejército legendario se topará en el paso de las Termópilas, la puerta natural de entrada a la Grecia central, con las fuerzas mucho menores pero implacables del rey de Esparta Leónidas.

La misma historia que narra 300 y que Frank Miller llevaría con gran éxito a la novela gráfica y más tarde Zack Snyder a la pantalla grande, aunque con una fidelidad historiográfica que el espectáculo de ficción ni ofrecía ni requería. En estas páginas, Penadés seguirá a aquellos ejércitos y su paso por Alexandrópolis, Dorisco, Abdera, Kavala, la isla de Tasos, Filipos, Drama, Tesalónica o el monte Olimpo, entre muchos otros enclaves fundamentales de tan épico avance, para culminar en Termópilas, donde tendrá lugar uno de los encuentros más emblemáticos de la historia antigua de Occidente en su choque con Oriente. He aquí la web de la editorial donde podrás adquirir el libro:

https://www.marcialpons.es/libros/viaje-a-la-grecia-clasica/9788418089855/

Sueños proféticos de reyes y emperadores

Uno de los aspectos más desconocidos y apasionantes relacionados con algunos grandes soberanos, que a su vez fue crucial en la evolución de su política y sirvió para su exaltación como personajes semidivinos y sagrados, fueron los denominados sueños premonitorios o proféticos que muchos de ellos dijeron experimentar, generalmente antes de emprender una importante batalla.

Óscar Herradón

Para consolidarse en el poder y legitimar el origen «sagrado» de su estirpe, muchos reyes recurrieron a la exaltación de los hechos providenciales a través de los denominados somnia imperii, experiencias oníricas que éstos, según sus propagandistas, experimentaron cual si de profetas se tratara, demostrando y consolidando de esta forma la «descendencia divina» de todo su linaje. No está claro a día de hoy si alguno de estos sueños premonitorios tuvo lugar realmente, lo que cuesta creer, aunque es evidente que el interés político planea por toda crónica o escrito que recoge tal evento. Es, sin embargo, muy interesante analizar estos supuestos hechos sobrenaturales para comprender la mentalidad de aquellos personajes que ostentaron el cetro y la corona a lo largo de los siglos y del mismo pueblo, que veneraba a sus reyes como si de auténticos dioses se tratara de uno a otro punto del planeta. Ahí residía en gran parte su lealtad hacia el mismo.

Sila

Como apunta Alicia Miguelez Cavero, de la Universidad de León, fue en Roma donde, al parecer, se sentaron las bases de este tipo particular de sueño, de carácter claramente político, que alcanzaría una gran trascendencia principalmente en los años de la Edad Media. Al margen de la tradición bíblica, prolífica en este tipo de manifestaciones oníricas, la mayoría de los estudiosos coinciden en atribuir al general romano Sila la creación de este tipo de sueños para utilizarlos como forma de legitimación ante su pueblo, verdadera razón, más allá del elemento sobrenatural y providencialista, de que surgieran. Sin embargo, estas peculiares experiencias no fueron exclusivas de la República y el Imperio romanos, ni siquiera de Occidente, pues podemos encontrar ejemplos en las monarquías orientales y también en el mundo helenístico, de donde probablemente fue heredada tal forma de legitimación, a pesar de que no contamos con datos fiables para afirmarlo con rotundidad, como apuntaron ya en su día investigadores como Marc Bloch o Jacques Le Goff.

Tras la experiencia de Sila, los sueños de reyes fueron utilizados por varios emperadores para justificar sus acciones políticas o las decisiones de índole militar, como una batalla o un asedio, principalmente en los años de inestabilidad y desmembración del Imperio Romano, cuando las luchas por el poder, los pronunciamientos, las revueltas y las traiciones estaban a la orden del día. Vamos, como a lo largo de casi toda la historia de la (des) humanidad.

La excelsitud de Constantino

Fue con el emperador romano Constantino «el Grande» cuando los somnia imperii alcanzaron su mayor esplendor. El soberano, que permitiría el libre culto de los cristianos en el Imperio, experimentó su primer «sueño» en el año 310 de nuestra era, «milagro» que utilizó para legitimar sus acciones tras la muerte del general Maximiliano. Sin embargo, el más decisivo de sus somnia, si hemos de creer a las crónicas, se produjo tres años después de experimentar el primero, en el año 313, en vísperas de la batalla de Puente Milvio, en la que Constantino se enfrentaría a Majencio. En aquella visión onírica, el emperador vio una cruz, junto a las palabras In hoc signo vinces –(«Con este signo vencerás»), que le llevaría a la victoria. Y así fue. Al parecer, aquel vaticinio influyó en la posterior conversión de Constantino al cristianismo y en la configuración del llamado «crismón».

El sueño de Constantino (Piero della Francesca, 1455. Fuente: Wikipedia)

Con la llegada de Carlomagno al poder a finales del siglo VIII y su coronación como emperador en el 800, los carolingios pretendieron crear en Europa un imperio que emulase el antiguo esplendor romano, y para ello no había nada mejor que utilizar repetidamente los somnia imperii para «acreditar su condición de hombres inspirados por Dios en los actos llevados a cabo». Ésta era la fórmula idónea para hacerse ver ante sus súbditos como verdaderos sucesores de Constantino, –considerado durante la Edad Media el auténtico vencedor del paganismo–, principalmente a falta de una auténtica estirpe regia y sacra, ya que los carolingios, cuya dinastía comenzó con Pipino el Viejo y Arnulfo de Metz, ocupaban el puesto de mayordomos de palacio en la corte de los reyes merovingios, pero por sus venas no corría auténtica sangre real (si es que ha corrido por la de alguien alguna vez). Sería Pipino el Breve, padre de Carlomagno, quien, tras destronar al rey merovingio Childerico III con el apoyo del Papa, se convirtió en rey de los francos.

El rey de los francos

Carlomagno es uno de los mejores ejemplos de rey sagrado —(o mejor sacralizado)– medieval, que supo afianzar su poder no solo a través de sus victorias militares, que fueron muchas, sino también haciendo creer a sus súbditos que era el salvador elegido por Dios para unificar Europa bajo el credo cristiano. Él mismo seguramente estaba convencido de ello. Quiso recuperar, además, el antiguo esplendor del desaparecido Imperio romano. Y nada mejor para ello que mostrarse ante su pueblo como un nuevo Constantino. Al igual que éste, el emperador carolingio también experimentó o utilizó las experiencias oníricas como forma de afianzar su poder y justificar sus acciones. Al parecer, fue el apóstol Santiago quien se apareció al nuevo césar germánico instándole a reconquistar los territorios ocupados por los musulmanes en España, gesta cuasi legendaria que, según las crónicas carolingias, costó la vida a uno de sus más valerosos caballeros y gran amigo del rey: Roldán.

Este sueño se recoge en el conocido como Codex Calixtinus, conservado en el archivo de la catedral de Santiago de Compostela, hasta que fue robado en 2011 por un electricista, peculiar historia del expolio arqueológico patrio que un día abordaremos en «Dentro del Pandemónium».

El sueño profético de Carlomagno en el Codex Calixtinus

El texto narra que Carlomagno vio en el cielo un camino de estrellas que tenía su punto de partida en el Mar de Frisia y que, extendiéndose entre Alemania e Italia, entre la Galia y Aquitania, pasaba por Gascuña, Vasconia y Navarra hasta Galicia, donde se ocultaba por aquel entonces, sin que nadie lo supiera, el cuerpo de Santiago. Fue entonces cuando se le apareció en sueños el apóstol, que hizo un llamamiento al emperador para que combatiera a los infieles musulmanes en España. Supuestamente, Santiago se apareció por tres veces al rey de los francos cuando aún no era emperador, quien, en el año 778, envió una expedición contra el norte de la península Ibérica que tomó Pamplona y llegó hasta la plaza fuerte de Zaragoza, sometida tras un largo asedio.

No obstante, la leyenda en torno a la figura de Carlomagno permaneció muchos siglos tras su muerte, siendo modelo de monarca sagrado a imitar por todo soberano católico. Muchas de las acciones que se le atribuyen forman parte únicamente de la leyenda y de la intencionalidad propagandística de convertirlo en prácticamente un santo, –como sucedería más tarde con monarcas como Eduardo el Confesor o Luis IX de Francia (apodado «Ludovico Nono» o San Luis)–, como, por ejemplo, la peregrinación que realizaría el soberano franco a Tierra Santa, donde, entre milagros varios y señales divinas, se consolidó como «salvador» de la cristiandad y rey profundamente piadoso; viaje que, por cierto, jamás llevó a cabo, pero que fue recogido en una crónica siglos después de su muerte. Sin embargo, a juicio de los propagandistas defensores de la realeza sagrada en general, y de la santidad de los carolingios en particular, cualquier rey encargado de defender la «verdadera fe» no debía dejar de conquistar Jerusalén de nuevo para los cristianos.

San Luis de Francia por El Greco

Siguiendo esta tendencia, los monarcas medievales no solo tomaron a Constantino como modelo a seguir, sino a los reyes bíblicos que también experimentaron sueños de tipo profético, entre ellos Salomón o Nabucodonosor. Esta identificación simbólica de los monarcas medievales con los bíblicos sobrepasa el plano meramente político –de identificación con los emperadores romanos– para «adentrarse en el plano religioso», en palabras de la citada Miguelez Cavero.

Reyes españoles y sueños proféticos

La península Ibérica no fue una excepción en relación con estas experiencias oníricas. Existen varios ejemplos de reyes españoles que supuestamente las experimentaron. La Crónica Najerense narra cómo, una vez más en vísperas de la batalla, el rey García VI Navarra tuvo un sueño tras quedarse dormido en una cueva, donde se le apareció nada menos que la Virgen María. Según el viejo texto, gracias a esta aparición mariana el monarca tuvo plena convicción de que saldría victorioso al día siguiente, lo que efectivamente sucedió. Como homenaje, García VI mandó construir un monasterio en honor de Nuestra Señora en el mismo lugar en el que había tenido lugar la revelación, el monasterio de Santa María la Real de Nájera, que sirvió de panteón a la dinastía navarra y que en el siglo XV fue sustituido por una iglesia gótica que aún se conserva.

Pero quizá el sueño profético más famoso sea el que experimentó el emperador leonés Alfonso VII en el año 1147, sueño recogido tardíamente, en el siglo XIII, por el cronista Lucas de Tuy. Según escribió, mientras el ejército de Alfonso VII se detenía en su marcha hacia Almería, en vísperas del levantamiento del cerco a la ciudad de Baeza, al rey se le apareció San Isidro, y gracias a su intercesión los cristianos ocuparon la misma. En homenaje a la victoria y en recuerdo a la prodigiosa revelación, se realizó el llamado Pendón de Baeza.

Con este tipo de visiones oníricas de tipo profético los reyes se convertían no solo en responsables del poder temporal sino en auténticos «enviados» de Dios en la Tierra, cuya misión era salvaguardar la verdadera fe, para ellos, claro, el catolicismo, frente al Islam que representaba la antigua Al-Ándalus.

OTRAS FORMAS DEL SUEÑO (Para saber un poco / mucho más):

El poder del sueño. Relatos antiguos y modernos reunidos y presentados por Roger Caillois.

Ediciones Atalanta vuelve a brindarnos una obra literaria tan extraña como perturbadora y a la vez magnética, una joya bibliográfica publicada originalmente en 1962 por el Club Français du Livre tutelado por el ensayista y sociólogo galo Roger Caillois y que por primera vez podemos disfrutar en este lujoso formato y en castellano.

El autor reúne en el presente volumen los mejores textos sobre los sueños y el misterioso poder que evocan sus imágenes, su difícil disección, el significado oculto que los envuelve y la importancia que tienen con nuestra realidad, siendo así otra suerte de segunda realidad que nos configura e impulsa. Como señala con acierto Caillois, algunos durmientes acceden a imágenes oníricas premonitorias que luego son constatadas con toda exactitud en el mundo de la vigilia. Esta magnética antología se inicia con un sugerente corpus inédito de antiguas narraciones chinas y continúa con una impecable selección de autores occidentales tan cautivadores y heterogéneos como Apuleyo, Mérimée, Poe, Gautier, Bierce, Kipling, H. G. Wells, Somerset Maugham, Nabokov, Borges, Cortázar o Groethuysen, entre muchos otros. Una delicia… que nos invita a SOÑAR.

–Por qué dormimos. La nueva ciencia del sueño, de Matthew Walker.

Una pregunta que casi todos nos hemos hecho alguna vez… y que ninguno somos capaces de resolver, ni siquiera los expertos en el campo de la neurociencia. ¿O sí? Este magnífico ensayo editado por Capitán Swing arroja luz sobre tan relevante y esquivo tema. Dormir es uno de los temas más relevantes y menos comprendidos de nuestra vida; relevante porque pasamos al menos un tercio de ella dormidos, siendo parte indesligable de nuestra existencia –al menos hasta que seamos cyborgs–; incomprendido por las múltiples manifestaciones del acto onírico y sus implicaciones, desde los sueños dulces a las más terribles pesadillas o problemas mentales relacionados con dicho proceso.

El preeminente neurocientífico inglés y experto en el sueño de la Universidad de California, Berkeley, Matthew Walker, nos propone en estas páginas una deslumbrante inmersión en el propósito y el poder del sueño, explicando con claridad y elocuencia cómo un buen sueño no solo nos hace descansar, sino que dentro del cerebro el sueño reafirma nuestro sistema inmunológico, recalibra nuestras emociones, mejora nuestro metabolismo y regula nuestro apetito, pero además puede hacernos más inteligentes, atractivos y saludables.

De forma casi visionaria, Walker ofrece en este libro ya convertido en bestseller internacional, con razón, una exploración revolucionaria de la actividad de la mente durante el acto de dormir, examinando cómo influye en cada aspecto –ninguno irrelevante– de nuestro bienestar físico y mental. Una obra capital del sueño que podéis adquirir aquí, en versión en papel y también en formato digital, en la web de la editorial.

El oscuro secreto de Okunoshima (Japón)

En breve hablaremos en «Dentro del Pandemónium» de la temible Unidad 757 del ejército japonés, que cometió algunas de las mayores atrocidades durante la Segunda Guerra Mundial en territorio asiático. Pero la brutalidad del ejército nipón también actuó en otros lugares, como Okushima, en ocasiones llamada Usagi Shima –«Isla Conejo»–, una pequeña isla situada en el Mar Interior de Seto, en Takehara, Prefectura de Hiroshima.

Óscar Herradón ©

Este enclave jugó un papel relevante durante la contienda, donde se desarrolló el gas venenoso que los japoneses usaron como arma química en China. Hay que remontarse tiempo atrás, hasta 1925, cuando el Instituto de Ciencia y Tecnología del Ejército Imperial Japonés, dio inicio a un programa secreto para desarrollar armas químicas, a pesar de que el Protocolo de Ginebra de ese mismo año prohibía su uso. Okunoshima fue elegida para este plan por estar aislada y lo suficientemente alejada de Tokio y otras grandes ciudades en caso de un accidente. Así, bajo la jurisdicción de la milicia nipona, el procesador para la preservación de los peces locales –hasta entonces vivían allí únicamente tres familias de pescadores–, fue reconvertido en un reactor de gas tóxico, aunque manteniéndolo en el más absoluto secreto, que produjo hasta 6.000 toneladas de gas venenoso.

Terribles secretos por fin al descubierto

Con el fin de la guerra, los documentos relativos a la producción de armas químicas fueron quemados y las Fuerzas de Ocupación aliadas se deshicieron del gas de distintas formas, obligando a que la población se mantuviera callada a ese respecto. ¿Acaso pretendían utilizar la planta para algún fin desconocido como lo hicieron con instalaciones nazis tras la liberación? Otro secreto más sin desvelar de aquel tiempo.

Aunque parezca increíble, tanto las ruinas de la planta de fabricación del gas como su planta generadora de energía continúan hoy en pie. Lo que más choca al viajero es el fuerte contraste entre los tétricos edificios semiderruidos de la Segunda Guerra Mundial, realmente tétricos, y los miles de conejos que se pasean por la isla. Ahora, la rebautizada como «Isla de los Conejos» es un lugar de gran atractivo turístico –al menos antes del azote del Covid– a donde llega un ferri de forma habitual repleto de curiosos. En 1988, las autoridades abrieron el llamado Museo del Gas Venenoso, un recordatorio para el curioso de los terribles y sórdidos experimentos que se llevaron a cabo en aquellas plantas abandonadas que hoy configuran el paisaje del islote.

La muestra es pequeña, formada por tan solo dos salas, pero un buen ejemplo de lo que allí sucedió en tiempos demoníacos: máscaras antigás, el traje de goma que vestían los trabajadores, al parecer no muy seguro, pues hubo varios accidentes y muchos problemas oculares, y quedan fotografían espeluznantes de los daños provocaba en las personas –incluidos niños– la exposición al gas mostaza, el que se produjo en mayor proporción, y derivados. Se calcula que llegaron a trabajar allí hasta 5.000 personas durante la guerra, entre ellas Reiko Okada, una de las pocas testigos vivas de aquellos hechos que, cuando era una estudiante de 13 años, en 1944, fue movilizada a Okunoshima para trabajar en la fábrica, aunque sus jefes nunca le dijeron qué era lo que manipulaba.

Un años después, Okada fue una de las personas que socorrió a los heridos de Hiroshima –lo que le provocó graves problemas de salud debido a la exposición a la radiación dejada por la bomba atómica–, aunque ella, como tantos, también había contribuido a la guerra química, por lo que hace unos años pidió perdón públicamente.

Siniestros barracones destartalados

Lo que queda de la factoría es solo un reflejo tenebroso de lo que fue: cientos de ventanas rotas y paredes de hormigón erosionadas por el tiempo y cubiertas de musgo, cual si se tratara de un lugar embrujado, a lo que se suman los siniestros barracones de soldados, testigos mudos –o no tanto– de lo que allí sucedió durante la contienda. Aunque parece que circulan historias de aparecidos entre los turistas, lo que no es de extrañar viendo las ruinas, si el edificio estuviera en Estados Unidos no cabe duda de que ya tendría una larga trayectoria de «fantasmas» a sus espaldas, como pasa con Alcatraz o la Penitenciaría Estatal del Este, en Pensilvania.

Aunque parezca increíble, tanto las ruinas de la planta de fabricación del gas como su planta generadora continúan en pie. Lo que más choca al viajero es el fuerte contraste entre los edificios semiderruidos de guerra, realmente inquietantes, y los miles de conejos que se pasen por la isla dando una imagen bucólica, de ternura e inocencia, al conjunto del paisaje. Lo que no saben muchos de los incautos que disfrutan dándoles de comer, acariciándolos o tumbándose entre cientos de ellos, es que en un principio los cándidos mamíferos –los primeros, no los que ahora campan a sus anchas– fueron criados precisamente para que los científicos japoneses probasen en ellos sus terribles armas químicas. Entrañable, ¿verdad?