De la mano de Planeta Cómic nos llega en castellano la esperada novela gráfica que adapta la novela corta Lluvia, de Joe Hill, una historia postapocalíptica aterradora con una doble lectura que advierte de los riesgos de no creer en las advertencias de los expertos sobre la amenaza del cambio climático.
Todo comienza un asfixiante día estival en Boulder, Colorado, Estados Unidos, cuando unos oscuros nubarrones se ciernen sobre el cielo de la población y desatan una terrible lluvia de «clavos»: astillas de metal brillante que atraviesan la piel de cualquiera que esté a la intemperie. Precisamente la macabra y letal lluvia sorprende a la protagonista de la historia, Honeysuckle Speck, que se encuentra en Boulder para encontrarse con su novia Yolanda y comenzar una nueva vida a su lado. La lluvia acabará con la vida de Yolanda y de su madre, sumiendo a Speck en un shock seguido de una profunda tristeza, aunque conseguirá salvar al pequeño Temp, que a partir de ese momento le acompañará en un escenario catastrófico que recuerda en parte a la sobrecogedora novela distópica La Carretera, de Cormac McCarthy.
Los aviones caen del cielo, se colapsan las comunicaciones y la tormenta se irá extendiendo por todo el país de las barras y estrellas y después por todo el planeta, sembrando la desolación y acabando prácticamente con la civilización (algo que bien puede suceder a escala real con los desastres climatológicos que, aunque no descarguen en forma de clavos, son cada vez más frecuentes y tienen consecuencias devastadoras para las poblaciones en las que se producen, una traslación a nuestro mundo real que es palpable a lo largo del relato).
A partir de ese momento asistimos a una historia que en cierta forma ya hemos visto en novelas gráficas como la serie The Walking Dead (y su exitosa adaptación televisiva) o en el videojuego The Last of Us (y su también lograda versión catódica), o en la saga cinematográfica 28 días después y sus secuelas (ahora, recientemente, 28 años después: el Templo de los Huesos, con un camaleónico Ralph Fiennes bailando en una perfomance a ritmo del The Number of The Beast de los Iron Maiden), escenarios apocalípticos dominados por zombies en los que aquellos que representan un mayor peligro no son los infectados sino los propios humanos, lobos con piel de cordero que desvelan su verdadera faceta ante la adversidad y la lucha por la supervivencia, volviéndose depredadores: los gobiernos comienzan a culparse unos a otros del colapso que ha traído la lluvia de clavos y los ciudadanos hacen lo que sea para salvarse, aunque ello implique robar, atacar e incluso asesinar a sus vecinos, amigos y a cualquier otro ser humano.
En esta tesitura, Honeysuckle deberá emprender un viaje (en cierto modo iniciático), que pondrá a prueba sus capacidades y su resistencia, donde, junto a otros compañeros de viaje –no, no todos los humanos son despreciables–, se topará con lo mejor y lo peor de nuestra especie. La novela gráfica adapta la premiada novela corta de Joe Hill, de la mano del guionista David M. Booher (multigalardonado con el Eisner y otros premios). Con un dibujo preciso y muy dinámico, con personajes muy expresivos aún sin ser completamente realistas, obra de la artista británica Zoe Thorogood (nominada también a los Premios Eisner a Mejor Artista Multimedia y Mejor Portadista) y que según asegura el propio Joe Hill en el prólogo «encuentra lo humano en cada imagen de película de terror, los últimos vestigios de calidez en un mundo asolado por tormentas frías y letales»; y con colores vivos en general, que contrastan en ciertos pasajes con fríos y ocres que evocan un estado de ánimo bajo y una situación calamitosa, cosecha de Chris Ryall, Lluvia consigue transmitir todo un cúmulo de sensaciones dolorosas y paralizadoras en las que, sin embargo, no todo está perdido y no falta una llamada a la esperanza y a la capacidad de resiliencia de cada uno de nosotros, protagonistas o lectores.
He aquí el enlace para adquirir esta novela gráfica que fue nominada en 2023 a tres premios Eisner:
Norma Editorial publica las ediciones integrales de una de las cumbres de la historieta, Blake y Mortimer, fruto de la fértil imaginación del historietista británico Edgar P. Jacobs (1904-1987).
Edgar P. Jacobs, como si hubiese nacido de sus propias viñetas, fue un personaje multifacético. Apasionado de la ópera, recibió formación como cantante lírico e hizo sus pinitos en su juventud en dichas lides encima de un escenario. Nacido casi con el siglo, en 1904, fue amigo (y en ocasiones antagonista) de Hergé, el inmortal creador de Tintín, quien no veía con muy buenos ojos el mundo de la farándula en el que se movía Jacobs; de hecho, una anécdota (quizá apócrifa) cuenta que el protagonista de este post inspiró a Hergé el personaje de Bianca Castafiore, diva de divas y estereotipo operístico por antonomasia. Quién sabe. Sí es seguro, no obstante, según recoge el guionista Antonio Altarriba en el magnífico prólogo al primer tomo de la edición integral de Blake y Mortimer que enseguida analizaremos, que el personaje de Jacobini, el cantante de ópera que aparece en El asunto Tornasol dentro de Las Aventuras de Tintín «es homenaje y también guiño de Hergé al que fuera su gran amigo, más allá de sus estrechas pero puntuales colaboraciones».
Portada de la revista Tintín en 1949.
Y es que las aventuras de estos inolvidables personajes tendrían su primera aparición precisamente en la revista Tintín, el 5 de septiembre de 1946. Pero vayamos un poco más atrás: en 1940 Jacobs hubo de dejar de lado su pasión vocal debido a que los alemanes ocuparon Bélgica. Sin embargo, como reza la máxima, no hay mal que por bien no venga, y en el caso de nuestro autor aquella ocupación nazi provocó que se cortara el flujo comercial con los Estados Unidos, enemigos de la Alemania nazi (que, sin embargo, no entrarían oficialmente en guerra hasta el 8 de diciembre de 1941, tras el bombardeo japonés de Pearl Harbor) y las series de cómics proveniente de América, como señala Altarriba, dejaron de llegar a las publicaciones europeas, afectándolas seriamente, como la revista belga Bravo!, cuyas historietas tuvieron que ser o bien interrumpidas o bien asumidas por autores europeos.
Fue el caso del Flash Gordon de Alex Raymond, el célebre space opera que permitiría a Jacobs, de entonces treinta y seis años, demostrar sus dotes como dibujante, creando también para Bravo!, en 1943, El Rayo «U», una serie claramente influenciada por el personaje de Raymond (surgido para competir con las historietas de Buck Rogers, al que pronto superó en éxito y durabilidad), y al que también podemos acercarnos en castellano gracias a Norma Editorial. Será un año después, en 1944, tras la liberación de Bélgica de las tropas nazis, cuando Jacobs conocerá al también belga George Prosper Remi, mundialmente conocido por su pseudónimo, Hergé (al que se ha acusado de ser germanófilo e incluso colaboracionista en plena Segunda Guerra Mundial, asunto delicado que ocupará otro post del Pandemónium).
Hergé contrató a Jacobs como colorista para remodelar y colorear los primeros álbumes de Tintín, y el segundo colaboró también en el dibujo de decorados de las nuevas aventuras del perspicaz periodista de flequillo rubio que empezarán a aparecer en la revista homónima Tintín a partir de su primer número, en septiembre de 1946, precisamente coincidiendo con el nacimiento de sus legendarios Blake y Mortimer. Según Altarriba, Jacobs combinará con maestría el realismo matizado de Raymond y la depuración lineal de Hergé, construyendo un estilo propio, «indiscutiblemente marca Jacobs». Precisamente en el número 1 de la citada revista comenzará la primera de las historias de la serie, El Secreto del Espadón, que el primero volumen integral de las aventuras de Blake y Mortimer recoge al completo junto con El misterio de la Gran Pirámide.
Una dupla inmortal
Blake.
La vibrante serie, una de las cimas del cómic francobelga, sigue las aventuras de dos jóvenes solteros que, al igual que los personajes de Sherlock Holmes y Watson, creados por sir Arthur Conan Doyle, comparten residencia; dos orgullosos británicos que sirven al gobierno de Su Majestad. El capitán Francis Percy Blake es galés y oficial de Su Majestad. Antiguo piloto de la Royal Air Force (RAF), la fuerza aérea que tendría un papel fundamental en la aún reciente Batalla de Inglaterra, llegaría a ser director del servicio secreto británico, el MI5, con un papel capital también en la Segunda Guerra Mundial cuyas devastadoras consecuencias aún se apreciaban en la sociedad en las que se creó la serie. Arquetipo de la compostura británica, el rubio Blake parece frío y distante pero es también combativo y persistente, aunque reflexivo y cauto. Como buen espía, es igualmente ducho en el arte del disfraz para pasar desapercibido.
Mortimer.
Por su parte, el profesor Philip Angus Mortimer, de origen escocés y formado en la India (en tiempos aún del colonialismo), es físico nuclear y uno de los científicos más prominentes del Reino Unido, además de arqueólogo aficionado, como podemos comprobar en El Secreto de la Gran Pirámide, respondiendo al arquetipo de intelectual británico. Es jovial, inquieto, imaginativo y bromista; y es también impulsivo, lo que le hace a veces temerario, metiéndose en los problemas más pintorescos de la serie.
Olrik, el villano.
Su principal antagonista es el coronel Olrik, que aparece por primera vez en el título que inaugura la serie, El Secreto del Espadón, como jefe de inteligencia del dictador oriental Basam Damdu, emperador del Tíbet, tras el estallido de la Tercera Guerra Mundial, argumento nada extraño si tenemos en cuenta que Jacobs ideó la historia cuando aún no había finalizado la Segunda Guerra Mundial y la estrenó poco después de su fin, al comienzo de la Guerra Fría, un tiempo de incertidumbre ante la amenaza invasora de la URSS en el que el propio Churchill barajó la posibilidad de emprender una «tercera» guerra mundial contra Moscú en el marco de la ultrasecreta Operación Impensable ideada por los servicios secretos británicos. Salvándose in extremis de Blake y Mortimer en la primera aventura, Olrik aparecerá en otras historias de la serie, como El Misterio de la Gran Pirámide o La Marca Amarilla, que inicia el segundo tomo integral publicado por Norma, probablemente la historia más famosa y significativa de la dupla protagonista.
Un noir de aventuras… y ciencia
Como señala Álvaro Pons, codirector de la Cátedra de Estudios del Cómic de la Fundación SM y la Universidad de Valencia, en la documentada y sumamente interesante introducción a este segundo tomo (que se complementa con otro suculento texto del guionista y crítico de historieta Jorge García), en el relato «Jacobs unía con elegancia las claras reminiscencias del policíaco británico de Agatha Christie con los mecanismos bien conocidos del vodevil folletinesco de los franceses Allain y Souvestre, consiguiendo que lo que hasta la geografía había decidido dividir permanentemente por el Canal de la Mancha quedase perfectamente maridado en las páginas de la historieta. La estructura del relato usaba con eficacia el andamiaje de la bien conocida novela Y no quedó ninguno [también conocida como Diez Negritos, una de las obras más emblemáticas de Agatha Christie, publicada el 6 de noviembre de 1939, ya iniciada la Segunda Guerra Mundial, que estalló a comienzos de septiembre tras la invasión alemana de Polonia], pero sobre esos cimientos la historia nos recordaba las andanzas de la figura misteriosa del villano Fantômas».
Y la ciencia, también la ciencia: «Por si fuera poco, la narración se desarrolla introduciendo la ciencia con la pasión alegre y predictiva de Julio Verne, pero con la suspicacia y recelo de H. G. Wells, avanzando lo que sería una constante en la serie». Siguiendo al citado autor, Jacobs era perfeccionista hasta lo indecible (sus larguísimas explicaciones en bocadillos interminables que a veces ralentizan el ritmo del diálogo, pero que son marca indisoluble de la casa, lo evidencian): la rigurosidad de sus escenarios, de la geografía que muestra en sus obras… «pero también la ciencia que muestra constantemente en los lances de sus personajes: si algo caracteriza a las entregas que Jacobs firmó de la serie es su pasión por los descubrimientos científicos, que intenta justificar desde el conocimiento al que se accedía en la época».
Un caso paradigmático de todo esto es el relato S.O.S.: Meteoros, que aparece también en este segundo volumen integral junto a la citada La Marca Amarilla y El enigma de la Atlántida (los mitos y la magia también están muy presentes en sus relatos a pesar de la primacía de los avances científico-técnicos); en palabras de Pons, «en sus primeras páginas aparecen una serie de espeluznantes titulares que hablan de horribles acontecimientos climáticos. Olas de calor extremo, inundaciones o violentas tormentas sacuden el planeta, según reza la prensa, en un panorama inquietante similar al que vivimos hoy por la mano humana como el terrible peligro que más acecha a la humanidad».
Algo que cobra gran significancia mientras escribo estas líneas, cuando está sumida España en una ola de calor que ha durado casi dos semanas, sacudida por una ola de centenares de incendios devastadores (de Ourense a Zamora, de Extremadura a Ávila), la mayoría provocados por el hombre, ese ser pérfido de dos patas y en muchas ocasiones poco cerebro, pero que se extienden como la pólvora, imparables, debido a las nuevas condiciones climáticas que han remodelado el paisaje, unido al calor extremo, la incompetencia o inoperancia de las autoridades (locales, autonómicas y centrales) y el abandono de los montes y campos que antes servían de sustento a muchas localidades sobre nuestra piel de toro que poco a poco han sido víctimas del abandono rural y la llamada «España vaciada».
Apenas unos años antes las revistas científicas habían comenzado a lanzar los primeros avisos de los peligros de modificación del clima por la acción humana, por la quema incontrolada de combustibles fósiles y el aumento de la concentración de CO2 en la atmósfera ante la imposibilidad de los océanos por absorber estos gases, lo que daría lugar a un aumento de la temperatura del planeta por el llamado efecto invernadero. 80 años después, estos efectos, como podemos comprobar cada día, son mucho más devastadores, y aumentando.
Antenas H.A.A.R.P.
Pero quizá lo más sorprendente es que, aunque en los años 50 del pasado siglo ya existían proyectos de control y manipulación del clima desde los estamentos militares que alimentaban las teorías de la conspiración (como el proyecto británico Cumulus, también en la década de los cincuenta), «generalmente se basaban en técnicas bien conocidas de siembra de nubes». En palabras de Álvaro Pons, «la propuesta que [en el relato] descubre Mortimer de un sistema de control climático basado en una red de estaciones que usan campos electromagnéticos para poder controlar el clima es una predicción casi perfecta de las elucubraciones conspiranoicas que han envuelto el proyecto H.A.A.R.P. (siglas de High Frequency Active Auroral Research Program), un programa militar de estudio y análisis de la ionosfera que ha sido señalado habitualmente como un complot secreto para controlar el clima y que estaría detrás de las catástrofes climáticas que estamos viviendo», al menos en los delirios y la imaginación calenturienta de los negacionistas, hoy tan activos y armados de «pseudoargumentos» que lanzan sin miramientos en las RRSS. Un discurso, como vemos, completamente actual a pesar de transcurso de tantas décadas.
Estamos, por tanto, ante una de las obras maestras de la bande dessinée del pasado siglo XX, que ahora podemos disfrutar en su totalidad en formato integral (Norma ya ha lanzado tres tomos, y también todas las historietas de forma individual). No tardaremos en volver sobre algunos de los secretos que envuelven a Blake y Mortimer en el Pandemónium, pero hasta entonces recomendamos los volúmenes editados por Norma hasta el momento:
Recomendamos en el Pandemónium el volumen 20 de la imprescindible colección «Biblioteca Conan» que edita Panini. Una joya ilustrada para amantes del género de «espada y brujería».
El legendario personaje creado por el escritor estadounidense Robert E. Howard, Conan el cimmerio, cúspide del género de espada y brujería, fue introducido en el mundo de la viñeta en la década de 1970 con el título Conan el Bárbaro (el mismo de la película protagonizada por Arnold Schwarzenegger en 1982 y dirigida por John Milius), escrito por Roy Thomas, primero en suceder a Stan Lee como redactor jefe de Marvel Comics, a través de una cronología establecida por el propio Howard e ilustrado por Barry Smith, uno de los mayores éxitos de la factoría otrora llamada Timely Publications.
Con el tiempo, Smith sería sustituido por John Buscema, mientras Thomas seguía a cargo de los elaborados guiones. Las historias del cimmerio, que también escribieron Stan Lee, Wally Wood o Jim Owsley y que dibujó, además de Buscema, Alfredo Alcalá o Gil Kane, fueron igualmente adaptadas como tiras de prensa
En los últimos años, en España, son varias las editoriales que han publicado estas apasionantes historias ambientadas en Cimmeria, pero es Panini la que actualmente tiene la explotación de los derechos y está sacando ediciones alucinantes de las mismas en tapa dura. Una de las últimas es, dentro de la colección «Biblioteca Conan», el título La Espada Salvaje de Conan 20. Las hijas de Rhan, que homenajea a la legendaria revista protagonizada por el bárbaro en la que los citados Roy Thomas y John Buscema, entre otros, dejaron algunas de las mejores historias del personaje. Este volumen incluye: «¡El templo del tigre!», «¡Foso de sangre!» y «Las hijas de Rhan», entre otros contenidos.
He aquí en enlace para adquirir el volumen en la web de la editorial, una de las puntas de lanza de la novela gráfica patria: