La Bomba: los entresijos del Proyecto Manhattan

Tras el estreno de Oppenheimer, cinta dirigida por el visionario Christopher Nolan y protagonizada por un inconmensurable Cillian Murphy en la piel del científico que comandó el Proyecto Manhattan, y con la amenaza (no tan) velada de los rusos y sus armas atómicas en el marco de una nueva Guerra Fría, se puso de nuevo de completa actualidad el tema del desarrollo de la bomba atómica durante la Segunda Guerra Mundial. Ahora, Norma Editorial lanza la que probablemente sea la novela gráfica definitiva de aquellos tiempos tumultuosos.

Óscar Herradón ©

La novela gráfica en cuestión es un monumental volumen de 472 páginas que bajo el título de La Bomba ha publicado recientemente la siempre exigente Norma Editorial. Fruto del trabajo conjunto y la creatividad del historietista belga Didier Alcante, el guionista francés Laurent-Frederic Bollée y el ilustrador canadiense Denis Rodier, todos ellos grandes exponentes contemporáneos de la Bandé-dessinée, es un detallado y revelador fresco de cada uno de los participantes en esa carrera atómica contrarreloj en los años más devastadores de la contienda.

Con un trabajo de documentación previo colosal (no en vano, sus artífices tardaron cinco años en completarlo), en sus páginas vemos las dudas existenciales de los físicos y químicos que sentarían las bases de la fisión nuclear, las luchas intestinas de los militares con los políticos para llevar a cabo proyectos que debían permanecer en el más absoluto de los secretos en la era dorada del espionaje internacional, y cómo la tragedia se va palpando, como una muerte anunciada a voces –y también en silencio–, vaticinando el desastre que se avecina sobre la humanidad. Tecnología y ciencia, PROGRESO frente a DESTRUCCIÓN, una dicotomía largamente asentada en la historia contemporánea.

En los trazos en blanco y negro (que lo dotan de mayor sobriedad, y cierta coherencia acorde con aquellos tiempos en que los informativos que abrían las largas sesiones de cine también eran en escala de grises, como nuestro patrio NO-DO, que emitió desde 1942, en plena guerra mundial, hasta 1981) se materializan las inquietudes de físicos y premios Nobel como el italiano Enrico Fermi (que, seguido de cerca por las autoridades fascistas, decidirá exiliarse en Estados Unidos, contribuyendo al avance atómico norteamericano) o el húngaro Leó Szilárd y su amigo alemán, el Premio Nobel Albert Einstein, quienes hubieron de escoger el camino del exilio cuando los nazis llegaron al poder, aventurando la tragedia que se cerniría sobre el pueblo judío pocos años después. Ellos sí lo consiguieron, muchos otros no.

También desfilan por estas sensacionales páginas los científicos alemanes que permanecieron en el Reich (bien por decisión propia, como Heisenberg, bien porque las autoridades hitlerianas les obligaron) y hubieron de trabajar en el desarrollo atómico nazi aún a sabiendas de que su comandante en jefe poseía un hálito destructor imparable. El narrador –el plutonio– hace suya la frase: «Me he convertido en la muerte, el destructor de mundos», una sentencia que se atribuye a Robert Oppenheimer, terriblemente arrepentido de trabajar en la creación de «La Bomba» cuando fue detonada la primera en la prueba Trinity, en el desierto de Nuevo México, momento en que le vinieron a la mente esas palabras del texto cosmogónico hindú Bhagavad-Gita (que, por cierto, obsesionaba a Heinrich Himmler, que consideraba los bastiones helados del Himalaya la cuna de la raza aria).

Precisamente Szilárd y Einstein serían los impulsores de la obtención estadounidense de la bomba atómica al escribir varias cartas al entonces presidente Franklin Delano Roosevelt sobre el peligro que suponía el avance de las investigaciones atómicas alemanas, detonante del ultra-secreto Proyecto Manhattan. Con el tiempo, al igual que su colega Oppenheimer, se darían cuenta del terrible error de construir un arma tan devastadora, pero en aquellos momentos de guerra contra Hitler consideraron que era la única forma de frenar sus aspiraciones megalómanas (sí, la bomba se creó para ser lanzada contra el Reich, pero la claudicación del mismo «obligó» a lanzarla contra los japoneses).

Los autores, en su minucioso trabajo de reconstrucción histórica, tampoco dejan fuera episodios del proceso nuclear bélico mucho menos publicitados y casi desconocidos por el gran público, como el papel desarrollado por los japoneses en dichas investigaciones o cómo los militares que estaban a cargo de la construcción del Pentágono (un proyecto igualmente «top secret» que impulsó la contienda) serían puestos también al frente de la comisión atómica estadounidense.

Con un ritmo endiablado, como el que hubieron de mantener los verdaderos protagonistas en aquellos tiempos de sangre y fuego en el interior de sus laboratorios ultrasecretos para conseguir objetivos palpables, presionados por gobiernos y militares, en la trama, a modo de flashes, también se recuerdan episodios clave de la Segunda Guerra Mundial como el ataque japonés a Pearl Harbor, la derrota del Tercer Reich, y por supuesto el lanzamiento de la bomba atómica sobre Hiroshima, el trágico epílogo largamente anunciado de aquella costosa investigación secreta.

Una verdadera joya gráfica (que Norma nos ofrece en edición cartoné y en rústica –recomiendo la primera, aunque sea a un precio bastante mayor–) que ha sido definida por la empresa de radio difusión pública de Bélgica RTBF como «El cómic definitivo». No sé si me atrevería a decir tanto, pero desde luego estamos ante una de las mejores obras sobre el tema publicadas en los últimos años, y la más completa de BD centrada en la bomba atómica en el marco de la guerra jamás editada. Una auténtica delicia para apasionados del cómic y de la historia que podéis adquirir en el siguiente enlace:

https://www.normaeditorial.com/ficha/comic-europeo/la-bomba-cartone

Contrition (Norma Editorial)

Con este post recomendamos en el Pandemónium uno de los últimos títulos lanzados por Norma Editorial, una novela gráfica cruda y desasosegante, pero que atrapa con fuerza al lector y que aborda delicados temas a través de una trama llena de giros inesperados, un auténtico noir en viñetas que demuestra el gran nivel del noveno arte patrio actual.

Óscar Herradón ©

Esta semana he tenido el placer de sumergirme en una de las últimas novedades de Norma Editorial, Contrition, y lo primero que he de decir es que no te deja indiferente. Conforme avanza la trama a través de las páginas de un thriller absorbente y oscuro, más ganas tienes de continuar leyendo, pero penetras en un sórdido universo que no es para todos los públicos, tratado por sus autores con una sutileza notable que recuerda a lo que en 2022 hizo en la pantalla grande Carlos Vermut con Mantícora.

Firmado por Carlos Portela y Keko, es un viaje sin retorno a la podredumbre de la sociedad, a la marginalidad y a aquello que intentamos pensar que no existe, a pesar de ser una persistente realidad. Los personajes que caminan por sus páginas son antiguos pedófilos, pederastas, gentes que cualquiera de nosotros querría hacer desaparecer pero que al final, cumplida su condena, han de vivir en la sociedad, una sociedad que como es lógico los menosprecia, pero a su vez ha de velar por su seguridad. ¿Qué sucede entonces cuando uno de estos individuos es víctima de un crimen? ¿Cómo se comportan las autoridades ante su desaparición?

Un viaje a las tinieblas de la sociedad

Contrición (traducción al español de Contrition) en la teología cristiana es y se da en el sacramento de la penitencia, y la RAE define el término como «arrepentimiento por haber obrado en desacuerdo con la voluntad de Dios y propósito de no volver a actuar mal en adelante». Sus autores no podían haber elegido un título mejor por su doble sentido, aunque en la historia realmente responde a una localidad perdida en el condado de Palm Beach, en Florida, donde muchos ex convictos por delitos sexuales viven apartados de la sociedad en base a las duras leyes del Estado, parias marginados del mundo que no obstante son señalados: en las puertas de sus casas un cartel de la administración advierte que allí reside un depredador sexual.

Con un pulso narrativo envidiable, trazos en blanco y negro (con un fuerte predominio del tono oscuro y las sombras) que encajan a la perfección con la naturaleza de lo narrado, en Contrition, con este incómodo marco narrativo como escenario, comenzará una historia de venganza y redención, un thriller lleno de giros (Portela demuestra ser un maestro en este punto) que no decae ni un segundo hasta su –inesperado– desenlace.

Uno de estos delincuentes sexuales, Christian Nowak, muere durante un fuego en su casa, y mientras las autoridades determinan que todo se debe a un accidente, la infatigable periodista de investigación local Marcia (una mujer empoderada que debe compaginar, no sin dificultades, su trabajo con su vida familiar) descubrirá que hay algo más: el cadáver calcinado parece corresponder al de otra persona. ¿De quién se trata? ¿Dónde está entonces el temido pederasta?

Sin duda, una de las mejores novelas gráficas españolas de lo que llevamos de este 2023, una historia en la que salen a la palestra cuestiones metafísicas de gran complejidad y otras morales que el ser humano prefiere seguir ignorando: ¿es el mal algo inherente únicamente a descarriados, pervertidos, psicópatas, sádicos o asesinos o late dentro de todos nosotros? Además de abordar un delicado asunto, como es el de preguntarse si estos individuos tienen derecho a la reinserción (está claro que según la sociedad no, pues aunque cumplan la condena judicial, jamás se librarán de ella, pues como escribe en el exquisito prólogo Antonio Altarriba, la etiqueta de «depredador sexual» les acompañará a donde quiera que vayan), por las páginas de Contrition planean otros temas de absoluta actualidad como el bullying, el ciberacoso o los límites de la libertad de expresión.

A su vez, la novela gráfica plantea algo arriesgado como difícil de responder: ¿es posible la redención, incluso cuando el que la busca está muy cerca de ser un monstruo?

Un enemigo del pueblo. La adaptación gráfica

Planeta Cómic publica la adaptación al cómic de una de las obras más emblemáticas del dramaturgo Henrik Ibsen. Un discurso pleno de actualidad en tiempos de convulsión política donde se evidencian los problemas que ponen en jaque a la democracia: la corrupción, la doble moral o la falta de credibilidad de los medios de comunicación.

Por Óscar Herradón ©

En 1882 el dramaturgo y poeta noruego Henrik Ibsen (1828-1906) publicaba Un enemigo del pueblo (En Folkefiende), una obra que, con más de un siglo a sus espaldas, goza de completa vigencia en la actualidad: la historia del malogrado doctor Thomas Stockmann y de la ciudad en la que vive, donde su balneario, «La Ballena Feliz», es el principal atractivo turístico y fuente de ingresos de la comunidad. Idea concebida por el protagonista, será precisamente su hermano, el corrupto y fanfarrón alcalde Peter Stockmann (personaje que de haber sido creado hoy bien podría ser un trumpista) quien se la apropie y la exprima en su propio beneficio.

Un día, debido a varias infecciones dermatológicas entre los turistas que visitan el balneario, Thomas decidirá mandar sus aguas a analizar y descubrirá que contienen un agente contaminante a causa de la imprudencia del consistorio y la empresa constructora a la hora de realizar el trazado del edificio. A partir de entonces, el médico iniciará una lucha por sacar a la luz la verdad a través de una serie de artículos de prensa.

Pero pronto se verá neutralizado e indefenso ante la corrupción de todo el sistema: los poderosos, los propietarios y también los periodistas, quienes en un principio lo bautizaron por sus hallazgos como «el amigo del pueblo» pero que debido a los intereses creados (y a un cheque extendido por el alcalde para apaciguar los ánimos) no tendrán problema en rebautizarlo ante una opinión pública maleable y acrítica como «el enemigo del pueblo». Y eso que el rotativo La voz del pueblo afirmaba ser azote de aquellos que ostentan el poder…

Un discurso de plena vigencia que habla de políticos expertos en manipular el lenguaje (y por tanto los hechos que se esconden tras sus palabras), y del cuarto poder como vehículo de promoción de los que mandan, unos medios que enarbolan a los cuatro vientos la bandera de una independencia que no cumplen; también se denuncian los intereses particulares enmascarados bajo la noción del «bien común», donde las ambiciones del capital se anteponen a la protección de la vida y del medio ambiente –un medio ambiente mucho más dañado 120 años después de la publicación de la obra teatral–. Ibsen tampoco se olvida de denunciar la manipulación de la opinión pública y la maleabilidad del pueblo a la hora de juzgar los hechos de un hombre bueno reconvertido en paria.

Una magistral adaptación al cómic

Ahora, más de un siglo después de su primera representación teatral, Javi Rey revisita la obra de Ibsen en una historia cautivadora envuelta en una sorprendente reflexión sobre el concepto de democracia en tiempos en que esta está en peligro por el auge de los extremismos (de ultraderecha, claro, pero también de la izquierda radical que no admite disidencias) y políticas populistas.

Rey presentó en 2016 la adaptación al cómic de la novela Intemperie (publicada por Seix Barral en 2013), del escritor Jesús Carrasco, también editada por Planeta Comic y que le valió el Premio a Mejor Autor Revelación en el Salón del Cómic de Barcelona 2017. Con un trazo realista y de colores vivos (aunque utiliza con maestría los tonos opacos, los grises y los colores oscuros cuando la trama lo requiere), en Un enemigo del pueblo se adivinan influencias de Hergé, André Juillard o en palabras del propio artista, de Miguelanxo Prado; una novela gráfica que es un disparo a la conciencia, una historia cuyas problemáticas siguen de plena actualidad en 2023.  He aquí el enlace para adquirirla:

https://www.planetadelibros.com/libro-un-enemigo-del-pueblo/361555