Maurice Bavaud, entre las sombras

Se han registrado al menos hasta 42 intentos de acabar con la vida de Adolf Hitler. Ninguno de ellos logró su objetivo, pero varias de estas tentativas magnicidas estuvieron muy cerca de eliminar al líder del Tercer Reich. Uno de los hombres que se acercó peligrosamente al Führer fue el seminarista suizo Maurice Bavaud, cuya historia, que es necesario reivindicar, se recuerda en una novela gráfica de reciente aparición.

Óscar Herradón ©

Uno de los intentos que menos trascendió, a diferencia de la llamada Operación Valkiria –llevada al cine por Bryan Singer en 2008 con Tom Cruise en el papel del coronel alemán Claus Von Stauffenberg– fue un plan para atentar contra el líder nazi ideado por el Grupo de Operaciones Especiales británico, el SOE, creado a instancias de Winston Churchill y encargado de sabotajes y atentados tras las líneas enemigas.

Hitler en el Berghof en 1936.

En una carta fechada el 20 de junio de 1944, el general Colin Gubbins escribió a sir Hastings Ismay, subsecretario del Gabinete de Guerra inglés, informándole sobre dicho complot cuyo origen se remontaba a 1941 y que fue aprobado por todos los departamentos. Sin embargo, la operación fue abandonada debido a un cambio repentino en los acontecimientos, cuando se produjo el fallido intento de atentado citado en la llamada Guarida del Lobo. El Plan, bautizado como “Foxley”, pretendía utilizar a un francotirador en el Berghof, la residencia de Hitler en Berchtesgaden, el conocido como “Nido del Águila”, en los Alpes bávaros. Aunque la operación se canceló, la inteligencia británica llegó a redactar un grueso informe de 120 páginas, firmado por un agente identificado con el nombre en clave de LB/X.

Bavaud, una «misión divina»

Elser

Uno de los «lobos solitarios» que intentó acabar con la vida del Führer fue el campesino y carpintero suabo Georg Elser, responsable del atentado en la cervecería Bürgerbräukeller de Múnich el 8 de noviembre de 1939 que a punto estuvo de liquidar al dictador, pero hubo más.  Precisamente un año antes de atentado de Elser –el número 21 de los registrados–, en 1938, en el mismo lugar y en la misma fecha (Múnich, 8 de noviembre), como si el destino los hubiera puesto de acuerdo, el seminarista suizo –estudiaba teología católica con la intención de convertirse en misionero– de 22 años Maurice Bavaud, que consideraba al líder nazi la misma reencarnación del anticristo, hizo lo propio.

Gerbohay

Bavaud pertenecía a un grupo anticomunista de estudiantes en Francia –estudiaba en el seminario de Santa Ilan, en una comuna francesa en Bretaña–, llamado Compagnie du Mystère. Su líder, Marcel Gerbohay, una suerte de iluminado que afirmaba descender de la dinastía Romanov –pretendía que cuando el comunismo fuese aniquilado estos volvieran al poder en Rusia con él en el poder–, influyó considerablemente en Bavaud al convencerle de que la muerte de Hitler ayudaría a materializar dichos planes.

Bavaud

Maurice realizaría su tentativa de magnicidio durante el desfile conmemorativo que realizaba el mismo recorrido que antaño hicieran los “Mártires del Movimiento” del NSDAP para hacerse con el gobierno bávaro. Bavaud había comprado una entrada para el festejo fingiendo ser un periodista suizo. En un tramo previamente escogido del recorrido, donde se erigía la iglesia del Espírito Santo, intentó disparar sobre Hitler con una pistola semiautomática Schmeisser de 6,35 milímetros –que había comprado en Basilea–, pero tuvo que abandonar su idea al ver que el Führer se dirigía al otro lado de la calle en lugar de pasar por el centro, como tenía previsto, para saludar a un grupo de acólitos. Ironías de la vida.

Monumento honorífico.

Tras abandonar su plan, el día 9 intentó regresar a París en tren, con la idea de realizar un segundo intento, sin embargo, tuvo la mala suerte de ser descubierto en el convoy sin un billete válido y con la pistola escondida. El revisor avisó a las autoridades y la Gestapo lo detuvo y después lo sometió a un brutal interrogatorio, usando la tortura, como acostumbraban. Acabó confesando su plan magnicida y a pesar de las presiones de su familia, la no intervención del Gobierno suizo hizo que fuese guillotinado en la cárcel de Berlin-Plötzensee el 14 de mayo de 1941, a los 25 años.

Hoy, aquel joven estudiante de teología es considerado un héroe nacional en su país natal. Ello fue posible gracias a la perseverancia de su padre, que no cejó en su empeño de rehabilitar su buen nombre. En 1956, consiguió que Alemania revocara la sentencia de muerte de Maurice y que el Estado germano pagara 40.000 francos suizos en concepto de reparación.

PARA SABER MÁS:

Hace unos meses, HarperCollins Ibérica publicaba una cautivadora novela gráfica protagonizada por este fascinante e injustamente olvidado personaje para darle nuevamente voz y que fuera conocido por las nuevas generaciones.

Es obra del periodista y guionista parisiense Pat Perna con ilustraciones de François Ruizgé. Con un dibujo realista y una ambientación soberbia (a pesar de que combina historia real con personajes ficticios, lo que en este caso es un acierto), la historia comienza en plena Guerra Fría, en medio de un Berlín dividido, cuando el periodista Guntram Muller se interesa por el juicio de Maurice Bavaud, ejecutado como hemos visto en el post en 1941 acusado de conspiración por los nazis. El periodista se pregunta: ¿Era un loco, un asesino solitario? ¿Un espía de una organización secreta? ¿Recibía órdenes de los aliados o por el contrario de algún allegado del mismo Hitler? ¿Cómo pudo acercarse tanto al líder del NSDAP en plena efervescencia de su poder?

Las apariencias rara vez se hacen realidad y los héroes están hechos para suscitar vocaciones. Una de las obras más reveladoras de la bande-déssinee de los últimos años, un relato intimista que hay que leer de forma pausada, apto para amantes tanto de la novela gráfica como de la historia e incluso del noir. He aquí el enlace para adquirir esta joya en la web de la editorial:

Diente de Oso (Integral): el ascenso del nazismo y la II Guerra Mundial vistos a través del cómic

El veterano guionista marsellés Yannick Le Pennetier (cuyo nombre de guerra es Yann) y el diseñador de cómics belga francés Henriet, llevan años dando forma a una serie gráfica fascinante que, ya concluida, Norma Editorial publica en formato integral: Diente de Oso. Una aventura vertiginosa en el marco de la Segunda Guerra Mundial que aúna belicismo y drama, y que es también un thriller político y un relato histórico fiel a una época de extremos.

Por Óscar Herradón ©

Narrada en parte a través de flashbacks y desde los puntos de vista de los tres personajes principales, se trata de una de las obras más aclamadas de los últimos años dentro de la amplia oferta que conforma la bande-dessinée. El primer volumen se publicó en 2016 y desde entonces no ha hecho sino cosechar seguidores, no solo en los países del ámbito natural del género (básicamente la Europa occidental), sino en todo el planeta, y no es extraño que suceda así, pues es un relato que mezcla elementos sempiternos de la literatura (el amor, la traición, la venganza, el paso de la adolescencia a la edad madura, la desesperanza…) con una trama bélica de espionaje y trasfondo político (por supuesto, de denuncia del nazismo, pero también un alegato del horror de la guerra en todas sus formas), regado de adrenalítica acción, digno homenaje a la viñeta de aventuras de toda la vida.

La obra tiene detrás un trabajo de documentación absolutamente deslumbrante. Si bien no soy un gran conocedor del trabajo previo de sus autores, ni un lector decano de novela gráfica –que, por otro lado, cada vez me cautiva con mayor fuerza y me parece incluso más atractiva que mucha de la colosal oferta literaria (al uso). Nunca es tarde si la dicha es buena que reza el proverbio–, la Segunda Guerra Mundial y el Tercer Reich sí son temas en los que me he sumergido bastante más tiempo, aunque sean inabarcables, así que dicho trasfondo documental y despliegue informativo sobre la época en cuestión, Entreguerras desde el ascenso de Hitler al poder y la Segunda Guerra Mundial, me atrajo desde el principio y es uno de los fuertes del cómic, perfectamente engarzado a la trama de ficción y a las singularidades de los personajes.

Novela (gráfica) de aprendizaje

Los tres principales, Max, Werner y Hanna, adolescentes preñados de matices que evidencian que, a pesar del horror y el desprecio hacia el otro, no todo es blanco y negro en la vida, ni todo el mundo se ajusta a la perfección al rígido papel de criminal o de héroe: unos y otros titubean, aman, odian, lloran, sienten miedo… hasta los nazis más recalcitrantes. Con respecto a los criminales, encoge el alma reconocerlo, pero así es, y es algo que saben transmitir con coherencia sus autores a través de la amplia amalgama de identidades que surcan la novela gráfica (desde el ferviente nazi que empieza a cuestionar la loca cruzada de conquista de su Führer al miembro de la Restistencia que tortura a un alemán hasta la muerte en pro de su misión).

Tres niños distintos marcados por un mismo destino enmarcado en los terribles años de la mayor guerra conocida por el hombre. Un joven checo de origen judío (Max), un alemán «de sangre pura» (Werner) y una alemana de gran coraje (Hanna) que acabará militando en las fuerzas armadas alemanas en la contienda. Distintos (distancia que se acentuará a causa de la política racial tras el ascenso de Hitler a la Cancillería) que, sin embargo, en su infancia y primera adolescencia, además de su amistad –y por ende inocencia que se irá tornando en desencanto en la vida adulta–, comparten un sueño en común: surcar algún día los cielos como pilotos. Lo acabarán haciendo (Hanna, de hecho, será una piloto de élite de la Luftwaffe), pero en los convulsos años de la Segunda Guerra Mundial, tras mucho tiempo sin saber los unos de los otros, cada uno con sus fantasmas y sus secretos, y aparentemente enfrentados entre ellos.

Su infancia transcurre en la Baja Silesia (trasunto de numerosos rincones multiétnicos del Viejo Continente antes de la tragedia nacionalsocialista), una región poblada por judíos polacos, alemanes y checos. Un guiño a la infancia del guionista, el legendario escritor marsellés Yann, quien pasaba las horas muertas viendo entrenar a los legendarios Fouga Magister (entrenador biplaza a reacción de origen francés) en su ciudad natal. Se nota que su pluma está a cargo de los diálogos, con un dominio absoluto del ritmo del noveno arte.

Como apasionado de la aviación, la serie Diente de Oso tiene numerosas referencias aeronáuticas y por tanto, la fuerza militar que cobra más importancia en el marco del Reich es la citada Luftwaffe, la fuerza aérea alemana que comandaba el orondo Hermann Göring y cuya sede, el Ministerio de aviación del Reich, fue uno de los pocos edificios que permaneció en pie, en bastante buen estado, tras los implacables bombardeos aliados sobre la ciudad, actual Ministerio de Finanzas, de obligada visita si uno se acerca a la capital alemana, muy cerca de la antigua calle Prinz Albrecht Strasse, donde se erigía la sede de la temible Gestapo nazi.

Un certero fresco de la Segunda Guerra Mundial

ALSOS

Por las páginas de Diente de Oso pasean reclutas de la Hitlerjugend (las Juventudes Hitlerianas), miembros de la Resistencia polaca, oficiales de las Werwolf nazis (una fuerza irregular que hacia el final de la guerra ayudaba a la Wehrmacht luchando contra los aliados como una guerra de guerrillas) y agentes de la OSS (Office of Strategic Service), la agencia de inteligencia militar antecesora de la CIA comandada por el general William J. Donovan, que también existió realmente, un personaje sobre el que se cuentan numerosas historias, y que fue, además, el inventor de la pistola con silenciador. Y operaciones secretas con un trasfondo histórico también muy real, como la Operación Paperclip y la Operación Alsos, a través de las cuales los americanos intentaron evitar que los alemanes desarrollaran la bomba atómica, y de paso hacerse con los científicos más prominentes del proyecto nuclear nazi, que pasarían a trabajar bien para EEUU, bien para la URSS, en el nuevo orden geopolítico mundial que se avecinaba, la Guerra Fría.

Por la trama se mencionan –y tienen especial interés– las llamadas «Armas Secretas» y «Armas Milagrosas» desarrolladas por la maquinaria nazi y defendidas con tesón por el ministro de Propaganda, Joseph Goebbels, desde los cohetes V2 al Ho XVIII Amerika Bomber, un proyecto –real– de bombardero intercontinental basado en el diseño del Horten Ho 229, cuyo objetivo era bombardear algún importante núcleo de población en EEUU y que tendrá un papel destacado en el relato.

El título, aunque en principio pueda parecer extraño para quien se acerca por vez primera a las páginas de la novela gráfica, se debe a un amuleto hallado por los tres muchachos en sus años felices en una caverna y extraídos del cráneo de un oso cavernario (con su consiguiente rito «pagano» de por medio, algo muy del gusto de los ariosofistas de Entreguerras). En definitiva, una novela gráfica que ahora, gracias a la siempre vanguardista labor de Norma Editorial, podemos disfrutar en formato de lujo integral y con un sorprendente «Making Of» con numerosos bocetos y entrevistas a los autores. Y para quien prefiera los volúmenes de forma independiente, Norma también los publicó en su momento y parece que aún están disponibles. He aquí el enlace para el Integral (no os arrepentiréis de tenerlo, y lo devoraréis):

https://www.normaeditorial.com/ficha/comic-europeo/diente-de-oso/diente-de-oso-edicion-integral

Klimt, de Cornette y Marc-Renier

Gustav Klimt fue uno de los grandes pintores del modernismo. pero también fue un personaje pintoresco, una «celebrity» de la noche austriaca y un mujeriego empedernido al que se le cuentan cientos de amantes, aunque, paradójicamente, muy celoso de su vida privada. Ahora, Norma Editorial publica una novela gráfica inspirada en el creador del inmortal cuadro «El Beso» y una ingente obra artística, mucha de ella, por desgracia, perdida a manos del fuego, toda una iluminadora muestra de bande-dessinée del guionista belga Jean-Luc Cornette y el dibujante franco-alemán Marc-Renier.

Por Óscar Herradón ©

Una colorida obra encuadrada en la bande-dessinee con una portada tan hermosa como los cuadros del propio Klimt. En realidad, se trata de un libro de historietas encuadernado en cartoné de 56 páginas que contiene la traducción del original publicado por Glénat en 2017 para el mercado francobelga y que ahora Norma edita en un volumen único.

Pero sus autores, a través de un dibujo muy cuidado y realista –a veces casi preciosista, como sus pinturas– y un guión diferente y fluido, no hacen un «biopic» al uso traducido al lenguaje de la viñeta, sino que se centran en la hermosa –y controvertida– relación del artista con sus musas (muchas de ellas también amantes), la admiración que le brindan sus mecenas, el matrimonio Bloch-Bauer, las muchas sombras que lo atormentan y que se manifiestas durante el sueño en forma de pesadillas, así como la siempre tensa relación entre el pintor y las autoridades, además de ciertos colectivos de profesionales que, como los médicos o los periodistas, serán objeto constante de sus críticas y enfados.

Y es que, aunque los cuadros de Klimt estén preñados de oro, no lo están por la ostentación del lujo, muy al contrario, era un hombre bastante humilde, rodeado de pocas comodidades, que vivía con su madre y desentonaba por su extravagancia (con su pelo alborotado y la túnica que solía llevar como indumentaria) y que se mostró muy cercano con los jóvenes pintores que acudían a pedirle consejo, al contrario que otros genios del pincel contemporáneos.

Si sus pinturas son conocidas por el empleo del pan de oro, la explicación se encuentra en que su padre, Ernst, era orfebre y grabador profesional, y el pequeño Gustav (así como su hermano Ernst, también pintor) estuvieron desde muy pequeños en contacto habitual con el metal precioso –y ya sabemos lo que marcan los años de infancia a las personas. Cuanto menos a un artista–.

Mecenas, amantes y escándalos…

Adele Bloch-Bauer

El matrimonio Bloch-Bauer conoció al pintor austriaco seis años antes de los hechos que se narran en el libro, cuando Klimt expuso las obras que le había encargado el gobierno: la decoración de las pechinas de la escalera del Kunsthistorisches Museum, y recibió críticas feroces de la sociedad vienesa contemporánea, que llegó a tildar sus pinturas de orgiásticas y pornográficas, sucias e inmorales. Unas obras en las que Klimt comenzó a desmarcarse sutilmente del modelo académico dominante inspirándose tanto en las estampas japonesas como en el simbolismo. Aquellas pinturas desagradaron a muchos pero cautivaron a la señora Bloch-Bauer, de la que el pintor se convertiría en gran amigo… y, puestos a elucubrar, quizá en su amante.

El cómic se centra en el encargo, en 1907, de retratar precisamente a Adele, lo que los invitará a rememorar las circunstancias en que se conocieron y los avatares vividos en el transcurso de este tiempo. La naturaleza del encargo propiciaría el nacimiento de una de las grandes obras del maestro de Baumgarten, un retrato conocido como «la Gioconda Austriaca».

Las críticas a su trabajo arreciaron principalmente a partir del inicio del nuevo siglo, y eso que llevaba años siendo el enfant terrible de la escena artística austriaca. A principios del XX, la prensa llegó incluso a cuestionar su salud mental, y lo cierto es que los trazos de la novela gráfica sugieren que el genio de los dorados no era lo que se dice alguien completamente equilibrado. Cosa de artistas. Sin embargo, mientras los encargos públicos eran cada vez más escasos en su país, gozaba de un prestigio excepcional en el resto de Europa.

Su pintura, sin embargo, después de 1918 (el año en que murió tras sufrir un infarto, una neumonía y una gripe, dejando en su taller un considerable número de obras inacabadas) sería rechazada por anticuada y demasiado decorativa, y muchas de sus grandes creaciones serían fruto de las llamas y del expolio a manos de los nazis durante la Segunda Guerra Mundial, lo que ha hecho que hallamos perdido verdaderas joyas de la historia del arte. A finales de los años 70 resurgió el interés por su obra y hoy sus cuadros son unos de los más cotizados y célebres de todo el mundo: en 2006, su retrato Adele Bloch-Bauer I se convertía en el cuadro más caro de la historia al comprarlo el magnate Ronald S. Lauder por 106,8 millones de dólares.

Flöge

En la novela gráfica también aparece, aunque sucintamente, la mujer con la que Klimt pasaría el resto de su vida tras conocerla durante la primera década de 1890: la diseñadora de moda Emile Louise Flöge, una tormentosa relación de pareja que fue motivo de acalorados debates entre los historiadores, pues está documentado que el artista le fue reiteradamente infiel a su esposa, con la que tendría ¡14 hijos! Una vida sin duda de novela (en este caso gráfica) que cautivará a cualquier apasionado del arte, y del cómic.

He aquí el enlace para adquirir el cómic:

https://www.normaeditorial.com/ficha/comic-europeo/klimt

La Belle Époque

Y ya que hablamos de una época a caballo entre el siglo XIX y el XX, recomendamos en el Pandemónium una novela que, sin nada que ver con Klimt, se desarrolla en el tiempo en el que el pintor austriaco realizó algunas de sus obras más importantes y además uno de los personajes, Toulouse-Lautrec, fue contemporáneo del autor de El Beso y ambos fueron vanguardia del modernismo. Se trata de El Enigma del Salón Victoria, de Antonio Puente Mayor, un vertiginoso thriller que tiene como escenario principal dicho salón, aunque hay otras localizaciones como San Sebastián, Moravia, Praga, París, Madrid o Londres en aquellos cautivadores años de la denominada Belle Époque.

El Salón Victoria se hallaba en el palacio regio construido para las vacaciones de la emperatriz Eugenia de Montijo en Biarritz, que le dio dicho nombre en honor a la reina victoria de Inglaterra; hoy es el lujoso Hôtel Du Palais. Precisamente ahí arranca la trama de la novela. En su interior se despiertan los cinco famosos protagonistas tras una noche de celebración: Arthur Conan Doyle, creador de Sherlock Holmes y apasionado del contacto espírita, el ingeniero Gustave Eiffel, el neurólogo Sigmund Freud, el pintor Henri de Toulouse-Lautrec y el compositor italiano Giacomo Puccini, quienes deberán echar mano de sus habilidades para desentrañar el misterio que se cierne sobre ellos tras aquella noche de desenfreno y que les impide salir del salón hasta ser completamente resuelto.