Hemos hablado hasta la saciedad de Trump en el Pandemónium, y no es para menos, teniendo en cuenta la relevancia y presencia continuada del personaje (o personajazo), principalmente en este su segundo mandato no consecutivo, realmente incendiario. Alandete es corresponsal en Washington de ABC, COPE y Telemadrid, y fue reconocido en 2025 con el Premio al Mejor Corresponsal Español del Club Internacional de Prensa. El libro nace, según ha explicado su autor, de sus crónicas diarias desde la capital estadounidense y de una conversación en el Despacho Oval con el propio Trump que le empujó a escribirlo (no es cualquiera el que puede mantener una conversación privada con el comandante en jefe de la primera potencia mundial, por «tronado» que este pueda o no estar).
Del destierro de Mar-a-Lago a la venganza sin fin
Mar-a-Lago, Palm Beach, Florida.
La primera parte, titulada «Desde el exilio», retrata Mar-a-Lago, la lujosa residencia que el magnate tiene en Florida y a donde se llevó numerosos documentos de alto secreto (que serían requisados más tarde por el FBI, lo que no impidió que volviera a ocupar el Ala Oeste de la Casa Blanca), como un laboratorio estratégico desde el que Trump reconstruyó el Partido Republicano tras la derrota de 2020 y el asalto al Capitolio, con la estratega Susie Wiles como pieza clave de ese regreso. Alandete sostiene que el atentado en el que una bala le rozó la cabeza (atentado cometido por el joven de 20 años Thomas Matthew Crooks en un mitin en Pensilvania el 13 de julio de 2024) fue el instante decisivo que garantizó a Trump la victoria electoral sobre Kamala Harris en las presidenciales que se celebraban ese año, apelando a esa épica de la imagen que tanto gusta al electorado estadounidense. A partir de ahí, según describe el propio periodista, se despliega una «venganza sin fin» que purga, en sus propias palabras, el partido, el Gobierno federal, la judicatura y hasta las instituciones internacionales.
Anécdotas que no suelen llegar a España
Rutte con Trump en 2019.
Entre el material más singular que recoge el libro está la influencia de la activista Laura Loomer sobre decisiones de Estado, o los mensajes del secretario general de la OTAN, Mark Rutte, dirigiéndose a Trump como «Daddy» y firmando como «tuyo» (un pelota en toda regla de toda la vida, vamos). El propio autor aparece como personaje secundario de su propia crónica: relata cómo el irreverente y combativo ministro Óscar Puente (al que algunos tildan de «perro de presa» de Pedro Sánchez) le acusó de «traidor» en la televisión pública después de que repreguntara a Trump sobre el gasto en Defensa de España, un episodio que Alandete usa como hilo conductor de la tensión entre su oficio y el Gobierno español.
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Segundo gabinete de Donald Trump en 2025 (unos cuantos ya no están).
En conjunto, el libro tiene su principal baza en ser un testimonio de primera mano –con el valor añadido de la mirada de un corresponsal que ha sufrido en sus propias carnes el fuego cruzado entre Washington y Madrid–, algo que no puede decir cualquier periodista, más que como un intento de explicar en profundidad el fenómeno trumpista que, no obstante, está cubierto por una nutrida bibliografía. Ya en el Pandemónium reseñamos recientemente otra novedad de La Esfera centrada en el controvertido presidente republicano y su relación con Rusia: Nuestro hombre en Washington, del periodista galo Régis Genté. A través de las páginas de Objetivo venganza, el lector podrá revivir con buen pulso narrativo el primer año y medio de la segunda presidencia de Trump en una lectura ágil y bien informada.
Nuestro hombre en Washington es un libro polémico, y a la vez revelador. Habrá quien no apoye la propuesta del autor, pero sin duda no dejará a ningún lector indiferente. En unos tiempos en los que Donald Trump, cerca del ecuador de su segundo mandato no consecutivo, incendiario –y a veces, delirante–, con la geopolítica desnortada y una incertidumbre que avecina crisis en los mercados financieros, no está de más conocer algunos de los aspectos más oscuros –y no son pocos– del inquilino actual de la Casa Blanca.
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El ensayo es una investigación periodística que ambiciona desvelar las claves ocultas de la larga y ambigua relación entre Trump y Rusia, desde sus primeros contactos con figuras ligadas al KGB en los años setenta (no olvidemos que el propio Putin formó parte de la agencia de inteligencia justo antes de la desintegración de la Unión Soviética) hasta los contactos entre Washington y Moscú en estos agitados tiempos del magnate neoyorquino nuevamente en el Ala Oeste. No es una tarea sencilla, desde luego, teniendo en cuenta que, aunque han trascendido no pocas filtraciones tras el escándalo del llamado «Russiagate», la mayor parte de las informaciones y documentos sobre este turbio asunto llevan el marchamo de alto secreto, de las agencias estadounidenses, pero también de las rusas.
¿Garganta profunda?
Su autor es Régis Genté (que en La Esfera tiene también el libro Volodimir Zelenski. En la mente de un héroe, escrito con el también periodista y corresponsal Stéphane Siohan), especialista en Rusia y el espacio postsoviético. Corresponsal de RFI, France 24 y Le Figaro, y residente en Georgia desde hace más de 20 años, dota al relato de un gran conocimiento de la geopolítica, clave en tales asuntos de relaciones (y ocultamientos) internacionales. Para Genté, Trump sería, desde hace décadas, nada menos que una suerte de «contacto confidencial» de los servicios secretos rusos (de ser cierto, sería alta traición, más si tenemos en cuenta que se trata del comandante en jefe de los Estados Unidos de América, principal adversario geopolítico de Moscú), algo que habría resultado enormemente útil a los objetivos de la política exterior del Kremlin.
Régis Genté (La Esfera)
Según la tesis del autor, que defiende de manera rotunda, lejos de ser un accidente de la historia, la cercanía de Trump con Moscú respondería a una espesa red de intereses económicos, políticos y personales que lo han convertido en un inesperado y peligroso aliado del Kremlin. Un relato vertiginoso –habría que saber hasta qué punto verosímil, el tiempo lo dirá– en el que se dan la mano espías, mafiosos exiliados, oligarcas y diplomáticos que habría favorecido el ascenso del magnate neoyorquino hasta el primer sillón de la nación hasta el momento más poderosa del mundo.
Bannon.
Nadie olvida lo que sucedió en 2016 con la filtración masiva de emails de la candidata demócrata Hillary Clinton, práctica favorecida desde Moscú y realizada entre otros por Wikileaks, así como la todo lo llevado a cabo en Cambridge Analytica (cuyo vicepresidente fue precisamente uno de los antiguos mentores ideológicos de Trump, Steve Bannon, y artífice del éxito del Brexit y del triunfo presidencial de Trump en su primer mandato). Ya entonces se hablaba de una turbia –y soterrada– relación entre el magnate y los hombres fuertes de Putin (con el que mantiene una ambigua relación, aunque mucho más «amigable» que su antecesor en el cargo, el demócrata Joe Biden).
Sea como fuere, Nuestro hombre en Washington es un libro que cualquiera que tenga un mínimo de interés en lo que se cuece entre bambalinas, cómo funciona el poder y cuáles son las claves de esta nueva reconfiguración del mundo a la que estamos asistiendo en directo –como a las declaraciones, muchas veces contradictorias, del propio Trump, en plena guerra en Oriente Medio y con la de Ucrania aún activa–, debe leer con atención. ¿Será acaso esta la forma secreta en que Trump está haciendo América Grande de Nuevo, según el eslogan que adoptó de una vieja campaña de su admirado Ronald Reagan? En estos tiempos delirantes, todo es posible.
Vivimos tiempos de crisis económicas endémicas, globalización e incertidumbre social que ha aumentado con la pandemia, generando una polarización de la sociedad que también vemos en España. Con la migración masiva en el punto de mira y un éxodo de migrantes que ha aumentado exponencialmente tras la invasión rusa de Ucrania, algunos grupos vinculados a la extrema derecha extienden en RRSS la teoría conspirativa de «El Gran Reemplazo»: los occidentales blancos estarían siendo sustituidos por la multiculturalidad en un genocidio largamente encubierto. Una postura que han defendido algunos de los seguidores más radicales de Donald Trump, pero que encuentra eco también en Europa, donde precisamente nació. Tras los últimos tiroteos masivos en EEUU, esta conspiranoia vuelve a estar en primera línea de actualidad.
En febrero de este 2022 la editorial Edaf lanzó mi último trabajo de divulgación, el libro La Gran Conspiración de QAnon y otras teorías delirantes de la Era Trump, un recorrido sui géneris por este alocado mundo en el que vivimos, bombardeados por todo tipo de información, millones de datos entre los que cuesta discernir la verdad de la suposición, los hechos del bulo, la noticia del fake. Un amplio espectro de movimientos y creencias en el que se dan la mano ciberactivistas de extrema derecha y extrema izquierda, vendedores de humo que mueven masas, políticos que causan vendavales a golpe de tuit, conspiracionistas de medio pelo, verdaderas milicias antisistema…
Un espejo del batiburrillo confuso y humeante de esta tercera década del siglo XXI que comienza revuelta, hiperglobalizada y polarizada, en medio de crisis económicas, del eterno desempleo, la división cada vez más acentuada entre los selectos ricos (con mayor patrimonio tras la pandemia) y la multitud de pobres, la pérdida de esperanza, de fe o de los sistemas de valores de otro tiempo (en muchas ocasiones para bien, otras para mal), en un mundo a las puertas de la inteligencia artificial y el 5G lleno de posibilidades donde, sin embargo, pululan los mismos fantasmas de tiempos anteriores, la precariedad y el miedo, la incertidumbre y la desesperanza, unidas a la sensación de estar permanentemente vigilados.
Un acelerado cambio de paradigma
Tras pasar –y no del todo– una pandemia que jamás creíamos que sobrevendría en tiempos de trasplantes multiorgánicos, microchips cerebrales y hombres-cíborg, cuando los «turistas espaciales» pueden, a golpe de talonario, realizar un viaje por la estratosfera en un cohete, resulta que un virus respiratorio (para unos, fabricado en laboratorio, para la gran mayoría, una simple mutación que no esperábamos), causa más de 6 millones de muertos y creciendo y convierte en real el escenario planteado en películas como Contagio o Estallido y en novelas como La Peste de Albert Camus, cien años después de la última gran pandemia, la mal llamada Gripe Española que comenzó en medio de la Primera Guerra Mundial.
Y si no teníamos bastante, resulta que la escalada de tensión en el este de Europa culminó con la invasión de las tropas rusas de Ucrania, un país que acaba de ganar Eurovisión (más por solidaridad que por estrictas razones artísticas) y cuya terrible guerra dura más de 80 días, tres largos meses de sirenas antiaéreas, bombardeos, ejecuciones y torturas en una auténtica vulneración de los derechos humanos (al parecer por ambas partes, aunque principalmente de la rusa) y el mayor éxodo en el viejo continente desde la Segunda Guerra Mundial, esa conflagración devastadora que ocupa numerosas entradas de este Pandemónium.
El señor Jones
Pues bien, en dicho trabajo, que vio la luz apenas unas semanas antes del estallido de la guerra de Putin, como la llama Pedro Sánchez, y que el Kremlin tilda de «operación militar especial» para no movilizar a la población (algo que provocaría una respuesta social previsiblemente negativa), hablaba de cómo algunos de los conspiracionistas –que mueven auténticas masas en el país de las barras y estrellas– como el mediático Alex Jones, uno de los que más contribuyó a la victoria de Trump en las presidenciales de un ya lejano 2016 y posteriormente en airear sus políticas republicanas, es un fiel seguidor, además de mil y una teorías a cuál más estrambótica, del llamado «Genocidio Blanco».
Hoy hablo de él en este post porque en dos días se han producido nuevos tiroteos masivos en Estados Unidos, y quienes los han perpetrado parecen pertenecer a esta ola de seguidores de la llamada teoría de «El Gran Reemplazo», tiroteos en Búfalo (Nueva York) y Laguna Woods (Los Ángeles) de los que me ocuparé en un segundo post para no aburrir al lector con tanta subordinada.
La Gran Conspiración contra el Occidente blanco
Pues bien, regresando a Alex Jones, éste es también defensor de la teoría conspirativa neonazi y supremacista del llamado genocidio blanco, según la cual la inmigración masiva, la integración racial, el mestizaje, las bajas tasas de fertilidad, la anticoncepción y el aborto se están promoviendo en países predominantemente blancos (como EEUU, pero también gran parte de Europa, con Inglaterra a la cabeza) para convertir deliberadamente a éstos en una minoría y provocar que se extingan a través de la «asimilación cultural».
El 2 de octubre de 2017, afirmó que los demócratas y comunistas estaban planificando ataques de «genocidio blanco». Y meses antes, en abril, fue duramente criticado por sostener que el ataque químico en la ciudad siria de Jan Sheijun era un engaño y una operación de «bandera falsa», y que fue llevado a cabo por el grupo de defensa civil White Helmet, que, según él, es un frente terrorista afiliado a Al-Qaeda y financiado por George Soros, el «nuevo hombre del saco» del conspiracionismo. Declaró también que «nadie murió en Sandy Hook», lo que constituye una afrenta para la memoria de las víctimas y familiares de esta escuela primaria en la que murieron 28 personas, la mayoría niños, a manos del joven de 20 años Adam Peter Lanza.
Renaud Camus
Pero, ¿en qué consiste la teoría conspirativa del genocidio blanco? También conocida como «El Gran Reemplazo», fue impulsada por el escritor galo Renaud Camus en 2012, según la cual los franceses blancos católicos y la población blanca cristiana europea en general están siendo reemplazados sistemáticamente por pueblos no europeos, principalmente árabes, bereberes, norteafricanos, subsaharianos e iberoamericanos, a través de la inmigración masiva y el crecimiento demográfico. Según la investigadora austriaca experta en extremismo Julia Ebner, autora de La vida secreta de los extremistas (Temas de Hoy, 2020), era la ideología que motivó al perpetrador de la matanza de Christchurch en Nueva Zelanda o al del tiroteo en El Paso (Estados Unidos) ese mismo año.
Volviendo a Jones, el 6 de agosto de 2018, Facebook, Apple, YouTube y Spotify eliminaron todo contenido de Jones e InfoWars de sus plataformas por «violar sus políticas». Youtube cerró varios canales asociados al sitio web, entre ellos The Alex Jones Channel, con nada menos que 2,4 millones de suscriptores. Y Facebook hizo lo propio con cuatro de sus páginas por «glorificar la violencia gráfica y el uso de un lenguaje deshumanizante para describir a las personas que son transgénero, musulmanes e inmigrantes, lo que viola nuestras políticas de discurso de odio».
Apple también suprimió todos los pódcast asociados con Jones desde su plataforma iTunes, y también fue eliminado en Pinterest, Mailchimp y LinkedIn. Sería, además, uno de los personajes más activos en la jornada del asalto al Capitolio el 6 de enero de 2021 junto a milicias de extrema derecha y seguidores de QAnon que consideraban un fraude la victoria de Joe Biden en las presidenciales.
Hace apenas unas horas, el presidente demócrata desde entonces, mal que le pese a los gurús de la alt-right, en medio de la situación más delicada para la política internacional desde la Guerra Fría por el conflicto de Ucrania y el tira y afloja del Kremlin con la OTAN, también aludió a los graves problemas internos de la nación de las barras y estrellas, y señaló, en relación con la masacre de Búfalo, que «el supremacismo blanco es un veneno».
Este post tendrá una inminente continuación en «Dentro del Pandemónium»…