No preguntes (La Esfera de los Libros)

La dinastía Kennedy es desnudada por la periodista de investigación estadounidense Maureen Callahan en No preguntes. Los Kennedy y las mujeres a las que destruyeron, publicado por La Esfera de los Libros.

Óscar Herradón ©

Callahan, autora del bestseller American Predator, dedica casi cuatrocientas páginas a desmontar el mito de Camelot (como se conocía la casa familiar de los Kennedy) con un enfoque novedoso: desde el punto de vista de las mujeres que los hombres de la saga dejaron a su paso, Jacqueline Kennedy, Marilyn Monroe, Mary Jo Kopechne, Martha Moxley, Rosemary Kennedy o Carolyn Bessette, entre otras.

Joseph P. Kennedy.

Callahan traza un patrón que atraviesa a tres generaciones bajo sospecha: a Joseph P. Kennedy padre, a sus hijos Jack, Bobby y Ted, y a la generación siguiente: abuso, explotación y una violencia sistemáticamente silenciada por el aparato de relaciones públicas del clan. El libro fue número uno en ventas tanto en los Estados Unidos como en el Reino Unido y quedó finalista del Housatonic Book Award de 2025, lo que da idea del eco que tuvo entre el público general. Y ahora podemos disfrutarlo en castellano gracias a La Esfera.

Una crítica no unánime

El problema, según buena parte de la crítica anglosajona, está en el método más que en la tesis. El Washington Post reconoció que el libro entrega detalles demoledores sobre tres generaciones de la familia, situándolo en la estela del #MeToo como revisión tardía de comportamientos que durante décadas se toleraron sin más; quizá uno de sus grandes aciertos. Pero la reseña agregada por Book Marks, que reúne juicios de varias cabeceras estadounidenses, es bastante más severa: señala que Callahan da pábulo a teorías sin fundamentar sobre la implicación de JFK y Robert Kennedy en la muerte de Marilyn Monroe, y recuerda con sorna que entre sus fuentes figuran el National Enquirer y «biógrafas de gatillo fácil como Kitty Kelley». La misma reseña admite, eso sí, que la autora tiene buen ojo para el detalle morboso y que consigue convertir a la Casa Kennedy en un castillo de Barba Azul.

Entre la crónica negra y el ensayo político

Varios críticos coinciden en que el libro no aporta hechos nuevos —las anécdotas ya eran conocidas— sino una manera de encadenarlas que resulta devastadora por acumulación. Kirkus Reviews lo calificó como un relato honesto sobre el doble rasero que permitió a los hombres Kennedy escapar impunes durante décadas. No preguntes funciona mejor como pieza de true crime y de denuncia que como historia académica, aunque quizá en eso resida parte de su encanto, pues precisamente sobre los Kennedy y su período en el poder hay ya una nutrida bibliografía: estructuralmente se apoya en la fuerza narrativa antes que en el aparato documental, algo que la propia autora admite al reconocer cierta «licencia creativa» en algunos episodios, extremo que ha hecho dudar a parte del público sobre qué pasajes son reconstrucción y cuáles hecho verificado.

Aun así, el libro tiene el mérito de desplazar el foco de los hombres Kennedy a las mujeres que pagaron el precio de su leyenda, devolviéndoles un protagonismo que la historiografía convencional les había negado. En conjunto, es una lectura que engancha por su pulso narrativo y que resulta incómoda, como debe ser, para quien todavía idealiza Camelot. De él ha dicho la historiadora y periodista también estadounidense Karen Abbott: «Una exposición desgarradora e incendiaria de la verdadera Maldición de los Kennedy: el legado de generaciones de misoginia, asesinato y caos familiar».

Precuela. Una lucha de Estados Unidos contra el fascismo

Capitán Swing publica este ensayo de la periodista Rachel Maddow que recuerda un episodio histórico olvidado del país de las barras y estrellas que muestra el auge de los extremismos del pasado en una nación cada vez más polarizada bajo el segundo mandato de Donald Trump.

Óscar Herradón ©

Precuela es un ensayo histórico y político verdaderamente revelador en el que Rachel Maddow explora de forma incisiva un episodio poco conocido de la historia estadounidense: la presencia y expansión de movimientos fascistas y pro-nazis en los Estados Unidos durante las décadas de 1930 y 1940, en el periodo de Entreguerras y en la Segunda Guerra Mundial, en la que el país entró oficialmente tras el ataque japonés de Pearl Harbor el 7 de diciembre de 1941. El libro nace de la investigación realizada para el pódcast de la autora, Ultra, y funciona como una advertencia sobre la fragilidad democrática y la facilidad con la que el extremismo puede infiltrarse en instituciones aparentemente sólidas.

Juicio a los saboteadores nazis (1942).

Uno de los mayores aciertos del ensayo es su capacidad narrativa. Y es que Maddow tiene amplia experiencia televisiva y eso se nota en el ritmo: convierte una investigación histórica compleja en un relato casi de thriller político. Figuras como el sacerdote católico estadounidense nacido en Canadá Charles Coughlin (que hizo un soberbio uso de la radio para llegar a la audiencia de forma masiva), el propagandista y poeta germanoamericano George Viereck -que llegaría a actuar brevemente como agente nazi en la guerra- o el movimiento America First aparecen no como anécdotas a pie de página, sino como parte de una red ideológica que simpatizaba con Hitler y buscaba debilitar la democracia estadounidense desde dentro.

Operación Pastorius

Viereck.

Precisamente en 1942 tendría lugar uno de los episodios más insólitos de la Segunda Guerra Mundial, y sería la infiltración para atentar en territorio estadounidense de varios agentes nazis que finalmente serían desenmascarados, detenidos por el FBI y ejecutados. Fue denominada Operación Pastorius por el Abwehr –el servicio de inteligencia militar alemán comandado por al almirante Wilhelm Canaris–, en honor al nombre del fundador del primer asentamiento alemán en América, Franz Daniel Pastorius (Germantown, Pensilvania, 1683).

Bandera del German American Bund.

El objetivo de los ocho hombres enviados en dos grupos por el Tercer Reich –liderados, uno por George John Dasch y el otro por Edward Kerling– era sembrar el caos económico y el miedo civil: destruir fábricas de aluminio, infraestructura ferroviaria, la industria química y las instalaciones hidroeléctricas del río Ohio. Aprovecharían el enorme éxito –y la protección– que podían brindarles antiguos miembros del Bund Germano-Americano (German American Bund), un movimiento de inspiración nazi fundado en los EE. UU. en 1936, financiado por el gobierno de la Alemania nacionalsocialista y que en 1939 contaba con 20.000 miembros que llegaron a dar un multitudinario mitin en el Madison Square Garden de Nueva York el mes de febrero, movimiento que sería disuelto por las autoridades tras la entrada del país en la contienda. Sin embargo, una pifia de los espías alemanes, entrenados de forma apresurada antes de ser soltados cerca de la costa estadounidense en submarino, hizo que fueran rápidamente desenmascarados por agentes de J. Edgar Hoover y juzgados por un tribunal militar.

Rachel Maddow (Wikipedia).

En Precuela, Maddow también destaca el papel de periodistas, fiscales e investigadores que combatieron esa infiltración fascista en un tiempo en el que gozaba de gran aceptación entre algunos sectores, creciente, el movimiento nazi y fascista europeo. Así, la autora, en lugar de centrarse en los demagogos del pensamiento ultraconservador y filofascista, presta mucha atención a quienes intentaron frenarlo, en lo que se convierte en una combinación entre investigación histórica y advertencia contemporánea, pues establece paralelismos evidentes con la política estadounidense actual, lo que ha llevado a ciertos críticos a afirmar que la obra funciona más como una advertencia ideológica que como un análisis desapasionado.

Aunque fuera así –y a veces lo es–, la situación actual, de profunda polarización de la población y de decisiones absolutamente delirantes y en ocasiones incluso cercanas a la ilegalidad de la segunda Administración Trump, aceptan el símil (con sus grandes distancias, claro, pues por suerte no estamos en los tiempos del Tercer Reich, el fin del colonialismo o la Unión Soviética de Stalin), pero, en todo caso, la democracia –aunque no sea plena, según algunos sectores políticos– debe cuidarse. Y al margen de tratarse o no de una «advertencia», recordar este oscuro episodio del pasado estadounidense, un país que no mucho tiempo después se volvería paranoico con la llamada «infiltración comunista» es razón de peso para elogiar un libro de estas características.

Un ensayo convertido en best seller de The New York Times, con un enorme valor documental y la importancia de rescatar un capítulo históricamente olvidado, una obra que obliga al lector a reconsiderar la idea de que el fascismo fue un fenómeno exclusivamente europeo y que recuerda que las democracias liberales nunca están completamente inmunizadas frente a movimientos extremistas, y no solo de derechas.

Nuestro hombre en Washington

La Esfera de los Libros publica Nuestro hombre en Washington. Donald Trump y su larga relación con Rusia, donde el autor, el periodista francés Régis Genté, ofrece una hipótesis sorprendente –e inquietante– sobre las relaciones entre el combativo presidente USA y el Kremlin…

Óscar Herradón ©

Nuestro hombre en Washington es un libro polémico, y a la vez revelador. Habrá quien no apoye la propuesta del autor, pero sin duda no dejará a ningún lector indiferente. En unos tiempos en los que Donald Trump, cerca del ecuador de su segundo mandato no consecutivo, incendiario –y a veces, delirante–, con la geopolítica desnortada y una incertidumbre que avecina crisis en los mercados financieros, no está de más conocer algunos de los aspectos más oscuros –y no son pocos– del inquilino actual de la Casa Blanca.

Donald Trump delivering a speech at a podium with Russian flags and crowd holding signs in Russian
Imagen generada por la IA de WordPress.

El ensayo es una investigación periodística que ambiciona desvelar las claves ocultas de la larga y ambigua relación entre Trump y Rusia, desde sus primeros contactos con figuras ligadas al KGB en los años setenta (no olvidemos que el propio Putin formó parte de la agencia de inteligencia justo antes de la desintegración de la Unión Soviética) hasta los contactos entre Washington y Moscú en estos agitados tiempos del magnate neoyorquino nuevamente en el Ala Oeste. No es una tarea sencilla, desde luego, teniendo en cuenta que, aunque han trascendido no pocas filtraciones tras el escándalo del llamado «Russiagate», la mayor parte de las informaciones y documentos sobre este turbio asunto llevan el marchamo de alto secreto, de las agencias estadounidenses, pero también de las rusas.

¿Garganta profunda?

Su autor es Régis Genté (que en La Esfera tiene también el libro Volodimir Zelenski. En la mente de un héroe, escrito con el también periodista y corresponsal Stéphane Siohan), especialista en Rusia y el espacio postsoviético. Corresponsal de RFI, France 24 y Le Figaro, y residente en Georgia desde hace más de 20 años, dota al relato de un gran conocimiento de la geopolítica, clave en tales asuntos de relaciones (y ocultamientos) internacionales. Para Genté, Trump sería, desde hace décadas, nada menos que una suerte de «contacto confidencial» de los servicios secretos rusos (de ser cierto, sería alta traición, más si tenemos en cuenta que se trata del comandante en jefe de los Estados Unidos de América, principal adversario geopolítico de Moscú), algo que habría resultado enormemente útil a los objetivos de la política exterior del Kremlin.

Régis Genté (La Esfera)

Según la tesis del autor, que defiende de manera rotunda, lejos de ser un accidente de la historia, la cercanía de Trump con Moscú respondería a una espesa red de intereses económicos, políticos y personales que lo han convertido en un inesperado y peligroso aliado del Kremlin. Un relato vertiginoso –habría que saber hasta qué punto verosímil, el tiempo lo dirá– en el que se dan la mano espías, mafiosos exiliados, oligarcas y diplomáticos que habría favorecido el ascenso del magnate neoyorquino hasta el primer sillón de la nación hasta el momento más poderosa del mundo.

Bannon.

Nadie olvida lo que sucedió en 2016 con la filtración masiva de emails de la candidata demócrata Hillary Clinton, práctica favorecida desde Moscú y realizada entre otros por Wikileaks, así como la todo lo llevado a cabo en Cambridge Analytica (cuyo vicepresidente fue precisamente uno de los antiguos mentores ideológicos de Trump, Steve Bannon, y artífice del éxito del Brexit y del triunfo presidencial de Trump en su primer mandato). Ya entonces se hablaba de una turbia –y soterrada– relación entre el magnate y los hombres fuertes de Putin (con el que mantiene una ambigua relación, aunque mucho más «amigable» que su antecesor en el cargo, el demócrata Joe Biden).

Sea como fuere, Nuestro hombre en Washington es un libro que cualquiera que tenga un mínimo de interés en lo que se cuece entre bambalinas, cómo funciona el poder y cuáles son las claves de esta nueva reconfiguración del mundo a la que estamos asistiendo en directo –como a las declaraciones, muchas veces contradictorias, del propio Trump, en plena guerra en Oriente Medio y con la de Ucrania aún activa–, debe leer con atención. ¿Será acaso esta la forma secreta en que Trump está haciendo América Grande de Nuevo, según el eslogan que adoptó de una vieja campaña de su admirado Ronald Reagan? En estos tiempos delirantes, todo es posible.