Es una de las obras imprescindibles (otra más en su larga trayectoria) del dios del manga nipón Osamu Tezuka (1928-1989), y ahora Planeta Cómic la publica en castellano, en una magnífica edición integral en tapa dura.
No es la primera vez que nos hacemos eco de la abultada y soberbia obra del mangaka Osamu Tezuka (creador de Astroboy, Kimba o la fabulosa serie antibelicista Adolf, entre otras joyas) en el Pandemónium, y ahora Planeta Cómic, responsable del lanzamiento de sus novelas gráficas en castellano, publica otro de sus títulos emblemáticos: Dororo, sin duda otra obra maestra del dios del manga fallecido en 1989, hace casi cuarenta años, lo que no impide que su obra siga teniendo la misma frescura que si la hubiese concebido hoy en día.
Daigo Kagemitsu, un señor local con el anhelo de gobernar el mundo, promete entregar el cuerpo de su hijo a cuarenta y ocho demonios si se cumplen sus deseos más ambiciosos. En consecuencia, el bebé nace sin cuarenta y ocho partes y es arrojado al río para que muera. Sin embargo, el pequeño logra sobrevivir gracias a la bondad y cuidados de un sabio que lo adopta, proporcionándole además las habilidades y elementos en su cuerpo para poder protegerse.
Años después, Hyakkimaru, convertido ya en un diestro samurái, emprende un viaje de revelación y venganza para ahuyentar a los demonios e ir recuperando su cuerpo perdido. A lo largo de 19 capítulos y más de 800 páginas, el personaje recorrerá gran parte del Japón rural en busca de esos seres malignos y recuperar, con la reconstrucción de su cuerpo, su humanidad perdida, sin olvidar su venganza contra Daigo. En su viaje, Hyakkimaru rescata a Dororo, un joven ladronzuelo de pasado tormentoso y que guarda algunos secretos, al que convertirá en su inseparable amigo y compañero de armas. Juntos, continuarán un viaje lleno de peligros, demonios y fantasmas.
Juntos se enfrentarán a situaciones de las más variopintas en un mundo hostil que sistemáticamente les va a dar la espalda, no importa cuánto se esfuercen ni cuánto ayuden a las distintas comunidades con las que se van a ir encontrando, mostrando un retrato muy pesimista de la sociedad japonesa. En su soledad, y pese a sus continuas broncas y discusiones, aprenderán a confiar el uno en el otro y forjarán una bonita relación que, desgraciadamente, se verá truncada por el abrupto final de la serie, que se publicó entre agosto de 1967 y octubre de 1969 en las revistas Shônen Sunday y Bôken-Ô (la forma habitual entonces de publicación de lo que hoy son las novelas gráficas), aunque la idea inicial de Tezuka era prolongarla mucho más. Sin embargo, el hecho de que el relato se fuera haciendo cada vez más oscuro y violento llevó a los editores a pedir al mangaka su cierre anticipado.
Aquella circunstancia provocó que Dororo tuviera una conclusión precipitada. Una pena teniendo en cuenta la calidad del resto del relato. No obstante, es una obra imprescindible para cualquier amante del género y la edición de Planeta Cómic está sin duda a la altura (tapa dura y considerables dimensiones).
Norma Editorial publica el primer volumen en castellano de esta serie estadounidense sangrienta y macabra que hará las delicias de los amantes del noir más violento y los relatos del crimen organizado.
De la mano de Norma Editorial, editorial habitual en el Pandemónium, nos llega el primer volumen en castellano de Cadáveres Exquisitos, un macabro thriller slasher con Battle Royale de asesinos organizado por una siniestra sociedad secreta de familias superricas americanas y que viene firmado por una serie de autores de gran calado en la actual escena del cómic estadounidense: James Tynion IV (responsable de Hay algo matando niños yEl departamento de la verdad, esta última serie publicada en España también por Norma) y Michael Walsh (The Silver Coin, Monstruos de Universal: Frankenstein), quienes lideran un equipo creativo que está formado también por Pornsak Pichetshote (Infiel, The Good Asian), Marianna Ignazzi (Catwoman), Valentine De Landro (Bitch Planet), Jorde Bellaire (W0rldtr33, que podemos disfrutar igualmente de la mano de Norma) y Becca Caerey (Absolute Wonder Woman), para decidir quién gana y quién muere en esta macabra competición.
Cada cinco años, en Halloween, las familias más ricas de los EE.UU. compiten en un juego. Las doce personas más letales del mundo son enviadas a un pequeño pueblo con el siguiente objetivo para ganar: ser el único superviviente. Para los habitantes de Oak Valley (Maine), el desafortunado terreno de juego de este año, el objetivo es aún más sencillo: sobrevivir la noche de Halloween.
Un relato vertiginoso plagado de numerosos personajes (a cual más retorcido) y diferentes intereses cruzados; también de asesinos grotescos, hiperviolentos y sádicos que, muy bien delineados en el relato, se irán desarrollando a medida que avanza; las víctimas,por el contrario, son personas corrientes (estudiantes, una pareja de paramédicos, una madre soltera con su hijo…) que deberán enfrentarse a una situación que les supera al completo, en la que el único objetivo es sobrevivir a este grupo de perturbados.
He aquí el enlace para adquirir este título en la página de la editorial:
Llegó a ser considerado el hombre más peligroso de Europa. Tras el colapso del Tercer Reich, el laureado militar nazi Otto Skorzeny buscó refugio en la España franquista, un régimen que lo acogió con los brazos abiertos y donde el austriaco intentaría revitalizar un ejército de soldados de la esvástica contra el avance del comunismo. Al servicio de distintas potencias e intereses, es uno de los personajes que salpican el libro Fugitivos. La historia de los mercenarios nazis durante la Guerra Fría, que acaba de publicar la editorial Debate.
Óscar Herradón
Tras su intervención –más bien discreta– en la neutralización de la Operación Valkiria, vendría la llamada Operación Greif, que consistía en una orden del propio Hitler de llevar a cabo el asalto al Cuartel General de Eisenhower y su asesinato, misión que se frustró y momento en el que los norteamericanos definieron a Skorzeny como «el hombre más peligroso de Europa».
Yeo Thomas.
Tras ello no tardó en legar la inevitable derrota del Tercer Reich y el momento en el que el protagonista de estas líneas, como otros miembros del Partido Nazi, fue internado en distintos campos de concentración… hasta ser juzgado en Núremberg, donde fue declarado inocente en relación con la llamada Matanza de Malmedy, en la Batalla de las Árdenas, por un apoyo in extremis: el testimonio en su favor del espía inglés F. F. E. Yeo-Thomas (alias «Tommy»). Ello no impidió que fuese internado en un campo de «desnazificación». No obstante, Skorzeny nunca renegó de su ideología y finalmente logró huir de las garras aliadas. Uno de los lugares en los que buscaría refugio sería la España franquista, un país en el que el antiguo miembro de las SS (que solía mostrar con orgullo a la gente de confianza el tatuaje de su grupo sanguíneo como llevaban todos los miembros de las Waffen-SS por si sufrían una herida en el frente) pretendía revitalizar el nazismo y dar forma a un Cuarto Reich…
Léon Degrelle.
Skorzeny pudo viajar a la península ibérica gracias a miembros de la citada red ODESSA, entonces en la clandestinidad, el 27 de julio de 1948. Según documentos desclasificados, el antigua nazi se instaló en Madrid bajo identidad falsa –durante un tiempo residió en la calle Montera, en los números 25-27– y retomó su trabajo de ingeniero, representando a prósperas compañías alemanas del acero, gozando de gran popularidad entre los franquistas y gracias a sus hazañas en la Segunda Guerra Mundial, de las que siempre se jactó y que muy posiblemente exageró notablemente. Era un héroe para esos españoles nostálgicos y uno de los últimos acólitos de Hitler que seguía con vida, al igual que el belga Léon Degrelle, que moriría en Málaga el 31 de marzo de 1994.
Nuevas revelaciones del archivo personal
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El 8 de diciembre de 2011 la casa de subastas Alexander Autographs Inc. de Stanford (Connecticut, EEUU), sacaba a subasta el impresionante archivo que Otto Skorzeny legó a su muerte a su mujer, Ilse Lüthje, con la que se casó en 1954. Ésta dilapidó pronto la fortuna familiar y solo una familia española la ayudó a costearse un asilo en Madrid, donde fallecía, sola y arruinada, el 20 de diciembre de 2002. Como agradecimiento, Ilse legó el archivo de su esposo al dueño de esos importantes documentos, cuyo hijo, Luis M. Pando, decidió sumergirse en las miles de páginas de la historia que el nazi no quiso escribir –a pesar de haber publicado unas resonadas memorias en dos volúmenes, Vive peligrosamente y Luchamos y perdimos–, antes de ponerles precio.
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Los documentos contienen de todo, desde planes de guerra y negocios, hasta secretos que revelaban parte del rol desempeñado por Skorzeny después de la contienda. Gracias a tan importante archivo, han salido a la luz numerosos puntos oscuros sobre un cuarto de siglo de actividad del guardia negro en nuestro país, del final de la Segunda Guerra Mundial hasta su muerte, en 1975.
Skorzeny con su esposa.
El libertador de Mussolini mantenía un estrecho vínculo con el gobierno español, sus generales, algunos de los que sirvieron a Hitler, dictadores sudamericanos y negociaciones con importantes empresas alemanas como Krupp, Thyssen o la exportadora de armas Merex, según el periodista Rafael Poch, «una tapadera de los servicios secretos alemanes en la que trabajaban, o colaboraban, criminales de guerra teóricamente buscados por la justicia». En el archivo se encuentran también felicitaciones del antiguo nazi a Manuel Fraga del año 1964, cuando este era ministro de Información y Turismo, así como dos recomendaciones de visados con la rúbrica del periodista de Falange Víctor de la Serna, quien estuviera a sueldo de la embajada de Hitler en Madrid, dirigidas a diplomáticos españoles en Alemania. Sería precisamente uno de ellos, Jorge Spottorno, quien siendo cónsul en Fráncfort emitiría un visado con nombre falso para el prófugo.
Skorzeny en su celda de Núremberg.
Entre los «secretos» (ya no tanto) se encuentran las pruebas de la transformación de Skorzeny en un hombre de negocios sin escrúpulos, reconvertido en traficante de armas –a través de Merex– o vendedor de petróleo y representante de las empresas alemanas supervivientes a los juicios de posguerra, muchas manchadas con sangre del Holocausto. Tangencialmente, dichos archivos apuntan a una supuesta relación del antiguo SS con el fundador del club Bilderberg, Józef Retinger –algo extraño si tenemos en cuenta que éste era uno de los mayores representantes del sionismo europeo–, entre muchos otros personajes de gran poder que supuestamente marcaban las directrices de la política internacional por aquel entonces.
Un agente secreto tras el hombre de negocios
Otto era accionista de un ingente número de sociedades, poseía un patrimonio estimado en unos mil millones de pesetas, casas y terrenos en Madrid, Andalucía, Alemania, Austria, Irlanda… Evidentemente, todos ellos bajo identidades falsas, salvoconductos y pasaportes emitidos con el visto bueno de las más altas autoridades franquistas, como Juan Vigón, Antonio Garrigues Walker o Ramón Serrano Suñer, de abiertas simpatías filonazis en los años cuarenta. Entre otras, adoptó las identidades de Rolf Steinbauer, Hanna Eff Khoury, Frey Hans Rudolf o Hans R. Frey, y quizá incluso otras, siendo su papel el de negociar acuerdos comerciales de la España franquista con empresas alemanas y egipcias. Fue precisamente Skorzeny el responsable de las negociaciones del tratado hispano-anglo-egipcio del petróleo, a instancias del entonces presidente de Egipto, Abdel Nasser, amigo íntimo de «Caracortada».
El archivo es un sanctasanctórum de las relaciones internacionales de posguerra. Tanto los archivos desempolvados por Luis M. Pardo como los desclasificados por el BND alemán, arrojan una información más que relevante sobre las operaciones que se llevaron a cabo en distintos países occidentales en las décadas de 1950 y 1960, operaciones turbias que, evidentemente, se hacían a espaldas de la opinión pública.
Von Bohlen.
Skorzeny mantuvo una nutrida correspondencia con importantes –y oscuros– personajes como el empresario alemán Alfried Krupp von Bohlen, que fuera condenado en los Juicios de Núremberg por «suministar armas al Tercer Reich y por trato inhumano a los prisioneros de guerra que trabajaron en su compañía», según recogía el diario El Mundo. Al parecer, tras la guerra Skorzeny se convirtió en su delegado comercial y sus operaciones se extendían desde Argentina hasta Egipto.
Cuando en 1963 le fue diagnosticado el cáncer que acabaría finalmente con su vida, se recluyó en su casa mallorquina de Alcudia y fue su mujer Ilse quien tuvo que viajar a Estados Unidos, Irlanda o Alemania para continuar engrosando el patrimonio familiar a través de las relaciones comerciales.
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Curiosamente, en su archivo se encuentra el guion para una película sobre su propia vida, escrito en 1959, lo que denota su enorme vanidad, una cinta que llevaría por título Special Mission, y donde, evidentemente, se hacía un elogio del encargo personal del Führer para encontrar y liberar a Mussolini. En 1963 recibía la misiva del hijo de su mayor enemigo, Eisenhower, a quien Skorzeny tenía la misión de matar por sorpresa –recordemos la Operación Greif–, violando los códigos de guerra.
Este post tendrá una próxima y última entrega sobre el «hombre más peligroso de Europa».
Cuando Alemania se rindió, miles de antiguos oficiales del régimen se esfumaron en la confusión de la posguerra. Algunos fueron juzgados y otros escaparon, pero muchos fueron reclutados. Reinhard Gehlen, general de inteligencia nazi, creó la organización de espionaje de Alemania Occidental con la ayuda de exagentes de las SS, mientras los servicios estadounidenses y soviéticos competían por hacerse con los servicios de los mismos hombres.
Desde restaurantes de lujo en Múnich hasta puertos yugoslavos infestados de contrabandistas, pasando por casas francas en Damasco, clubes de campo en El Cairo o refugios fascistas en la España de Franco, estos fugitivos tejieron una red secreta de tráfico de armas, espionaje y poder que sirvió indistintamente a Washington, Moscú o Tel Aviv. Basado en archivos inéditos del Mossad, la CIA y el espionaje alemán, Fugitivos revela una historia envuelta en secretos, mitos y propaganda: la de los nazis que sobrevivieron a Hitler para convertirse en piezas clave de la Guerra Fría. Con un vigoroso pulso narrativo y gran rigor, Danny Orbach reconstruye el lado más oscuro de esa época, cuando la lealtad era un lujo y la supervivencia una forma de traición.