Capitán América. El Regreso del Soldado de Invierno (Panini)

Panini Cómics publica, en Marvel Integral, el final de la etapa del guionista Ed Brubaker al frente de las aventuras del Capitán América y de su viejo colega Bucky Barnes, en un fin de ciclo memorable.

Óscar Herradón ©

Esta edición integral recoge los últimos números de la doble columna vertebral del final de la etapa de Ed Brubaker en el universo del Capitán América: por un lado, la serie regular con Steve Rogers, y por otro, la conclusión de la serie en solitario de Bucky Barnes (el Soldado de Invierno). Juntos, estos números forman el cierre de una de las etapas más influyentes de la Casa de las Ideas en el siglo XXI, el que se ha convertido, sin discusión posible, en la pieza más redonda de la mitología del Capitán América desde el propio Jack Kirby.

¿Antihéroe o superhéroe?

Dado por muerto ante el resto del mundo y con la Viuda Negra como aliada y amante, Bucky Barnes quedará firmemente situado en el sombrío mundo de la acción de espías en los nueve últimos números de su serie en solitario. Una historia de búsqueda y de redención. Y otro acierto es su villano, el antagonista, Leo Novokov, el último agente del programa Soldado de Invierno aparte de Bucky, una amenaza eficaz y desquiciada. Hay también algunos divertidos cameos de Ojo de Halcón (Hawkeye) y Lobezno (Wolverine). El final, que por supuesto no desvelaremos, guarda sorpresa y es todo un shock.

Sin duda el gran activo artístico del volumen es el dibujante Butch Guice, que ya colaborara previamente con el autor en Capitán América de 2004 y que aquí está en plenitud de facultades: sus páginas son oscuras, ásperas y angulosas, perfectas para el relato de suspense con ecos pulp de Brubaker. También destaca el trabajo de la colorista Bettie Breitweiser que destaca por sus naranjas y amarillos que chocan y hacen un fuerte contraste con azules y grises –las secuencias de flashback incorporan sangre con verdes apagados en los paneles angulares y redondos, únicos de Guice–.

Ed Brubaker reconceptualizó por completo la mitología del Capitán América y el papel de Bucky en la misma. No fue solo el hecho de devolverlo a la vida, sino de convertirlo en un comando, un asesino, un soldado, frente al héroe que saltaba a la batalla como símbolo patriótico con su escudo, trama que daría pie a la segunda parte de la saga homónima en la pantalla grande protagonizada por Chris Evans como el «Capi» y por Sebastian Stan (a quien hemos visto recientemente encarnando a un joven Donald Trump en la muy recomendable película The Apprentice, que narra el ascenso al poder del magnate neoyorquino) como el Soldado de Invierno; quedando así Barnes anclado en las historias de espionaje de los años cincuenta y sesenta de Marvel, en las que Brubaker se mueve como pez en el agua, con una historia que conecta con Nick Furia y la citada Viuda Negra, mientras un grupo de antiguos villanos pasan al programa de protección de testigos.

El espectacular fin de la gran etapa de Ed Brubaker al frente de estos dos personajes capitales de Marvel.

Marvel Gold. Peter Parker. El espectacular Spiderman 3

Panini publica el tercer y mejor volumen de The Spectacular Spiderman, cuando se hizo cargo de la serie Roger Stern, allá por el verano de 1980, hace toda una vida.

Óscar Herradón

The Spectacular Spiderman fue una serie concebida como la continuidad de la memorable The Amazing Spiderman, y con la intención de explotar con mayor profundidad la vida civil de Peter Parker y su elenco de secundarios, que en los primeros años estuvo bajo el dominio de la pluma del algo errático Bill Mantlo. Al principio, a la serie le costó encontrar el tono, pero precisamente este tomo tres de la colección Marvel Gold comienza cuando todo cambió: con el número 43 americano, cuando se puso al frente Roger Stern y la serie dio un giro de 180 grados.

El escritor (que más tarde estaría al frente de la posterior etapa de Amazing Spiderman) llegó en verano de 1980, procedente de The Incredible Hulk, y trajo consigo algo que la saga necesitaba con urgencia, que era un mayor criterio narrativo y un respeto profundo por el personaje arácnido, brindándole una coherencia interna que había perdido con las anteriores aventuras episódicas.

En las páginas del primer arco narrativo aparecerá la villana Belladona, con un dibujo sólido, un buen uso de los personajes secundarios y un misterio genuinamente intrigante que mantendrá al lector enganchado hasta el final (y que no desvelaremos, claro). También aparecerá por primera vez un tal Roderick Kingsley, magnate de la moda que acabará convirtiéndose en uno de los grandes personajes del Universo Marvel, en este caso el villano Duende Verde (anteriormente mencionado como Trashumante).

El repertorio de dibujantes del tramo Stern incluye a Mike Zeck (que cubre la mayor parte de los números iniciales) y a colaboradores como John Romita Jr., Jim Shooter, Dennis Cowan y varios entintadores de primer nivel. Una de las marcas de la casa Stern en este etapa del hombre arácnido es su habilidad para tomar villanos asociados a otros héroes y usarlos con soltura en el contexto arácnido.

Uno de los grandes activos de este volumen es también la tía May, la entidad que tiene, que comienza su relación con Nathan Lubensky, subtrama que humaniza muy mucho el entorno familiar de Peter Parker con una rara autenticidad. Así, cualitativamente este tercer volumen recopilatorio es, a decir de los especialistas, el mejor de los tres, pues la etapa Stern convirtió una serie casi de segundo orden en algo que merece leerse casi con derecho propio, no solo como complemento de The Amazing Spiderman.

686 páginas que muestran un momento de transición brillante en el hombre araña, el de una serie que encontró su identidad justo a tiempo para que alguien con talento la aprovechara, y que ahora publica Panini en formato de lujo dentro de su colección Marvel Gold Omnibus. ¿A qué esperáis para haceros con ella? Por si acaso, mi sentido arácnido está en alerta máxima.

El diario de la señora Litgi

Norma Editorial publica esta profunda novela gráfica entre la memoria íntima y la reconstrucción histórica.

Óscar Herradón ©

La historia de esta intimista y descorazonadora historia comienza en 2007, cuando su autor, Kim Aubert, al curiosear entre pilas de libros del Mercat dels Encants («Mercado de los Encantos») de Barcelona, se fijó en un viejo diario con tapas de cuero marrón y cierre dorado que compró por tan solo cuatro euros. El diario original, escrito a pluma en catalán con tintas azul y verde, recogía los pensamientos, vivencias y emociones de una joven llamada Mercè Lidgi desde 1938, en plena Guerra Civil Española, cuando apenas contaba con 17 años.

Este será el punto de partida y lo que planea a lo largo de toda la obra: ¿quién tiene derecho a narrar una vida? El diario de la señorita Litgi no es la autobiografía de Mercè, ni tampoco la biografía que ella hubiera autorizado, sino la apropiación compasiva de una subjetividad silenciada. Para evitar posibles problemas legales con los parientes de Mercè, Kim decidió cambiar una letra del apellido original, que pasó de Lidgi a la versión Litgi.

¿Vulneración de la intimidad o rescate del olvido?

La novela gráfica construye una estructura narrativa que navega con agilidad entre el relato íntimo, la reconstrucción histórica y la autoficción. La señorita Litgi (Lidgi) mantuvo sus pensamientos en secreto durante 20 largos años en los que fue escribiendo en su diario: una joven que estudia Medicina y se desliga de su familia para emprender su propio camino, una vida consagrada a esperar algún momento con su amor prohibido. A su vez, con esta intimidad vulnerada (con respeto y mucho cariño, eso sí), se despliega también un sorprendente fresco de la vida cotidiana en los últimos años de la Guerra Civil y la posguerra desde el punto de vista de una clase social que siguió conservando sus privilegios, a pesar de la persecución de la burguesía durante la contienda por parte de las fuerzas de izquierda o el hecho de seguir hablando catalán en la intimidad durante la dictadura franquista.

El resultado es una obra de gran factura técnica (el trazo de Kim es heredero de la línea clara europea pero empapada del expresionismo contenido que ya mostró en otra obra de gran calidad, El arte de volar, que mereció el Premio nacional del cómic y que también publicó Norma Editorial), que plantea más preguntas que respuestas, quizá su mayor virtud: ¿Puede la vida privada ser materia pública sin el consentimiento de su protagonista o lo que se pretende es rescatarlo del olvido? ¿Dónde termina la empatía del autor y dónde comienza la proyección? Kim no elude estas tensiones sino que las convierte en el motor emocional de su relato, y el resultado es una de las novelas gráficas más singulares y éticamente complejas del cómic europeo y español reciente.