Los Soprano está considerada una de las obras maestras catódicas, e incluso para no pocos críticos ostenta el número uno (honor que se disputa con otra serie casi contemporánea a la odisea de su protagonista, Tony Soprano, en este caso firmada por David Simon: The Wire). Ahora, Norma Editorial publica su historia visual completa y definitiva.
No es para menos, las vicisitudes de la familia de un capo mafioso de Nueva Jersey permanecen en el imaginario colectivo de más una generación, y seguirán haciéndolo por muchos años que pasen. Es lo que tienen las obras maestras, como, en la pantalla grande, El Padrino de Coppola o Uno de los nuestros, de Scorsese, visiones de la Cosa Nostra, no obstante, muy diferentes de la serie televisiva, lo cual es otro mérito de su creador, el visionario David Chase.
En el mundo anglosajón se lanzó en 2024, en conmemoración del 25 aniversario de su comienzo, un libro que ahora publica en una edición maravillosa en castellano Norma Editorial: Los Soprano. La historia visual completa, de Ray Richmond, alguien que sabe muy bien de lo que habla, pues ha trabajado como periodista y autor la solera de 50 años, desde 1976. Ha sido crítico jefe de televisión para Los Angeles Daily News, Los Angeles Herald Examiner, Orange County Register, Daily Variety y Hollywood Reporter, y es autor de un gran número de libros centrados en el mundo del espectáculo y la televisión, como The Simpsons: A Complete Guide to Our Favorite Family (1997).
El gran drama americano
La serie, cuyo piloto se estrenó en enero 1999, un año antes de estrenar milenio –y el fin de una era– y duró hasta 2007, se convirtió en la gran novela americana en forma de serie catódica, y es que arrojó la complejidad moral y narrativa de la gran literatura en la pequeña pantalla. El gran acierto de David Chase fue vender su producción de la HBO en un principio como un drama de gánsteres con humor neurótico cuyo protagonista (incombustible James Gandolfini), jefe de una familia de la mafia italiana en Nueva Jersey, acude al psiquiatra porque sufre ataques de pánico (algo que ocultará a toda costa a sus colegas y otros capos mafiosos, por si pudiera ser visto como un signo de debilidad).
A primera vista, parece la premisa de una comedia de situación, pero sobre dicho cimiento se erige una meditación devastadora sobre el capitalismo tardío, la masculinidad en crisis, la familia como institución corrupta y la imposibilidad americana del cambio. Así, Tony no encarna al antihéroe carismático que el género había canonizado (en las citadas cintas de Scorsese o Coppola, y también en clásicos del Hollywood dorado como los protagonizados por James Cagney, entre muchos otros), sino que es algo más perturbador: un hombre ordinario en una situación extraordinaria, cuya mediocridad espiritual resulta, a la postre, más aterradora que cualquier violencia (y violencia, explícita o contenida, y muertes, hay mucha en la serie).
En honor al 25 aniversario de la serie, el portentoso volumen explora esta influyente serie catódica y la historia de su creación a través de un profundo viaje fotográfico a todo color que incluye el análisis de Tony como hombre lleno de contradicciones, perfiles de los personajes significativos (Ralph Cifaretto, Paulie Walnuts, Phil Leotarno, Silvio Gante, Junio Soprano, Richie Aprile…), análisis temporada a temporada, un recorrido por los lugares emblemáticos de la serie (el Bada Bing, la casa de la familia Soprano con su piscina a la que acuden los patos, las pizzerías Beanzie’s…) y entrevistas exclusivas con su creador, David Chase, el reparto y el equipo técnico.
Este precioso y completo compendio también incluye documentos únicos, como el fideicomiso de la familia Soprano, la foto de boda de Livia -madre de Tony-, el monograma del instituto de Tony, los diplomas de la doctora Melfi (soberbia Lorraine Bracco, a quien vimos como esposa de un gánster en la memorable Goodfellas –Uno de los Nuestros en España– dirigida por Martin Scorsese en 1990) y mucho más. Con una conversación sobre la influencia duradera de la serie en la cultura popular y un conmovedor tributo al tristemente fallecido James Galdolfini (que murió un ya lejano 19 de junio de 2013, con tan solo 51 años, en Roma, Italia, de un infarto mientras se hallaba alojado en el Hotel Boscolo Exedra, concretamente en la habitación 449, para participar en la 59ª edición del Festival de Cine de Taormina), Los Soprano: La Historia Visual Completa, es el libro complementario definitivo para este clásico indiscutible de la historia de la televisión y una lectura obligada para todo fan de la serie, la gran serie/novela americana.
RBA publica La Clave de Mozart, la última novela del periodista de investigación y escritor Fernando Méndez, una trepidante historia que entrelaza hechos reales con una pregunta universal y profundamente humana: ¿hasta dónde serías capaz de llegar para vencer el miedo a morir?
La historia se narra en dos épocas diferentes: el siglo XVIII y la actualidad (junto con secuencias retrospectivas del momento actual). Se citan acontecimientos importantes ocurridos en los últimos 250 años, que contextualizan el relato. Los hechos y personajes históricos son reales, ahora volveremos sobre ellos, lo que dota a la narración de gran verosimilitud.
Una partitura, una fórmula, un poder mortal
Fernando Méndez (RBA).
Viena, a principios de diciembre. Peter Dauson, periodista de la Ópera de Viena, recibe una confidencia inesperada que lo arrastra a una carrera contrarreloj: encontrar en 72 horas la partitura original del Lacrimosa de Mozart. Perdida hace décadas, es uno de los objetos más codiciados por las élites políticas, sociedades secretas y mafias internacionales. Y no es para menos: en sus compases se esconde una antigua fórmula sumeria capaz de predecir la fecha exacta de cualquier muerte, un poder tan absoluto y perturbador que alimenta conspiraciones desde el siglo XVIII.
Mozart.
Entre Viena, Salzburgo, Bruselas y Milán, Peter y la arqueóloga Silvia Weist se verán arrastrados a una espiral de asesinatos rituales, traiciones y una red masónica que conecta el pasado con el presente. En su avance –siempre un paso por detrás de quienes quieren silenciar la verdad, un poco como lo que sucede en la política, nacional e internacional, hoy y siempre–, descubren que hay una partitura que mata, o por la cual la gente mata, y que seguir su rastro significa enfrentarse a quienes han protegido su secreto durante siglos.
El pasado siempre puede reinventarse
Este absorbente thriller tira de hechos reales, algunos de ellos históricamente capitales, otros perturbadores o inquietantes:
La Scala de Milán. En 1778, bajo dominio austríaco y en pleno ambiente ilustrado, Milán era una ciudad en expansión y modernización. La construcción de La Scala, sobre el solar de una antigua iglesia, dio a la ciudad italiana un teatro monumental que se convertiría en símbolo de prestigio social y cultural. Su inauguración colocó a Milán como capital europea de la ópera y reflejó el poder de su élite y su vocación de modernidad. Todavía hoy, un cuarto de milenio después, es uno de los teatros más importantes del globo.
La agitada vida social de Wolfgang Amadeus Mozart. En la Viena de Mozart la vida social giraba en torno a la corte de los Habsburgo, los salones aristocráticos y los teatros de la ópera, donde música y sociabilidad se entrelazaban (aprovecho para recomendar imperiosamente revisitar la película Amadeus, de Milos Forman, o verla por primera vez al incauto que aún no lo haya hecho), donde se refleja a la perfección dicho ambiente, salpicado de las complejidades políticas de una época en pleno y vertiginoso cambio en todos los sentidos. Era una ciudad cosmopolita, refinada y animada, con cafés, bailes y conciertos públicos. Mozart, aunque integrado en ese ambiente, vivió una tensión constante: buscaba independencia como compositor y concertista, pero dependía, como la mayoría de artistas, de mecenas y encargos; tuvo prestigio, aunque también inestabilidad económica y social.
Farinelli (1734).
Los castrati y la ópera. En tiempos de Mozart los castrati aún brillaban en la ópera, aunque esta figura (muy célebre fue Farinelli, que cantaba y componía para el Borbón Felipe V, acechado por la enfermedad mental que entonces denominaban los galenos «melancolía») empezó a generar debates morales. Durante el siglo XIX desaparecieron de los escenarios, mientras la ópera evolucionaba hacia el bel canto y el drama romántico con voces más naturales. Desde entonces, su legado permanece como un capítulo singular de la historia musical, recreado hoy mediante contratenores o adaptaciones, recordado como símbolo de la ópera barroca y clásica.
La masonería. A finales del siglo XVIII la masonería en Viena era un espacio ilustrado de debate filosófico y científico. Las logias influyeron en movimientos liberales y revolucionarios. En el siglo XIX fueron perseguidas por regímenes autoritarios y en el siglo XX sufrieron una fuerte dictadura, pero tras la Segunda Guerra Mundial recuperaron fuerza como organizaciones humanistas y filantrópicas. Hoy tienen un papel más discreto, centrado en valores de fraternidad, tolerancia y servicio social.
Y hay más episodios reales (el misterioso asesinato de Kennedy en Dallas en 1963, las mafias del arte, la importancia del periodismo y la protección de la arqueología en conflictos bélicos, etc.) que, bien ficcionados para ajustarse a la trepidante trama, salpican las páginas de esta amena novela. Con ecos a Dan Brown combinados con la más rabiosa actualidad geopolítica, y guiños al conspiracionismo de nuevo cuño, La Clave de Mozart es una lectura muy recomendable para aquel que quiera desconectar de este mundo de locos salpicado de guerras, juicios delirantes, posibles nuevas pandemias, trolls e IAs y efectos climáticos extremos. Sí, hace falta desconectar.
El autor, Fernando Méndez, columnista del diario ABC y quien ha trabajado en otros rotativos como El Faro de Vigo o La Región, tiene publicada en RBA otra novela también vibrante, de superación y espías basada en unos hechos largamente silenciados:La vida mientras luchamos, cuya trama está inspirada en un episodio real silenciado por el franquismo, el conocido como Caso del Metílico –el mayor envenenamiento ocurrido en el mundo, que tuvo lugar en 1963 por consumo de bebidas alcohólicas elaboradas a partir de alcohol metílico, que acabó con la vida de 51 personas y dejó a nueve ciegas, principalmente en Galicia y las islas Canarias– que sirve como gancho y telón de fondo para un thriller que tampoco da un respiro.
El gigante asiático está disputando a EEUU y Rusia el primer puesto en el liderazgo mundial, y el crimen, que aunque menos llamativo que en Occidente, hunde sus raíces en la misma historia –muy larga– del país, crece casi al mismo ritmo que su expansión económica. Aunque la globalización hace que sean numerosos los grupos que integran el crimen organizado en China, el puesto de «honor» en la tradición se lo llevan las Tríadas, las más antiguas de sus bandas delictivas. Ahora Ático de los Libros publica el monumental libro Historia de China, del historiador británico Michael Wood, y como aperitivo recordamos uno de los aspectos más oscuros –y fascinantes– del gigante asiático.
Como apunta Alejandro Riera en su libro La Mafia China: las Tríadas, «el silencio es una parte fundamental, una de las armas más importantes de esta organización criminal». Si no existes, no te persiguen. No obstante, por mucho dominio que tengan los miembros a la hora de pasar desapercibidos, sus crímenes, en la actualidad muy numerosos, pueden rastrearse casi hasta su mismo origen, un origen rodeado de brumas, eso sí. Hoy, los grupos criminales que conforman la mafia china se han desplazado por todo el mundo junto a los millones de inmigrantes del país, aunque durante siglos se negó su existencia: las autoridades argumentaban que se trataba de bandas desorganizadas, pero no de un auténtico entramado criminal.
No fue hasta 1986 que fue reconocida abiertamente la existencia de las Tríadas, cuando el Comité de Lucha contra el Crimen inglés afirmó que en Reino Unido había una mafia china integrada por al menos 120.000 miembros, aunque continúa siendo la mafia más hermética del planeta, lo que va mucho con la forma de ser de sus gentes. Según la tradición, su origen se remonta a 1671, cuando nacieron las primeras Tríadas en el monasterio Shaolin de la provincia de Fuqiang.
Una historia que combina folclore, realidad y leyenda, casi como la que rodea a todas las grandes mafias. Cuentan las crónicas que aquel año, los monjes budistas –que practicaban una vida de meditación y aislamiento, y fueron pioneros en el arte marcial del Kung-Fu–, se alzaron en armas contra los invasores bárbaros que se acercaban a la capital, Pekín, amenazando con derrocar a la dinastía Qing –o Ching–. Puesto que los ejércitos imperiales no eran capaces de frenarlos, los monjes se unieron a la lucha y consiguieron reducir a los invasores sin perder un solo hombre.
Los Cinco Ancestros
Kangxi
Poco después, aquellos gloriosos guerreros que habían regresado a su retiro monacal, fueron víctimas de la traición de los consejeros del emperador Kangxi, que le hicieron creer que su dominio del arte de la guerra podía volverse en su contra. Así, Kangxi ordenó que el monasterio fuese reducido a cenizas y los monjes asesinados. Hasta el lugar se dirigió un grupo especial, armado con veneno y pólvora. Durante un banquete, los invitados emborracharon a los monjes con bebidas mezcladas con una extraña sustancia. Todos murieron calcinados en un episodio muy similar a otro de la catódica Juego de Tronos, salvo cinco, más tarde conocidos como los Cinco Ancestros, que lograron escapar y fundaron una sociedad secreta, la llamada Liga Hung, que pretendía restaurar la dinastía Ming –pues los Ching eran de origen manchur y no chino–.
Un grupo que poco a poco fue creciendo, con otros que se les unieron, y que acabó transformándose en auténticas células criminales, eso sí, con un rígido código de honor y unas tradiciones llenas de misticismo y elementos simbólicos y mágicos. No obstante, hay historiadores que creen que esta historia es mera fantasía que sirve para dar una pátina de romanticismo a lo que no dejan de ser organizaciones criminales.
La historia oficial nos dice que las Tríadas surgieron en la región de Fuqiang en el siglo XVIII, una época convulsa en muchos aspectos, también económicos. En aquella zona los caminos eran muy peligrosos, estaban llenos de bandidos y ladrones. Era una suerte de «salvaje oeste» chino: estafas, robos, asesinatos, extorsión… Los jóvenes de la zona, que ocupaban el escalafón más bajo de la sociedad, se juntaban en hermandades unidas por juramentos de lealtad para proporcionarse ayuda mutua. Pronto estas sociedades adoptivas comenzaron también a delinquir.
Puyi
No sería hasta el siglo XIX que los británicos bautizasen a estos grupos como Tríadas, debido a que su sello identificativo estaba formado por un triángulo equilátero; cada uno de sus lados representa los tres elementos de la armonía china: el Cielo, la Tierra y el Hombre, lo que hizo que también fuesen conocidos con el romántico nombre de Hermandad del Cielo y la Tierra. Llegaron a tener tal poder en el siglo XX, que en 1911 colaboraron en el derrocamiento del emperador Puyi –que abdicó el 12 de febrero del año siguiente– y ayudaron al advenimiento de la República, y, cuando los japoneses invadieron Hong Kong en 1941, en plena Segunda Guerra Mundial, tenían que negociar con sus matones para mantener el orden.
Hoy nadie sabe cuánta gente forma parte de esta hermética –aunque gigantesca– sociedad secreta con fines criminales. Su huella se ha dejado sentir desde Nueva York a Toronto, de Sidney a París o Barcelona y Madrid, aunque su base principal está en Hong Kong, Taiwán y la China continental. Se dedican a la falsificación de tarjetas de crédito, al tráfico de personas, la fabricación, venta y distribución ilegal de numerosos productos, el tráfico de heroína, la trata de blancas, clínicas ilegales e incluso muertes por encargo.
La iniciación
Solo puede formar parte de ella un varón chino cuyos progenitores, ambos, sean de esa nacionalidad, puesto que consideran que «la sangre buena no sabe traicionar», algo similar a lo que sucede en otras organizaciones como la Cosa Nostra italiana o la Yakuza nipona. Siguen una estructura similar a la familiar, y deben prestar auxilia a sus «hermanos» siempre. El incumplimiento de esta regla es causa de muerte. Se articulan en grupos de tres personas, que se relacionan jerárquicamente con otros grupos a través de uno solo de sus integrantes, lo que implica el desconocimiento de las actividades –y los altos cargos– por parte del resto de miembros de la organización.
El SILENCIO es, como apunté antes, lo fundamental para que su entramado delictivo siga funcionando a la perfección. Para comunicarse entre ellos, los miembros de la Tríada son instruidos en un lenguaje compuesto de saludos secretos y señales sutiles, por ejemplo, la manera en que sostienen o dejan los palillos para comer, el número de dedos con los que sujetan un vaso… un universo de tradiciones donde se reverencia la patria y la sangre.
El solemne ritual de iniciación en la Sociedad solía comenzar cuando los iniciados pasaban por debajo de varias espadas alzadas, que simbolizaban la entrada a una nueva familia. El rito iniciático de las Tríadas fue conocido gracias a William Stanton, autor de The triad Society of Heaven and Earth Association, quien, en 1900, fue testigo de una de esas ceremonias; un testigo privilegiado, ya que ningún otro occidental, que sepamos, ha vuelto a presenciar una de ellas.
Según su testimonio, la ceremonia se iniciaba con la repetición de una serie de frases por parte de los aspirantes: «Que este primer incienso se eleve hasta los cielos, mientras juramos nuestra oposición a los Quing. Nosotros vengaremos el fuego malvado de Shaolin, derrotaremos a los mongoles y restauraremos a los Ming (…)». Después, los iniciados reciben un rollo de papel de color amarillo, por lo general decorado con dos dragones y dos aves fénix que pelean por una perla, donde se encuentran los 36 juramentos que son leídos en voz alta. Todo ello se realiza ante un altar con el Buda de la justicia.
Acto seguido, en un acto similar al de otros grupos criminales secretos, los presentes se pinchan con una aguja un dedo concreto de la mano izquierda, dejan caer su sangre en un cuenco que puede contener o bien sangre o bien vino, mezclados con la sangre de un gallo. Después, se quema el rollo y, tras juntar las cenizas del cuenco, todos beben de él y hacen un juramento de fraternidad. Entonces, los neófitos pagan un dólar como «cuota de entrada» y son declarados hermanos, tras lo cual reciben cuatro sellos envueltos en papel rojo, de los que responderán con su vida.
PARA SABER ALGO (MUCHO) MÁS:
Si lo que queremos es saber más –mucho y de forma muy amena– sobre el gigante asiático, nada mejor que sumergirnos en las páginas del citado libro que publicó recientemente Ático de los Libros, una editorial muy presente, por su amor a la historia, en los post del Pandemónium.
China es una de las civilizaciones más antiguas de la Tierra, pero sus cuatro milenios de historia son muy poco conocidos en Occidente. Michael Wood, que ha viajado a lo largo y ancho del país asiático, entreteje en Historia de China una nueva visión del Reino del Centro a la luz de nuevos y apasionantes descubrimientos arqueológicos y nuevas fuentes, que nos permitirán tanto leer cartas de humildes soldados como conocer las reflexiones de un emperador.
Wood (Manchester, 1948) se formó en la Manchester Grammar School y el Oriel College de Oxford. Ha trabajado como periodista, presentador y productor de más de cincuenta documentales de televisión; además, es profesor de Historia Pública en la Universidad de Mánchester. Ha publicado varios libros, algunos de los cuales son auténticos best sellers, como In the Footsteps of Alexander the Great, Conquistadors o In Search of Shakespeare. Su serie documental La historia de China, emitida en la BBC y apreciada en el país oriental tanto como en Occidente, lo ha consolidado como uno de los historiadores más prestigiosos especializados en el gigante asiático.
En Historia de China, veremos la prehistoria del país, sus primeras dinastías y las raíces de su cultura en la época de Confucio. Conoceremos el extraordinario renacimiento de los Song, con sus brillantes descubrimientos científicos, o el vibrante Imperio Qing, quizá el momento en que la rica y diversa cultura china alcanzó su apogeo. La obra explora también el encuentro con Occidente, las guerras del Opio y los extraordinarios debates a finales del siglo XIX que pusieron a China rumbo a la modernidad. Wood, además, ofrece una visión actualizada del periodo posterior a 1949 que incluye revelaciones sobre la crisis de 1989 en Tiananmén y su análisis del nuevo orden del presidente Xi Jinping.
Historia de China es, en suma, una obra imprescindible para comprender el pasado y el presente de un país llamado a ser una de las grandes potencias del siglo XXI. Un texto monumental que el también británico Tom Holland, que tiene en su haber obras de referencia como Rubicón, Milenio, Dominio, Dinastía o Fuego Persa (todas ellas publicadas por Ático de los Libros) ha definido con estas palabras: «Una historia erudita, juiciosa, maravillosamente escrita y compuesta en un solo volumen sobre una civilización de la que sabía que debía conocer más». Y el historiador igualmente británico Peter Frankopan, catedrático en Historia Global por la Universidad de Oxford, para la que dirige el Centre for Byzantine Research, ha dicho: «Magistral y absorbente, con un buen ritmo y tremendamente ameno; llega en el momento oportuno. Una lectura obligada para quienes quieran –y necesiten– conocer la China de ayer, hoy y mañana».
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