El retorno del mundo de Marco Polo

El retorno del mundo de Marco Polo, que ha publicado recientemente RBA, reúne dieciséis ensayos escritos a lo largo de varias décadas por Robert D. Kaplan, corresponsal veterano de The Atlantic, analista habitual del Center for a New American Security y autor de títulos de referencia en geopolítica.

Óscar Herradón ©

Robert D. Kaplan es un reputado autor con más de 20 obras publicadas sobre política exterior y viajes que se han transformado en éxitos de ventas en todo el mundo y se han traducido a numerosas lenguas. Entre ellas destacan títulos como Tierra baldía, La venganza de la geografía, Adriático: Claves geopolíticas del pasado y el futuro de Europa, El telar del tiempoLa mentalidad trágicala mayoría de ellos publicados también en castellano por RBA– y este El retorno del mundo de Marco Polo.

Robert D. Kaplan (RBA)

Redactor y colaborador habitual en prensa especializada y otros medios, ha trabajado como corresponsal en diversos países durante más de dos décadas, ha sido profesor de Seguridad Nacional en la Academia Naval de Annapolis y miembro del consejo asesor del Departamento de Defensa estadounidense. Gracias a sus ensayos sobre relaciones internacionales y el poder en los Estados Unidos, la revista Foreign Policy lo ha incluido en la lista de los «Top 100 Global Thinkers» en dos ocasiones. Durante tres décadas, informó sobre política exterior para The Atlantic. También es profesor titular distinguido en la Universidad de Texas en Austin.

Marco Polo.

Con ese currículo, no es extraño que sus ensayos, todos y cada uno de los que se recogen en este volumen, no dejen indiferente a nadie y le hagan preguntarse al lector cuál es el (sinsentido) del mundo en el que vivimos y hacia dónde nos encaminamos. El punto de partida del libro comienza así: Marco Polo afirmó haber viajado desde Italia hasta China a través de Asia Central en el siglo XIII, regresando por el mar de China Meridional y el océano Índico, siguiendo una ruta comercial que sostenía el imperio de Kublai Kan. Kaplan constata que, a comienzos del siglo XXI, el régimen chino ha propuesto una nueva Ruta de la Seda, terrestre y marítima, que reproduce casi exactamente ese mismo trazado histórico, y toma ese paralelismo como metáfora de fondo para todo el libro: la vieja geografía de los imperios ha vuelto a activarse como escenario de la competencia entre grandes potencias.

Un recorrido por los ensayos

Salvo este primer capítulo, extenso e inédito, el resto de los textos habían aparecido previamente en revistas como The Atlantic, The Washington Post o The National Interest a lo largo de entre uno y quince años antes de la publicación del libro, por lo que no llegan a abordar el mundo posterior a la primera presidencia de Trump, aunque la publicación especializada Kirkus destaca que la mayoría de esos análisis ha envejecido razonablemente bien. Algunos ensayos están dedicados a Corea del Norte, a la literatura sobre la guerra de Vietnam y al llamado «ethos guerrero», así como a retratos de otros pensadores «realistas» de la política exterior estadounidense a quienes Kaplan somete a un examen en general comprensivo, aunque no exento de matices críticos. De hecho, antes de entrar en esos análisis, el propio Kaplan reconoce su propio error de cálculo al haber apoyado en su momento las invasiones de Irak y Afganistán, un gesto de autocrítica que enmarca el resto del libro.

Kirkus ha destacado estos elocuentes ensayos como una colección de análisis inquietantes, aunque no apocalípticos, sobre los asuntos mundiales, presentado con suficiente ingenio como para que el lector quiera volver a él pasados los años. Por su parte, el columnista Bret Stephens, en The New York Times Book Review, describió el conjunto como una colección «elegante y humana», y subrayó la «fascinación constante de Kaplan por el peso decisivo de la geografía en los cálculos, ambiciones e ilusiones de estadistas y sociedades enteras», calificando al autor de profeta con un historial de predicciones incómodamente acertado. De hecho, la idea que recorre todo el volumen es que la geografía sigue siendo destino, y que las viejas rutas y fronteras imperiales continúan determinando la política del presente con más fuerza que las ideologías que se les superponen.