Orígenes, esplendor y declive del Imperio británico

En un relato fluido y ameno, a pesar de la ingente cantidad de fuentes e información manejadas, uno de los más brillantes historiadores británicos de nuestro tiempo, Niall Ferguson, narra la historia de cómo se creó el imperio más grande de todos los tiempos en El Imperio Británico. Cómo Gran Bretaña forjó el orden mundial, que ha publicado recientemente la Editorial Debate. Tomando como referencia el post sobre la Compañía de las Indias Orientales que publicamos hace un tiempo, recomendamos este prolijo ensayo.

Por Óscar Herradón ©

La muerte de Isabel II y los fastuosos funerales que la siguieron, así como el nombramiento de su primogénito como nuevo rey bajo el nombre de Carlos III de Inglaterra, ha evidenciado el enorme poder que todavía tienen la corona británica y la Commonwealth, a pesar de que ya no es aquel gigante (con pies de barro) de siglos pretéritos. No obstante, ostenta una influencia mundial incontestable que ha hecho que el mundo entero estuviese pendiente de Londres, su Parlamento, Windsor o Westminster, auténticos centros de la actualidad informativa durante semanas.

Los comienzos de ese gran imperio fueron difíciles y modestos, puesto que una vez que los Reinos católicos de la Península Ibérica cruzaron por primera vez el Atlántico y entraron en el Índico, la economía mundial rompió todos los moldes y el imperio hispánico era imparable. Las nuevas técnicas de extracción que los españoles aplicaron a las minas del Nuevo Mundo hicieron que Europa recibiese anualmente, entre 1540 y 1700, unas 50.000 toneladas de plata americana.

John Cabot

A Inglaterra, desde la época del fundador de la dinastía Tudor, Enrique VII, solo le quedaba para hacerse grande a nivel internacional la vía de la expoliación mediante la piratería que saqueaba los barcos y plazas españolas. De hecho, el monarca inglés llegó a conceder cartas de patente de navegación al marino veneciano Juan Caboto (John Cabot), en 1496, para que imitase la epopeya de Cristóbal Colón, aunque con poco éxito.

Piratas y corsarios que cambiaron la Historia

La envidia británica por los imperios ibéricos sería la llama que produciría su expansión, pues tras la Reforma dicho sentimiento aumentó y el reino comenzó a pensar que tenía el deber religioso de crear un Imperio protestante para anteponerlo al de las católicas España y Portugal; así, el imperio británico se creó como una reacción nacional contra el poder imperial español, católico y regido por una monarquía absoluta –frente a la monarquía parlamentaria inglesa que en tiempos de la Revolución acabaría por decapitar al mismo rey, Carlos I–.

Morgan

En palabras de Ferguson, lo que hizo grande a Reino Unido fue que piratas como Henry Morgan (que contaba con patente de corso otorgada por la Reina Virgen, Isabel I, lo que brindaba carácter oficial al expolio) invirtieron el oro y la plata saqueados a España en propiedades para el cultivo de azúcar en Jamaica, lo que haría despegar dicho imperio. Así, Reino Unido desarrolló una nueva economía triangular: los productos manufacturados eran llevados a África por esclavos y se intercambiaban por el azúcar del Caribe que luego vendían en Europa. La todopoderosa Compañía de las Indias Orientales crearía sus propios ejércitos con tropas nativas y oficiales británicos, y poco a poco convirtió sus asentamientos comerciales en pequeños reinos.

Inmigraciones masivas, comercio y unidad parlamentaria

El libro narra cómo Gran Bretaña se hizo con el dominio mundial porque desde comienzos del siglo XVII hasta la década de 1950, de las islas emigraron más de 20 millones de personas de las que muy pocas regresaron y eso que los lugares en los que recalaron fueron en muchos casos inhóspitos, marginales y plagados de enfermedades. Se trató de la inmigración más masiva de la historia y llenó de blancos anglosajones rincones enormes del planeta (e incluso continentes enteros).

1740 fue el año en que se cantó por primera vez el Rule, Britannia!, «los británicos nunca, nunca serán esclavos»; sin embargo, los colonos ingleses en el Nuevo Mundo se enriquecerían precisamente por el comercio de esclavos y, paradójicamente, serían los impulsores de la Revolución americana contra el Imperio, principio de un cambio de paradigma en relación con las colonias. Por otro lado, el florecimiento de la sociedad comercial en el siglo XVII trajo consigo una prosperidad nunca antes vista, y aunque los británicos fueran vistos (y responsables) de un despiadado colonialismo y expolio de países como la India (la Joya del Imperio) y muchos otros territorios, de su Parlamento emanarían también algunos de los derechos que contribuirían a la modernización de la civilización sin el recurso a la violencia extrema de la Revolución Francesa.

Un complejo puzle cuyas piezas une Ferguson para brindarnos un relato vibrante que nos acerca una realidad apenas impensable: cómo una pequeña y lluviosa isla del norte del Atlántico pudo construir el imperio más grande de la historia. El imperio británico logró, desde las primeras rutas marítimas y comerciales del siglo XVIII hasta la Segunda Guerra Mundial y la independencia de la India, uno de los dominios más impresionantes que ha conocido la historia de la humanidad; gracias a una magnífica flota mercantil y militar y a una innegable voluntad política, lo que llevó a los británicos a extender su poder desde sus escarpadas costas (que no pudieron conquistar los españoles a bordo de la Grande y Felicísima Armada enviada por Felipe II en el siglo XVI, lo que habría cambiado sustancialmente las cosas) hasta los remotos confines de Asia, África y la India, logrando una unidad geopolítica y administrativa pocas veces vista.

Un trabajo polémico y apasionado de síntesis histórica que aborda el auge del consumismo provocado por la demanda de café, te, tabaco y azúcar, la citada mayor inmigración en masa de la historia, el impacto de los misioneros, el triunfo del capitalismo o la extensión de la lengua inglesa, la que hace que se entiendan prácticamente todos los ciudadanos a nivel mundial, mal que le pese al español (uno de los más extendidos, cierto) y al esperanto.

He aquí el enlace para adquirir el libro:

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Un tributo a la tierra (Reservoir Books)

Joe Sacco es un periodista singular y combativo. De esos que no se conforman con la verdad oficial y profundizan hasta sacar a la luz toda la escoria que oculta. Célebre por combinar el relato periodístico (del bueno, de investigación) con el cómic, su lucha contra el establishment viene de lejos. Ahora, de la mano de Reservoir Books, nos llega su última obra.

Óscar Herradón ©

Nacido en Malta un 2 de octubre de 1960 y habiendo pasado gran parte de su vida en Australia, en la década de los noventa el entonces joven periodista estadounidense sorprendió a la opinión pública con una rompedora y hasta entonces inédita mezcla de textos periodísticos volcados al cómic, y lo hizo sobre (y desde) uno de los lugares más conflictivos del planeta: Oriente Medio.

A sus primeros trabajos en Palestina (fruto de los cuales nació Notas al pie de Gaza, también editado en castellano por Reservoir), le siguieron otros lugares no menos hostiles, como los Balcanes, y sus obras se llenaron de temas espinosos y de aquellos que no suelen tener voz, encontrando un escaparate en su trabajo: inmigrantes, refugiados, gentes en la más absoluta pobreza… también idealistas e indignados. De aquel viaje al «polvorín» balcánico donde se produjo el mayor crimen de guerra desde la Segunda Guerra Mundial en territorio europeo, nació Gorazde: Zona Protegida (dibujada también por Sacco y publicado en España por Planeta DeAgostini), que narra su experiencia en el pequeño pueblo que da nombre al título de la novela gráfica, sitiado al final de la Guerra de Bosnia en 1995; y de lo que le narraron los habitantes que permanecieron encerrados durante el sitio pasando todo tipo de calamidades, algo que podría extrapolarse a todo el territorio de la antigua Yugoslavia. No en vano, el subtítulo de la obra es «La Guerra en Bosnia oriental 1992-1995».

Rumbo a Canadá

Ahora aquel periodista tiene 60 años y su obra, más sosegada (quizá por madura), no deja de mover conciencias, como lo hicieron en su momento otras novelas gráficas como Maus o Persépolis. Y con 2021 ha llegado su nuevo trabajo: Paying the land, un libro con otro de los grandes problemas de nuestro tiempo: el cambio climático. En castellano ha sido recientemente publicado por Reservoir Books en una magnífica edición en tapa dura bajo el título de Un tributo a la tierra, y Sacco ha escogido como trasfondo para su novela gráfica la extracción de recursos naturales en Canadá y cómo afecta eso a la población autóctona.

Una obra maestra del periodismo gráfico que no deja indiferente a cualquiera con un poco de dignidad, un cómic de no ficción que pone la lupa sobre los dene, un pueblo nativo que desde tiempos inmemoriales vive en las Tierras del Noroeste de Canadá. Digamos, pues, que son sus pobladores primigenios, y deberían tener muchos más derechos que los colonos (o al menos los mismos), pero en una historia largamente repetida al otro lado del charco, no es así.

Los denes consideran que pertenecen a la tierra, y no como el hombre occidental, que pensamos que la tierra nos pertenece y por ello explotamos los recursos naturales hasta la extenuación; no solo en esos lejanos bosques canadienses, sino de uno al otro rincón del planeta cada vez menos azul. Sacco, siempre con su conciencia social por bandera, acudió a aquel lugar buscando un problema relacionado con el efecto invernadero, la contaminación y la tala de bosques, y se encontró con algo aún peor: el vergonzante resultado de la más despiadada colonización, historia que no por largas veces repetida (con matices y diferencias), deja de perturbar.

Un lugar de gran riqueza… para los forasteros

Como suele suceder cuando un territorio virgen atrae a los tiburones del «negocio», aquellos territorios canadienses albergaban –y aún lo hacen– importantes recursos, desde petróleo y gas a diamantes. Una tierra rica que, como en muchas partes de África, ofrece su néctar a todos menos a los nativos que, como mucho, trabajan explotados extrayéndolo de la tierra de sus ancestros. Con la minería llegaron las inversiones y el trabajo (al principio), pero también la tala indiscriminada, la contaminación, los vertidos tóxicos y los oleoductos que destruyeron tanto el paisaje como la forma de vida de esos dene que no estaban preparados para un cambio tan drástico y devastador.

La Nación Dene reivindicando sus derechos

Como narra Sacco en este sobrecogedor relato gráfico, durante mucho tiempo la política oficial del gobierno canadiense consistió en arrebatar la identidad indígena de este pueblo: les prometieron educación, pero no fue el estado quien se encargó de ella, sino misioneros católicos y protestantes que durante más de un siglo metieron a los niños indígenas en internados que despreciaron su identidad y su cultura, desdibujando sus orígenes y provocando otros conflictos con su propio hogar en su regreso de aquella sesgada formación. En 2015, el informe definitivo de la llamada «Comisión de la verdad y la reconciliación» determinó que dicho pueblo, de apenas un millar y medio de habitantes que durante siglos se alimentaron gracias a la caza de grandes mamíferos, se había cometido un auténtico «genocidio cultural».

Joe Sacco recupera esta terrible historia y la transmite a través del arte, pues Un tributo a la tierra es, además de un manifiesto contra la globalización y la mal entendida «modernidad», ante todo una obra de arte de obligada lectura. He aquí el enlace para adquirirla:

https://www.penguinlibros.com/es/los-mejores-comic/37312-un-tributo-a-la-tierra-9788417910884