W.I.T.C.H. La «secta» de las brujas feministas (I)

A finales de los años 60 Norteamérica era un polvorín. A las protestas por la guerra de Vietnam y la segregación racial, se sumaban procesos judiciales que ponían contra las cuerdas al mismo status quo. En medio de vertiginosos cambios sociales vistos con temor por la América más conservadora, surgió un grupo de mujeres activistas que, reconvertidas en hechiceras contra el patriarcado, causaron graves escándalos con sus sabbats, sus performances «mágicas» y su llamamiento a la acción directa.

Por Óscar Herradón ©

Escogieron para su fundación la noche de Halloween de 1968, el año de las barricadas en París, de la Primavera de Praga, de las marchas estudiantiles contra una guerra librada a miles de kilómetros y de la canción-protesta. El mismo en que las fuerzas más reaccionarias se encargaron de dilapidar las esperanzas de minorías étnicas y los garantes de los derechos civiles con los magnicidios de Robert Kennedy y de Martin Luther King. Eligieron también una ciudad icónica no solo para EE UU, sino para el mundo entero, Nueva York, donde los medios de comunicación podían tener más empuje en unos tiempos en que no existían las RRSS ni la globalización tecnológica.

Y parece que causaron bastante revuelo, pues fue el inicio del feminismo radical que hoy profesa todo el mundo libre. Hablo de un movimiento que se creó en esa fecha y en dicha ciudad y tomó el nombre de W.I.T.C.H. (bruja en inglés), acrónimo de toda una declaración de intenciones: «Conspiración Terrorista Internacional de las Mujeres del Infierno» (Women’s International Terrorist Conspiracy from Hell).

De hippies a yippies

Emblema del Young International Party

Para entender el origen del grupo contracultural W.I.T.C.H. y sus muchas facciones hay que echar un vistazo al escenario previo en muchas ciudades estadounidenses. En un tiempo donde la represión seguía siendo notable, así como el racismo, la homofobia y la misoginia, con el conflicto de Vietnam y sus veteranos mutilados de fondo, el movimiento hippie tomó una forma combativa y radical que sería bautizada como «Yippie» por el nombre del cada vez más exitoso Youth International Party (Partido Internacional de la Juventud). Sus miembros más radicales crearon una organización antiautoritaria y antimilitarista, defensora de la libertad de expresión, que hizo uso del efectismo teatral y la performance activista y antibélica (que generaba una reacción verdaderamente urticante entre la llamada América tradicional, «Blanca, Anglosajona y Protestante»), la parodia y el boicot al status quo. Se erigían en auténticos desestabilizadores del sistema y empezaron a ser objetivo de las autoridades y los servicios de inteligencia.

Abbie Hoffman en 1969

Sus principales cabecillas fueron los activistas sociales Abbie Hoffman y Jerry Rubin. Fueron responsables de notables acciones antisistema y el propio Rubin, en Do it! (¡Hazlo!), en 1971, hablaba con evidente sarcasmo del yippie en estos términos: «un vagabundo drogado con el fusil al hombro tan feo que la sociedad pequeño-burguesa se aterroriza con su aspecto», también como «un loco hijo de puta con pelos largos y barbudo cuya vida es teatro y que crea a cada instante la nueva sociedad mientras destruye la vieja». Su canto de guerra fue «Revolución o muerte».

El nombre Yippie! –así, con exclamación, «como de sorpresa y júbilo»– surgió durante la Nochevieja de 1967, cuando sus futuros miembros celebraban el año nuevo en medio de una fiesta de ácido, música rock y planes conspiracionistas con la intención de derrocar a Lyndon B. Johnson, el presidente demócrata que sustituyó a JFK e implicó profundamente a EE UU en la Guerra de Vietnam. Se identificaron, además, con las reivindicaciones del Black Power, con un discurso arrollador y su retórica del nacionalismo y la raza como confrontación cultural al «American Way of Life», la llamada acción directa y su radical e inminente reinterpretación de su propia historia. Ello conectó con los movimientos sociales de izquierdas, parte de la comunidad negra que formaba los Black Panthers y también con lo que daría en llamarse feminismo radical.

Bobby Seale

Precisamente Hoffman y Rubin estuvieron involucrados, junto al también yippie Juice Box y el cofundador del The Black Panther Party, Bobby Seale, en los graves disturbios que tuvieron lugar en 1968 en Illinois, Chicago, durante la Convención Nacional Demócrata, donde se enarbolaron consignas en contra de la Guerra de Vietnam. En el Anfiteatro Internacional de Chicago masas de manifestantes fueron agitadas por discursos políticos y por el eléctrico sonido de las guitarras del vanguardista grupo de protopunk MC5, al que en breve dedicaremos un amplio post en «Dentro del Pandemónium». Después, estallaron las revueltas, reprimidas por métodos que algunos medios describieron como «de la Gestapo».

Hoffman, Rubin, Box y Seale fueron detenidos en el marco de los disturbios junto a David Dellinger, Tom Hayden, John Froines y Lee Weiner, dando forma a los llamados Chicago Eight (los Ocho de Chicago), que serían acusados de cargos de conspiración e incitación a los disturbios contra la policía. El hecho de que solo fuesen detenidos los líderes masculinos, y que las mujeres –que también participaron activamente en las protestas– fueran relegadas a un segundo plano y exculpadas, provocó una escisión que llevaba tiempo gestándose en el seno del feminismo.

Independencia absoluta

El propio movimiento de izquierdas –afirmaban– las relegaba a un segundo plano, a meras «taquígrafas» en comités y asambleas, asegurando que repetían los mismos esquemas machistas que habían sufrido sus madres y abuelas. Hasta ese momento, muchas de las reivindicaciones feministas se habían visto infravaloradas, un discurso que la propia izquierda había ridiculizado e incluso llegó a catalogar de contrarrevolucionario. Estas mujeres querían que sus compañeros de lucha varones realizaran una interiorización sincera de la necesidad de una política feminista y de la reinterpretación de los propios valores masculinos tradicionales. Promovían una lucha anticapitalista para derribar al patriarcado, algo que reivindicarían grupos como las Redstockings del Movimiento de Liberación de las Mujeres, de cuyo seno saldrían también parte de las integrantes de W.I.T.C.H.

Una de las principales fundadoras del grupo fue la activista Robin Morgan, ex estrella infantil de la televisión, que a la vez que militaba hacia 1967 en los yippies, entró en las filas de la organización feminista New York Radical Women, responsable de algunas performances sonadas y escandalosas. Entre otras acciones, boicotearon el concurso de Miss América que tuvo lugar en Atlantic City en 1968, al tiempo que se fundaba W.I.T.C.H. Morgan, que hoy se sigue considerando una «bruja» moderna, se hizo una experta en su historia y en las persecuciones religiosas que acabaron con la vida de millares de mujeres acusadas de hechiceras, realizando conferencias y talleres.

Robin Morgan es arrestada en Grove Park en 1970

En 2006 publicó con Melvin House una novela de brujería titulada The Burning Time (El Tiempo de la Quema). Ella misma escribió décadas después de la fundación de W.I.T.C.H.: «He sido una activista durante veinte años y bruja durante mucho más tiempo. He envejecido intentando convencer y enseñar a las feministas, y a las mujeres en general, que la espiritualidad y la reverencia por la Diosa realzarían sus tareas y que, de hecho, las estimularían cuando se sintieran agotadas por demasiado trabajo de tipo político».

Este post tendrá una inminente continuación en «Dentro del Pandemónium».

PARA SABER (MUCHO) MÁS:

La editorial La Felguera publicó en 2013 el pequeño gran libro W.I.T.C.H. Comunicados y hechizos, base documental principal de este artículo. Una joya ilustrada, en la línea de las ediciones a las que nos tienen acostumbrados Servando Rocha y compañía, en la que se narra el origen, la evolución, la disolución y la controversia de este grupo radical de feministas que han inspirado muchos movimientos anti-establishment actuales.

Asuntos Peligrosos (Neo-Sounds)

Y hace apenas unos meses, la editorial Neo-Sounds, habitual en los post musicales de «Dentro del Pandemónium», publicaba Asuntos peligrosos. Droga, delincuencia, MC5 y mi vida de imposibilidades, firmado nada menos que por Wayne Kramer, cofundador del legendario grupo de protopunk de Detroit nacido en los sesenta, la década de las W.I.T.C.H. y la contracultura por excelencia.

Un libro que no es sino un relato (no tan) clásico de superación sobre un hombre que alcanzó el olimpo del éxito y conoció de primera mano los más sórdidos sumideros del exceso. Precisamente, la afilada guitarra de Kramer y las combativas letras de los MC5 sonaban en los mítines de las W.I.T.C.H. También la liaron parda en el Lincoln Park, el 25 de agosto de 1968, donde el grupo, liderado entonces por el poeta y activista John Sinclair y por Fred «Sonic» Smith –más tarde esposo de la legendaria musa punk Patti Smith–, dio un concierto que acabó siendo disuelto de forma brutal por la policía. Eran los prolegómenos de los sonados disturbios que tendrían lugar en aquel Estado con motivo de la celebración de la Convención Nacional Demócrata –como protesta por la guerra de Vietnam– que acabarían con el mediático juicio de los «7 de Chicago» –en realidad 8–, los acusados por los desórdenes y que serían juzgados en un proceso de todo menos objetivo marcado por el escándalo. 

He aquí el enlace para adquirir este recorrido por la historia de MC5 en la que en breve ahondaremos en el pandemónio:

https://www.alfaomega.es/libros/asuntos-peligrosos/9788415887553/

El Gran Reemplazo: la última falacia cibernética

Vivimos tiempos de crisis económicas endémicas, globalización e incertidumbre social que ha aumentado con la pandemia, generando una polarización de la sociedad que también vemos en España. Con la migración masiva en el punto de mira y un éxodo de migrantes que ha aumentado exponencialmente tras la invasión rusa de Ucrania, algunos grupos vinculados a la extrema derecha extienden en RRSS la teoría conspirativa de «El Gran Reemplazo»: los occidentales blancos estarían siendo sustituidos por la multiculturalidad en un genocidio largamente encubierto. Una postura que han defendido algunos de los seguidores más radicales de Donald Trump, pero que encuentra eco también en Europa, donde precisamente nació. Tras los últimos tiroteos masivos en EEUU, esta conspiranoia vuelve a estar en primera línea de actualidad.

Óscar Herradón ©

En febrero de este 2022 la editorial Edaf lanzó mi último trabajo de divulgación, el libro La Gran Conspiración de QAnon y otras teorías delirantes de la Era Trump, un recorrido sui géneris por este alocado mundo en el que vivimos, bombardeados por todo tipo de información, millones de datos entre los que cuesta discernir la verdad de la suposición, los hechos del bulo, la noticia del fake. Un amplio espectro de movimientos y creencias en el que se dan la mano ciberactivistas de extrema derecha y extrema izquierda, vendedores de humo que mueven masas, políticos que causan vendavales a golpe de tuit, conspiracionistas de medio pelo, verdaderas milicias antisistema…

Un espejo del batiburrillo confuso y humeante de esta tercera década del siglo XXI que comienza revuelta, hiperglobalizada y polarizada, en medio de crisis económicas, del eterno desempleo, la división cada vez más acentuada entre los selectos ricos (con mayor patrimonio tras la pandemia) y la multitud de pobres, la pérdida de esperanza, de fe o de los sistemas de valores de otro tiempo (en muchas ocasiones para bien, otras para mal), en un mundo a las puertas de la inteligencia artificial y el 5G lleno de posibilidades donde, sin embargo, pululan los mismos fantasmas de tiempos anteriores, la precariedad y el miedo, la incertidumbre y la desesperanza, unidas a la sensación de estar permanentemente vigilados.

Un acelerado cambio de paradigma

Tras pasar –y no del todo– una pandemia que jamás creíamos que sobrevendría en tiempos de trasplantes multiorgánicos, microchips cerebrales y hombres-cíborg, cuando los «turistas espaciales» pueden, a golpe de talonario, realizar un viaje por la estratosfera en un cohete, resulta que un virus respiratorio (para unos, fabricado en laboratorio, para la gran mayoría, una simple mutación que no esperábamos), causa más de 6 millones de muertos y creciendo y convierte en real el escenario planteado en películas como Contagio o Estallido y en novelas como La Peste de Albert Camus, cien años después de la última gran pandemia, la mal llamada Gripe Española que comenzó en medio de la Primera Guerra Mundial.

Y si no teníamos bastante, resulta que la escalada de tensión en el este de Europa culminó con la invasión de las tropas rusas de Ucrania, un país que acaba de ganar Eurovisión (más por solidaridad que por estrictas razones artísticas) y cuya terrible guerra dura más de 80 días, tres largos meses de sirenas antiaéreas, bombardeos, ejecuciones y torturas en una auténtica vulneración de los derechos humanos (al parecer por ambas partes, aunque principalmente de la rusa) y el mayor éxodo en el viejo continente desde la Segunda Guerra Mundial, esa conflagración devastadora que ocupa numerosas entradas de este Pandemónium.

El señor Jones

Pues bien, en dicho trabajo, que vio la luz apenas unas semanas antes del estallido de la guerra de Putin, como la llama Pedro Sánchez, y que el Kremlin tilda de «operación militar especial» para no movilizar a la población (algo que provocaría una respuesta social previsiblemente negativa), hablaba de cómo algunos de los conspiracionistas –que mueven auténticas masas en el país de las barras y estrellas– como el mediático Alex Jones, uno de los que más contribuyó a la victoria de Trump en las presidenciales de un ya lejano 2016 y posteriormente en airear sus políticas republicanas, es un fiel seguidor, además de mil y una teorías a cuál más estrambótica, del llamado «Genocidio Blanco».

Hoy hablo de él en este post porque en dos días se han producido nuevos tiroteos masivos en Estados Unidos, y quienes los han perpetrado parecen pertenecer a esta ola de seguidores de la llamada teoría de «El Gran Reemplazo», tiroteos en Búfalo (Nueva York) y Laguna Woods (Los Ángeles) de los que me ocuparé en un segundo post para no aburrir al lector con tanta subordinada.

La Gran Conspiración contra el Occidente blanco

Pues bien, regresando a Alex Jones, éste es también defensor de la teoría conspirativa neonazi y supremacista del llamado genocidio blanco, según la cual la inmigración masiva, la integración racial, el mestizaje, las bajas tasas de fertilidad, la anticoncepción y el aborto se están promoviendo en países predominantemente blancos (como EEUU, pero también gran parte de Europa, con Inglaterra a la cabeza) para convertir deliberadamente a éstos en una minoría y provocar que se extingan a través de la «asimilación cultural».

El 2 de octubre de 2017, afirmó que los demócratas y comunistas estaban planificando ataques de «genocidio blanco». Y meses antes, en abril, fue duramente criticado por sostener que el ataque químico en la ciudad siria de Jan Sheijun era un engaño y una operación de «bandera falsa», y que fue llevado a cabo por el grupo de defensa civil White Helmet, que, según él, es un frente terrorista afiliado a Al-Qaeda y financiado por George Soros, el «nuevo hombre del saco» del conspiracionismo. Declaró también que «nadie murió en Sandy Hook», lo que constituye una afrenta para la memoria de las víctimas y familiares de esta escuela primaria en la que murieron 28 personas, la mayoría niños, a manos del joven de 20 años Adam Peter Lanza.

Renaud Camus

Pero, ¿en qué consiste la teoría conspirativa del genocidio blanco? También conocida como «El Gran Reemplazo», fue impulsada por el escritor galo Renaud Camus en 2012, según la cual los franceses blancos católicos y la población blanca cristiana europea en general están siendo reemplazados sistemáticamente por pueblos no europeos, principalmente árabes, bereberes, norteafricanos, subsaharianos e iberoamericanos, a través de la inmigración masiva y el crecimiento demográfico. Según la investigadora austriaca experta en extremismo Julia Ebner, autora de La vida secreta de los extremistas (Temas de Hoy, 2020), era la ideología que motivó al perpetrador de la matanza de Christchurch en Nueva Zelanda o al del tiroteo en El Paso (Estados Unidos) ese mismo año.

Volviendo a Jones, el 6 de agosto de 2018, Facebook, Apple, YouTube y Spotify eliminaron todo contenido de Jones e InfoWars de sus plataformas por «violar sus políticas». Youtube cerró varios canales asociados al sitio web, entre ellos The Alex Jones Channel, con nada menos que 2,4 millones de suscriptores. Y Facebook hizo lo propio con cuatro de sus páginas por «glorificar la violencia gráfica y el uso de un lenguaje deshumanizante para describir a las personas que son transgénero, musulmanes e inmigrantes, lo que viola nuestras políticas de discurso de odio».

Apple también suprimió todos los pódcast asociados con Jones desde su plataforma iTunes, y también fue eliminado en Pinterest, Mailchimp y LinkedIn. Sería, además, uno de los personajes más activos en la jornada del asalto al Capitolio el 6 de enero de 2021 junto a milicias de extrema derecha y seguidores de QAnon que consideraban un fraude la victoria de Joe Biden en las presidenciales.

Hace apenas unas horas, el presidente demócrata desde entonces, mal que le pese a los gurús de la alt-right, en medio de la situación más delicada para la política internacional desde la Guerra Fría por el conflicto de Ucrania y el tira y afloja del Kremlin con la OTAN, también aludió a los graves problemas internos de la nación de las barras y estrellas, y señaló, en relación con la masacre de Búfalo, que «el supremacismo blanco es un veneno».

Este post tendrá una inminente continuación en «Dentro del Pandemónium»…