La expedición de la Ahnenerbe nazi a los confines del Islam

Dos de los personajes más fascinantes del entramado místico que conformaba la Ahnenerbe de Himmler fueron los investigadores –espías y amantes– Franz Altheim y Erika Trautmann. Éstos serían los responsables de acercarse al mundo islámico para reclutar en sus filas combatientes contra los enemigos del nazismo, en lugares donde el antisemitismo era muy fuerte y el Mein Kampf ya todo un bestseller.

Óscar Herradón ©

El Gran Muftí de Jerusalén pasando revista a tropas nazis

Precisamente el doctor Altheim y su compañera Trauttmann eran los personajes más cualificados para realizar labores de espionaje en una expedición del instituto que les llevaría a los confines del antiguo imperio romano en Oriente Próximo, llegando hasta Beirut, Bagdad y Damasco, lugares de gran importancia geoestratégica por sus reservas petrolíferas.

Wüst

Tras leer el artículo sobre las investigaciones realizadas por éstos en Val Camonica, en los Alpes, Hermann Göering decidió presentar a la pareja de aventureros a Himmler. Fascinado con su teoría sobre el origen ario de los pueblos de la antigua Roma, el Reichsführer decidió financiar otro viaje a la pareja a Italia y la costa adriática de Dalmacia, en la actual Croacia, que partiría en busca de nuevas evidencias de la presencia de antiguos nórdicos en esas tierras. Desde allí enviarían nuevas informaciones que agradaron considerablemente a Himmler y al entonces director del instituto de investigación de las SS, Walter Wüst, y a su regreso el líder de la Orden Negra dio instrucciones específicas al retorcido Wolfram von Sievers, uno de los dirigentes de la organización de estudios ancestrales, para que incorporase a la pareja a las filas de la Ahnenerbe, algo que aceptaron sin reservas.

Altheim había pasado de mirar con recelo al nuevo gobierno y de no interesarse por la política a ser un ardiente ultranacionalista fascinado por el eterno tema de la raza; si aquello servía además para dotarle de un mayor prestigio académico, mejor que mejor. Su ambición era viajar a las antiguas fronteras de la Roma imperial, en Europa Oriental y Oriente Próximo –a dónde por fin se encaminaba–, con la intención de mostrar las complejas relaciones de los pueblos sometidos a su dominio en Asia y África durante siglos.

Altheim y Trauttmann, arqueólogos, amantes y espías nazis
Val Camonica

Según el propio Altheim, en el siglo III una gran lucha había enfrentado a «los pueblos indogermánicos del norte» contra «los semitas de Oriente» por el control del imperio, y en su viaje él pretendía demostrar que, evidentemente, había triunfado la raza nórdica en la lucha por el poder sobre el antiguo imperio romano. Walter Wüst –informador a su vez del servicio de inteligencia de la SS comandado por Heydrich, el SD–, creyó ver en la pareja a los sujetos ideales para recabar valiosa información en Oriente Próximo: poseían fácil acceso a los círculos académicos, lo que les brindaba también acceso a los gobernantes y podían fácilmente localizar a simpatizantes de la causa nazi en lugares remotos que después podrían pasar a formar parte del servicio de inteligencia nacionalsocialista.

Los alemanes estaban especialmente interesados en las reservas petrolíferas del Golfo Pérsico, pues dependían en gran medida de los campos petrolíferos de Ploesti, en Rumanía, donde había un movimiento de oposición cada vez mayor al nazismo. El Golfo Pérsico concretamente era el principal lugar de abastecimiento de los británicos, que ya antes del estallido de la guerra aparecían como enemigo del Reich.

Los investigadores en Val Camonica

Por la mente de los alemanes planeaba la idea de un sabotaje o la toma de control de la zona; esa era la gran misión Altheim y Trautmann, ahora reconvertidos en espías del Tercer Reich. La pareja de exploradores alemanes podría contactar con líderes beduinos en los desiertos de Siria e Irak que apoyasen la causa nazi y cuya valiosa información podrían hacer llegar hasta Alemania.

Hacia los confines del Imperio romano

Desde Berlín, Altheim y Trautmann pusieron rumbo a Transilvania, donde estudiaron fascinados las ruinas de los antiguos reyes dacios, que Altheim consideraba, cómo no, un pueblo nórdico, tan belicoso como los propios nazis. En toda Rumanía experimentaron la tensión que se vivía debido a los disturbios causados por la llamada Guardia de Hierro –Garda de Fier en rumano–, una organización paramilitar y ultranacionalista que había sido fundada por el feroz antisemita rumano Corneliu Zelea Codreanu en 1927, en el seno de la organización ultraortodoxa «Legión del Arcángel Miguel», que mantenía una lucha sin cuartel contra el despótico rey Carol II, que había instaurado en el país una monarquía de corte fascista junto a su favorita, Madame Lupescu.

Codreanu en su boda (atención a la corona)

El movimiento de Codreanu aunaba misticismo y ultranacionalismo con un odio a los judíos tan visceral o más que el de los propios nazis. Corneliu era hijo del profesor nacionalista Ion Zelenski y de su esposa, de origen alemán, Elisabeth Brunner, En 1902 el progenitor cambió su apellido por el de Zelea, para que sonase más rumano, y añadiendo un segundo apellido, Codreanu, que remitía a sus orígenes forestales –precisamente codru significa «bosque» en rumano–. Obsesión ésta, la del regreso a la naturaleza y la exaltación del campesinado, que también caracterizaría a los ultranacionalistas alemanes.

A los 11 años Corneliu ingresó en el Liceo Militar Manastirea Dealului, donde estuvo hasta 1916, momento en el que Rumanía entró en la Primera Guerra Mundial. El joven nacionalista intentó alistarse pero como no tenía la edad reglamentaria, su solicitud fue desestimada, algo parecido a lo que le sucedería al propio Himmler. Aún así, Codreanu se uniría al 25 Regimiento de Infantería de Vaslui, donde su padre era capitán. Finalizada la contienda continuó su formación en el Liceo y en otoño de 1919 ingresó en la Universidad de Iasi para estudiar Derecho, momento en el que comenzó a formar parte de la Guardia de la Conciencia Nacional, una organización antirrevolucionaria que se enfrentaba a los grupos izquierdistas, reventaba huelgas y manifestaciones y repartía propaganda ultranacionalista, actividades que cada vez se volvían más agresivas y que recuerdan a los primeros tiempos del nazismo, movimiento prácticamente contemporáneo a éste. Codreanu, además, contaba con una ventaja: gozaba de la protección del rector de la Universidad, el antisemita Alexandru C. Cuza, su mentor.

Otro fascista con vocación mesiánica

Poco después pasó a estudiar a Jena, en Alemania, economía política y en 1922 estableció los primeros contactos con el NSDAP. De nuevo en Rumanía, Codreanu comenzó una política activista y planeaba cometer varios atentados contra personalidades de su país. Descubiertos él y sus camaradas por un chivatazo, fueron arrestados, aunque utilizaron su juicio en marzo de 1924 como un acto de propaganda, algo similar a lo que hizo Hitler tras el Putsch de Munich. Los virulentos jóvenes fueron finalmente absueltos.

A. C. Cuza

Mientras permanecían en prisión tuvo lugar el acontecimiento que llevaría al antisemita a crear su organización. Codreanu afirmaba que había tenido una visión en la capilla de la cárcel en la que nada menos que el arcángel Miguel le animaba a dedicar su vida a Dios. Pero no a través del amor ni la misericordia, no, sino a través de la lucha –el mesianismo rumano y el nacionalsocialista coincidían también en este aspecto–, creando la organización «Hermandad de la Cruz», cuyo objetivo era el renacimiento nacional. Poco tiempo después la policía detuvo a sus miembros y los torturó, lo que provocó que Codreanu asesinase al prefecto responsable de aquellas acciones.

El 24 de junio de 1927 fundó la «Legión de San Miguel Arcángel», en honor a su supuesta visión; cual iluminado, Corneliu se vistió de la cabeza a los pies con un traje blanco y montado sobre un caballo del mismo color recorría el país dando discursos a medio camino entre la predicación y la arenga política a los campesinos rumanos, a los que inculcaría ideas de corte místico, un fuerte nacionalismo y claro, antisemitismo.

Distinto sitio, mismo lugar

Como sucedía en Alemania, culpaba a los judíos de todos los males de su país y de la pérdida de valores cristianos. Instaba a las gentes a que recogieran puñados de tierra de los campos de batalla de Rumanía, en los que los héroes nacionales habían luchado y derramado su sangre, y a llevarlos colgados alrededor del cuello en unas bolsitas del tela. A tal punto llegaron su prédicas entre los humildes campesinos, tan convincente era en su oratoria y en su entrega a una causa fanática e irracional, que muchos creían ver en él efectivamente a un emisario del arcángel San Miguel.

Las palabras que dejó escritas en el Manual del Jefe, en el apartado «Deberes del Legionario», están impregnadas de un misticismo y fanatismo en cierta manera comparables a los que Hitler recogería en su Mein Kampf: «Un legionario mira directamente a los ojos. Los ojos no mienten. Su rostro está lleno de esperanza. Cuando habla y cuando escribe, debe ser breve, claro y preciso. (…). Hoy, nosotros estamos prestos a reunirnos alrededor de los altares como en los tiempos de los grandes peligros, para recibir de rodillas, la bendición de Dios. Las guerras las vencen aquellos que han sabido atraer de los cielos las fuerzas misteriosas del mundo invisible y asegurarse el concurso de ellas. Estas fuerzas misteriosas son los espíritus de nuestros antepasados, los que han estado también, en otro tiempo, y ligados a nuestra tierra y han muerto en su defensa, permaneciendo todavía hoy ligados a ella en el recuerdo de su vida terrena y por intercesión nuestra, sus hijos, nietos y biznietos (…). El que entra en esta lucha, debe saber desde el principio que habrá que sufrir. Después del sufrimiento, viene siempre la victoria (…)».

Codreanu y su Legión de San Miguel Arcángel

No obstante, el mismo año del viaje de Altheim y Trautmann a Rumanía sería el mismo del final de Codreanu. En abril, junto con sus comandantes legionarios, fue detenido y trasladado a prisión. Poco después, enfermo de tuberculosis, sus visiones místicas se acentuarían, llegando a afirmar que podía ver a Jesucristo y a sus compañeros legionarios caídos en combate en el interior de su celda. Codreanu se había convertido en un personaje muy incómodo para el rey Carol y el día 30 de ese mes el líder de la secta y otros 13 legionarios de su Guardia Negra eran estrangulados y tiroteados en medio de una fuga simulada organizada por sus captores.

Este post tendrá una inminente segunda parte, donde veremos la penetración de los espías de la Ahnenerbe en el mundo islámico.

PARA SABER (MUCHO) MÁS:

Sobre la Ahnenerbe, existen varios libros interesante, el más reciente editado por Espasa y escrito por el periodista Eric Frattini: Los científicos de Hitler. Historia de la Ahnenerbe. Edificado por Himmler, fue un departamento de las SS creado por Himmler bajo este nombre que en alemán significa «Sociedad de estudios para la historia antigua del espíritu». Tenía tres objetivos: investigar el alcance territorial y el espíritu de la raza ario-germánica; rescatar y restituir las tradiciones alemanas –que para el Reichsführer habían sido aniquiladas por el cristianismo, y por soberanos como Carlomagno, a quien odiaba profundamente–, y difundir la cultura tradicional alemana (mucha creada ex profeso por los investigadores afectos al régimen) entre la población en general.

Los trabajos más importantes sobre la institución y el papel de Himmler en el entramado místico del Tercer Reich son El Plan Maestro: arqueología fantástica al servicio del régimen nazi, de Heather Pringle (publicado en castellano por Debate en 2007) y Das «Ahnenerbe» der SS (1935-1945), del historiador alemán Michael H. Kater, publicado hasta el momento únicamente en lengua germana.

En mi trabajo La Orden Negra. El Ejército Pagano del Tercer Reich (Edaf, 2011) también dediqué un amplio espacio a la Sociedad Herencia Ancestral y a los delirios místicos del líder de las SS. En relación con la magia y el ocultismo, y cómo el Reichsführer-SS reclutó al astrólogo Wilhelm Wulff para que trazase horóscopos de los enemigos del Reich cuando éste comenzaba a claudicar en en la contienda, podéis consultar mi libro Los Magos de la Guerra. Ocultismo y espionaje en el Tercer Reich, editado por Libros Cúpula (Grupo Planeta) en 2014.

Por su parte, para estudiar en profundidad la relación del nazismo con el islam y la participación del mundo musulmán en la contienda del lado del Eje, os recomiendo Los musulmanes en la guerra de la Alemania nazi, del profesor de Historia en la London School of Ecomomics and Political Science (LES por sus siglas en inglés), un minucioso y documentado ensayo que acaba de publicar Alianza Editorial.

El libro narra parte de lo que contamos en el post: cómo en la fase más decisiva de la contienda, tras sufrir los reveses militares en la URSS, la Alemania de Hitler optó por el pragmatismo y, dejando de lado sus prejuicios racistas –algo impensable años atrás– a favor del avance geoestratégico, intentó instrumentalizar el Islam en su beneficio. Para ello, se distribuyó propaganda nazi entre los musulmanes de territorios tan dispares como el norte de África, los Balcanes o el Cáucaso (lugares todos ellos visitados por Altheim y Trauttmann y otros miembros de la Ahnenerbe precisamente con esa finalidad). Himmler, como venimos señalando, era uno de los más entusiastas partidarios de este proyecto que impulsaba la creencia de que los musulmanes eran una poderosa fuerza que tenía los mismos enemigos que Alemania: el Imperio Británico, la Unión Soviética y los judíos. A pesar de considerarlos «inferiores» en su escala racial, no olvidemos que el Reichsführer fue un entusiasta lector del Corán, y envió diversas expediciones en busca de vínculos pasados entre los arios y dicho pueblo ­–una auténtica majadería–.

Éste es el primer estudio exhaustivo de los ambiciosos intentos de la Cancillería berlinesa de forjar una alianza con el mundo islámico con el objetivo de reclutar, por un lado, el máximo de hombres para el esfuerzo bélico –los alemanes tenían cada vez más bajas y pérdida de armamento en el frente del Este–, y por otro, minar los imperios británico y soviético a los que combatían en la mayor sangría de la historia contemporánea. Podéis adquirirlo en el siguiente enlace:

https://www.alianzaeditorial.es/libro/alianza-ensayo/los-musulmanes-en-la-guerra-de-la-alemania-nazi-david-motadel-9788413621913/

Ritos y simbología del crimen organizado (IV): Vor v Zakone

Estos días se juzga a los cabecillas de los clanes de la ‘Ndrangheta en Calabria. La Camorra vuelve a estar de actualidad cuando un documental revela cómo los nuevos «capos» de la mafia napolitana son apenas «millennials» que siguen haciendo negocio en plena pandemia y hace unos días que el sicario de la Cosa Nostra Ferdinando «Freddy» Gallina era extraditado desde EEUU a su Italia natal para ser juzgado por tres homicidios «agravados con finalidad mafiosa». El crimen organizado «made in Italy» sigue viva cuando apenas queda un año para que se cumpla medio siglo del estreno en cines de El Padrino, obra maestra por antonomasia del nuevo cine de los setenta. Excusas suficientes para repasar los ritos secretos y los símbolos esotéricos de la Mafia.

Óscar Herradón ©

En la magnífica película Promesas del Este, dirigida por David Cronenberg en 2007, podemos ver un ritual de iniciación en la mafia conocida como Vor v Zakone, un entramado criminal que, además de los rígidos códigos de honor, otorgan gran importancia a los tatuajes –algo que sucede también con la Yakuza japonesa–, a través de los cuales el iniciado puede leer la trayectoria delictiva del «soldado». Son los códigos del Hampa impresos en la piel de unos hombres a los que no les tiembla el pulso a la hora de matar.

Y es que los vor v zakone, cuyo significado en ruso sería algo así como «ladrón en la ley», están relacionados desde su nacimiento con el mundo criminal. La inmensa extensión de Rusia provocó que nacieran grupos de bandoleros y ladrones que actuaban, principalmente, en los numerosos puntos fronterizos del país. Con el estallido de la Revolución Rusa estos grupos de delincuentes no desaparecieron, sino que se hicieron más fuertes, convirtiéndose en un entramado por derecho propio. Este submundo era conocido entonces como vorovskói mir, cuyo significado es «el mundo de los ladrones». Pero tras la formación de la Unión Soviética, y el régimen de acero de Stalin, muchos de estos vory, considerados una amenaza para el establishment, fueron trasladados a los Gulags, los campos de concentración de Siberia donde la gente vivía en condiciones infrahumanas y donde surgiría el concepto de vor v zakone, haciéndose más fuertes –y vengativos– precisamente por el trato recibido. Entonces, intentando burlar a los informantes del KGB, se conformaron como una suerte de sociedad secreta, jurando seguir un código legal dentro de sus acciones delictivas.

Gulag

Tras la caída gradual de la Unión Soviética, los vory alcanzaron un poder cada vez mayor. Muchos empresarios utilizaron a estos sicarios para acaparara los bienes de numerosos sectores económico de la nueva Rusia. Hoy son uno de los grupos organizados más temibles y fuertes del planeta. Los principales delitos en los que están involucrados son la prostitución y la trata de blancas, la extorsión, el tráfico de drogas e incluso órganos, blanqueo de capitales y el asesinato por encargo.

Los Vor v Zakone, los «jefes mafiosos», no suelen aparecer en documentos oficiales ni estampan su firma en ningún sitio, para no dejar huella alguna de su existencia, contando con un numeroso abanico de testaferros y abogados. La jerarquía continúa en sentido descendente con los pakhan, los jefes de las células, cuatro o cinco personas que son responsables de los conocidos como brigadier. Cada célula cuenta con espías a las órdenes de los pakhan que deben controlar las actividades de los subordinados e informar a  la cúpula. El objetivo: evitar que realicen cualquier tipo de actividad a espaldas de los jefes. En el rango más bajo están los soldados, los sicarios y «matones», con una exhaustiva preparación militar.

Los Vor v Zakone solo tienen un código de honor, el Vorovskoy Zakon o «código Vor», que les une de por vida y cuya vulneración se paga con la muerte. Sus leyes propias incluyen 18 puntos, de los que citaré solo algunos: el primero de todos señala que para entrar en la mafia «abandonarás a tus familiares: madre, padre, hermanos y hermanas». No se puede tener una familia propia, ni pareja ni amantes; siempre ayudar a otros miembros –ya sea material o moralmente–; mantener en secreto el paradero de tus cómplices; conocer las tradiciones rusas; no tener nada que ver con las autoridades, no participar en actividades públicas ni unirse a ninguna de las organizaciones de la comunidad, así, el VOR tiene prohibido también usar armas para su uso personal, prestar servicio militar y participar en campos de trabajo.

El crimen impreso en la piel

En su hermética sociedad, el tatuaje tiene una gran importancia, la mayoría de ellos reflejo de su pasado criminal –obtenidos tras su paso por prisión–. Así expresan su pertenencia a este submundo, como sucede con otras mafias con los Yakuza japoneses y algunos narcos mexicanos, organizaciones criminales que, junto a la mafia irlandesa, se extienden por todo el planeta, también con sus propios ritos iniciáticos y leyendas, de las que algún día nos encargaremos en Dentro del Pandemónium.

Ceremonia de iniciación en Promesas del Este (2007)

Los tatuajes carcelarios rusos trascienden la función estética para transformarse en una suerte de código que cuenta la carrera criminal de su portador, determina su vida y esconde un significado que sólo conocen los miembros del clan. Entre los tatuajes abundan referencias al comunismo y representaciones de Stalin o Lenin, que son realmente un rechazo de aquel sistema que los estigmatizó y a las autoridades en general. De hecho, muchos dibujos de esta «piel condenada» son nazis. Además, cuando lucen runas –por ejemplo las SS–, indican que el preso es respetado porque jamás ha confesado ni, por tanto, delatado a nadie.

Aparentemente, la explicación a los tatuajes de los «ladrones en la ley» se halla en la Biblia –los primeros presos de la revolución rusa que fueron enviados a los Gulags eran en su mayoría cristianos–. Según el Génesis, Dios puso una marca permanente en Caín, antes de enviarlo al exilio. De esta forma siempre luciría una señal que lo identificaría como criminal y marginal –los Zakone se enorgullecen de esto–. Los tatuajes servían, por tanto, como sistema de clasificación entre bandas y cada símbolo tenía –tiene aún hoy– un significado concreto. Cada uno de los anillos que lucen en sus dedos hacen referencia a su vida criminal. Los dedos de la mano muestran una calavera por cada asesinato cometido, mientras que las catedrales, iglesias o monasterios representan la cantidad de años que el sujeto ha estado encarcelado –cuantas más columnas y torres tenga el edificio, tantos más años habrá dormido en prisión–.

Los más célebres son las estrellas: cada punta indica un año en prisión. Si los tatuajes de las estrellas se encuentran en las rodillas o en la parte superior del pecho, sobre el corazón, indican que el preso es un Vor v Zakone: las del pecho señalan su compromiso con el modo de vida delictivo mientras que las tatuadas sobre las rodillas significan que el «Ladrón en la ley» no se arrodillará jamás, ante nada y ante nadie.

Puede que en la pantalla de un cine, o en las magnéticas páginas de una novela negra, las desventuras de estos personajes nos puedan hacer sentir cierta complicidad, pero la Mafia, cualquiera que sea su tipo, no es romántica, ni noble, ni atractiva, sino atroz. Su principal lema es la muerte –usada para alcanzar el poder, perpetuarse en él y amasar dinero–, y a ella honran de las formas más brutales que podamos imaginar. Lo mejor, sin duda, es no cruzarse jamás con aquellos que integran estas temibles sociedades.

PARA SABER MUCHO MÁS:

GALEOTTI, Mark: La Ley del Crimen. Los Vorí v Zakone: la mafia rusa más temible. RBA 2019.

Ritos y simbología del crimen organizado (Parte II): La Cosa Nostra

Estos días se juzga a los cabecillas de los clanes de la ‘Ndrangheta en Calabria. La Camorra vuelve a estar de actualidad cuando un documental revela cómo los nuevos «capos» de la mafia napolitana son apenas «millennials» que siguen haciendo negocio en plena pandemia y hace unos días que el sicario de la Cosa Nostra Ferdinando «Freddy» Gallina era extraditado desde EEUU a su Italia natal para ser juzgado por tres homicidios «agravados con finalidad mafiosa». El crimen organizado «made in Italy» sigue viva cuando apenas queda un año para que se cumpla medio siglo del estreno en cines de El Padrino, obra maestra por antonomasia del nuevo cine de los setenta. Excusas suficientes para repasar los ritos secretos y los símbolos esotéricos de la Mafia.

Óscar Herradón ©

Charles «Lucky» Luciano

La siciliana es, sin duda, una de las Mafias más conocidas del planeta. Y es que, aunque durante siglos sus acciones se limitaron a Sicilia y zonas limítrofes, con la emigración a América, los tentáculos de ésta, y, en menor medida, de la Camorra –con una estructura similar, aunque compuesta de familias más pequeñas que suelen reunirse en una comisión, cuyo máximo exponente al otro lado del Atlántico fue el archifamoso Al Capone–, se extendieron como una plaga por todo el territorio estadounidense. Allí dominaron los Sindicatos de Camioneros, el transporte de basura, los muelles –no tardaremos en hablar del control de estas zonas estratégicas durante la Segunda Guerra Mundial–, el tráfico de alcohol –durante la Prohibición–, de drogas o la prostitución, con grandes capos como Joe Masseria, Charles «Lucky» Luciano,  Vito Genovese o Carlo Gambino.

Personajes que tuvieron sobre las cuerdas al FBI y al propio gobierno estadounidense durante décadas. Puesto que en un breve espacio de tiempo es imposible hacerse eco de la magnitud de la mafia siciliana y sus extensas ramificaciones, hablaré solamente del ritual de iniciación con el que cuenta la Cosa Nostra, como una auténtica sociedad secreta, con un fuerte componente simbólico-religioso y donde el código de honor, como en la mayoría de asociaciones ilícitas, es fundamental.

La sociedad secreta medieval Beati Paoli

El periodista Fabrizio Calvi, quien trabajaba para el diario parisino Libération, atribuía hace unos años esta ceremonia a la influencia de los ritos iniciáticos de los Beati Paoli, una suerte de secta medieval secreta de justicieros religiosos. Aunque puede que no formen sino parte del folclore, en Italia cuentan que estos «soldados» iban ataviados con capuchas negras, operaban por la noche y se ocultaban en el amplio sistema de catacumbas de Palermo, donde tenían su sede.

El juramento sagrado

El periodista Eric Frattini, en su documentado trabajo Mafia S.A. 100 años de la Cosa Nostra, recogía el texto del discurso para el ingreso en la organización secreta, que fuera desvelado por el gánster Jimmy Fratianno tras convertirse en confidente del FBI: «Nos reunimos aquí para aceptar a un nuevo miembro. Ahora estás ingresando en la honorable sociedad de Cosa Nostra, la cual acoge solo a hombres de valor y lealtad. Entras vivo y sales muerto. La pistola y el puñal son los instrumentos mediante los cuales vives y mueres. Cosa Nostra está antes que cualquier otra cosa en la vida. Antes que la familia, antes que el país, antes que Dios. Cuando se te llame debes acudir aunque tu madre, tu esposa o tus hijos estén en el lecho de muerte. Hay dos leyes que debes obedecer: nunca traicionarás los secretos de la Cosa Nostra y nunca violarás o tocarás a la esposa o a los hijos de otros miembros. La violación de cualquiera de estas leyes significa la muerte sin juicio o advertencia. Levanta tu dedo y haz brotar una gota de sangre, ya que ésta simboliza tu nacimiento en nuestra familia. A partir de ahora somos uno hasta la muerte. Ahora eres un hombre hecho, un amico nostro, un soldado de la familia».

El libro Cosa Nostra, publicado en España por la editorial Debate.

A continuación, una vez que el neófito rendía juramento, el oficiante preguntaba al aspirante si aceptaba ingresar en la sociedad. Tras la respuesta afirmativa, el iniciado pedía a los testigos que le hirieran en su mano izquierda, con la intención de manchar con su sangre la estampa de un santo. A continuación, procedía a quemar la imagen pronunciando el lema que lo ligaba de por vida a la organización: «Que mi carne arda como esta imagen piadosa si no respeto mi juramento». 

En la península Itálica en la actualidad la mafia más peligrosa, junto a la Camorra napolitana, es, como comentábamos en el primer post, la ‘Ndrangheta, que tiene su base de operaciones en Calabria y que en 2007 tuvo ingresos anuales estimados entre 35 y 40 mil millones de euros, alrededor del 3,5% del PIB de Italia, y cuyo rito de iniciación, con variantes, es muy parecido al de la Cosa Nostra. Conocido como «ceremonia de otorgamiento», es un ritual de juramento de sangre donde el llamado capo de società, en presencia de testigos, hace jurar al aspirante –el picciotto–, en medio de un fuerte componente religioso, en nombre del arcángel San Gabriel y el capo, con una aguja o un cuchillo, pincha el dedo índice del neófito, dejando caer algunas gotas de sangre sobre la estampa de santa Annunziata –patrona de los camorristas y también de la Cosa Nostra–, enciende una vela y, durante unos segundos, sujeta el dedo pinchado sobre la llama; después, quema la estampa, mientras pronuncia el sagrado juramento cuyo incumplimiento se paga con la muerte. Fue parte de lo que pudieron grabar los caravinieri de Calabria en 2014.

Este post tendrá otra próxima entrega… TOP SECRET!