Dubravka Ugresic: la diosa croata de las letras

Es una de las más importantes escritoras europeas contemporáneas, y aún así su nombre no es común entre el gran público. Gracias a la editorial Impedimenta, podemos disfrutar en castellano (más bien deleitarnos, sobrecogernos) con gran parte de la obra de esta croata nacida en 1949 en Kutina y cuya biografía está salpicada de sobresaltos y tragedias, entre ellas la terrible desintegración de la antigua Yugoslavia. Su trayectoria vital, no obstante, la fortalece, y su obra claramente trasciende lo literario para convertirse en ARTE con mayúsculas.

Por Óscar Herradón ©

Impedimenta ©

Decir que Impedimenta es una de las pequeñas/grandes editoriales de literatura de nuestro país es quedarse corto. Con un catálogo de infarto que cubre las expectativas de todo apasionado de la literatura contemporánea y moderna (de géneros que abarcan desde el drama rural al noir, del thriller a la fantasía gótica, del terror de nuevo cuño a la novela costumbrista), llevo años devorando sus libros y reseñando algunos de los más notables en las páginas tanto de la desaparecida revista Enigmas como de su prima hermana Año/Cero, donde, aun echando de menos seguir formando parte del staff (la dichosa crisis del kiosco) continúo mes a mes dando forma a la sección de novedades literarias, una extensión en papel de las inquietudes que configuran «Dentro del Pandemónium».

Bien, para aquellos que no han tenido ocasión, por la razón que sea, de leer dichas recomendaciones en las revistas o que quizá no conozcan la editorial, pues son muchas y numerosos los libros que salen cada año, y trayendo a colación el viejo refrán de «nunca es tarde si la dicha es buena», propongo la lectura de los trabajos de una de las últimas apuestas de Impedimenta, apuestas en ocasiones no poco arriesgadas en relación a lo que un grueso del público suele demandar. La apuesta en cuestión es la autora croata Dubravka Ugresic (escribo así su nombre por carecer de la tipografía del Alfabeto de Gaj), una de las voces más originales (e inclasificables) de la narrativa europea actual.

Dubravka Ugresic (Wikipedia)

En 2013, con la publicación de su libro Europe in Sepia (Europa en Sepia), Ugresic describía así su intensa y nada amable vida: «Una mezcla caótica en la que se juntan una infancia socialista, la desintegración de Yugoslavia, una guerra civil, nuevos pasaportes e identidades fracturadas, traiciones, exilio y una nueva vida en un país de Europa occidental». Es probablemente la más grande escritora croata contemporánea y aún así se ha visto obligada a vivir en el exilio (actualmente reside en los Países Bajos). Éstas son sus últimas obras publicadas por la editorial y que recomendamos con devoción casi febril en este blog.

Zorro: cómo se crean los cuentos

En 2019 Impedimenta publicó Zorro, un juego de espejos en el que Ugresic cautiva al lector jugando con la ficción y la no ficción, llegando a confundir a éste sobre qué es qué. En la sinopsis del libro podemos leer: «La gran obra de Ugresic es una incomparable aventura autoficcional que sumerge al lector en un laberinto literario para reivindicar el poder de los relatos. Todo un artefacto complejo y oscuro que conjuga pasión, humor y erudición, de la mano de una de las voces más importantes del panorama europeo actual».

Una mirada directa a eso que nos da tanto miedo en Occidente: la muerte. Algo omnipresente y cotidiano que, sin embargo, intentamos omitir de nuestro discurso. Una obra poliédrica e imposible de clasificar en un género (pues trasciende la novela, y es en parte relato periodístico, fábula, libro de viajes, ensayo…) en la que a partir de su propia y tormentosa biografía, la autora desarrolla un reflexión intensa y profunda sobre los lazos que unen la vida y la muerte, y éstos con la propia literatura, tan relevante en su existencia. Para ello, toma prestada una idea del escritor ruso Boris Pilniak, en cuya obra Un cuento sobre cómo se crean los cuentos, aparece la figura del zorro como «el dios de la astucia y la traición (…) El zorro es el dios de los escritores». Un zorro silente y astuto que sirve de sutil hilo entre las seis partes que conforman la narración, partes aparentemente independientes de una matrioska de papel que hay que ir desmontando no sin dificultad.

Ugresic plasma el mundo de los adultos (por contraposición al de los niños, el mundo de los cuentos), hostil y cruel, erosionante de la libertad creativa e ideológica, y lo hace sutilmente uniendo la intolerancia del totalitarismo de principios del siglo XX (el comunismo que tanto daño haría a su Croacia natal, pero también el fascismo y el nazismo), el nacionalismo llevado a su máxima expresión que desembocaría en Los Balcanes en la terrible guerra de la década de los noventa (episodio que marcaría la vida de la autora y por extensión su obra, pues no puede ni quiere desligarla de ella); y el neofascismo que como un fantasma del pasado revitalizado recorre el Viejo Continente, amenazando con desestabilizar las instituciones democráticas en una suerte de eco siniestro de viejos odios que reverberan.

Nabokov

La narradora intentará dar respuesta a la única pregunta del texto: ¿cómo se crean los cuentos? Y para ello irá de EEUU a Japón, pasando por Rusia, Italia y Croacia (siempre Croacia) y sus páginas están salpicadas de una amalgama de escritores con autobiografías secretas, de artistas laureados gracias a sus viudas, de romances marcados por la irrupción de la guerra y de niñas que convocan con unas pocas palabras todo el poder de la literatura. Nabokov, Pilniak, Tanizaki… el colectivo futurista soviético Oberin (donde la autora hace patente el tópico de «no es oro todo lo que reluce»)… Conferencias, clases y entrevistas. Y juego, sobre todo, en un brillante rompecabezas a través del que da pistas (o despistes) al lector, con la imaginería del zorro como sutil nexo de unión y que conjuga vivencias, reflexiones y mucha creación (invención) literaria, invitándonos a explorar la engañosa y difusa frontera que existe entre la realidad y la ficción. Como la vida misma.

La bruja como reivindicación de la feminidad

En Baba Yagá puso un huevo (publicada originalmente en 2009 y editada en castellano por Impedimenta en 2020 con una portada alucinante), Ugresic se centra, a través de los ojos de una antropóloga, en la figura de la bruja que da nombre a la novela y que conocerán bien los seguidores de Mike Mignola y el Universo Hellboy. Baba Yagá es una figura de gran popularidad en la mitología eslava y sirve a la autora para evidenciar el papel sometido de la mujer en la sociedad, a la vez que para reivindicar el arrojo y el tesón de lo femenino en una sociedad claramente patriarcal, con muchos lazos con la actual Croacia, donde los valores tradicionales –en el peor sentido– han relegado a la autora prácticamente al ostracismo en su patria. Una suerte de empoderamiento a través de la magia y la fantasía que sustentan parte de la identidad de las antiguas sociedades matriarcales.

Ugresic, con evidentes trazos autobiográficos, escribe acerca del personaje para situar –y denunciar– el papel de la mujer en la escena cultural: «Las artistas son Baba Yagás, aisladas, estigmatizadas, separadas de su entorno social (viven en los bosques o en su linde) y solo pueden basarse en sus propias facultades. Su papel, como el de Baba Yagá en los cuentos, es marginal y constreñido». Sin embargo, la expresión metafórica de que «Baba Yagá puso un huevo» tiene un trasfondo esperanzador: alude a la creatividad de la mujer, que finalmente aflora.

En el relato se evidencia una constante en su obra: el desarraigo a causa del desplazamiento territorial (primero por culpa de la guerra y la desintegración de la antigua Yugoslavia, luego por la censura y la incomprensión), lo que no impide a la autora seguir escribiendo. Su pasión. No en vano, en Pose para Prosa (1978) comenzaba con una frase de su admirado Gabriel García Márquez: «Escribo para ser amado».

Según la tradición eslava, Baba Yagá es una anciana huesuda y de piel arrugada, con la nariz azul y dientes de acero. Posee una pierna normal y otra de hueso, por lo que se la conoce también como «Baba Yagá Pata de Hueso», extremidades que representan una al mundo de los vivos y la otra al de los muertos, por los que deambula solitaria y ávida de destrucción (aunque no es un ser completamente demoníaco). Se alimenta de carne humana, generalmente de niños, y vuela sobre un almirez (o una olla, depende de la versión) y rema el aire con una escoba plateada.

Imagen de la Baba Yagá en la película Hellboy (2019)

Vive en una choza que se levanta sobre dos enormes patas de gallina que le sirven para desplazarse por toda Rusia, poderosa imagen que recuperó Mignola en sus cómics sobre el demonio rojo, plagados de referencias ocultistas, folclore exótico y supersticiones ancestrales. Es un personaje tan rico en matices y tan fascinante para quienes amamos la antropología y los mitos que no tardará en volver a aparecer «Dentro del Pandemónium».

En la sinopsis podemos leer: «Ancianas, esposas, madres, hijas, amantes, confluyen en Baba Yagá. A caballo entre la autobiografía, el ensayo y el relato sobrenatural, su historia se convierte en un tríptico apasionante sobre cómo aparecen y desaparecen las mujeres de la memoria colectiva». Un discurso que de plena –y necesaria– actualidad.

La Edad de la Piel

Y recientemente Impedimenta publicaba la última obra de Ugresic, una colección de punzantes ensayos: La Edad de la Piel, una nueva delicia para la vista y el tacto. En este nuevo libro, donde se dan la mano referencias culturales contemporáneas, la música deportiva, los tatuajes y la mortificación de la carne, la croata aborda los sueños, las esperanzas y nuevamente los miedos a los que ha de enfrentarse el individuo de nuestro tiempo (todos nosotros, y por supuesto la narradora, que no puede desligar su trayectoria vital del relato). Reflexiona acerca del nacionalismo (el colapso que experimentó Yugoslavia) el crimen y la política, y desde luego, teniendo en cuenta su agitada biografía, es una voz más que autorizada para ello.

La editorial define así este nuevo y fascinante trabajo de pura literatura: «Una tan extraña como inteligente combinación de ironía, mordacidad, compasión y agudeza recorre estos hermosos ensayos que son a la vez profundamente relevantes. Dubravka Ugresic nos lleva con suma elegancia hacia las claves que nos permiten interpretar el presente: desde La La Land al cadáver de Lenin».

A los elementos antes citados podríamos añadir una gran cantidad de referencias culturales, entre ella El Planeta de los simios… y en todas sus páginas está presente el humor y la experiencia vital. Y penetra de lleno en las zonas pantanosas, por las que, como señala The Independent, Ugresic «avanza por ellas desde la seguridad y la libertad», zonas oscuras por las que otros escritores no osarían adentrarse. Una mirada valiente y atrevida con la que adquiere una perspectiva humanista y retrata «a aquellos personajes icónicos del antiguo bloque del Este», y que, para bien o para mal, cambiaron la historia del siglo XX y el mundo en el que vivimos hoy. Un canto atrevido a la libertad de la creación y del creador como demiurgo, alejado de los clichés y los lugares comunes, de la hipocresía que envuelve al establishment y que es la misma que la ha convertido en una exiliada en pleno siglo XXI, en el corazón de Europa. Simplemente deliciosa.

Podéis adquirir la obra a través del siguiente enlace:

Relatos para amantes de los libros

Cualquiera que siga «Dentro del Pandemónium», o al menos haya ojeado algún post, sabe de la pasión de un servidor por el mundo del papel escrito. Así que una novedad que se titula precisamente «Relatos para amantes de los libros» no podía pasarme desapercibida.

Óscar Herradón ©

Y más cuando la edita Alma, cuyos volúmenes son una verdadera obra de arte minimalista. Este hermoso título ilustrado por la artista pamplonesa Natalia Zaratiegui, recoge un selecto compendio de algunos de los mejores cuentos centrados en el arte de la escritura, y en su artífice, el escritor, y todo (TODO) lo que eso conlleva… que puede ser una odisea.

Una antología realizada con el mimo y el cariño de un bibliófilo, el escritor, periodista y profesor Antonio Iturbe (autor del bestseller La bibliotecaria de Auschwitz) cuya selección, prólogo e introducciones realiza con la precisión de quien es autor y además enseña literatura: así, calmará la sed de tinta de los lectores y les descubrirá la vida secreta de los libros, a los que no volverán a mirar de la misma manera, aunque estoy seguro de que muchos de los que se adentren en sus páginas ya saben mirar esas joyas de papel cosido como mucho más que un objeto para el entretenimiento.

El difícil arte de escribir… sobre escritura

En el prólogo, Iturbe escribe: «Cuando el escritor utiliza el espejo para mirar hacia adentro, como sucede en esta reunión de relatos, lo que nos muestra puede resultar muy revelador sobre el funcionamiento de los complejos mecanismos de la creación. También sobre los de la impostura. Porque la actividad del escritor se mueve en una precaria cuerda floja entre la introspección y la vanidad, entre el arte más elevado y el modus vivendi más terrenal y zopenco».

Con tal aperitivo, ya nos podemos sumergir en las páginas de una antología que recoge textos de grandes autores, algunos realmente dispares entre sí, una amplia muestra de géneros y épocas literarias, desde Antón Chéjov («Chist»), Clarín («Un documento») o Dostoyevski («Bobok»), a maestros del terror como Edgar Allan Poe («Berenice») o H. P. Lovecraft («Historia del Necronomicón»), pasando por Rubén Darío («El Rey Burgués»), Rosalía de Castro («Carta a Eduarda»), Edith Wharton («El Ángel de la Tumba») o Kipling («El cuento más hermoso del mundo»), entre otros. Se echa de menos en tal selección, quizá, más firmas femeninas, pero sabemos de la dificultad de la mujer durante tantos siglos para dedicarse a la creación, o a lo que le viniera en gana.

En definitiva, una delicada joya para bibliófilos que podéis adquirir en el siguiente enlace:

https://www.editorialalma.com/libros/relatos-para-amantes-de-los-libros

Un señor muy respetable. El ansia de poder como leitmotiv

Gallonero Ediciones publica una de las obras más emblemáticas del premio Nobel de literatura Naguib Mahfuz. Una obra maestra sobre las miserias humanas, la soledad y el afán de notoriedad como fin último de una triste existencia.

Óscar Herradón ©

Mi primera incursión en su obra fue con la novela El callejón de los milagros (publicada originalmente en 1947), y aunque entonces, en plena efervescencia adolescente, lo más lógico es que los problemas personales de un microcosmos vecinal de la ciudad de El Cairo –que podría perfectamente extenderse a la humanidad entera–, me la trajeran al pairo, el caso es que me atrapó su lectura, qué demonios, me cautivó, entre acordes de Metallica y Pantera, botellones iniciáticos y sueños efervescentes. Es normal que, aparte de por la magistral prosa de quien fuera premio Nobel, le tenga un cariño especial al señor Mahfuz.

Así que cuando me enteré que Gallonero, una editorial que sabe lo que es la BUENA literatura, publicaba Un señor muy respetable entre sus últimas novedades, no pude sino esbozar una sonrisa, y hacerme con el libro, claro. Y una vez más, Mahfuz, que murió en 2006 dejando un gran vacío entre los egipcios, y millones de personas de otras nacionalidades, volvió a demostrarme por qué está considerado uno de los más grandes escritores del siglo XX. Traducción en castellano (soberbia por cierto) de una obra publicada originalmente en 1975, este título aborda la ambición y la senda de autodestrucción que pueden generar los sueños que, casi en un eterno retorno de ecos kafkianos, se pierden en un marasmo burocrático sin fin. El que de alguna forma todos (o al menos los que no vivimos en la burbuja del privilegio social, la mayoría) experimentamos a lo largo de nuestras escalonadas vidas.

El protagonista de esta obra, Uzmán Bayyumi, consagra su vida al fin último de convertirse en director general. El ascenso a la cúspide como objetivo absoluto de su existencia. Una ambición desmedida que clama por huir de los orígenes, dejar atrás la pobreza y el entorno familiar, el barrio humilde, para «ser alguien», lo que acaba convirtiéndole precisamente en un ser completamente deshumanizado, aplastado por la soledad. Una de las grandes obras de Mahfuz, ahí es nada, donde el ansia de poder como leitmotiv demuestra estar más allá del sentido común, tornándose en una obsesión por huir del pasado. Y es que el hombre, a pesar del paso de los siglos, ha cambiado muy poquito. A veces, incluso para peor.

Para finalizar este post, apunto las palabras que el escritor marroquí Tahar Ben Jelloun, ganador del prestigioso premio Goncourt en 1987, dijo sobre un autor sin parangón y que se recogen en la contra del libro: «Con una excepcional imaginación supo transformar la vida social de su país en la mejor novela árabe de todos los tiempos. No se puede entender Egipto sin Mahfuz».

He aquí el enlace para adquirirlo (no os arrepentiréis):