Otto Skorzeny: un nazi en la corte de Franco (primera parte)

Llegó a ser considerado el hombre más peligroso de Europa. El laureado militar nazi Otto Skorzeny buscó refugio en la España franquista, un régimen que lo acogió con los brazos abiertos y donde el austriaco intentaría revitalizar un ejército de soldados de la esvástica contra el avance del comunismo. Un plan secreto que salió a la luz hace apenas unos años y que muestra los estrechos vínculos de la dictadura franquista con los nazis fugados tras la derrota del Tercer Reich.

Óscar Herradón ©

Cuando el régimen de Hitler estaba siendo cercado por todos sus frentes, muchos fueron los nazis que intentaron escapar a otros países, como el Portugal de Salazar, la Argentina de Perón… y, por supuesto, la España de Franco, cuya diplomacia supo jugar muy bien sus cartas alejándose –al menos en apariencia– de la orbe nacionalsocialista, manteniendo una falsa «neutralidad».

Muchos de los principales allegados al que se hizo llamar Generalísimo eran filonazis, como Serraño Suñer, y el mismísimo Heinrich Himmler, jefe de las SS y la Gestapo, realizó un viaje a nuestro país en 1940 que pronto contaremos en «Dentro del Pandemónium». Incluso en los años finales de la guerra europea, cuando la Alemania nazi comenzaba a perder el conflicto en todos los frentes, ahogada por el invierno ruso, Franco envió a su División Azul, comandandada por el general Agustín Muñoz Grandes, y en el que no todos fueron fervientes voluntarios de la causa fascista.

Himmler en su visita a España en 1940

Pues bien, como el régimen español comulgaba en muchos aspectos con el nacionalsocialista –salvo, principalmente, en el delicado tema de la religión, no olvdemos que España era «nacionalcatolicista»–, y por supuesto con la Italia fascista, no es de extrañar que nuestro país se convirtiera en uno de los lugares predilectos para los prófugos que escapaban de la justicia aliada.

De proteger y trazar una ruta de huida a criminales de guerra, la mayoría pertenecientes a las SS, se encargaría una red secreta que extraoficialmente (no hay documentos desclasificados que se refiera a ella como tal, pero sí suficientes evidencias de su existencia) recibió el nombre en clave de ODESSA, y que permitió a peligrosos personajes del régimen de la cruz gamada como el médico de las SS Josef Mengele, conocido como «el Ángel de la Muerte» o Adolf Eichmann, escapar hacia Sudamérica, algunos de ellos vía España, otros a través de la llamada Ruta de las Ratas, a través del cobijo de varios monasterios que les condujeron hasta el mismísimo corazón del Vaticano.

También esta organización sería la responsable de proteger a uno de los más temibles criminales nazis, Otto Skorzeny, quien llegaría a jactarse de ser uno de los principales impulsores de la red secreta encargada de dar cobijo a los antiguos miembros de la sanguinaria Orden Negra.

Soldado de Fortuna          

El que acabaría siendo considerado por los americanos como «el hombre más peligroso de Europa», nació el 12 de junio de 1908 en el seno de una familia de clase media de Viena, aunque tenía antepasados alemanes. Según su partida de nacimiento, su nombre completo era Otto Johann Bapt Anton Skorzeny, aunque adoptaría distintas identidades tras la caída del nazismo. Al igual que la mayoría de sus compatriotas, en su juventud sufrió los rigores del periodo de Entreguerras y la fuerte crisis que provocó en Austria y Alemania la derrota en la Gran Guerra, caldo de cultivo de los extremismos que desembocarían en el ascenso al triunfo del Partido Nazi.

El Tratado de Versalles

Cuando el dinero austríaco apenas valía el coste del papel en el que estaba impreso, Otto y sus hermanos pudieron sobrevivir gracias a la ayuda de la Cruz Roja Internacional. Su padre grabó a fuego en la mente del joven la necesidad de la autodisciplina y le recomendó una vida austera. A los 18 años, Otto se matriculó en la Universidad de Viena para estudiar ingeniería. Allí se inscribiría en una de las muchas Studentenverbindung, unas sociedades estudiantiles donde se practicaba el Mensur –un combate de esgrima con reglas específicas–, que constituía un paso fundamental (e iniciático) de la adolescencia a la madurez, capital para muchos otros nazis de alto grado como Reinhard Heydrich.

Mensur

Según cuenta el historiador y militar Charles Whiting, Skorzeny tuvo el primer duelo el mismo año en que se matriculó en la facultad. Para él fue un tema angustioso y que puso a prueba sus nervios, pero se convirtió también en una de sus pasiones. Al primer lance seguirían trece duelos más durante los cuales finalmente recibió las llamadas Schmisser, las cicatrices de honor que marcarían su fisonomía de por vida. Con los años, el esbelto austríaco –medía más de un metro noventa– sería conocido como «cara cortada» (scarface en su forma inglesa) por la enorme cicatriz que recorría parte de su rostro hasta la barbilla. Una vez graduado, consiguió reunir el dinero necesario para iniciar un negocio propio en Viena. Entonces toda Europa estaba expectante ante los movimientos cada vez más temerarios de Hitler y su Partido Nazi. Tras el Anchluss, la anexión de Austria, ante la mirada pasiva de los líderes internacionales en el marco de la llamada (y desastrosa) «política de apaciguamiento», Skorzeny no esperó a ser llamado a filas y se presentó en la primera división de las SS, la Leibstandarte-SS Adolf Hitler.

La configuración de un espía

Más tarde, iniciada ya la Segunda Guerra Mundial, pasó a la división Das Reich de las Waffen-SS. Ya entonces destacó por no cumplir estrictamente las órdenes de sus superiores. Sin embargo, la guerra seguía su curso  los acontecimientos se desarrollaban frenéticamente: Skorzeny fue destinado a los Balcanes, participó en la marcha sobre Rumanía y Hungría y después en la Operación Barbarroja, el plan del Führer para invadir la Unión Soviética, entonces su aliada tras el pacto Ribbentropp-Molotov para repartirse Polonia.

La Operación Barbarroja, el mayor despliegue nunca visto hacia el Este

Sería en la gigantesca y helada tierra de Stalin donde recibió la Cruz de Hierro y, tras caer enfermo, enviado de vuelta a Viena. Era diciembre de 1941. Una vez en el Gran Reich, fue ascendido a capitán de Reserva. Su destino: trabajar como una suerte de espía para los Servicios Secretos de Inteligencia de la Oficina Central de Seguridad del Reich (R.S.H.A., por sus siglas en alemán). Aquel trabajo le serviría para desenvolverse muy bien en el campo de la diplomacia durante sus largos años de exilio. Después, fue destinado como Jefe de Comandos con la misión de entrenar tropas especiales cuyo cometido sería la guerra de guerrillas y el sabotaje en el frente, además del secuestro y la tortura. El 25 de julio de 1943, con la guerra ya en contra, gracias a su historial militar Hitler le mandó llamar a la Guarida del Lobo  y lo puso a cargo de la operación de rescate de Benito Mussolini, que acababa de ser arrestado en Italia y del que se desconocía el paradero. Los servicios secretos alemanes dieron con su pista en el Hotel Campo Imperatore, en el macizo de los Apeninos conocido como Gran Sasso, una zona de difícil acceso.

Aquella misión fue bautizada como «Operación Roble» y se programó para el 12 de septiembre de 1943. Al mando de un escuadrón de las Waffen-SS se hallaba el capitán Otto Skorzeny. Doce planeadores DFS 230 sobrevolaron la zona montañosa donde estaba recluido el Duce y un grupo de expertos paracaidistas descendió sobre el complejo hotelero. Los italianos que custodiaban al líder fascista fueron cogidos por sorpresa y parece que no ofrecieron resistencia alguna.

Skorzeny con Mussolini tras la liberación en el Gran Sasso

Este éxito –que en parte el propio Otto le escamoteó a los paracaidistas de la Kurt Student, comandante de la fuerza aerotransportada de la Luftwaffe, la Fallschirmjäger, poniendo incluso en peligro la operación al exigir que Mussolini volase únicamente en su aparato– hizo que Skonerzny pasase del anonimato a convertirse en un auténtico héroe de guerra. Hitler le otorgó, insólitamente, la Cruz de Caballero y lo ascendió a Sturmbannführer –comandante o jefe de unidad de asalto– de las Waffen-SS.

Durante el tiempo que restaba de la contienda, a Skorzeny se le encargaron importantes misiones, como capturar al jefe de los partisanos yugoslavos, el mariscal Tito –misión que fracasó– o doblegar al regente de Hungría, el almirante Miklós Horthy. Después, cuando tuvo lugar el más célebre atentado contra el Führer, la «Operación Valkiria» comandada por el laureado militar Claus von Stauffenberg, Skorzeny ayudó en Berlín a poner fin a la rebelión, estando 36 horas a cargo del centro de mando de la Wehrmacht –llegaría a afirmar, en otra de sus habituales fanfarronadas, que por media hora no fue él mismo quien ejecutó a Stauffenberg– antes de ser relevado de sus funciones.

Este post, con las andanzas del bravucón conspirador que se codeó con lo más granado del espionaje internacional y la flor y nata del régimen franquista, tendrá en breve su continuación en «Dentro del Pandemónium».

PARA SABER ALGO (MUCHO) MÁS:

Para profundizar en la escurridiza figura de Skorzeny, principalmente en sus años en España realizando numerosas intrigas, entramados mercantiles, todo tipo de conspiraciones –incluso la creación de la llamada «Legión Carlos V»–, así como sus numerosos alias, sus documentos secretos y sus contubernios con la CIA y el Mossad israelí –sí, aunque parezca contradictorio, expedientes desclasificados muestran que es así–, nada mejor que sumergirse en las páginas de una de las últimas novedades de la Editorial Almuzara: Otto Skorzeny. El nazi más peligroso en la España de Franco.

Un trabajo que denota dedicación y un amplio manejo de fuentes documentales. Obra del periodista Francisco José Rodríguez de Gaspar, redactor jefe del periódico La Tribuna de Toledo, aclara en ella los muchos matices que rodearon a esta figura capital del sombrío pasado reciente de España.

Uno también puede leer los libros firmados por el propio Skorzeny sobre sus «gestas» (Vive peligrosamente, Luchamos y perdimos, Misiones Secretas y La Guerra Desconocida), otra cosa es creer en su fidelidad a los hechos narrados por quien ha sido considerado por algunos un mentiroso patológico y por los más un calculador y eficiente espía. O visualizar el estupendo documental estrenado en 2020 El hombre más peligroso de Europa, Otto Skorzeny en España, obra de Quindrop Producciones Audiovisuales, con coproducción de RTVE y la televisión balear IB3, codirigido por Pedro de Echave y Pablo Azorín.

La Guerra de Mussolini:

Y para conocer en profundidad el papel capital desempeñado en la Segunda Guerra Mundial por el hombre al que tuvo que liberar Skorzeny, Benito Mussolini, principal aliado occidental de Hitler, La Esfera de los Libros publica la que probablemente sea la monografía definitiva sobre el Duce en la contienda: La Guerra de Mussolini. La Italia fascista desde el triunfa hasta la catástrofe 1935-1943, y que muestra con reveladora precisión el largo alcance de la ineptitud estratégica italiana en la contienda, sin olvidar también el episodio del Gran Sasso en el marco de la Operación Roble.

Hasta el verano de 1940, al mismo tiempo que permanecía estrechamente alineado con Hitler, Mussolini se mantuvo prudentemente neutral. Sin embargo, a raíz del hundimiento repentino e inesperado de los ejércitos franceses y británicos, el Duce declaró la guerra a los Aliados con la esperanza de obtener ventajas territoriales en el sur de Francia y en África. Fue un terrible error de cálculo que abocó a Italia a una guerra prolongada e imposible de ganar.

La Esfera ©

Este nuevo trabajo de John Gooch, catedrático emérito de la Universidad de Leeds y uno de los mayores expertos en Italia y las dos guerras mundiales, es la crónica definitiva de la experiencia italiana en la contienda. Por todas partes (en la URSS, en el desierto entre Libia y Egipto y en los Balcanes), las tropas italianas tuvieron que enfrentarse a enemigos mejor equipados o más motivados. El resultado fue una serie de improvisaciones a la desesperada frente a unos aliados ante los que el país se mostró impotente.

El líder fascista moriría finalmente el 28 de abril de 1945, ejecutado sumariamente por un partisano comunista de un disparo en la cabeza. Existe controversia sobre la identidad de dicho magnicida, y todavía hoy se cuestiona la autoría, aunque comúnmente se acepta la versión dada por Walter Audisio, un hombre que se hacía llamar «comandante Valerio» y que se atribuyó la ejecución.

Mussolini y Hitler. El final de ambos dictadores llegaría en abril de 1945

El 25 de abril de 1945, en los estertores de la guerra en Europa (Hitler se suicidaría unos días después, el 30 de abril, en parte impresionado por la brutal muerte de su antiguo aliado), Mussolini había huido de Milán, donde residía entonces, junto a su amante Claretta Petacci, e intentaron escapar a la frontera suiza. Fueron interceptados y capturados el día 27 por partisanos locales cerca del pueblo de Dongo. Un grupo comandado por Audisio los subió bordo de un Fiat 1100 (el Duce creía entonces que venían a liberarlos), hasta la aldea de Giulino di Mezzegra donde, junto a la vía XXIV Maggio, a las puertas de Villa Belmonte, fueron fusilados el día 28 de abril.

Ambos cuerpos fueron trasladados esa misma tarde en un camión a Milán. Durante el trayecto no se permitió que nadie se acercara a los mismos, pero el día 29 fueron depositados en la Plaza Loreto y sometidos a todo tipo de ultrajes por la muchedumbre. El cuerpo de Mussolini quedó tan desfigurado que era prácticamente imposible la identificación post-mortem. Luego, el servicio de policía, compuesto de partisanos y bomberos, colgó los cadáveres cabeza abajo en una gasolinera de la misma plaza (junto a los de ), algo considerado simbólico por la forma en que los fascistas trataban los cuerpos de sus enemigos.

Una vez trasladados a la morgue, continuaron las vejaciones y se tomaron imágenes del cuerpo de Mussolini y de Petacci, a los que colocaron abrazados; instantáneas terribles que pueden verse en Internet y que muestran la violencia y el ensañamiento de las gentes con el líder fascista. El pasado año se cumplieron 75 años de aquel suceso.

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