Aleister Crowley: Súper Agente 666

Fue el último de los grandes ocultistas, y uno de los magos más controvertidos y relevantes del convulso siglo XX. Su legado llega hasta hoy, cuando numerosos artistas y magos ceremoniales continúan predicando sus enseñanzas, su conflictiva visión del mundo y su religión oscura, que naciera en la abadía de Thelema. Sus andanzas en Estados Unidos durante la Gran Guerra han sido ampliamente documentadas, pero existe controversia sobre su papel al servicio de la Corona británica –con la que no mantenía buenas relaciones– durante el siguiente conflicto, la Segunda Guerra Mundial, y cómo pudo contribuir con sus habilidades a la lucha contra los ejércitos de Hitler.

Óscar Herradón ©

En el libro Secret Agent 666: Aleister Crowley, British Intelligence and the Occult 666, Richard B. Spence afirma que efectivamente el mago británico Mr. Crowley trabajó –aunque conociendo su vanidad, probablemente a regañadientes–, al servicio de Churchill y junto a Ian Fleming (creador de James Bond y agente de inteligencia durante la Segunda Guerra Mundial) para dar forma a una operación de alto secreto que consistía precisamente en sembrar la discordia en las filas nazis a través de la propaganda negra y preparar una de las mayores conspiraciones de aquella contienda.

No obstante, existen muy pocos datos acerca de la supuesta participación de Crowley en la Segunda Guerra Mundial y cuál fue el verdadero rol que desempeñó en el seno de la SOE (Ejecutiva de Operaciones Especiales). Aún así, gracias a las minuciosas investigaciones realizadas en los polvorientos archivos del MI5 y el MI6 –al menos sobre aquellos documentos que ya han sido desclasificados–, de investigadores como Peter Levenda o del citado Spence, se ha descubierto una de las facetas más desconocidas de uno de los hombres más polémicos del siglo, el mismo al que incluirían los Beatles entre la maraña de célebres personajes de su álbum Sgt. Peppers and the lonely hearts club band y por el que sentiría auténtica veneración Jimmy Page, guitarrista de la legendaria banda de rock Led Zeppelin, quien llegaría a comprar la mansión Boleskine que el mago tenía en el Lago Ness, en Escocia.

Y es que Aleister Crowley fue un personaje fascinante y multifacético, un provocador adelantado a su tiempo, pero también un gran conocedor del mundo de lo oculto, no solo como el investigador que ahonda en los polvorientos manuales de invocación, en los grimorios de otro tiempo para arañar alguna pequeña revelación a los insondables secretos de la historia, sino alguien que vivió de primera mano los entresijos de las sociedades secretas, experimentó con todo tipo de sustancias psicotrópicas cuando éstas eran algo tabú o simplemente desconocidas en Occidente y llegó a sumergirse en invocaciones al demonio y misas negras, entregándose con pasión a la práctica de la llamada «magia sexual» en un tiempo en el que términos como tantrismo eran algo que ni siquiera sabíamos pronunciar por estas latitudes.

Pero, ¿es posible que una persona de la talla moral de Churchill, el premier británico miembro del Partido Conservador y uno de los lores de la Gran Bretaña, aceptara en su equipo de espías a un mago «negro» que en más de una ocasión se había jactado de ser un enemigo del imperio? Sir Winston no dudó un momento a la hora de aprovechar cualquier recurso, por extravagante que fuera, a la hora de hacer la guerra a Adolf Hitler. A un apasionado del espionaje como él, no sería de extrañar que también le hubiese cautivado una figura como Crowley que, a pesar de los numerosos enemigos que se granjeó y su afán de individualismo, también gustaba de codearse con la crème de la crème de la élite británica. Y teniendo en cuenta la importancia de Churchill ya durante la Gran Guerra y sus contactos, muy anteriores, con los servicios de Inteligencia de su país, con seguridad estaba al corriente de las tareas de espionaje que el mago inglés había llevado a cabo durante la Primera Guerra Mundial, y que durante décadas, incluso hoy, continúan rodeadas de interrogantes, como todo lo relacionado con un mundo de mentiras fabricadas y medias verdades.

La Gran Guerra y el tour por Estados Unidos

Haré un rápido repaso por la fascinante existencia de Crowley para centrarme a continuación en su faceta de «mago-espía» en la Segunda Guerra Mundial. Para profundizar en su laberíntica vida, llena de excesos, recomiendo la voluminosa y documentada biografía La Gran Bestia, del biógrafo inglés John Symonds, quien sin embargo apenas se detiene en su faceta como «mago de la guerra». Desde el otoño de 1914 hasta el de 1919, Crowley realizó un errático recorrido por gran parte de Estados Unidos, comenzando su periplo en Nueva York para continuar en Los Ángeles, San Diego, San Francisco, Nueva Orleans, Boston, Detroit, Washington y otras ciudades. Aquel viaje le ocupó precisamente todo el tiempo que duró la Gran Guerra al otro lado del Atlántico, lo que ha llevado a conjeturar que en realidad realizaba tareas de espionaje.

Durante muchas décadas la opinión mayoritaria es que había trabajado como propagandista del Eje durante la Primera Guerra Mundial, pero en la actualidad, diversos documentos desclasificados apuntan a que precisamente realizaba tareas de espionaje para la Inteligencia británica, adoptando ese falso antipatriotismo como brillante tapadera. El mismo John Symonds señala que Crowley escribió propaganda para las Potencias Centrales durante su gira por EEUU –al menos hasta que éstos entraron en guerra al lado de los Aliados–, pero no hay que olvidar que esta biografía fue escrita por primera vez –aunque más tarde revisada– en 1951, cuando prácticamente todos los informes de los servicios secretos continuaban llevando el marchamo de confidenciales, y continuarían llevándolo para que los soviéticos no pudiesen usarlos en su beneficio político.

Por aquel entonces también se hallaba en Estados Unidos otro personaje esencial del ocultismo de principios del siglo XX, Hanns Heinz Ewers, autor de obras que combinaban el terror con el misticismo como La Mandrágora, guionista para la UFA, amigo íntimo del «profeta del Tercer Reich» Erick Jan Hanussen, y también espía, y del que hablaremos llegado en momento en «Dentro del Pandemónium».

Las andanzas que conocemos de Crowley por las Américas se basan en sus propios escritos, recogidos en The Confessions –más bien una auto-hagiografía–, y en las informaciones recogidas en los periódicos cuando el ocultista celebraba alguna conferencia o publicaba algún artículo. Pero cada vez quedan menos dudas acerca de que realmente Aleister, cuyo lema «Haz lo que quieras» incidía en que él no debía rendir cuentas a nadie, no dejó de mostrar una actitud patriótica para con Inglaterra.

Sea como fuere, el mago dejó escritos en sus diarios, como apunta Richard B. Spence, varios «sueños», al parecer de tipo profético –según él creía– con Hitler, sin duda el hombre del momento en la Europa de Entreguerras –la misma revista Time llegaría a dedicarle una portada y el Führer fue barajado incluso para recibi… ¡el Nobel de la paz!, un verdadero sinsentido, como cuando lo obtuvo un personaje como Henry Kissinger por negociar una «paz» –que no fue tal– en Vietnam o en tiempos más recientes, en 2009, el presidente USA Barack Obama, mientras mantenía, como buen presidente yankee, varios frente bélicos abiertos en el planeta–.

Este post tendrá una inminente continuación en el corazón del Pandemónium… Si Perdurabo nos lo permite desde ultratumba.

PARA SABER UN POCO (MUCHO) MÁS:

La increíble historia de Aleister Crowley es narrada con detalle en la monumental biografía que, como digo, le dedicó John Symonds –y que publicó en castellano Siruela en 2008, en su colección «El Ojo del Tiempo»–, desde sus excentricidades en magia sexual, sus invocaciones y coqueteos con el mundo espiritual, su pertenencia a sociedades secretas como la Ordo Templi Orientis o la Golden Down, hasta sus años en la abadía de Cefalú o sus reiteradas provocaciones que se ajustaban a su dogma personal de «Haz lo que quieras». Incluso, tangencialmente, Symonds, albacea y editor de la obra literaria del mago, hace alusión a su faceta como espía. No obstante, el papel que el ocultista británico tuvo en el «Asunto Hess» continúa siendo confidencial y su supuesto asesoramiento tanto a Churchill como a Sir Ian Fleming para engañar al viceführer sigue rodeado de brumas.

Sombras Nocturas (Aurora Dorada Ediciones):

Si lo que queremos es adentrarnos en la legión de discípulos que dejaron las enseñanzas de Crowley y en los textos de magia ceremonial y sexual, nada mejor que asomarse a los libros publicados con gran dedicación por una de mis editoriales predilectas de los últimos tiempos, un gran descubrimiento: Aurora Dorada Ediciones, que nos brinda títulos cautivadores, la mayoría inéditos hasta la fecha en castellano, que harán las delicias de los fascinados por lo oculto.

Precisamente uno de sus últimos lanzamientos es otra de las grandes biografías sobre Crowley, mucho más actualizada que la de Symonds, y de la que hablaré en un próximo post: Perdurabo, del autor estadounidense Richard Kaczynski. Asimismo, lanzan también una obra muy relacionada con el legado del mago británico.

Es el caso de Sombras Nocturnas. Una guía turística del lado oscuro, firmada por Jan Fries. El autor es un escritor ocultista, neochamán y mago rúnico alemán –ahí es nada– que acuñó el término «chamanismo freestyle» con la intención de difundir una forma de magia que enfatiza el trance y la cercanía a la naturaleza, aunque basada en la experiencia individual. Autor también de Visual Magick: A Manual of Freestyle & Shamanism, publicado en 2007 en el mundo anglosajón por la editorial Mandrake, cita como sus principales influencias al Zos Kia Cultus, la Makgia de Maat, el Tantra Kaula, la programación neurolingüística y el daoísmo o taoísmo.

Precisamente, el creador del Zos Kia Cultus (que también daría título a un disco de la banda de black/death metal Behemoth en 2002) fue el pintor y escritor ocultista londinense Austin Osman Spare, contemporáneo de Aleister Crowley y que, como éste, formó parte de la Orden de la Golden Dawn y más tarde de la Astrum Argentum fundada precisamente por la Gran Bestia y el químico y ocultista británico George Cecil Jones, también adepto de la Golden Dawn, en 1907.

En Sombras Nocturas, bellamente editado por Aurora Dorada, con prólogo del estudioso del ocultismo y la egiptología, así como experto en Crowley, Mogy Morgan, Fies explora las regiones inversas del Arbol Cabalístico de la vida y sus Qlifot –las sefirot malignas–, mientras Liber 231 de Aleister Crowley proporciona el mapa para la aventura y Nightside of Eden («El lado nocturno del Edén»), publicado en 1977, del ocultista británico y creador de la corriente mágico-esotérica «Tifoniana» Kenneth Grant (1924-2011), un hipnótico diario de viaje.

En la primera parte de este absorbente volumen ocultista el autor nos ofrece un ensayo donde se exploran conceptos tifonianos como las Qlifot, los Túneles de Set –senderos del árbol en la sombra– o el Abismo, y disciplinas orientales como el taoísmo o el tantra, los Grandes Antiguos del maestro del horror de Providence H. P. Lovecraft y los Olvidados de la ocultista, maga ceremonial y escritora estadounidense Nema Andahadna (nacida en 1939, año del estallido de la Segunda Guerra Mundial), cuya obra también ha publicado Aurora Dorada. El resultado es un texto que sorbe tu alma.

He aquí el enlace para adquirirlo en la web de la editorial:

https://www.auroradoradaediciones.com/product/sombras-nocturnas-una-guia-turistica-del-lado-nocturno

Necronomicón. El libro de los nombres muertos

Es uno de los «libros malditos» que más ha dado que hablar en casi un siglo, foco de eterno debate entre estudiosos, historiadores de la literatura y amantes de la ciencia ficción y el terror. ¿Pura ficción? Quizá no tanto…

Óscar Herradón ©

Entre sus páginas se recogen, supuestamente, las fórmulas y rituales necesarios para despertar a terribles dioses antiguos que dominaron el Universo hace millones de años, y que permanecen dormidos en remotas regiones fuera de nuestro espacio-tiempo, esperando que algún alma atormentada o curioso insaciable abra el libro y los despierte. Son los Antiguos o Dioses Primigenios, que supuestamente llegaron a la Tierra antes de todo tiempo conocido, instaurando un reinado de terror, y que fueron expulsados por otras razas fuera de nuestra dimensión conocida. Sin embargo, permanecen en el Exterior, según Lovecraft, esperando la oportunidad de volver a la Tierra y sumir a ésta en un futuro terrible regido por la locura…

El escritor estadounidense, gran apasionado del ocultismo y la magia negra, incluyó entre sus relatos, además de la enigmática historia del Necronomicón, referencias a grimorios reales –y otros ficticios– que probablemente conservaba en su bibliotecas. En El Caso de Charles Dexter Ward, una de las mejores novelas del literato, podemos leer lo siguiente:

«La estrafalaria colección, junto a un conjunto de trabajos vulgares, que el señor Merrit no tuvo reparo en envidiar, reunía a casi todos los cabalistas, demonólogos y magos conocidos por el hombre; y era una isla del tesoro del saber en los dudosos territorios de la alquimia y la astrología. Los Turba Philosophorum de Hermes Trismegisto en la edición de Mesnard, el Liber Investigationis de Geber y la Llave de la Sabiduría de Artephius, estaban allí; junto con el cabalístico Zohar; la recopilación de Peter Jammy sobre Alberto Magno, el Ars Magna et Ultima de Raimundo Lulio en la edición de Zetsner, el Thesaurus Chemicus de Roger Bacon, la Clavis Alchimiae de Fludd y el De Lapide Philosophico coronándolo todo. Judíos y árabes medievales estaban representados con profusión, y el señor Merritt empalideció al coger un elegante volumen conspicuamente etiquetado y ver que se trataba en realidad del prohibido Necronomicón del árabe loco Abdul Alhazred, del que había oído susurrar cosas monstruosas unos años atrás, tras descubrirse ciertos ritos indescriptibles en el extraño pueblecito de Kingsport, en la provincia de Massachussets-Bay».

Alhazred, el árabe loco

Lovecraft afirmaba que el verdadero nombre del grimorio era Al-Azif, un término utilizado por los árabes para designar el ruido nocturno producido por los insectos que antiguamente representaban el murmullo de los demonios. El autor mencionó su existencia en el año 1927 a su círculo privado de amigos, a los que envió una especie de borrador que incluía la historia del grimorio maldito. Aunque su intención no era publicar el texto, un año después de su muerte, en 1938, la Rebel Press editó ochenta ejemplares en forma de panfleto con la historia del Necronomicón, a modo de homenaje al autor. Desde entonces, el misterio en torno a su historia no hace sino incrementarse con el tiempo.

Su «autor» parece que fue Abdul Alhazred, conocido como «el árabe loco», un poeta que había huido de Sanaa al Yemen hacia el año 700 d.C. y que supuestamente pasó diez años en soledad en el desierto que se extiende al sur de Arabia, conocido como Roba-el-Khaliyeh o «Espacio Vital» de los antiguos. Cuentan las leyendas que este lugar estaba habitado por monstruos terribles y espíritus malignos. Según Ibn-Khallikan, biógrafo de Al-Razhed durante el siglo XIII, en algún punto del desierto el árabe loco había descubierto la famosa Ilrem, una ciudad inencontrable conocida como Ciudad de los Pilares bajo cuyas ruinas se encontraban los anales secretos de la raza de los Antiguos, deidades como Yog-Sothoth y Cthulhu, a la espera de ser despertadas.

Al parecer, cuando Alhazred vivía en Damasco escribió el famoso Necronomicón con sangre humana. Su muerte, en el año 738, está rodeada de un gran misterio: cuentan que fue asesinado y devorado, ya completamente loco, por un monstruo invisible en pleno día en presencia de múltiples testigos. Siguiendo los relatos de Lovecraft se puede reconstruir la trayectoria del misterioso grimorio –la forma en que el autor fue incluyendo referencias al mismo en sus escritos es un ejemplo de ingenio literario digno de alabanza–. En el año 950, un tal Theodorus Philetas de Constantinopla tradujo la obra al griego, bajo el título de Necronomicón o Libro de los Muertos.

A lo largo de un siglo se desataron terribles acontecimientos, al parecer debido a la existencia del libro, por lo que el patriarca Michael mandó destruir todas las copias en la hoguera –el destino de todo buen «libro maldito»–. En el año 1228 Olaus Wormius lo tradujo al latín y en 1232, el pontífice Gregorio IX prohibió tanto la versión griega como la latina. Durante el siglo XV parece ser que en la ciudad española de Toledo se realizó una de las versiones –griega o latina–, ejemplar que se conservaría en el British Museum. En el siglo XVII pudo realizarse también una reedición, que se encontraría en la Bibliothèque Nationale de París, y una versión traducida al inglés antiguo estaría también celosamente guardada en la Universidad de Miskatonic, en la ciudad de Arkham (Salem), entre otras versiones.

John Dee

La edición árabe original se perdió en los tiempos de Wormius, aunque hay vagas alusiones a la existencia de una copia secreta, según el autor de Providence, encontrada en San Francisco a principios de siglo, pero que desapareció en un gran incendio. Igualmente existía una traducción de John Dee, fascinante personaje que ya hemos mencionado en varias ocasiones en «Dentro del Pandemónium», copia que habría poseído el padre de Lovecraft, Winfield Lovecraft, y que podría ser la base de la conocida magia enoquiana de Dee.

Sprague de Camp

El caso es que, a pesar de los estudios realizados por investigadores como Robert Turner, fundador de la sociedad Orden de la Piedra Cúbica o el experto informático David Langford, junto a los «hallazgos» de personajes como L. Sprague de Camp, biógrafo de Lovecraft que afirmaba haber encontrado una copia del verdadero grimorio maldito –junto a los supuestos ejemplares guardados en los citados museos, que parecen ser sin duda falsos–, el texto continúa, si es que alguna vez existió, desaparecido.

Serviría de fuente de inspiración a numerosas novelas, series de televisión y películas, como la descacharrante y sangrienta saga Evil Dead (adaptación catódica incluida protagonizada por el mismo Bruce Campbell, ya más entradito en años y en carnes), pues precisamente un libro maldito llamado Necronomicón, con piel humana y forma de rostro horrible por portada, escrito con sangre, sirve para «desatar todos los infiernos». Que Dios nos coja confesados. Vade Retro!

PARA SABER MUCHÍSIMO MÁS:

Hace casi nueve décadas que murió y aún así el maestro Lovecraft sigue presente en las novedades editoriales año tras año: adaptaciones de sus obras, nuevas traducciones, novelas gráficas de su onírico y extravagante universo de terror cósmico, su propia biografía en viñetas e incluso su atormentada existencia narrada por un inclasificable autor como el francés Michel Houellebecq, tanto o más impenetrable que el propio visionario de Providence. A continuación, repasamos algunos de los últimos lanzamientos con el señor Howard Philips como protagonista absoluto. No merece menos.

Valdemar Gótica

Me atrevería a decir que la obra de Lovecraft en castellano estaría incompleta, o al menos sería menos precisa y sugerente, sin la labor de una de mis editoriales favoritas, Valdemar. Desde hace más de dos décadas, sus editores se han volcado en traernos los mejores autores de la literatura fantástica, sci-fi y de terror, y por supuesto nuestro protagonista es uno de los referentes tanto de su imprescindible colección Gótica, que no para de crecer, como de las páginas de El Club Diógenes y otras.

Lo último que han sacado en su referente en tapa dura negra como las profundidades de la mente de Lovecraft es la reedición de Más allá de los eones y otras historias en colaboración. Debido a la situación de penuria económica que solía arrastrar el autor, no le quedó más remedio que completar los ingresos obtenidos de sus relatos (publicados la mayoría en revistas populares) con otras tareas que no le gustaban tanto, como el asesoramiento y la revisión de textos enviados por otros autores.

Con algunos de los textos se limitaba a una breve revisión de estilo, pero en otros realizaba una reescritura casi completa, con cambios sutiles (o directamente radicales) en el argumento. Los textos que forman esta maravillosa compilación fueron en su mayoría íntegramente escritos por Lovecraft sobre un argumento, a menudo reconstruido, escrito por otros autores como Winnifred Virginia Jackson (que no aportó ni una sola palabra), Adolphe de Castro, Zelia Bishop o Hazel Head, entre otros. Podríamos decir, por tanto, que nos encontramos ante otra obra nueva del maestro del horror, con los ingredientes habituales de su prosa.

Pero si queremos disfrutar del «outsider de Providence» de forma absoluta, nada mejor que hacerse con su narrativa completa en dos volúmenes de la misma colección oscura. No hay nada similar a nuestro alcance. He aquí el enlace:

http://www.valdemar.com/product_info.php?products_id=764

Y también en viñetas…

Por su parte, en 2019 la editorial Oberón (Grupo Anaya) lanzó la biografía de nuestro autor en forma de novela gráfica, un volumen a la altura del maestro (tanto en guión como en trazo, con un dibujo inquietante) con el que disfruté de lo lindo. Su título era Howard P. Lovecraft. El escritor de las tinieblas, en el marco de la colección «Libros Singulares», y todavía puede encontrarse en algunos puntos de venta. Muy recomendable.

Y si lo que pretendemos es echarnos unas risas a costa de inspirarnos –ligeramente– en Lovecrat, además de revisitar las cintas de Raimi tenemos a nuestra disposición un cómic irreverente e inclasificable publicado hace unos meses por Fandogamia Editorial: Perrinowmicon, que ya va por su segunda edición.

En realidad, no se trata de un compendio de fuerzas malignas al estilo del Necronomicón original, aunque sí de toda una amalgama de textos e imágenes sin tabúes, de mal gusto, hirientes, transgresoras y descacharrantes fruto de la retorcida mente del guionista, dibujante, entintador e historietista –ahí es nada– Michael Perrinow, que publicó en Twitter de 2012 a 2016; en una edición coloreada por Sara Cepeda. He aquí el link para hacerse con esta rareza:

https://fandogamia.com/linea-adsl/50-perrinowmicon-2-edicion.html

Rodolfo II de Habsburgo: el emperador de las sombras (II)

Introvertido y extravagante, Rodolfo II convirtió la ciudad de Praga en un hervidero de cultura donde se dieron cita científicos, artistas y matemáticos pero también magos, nigromantes, charlatanes y vividores que hicieron de la vieja Bohemia un lugar tan fascinante como lúgubre.

Óscar Herradón ©

Muchos farsantes se codearon con el monarca. Pero su afán de mecenazgo y protección frente a los rigores de la Inquisición hizo que se reunieran en Praga auténticos expertos que escribieron tratados sobre la materia y otros que, según sus biógrafos, llegaron a proveerle de grandes cantidades de oro para pagar a sus ejércitos, algo difícil de creer hoy en día. Pero lo cierto es que durante su reinado se produjo el máximo esplendor del arte alquímico en Chequia. No solo el castillo de Praga fue un centro de reunión de iniciados y sopladores; los aristócratas Guillermo de Rozmberk y Jan Zbynek de Hazmburk también promovieron esta práctica.

En la corte trabajaron importantes alquimistas como Martin Ruland el Joven, entre cuyas obras destacan un tratado sobre la piedra filosofal y una enciclopedia del saber alquímico de la época. A él se atribuye, además, un tratado sobre el infierno. El emperador también tenía a su servicio alquimistas hebreos. El más importante fue el converso Mardochaeus de Delle, quien compiló sus vastos conocimientos en un libro que desapareció siglos después.

Aunque los más destacados, quienes ya gozaban de renombre antes de formar parte del círculo rodolfino, fueron Michael Maier y Michael Sedivoj. Maier llegó a ser conde palatino y secretario privado del emperador y dejó un importantísimo tratado de alquimia, el célebre Atalanta Fugiens. El polaco Michael Sedijov, más conocido como Sendivogius, publicó numerosos trabajos sobre la ciencia sagrada.

Michael Maier

Sopladores, embaucadores, falsos médiums…

Pero entre estos grandes sabios también se mezclaron charlatanes y embaucadores. Es el caso del inglés Edward Kelley, que se aprovechó de las creencias del emperador para enriquecerse. Junto a él estuvo un personaje más respetable y rodeado de misterio, el inglés John Dee, cuyos artilugios mágicos tuve la ocasión de observar de cerca durante una visita al British Museum en 2014, y que volverá a aparecer en «Dentro del Pandemónium». Ambos, supuestamente, vendieron al soberano uno de los libros más misteriosos de todos los tiempos: el Voynich.

A diferencia de este último, Kelley se quedó sirviendo a Rodolfo, obteniendo grandes riquezas. Éste hizo creer al monarca que había logrado la transmutación de los metales, el ansiado oro que iba a traer la bonanza al Imperio. Kelley se convirtió en consejero imperial y en 1588 fue nombrado caballero de Bohemia. Adquirió una serie de casas en Praga, incluyendo una que según la leyenda había ocupado el legendario Fausto: la Faustum Dum. A partir de entonces algunos decían haber visto al nigromante volando a la grupa de Mefistófeles. Confiado por sus riquezas y su poder, Kelley dejó de persuadir al emperador con falso oro e incluso llegó a matar a un noble durante un duelo. Acabó en la cárcel y, mientras intentaba escapar, se fracturó una pierna. La gangrena se apoderó de ella y tuvieron amputársela. Permaneció en prisión hasta que un veneno preparado por su esposa acabó con su vida en 1597.

Rodolfo II hacia 1593, por Lucas van Valckenborch

A diferencia de este último, Kelley se quedó sirviendo a Rodolfo, obteniendo grandes riquezas. Éste hizo creer al monarca que había logrado la transmutación de los metales, el ansiado oro que iba a traer la bonanza al Imperio. Kelley se convirtió en consejero imperial y en 1588 fue nombrado caballero de Bohemia. Adquirió una serie de casas en Praga, incluyendo una que según la leyenda había ocupado el legendario Fausto: la Faustum Dum. A partir de entonces algunos decían haber visto al nigromante volando a la grupa de Mefistófeles. Confiado por sus riquezas y su poder, Kelley dejó de persuadir al emperador con falso oro e incluso llegó a matar a un noble durante un duelo. Acabó en la cárcel y, mientras intentaba escapar, se fracturó una pierna. La gangrena se apoderó de ella y tuvieron amputársela. Kelley permaneció en prisión hasta que un veneno preparado por su esposa acabó con su vida en 1597.

Mecenas de la ciencia y la cultura

Aunque Rodolfo promocionó los estudios ocultistas, algunos eruditos de renombre que sentarían los pilares de la ciencia y la astronomía modernas también tuvieron un lugar en su corte. Uno de los astrónomos patrocinado por Rodolfo fue Tycho Brahe. Éste llegó a Praga en 1599, y se convirtió en el más brillante de los astrónomos pretelescópicos. Descubrió la ecuación anual de la Luna y determinó la desigualdad principal de la órbita lunar con referencia al plano de la elíptica. Gracias a sus conocimientos consiguió convertirse en astrólogo y matemático imperial, obteniendo grandes riquezas y un observatorio. Pero lo que más llamó la atención del emperador fue la capacidad profética de Tycho. Nadie dudaba entonces que predecía el futuro y que era capaz de penetrar en los misterios celestes, además de curar las enfermedades. De hecho, comenzó a venderse un elixir que llevaba su nombre y que, supuestamente, tenía virtudes terapéuticas. Brahe también preparó un brebaje milagroso para Rodolfo que contenía melaza, oro potable y tintura de coral.

El astrónomo y profeta Tycho Brahe
Rodolfo II

El emperador se guió siempre por las predicciones del astrólogo, que fueron normalmente de signo funesto. Brahe predijo que Rodolfo moriría poco después que su león, la mascota imperial, asesinado por un hombre de la Iglesia, lo que provocó un auténtico delirio en el soberano, que siempre se creyó perseguido, y tuvo también consecuencias diplomáticas nefastas, cuando expulsó a los capuchinos de Praga, al creer que tramaban un complot para asesinarlo.

Más relevante aún para la ciencia moderna fue la llegada de Johannes Kepler, quien trabajó con Brahe. Kepler afirmaba que la Tierra giraba alrededor del Sol y que no era el centro del universo, corriendo el peligro de ser quemado por hereje. Tras la muerte de Brahe –que nunca aceptó los postulados de su pupilo, aun sabiendo que eran correctos–, Kepler, nuevo astrónomo y matemático imperial, publicó Astronomia Nova, enunciando las dos primeras leyes que permitirían a Newton proponer el principio de atracción universal.

Un trágico y anunciado final

Al no ocuparse de los asuntos de Estado, la administración central del Imperio quedó paralizada por completo. Como anteriormente hizo su padre Maximiliano, Rodolfo II jamás volvió a recibir a un sacerdote y cogió un auténtico pánico a Dios y a los sacramentos (una de los principales «pruebas», según los nuncios papales, que demostraban que el emperador estaba endemoniado es que éste blasfemaba en numerosas ocasiones y palidecía ante la cruz).

Rodolfo II, por Giuseppe Arcimboldo
Matías

En esta lamentable situación, alimentada por la superchería de los que le rodeaban, pasó el emperador de los alquimistas y mecenas de los sabios sus últimos años de vida. Su hermano Matías, que se aliaba con católicos o protestantes según soplara el viento, logró finalmente su objetivo: movilizó un gran ejército que se situó a la mismas puertas de Praga y consiguió que Rodolfo renunciara a los tronos de Hungría, Bohemia y Moravia. El 11 de noviembre de 1611, Matías le obligó a que firmase su abdicación.

Rodolfo II de Habsburgo, desolado y triste, estaba cada vez más enfermo; sufría de terribles dolores y sus piernas se hincharon tanto que no pudo quitarse las botas durante dos días. Cuando los médicos de cámara decidieron rajárselas, la gangrena ya había hecho acto de presencia. No obstante, siguiendo con su habitual e intransigente comportamiento, se negó a que le vendaran las heridas y rechazó los remedios de los médicos. Solo ingería un elixir preparado por el alquimista Sethon, compuesto de ámbar y bezoar. Sin embargo, ningún elixir pudo burlar al destino y Rodolfo II moriría, destronado y abandonado por todos, el 20 de enero de 1612, a las siete de la mañana, poco después de su león y sus dos águilas imperiales negras, como había profetizado años atrás Tycho Brahe.

PARA SABER UN POCO (MUCHO) MÁS:

Y para una visión global de la estirpe regia a la que pertenecía Rodolfo II, la misma dinastía que trajo a España monarcas del calado de Carlos V o su hijo Felipe II, entre otros, nada mejor que sumergirse en las páginas del voluminoso ensayo Los Habsburgo. Soberanos del Mundo, publicado recientemente por Taurus, la primera historia global de la dinastía que dominó gran parte del planeta durante siglos.

De orígenes modestos, los Habsburgo ganaron el control del Imperio romano en el siglo XV y, en tan solo unas décadas, se expandieron rápidamente hasta abarcar gran parte de Europa, desde Hungría hasta España, y crear un imperio en el que nunca se ponía el sol, de Perú a Filipinas, bajo el cetro de Carlos V y después de su hijo Felipe II. Precisamente el autor, Martyn Rady, catedrático de Historia de Europa Central en la Escuela de Estudios Eslavos y de Europa del Este (SSEES), concede una importancia especial a la rama española de los Austrias, la más poderosa y la más decisiva de la historia moderna. En un relato de pulso envidiable, narra con magistral claridad la construcción y la pérdida de su mundo, un mundo que duró novecientos años, tiempo durante el cual los Habsburgo dominaron Europa Central hasta la Primera Guerra Mundial.

Precisamente, uno de los detonantes de la Gran Guerra fue el asesinato del archiduque Francisco Fernando, heredero al trono austrohúngaro. Un magnicidio de cariz política que ya se había cebado con otro miembro de la dinastía, la emperatriz Sisí (Isabel de Baviera), asesinada por un anarquista el 10 de septiembre de 1898. Pero el libro recoge infinidad de nombres (en función de su importancia historiográfica, por supuesto).

Entre los numerosos personajes que conforman la historia de los Habsburgo, nada menos que 900 años, hubo de todo: personajes extravagantes y variados, desde guerreros a contemplativos, unos de viva inteligencia, otros con poca perspicacia, unos valientes, otros tendentes a la traición, pero a todos les impulsó el mismo sentido de misión familiar, como le sucedía al protagonista de este post, Rodolfo II.

Con su masa aparentemente desorganizada de territorios, su maraña de leyes y su mezcolanza de idiomas, el Sacro Imperio Romano-Germánico suele parecer caótico e incompleto. Pero gracias a la labor de Rady, con una ingente cantidad de información y un trabajo de documentación y análisis de las fuentes ciclópeo, descubrimos el secreto de la perseverancia de este largo linaje: sus miembros estaban convencidos de su predestinación para gobernar el mundo como defensores de la Iglesia católica (aunque algunos, como el propio Rodolfo II, fuesen excomulgados, y otros, como Carlos V, enviase sus tropas contra la Santa Sede, el célebre Sacco di Roma); garantes de la paz (pese a las numerosas guerras que libraron), y mecenas de la ciencia y la cultura, algo en lo que coincidieron todos, contribuyendo, en tiempos de Felipe II, al esplendor del Renacimiento, y siglos después, a la expansión de otras corrientes de pensamiento aun a pesar de ser una institución del Ancien Régime

El libro de Martyn Rady es el ensayo más ambicioso –y completo– dedicado a esta dinastía hasta la fecha. Un texto que ha recibido todo tipo de elogios y del que el crítico Alan Sked, del Times Literary Supplement, ha dicho: «Probablemente el mejor libro jamás escrito sobre los Habsburgo en cualquier idioma». Se puede adquirir en la web de Taurus (Penguin Random House) en papel y en versión digital:

https://www.penguinlibros.com/es/historia/38916-los-habsburgo-9788430623334