Virginia Hall: una mujer «sin» importancia» (II)

Fue calificada por los nazis como «la espía más peligrosa de Francia». Ahí es nada, si tenemos en cuenta que la Segunda Guerra Mundial fue la edad dorada del espionaje internacional, al menos hasta la Guerra Fría. Entre los superespías que engañaron a Hitler no se la suele incluir, y sin embargo, fue una de las piezas clave para el triunfo del desembarco aliado en las playas de Normandía el 6 de junio de 1944, entre otras muchas hazañas que ahora reivindica el ensayo Una mujer sin importancia, editado por Crítica.

Óscar Herradón ©

Tras su liberación de las autoridades españolas por la intervención de EEUU, Virginia dejaría de trabajar para el SOE y pasó a formar parte de la OSS, embrión de la futura CIA. Su viaje hacia la frontera con la Península había sido toda una odisea, pero logró huir a pesar de la pierna de madera –a la que ella misma se refería con el mote cariñoso de Cuthbert– y del dolor que le causaba caminar en exceso. Antes de la llegada a la frontera, escribió a sus superiores en Londres: «Cuthbert está dando problemas». El agente que leyó el mensaje desconocía su minusvalía, así que le aconsejó que si Cuthbert daba problemas «debía eliminarlo». El SOE no se andaba con tonterías.

Tras regresar a Reino Unido, y tras pasar un buen espacio de tiempo trabajando para el SOE en Madrid, en julio de 1943 la nombraron en secreto Miembro de la Orden del Imperio Británico por sus logros. Querían haberle brindado mayores honores pero sus superiores tenían miedo de comprometer su identidad, ya que seguía en activo. Lo mejor era pasar a engrosar las filas de otra organización clandestina, en este caso la OSS yankee, trabajando para sus compatriotas. Su misión: regresar de nuevo a la boca del lobo, la Francia ocupada, donde asumiría la identidad de una vieja campesina del pequeño pueblo de Crozant, en el centro del país.

Como buena espía, para evitar ser reconocida después de que la Gestapo empapelase las calles de las ciudades francesas con su imagen, tiñó su pelo de gris cenizo y se pintó arrugas en el contorno de sus ojos. Además, acudió a un dentista londinense para que estropeara su dentadura (hasta ese momento impoluta) para que se asemejara a la de una persona mayor. La noche del 21 de marzo de 1944, un bote hinchable lanzado al agua por una torpedera de la Marina Real británica recaló en la playa de Beg-an-Fry, en la Bretaña francesa. A bordo iba Virginia, de entonces 38 años, y otro espía estadounidense de 62. Aquella «mujer sin importancia» iba envuelta en ropas desgastadas y portaba una raída maleta en cuyo interior escondía un radiotransmisor.

Playa de Beg an Fry

De nuevo en la Francia ocupada

Los dos agentes infiltrados atravesaron una zona rodeada de arbustos y maleza hasta que desembocaron en una sinuosa carretera que les llevó hasta la estación de tres más próxima. Si eran interceptados por la Gestapo su destino habría estado escrito con sangre.

Virginia encontró refugio en la discreta finca de un granjero situada junto a los escarpados desfiladeros de granito del río Creuse, en el pequeño pueblo de Crozant, en el centro de Francia. Su nombre era Marcelle Montagne y allí cuidaba vacas, hacía queso y ayudaba al propietario. Era habitual verla por los caminos pastoreando ovejas. Su trabajo clandestino lo realizaba en el granero, donde colocó el radiotransmisor: se había convertido en operadora de radio y enviaba mensajes con el nombre en código de «Diana», aunque tenía otros alias, como «Marie Monin», «Germaine» y «Carmille», mientras que los alemanes, que desconocían su identidad, la apodaban «Artemisa»; formaba asimismo parte de la Red Saint.

Hall bajo la identidad de Marcelle Montagne

Las órdenes que había recibido de la OSS era entrenar a grupos de combatientes franceses para ejecutar operaciones de sabotaje contra infraestructuras alemanas, para lo que Churchill había contribuido al ordenar a la RAF que lanzara en paracaídas más de 3.000 toneladas de armas y provisiones para la Resistencia. Durante ese tiempo, mientras establecía contacto con los resistentes, enviaba a sus jefes al otro lado del Canal de la Mancha información vital sobre los movimientos de las tropas alemanas. Y aunque su tapadera era solvente, fue interrogada y varios agricultores locales asesinados. Ante el riesgo de ser finalmente descubierta, transmitió por radio a Londres el siguiente comunicado in extremis antes de huir: «Los lobos están en la puerta».

Preparando el Día D

Pero ese no fue el último acto de espionaje de Hall, pues tendría un papel clave nada menos que en Día D que allanaría el camino hacia la victoria aliada contra Hitler. Las semanas previas al Desembarco de Normandía estableció su red clandestina de Resistencia en la ciudad de Cosne, dividiendo la organización en cuatro grupos de resistencia de 25 hombres cada uno a los que encargaron diversos actos de sabotaje contra las unidades alemanas, retrasando así su avance hacia Normandía: dinamitar puentes y carreteras, descarrilar trenes de mercancías, derribar líneas telefónicas y capturar a varios prisioneros alemanes.

En aquella misión contó con la ayuda de otros valientes espías, algunos con nombre de mujer como las agentes del SOE Diana Hope Rowden, Violette Szabo y Lilian Rolfe, que corrieron peor suerte que ella (fueron detenidas por la Gestapo y ejecutadas en el campo de concentración de Rävensbruck), así como el grupo de superespías que engañaron a Hitler sobre el verdadero punto de Desembarco, entre ellos el español Juan Pujol «Garbo».

Violette Szabo

A pesar de los numerosos intentos y la inquina que le tenía Klaus Barbie, que convirtió el asunto en personal, la Gestapo nunca la capturó. Al acabar la Segunda Guerra Mundial fue condecorada por el gobierno de Francia, siguiendo los pasos de lo que hizo el británico en 1943, y le concedió la Croix de Guerre avec Palme, mientras que el gobierno de Estados Unidos le hizo entrega de la Cruz por Servicio Distinguido, la única mujer que recibió dicha distinción en tiempos de 007 con pelos en el pecho y mucha testosterona y continuó trabajando para la OSS y posteriormente en su reconversión en la CIA, siendo una de las primeras mujeres empleadas por la agencia, donde ejerció como analista de inteligencia sobre asuntos franceses hasta su jubilación en 1966, cuando se retiró a una granja de Maryland. A pesar de que su epopeya es apenas recordada en Europa, la sede de la CIA tiene una instalación que lleva su nombre en reconocimiento a sus importantes servicios.

Virginia Hall, la espía coja que mandaba mensajes a Londres con el nombre en clave de «Diana», como la diosa romana de la caza (una auténtica «cazanazis») y que trajo de cabeza a los servicios secretos alemanes, moría en su país natal, en Rockville (Maryland), el 8 de julio de 1982 a los 76 años.

PARA SABER UN POCO (MUCHO) MÁS:

De mano de la editorial Crítica (Grupo Planeta) nos llega este soberbio ensayo firmado por la autora y periodista británica Sonia Purnell, una monografía que devuelve a la espía norteamericana al lugar que le corresponde en la Historia, una Historia que la ha mantenido en el olvido demasiado tiempo como a otras combatientes por la libertad que, al ser mujeres, fueron, por desgracia, mucho menos reconocidas por sus hazañas.

En Una mujer sin importancia. La historia de Virginia Hall asistimos al nacimiento de una heroína que desafiará las normas imperantes de su época y que realizará, como vimos en el post, una amplia formación académica que completará dando el salto al Viejo Continente desde su Norteamérica natal. Una auténtica aventurera que se colocará en el servicio diplomático hasta que viaja a Turquía, donde tendrá lugar el accidente que marcará su vida y que la convertirá en la «dama coja» para los Boches.

En las vibrantes páginas de este ensayo que se lee como el mejor thriller histórico comprobaremos también el nacimiento de una espía: cómo es reclutada, su entrenamiento y su primer lanzamiento sobre territorio de la Francia ocupada, desafiando al peligro y consiguiendo valiosa información primero para el SOE y más tarde para la OSS. La persecución implacable de la Gestapo, la evasión (tras rechazar en varias ocasiones la huida ordenada por sus superiores), su retención en la frontera española, su vuelta a Inglaterra y su casi temerario regreso a territorio francés para facilitar, entre otras, el Desembarco aliado en las costas de Normandía y la liberación de varias zonas francesas de mano de los nazis tras el Día D. La epopeya justamente reivindicada de una mujer «con mucha» importancia. Podéis adquirir el libro en el siguiente enlace:

https://www.planetadelibros.com/libro-una-mujer-sin-importancia/320334

Otto Skorzeny: un nazi en la corte de Franco (Parte III)

Llegó a ser considerado el hombre más peligroso de Europa. El laureado militar nazi Otto Skorzeny buscó refugio en la España franquista, un régimen que lo acogió con los brazos abiertos y donde el austriaco intentaría revitalizar un ejército de soldados de la esvástica contra el avance del comunismo. Un plan secreto que salió a la luz hace apenas unos años y que muestra los estrechos vínculos de la dictadura franquista con los nazis fugados tras la derrota del Tercer Reich.

Óscar Herradón ©

Sobre Skorzeny planea la sombra de haber trabajado en secreto para la CIA, algo que no era nuevo para la Agencia estadounidense (en breve hablaremos en el Pandemónium de la «Operación Paperclip»), en un tiempo en el que el enemigo en Europa ya no era la derrotada (aunque no borrada) esvástica sino la amenaza del avance del comunismo soviético. Así, el historiador suizo Daniele Ganser, en su libro Los ejércitos secretos de la OTAN. La Operación Gladio y el terrorismo en la Europa occidental, señala que el oficial alemán de la Wehrmacht Reinhard Gehlen también trabajó para la CIA a la vez que ocupaba el puesto de jefe de los servicios secretos de la República Federal alemana tras la guerra. Al parecer, y por encargo de la inteligencia estadounidense, éste contrató a Skorzeny en la década de los 50 para entrenar al ejército egipcio, en unos años en los que ya se había fundado en tierras palestinas el Ejército de Israel, cuyo servicio secreto, el implacable Mossad, también seguía los pasos del libertador de Mussolini.

Y es muy probable que Skorzeny formara parte también de Gladio, una red clandestina anticomunista que operó en Italia durante la Guerra Fría, ideada por la CIA y el MI6 británico con el objetivo de prepararse para una eventual invasión soviética de Europa occidental a través de fuerzas armadas paramilitares secretas de élite diseminadas por distintos países, entre ellos España.

La Tercera Guerra Mundial

Uno de los proyectos más increíbles que estuvo cerca de hacerse realidad y tuvo a Otto Skorzeny como protagonista fue la intención de crear una fuerza militar en nuestro país en previsión del estallido de una Tercera Guerra Mundial. El proyecto personal de Skorzeny era crear, con antiguos militares nazis protegidos entre otras instancias por la Santa Sede, una especie de «ejército alemán en el exilio», según publicó en 2011 La Vanguardia. Un contingente de hasta 200.000 hombres que adoptaría el simbólico nombre de Legión Carlos V, de ecos marcadamente fascistas.

El objetivo de esta fuerza de choque de nostálgicos de la esvástica era contraatacar tras una eventual ofensiva militar comunista que hubiese culminado con éxito en Europa occidental, algo que no parecía imposible en los años duros de la Guerra Fría. Ni el proyecto fructificó ni, por suerte, se desencadenó un conflicto de tales dimensiones, aunque la tensión política –y los conflictos consecuentes en diversos países– se prolongaron durante décadas, lo que explica el mantenimiento del régimen franquista por las potencias occidentales tras la caída del Tercer Reich.

El plan implicaba a altos cargos del régimen franquista y a otros generales alemanes; al parecer, también contaba con el visto bueno de parte de la Curia romana e incluso de la mismísima embajada de Estados Unidos, donde el miedo al avance del comunismo se había convertido poco menos que un delirio en amplios sectores.

Hoy el archivo de Skorzeny es un verdadero sanctasanctórum para el historiador que indaga en el colaboracionismo de muchos de los hombres de Franco –y del propio dictador–, para ofrecer identidades falsas y un cómodo lugar de retiro a aquellos criminales. El mismo Skorzeny poseía una propiedad en Mallorca, en Alcudia, donde vivía en medio de todo tipo de lujos, como si jamás hubiese participado de la barbarie nazi.

Sus planes, para alegría del mundo libre, nunca se hicieron realidad. El libertador de Mussolini, «Caracortada», moría en Madrid, en una cama de la habitación 388 de la ciudad sanitaria Francisco Franco el 7 de julio de 1975 –paradojas del destino apenas cuatro meses después moría el dictador español–, abatido finalmente por un cáncer de pulmón causado por su adicción al tabaco, que no dejó ni en los momentos de mayor agonía.

Otto Skorzeny: un nazi en la corte de Franco (segunda parte)

Llegó a ser considerado el hombre más peligroso de Europa. El laureado militar nazi Otto Skorzeny buscó refugio en la España franquista, un régimen que lo acogió con los brazos abiertos y donde el austriaco intentaría revitalizar un ejército de soldados de la esvástica contra el avance del comunismo. Un plan secreto que salió a la luz hace apenas unos años y que muestra los estrechos vínculos de la dictadura franquista con los nazis fugados tras la derrota del Tercer Reich.

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Tras su intervención –más bien discreta– en la neutralización de la Operación Valkiria, vendría la llamada Operación Greif, que consistía en una orden del propio Hitler de llevar a cabo el asalto al Cuartel General de Eisenhower y su asesinato, misión que se frustró y momento en el que los norteamericanos definieron a Skorzeny como «el hombre más peligroso de Europa».

Yeo Thomas

Tras ello no tardó en legar la inevitable derrota del Tercer Reich y el momento en el que el protagonista de estas líneas, como otros miembros del Partido Nazi, fue internado en distintos campos de concentración… Hasta ser juzgado en Núremberg, donde fue declarado inocente en relación con la llamada Matanza de Malmedy, en la Batalla de las Árdenas, por un apoyo in extremis: el testimonio en su favor del espía inglés F. F. E. Yeo-Thomas (alias «Tommy»). Ello no impidió que fuese internado en un campo de «desnazificación». No obstante, Skorzeny nunca renegó de su ideología y finalmente logró huir de las garras aliadas. Uno de los lugares en los que buscaría refugio sería la España franquista, un país en el que el antiguo miembro de las SS (que solía mostrar con orgullo a la gente de confianza el tatuaje de su grupo sanguíneo como llevaban todos los miembros de las Waffen-SS por si sufrían una herida en el frente) pretendía revitalizar el nazismo y dar forma a un Cuarto Reich…

Skorzeny pudo viajar a la Península ibérica gracias a miembros de la citada red ODESSA, entonces en la clandestinidad, el 27 de julio de 1948. Según documentos desclasificados, el antigua nazi se instaló en Madrid bajo identidad falsa –durante un tiempo residió en la calle Montera, en los números 25-27– y retomó su trabajo de ingeniero, representando a prósperas compañías alemanas del acero, gozando de gran popularidad entre los franquistas y gracias a sus hazañas en la Segunda Guerra Mundial, de las que siempre se jactó y que muy posiblemente exageró notablemente. Era un héroe para esos españoles nostálgicos y uno de los últimos acólitos de Hitler que seguía con vida, al igual que el belga Léon Degrelle, que moriría en Málaga el 31 de marzo de 1994.

Nuevas revelaciones del archivo personal

El 8 de diciembre de 2011 la casa de subastas Alexander Autographs Inc. de Stanford (Connecticut, EEUU), sacaba a subasta el impresionante archivo que Otto Skorzeny legó a su muerte a su mujer, Ilse Lüthje, con la que se casó en 1954. Ésta dilapidó pronto la fortuna familiar y solo una familia española la ayudó a costearse un asilo en Madrid, donde fallecía, sola y arruinada, el 20 de diciembre de 2002. Como agradecimiento, Ilse legó el archivo de su esposo al dueño de esos importantes documentos, cuyo hijo, Luis M. Pando, decidió sumergirse en las miles de páginas de la historia que el nazi no quiso escribir –a pesar de haber publicado unas resonadas memorias en dos volúmenes, Vive peligrosamente y Luchamos y perdimos–, antes de ponerles precio.

Los documentos contienen de todo, desde planes de guerra y negocios, hasta secretos que revelaban parte del rol desempeñado por Skorzeny después de la contienda. Gracias a tan importante archivo, han salido a la luz numerosos puntos oscuros sobre un cuarto de siglo de actividad del guardia negro en nuestro país, del final de la Segunda Guerra Mundial hasta su muerte, en 1975.

El libertador de Mussolini mantenía un estrecho vínculo con el gobierno español, sus generales, algunos de los que sirvieron a Hitler, dictadores sudamericanos y negociaciones con importantes empresas alemanas como Krupp, Thyssen o la exportadora de armas Merex, según el periodista Rafael Poch, «una tapadera de los servicios secretos alemanes en la que trabajaban, o colaboraban, criminales de guerra teóricamente buscados por la justicia». En el archivo se encuentran también felicitaciones del antiguo nazi a Manuel Fraga del año 1964, cuando éste era ministro de Información y Turismo, así como dos recomendaciones de visados con la rúbrica del periodista de Falange Víctor de la Serna, quien estuviera a sueldo de la embajada de Hitler en Madrid, dirigidas a diplomáticos españoles en Alemania. Sería precisamente uno de ellos, Jorge Spottorno, quien siendo cónsul en Fráncfort emitiría un visado con nombre falso para el prófugo.

Entre los «secretos» (ya no tanto) se encuentran las pruebas de la transformación de Skorzeny en un hombre de negocios sin escrúpulos, reconvertido en traficante de armas –a través de Merex– o vendedor de petróleo y representante de las empresas alemanas supervivientes a los juicios de posguerra, muchas manchadas con sangre del Holocausto. Tangencialmente, dichos archivos apuntan a una supuesta relación del antiguo SS con el fundador del club Bilderberg, Józef Retinger –algo extraño si tenemos en cuenta que éste era uno de los mayores representantes del sionismo europeo–, entre muchos otros personajes de gran poder que supuestamente marcaban las directrices de la política internacional por aquel entonces.

Józef Retinger

Un agente secreto tras el hombre de negocios

Nasser

Otto era accionista de un ingente número de sociedades, poseía un patrimonio estimado en unos mil millones de pesetas, casas y terrenos en Madrid, Andalucía, Alemania, Austria, Irlanda… Evidentemente, todos ellos bajo identidades falsas, salvoconductos y pasaportes emitidos con el visto bueno de las más altas autoridades franquistas, como Juan Vigón, Antonio Garrigues Walker o Ramón Serrano Suñer, de abiertas simpatías filonazis en los años cuarenta. Entre otras, adoptó las identidades de Rolf Steinbauer, Hanna Eff Khoury, Frey Hans Rudolf o Hans R. Frey, y quizá incluso otras, siendo su papel el de negociar acuerdos comerciales de la España franquista con empresas alemanas y egipcias. Fue precisamente Skorzeny el responsable de las negociaciones del tratado hispano-anglo-egipcio del petróleo, a instancias del entonces presidente de Egipto, Abdel Nasser, amigo íntimo de «Caracortada».

Visado español a nombre de «Rof Steinbauer»

El archivo es un Sanctasanctórum de las relaciones internacionales de posguerra. Tanto los archivos desempolvados por Luis M. Pardo como los desclasificados por el BND alemán, arrojan una información más que relevante sobre las operaciones que se llevaron a cabo en distintos países occidentales en las décadas de 1950 y 1960, operaciones turbias que, evidentemente, se hacían a espaldas de la opinión pública.

Skorzeny mantuvo una nutrida correspondencia con importantes –y oscuros– personajes como el empresario alemán Alfried Krupp von Bohlen, que fuera condenado en los Juicios de Núremberg por «suministar armas al Tercer Reich y por trato inhumano a los prisioneros de guerra que trabajaron en su compañía», según recogía el diario El Mundo. Al parecer, tras la guerra Skorzeny se convirtió en su delegado comercial y sus operaciones se extendían desde Argentina hasta Egipto.

Krupp en Núremberg

Cuando en 1963 le fue diagnosticado el cáncer que acabaría finalmente con su vida, se recluyó en su casa mallorquina de Alcudia y fue su mujer Ilse quien tuvo que viajar a Estados Unidos, Irlanda o Alemania para continuar engrosando el patrimonio familiar a través de las relaciones comerciales.

Curiosamente, en su archivo se encuentra el guion para una película sobre su propia vida, escrito en 1959, lo que denota su enorme vanidad, una cinta que llevaría por título Special Mission, y donde, evidentemente, se hacía un elogio del encargo personal del Führer para encontrar y liberar a Mussolini. En 1963 recibía la misiva del hijo de su mayor enemigo, Eisenhower, a quien Skorzeny tenía la misión de matar por sorpresa –recordemos la Operación Greif–, violando los códigos de guerra.

Este post tendrá una próxima y última entrega sobre el «hombre más peligroso de Europa».

PARA SABER ALGO (MUCHO) MÁS:

Para profundizar en la escurridiza figura de Skorzeny, principalmente en sus años en España realizando numerosas intrigas, entramados mercantiles, todo tipo de conspiraciones –incluso la creación de la llamada «Legión Carlos V»–, así como sus numerosos alias, sus documentos secretos y sus contubernios con la CIA y el Mossad israelí –sí, aunque parezca contradictorio, expedientes desclasificados muestran que es así–, nada mejor que sumergirse en las páginas de una de las últimas novedades de la Editorial Almuzara: Otto Skorzeny. El nazi más peligroso en la España de Franco.

Un trabajo que denota dedicación y un amplio manejo de fuentes documentales. Obra del periodista Francisco José Rodríguez de Gaspar, redactor jefe del periódico La Tribuna de Toledo, aclara en ella los muchos matices que rodearon a esta figura capital del sombrío pasado reciente de España.

Uno también puede leer los libros firmados por el propio Skorzeny sobre sus «gestas» (Vive peligrosamente, Luchamos y perdimos, Misiones Secretas y La Guerra Desconocida), otra cosa es creer en su fidelidad a los hechos narrados por quien ha sido considerado por algunos un mentiroso patológico y por los más un calculador y eficiente espía. O visualizar el estupendo documental estrenado en 2020 El hombre más peligroso de Europa, Otto Skorzeny en España, obra de Quindrop Producciones Audiovisuales, con coproducción de RTVE y la televisión balear IB3, codirigido por Pedro de Echave y Pablo Azorín.