10 cosas que (quizá) no sabías de E.T. El Extraterrestre

Inauguramos en el Pandemónium nueva sección con una conmemoración: nada menos que el 40 aniversario del lanzamiento de una de las cumbres del cine fantástico: E.T. el Extraterrestre, del Rey Midas de Hollywood Steven Spielberg, cuya trastienda es narrada con detalle en una joya ilustrada publicada recientemente por Norma Editorial.

Óscar Herradón ©

Pixabay. Free license.

Arrancamos nueva sección en el blog. Puesto que estamos saturados de información y a golpe de click uno puede encontrar lo que quiera (siempre con la cautela de no caer en el fake o la falta de verosimilitud), eso tan mentado ahora de la infoxicación, tocaré algunos temas de actualidad (muchos, sin ser nuevos, lo están por una u otra razón), la mayoría relacionados con la publicación de novedades editoriales, de forma breve, dejando la escritura torrencial de mis habituales entradas para otros asuntos, que los habrá, sin duda. Estas son las 10 cosas que probablemente no sabías sobre aquella joya familiar que cambió para siempre el séptimo arte:

–El niño de la cinta, Elliot (interpretado por Henry Thomas) sufre por la ausencia de su padre y precisamente el divorcio de sus progenitores provocó (o al menos eso confesaba en su día) que Spielberg inventase un amigo imaginario, un extraterrestre que podía ser «el hermano que nunca tendría y el padre que sentía que ya no tenía». Fue la semilla de una de sus cintas inolvidables. Precisamente el realizador recuerda aquellos convulsos años de infancia y realiza un emotivo homenaje al cine, una carta de amor al celuloide, en la aclamada Los Fabelman.

–Spielberg ya se acercó años antes, en 1977, al tema de los OVNIs en otra de sus obras maestras, Encuentros en la Tercera Fase (que en realidad, ajustándonos al lenguaje ufológico y al título original, debió traducirse como Encuentros Cercanos del Tercer Tipo), donde contó con la colaboración del astrónomo y ufólogo Joseph Hyneck, pero muchos de los elementos que rescataría ET se hallaban en el guión de una película que nunca llegaría a realizar, una suerte de secuela de la cinta protagonizada por un Richard Dreyfuss en estado de gracia: la terrorífica Night Skies, con guión de John Sayles, donde había varios extraterrestres malvados y uno de ellos poseía un único dedo largo y huesudo que desprendía luz en la punta. ¿Os suena? Con dicha luz mataba a los animales de una granja. Por contrapartida, había uno bueno, de nombre Buddy, que tenía una hermosa relación con un niño afectado de TEA.

–Cuentan que cuando estaban en pleno rodaje de Indiana Jones. En busca del Arca Perdida, primera entrega de la célebre saga del arqueólogo que odiaba a los nazis, cuando Spielberg leyó el guión de Night Skies a la entonces novia de Harrison Ford, Melissa Mathison, esta se echó a llorar ante la relación de un extraterrestre bondadoso y un niño fruto de un hogar roto. Sería ella precisamente quien escribiría el guión de ET. El extraterrestre, y es que un trabajo suyo, El corcel negro, había cautivado a Spielberg. Según reveló el director, ella fue la responsable de la mítica frase «Teléfono, mi casa». Nada volvería a ser lo mismo para el séptimo arte.

–Puesto que el jefe de marketing de Columbia Pictures pensó que ET no tenía un gran potencial comercial y que su argumento era solo propicio para los más pequeños, la productora rechazó el proyecto y entró en el mismo Universal Pictures, que se hizo de oro: ET se convirtió en la película entonces más taquillera de la historia al recaudar 359 millones de dólares en todo el mundo; hasta el momento el récord lo tenía La Guerra de las Galaxias, con 307 millones, del colega de Spielberg (y productor de Indiana Jones) George Lucas. ¿No tenía potencial comercial? Hace unos meses la marca NECA anunciaba el lanzamiento de varias figuras articuladas de la película en el marco del 40 aniversario. Y uno que es coleccionista avisa de que no tardarán en descatalogarse y alcanzar precios desorbitados. ¿Quién no ha tenido un peluche de ET?

–La única película que conseguiría romper el récord alcanzado por la cinta sería Parque Jurásico, también firmada por el visionario Spielberg y basada en el bestseller de Michael Crichton 11 años después: nada menos que 978 millones de dólares. Y es que el realismo de sus saurios extintos provocaba escalofríos y parecía llevarnos a plena era jurásica. Solo Spielberg podía hacer aquello. Vi la cinta en el cine con 13 añitos (ya han llovido 30 desde aquello), y salí cautivado.

Rambaldi

–Siempre se ha dicho que el rostro de ET nos resulta familiar. La razón estriba en que se ideó a partir de las fotografías de los rostros del físico Albert Einstein y los escritores Ernest Hemingway y Carl Sandburg, más algunas pequeñas inspiraciones. Su creación se debe al italiano Carlo Rambaldi, diseñador de las criaturas de Encuentros en la Tercera Fase y artista de efectos especiales de películas como La Posesión o Dune, de David Lynch, quien se inspiró en su propio cuadro Women of Delta para dotar al personaje principal de ese característico largo cuello.

–Los actores aquejados de enanismo Tamara de Treaux y Pat Bilou se introdujeron en el disfraz de goma del personaje, e incluso el niño minusválido al que le faltaban las piernas Matthew Merritt, de entonces 12 años, que caminaba con las manos. También se crearon marionetas que se movían de forma electrónica en un tiempo en que no existían efectos digitales ni el recurrente CGI. La creación de la criatura costó un millón y medio de dólares, una cantidad nada desdeñable hace cuarenta largos años.

–El casting no fue ni mucho menos sencillo. Henry Thomas realizó una dura prueba para convertirse en Elliot de la que existen vídeos en el Making-of. «La improvisación fue tan sentida y honesta que le di el papel allí mismo», confesaría más tarde Steven Spielberg. Al parecer, el chiquillo lloró con tanta convicción pensando en su perro muerto. Para el resto del casting la cosa no fue tan fácil, y el director vio a más de 300 niños antes de decantarse por Drew Barrymore (que había realizado la audiencia para Poltergeist, otro éxito del que Spielberg fue productor) y Robert MacNaughton.

Williams

–El éxito internacional de ET, que se estrenó en el mercado estadounidense el 11 de junio de 1982 (en España lo hizo el 6 de diciembre de ese año, inaugurando una Navidad inolvidable para aquellos que acudieron a verla), se manifestó al año siguiente en nueve nominaciones a los premios Oscar, de los que ganó cuatro: Mejor Sonido, Mejores Efectos Visuales y Mejor Edición de Sonido, así como a la Mejor Banda Sonora firmada por el inolvidable John Williams, autor de las melodías de Star Wars, Indiana Jones, Superman, y prácticamente todo el cine de Spielberg: Tiburón, Encuentros en la Tercera Fase, La lista de Schindler, Hook, Parque Jurásico, Salvar al Soldado Ryan… y cómo no, Los Fabelman e Indiana Jones y el Dial del Destino, cinta que pone punto y final a la saga protagonizada por Harrison Ford que finalmente ha dirigido James Mangold.

–En una producción de tamaño éxito no es extraño que surjan dificultades. La cinta recibió varias demandas y acusaciones de plagio: el prestigioso director indio Satyajit Ray acusó a Steven Spielberg de copiarle el personaje de un guión que había escrito en 1967 titulado The Alien, con una idea y conceptos similares, proyecto frustrado donde –dijo– iba a contar con Marlon Brando y Peter Sellers. La otra demanda vino de parte del dibujante catalán Joaquín Blázquez, quien había creado en 1975 un dibujo de un alienígena llamado Melvin para el medio estadounidense Warren Magazines,  de notable parecido, que protagonizó al año siguiente la historieta publicada en Vampirella «Then one foggy Christmas Eve». Blázquez murió a los 40 años sin ganar el pleito.

PARA SABER ALGO (MUCHO) MÁS:

E.T. El Extraterrestre: la historia visual definitiva

Esta joya recientemente publicada por Norma Editorial profundiza en los archivos de producción de la película para presentarnos, de la manera más completa y apasionante, la creación de la obra maestra de Steven Spielberg y el impacto que todavía tiene en varias generaciones de admiradores. Este monumental volumen de 240 páginas en gran formato y a todo color incluye entrevistas exclusivas con una parte clave del equipo, como el propio director, la productora Kathleen Kennedy y las estrellas Robert MacNaughton, Dee Wallace y Peter Coyote.

ET. El Extraterrestre: la Historia visual definitiva, revive el proceso de una extraordinaria producción que trascendió los límites de lo que era posible en el cine. Cargado de imágenes poco conocidas, el libro incluye fotografías promocionales, arte conceptual, storyboards y contenidos del universo de la película al completo, como los artículos de publicidad comercial de la misma, la novela y su secuela, y la atracción de Universal Studios hacia el proyecto, como contamos en el post. Este tomo constituye el homenaje perfecto para una película que definió la magia del séptimo arte, un libro imprescindible para cualquier entusiasta de este inolvidable título que incluye además 19 elementos especiales, como el pase de seguridad de Spielberg para el set, la hoja de rodaje o páginas del guión original.

La Naranja Mecánica: 50 años de un clásico instantáneo

En julio de este año la controvertida y genial película dirigida por Stanley Kubrick, adaptación de la novela homónima de Anthony Burgess, cumplió 50 años, momento en que se editaron varios libros conmemorativos. En «Dentro del Pandemónium» recordamos algunas de las anécdotas de su rodaje y la intrahistoria del original literario.

Óscar Herradón ©

Stanley Kubrick entró en contacto por primera vez con la novela La Naranja Mecánica a través de Terry Southern, co-guionista de Teléfono Rojo, ¿volamos hacia Moscú? (incomprensible título en castellano para Dr. Strangelove or: How I Learned to Stop Worrying and Love the Bomb). Southern le envió una copia de A Clockwork Orange tiempo después del rodaje de la magistral parodia de la Guerra Fría. El texto distópico de Anthony Burgess, publicado en 1962, su irreverencia y su humor mordaz, sin embargo, no llamarán la atención del cineasta neoyorquino en un primer momento, precisamente porque su lenguaje plagado de jerga adolescente y suburbial rusa no le convenció.  Sin embargo, cuando fracasó su mastodóntico proyecto de adaptar la vida de Napoleón a la gran pantalla, volvió a fijarse en el contenido de la novela y, según  confesó, cambió de opinión al considerar al protagonista, Alex DeLarge (interpretado por un Malcolm McDowell en estado de gracia que admitiría sufrir mucho durante el rodaje) «un personaje tipo Ricardo III».

Los problemas de tan vanguardista e insurgente cinta, preñada de violaciones, sexo, pornografía, violencia, todo ello sin un ápice de conmiseración con el espectador y una frialdad ajena a las emociones que hace las escenas si cabe más insoportables, comenzarían desde el momento de su estreno en cines. Sobre este punto, Pauline Kael puntualiza en El Cine de Stanley Kubrick, recientemente editado por Cult Books: «El truco de hacer que los atacados tengan rasgos menos humanos que los atacantes, para que el espectador no sienta empatía por ellos, es, creo, sintomático de una nueva actitud en el cine. Esta actitud niega la distinción moral».

Kubrick tuvo que retirarla de las salas de Inglaterra al sufrir amenazas de muerte y tras leer en la prensa acerca del apaleamiento de un mendigo en un suceso muy similar al realizado por los drugos en una de las secuencias más recordadas de la cinta. No permitiría su pase en salas de Reino Unido hasta su muerte, que tuvo lugar el 7 de marzo de 1999, a las puertas del nuevo milenio, violento y desbocado, que parecía vaticinar décadas atrás su legendaria película.

Túnel usado en el rodaje de La Naranja Mecánica.

Pero en su estreno, también se prohibió su pase en Estados Unidos: en el país de las barras y estrellas recibió la calificación X; luego Kubrick cortó 30 segundos y en 1973 fue reestrenada con una calificación R, que alude a «Restricted», en películas que no son aptas para menores de 17 años. También sufrió la censura en otros países, como Francia, Australia y la España del tardofranquismo que, aunque más aperturista que en décadas pasadas, no iba a transigir con una película tan «desafiante» al orden establecido.

Precisamente, en unos días está programado el estreno de un documental en el Festival de Cine de Valladolid (del 23 al 30 de octubre) que recuerda el tardío estreno en nuestro país de la visionaria cinta. Su título es La Naranja Prohibida y evoca su simple título original. Bueno, tan simple y tan inquietante: Burguess comentó en una ocasión que provenía de una expresión cockney (slang del sur de Londres): «as queer as a clockwork orange», cuyo significado es «tan raro como una naranja mecánica». El documental ha sido producido por TCM y dirigido por Pedro González Bermúdez, que lo presentará junto a un invitado de excepción, el propio Malcolm McDowell. Precisamente la película se estrenó en 1975 en la misma Seminci (concretamente en su 20ª gala), durante los días previos al fallecimiento de Franco.

Una novela rara… y visionaria

La historia de la novela es tanto o más impactante que el de la película. No fue precisamente un éxito de ventas: se lanzaron 6.000 copias en 1962 y a mediados de aquella década no había llegado ni a los 4.000 ejemplares vendidos. Aquel vocabulario creado ex profeso por el escritor, el «nadsat», no le hizo especial gracia a la crítica, como tampoco en un primer momento a Kubrick. Y lo más alucinante de todo: aquella novela distópica que muchos calificarían de «profética» nació de una tragedia personal. A Burgess le diagnosticaron un tumor cerebral tras derrumbarse mientras daba clase en un aula de Brunéi, en la isla de Borneo, en el Sudeste Asiático. El diagnóstico: a lo sumo, uno de dos años de vida.

Burgess

Ello provocó en él la necesidad de escribir de forma compulsiva antes de que la enfermedad le impidiera continuar; fruto de lo cual, junto a una ingente cantidad de producción literaria por la que casi nadie le recuerda, nació una extraña novela breve en la que plasmaba esa vivencia personal junto a otras no menos traumáticas como la violación de su mujer, Lynne, en Londres, por soldados desertores norteamericanos durante la Segunda Guerra Mundial que le provocó un aborto y que sería el germen de la violación grupal de los drugos a la mujer del escritor en una de las secuencias más impactantes de la historia del cine. A todo ello, el autor le sumó la impresión que le dio, tras su exilio como docente en las colonias británicas, una Inglaterra profundamente cambiada, invadida por los ritmos pop (que impregnarían la estética de su adaptación cinematográfica), las drogas de diseño y las bandas juveniles violentas, captando así, como pocas obras, el espíritu de su tiempo.

En relación con Kubrick, el hombre cuya decisión de adaptar su cuasi desconocida novela le cambió la vida (y esto no siempre sucede para bien), Burgess sentenció que el cineasta neoyorquino llevó a cabo una «reelaboración radical de mi propia novela, no una mera interpretación». No obstante, para el novelista Kubrick había llevado a cabo «una película tecnológicamente brillante, reflexiva, poética, reveladora». Un clásico de culto instantáneo que se rodó hace medio siglo y no ha perdido un ápice de actualidad.  

PARA SABER ALGO (MUCHO) MÁS:

Cult Books publicó hace unos meses un fantástico libro que recorre con magníficos textos de diversos especialistas la filmografía del director neoyorquino, y, claro, dedica un sorprendente capítulo a La Naranja Mecánica. Desde su primer largometraje, Fear and Desire, hasta el último, Eyes Wide Shut, estrenado póstumamente, Stanley Kubrick se esforzó en sondear los rincones oscuros de la conciencia humana. Al hacerlo, adaptó novelas tan populares como ‘Lolita’, ‘La naranja mecánica’ y ‘El resplandor’, y seleccionó una amplia variedad de géneros para sus películas: film noir (El beso del asesino; Atraco perfecto), cine bélico (Senderos de gloria; La chaqueta metálica), comedia negra (¿Teléfono rojo? Volamos hacia Moscú), ciencia ficción (2001: Una odisea del espacio)

A lo largo de medio siglo de carrera, Kubrick produjo algunas de las imágenes cinematográficas más evocadoras de la historia del cine. Formado como reportero fotográfico, su control personal de la técnica era apabullante, de un perfeccionismo compulsivo y neurótico. Atraco perfecto deslumbró por su sabia construcción unanimista y acronológica. 2001 fue el primer filme en el que las estrellas no eran los actores, sino los efectos especiales. Barry Lyndon se rodó enteramente con luz natural, o de velas, para reproducir con precisión el ambiente de la época dieciochesca descrita por Thackeray. Y El resplandor ha pasado a la historia por su utilización virtuosa del steadycam en los pasillos de un castillo y de un laberinto vegetal. Desde la primera secuencia de El beso del asesino hasta los últimos fotogramas de Eyes Wide Shut, impresiona el magistral estilo visual de sus películas, sus escenas de tomas fijas, hipnotizantes y fascinantes.

Analizados en conjunto, los textos de Michel Ciment, Roger Ebert, Pauline Kael, Stanley Kauffmann, Dave Kehr, Jonathan Rosenbaum, John Simon y Alexander Walker, entre otros autores, constituyen una lúcida mirada a la visión que tenía el gran director de un universo físico y moral en constante transformación, y aportan profundidad y complejidad a la interpretación de la notable obra de Stanley Kubrick.

He aquí el enlace para adquirir este documentado trabajo repleto de fotografías en La Casa del Libro:

https://www.casadellibro.com/libro-el-cine-de-stanley-kubrick/9788412253870/11932260?gclid=Cj0KCQjwnoqLBhD4ARIsAL5JedKjtT3rXKPmL6MHSQCpV8_g91nOTQy7PvrR3HK_e1nWBPgiMAQcWP4aAiIDEALw_wcB

Y Notorious Ediciones ha publicado recientemente nada menos que el libro del 50 aniversario de esta joya del celuloide. Un volumen editado con mimo (como todo su catálogo) que hace honor a tan insigne título. En un precioso tomo profusamente ilustrado a color y blanco y negro, tres prestigiosos autores (Jesús Antonio López, Jesús Palacios y Jaime Vicente Echagüe) abordan los diferentes aspectos del film. Imprescindible para fans y drogalépticos.

He aquí el enlace de su página web: