10 cosas que (quizá) no sabías de E.T. El Extraterrestre

Inauguramos en el Pandemónium nueva sección con una conmemoración: nada menos que el 40 aniversario del lanzamiento de una de las cumbres del cine fantástico: E.T. el Extraterrestre, del Rey Midas de Hollywood Steven Spielberg, cuya trastienda es narrada con detalle en una joya ilustrada publicada recientemente por Norma Editorial.

Óscar Herradón ©

Pixabay. Free license.

Arrancamos nueva sección en el blog. Puesto que estamos saturados de información y a golpe de click uno puede encontrar lo que quiera (siempre con la cautela de no caer en el fake o la falta de verosimilitud), eso tan mentado ahora de la infoxicación, tocaré algunos temas de actualidad (muchos, sin ser nuevos, lo están por una u otra razón), la mayoría relacionados con la publicación de novedades editoriales, de forma breve, dejando la escritura torrencial de mis habituales entradas para otros asuntos, que los habrá, sin duda. Estas son las 10 cosas que probablemente no sabías sobre aquella joya familiar que cambió para siempre el séptimo arte:

–El niño de la cinta, Elliot (interpretado por Henry Thomas) sufre por la ausencia de su padre y precisamente el divorcio de sus progenitores provocó (o al menos eso confesaba en su día) que Spielberg inventase un amigo imaginario, un extraterrestre que podía ser «el hermano que nunca tendría y el padre que sentía que ya no tenía». Fue la semilla de una de sus cintas inolvidables. Precisamente el realizador recuerda aquellos convulsos años de infancia y realiza un emotivo homenaje al cine, una carta de amor al celuloide, en la aclamada Los Fabelman.

–Spielberg ya se acercó años antes, en 1977, al tema de los OVNIs en otra de sus obras maestras, Encuentros en la Tercera Fase (que en realidad, ajustándonos al lenguaje ufológico y al título original, debió traducirse como Encuentros Cercanos del Tercer Tipo), donde contó con la colaboración del astrónomo y ufólogo Joseph Hyneck, pero muchos de los elementos que rescataría ET se hallaban en el guión de una película que nunca llegaría a realizar, una suerte de secuela de la cinta protagonizada por un Richard Dreyfuss en estado de gracia: la terrorífica Night Skies, con guión de John Sayles, donde había varios extraterrestres malvados y uno de ellos poseía un único dedo largo y huesudo que desprendía luz en la punta. ¿Os suena? Con dicha luz mataba a los animales de una granja. Por contrapartida, había uno bueno, de nombre Buddy, que tenía una hermosa relación con un niño afectado de TEA.

–Cuentan que cuando estaban en pleno rodaje de Indiana Jones. En busca del Arca Perdida, primera entrega de la célebre saga del arqueólogo que odiaba a los nazis, cuando Spielberg leyó el guión de Night Skies a la entonces novia de Harrison Ford, Melissa Mathison, esta se echó a llorar ante la relación de un extraterrestre bondadoso y un niño fruto de un hogar roto. Sería ella precisamente quien escribiría el guión de ET. El extraterrestre, y es que un trabajo suyo, El corcel negro, había cautivado a Spielberg. Según reveló el director, ella fue la responsable de la mítica frase «Teléfono, mi casa». Nada volvería a ser lo mismo para el séptimo arte.

–Puesto que el jefe de marketing de Columbia Pictures pensó que ET no tenía un gran potencial comercial y que su argumento era solo propicio para los más pequeños, la productora rechazó el proyecto y entró en el mismo Universal Pictures, que se hizo de oro: ET se convirtió en la película entonces más taquillera de la historia al recaudar 359 millones de dólares en todo el mundo; hasta el momento el récord lo tenía La Guerra de las Galaxias, con 307 millones, del colega de Spielberg (y productor de Indiana Jones) George Lucas. ¿No tenía potencial comercial? Hace unos meses la marca NECA anunciaba el lanzamiento de varias figuras articuladas de la película en el marco del 40 aniversario. Y uno que es coleccionista avisa de que no tardarán en descatalogarse y alcanzar precios desorbitados. ¿Quién no ha tenido un peluche de ET?

–La única película que conseguiría romper el récord alcanzado por la cinta sería Parque Jurásico, también firmada por el visionario Spielberg y basada en el bestseller de Michael Crichton 11 años después: nada menos que 978 millones de dólares. Y es que el realismo de sus saurios extintos provocaba escalofríos y parecía llevarnos a plena era jurásica. Solo Spielberg podía hacer aquello. Vi la cinta en el cine con 13 añitos (ya han llovido 30 desde aquello), y salí cautivado.

Rambaldi

–Siempre se ha dicho que el rostro de ET nos resulta familiar. La razón estriba en que se ideó a partir de las fotografías de los rostros del físico Albert Einstein y los escritores Ernest Hemingway y Carl Sandburg, más algunas pequeñas inspiraciones. Su creación se debe al italiano Carlo Rambaldi, diseñador de las criaturas de Encuentros en la Tercera Fase y artista de efectos especiales de películas como La Posesión o Dune, de David Lynch, quien se inspiró en su propio cuadro Women of Delta para dotar al personaje principal de ese característico largo cuello.

–Los actores aquejados de enanismo Tamara de Treaux y Pat Bilou se introdujeron en el disfraz de goma del personaje, e incluso el niño minusválido al que le faltaban las piernas Matthew Merritt, de entonces 12 años, que caminaba con las manos. También se crearon marionetas que se movían de forma electrónica en un tiempo en que no existían efectos digitales ni el recurrente CGI. La creación de la criatura costó un millón y medio de dólares, una cantidad nada desdeñable hace cuarenta largos años.

–El casting no fue ni mucho menos sencillo. Henry Thomas realizó una dura prueba para convertirse en Elliot de la que existen vídeos en el Making-of. «La improvisación fue tan sentida y honesta que le di el papel allí mismo», confesaría más tarde Steven Spielberg. Al parecer, el chiquillo lloró con tanta convicción pensando en su perro muerto. Para el resto del casting la cosa no fue tan fácil, y el director vio a más de 300 niños antes de decantarse por Drew Barrymore (que había realizado la audiencia para Poltergeist, otro éxito del que Spielberg fue productor) y Robert MacNaughton.

Williams

–El éxito internacional de ET, que se estrenó en el mercado estadounidense el 11 de junio de 1982 (en España lo hizo el 6 de diciembre de ese año, inaugurando una Navidad inolvidable para aquellos que acudieron a verla), se manifestó al año siguiente en nueve nominaciones a los premios Oscar, de los que ganó cuatro: Mejor Sonido, Mejores Efectos Visuales y Mejor Edición de Sonido, así como a la Mejor Banda Sonora firmada por el inolvidable John Williams, autor de las melodías de Star Wars, Indiana Jones, Superman, y prácticamente todo el cine de Spielberg: Tiburón, Encuentros en la Tercera Fase, La lista de Schindler, Hook, Parque Jurásico, Salvar al Soldado Ryan… y cómo no, Los Fabelman e Indiana Jones y el Dial del Destino, cinta que pone punto y final a la saga protagonizada por Harrison Ford que finalmente ha dirigido James Mangold.

–En una producción de tamaño éxito no es extraño que surjan dificultades. La cinta recibió varias demandas y acusaciones de plagio: el prestigioso director indio Satyajit Ray acusó a Steven Spielberg de copiarle el personaje de un guión que había escrito en 1967 titulado The Alien, con una idea y conceptos similares, proyecto frustrado donde –dijo– iba a contar con Marlon Brando y Peter Sellers. La otra demanda vino de parte del dibujante catalán Joaquín Blázquez, quien había creado en 1975 un dibujo de un alienígena llamado Melvin para el medio estadounidense Warren Magazines,  de notable parecido, que protagonizó al año siguiente la historieta publicada en Vampirella «Then one foggy Christmas Eve». Blázquez murió a los 40 años sin ganar el pleito.

PARA SABER ALGO (MUCHO) MÁS:

E.T. El Extraterrestre: la historia visual definitiva

Esta joya recientemente publicada por Norma Editorial profundiza en los archivos de producción de la película para presentarnos, de la manera más completa y apasionante, la creación de la obra maestra de Steven Spielberg y el impacto que todavía tiene en varias generaciones de admiradores. Este monumental volumen de 240 páginas en gran formato y a todo color incluye entrevistas exclusivas con una parte clave del equipo, como el propio director, la productora Kathleen Kennedy y las estrellas Robert MacNaughton, Dee Wallace y Peter Coyote.

ET. El Extraterrestre: la Historia visual definitiva, revive el proceso de una extraordinaria producción que trascendió los límites de lo que era posible en el cine. Cargado de imágenes poco conocidas, el libro incluye fotografías promocionales, arte conceptual, storyboards y contenidos del universo de la película al completo, como los artículos de publicidad comercial de la misma, la novela y su secuela, y la atracción de Universal Studios hacia el proyecto, como contamos en el post. Este tomo constituye el homenaje perfecto para una película que definió la magia del séptimo arte, un libro imprescindible para cualquier entusiasta de este inolvidable título que incluye además 19 elementos especiales, como el pase de seguridad de Spielberg para el set, la hoja de rodaje o páginas del guión original.

50 años de El Padrino (Parte I)

En febrero se cumplían 50 años del estreno de la primera parte de El Padrino. En la ceremonia de los Oscar, un ya octogenario Coppola era objeto de una gran ovación de la platea acompañado de dos de los hombres clave de aquella epopeya, Robert De Niro y Al Pacino. Pocos meses después, en julio, fallecía otro de los actores fundamentales, James Caan, que dio vida a Sonny Corleone. Ley de vida. No obstante, murió en la cama, acompañado de los suyos, y no masacrado a tiros en una emboscada. Ahí va nuestro particular homenaje a esta obra MAESTRA.

Por Óscar Herradón ©

Podría escribir un post tan largo sobre El Padrino y su repercusión que ocuparía la mitad de la memoria disponible del blog de WordPress. Pero la idea no es aburrir al que se acerque a este humilde «Pandemónium». Lo que pretendo es rendir mi particular y subjetivo homenaje –algo tardío– a esos 50 años del estreno de la primera entrega de la que muy probablemente sea la obra cinematográfica más perfecta de la historia del cine –ahí es nada– a través de algunas anécdotas sobre el rodaje, el impacto de su éxito en los actores y la recomendación de dos libros maravillosos publicados a raíz de tal efeméride donde, ahí sí, cualquiera podrá encontrar información detallada y suficiente sobre la adaptación a la pantalla grande de la obra de Mario Puzo por Francis Ford Coppola, realizador en el que por aquel entonces pocos productores confiaban para sacar adelante tamaño desafío.

Presiones de la Liga Italioamericana y el clan Colombo

Podemos decir que el ejecutivo de la Paramount Peter Bart fue un visionario, pues compró los derechos de la novela cuando Puzo únicamente tenía un boceto de 20 páginas. Pero hubo complicaciones más allá del aspecto artístico. Miembros del crimen organizado como Joe Colombo y la Liga Italoamericana de Derechos Civiles iniciaron una campaña para impedir su rodaje, algo que cambiaría notablemente después. Un día, un reportero le preguntó a Joe Colombo, líder de una de las Cinco Familias de la Cosa Nostra en Nueva York, que si era un jefe de la Mafia, y este le contestó: «¿Mafia? ¿Qué es Mafia? No hay ninguna Mafia. Que si soy un cabeza de familia… Sí. Mi esposa, mis cuatro hijos y mi hija. Esa es mi familia».

Colombo

A través de la presión de la Liga, varios trabajadores de producción fueron amenazados y las oficinas ejecutivas de la Paramount y la productora del film Gulf & Western tuvieron que ser desalojadas hasta en dos ocasiones por amenaza de bomba. Pronto las amenazas llegaron hasta el productor, Al Ruddy, al que no le quedó más remedio que reunirse con Joe Colombo y lo hizo en el hotel Park Sheraton, el mismo lugar en cuya barbería fuera asesinado otro gran capo de la Mafia, Albert Anastasia, allá por 1957. Todo muy simbólico, sin duda.

Al parecer, fue una reunión tranquila, pero en ella Colombo pidió (y ya sabemos lo que implica la palabra pedir para un capitoste del crimen organizado) que la palabra Mafia no apareciera en la película vinculada a la comunidad italoamericana. Ruddy le contestó que podía leer el guión, convencido de que el capo no leería ni una sola línea. Ruddy, que se conocía en profundidad el libreto, sabía que la palabra «Mafia» aparecía una sola vez y que Cosa Nostra ni se mencionaba. Además, cuentan que aceptó que los clanes mafiosos aportaran «asesores» y extras al rodaje. Yo también habría aceptado…

Coppola

Finalmente, Colombo pidió a Ruddy la asistencia a una rueda de prensa y cuando los medios publicaron que la «Mafia» había dado la bendición a la cinta, el productor fue despedido de forma inmediata. Cuando Coppola explicó a los ejecutivos que sin Ruddy la película no sería viable (de hecho, la Bolsa indicaba una pérdida de valores tras aquel movimiento), el productor, por suerte para todos, fue readmitido en su puesto y el proyecto siguió adelante.

Un trasfondo muy real

Gallo

Puede que Joe Colombo insistiera ante los medios en que solo era un padre de familia, pero lo cierto es que su carrera delictiva sugiere todo lo contrario. También la suerte que correría al final evoca la épica sangrienta que emana El Padrino: permaneció siete años en coma tras un atentado perpetrado por Jerome A. Johnson, quien se hizo pasar por reportero y se coló en uno de los actos masivos de la Liga para dispararle en 1971. Ni siquiera pudo ver el estreno de El Padrino y si se cumplieron sus exigencias (y eso que en el estreno de la segunda parte, en 1974, seguía en el hospital). Nunca se ha confirmado, pero muchos apuntaban a que el ejecutor, Johnson (que fue abatido por los guardaespaldas de Colombo) era un sicario del capo enfrentado Joe «Crazy» Gallo. Este, fuera o no el responsable, incitó la Segunda Guerra de los Colombo y no duraría mucho más que su adversario: Gallo moría tiroteado en abril de 1972 en Little Italy mientras celebraba su 43 cumpleaños. Joder, me quedan tres meses para tener su edad, qué mal rollo…

Curiosamente, tras el estreno muchos miembros del crimen organizado se sintieron homenajeados. A los mafiosos la cinta, que presentaba una visión muy estilizada y elegante de sus modos de vida (mucho más cruda en su vertiente real, crímenes incluidos) les encantó y acabaron por «imitar» a esos personajes que engordaban sus egos. Por ejemplo, Salvatore «el Toro» Gravano, de la familia Gambino, afirmó que se sintió impactado al ver el pase de El Padrino: «salí aturdido del cine. Quiero decir que salí flotando. Tal vez fue ficción, pero para mí, entonces, esa era nuestra vida. Fue increíble. Recuerdo haber hablado con un montón de tipos, esa clase de tipos, que sentían exactamente lo mismo que yo». Y se quedó tan ancho.

Algunos fueron mucho más allá, como los jefes mafiosos Nicky Giso y Paulie Intiso, que según las malas lenguas llegaron a cambiar su forma de vestir e incluso de hablar para parecerse a Vito Corleone, lo que no denota una personalidad a prueba de balas precisamente. No obstante, es revelador de lo que la película de Coppola supuso, colándose por la puerta grande en la cultura popular del siglo XX (y lo que llevamos del XXI). Un servidor ni es mafioso –ni lo pretende–, pues lejos del celuloide el romanticismo no suele tener cabida entre asesinos, no he imitado la forma de vestir de Vito Corleone/Marlon Brando, Michael Corleone/De Niro-Pacino o de Sony Corleone/James Caan, pero he sucumbido a las mil y una ediciones en DVD y Blu Ray y por supuesto al merchandising (camisetas, pósters…), entre las que se cuentan algunas figuras de escala 1/6 que alimentan mi muñecofilia y que son algunas de las piezas a las que tengo más cariño. Sí, Coppola supo trascender la pantalla grande.

Este post tendrá un par de entregas más como merece una trilogía sublime.

PARA SABER ALGO (MUCHO MÁS):

Con motivo del cincuenta aniversario, la editorial Cult Books publicó hace unos meses el libro El Padrino, donde autores de la talla de Peter Bart, Guillermo Cabrera Infante, Alberto Moravia o el realizador francés Bertrand Tavernier, tristemente fallecido en 2021, aportan afilados textos donde desentrañan muchos de los secretos de la película de Coppola: desde cómo el cineasta italoamericano fue una de las últimas opciones de la Paramount (hasta el punto de que tuvieron a otro director prevenido durante semanas, preparado para tomar el mando en cualquier momento, algo que por suerte no sucedió), los problemas que creó el casting –de los que hablaré en el siguiente post–, las dificultades del rodaje o las citadas atenciones de algunos mafiosos del mundo real. El libro cuenta también con la colaboración de Peter Biskind, Pauline Kael y Roger Ebert y está profusamente ilustrado en blanco y negro.

Por su parte, otra de las grandes editoriales volcadas en el cine de nuestro país, Notorious Ediciones, comandada por un verdadero cinéfago como Guillermo Balmori, publicaba el fascinante volumen ilustrado El Padrino. El libro del 50 aniversario, donde tres plumas que emanan sabiduría y cinefilia a manos llenas, como son las de Quim Casas, Jesús Antonio López y Jaime Vicente Echagüe, analizan los diferentes aspectos del que fue sin duda el film más sobresaliente de los 70, desde su gestación, qué pasó con el director, los actores, el original de Puzo y por supuesto la tremenda repercusión… Una joya en tapa dura ilustrada a todo color y en blanco y negro que cualquier apasionado de la cinta tiene que devorar y tener en lugar preferente en su biblioteca.

Y si lo que queremos es ahondar en el cine que modificó conciencias y causó alborotos varios nada mejor que hacerlo de la mano de un peculiar libro publicado por Blume: Cine Transgresor. Un ensayo que se centra en las fascinantes historias tras la creación, recepción y legado de cincuenta cintas inolvidables firmado por Ian Haydn Smith, experto en arte y fotografía y autor del libro superventas 1001 movies you must see before you die.

Comienza, por supuesto, con los inicios del séptimo arte y aborda desde la primera grabación rodada por los hermanos Lumière (Llegada de un tren a la estación de La Ciotat) a obras maestras que definieron la formar de rodar como El Nacimiento de una Nación, de Griffith, Nosferatu, de Murnau, Nanuck el Esquimal o El Acorazado Potemkim, de Eisenstein, y termina el primer bloque con el traumático cambio que supuso el paso del mudo al sonoro, tema que abordó El Crepúsculo de los Dioses o más recientemente Babylon.

Sigue un bloque que aborda el periodo de 1930-1959, en un mundo en constante cambio, con obras maestras como el controvertido documental El triunfo de la voluntad, de Leni Riefenstahl, que ensalzó al régimen nazi, El Gran Dictador, de Chaplin, Ciudadano Kane, de Orson Welles, el neorrealismo italiano, Rashomon, de Kurosawa o El Séptimo Sello, de Bergman, sin olvidar las grandes comedias de Billy Wilder como Con Faldas y a lo loco.

En «Rompiendo todas las reglas», Haydn Smith aborda el periodo de 1960 a 1979, donde se enmarcan las dos primeras partes de El Padrino y películas, como reza el título, tan transgresoras como Psicosis, de Alfred Hitchcock, Bonnie & Clyde, de Arthur Penn, 2001: Una odisea del espacio, de Stanley Kubrick o Tiburón, del Rey Midas de Hollywood Steven Spielberg.

En el período de 1980 a 1999 recoge cintas como Fitzcarraldo, de Herzog, el nuevo queer cinema hoy reivindicado, Terminator 2, de James Cameron, Reservoir Dogs, de Tarantino, el cine indie o El proyecto de la bruja de Blair y el nuevo cine de terror. Y en el último bloque, del año 2000 al día de hoy, bajo el epígrafe de «El futuro está por escribir», el autor se acerca al cine digital, al cine post 11-S, al nuevo cine de terror afroamericano de Jordan Peele (Déjame Salir, Nosotros) o al auge del cine surcoreano.

Apocalypse Now

Aunque precisamente El Padrino no es uno de esos 50 títulos seleccionados que hicieron tambalear el mundo del cine, Haydn Smith sí recoge una película del director Francis Ford Coppola: Apocalypse Now, tanto o más legendaria que las adaptaciones de la obra de Mario Puzo. Se trataba de una adaptación al siglo XX de la obra de Joseph Conrad El corazón de las tinieblas, proyecto para el que a finales de los 60 George Lucas convenció al controvertido John Milius. Como se retrasó tanto, Lucas, que ya estaba pergeñando el rentable universo en que acabaría convirtiéndose Star Wars, lo abandonó y le sustituyó Coppola como director. Junto con Milius, trasladó la historia de Conrad a la guerra de Vietnam, reflejando la locura del conflicto que marcaría a varias generaciones. El resultado, en palabras de Haydn, fue «un trabajo que trascendió los límites del género bélico en su exploración de los recovecos más oscuros del alma humana».

El título fue cosa de Milius, quien siempre se ha autodefinido como un extremista de derechas, quien se basó en los hippies que a finales de los sesenta lucían chapas con la leyenda «Nirvana Now». Harvey Keitel sería el encargado de dar vida al protagonista, el capitán Willard, tras un arduo casting, pero finalmente Keitel abandonó el proyecto y fue sustituido por Martin Sheen, quien sufrió un infarto casi mortal debido a las durísimas condiciones del rodaje que transcurrió en Filipinas.

Para más inri, un tifón persistente destruyó gran parte del set y retrasó el rodaje varias semanas. Marlon Brandon (que encarnaría al enajenado coronel Kurtz), con un marcado sobrepeso, debía ir vestido de negro y solamente le enfocaban a la cara, mientras un doble más delgado hacía los planos generales. Ademas, el legendario actor que dio vida a Vito Corleone en la primera entrega de El Padrino no se llevaba bien con Dennis Hopper, que al parecer se pasó gran parte del rodaje drogado. En palabras del propio Coppola: «Tuvimos acceso a demasiado dinero, a demasiado equipo y, poco a poco, nos volvimos locos». Bendita locura.

…también Arte Transgresor

Y como guinda del pastel, también Blume, en la misma colección, ha publicado Arte Transgresor. Firmado por la historiadora del arte y periodista Susie Hodge, miembro de la Royal Society of Arts, nos cuenta la historia del arte contemporáneo a través de obras que fueron verdaderamente disruptivas y nos explica el contexto en el que se creó cada una de ellas, poniendo de relieve la esencia del mismo, que cuestiona y desafía las expectativas de forma constante.

Obras que se atrevieron a ser diferentes, arriesgaron reputaciones (como sucedió también con muchas de las películas de las que hablábamos líneas más arriba) e incluso pusieron en riesgo carreras profesionales. 50 obras transgresoras que abarcan desde Las bañistas (1853) de Gustave Courbet, hasta la Fuente (1917) de Marcel Duchamp; Antropometría sin título, de Yves Klein; La cena (1974-79) de Judy Chicago, pasando por La Inmersión (Cristo del Pis, 1987) de Andres Serrano y El amor está en la papelera (Niña con globo) del todavía desconocido (aunque quizá por poco tiempo) Banksy.

Páginas por las que discurren artistas de todo pelaje, algunos de egos enormes, feministas ortodoxas, reclusos superdotados, espiritistas, anticonsumistas, activistas y reyes de la sátira, de Manet a Rodin, de Munch a Picasso, de Max Ernst a Jackson Pollock, de Basquiat al colectivo feminista y antirracista Guerrilla Girls. Un viaje diferente y magnético por el arte moderno y contemporáneo.

Cuando Stallone se vistió de Juez Dredd

Fue una de las películas más desastrosas de mediados de los 90, y a pesar de ello, a casi 30 años de distancia de su estreno es vista con cierta nostalgia por los amantes de las rarezas y de la serie B –servidor incluido–. Es mala, sí; no hacía justicia al cómic que adaptaba, de una calidad infinitamente mayor (y muchísima más violencia), cierto, pero tenía «su aquel». Ahora que Ediciones Kraken saca un nuevo tomo sobre el personaje capital del cómic británico, en «Dentro del Pandemónium» recordamos algunas anécdotas de su adaptación cinematográfica.

Óscar Herradón ©

Se convirtió en uno de los mayores batacazos de Stallone, tras décadas de gloria taquillera con sagas como Rocky o Rambo y un notable éxito dos años antes con Demolition Man. Que entonces el italoamericano enseñara el culo en la escena de la criogenización supuso todo un escándalo (y un reclamo de espectadores) cuando quien esto suscribe tenía 13 primaveras y no había alcanzado ni siquiera la adolescencia. Cómo ha cambiado todo desde entonces. No siempre para mejor. Bendita inocencia.

Le acompañaban en aquella cinta futurista de tono paródico un espídico e hipervitaminado Wesley Snipes (para la nostalgia queda su frase de «Simon dice: ¡Muere!») y una entonces cuasi desconocida Sandra Bullock que se convirtió en mito erótico de toda aquella generación y rostro de referencia a partir de entonces en las superproducciones de Hollywood, principalmente en comedias románticas, pero no solo, pues ha destacado en títulos de gran calidad como The Blind Side o Gravity, y que en aquella aventura futurista de 1993 donde practicaba «sexo sin contacto» por medio de un casco sensorial fue nominada a los Premios Razzie como peor actriz secundaria.

Pero volvamos a Juez Dredd. Algo que no solía suceder en las páginas del cómic británico era que Dredd se quitara el casco, pues era el elemento que lo dotaba de cierto aire misterioso e implacable, pero en gran parte del metraje de su adaptación cinematográfica Sly luce sin él. Se rumoreó que el estudio, Hollywood Pictures, propiedad de Disney, no estaba por la labor de pagarle al actor millones de dólares por un papel en el que ocultaba gran parte de su celebérrimo careto a la audiencia.  Es comprensible.

El excéntrico acompañante de Dredd es el hacker Herman «Fergie» Ferguson, rol que interpretó el comediante del Saturday Night Live Rob Schneider, quien ya había aparecido brevemente en Demolition Man. Stallone pretendía que dicho papel recayera en Joe Pesci, pero el actor que había ganado unos años antes un merecido Oscar por Uno de los Nuestros (Goodfellas), de Martin Scorsese, rechazó el papel, que habría sido relativamente similar al que interpretó en Arma Letal 2 en 1989. Precisamente Schneider sufriría un accidente durante el rodaje, y para más inri realizando un acto bastante rutinario, no una de esas escenas de acción que requieren de especialistas (o intérpretes algo temerarios como Tom Cruise): resbaló mientras bajaba por unas escaleras y se dio un fuerte batacazo, golpeando su rostro con el suelo del piso. Aunque el equipo quedó paralizado, imaginando lo peor, no sufrió heridas graves.

A vueltas con la violencia

Cannon

Aunque la película no ofrece ni mucho menos la carga de violencia del cómic original, la idea del director, Danny Cannon , era ser más fiel al mismo dotándola de una atmósfera asfixiante y un contenido que los estudios calificarían de «extremadamente violento» y que obligó a eliminar numerosas escenas en la sala de montaje. De haber prosperado la idea de Cannon, estaríamos ante una cinta muy diferente, probablemente mucho mejor. Aún así, la cinta fue calificada con la temida X (llamada desde 1996 NC-17 según la calificación por edades de la Motion Picture Association) hasta en cuatro ocasiones, pues prevalecía el enfoque violento del realizador, mucho más agresivo de lo previsto por el estudio financiado por Disney. Así, uno de los productores, Edward Pressman, convenció a la junta para que le echara una mirada a una nueva versión más light, que recibió la calificación R (apta desde los 16 años), comercialmente mucho más deseable para una película de acción futurista.

El enfrentamiento entre Stallone y el director fue sonado. El primero creía que debía ser una película de acción con algunos guiños cómicos. Cannon, por el contrario, quería algo oscuro y sin tregua. Con los años, Sly confesaría que el realizador intentaba afirmar su autoridad saltando de la silla de director y gritando que todos debían temerle. Evidentemente, Stallone llevaba muchos años siendo una estrella y tenía una gran influencia en la producción, por lo que no estaba dispuesto a dejarse mangonear por Cannon, ni siquiera aunque éste tuviera razón…

El escándalo de la violencia –que parece fue cosa casi exclusiva de Cannon– acabó salpicando también al guionista, uno de los más solicitados entonces: Steven E. de Souza, que había firmado el libreto de las dos primeras partes de La Jungla de Cristal (Die Hard), Comando o Ricochet (y el de otra película que fue un absoluto fiasco y que se rodó un año antes que Juez Dredd: Street Fighter: la Última Batalla, protagonizada por un Jean-Claude Van Damme ciego de polvo blanco y Raul Julia como villano y ya gravemente enfermo de cáncer).

De Souza

Con el tiempo, un colega le contó a De Souza que los estudios Disney le habían metido en la lista negra, que lo consideraban persona «non grata» y que no volvería a escribir un guion para ellos. Nunca lo hizo. Todo aquel revuelo, sin duda (y al contrario que con otras producciones) repercutió negativamente en su éxito en salas, pasando a convertirse en rareza de videoclub. Y en pieza de coleccionistas «frikis» casi tres décadas después.

Del papel a la gran pantalla… dos veces «fallidas»

Las historias del Juez Dredd en papel tienen un largo recorrido, no en vano, podemos asegurar sin equivocarnos que es quizá el personaje más importante de la viñeta británica, que revolucionó el estilo de contar historias en la «pérfida Albión» con un estilo directo, novedoso, podría decirse que transgresor y en cierto punto satírico, un acercamiento distinto al sci-fi de corte cyberpunk, antecesor de historias distópicas como el Blade Runner de Ridley Scott o el manga/anime Akira, creado por Katsuhiro Otomo (que también realizó su versión cinematográfica en 1988).

El personaje nació en 1976 en el seno de la revista 2000 AD creada ese año por el guionista Pat Mills, que propuso al también guionista John Wagner que participara del proyecto, y se les ocurrió la idea de crear a una especie de agente de la ley que llevara la justicia hasta al extremo (más cerca, pues, de la venganza), con un tono duro, áspero, sin concesiones y dedicado al público adulto. Wagner confió su diseño al español Carlos Ezquerra, con quien había trabajado previamente, y la premisa inicial que le dio es que tuviera cierto parecido estético con el protagonista de la película La Carrera de la Muerte del Año 2000 (Death Race 2000), protagonizada por David Carradine y en la que salía… ¡Silvester Stallone! ¿Casualidad?

El Juez Dredd debutó en el número 2 de 2000 AD, el 5 de marzo de 1977, ambientando la historia en el año 2099, en un futuro distópico en el que la población mundial ha sufrido varias guerras nucleares y existen las citadas Megaciudades. En «Mega-City Uno» es donde Dredd y otros «Jueces» (que sustituyen a las figuras jurídicas de las democracias), con un estricto entrenamiento previo y una imparable bestialidad nunca vista en el cómic hasta entonces, interpretan su particular sentido de la «justicia».

Finalmente, Ezquerra no se inspiró demasiado en el piloto vestido de cuero negro que portaba un oscuro casco que le cubría gran parte del rostro, y a Wagner no le gustó nada su diseño, afirmando que su personaje parecía «un conquistador español». Sin embargo, a Mills le encantó y, en palabras del propio Ezquerra, «se cambió de Nueva York a Mega-City Uno, un centenar de años más tarde».

Los archivos completos del Juez Dredd (Kraken)

Puesto que hablar del serial daría para treinta entradas en «Dentro del Pandemónium», en esta ocasión me centraré solo en lo último publicado en castellano. Hace unos meses, una de mis editoriales de cómics favoritas del panorama nacional, Kraken, editaba el décimo volumen de Los archivos completos del Juez Dredd, el personaje más importante de la viñeta británica, sin cortapisas ni aditivos, un libro ya publicado en su día por ellos –en 2006– y que ahora sale en una nueva edición con impactante portada en blanco y negro. Continúa así la crónica futurista del policía que se hizo popular con sus aventuras publicadas originalmente en la legendaria revista 2000 AD.

En esta ocasión, el Juez Dredd vuelve a las duras calles de la Gran Meg para enfrentarse a los más peligrosos delincuentes de la ciudad en un volumen que incluye algunas de las historias más trepidantes del personaje como «El arte de Kenny Quién», «Los puños de Stan Lee» o «El Taxidermista», con guiones de los genios de la citada publicación Alan Grant (Lobo) y John Wagner (Una historia de violencia), y el arte de clásicos como Steve Dillon (Predicador), Cam Kennedy (Star Wars) o Ian Gibson (Halo Jones). He aquí la forma de adquirir esta delicatessen para los adictos al cómic más exigentes:

https://www.edicioneskraken.com/titulos_detalle/215-juez_dredd_los_archivos_completos_10