Ritos y simbología del crimen organizado (Parte II): La Cosa Nostra

Estos días se juzga a los cabecillas de los clanes de la ‘Ndrangheta en Calabria. La Camorra vuelve a estar de actualidad cuando un documental revela cómo los nuevos «capos» de la mafia napolitana son apenas «millennials» que siguen haciendo negocio en plena pandemia y hace unos días que el sicario de la Cosa Nostra Ferdinando «Freddy» Gallina era extraditado desde EEUU a su Italia natal para ser juzgado por tres homicidios «agravados con finalidad mafiosa». El crimen organizado «made in Italy» sigue viva cuando apenas queda un año para que se cumpla medio siglo del estreno en cines de El Padrino, obra maestra por antonomasia del nuevo cine de los setenta. Excusas suficientes para repasar los ritos secretos y los símbolos esotéricos de la Mafia.

Óscar Herradón ©

Charles «Lucky» Luciano

La siciliana es, sin duda, una de las Mafias más conocidas del planeta. Y es que, aunque durante siglos sus acciones se limitaron a Sicilia y zonas limítrofes, con la emigración a América, los tentáculos de ésta, y, en menor medida, de la Camorra –con una estructura similar, aunque compuesta de familias más pequeñas que suelen reunirse en una comisión, cuyo máximo exponente al otro lado del Atlántico fue el archifamoso Al Capone–, se extendieron como una plaga por todo el territorio estadounidense. Allí dominaron los Sindicatos de Camioneros, el transporte de basura, los muelles –no tardaremos en hablar del control de estas zonas estratégicas durante la Segunda Guerra Mundial–, el tráfico de alcohol –durante la Prohibición–, de drogas o la prostitución, con grandes capos como Joe Masseria, Charles «Lucky» Luciano,  Vito Genovese o Carlo Gambino.

Personajes que tuvieron sobre las cuerdas al FBI y al propio gobierno estadounidense durante décadas. Puesto que en un breve espacio de tiempo es imposible hacerse eco de la magnitud de la mafia siciliana y sus extensas ramificaciones, hablaré solamente del ritual de iniciación con el que cuenta la Cosa Nostra, como una auténtica sociedad secreta, con un fuerte componente simbólico-religioso y donde el código de honor, como en la mayoría de asociaciones ilícitas, es fundamental.

La sociedad secreta medieval Beati Paoli

El periodista Fabrizio Calvi, quien trabajaba para el diario parisino Libération, atribuía hace unos años esta ceremonia a la influencia de los ritos iniciáticos de los Beati Paoli, una suerte de secta medieval secreta de justicieros religiosos. Aunque puede que no formen sino parte del folclore, en Italia cuentan que estos «soldados» iban ataviados con capuchas negras, operaban por la noche y se ocultaban en el amplio sistema de catacumbas de Palermo, donde tenían su sede.

El juramento sagrado

El periodista Eric Frattini, en su documentado trabajo Mafia S.A. 100 años de la Cosa Nostra, recogía el texto del discurso para el ingreso en la organización secreta, que fuera desvelado por el gánster Jimmy Fratianno tras convertirse en confidente del FBI: «Nos reunimos aquí para aceptar a un nuevo miembro. Ahora estás ingresando en la honorable sociedad de Cosa Nostra, la cual acoge solo a hombres de valor y lealtad. Entras vivo y sales muerto. La pistola y el puñal son los instrumentos mediante los cuales vives y mueres. Cosa Nostra está antes que cualquier otra cosa en la vida. Antes que la familia, antes que el país, antes que Dios. Cuando se te llame debes acudir aunque tu madre, tu esposa o tus hijos estén en el lecho de muerte. Hay dos leyes que debes obedecer: nunca traicionarás los secretos de la Cosa Nostra y nunca violarás o tocarás a la esposa o a los hijos de otros miembros. La violación de cualquiera de estas leyes significa la muerte sin juicio o advertencia. Levanta tu dedo y haz brotar una gota de sangre, ya que ésta simboliza tu nacimiento en nuestra familia. A partir de ahora somos uno hasta la muerte. Ahora eres un hombre hecho, un amico nostro, un soldado de la familia».

El libro Cosa Nostra, publicado en España por la editorial Debate.

A continuación, una vez que el neófito rendía juramento, el oficiante preguntaba al aspirante si aceptaba ingresar en la sociedad. Tras la respuesta afirmativa, el iniciado pedía a los testigos que le hirieran en su mano izquierda, con la intención de manchar con su sangre la estampa de un santo. A continuación, procedía a quemar la imagen pronunciando el lema que lo ligaba de por vida a la organización: «Que mi carne arda como esta imagen piadosa si no respeto mi juramento». 

En la península Itálica en la actualidad la mafia más peligrosa, junto a la Camorra napolitana, es, como comentábamos en el primer post, la ‘Ndrangheta, que tiene su base de operaciones en Calabria y que en 2007 tuvo ingresos anuales estimados entre 35 y 40 mil millones de euros, alrededor del 3,5% del PIB de Italia, y cuyo rito de iniciación, con variantes, es muy parecido al de la Cosa Nostra. Conocido como «ceremonia de otorgamiento», es un ritual de juramento de sangre donde el llamado capo de società, en presencia de testigos, hace jurar al aspirante –el picciotto–, en medio de un fuerte componente religioso, en nombre del arcángel San Gabriel y el capo, con una aguja o un cuchillo, pincha el dedo índice del neófito, dejando caer algunas gotas de sangre sobre la estampa de santa Annunziata –patrona de los camorristas y también de la Cosa Nostra–, enciende una vela y, durante unos segundos, sujeta el dedo pinchado sobre la llama; después, quema la estampa, mientras pronuncia el sagrado juramento cuyo incumplimiento se paga con la muerte. Fue parte de lo que pudieron grabar los caravinieri de Calabria en 2014.

Este post tendrá otra próxima entrega… TOP SECRET!

Gilles de Rais, el mariscal del Diablo (parte I)

Quien se convertiría en uno de los asesinos en serie más atroces de la historia bajo el sobrenombre de «Barbazul», nació en la Torre Negra del castillo de Champtocé, en Bretaña, o quizá en el castillo de Machecoul, el año 1404. Era el heredero de una de las más importantes familias de Francia, dueña de grandes extensiones de tierras e innumerables títulos nobiliarios. Feroz guerrero, luchó mano a mano con la Doncella de Orleans, Juana de Arco, en varias batallas de la Guerra de los Cien Años y gracias a su posición privilegiada, se convertiría nada menos que en Mariscal de Francia. Hasta que sembró los campos galos con sangre de innumerables víctimas.

Óscar Herradón ©

El padre de nuestro protagonista, Guy II de Laval, se casó con Marie de Craon, la hija de uno de sus peores enemigos, Jean, una unión que puso fin a una disputa hereditaria y que hizo que Guy mudara su apellido por el de Rais, ducado que entonces heredó. Su primogénito, Gilles, vino al mundo en otoño de ese mismo año, y dos años después su hermano René de Susset. Los impredecibles caprichos del destino quisieron que los hermanos de Rais quedaran huérfanos cuando contaban pocos años de edad. Durante el transcurso de una cacería, el 28 de septiembre de 1415, por los alrededores de Champtocé, Guy de Rais fue herido de muerte por un jabalí. En medio de su lenta agonía, el joven Gilles de once años no quiso separarse de su padre, observando impasible cómo sus vísceras se le salían del vientre entre borbotones de sangre. Quizá la visión de su progenitor eviscerado quedó grabada a fuego en su perturbada mente, e influyó en su posterior orgía de sangre y muerte. Nunca lo sabremos.

La adolescencia salvaje

Poco tiempo después fallecía Marie y los huérfanos De Rais, en contra de las últimas voluntades de Guy de Laval, pasaron a ser tutelados por su abuelo materno, Jean de Craon, un hombre sombrío y vengativo que adiestraría a los jóvenes en el manejo de las armas y la brutalidad, descuidando su formación intelectual. Bajo la tutela del viejo Craon, Gilles desató su furia e indisciplina, haciendo y deshaciendo a su antojo sin que nadie pudiese controlarle, convirtiéndose en un pérfido personaje que se creía, por su estirpe, con derecho casi divino a todo tipo de excesos. A todo ello unía un egocentrismo y narcisismo que escandalizaban a sus contemporáneos. No obstante, la figura del abuelo, que hizo de René su favorito, rondaría como un fantasma la existencia de Gilles: temía al viejo por encima de todas las cosas.

Ruinas del castillo de Champtocé (Fuente: Wikipedia)

Si hemos de creer a sus primeros cronistas, en la fastuosa biblioteca de la casa Craon el temeroso joven descubrió una obra que le marcaría para siempre: Vida de los doce Césares, de Suetonio. Las bacanales, excesos y orgías de sangre de personajes como Tiberio, Calígula o Nerón le ofrecieron un modelo a imitar que él llevaría al extremo de la perversión. Cuando contaba con 14 años de edad, fue proclamado caballero, y comenzó a adiestrarse de manera cada vez más exhaustiva en el arte militar. Cansado de practicar la esgrima y otros ejercicios con muñecos fabricados a tal efecto, decidió retar a un joven a su servicio, Antoine, a una lucha cuerpo a cuerpo con dagas. La habilidad de Gilles hizo que el joven cayera en poco tiempo al suelo sin vida, mientras se desangraba a causa de un profundo tajo en su desnudo cuello. La visión de la sangre volvió a fascinar a Gilles, que observó la agonía del muchacho sin pedir auxilio y que salió indemne de aquél lance gracias a la influencia de su abuelo, que pagó una miserable suma a la familia del malogrado muchacho.

El Arte de la Guerra

Frío y calculador, Jean de Craon, que pretendía aumentar la influencia y las tierras de la familia, decidió que su sobrino mayor tomara en matrimonio a una gran dama de la nobleza, Catherine de Thouars, tras varios intentos desafortunados con otras aspirantes, a las que muy probablemente mancilló. Ante la negativa del padre, Jean decidió raptar a Catherine y casarla en secreto con Gilles. Cuando algunos de sus familiares se presentaron en Champtocé para rescatarla, el viejo sátrapa los redujo y los encerró en las mazmorras, causando la muerte de uno de ellos, tío de la muchacha, por inanición.

Blasón de Gilles

No obstante, a Gilles parece ser que no le atraían en absoluto las mujeres, y algunos autores señalan que durante su adolescencia mantuvo relaciones homosexuales con diversos jóvenes, entre ellos con su primo Roger de Bricqueville, compañero de sus futuras sangrías. Nueve años habría de esperar la pareja para que naciera su única hija, Marie, en 1429. Pero aún faltaba mucho para aquello y tiempo antes del accidentado enlace, cuando contaba con dieciséis primaveras, el joven Gilles vio cumplido su ansiado sueño: su bautismo de fuego en el campo de batalla. En medio de la terrible guerra de los Cien Años que enfrentó a Inglaterra y Francia, el duque de Bretaña fue capturado y encerrado en el castillo de Champtoceaux. Presto, Gilles se aventuró al frente de un pequeño ejército hacia la fortaleza, rindiendo la plaza y liberando a su señor, lo que le granjeó una gran fama entre los franceses por su valentía y ferocidad contra el enemigo: el duque le nombró uno de sus lugartenientes.

En 1424, cuando cumplió los 20 años, fue reconocido en su mayoría de edad y no tardó en reivindicar sus derechos sobre el patrimonio familiar, con la consiguiente animadversión de su abuelo. Obsesionado con la guerra, empleó una gran cantidad de dinero en levar soldados y contratar mercenarios que le acompañasen en sus escaramuzas militares para labrarse un nombre, consiguiendo varias victorias frente a los ingleses al servicio del delfín Carlos, al que apoyaba frente a las aspiraciones de Enrique V de Inglaterra, que reclamaba también el trono galo.

La doncella de Orleans

Fue pocos años después, en 1429, cuando comenzó a alcanzar notoriedad en Francia una joven doncella que decía escuchar voces divinas, Juana de Arco. Al parecer, esas voces pertenecían a las santas Catalina y Margarita, que le tenían reservada –decía– una importantes misión. Más tarde afirmaría haber visto al arcángel san Miguel acompañado de una cohorte de ángeles del cielo, quien la instó a que se pusiera al frente de un ejército y liberase Orleans de manos inglesas.

Juana de Arco (Fuente: Wikipedia)

Tras no pocas vicisitudes, la joven Juana, a pesar de su analfabetismo –que le costaría caro más adelante, ante las autoridades eclesiásticas y civiles– logró convencer al delfín Carlos, en Chinon, de ponerla al frente de sus tropas, no sin antes ser sometida a los dictados de un tribunal inquisitorial que sentenció a su favor. Gilles de Rais, fascinado por la presencia beatífica de Juana, quedó prendado de la joven y se entregó a su causa en cuerpo y alma, convirtiéndose en su protector. Las victorias, ante la incredulidad de unos y la pasión desaforada de otros, no tardarían en llegar, y Juana de Arco logró la gran gesta de rendir Orleans y entregársela al delfín de Francia.

Carlos VII

Tras varias batallas decisivas, en las que la Doncella de Orleans estuvo a punto de perder la vida, ésta logró su objetivo: entrar en Reims acompañando al ambicioso delfín para ser consagrado y coronado como Carlos VII. Por su parte, Gilles de Rais fue nombrado mariscal de Francia, el personaje más importante del país tras el monarca. Sin embargo, y como es harto conocido, Juana de Arco comenzó a ser un personaje incómodo para el nuevo rey y al final el hombre que debía su corona a la campesina de Domrémy la dejó abandonada a su suerte ante los borgoñones, al servicio de Inglaterra. Gilles de Rais, que no sabía lo que era la compasión y el amor hasta que conoció a la santa, conminó Carlos VII a ayudarle a rescatarla, a lo que éste se negó con rotundidad. Gilles, perplejo ante la cobardía de su señor, increpó a éste en voz alta con unas palabras que, aunque puede que apócrifas, ya forman parte de la historia: «¿Quién es este rey que niega a su salvadora la posibilidad de ser recuperada de manos inglesas?; Solo sois un miserable bastardo que se sirvió de la pureza demostrada por la doncella para alcanzar sus fines. ¡Os desprecio!». Tras ello, arrancó sus emblemas y partió raudo hacia el castillo de Rouen, en Normandía, donde estaba internada la doncella.

Finalmente, Juana de Arco sería juzgada en un juicio sumarísimo en el que demostró una gran entereza, para ser acusada finalmente –tras firmar una declaración de culpabilidad con la esperanza de recibir un mejor trato de sus carceleros, y donde no sabía lo que ponía– de herejía, apostasía e idolatría. Su castigo: ser quemada en la hoguera. Existen versiones contradictorias sobre el papel de De Rais a la hora de intentar salvar a su «amada» –un amor que todo parece indicar que fue más platónico que físico–. Algunos investigadores afirman que no llegó a tiempo, sin embargo, pasaron varios meses hasta que Juana fue reducida a cenizas y Gilles no hizo acto de presencia en Rouen. Sea como fuere, la versión más extendida afirma que el temible mariscal llegó ante el cadalso con el cuerpo ya calcinado de su admirada dama, y aquella fue la visión que quizá acabó –dicen– enajenándole por completo.

Este post continuaría con la orgía de sangre del pérfido De Rais.

PARA SABER MÁS:

BATAILLE, George: El verdadero Barbazul. La tragedia de Gilles de Rais. Tusquets, 2000.

CEBRIÁN, Juan Antonio: El Mariscal de las Tinieblas. La verdadera historia de Barbazul. Temas de Hoy, 2005.

HEERS, Jacques: Gilles de Rais. La verdadera historia de «Barbazul» Antonio Machado Libros (Papeles del Tiempo), 2017.

VITA SACKVILLE-WEST: Juana de Arco. Siruela 2020:

Si lo que queremos es conocer en profundidad la también apasionante y trágica vida de la que fuera compañera de batalla de Gilles de Rais en los campos de Francia, Juana de Arco, un personaje que estaba a las antípodas de la perversión y sed de sangre del mariscal pero que fue injustamente acusada de brujería y pacto con el diablo, torturada y quemada en la hoguera tras haber contribuido a la victoria de Carlos VII –precisamente con la connivencia de éste, pues Juana se había convertido en un personaje incómodo para su legitimidad monárquica–, nada mejor que sumergirnos en las magnéticas páginas del ensayo Juana de Arco, de la multifacética escritora británica Vita Sackville-West (1892-1962). Una mujer que como la propia Doncella de Orleans fue inconformista y apasionada y causó verdadero revuelo en su tiempo con su tempestuosa vida sentimental y su relación con una de las grandes escritoras de todos los tiempos, Virginia Woolf.

Esta certera biografía, recientemente editada con mimo por Siruela (en su colección «El Ojo del Tiempo») con una portada cautivadora y minuciosa traducción de Amalia Martín-Gamero, que se mantiene fiel a la prosa enérgica y deslumbrante de su autora, desgrana la existencia de la esta joven que decía ver a Dios desde niña y separa la realidad histórica de la leyenda. Hay por supuesto lugar para el terrible juicio al que fue sometida, en uno de los más ignominiosos procesos de la Iglesia católica que culminó con su quema en la hoguera el 30 de mayo de 1431, en una pira en la plaza Vieux-Marché de Ruan. Tales eran las dudas respecto a su actuación, que incluso su verdugo, Geoffroy Thérage, confesaría más tarde que «temía ser maldecido porque había quemado a una mujer santa».

Con el tiempo, las autoridades eclesiásticas harían lo imposible por rehabilitar su figura: tras la Guerra de los Cien Años el pontífice Calixto III autorizó un nuevo proceso, el llamado «juicio de anulación». El tribunal de apelaciones la declaró inocente el 7 de julio de 1456 y el 16 de mayo de 1920 fue canonizada como santa de la Iglesia católica por el papa Benedicto XV en su bula Divina disponente. De sufrir la expiación por fuego a alcanzar la gloria de los altares. Cosas de la sinrazón humana y de las múltiples incongruencias de la fe –de cualquier tipo–.

Pero en vida nadie le hizo justicia. Aún así, es uno de los personajes más emblemáticos de la historia de Francia y también un ejemplo de empoderamiento femenino hace seis siglos, cuando fue también acusada, junto a una ristra de abominaciones, de «travestismo». He aquí la forma de adquirir tan importante obra:

La Guerra de los Cien Años:

Las luchas del despiadado De Rais como soldado, antes de llevar a cabo sus depravados crímenes, al lado de una Juana de Arco que contribuyó como pocos al ascenso del delfín al trono de Francia (siendo en lugar de recompensada por ello, quemada en la hoguera injustamente acusada de herejía), tuvieron lugar, como he señalado, en el marco de la llamada Guerra de los Cien Años. Un conflicto irregular y dilatado en el tiempo con numerosos matices y no pocos contendientes (además de los principales, Francia e Inglaterra, hubo numerosos «aliados» de ambos bloques) que a la historiografía le cuesta acotar y explicar. Precisamente para tener una visión conjunta, concisa y precisa de un conflicto que pese a su nombre duró más de un siglo (entre 1337 y 1453, imagino que catalogarlo como «La Guerra de los 116 años» no era muy comercial), podemos acercarnos a la completa monografía que Ediciones Rialp lanzó hace apenas unos meses y titulada precisamente La Guerra de los Cien Años.

Escrita por el prestigioso medievalista francés Philippe Contamine, profesor emérito de la Universidad París-Sorbona, con estilo preclaro y sencillo (aunque repleto de información exhaustiva), es un auténtico libro-guion sobre la raíz y el desarrollo de tamaña contienda, que ayudará al lector también a comprender el ocaso de la Edad Media europea. He aquí la forma de adquirirlo tanto en papel como en formato eBook:

https://www.rialp.com/libro/la-guerra-de-los-cien-anos_91961/

Hoteles en los que se hospeda el mal (I)

No es precisamente un buen año para el sector hotelero y turístico por culpa de la dichosa pandemia del Covid-19, el peor y más letal inquilino de los últimos 100 años; más bien está siendo nefasto, para olvidar, como en muchos otros sectores, pero seguro que cuando esto se recupere, y lo hará –no me atrevo a vaticinar cuándo, eso sí–, volvemos a viajar a los lugares más sorprendentes… e inquietantes. Si somos de experiencias fuertes, quizá nos atrevamos a alojarnos y pernoctar en alguno de estos establecimientos, aunque dudo que lo recomiende la mayoría de cardiólogos e incluso psiquiatras. NO APTO PARA APRENSIVOS.

Óscar Herradón ©

Afirman aquellos que están hechos de la pasta de la incredulidad más obcecada que son meras leyendas, situaciones fruto de la sugestión o del miedo llevado al límite, cuando no del interés de unos cuantos con el único afán de lucrarse; incluso, en estos tiempos en los que la Red es un apéndice más de nuestro cuerpo, que se trataría solo de otras más entre tantas fake news que circulan sin control ni freno, confundiéndonos sobre los que es real y lo que viene siendo trola pura y dura.

Muchas de esas historias nacen así. Pero parece haber algo más… en ocasiones mucho más. O al menos eso aseguran, con semblante muy serio, quienes se han topado cara a cara con lo insólito, con el terror en su estado más puro y no han podido volver a dormir tranquilos. Y la gran mayoría no tiene motivos para mentir.

Porque aquello que parece intangible, que desafía nuestra preclara razón en la que no tiene cabida lo que se sale del guión de lo comúnmente aceptado, se presenta cuando le viene en gana, y son numerosos los testimonios de su presencia, reiterativa o casual. Un buen número de ellos han sido recogidos en esos lugares de paso en los que recalamos alguna vez –o muchas– en nuestra vida: hoteles, moteles, paradores… Sitios de tránsito o descanso en los que la presencia del mal, o lo extraño, sea lo que sea, se hace patente, obligando en ocasiones a cerrar a los propietarios –o a silenciar el asunto– y, en otras, paradójicamente, provocando que aumenten sus reservas al reclamo de «quedan habitaciones vacantes». Hoy el miedo está de moda, aunque no es para todos los públicos. Tras entrar en la recepción y llamar al conserje, comienza nuestro particular viaje a las sombras.

Hotel Cecil. Los Ángeles (EEUU)

640 S. Main Street. Los Ángeles. Con forma de enorme torre en la que tienen cabida 600 habitaciones, el Hotel Cecil fue construido en el corazón de la soleada capital de la costa oeste en 1927, un tiempo de grandes estrellas, gánsteres y crímenes sin resolver. Aunque fue erigido como un lugar acogedor, con los años fue decayendo su fama, tornándose en lúgubre y decadente y se convirtió en lugar de paso de gente anónima, alguna muy peligrosa. Aquel que tenía dinero no se alojaba en el Cecil…

Su historia siniestra, que abarca varias décadas, comienza poco después de su construcción: tras el crack de 1929 y la Gran Depresión, en sus dependencias comenzaron a suceder numerosos suicidios y crímenes, tantos, que hoy está considerado el hotel más maldito de toda la costa oeste. En él residió durante un tiempo la tristemente célebre Elizabeth Short, bautizada por la prensa como «La Dalia Negra», una joven aspirante a actriz cuyo cuerpo apareció desnudo y descuartizado en un descampado de Los Ángeles, el 15 de enero de 1947, brutal suceso que inspiraría a James Ellroy su novela homónima –ese, y la brutal muerte de su madre, que contaré en otro post–. Nunca se descubrió a su asesino.

En 1962, una inquilina de nombre Pauline Otton saltó desde una ventana de la novena planta del Cecil. En su brutal caída, acabó con la vida de un pensionista. Ese mismo año, contribuyendo a aumentar la fama de malditismo del inmueble, Julia Frances Moore, de 50 años, saltó desde la octava planta y su cuerpo impactó contra la barandilla del segundo piso. Sin embargo, la luctuosa historia del hotel no había hecho más que comenzar.

Apenas un par de años después, en 1964, una vendedora telefónica jubilada de nombre «Pigeon» Goldie Osgood, que llevaba tiempo residiendo en el Cecil, fue hallada muerta en su habitación: había sido violada, apuñalada y golpeada hasta la muerte. El crimen nunca fue resuelto.

Drogas, prostitución y serial-killers

La tétrica historia de este hotel inspiraría una de las últimas temporadas de la exitosa serie catódica American Horror Story. Como si de un imán para los dementes se tratara, el Cecil, ya en lo que era considerado un barrio marginal –Skid Row–, donde se traficaba con drogas y se utilizaban las habitaciones para la prostitución ilegal, dio cobijo a algunas de las mentes más retorcidas de la crónica negra de los últimos cuarenta años, lo que alentó su nefasta fama.

A mediados de los 80, se pudo ver en el hotel durante una buena temporada, antes de ser arrestado, a Richard Ramírez, alias Night Stalker (El Acosador Nocturno), uno de los más retorcidos serial-killers de América. Entonces las habitaciones eran muy baratas, rondando los 14 dólares la noche. Uno de los empleados nocturnos del Cecil, Raoul Rodríguez, recordaría más tarde cómo un hombre que estaba seguro era Ramírez se alojó allí durante los meses de julio y agosto de 1985, en una habitación de la planta 14.

De origen mexicano, Ramírez acabó con la vida de 14 personas en Los Ángeles entre 1984 y 1985. A principios de los 90 el Cecil dio cobijo a Jack Unterweger, un asesino en serie de origen australiano, de notables cualidades literarias, que acabó con la vida de 12 prostitutas de diferentes países utilizando su propio sostén para estrangularlas. Hubo otros crímenes menores y agresiones sangrientas en sus instalaciones, en 1988, en 1995, en 2010…

En un lugar con un historial así, no es raro que se hiciera presente la actividad «sobrenatural»; incluso, existen fotografías en Internet –no muy convincentes, todo sea dicho– en las que se pueden ver extrañas siluetas que han aparecido tras el revelado. Una larga lista de hechos anómalos y ruidos sin explicación; incluso, algunos huéspedes aseguran haber sufrido intentos de estrangulamiento mientras dormían… Se marcharon prestos del Cecil asegurando que los fantasmas del establecimiento intentaban asesinarlos.

El crimen más extraño

A pesar de su historial trágico, el caso más extraño y espeluznante en el interior del Cecil tuvo lugar en su interior hace apenas unos años, en 2013. Aquel año, la joven de 21 años de origen chino Elisa Lam, que sufría una depresión, decidió realizar un viaje para recorrer los EEUU de punta a punta. Uno de los lugares que más anhelaba conocer era Los Ángeles, y allí recaló, instalándose en el peor hotel, en la peor calle de la ciudad.

La tarde del 31 de enero Elisa estuvo en una librería cercana, Last Bookstore, donde compró algunos libros y discos. Regresó con sus compras al hotel, según declaró el personal que la vio entrar en el Cecil. Pero ese mismo día algo pasó: no volvió a dar señales de vida. Sus padres alertaron a las autoridades pero el paradero de la joven era desconocido.

Dos semanas después, cuando la policía revisó los vídeos de vigilancia, se quedaron estupefactos con unas imágenes que circularían por Youtube, poniendo los pelos de punta a medio mundo. En aquellos cortes se ve a Elisa, pocos días antes de su desaparición, actuando de una forma cuanto menos extraña en el interior de uno de los ascensores del Cecil: pulsaba los botones del elevador y salía y entraba varias veces a su interior, muy inquieta. Además, daba la sensación de que hablaba con alguien, aunque en las imágenes no se apreciaba figura alguna, lo que dio pie a hipótesis de todo tipo: que si había sufrido un brote psicótico, que hablaba con un asesino, un fantasma e incluso que el elevador se trataba de ¡una puerta dimensional! Sin palabras… Al poco rato, Elisa salía del ascensor, y nada más se supo.

En febrero, los inquilinos del hotel comenzaron a dar quejas en recepción sobre el color y el sabor del agua que manaba de los grifos y la ducha, y sobre el mal olor y sabor de la misma. No sospechaban entonces que beber aquel agua o ducharse con ella marcaría sus vidas para siempre… El personal de mantenimiento del hotel fue a revisar los tanques de la azotea y descubrieron un cuerpo en descomposición. Cuando las autoridades se llevaron el cadáver y le hicieron la autopsia, corroboraron que era el cuerpo de Elisa Lam y que llevaba 19 días sumergido en el depósito. A partir de entonces cogió fuerza la hipótesis del suicidio e incluso del asesinato, aunque ninguna de las dos se pudo corroborar. El cuerpo, a pesar del mal estado, no mostraba signos de violencia.

En cuanto al suicidio, según se hacía eco el diario La Vanguardia el 30 de enero de 2017,  los investigadores afirmaron que era casi imposible que la joven tuviera acceso a los depósitos del tejado. Los recepcionistas aseguraron por su parte que «el tanque no tenía fácil acceso y estaba cerrado con llave –una llave que, presuponemos, no tenía la víctima–. Además, la tapa pesa considerablemente», algo extraño para una chica que no debía pesar más de 50 kilos. Es más, los bomberos, agotados, tuvieron que optar por hacer un orificio en el tanque para sacar el cuerpo. Incluso, había un dispositivo de alarma que nunca se activó.

Cómo no, la hipótesis paranormal no tardó en copar las redes sociales: se habló de una entidad invisible y agresiva que estaría acosando a Elisa en el ascensor, lo que justificaría el hecho de que las puertas no se cerraran ni siquiera tras pulsar ésta el botón; dicha entidad habría sido la responsable de llevarla a la azotea… Demasiado poder, no obstante, para un ente descarnado.

Otra hipótesis es que pudo haber sido víctima de una posesión demoníaca que habría terminado en suicidio… Muchos relacionaban a Richard Ramírez con el satanismo, del que se jactaba de ser fiel seguidor, pero era imposible que éste tuviera algo que ver en el «crimen»: Ramírez permanecía en la cárcel, donde llevaba 23 años esperando la pena capital. Curiosamente, moría en prisión el mismo año del caso Lam, el 7 de junio de 2013, a los 53 años, tras pasar 23 en el corredor de la muerte. Más leña que arrojar al fuego de lo extraño.

Circularon ideas aún más peregrinas: que Lam formara parte de una retorcida conspiración del gobierno con ingredientes tan sugerentes como experimentos con humanos y secretos de Estado. Un año más tarde, sin pruebas evidentes y ante la falta de testimonios fehacientes, la policía estatal archivó el caso. Cinco años después, el caso de Elisa Lam es considerado el mayor misterio de la década en los EEUU.

Ballygally Castle Hotel (Irlanda del Norte)

Situado en la cima de la bahía de Ballygally, en la costa de Antrim, al noreste de Irlanda del Norte, a tan sólo 32 km al norte de Belfast, se erige un viejo e impresionante castillo con una truculenta historia detrás. El Ballygally Castle Hotel data de 1625, y fue construido al estilo de los castillos defensivos franceses por un escocés, James Shaw. La fortificación perteneció a la familia Shaw hasta 1799. Ya en el siglo XX, la compró el magnate de las alfombras Cyril Lord, quien amplió y renovó su estructura.

Hoy es un moderno alojamiento con 44 habitaciones y un restaurante dentro de las murallas con una sugerente carta. Pero al margen de ser un sitio acogedor, lo cierto es que, cual reclamo sobrenatural, existen una serie de placas que te guían hacia la conocida como «Habitación del Fantasma» (Ghost Room), aunque al parecer no es un simple recurso turístico. Cuentan que dicha estancia, situada en un torreón superior con espectaculares vistas al mar de Irlanda, perteneció a una famosa residente, Lady Isobel Shaw.

De acuerdo a los lugareños, el dueño del castillo, James Shaw, se casó con la desafortunada Lady Isobel que no pudo darle el varón que éste soñaba, sino una niña. Enfurecido, la encerró en la torre negándose a alimentarla y allí la muchacha enloqueció: durante semanas no paró de gritar y golpear la puerta hasta que su retorcido esposo la arrojó a la desdichada por la ventana. Aunque hay versiones diferentes: a saber, que el escocés contrató a unos esbirros que la arrojaron por las empinadas escaleras, causando su muerte; otros claman que Isobel mantenía una relación adulta con un marinero y cuando Shaw lo descubrió, la encerró.

Cyril Lord.

Desde entonces, se dice que su espíritu frecuenta la pequeña habitación, dejando la estancia impregnada de un característico olor a vainilla que todos, desde el dueño al último camarero, relacionan con Isobel. A veces se aparece –dicen– en esa parte del castillo a algunos visitantes, como desesperada: creen que está buscando a su hija. Lo más estremecedor es que algunos inquilinos afirman haberse despertado en medio de la noche y encontrar al “fantasma” en medio de la habitación para, a continuación, verlo desvanecerse.

Según se relata en el libro de Jeff Belanger The World’s Most Haunted Places, en 1998, una semana antes de la fiesta de Halloween, la reportera Kim Lenaghan grabó parte de un segmento de «divertidas situaciones de miedo» para el programa radiofónico de la BBC Good Morning Ulster en el interior del BallyGally. Eligió pasar la noche, claro, en la Ghost Room, tras pedirle consejo a una médium apodada “Sally” que la acompañó antes de pernoctar. Lenaghan le contaría a Belanger más tarde que en un momento determinado «Sally» pareció entrar en contacto con alguna entidad, aunque no estaba en trance, aunque sí muy concentrada. Luego, la temperatura de la habitación subió notablemente, «al menos diez grados». La médium comenzó a hablar con alguien invisible y se hizo presente un olor, un fuerte olor a vainilla, «pero no era exactamente vainilla; era un olor viejo, que recordaba ligeramente al moho; olía a vainilla rancia… Sé que suena ridículo, pero eso es lo que era», sentenciaría la periodista.

Siguiendo el trabajo de Belanger, «la médium explicaría más tarde que el espíritu era el de una mujer joven asustada que estaba buscando a su hija pequeña. Le dijo a Lenaghan que ‘la mantenían allí contra su voluntad, asegurando que había una mujer vieja que no la dejaría salir de la habitación’. Durante la conversación, la mujer corría continuamente hacia la ventana buscando a un hombre llamado Robert que estaba en el mar. El espíritu no entendía por qué Robert no volvió a buscarla».

Tras este episodio que comenzó a alarmar a la hasta entonces incrédula reportera, Lenaghan se despidió de «Sally», se hizo con una taza de café, un poco de brandy y una grabadora, subió las escaleras y se instaló en la pequeña habitación del torreón. Lenagham afirmó que alrededor de las tres de la madrugada la habitación comenzó a calentarse de nuevo: «Pensé: ¡es el café y el brandy! Y luego se puso aún más cálido y pensé, ‘no, algo no está bien’. Inmediatamente regresó el olor. Y era aún más fuerte que antes (…)».

Segundos después, salió escopetada de la habitación y se fue a otra lo más alejada posible. Al día siguiente, el personal la llevó de nuevo al ala «encantada» del castillo, donde varios inquilinos afirmaron haber escuchado llamar a la puerta por la noche, e incluso uno de ellos aseguró haber visto a una mujer que se desvaneció. Este mismo le mostró a la periodista, escrito en el polvo del espejo de la «habitación fantasma» el nombre de Kim. Si fue una puesta en escena de los administradores del BallyGally, fue desde luego de Oscar.

Ghost Room… ¡Buen descanso!

Otros inquilinos afirman que el castillo está encantado por uno o más niños. Algunos fueron despertados por unas pequeñas manos que tiraban de las sábanas y les empujaban. Cuando abrían los ojos no veían a nadie… pero sabían que no se trataba de un sueño o una pesadilla porque, ya erguidos, podían escuchar una risa infantil. Hoy es un hotel de 4 estrellas. Puedes reservarlo en Booking desde unos 150 euros la noche. Seguro que la experiencia merece la pena… O no.

Este post continuará (si nos deja el alma atormentada del malvado Ramírez…)