Historia desde los márgenes

En el libro En los confines del mundo. Una nueva historia de la Antigüedad, que ha publicado recientemente la Editorial Crítica, el historiador Owen Rees, investigador en la Universidad de Birmingham Newman y fundador del portal especializado badancient.com, propone abandonar el punto de vista habitual de griegos y romanos para mirar la Antigüedad desde sus fronteras.

Óscar Herradón ©

Ovidio en el exilio (1915).

El propio autor arranca el vibrante y extenso relato (casi 400 páginas) con el exilio de Ovidio en una ciudad fronteriza del mar Negro, donde el poeta se lamentaba de haber caído en un lugar bárbaro y desolado. Rees usa esa queja como hilo conductor: durante siglos hemos heredado la mirada de quienes, como Ovidio, consideraban que la civilización terminaba donde acababan sus propios mapas. Gracias a la arqueología, sostiene el autor, hoy sabemos que esos supuestos confines albergaban sociedades complejas y dinámicas, no vacíos poblados de monstruos.

Un recorrido por tres continentes

El itinerario del libro transcurre con capítulos dedicados a Náucratis, el único puerto egipcio donde se permitía comerciar a los griegos y foco de la «egiptomanía» que se extendió por el mundo helénico, y a Taxila, en el actual Pakistán, un reino situado en el límite más lejano de las conquistas de Alejandro Magno que resistió la influencia griega y se convirtió en centro de expansión del budismo. También destaca el capítulo sobre Vietnam, que el autor trata como el escenario de uno de los grandes «qué hubiera pasado si» de la historia, el posible contacto directo entre Roma y el imperio Han chino.

Ruinas de Volubilis.

Pero hay mucho más en sus documentadas páginas: la colonia griega de Massalia, la actual Marsella, y su convivencia con los galos; el enclave de Volubilis, en el actual Marruecos; y la ciudad de Co Loa, en el valle del río Rojo, en Vietnam. El sitio Unseen Histories, en una entrevista con el propio Rees, precisa un dato curioso que conecta ambos extremos del libro: fuentes chinas de la dinastía Han describen la llegada de un supuesto enviado romano –probablemente un mercader– a la corte imperial en el siglo II, tras desembarcar en una región vietnamita llamada Rinan.

Julio César.

Frente a figuras conocidas como Cleopatra o Julio César, el relato reserva espacio a protagonistas anónimos de esas zonas fronterizas: entre ellos, una trabajadora sexual emprendedora en Náucratis, soldados aficionados al juego apostado en Adriano o un monje grecobudista procedente del Ganges. Sobre su edición inglesa («The Far Edges of the Known World: Life Beyond the Borders of Ancient Civilization», W.W. Norton, 2025), Publishers Weekly calificó el libro de vivo y ágil, capaz de dar vida a rincones oscuros del mundo antiguo, mientras que Kirkus lo resumió como buena historia antigua fuera de los caminos trillados.

En el Wall Street Journal, Michael Patrick Brady subrayó que el verdadero objetivo de Rees es mostrar cómo los relatos históricos han estado moldeados por quienes los contaban, y que el libro funciona como recordatorio de que las narrativas ordenadas –civilizado frente a bárbaro, ciudadano frente a extranjero– rara vez reflejan la complejidad real del pasado. Un relato fascinante que ahora podemos disfrutar en castellano gracias a la voluminosa edición de Crítica.

Rasputín y la caída de los Romanov

La editorial Crítica publica en castellano el último trabajo del historiador británico Antony Beevor, la biografía definitiva del monje «loco» que encandiló a los zares, un recorrido por la decadente corte rusa en los años previos a la Revolución.

Óscar Herradón ©

Cuando la emperatriz viuda de Rusia estaba embarazada del futuro zar, tuvo un sueño que marcaría el resto de sus días: su hijo moriría a manos de un campesino. ¿Se cumpliría esa profecía con la llegada a la corte de Grigori Rasputín, un enigmático monje apenas alfabetizado, procedente de Siberia?

En este retrato extraordinario, el prestigioso historiador británico Antony Beevor (cuya prolífica obra está en su mayor parte publicada en castellano precisamente por la Editorial Crítica) nos acerca como nunca antes a la escandalosa vida y muerte de Rasputín. Aunque nunca ocupó un cargo oficial en la corte, el místico ruso Grigori Yefímovich, nacido el 21 de enero de 1869 en Prokóvskoye, hoy en el óblast ruso de Tiumén, ejerció una influencia decisiva sobre los Romanov y protagonizó episodios de corrupción política y financiera y numerosos escándalos sexuales. Las consecuencias de los rumores y las teorías conspirativas a su alrededor propiciaron tal desafección hacia la corte del zar que, cuando estalló la Revolución de febrero de 1917, casi nadie alzó una espada en su defensa.

Bearded man whispering to crowned woman on an ornate sofa beside spilled drinks
Imagen generada con la IA de WordPress.

A través de informes, entrevistas e interrogatorios inéditos, Beevor revela la verdad tras la leyenda de Rasputín: las motivaciones de su oportunismo político, su profunda hipocresía y la lujuria desenfrenada. Entre un thriller político y un misterio gótico, esta biografía revela una historia fascinante de perversión humana y caída de imperios.

¿Qué encontraremos en las páginas de este ensayo?

Este nuevo título sobre el controvertido Rasputín llega como el enésimo intento de desentrañar a la figura más mitificada del ocaso zarista, pero Antony Beevor, historiador militar curtido en Stalingrado y Berlín, plantea desde el arranque un giro de enfoque: no es, según sus propias palabras, una biografía convencional, sino una exploración de la tierra de nadie entre el hecho y el mito. Esa declaración de intenciones marca la lectura que ha hecho de él la crítica anglosajona, mayoritariamente elogiosa aunque no unánime en sus reparos.

Philippe de Lyon.

Stephen Lovell, en Literary Review, reconoce que la historia está muy trillada, pero valora que Beevor sabe extraer sus aspectos más reveladores, en particular la demostración de hasta qué punto la corte imperial, sumida en una fiebre espiritista de la época, era terreno abonado para un gurú como Rasputín. Es precisamente esa lectura de contexto –una Rusia cortesana ya predispuesta al misticismo antes de que Rasputín apareciera, donde pululaban personajes como el francés Philippe Nizier Anthelme (conocido como Maestro Philippe de Lyon), con fama de ocultista y curandero y que cautivó a Nicolás II–, la que distingue al libro de otras biografías del personaje.

Teffi.

The Irish Times insiste en esa misma clave: no se trata de una biografía en sentido estricto, sino de un examen dual del declive de la dinastía, en el que las heridas infligidas a los Romanov se acumulan más que se concentran en un solo golpe. La reseña recupera además el testimonio de la escritora rusa Teffi (seudónimo de Nadezhda Alexándrovna Lójvitskaya, 1872-1952), citada por el propio Beevor, que definía a Rasputín como una figura casi novelesca, envuelta en leyenda tanto en vida como en la memoria posterior, y subraya cómo el historiador dedica buena parte del libro a preguntarse, más que a responder de forma tajante, cómo pudo un campesino siberiano apenas alfabetizado precipitar el hundimiento de un imperio.

Nicolás II.

Donde el consenso crítico se muestra más firme es en la desmitificación de los rumores sexuales que rodearon a Rasputín durante la Primera Guerra Mundial. Beevor sostiene que las acusaciones de relaciones con la emperatriz y sus hijas eran completamente falsas, y acuña una fórmula feliz –lo que llama «las fake news de su época»– para describir cómo la prensa rusa alimentó ese rumor pese a su falta de fundamento. Esa reivindicación parcial del personaje, lejos de blanquearlo, convive en el libro con un catálogo bien documentado de sus abusos reales: la revista Publishers Weekly, citada en el agregador Book Marks, resume el resultado como el retrato de un régimen que se pudre desde arriba, mientras que Kirkus valora el pulso narrativo del conjunto –lo califica de historia ágil y atractiva– aunque lamenta cierta ambigüedad de Beevor a la hora de tratar los supuestos poderes curativos de Rasputín, que el propio autor deja caer sin desarrollar del todo.

Dan Jones, en The Sunday Times, elogia la prosa serena y elegante del libro y lo describe como una meditación sobre la historia tanto como una lección de escritura fluida y ecuánime. Owen Matthews, en The Spectator, lo califica de relato excepcionalmente documentado, moralmente serio y con frecuencia sombríamente cómico sobre cómo un campesino siberiano casi analfabeto llegó a precipitar el colapso de una de las mayores autocracias del mundo. Rupert Christiansen, en el Daily Telegraph, es algo más comedido –lo describe como sólidamente documentado y narrado con agilidad– sin llegar al entusiasmo de sus colegas, mientras que The Independent celebra el modo en que Beevor explora las contradicciones del personaje, del que extrae, dice, un retrato vívido no solo de Rasputín sino de todo el crepúsculo de la Rusia imperial.

A pesar de ser un lugar común de la historiografía, Beevor maneja con solvencia un aparato de fuentes con el que reconstruye tanto la fascinación cortesana por Rasputín como la mecánica del rumor que, más que el propio personaje, terminó por deslegitimar a la monarquía rusa a ojos de su pueblo.

Rasputín. Los archivos secretos

Y si a pesar de la ingente labor documental de Beevor algún lector se queda con ganas de saber todavía más sobre el monje siberiano iluminado, también Crítica publicó en 2023 el ensayo Rasputín. Los archivos secretos, del autor moscovita Edvard Radzinsky, un texto con un enfoque muy diferente, casi antagónico.

Radzinsky.

En 1995 un expediente de los Archivos Estatales desaparecido durante años salió a subasta en Sotheby’s y llegó a manos de Radzinsky. Contenía las interrogaciones del círculo íntimo de admiradores de Rasputín y de los que le mantuvieron bajo vigilancia policial –documentos que ningún otro historiador había visto nunca–. Con este expediente, Radzinsky es capaz de convertir la biografía de Rasputín de leyenda misteriosa en realidad. Utilizando las declaraciones de los amigos del monje iluminado, de profesores, devotos, y de sus fanáticas fans femeninas –la gente que veía a Rasputín casi cada día– Radzinsky presenta un informe fascinante de cómo Rasputín ejercía y ampliaba su poder.

El autor ruso revela el completo alcance de la cometida relación de Rasputín con la zarina y describe su famosa odisea sexual a través de las mujeres mundanas de St. Petersburgo, utilizando el sorprendentemente vicioso testimonio de las propias mujeres para descubrir el tesoro escondido de secretos increíbles. Aquí está documentado, por primera vez, el modo en que Rasputín llegó a la corte zarista y la verdadera identidad del hombre que le disparó y mató en 1916. Y finalmente, el autor nos ofrece las razones reales de la influencia de Rasputín en virtualmente todas las decisiones imperiales al final de la dinastía real rusa de Romanov. A través de su acceso exclusivo al «Expediente Rasputín», su incomparable investigación por otras fuentes y su probado talento para contar historias, Radzinsky es capaz, finalmente, de contar la completa, sensacional historia de Rasputín, extensamente documentada y definitiva.

Redimir y adoctrinar: el Patronato de Protección a la Mujer

La Editorial Crítica publica un revelador ensayo que aborda los orígenes, el modo de actuar (a través de la represión y el control moral) y finalmente el ocaso de una institución que durante el franquismo tuvo las vidas de muchas mujeres bajo su larga sombra.

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Trata de Blancas, por Joaquín Sorolla (1894).

Si uno de primeras nunca ha oído hablar de dicha institución, y de cuál era su verdadero objetivo, podría incluso pensar que se trata de un organismo feminista de nuestros tiempos frente a las amenazas del patriarcado, creado, quizá, por el Ministerio de Igualdad, pero no, todo lo contrario: fue de todo menos eso. El Patronato de Protección a la Mujer, que se conoció originalmente como «Patronato Real para la Represión de la Trata de Blancas», se trató en realidad de una institución española pública activa entre 1902 y 1985 que dependía del Ministerio de Justicia.

María Cristina de Habsburgo-Lorena.

Originalmente fue un organismo bajo la protección de la Corona española, presidido por la reina María Cristina de Habsburgo-Lorena (segunda esposa de Alfonso XII y madre de Alfonso XIII) que como bien rezaba su nombre original tenía un cometido filantrópico, organizar la lucha contra la trata de personas, principalmente mujeres, que se distorsionaría notablemente más adelante, y principalmente bajo la dictadura franquista. Se trataba en un principio de una institución abolicionista de la prostitución (y por tanto, muy adelantada a su época), que entró en vigor con un decreto de 11 de julio de 1902. Sin embargo, a pesar de su elogiable intencionalidad inicial, pronto funcionó como una institución de control social y adiestramiento moral.

En 1931, con el triunfo de la Segunda República, se reorganizó bajo el nombre de «Patronato de Protección a la Mujer» y era de carácter laico, y en su junta, entre otras, figuraba la abogada, escritora, diputada y defensora de los derechos de la mujer Clara Campoamor. Sin embargo, la falta de medios económicos provocó su disolución en 1935,  pasando sus funciones al Centro Social de Protección de Menores.

Carmen Polo y Franco.

Con la victoria franquista en la Guerra Civil y la instauración de la dictadura, el 6 de noviembre de 1941 se volvió a crear el Patronato de Protección a la Mujer por Decreto, siendo su presidenta de honor una de las mujeres claves del llamado Movimiento, Carmen Polo, esposa de Franco. A través de dicho decreto se creó también la Obra de Redención de las Mujeres Caídas, cuyo objetivo era «reformar y regenerar a las prostitutas clandestinas reincidentes». Según el artículo, la finalidad del Patronato era «la dignificación moral de las mujeres», especialmente de las jóvenes, «para impedir su explotación, apartarlas del vicio y educarlas con arreglo a las enseñanzas de las realidad católica», un lenguaje muy acorde al régimen nacionalcatolicista.

La autora del ensayo.

Sin embargo, dicha educación apenas era efectiva –ni visible– y las funciones del Patronato se dirigían principalmente al intervencionismo estatal en la intimidad y, en palabras de Carmen Guillén Lorente, en el artículo «El Patronato de Protección a la Mujer: adoctrinamiento moral durante el franquismo», publicado en inglés en The Conversation con fecha 14 de abril de 2024, «la persecución y reclusión de la mujer desviada». Precisamente esta especialista, Carmen Guillén Lorente,  doctora en Historia Contemporánea y profesora en el área de Historia de la Ciencia en la Facultad de Medicina de Albacete (UCLM), es la autora de un revelador –y necesario– ensayo publicado recientemente por la editorial Crítica: Redimir y adoctrinar: el Patronato de Protección a la Mujer (1941-1985), que aborda minuciosamente, con gran rigor documental e ingentes fuentes, en gran parte inéditas, el papel represivo y de control moral de esta institución extrañamente poco conocida hoy.

¿Qué encontraremos en las páginas de Redimir y adoctrinar?

Tras décadas de silencio, Carmen Guillén arroja luz al organismo franquista encargado del adoctrinamiento moral de las mujeres caídas.

Women and children sitting closely together in a worn shelter with distressed expressions
Imagen creada con IA.

De entre todos los fragmentos que componen la compleja historia del siglo XX español, pocos capítulos resultan tan oscuros y reveladores como los vinculados a las instituciones represivas del franquismo. La más longeva y, sin embargo, la menos conocida, es el Patronato de Protección a la Mujer. Desde 1941 hasta bien entrada la democracia, esta institución apuntaló su labor sobre cuatro pilares: trabajo y oración para redimir; disciplina y castigo para adoctrinar. En el cruce de intereses entre Iglesia y Estado, la doctrina católica sirvió para legitimar este control femenino.

Two Guardia Civil officers in uniform escorting a woman detainee beside a police van
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Miles de mujeres de todas las edades, procedencias y contextos socioeconómicos fueron entonces condenadas sin delito y encerradas sin juicio en nombre de esa moral. Bajo un disfraz de caridad se ocultó una realidad llena de abusos, trabajos forzados, robo de bebés y violaciones sistemáticas de los derechos humanos. Este libro analiza el Patronato como una pieza clave en la arquitectura moral y política del franquismo y examina la huella que dejó en quienes lo padecieron y en una memoria colectiva que aún intenta asumir ese pasado.