Ritos y simbología del crimen organizado (Parte I)

Estos días se juzga a los cabecillas de los clanes de la ‘Ndrangheta en Calabria. La Camorra vuelve a estar de actualidad cuando un documental revela cómo los nuevos «capos» de la mafia napolitana son apenas «millennials» que siguen haciendo negocio en plena pandemia y hace unos días que el sicario de la Cosa Nostra Ferdinando «Freddy» Gallina era extraditado desde EEUU a su Italia natal para ser juzgado por tres homicidios «agravados con finalidad mafiosa». El crimen organizado «made in Italy» sigue viva cuando apenas queda un año para que se cumpla medio siglo del estreno en cines de El Padrino, obra maestra por antonomasia del nuevo cine de los setenta. Excusas suficientes para repasar los ritos secretos y los símbolos esotéricos de la Mafia.

Óscar Herradón ©

Hace poco más de dos meses, el 13 de enero, comenzaba en Calabria el macroproceso a parte de los primeros espadas de la ‘Ndrangheta. Un despliegue espectacular blindaba la seguridad ante los jefes de la mafia calabresa: se ha construido un búnker ex profeso en una zona industrial de Lamezia Terme que permitía celebrar el proceso en la misma Calabria. Un juicio considerado histórico desde el macroproceso contra la Cosa Nostra en los ochenta –donde también se construyó un búnker para los procesados, junto a la cárcel de Ucciardone, en Palermo– por el que han desfilado más de 350 imputados y en el que hasta 913 testigos han aceptado romper la omertà, la «ley del silencio» del hampa, para revelar los secretos de los clanes.

Y aunque gran parte de su cúpula esté entre rejas, las actividades de la organización no decaen: un mes después del inicio del juicio, el 10 de febrero, saltaba la noticia de que la policía italiana había incautado en tres operaciones un cargamento de 1,3 toneladas de cocaína pura importada en varios cargamentos procedentes de Brasil y Ecuador, ocultas en contenedores de café y fruta, en el puerto de Gioia Tauro, al sur de Calabria, un punto, claro, infiltrado por la ‘Ndrangheta y que llevaba tres años bajo vigilancia de las autoridades.

No es lo único que se desmantela –imaginad lo que permanece oculto–: apenas días después eran detenidos 45 personas relacionadas con su entramado criminal en el marco de la operación «Metameria», incautándose además de 6 millones de euros en bienes instrumentales. Un cerco instigado por el fiscal antimafia de Calabria Nicola Gratteri que recuerda a viejas y emblemáticas luchas mafiosas de la península itálica.

Ahora que el crimen organizado italiano vuelve a estar de actualidad –si es que no lo estuvo siempre–, realizamos en «Dentro del Pandemónium» un peligroso viaje al corazón del crimen organizado para conocer los ritos y códigos secretos de la Mafia. Por si acaso, mientras leen, presten atención a su alrededor con el rabillo del ojo…

Tutto per la mia famiglia

Pexels (Free License)

Una habitación semioscura se muestra ante el espectador. Un hombre de rostro indefinido aparece sentado en un sillón de cuero, tras un majestuoso escritorio de madera. Está flanqueado por dos figuras de aspecto amenazante, dispuestas a sacar en cualquier momento el revólver que esconden bajo sus chalecos. El hombre sin rostro saborea un habano; el humo de sus bocanadas impregna la estancia. Frente a él, al otro lado del escritorio, se encuentra un hombre encorvado, nervioso. De su frente caen, como lágrimas, gotas de sudor. Sus piernas no paran de temblar. El primero es el Capo di tutti capi, «el Jefe de jefes»; los que le flanquean son dos soldados y en un rincón, apenas perceptible pero siempre atento a todo, el Consigliere.

El otro es un colaborador de la Familia que ha sido descubierto pasando información a la policía. El Consigliere se acerca, susurra algo al oído del Capo, y poco después, tras la titubeante explicación del malogrado chivato, los dos sicarios levantan al sujeto, que está a punto de caer al suelo, y se lo llevan. No tardará en convertirse en cadáver. La delación se paga con la muerte. Siempre.

Es fácil, tras visionar El Padrino de Coppola, seguir las andanzas de Los Soprano durante seis temporadas o la más reciente y también catódica Boardwalk Empire –que narra los años de la Ley Seca en Atlantic City y Nueva York–, entre una larga lista –el crimen vende– imaginarse una escena de este tipo en una sala de cine. Escenas rodeadas de un aura romántica que, como se encargó de reflejar en la novela Gomorra el periodista Roberto Saviano –la Camorra puso desde entonces precio a su cabeza–, tiene poco de real, pues los criminales, lejos de ser «hombres de honor», por mucho que se rijan por sus códigos ­­­–y deben hacerlo–, suelen ser viles asesinos impulsados por el ansia de poder y dinero.

Cartel promocional Boardwalk Empire (HBO)
Pexels (RODNAE Productions)

No obstante, y aunque para estos personajes la vida de sus congéneres no tiene demasiado valor, es cierto que sus sociedades, casi secretas, tienen sus propios códigos de honor, sus «dioses» e incluso sus rituales de iniciación. Es eso lo que les define –y los diferencia– de otros colectivos fuera de la ley. Unas organizaciones que cada vez tienen más poder y están entre nosotros. Precisamente en 2014, un vídeo sacaba a la luz uno de los secretos mejor guardados de la mafia. Hace más de un siglo que se conocen los ritos de iniciación de estos grupos, aunque siempre ha sido por vía indirecta, por confesiones de miembros arrepentidos o papeles incautados. Sin embargo, en noviembre de aquel año se hacía público un vídeo donde se ve el ingreso de un capo mafioso de La Santa, la máxima categoría de la afiliación de la ‘Ndrangheta, una especie de élite, cuyos miembros, según publicaba el diario El Mundo, «tienen acceso a los secretos más herméticos de esta organización». El vídeo fue grabado por el grupo de operaciones especial –ROS– de los carabinieri en Castello de Brianza, una localidad a 35 kilómetros de Milán, en Lombardía, y en él se escucha al capo decir el siguiente juramento: «Precisamente en esta santa tarde, en el silencio de la noche y bajo la luz de las estrellas y el esplendor de la luna, formo la cadena. En nombre de Garibaldi, Mazzini y La Marmora, con palabras de humildad firmo la santa sociedad».

Lugar donde fue grabado el juramento de la ‘Ndrangheta por los carabinieri

Así, de un lado al otro del globo, nos topamos con entramados criminales que debido a sus características, símbolos, formas de actuar y creencias, conforman lo que conocemos como mafia, a pesar de sus notables diferencias. Pero, ¿de dónde surge esta denominación? Existe una gran controversia entre los estudiosos sobre la etimología de la palabra mafia, aunque de lo que no cabe duda es de que está directamente vinculada a la isla de Sicilia y su historia moderna.

Una de las teorías más extendidas asegura que provendría del vocablo de origen árabe mahya, cuyo significado es «bravuconería, chulería o jactancia». No sería extraño si tenemos en cuenta que de los años 960 al 1060 este pueblo ocupó el territorio siciliano; al igual que podría tener su origen en el sustantivo árabe mu’afah, cuyo significado es «protección de los débiles». Aunque otros historiadores se inclinan por la procedencia de la antigua expresión toscana maffia, que significaba «miseria». Para gustos, colores.

La Garduña, sociedad secreta «made in Spain»

Otra hipótesis es que se trata del acrónimo de la frase Mazzini Autorizza Furti, Incendi, Avvelenamenti –«Mazzini autoriza robos, incendios, envenenamientos»–, en alusión al promotor de la Unificación Italiana, Giuseppe Mazzini. En este caso, y siguiendo el trabajo de Charles William Heckethorn, la mafia se habría iniciado en el siglo XIX como tal tras la asociación de una serie de indigentes e individuos de la más baja clase social que, bajo la tutela de Mazzini, realizaron actividades criminales.

Y así más y más teorías, como la que asegura que el término aparece por primera vez entre 1862 y 1863, cuando se representa en Palermo el drama I Mafiusi di la VicariaLos Mafiosos de la Vicaría–. Su popularidad fue tan grande que en Europa comenzó a llamarse así al crimen organizado.

Garibaldi

Es muy probable que la estructura de estas sociedades secretas surgiera antes de la Unificación Italiana. Durante siglos Sicilia había estado sometida a condiciones indignas que sufría gran parte de la población. Unos pocos terratenientes tenían el poder, mientras que, al no existir un gobierno organizado que velase por los derechos de los más pobres, éstos se vieron obligados a fortalecer los vínculos familiares, los llamados «lazos de sangre», con un código de honor fortalecido por la ley del silencio para estar seguros. En el siglo XIX surgió también una figura fundamental para comprender el surgimiento de la mafia: los gabellotti o recolectores de impuestos, que administraban las propiedades de los poderosos y hacían de intermediarios entre éstos y los campesinos, quienes debían entregarles un porcentaje de la cosecha por su mediación. Poco a poco comenzaron a hacerse más poderosos en la isla y a organizarse en grupos de ladrones y extorsionadores que amenazaban a los labriegos y mercaderes, siendo un antecedente directo de la mafia y de sus forma de amasar dinero.

Existen otras teorías que se remontan al medievo, a la lucha contra los franceses, y otras más, numerosas, en relación con la Unificación de Garibaldi y la lucha contra los borbones españoles. Hasta ahora, nadie se pone de acuerdo sobre el verdadero origen y su surgimiento es, de esta forma, una fuente inagotable de leyendas. Precisamente una de estas leyendas señala que la mafia sería de origen español. Según la tradición, a mediados del siglo XV, tres caballeros hispanos, apodados Oso, Mastroso y Carcañoso –en italiano Osso, Mastrosso y Carcagnosso–, pertenecientes a la Garduña, huyeron de Toledo e hicieron carrera delictiva durante tres décadas en la isla de Favignana –Islas Egadas, frente a la costa occidental de Sicilia–, a donde llevaron las reglas de honor y sangre de la sociedad secreta española en un tiempo en el que provincias como Nápoles estaban bajo dominio de la Corona hispana. Pasados esos treinta años, Osso se dirigió a Sicilia y fundó la Cosa Nostra; Mastrosso a Calabria, donde dio forma a la Camorra y, finalmente, Carcagnosso a Calabria, donde crearía la estructura de la ‘Ndrangheta. Una historia apasionante, pero sin duda legendaria. No lo son, sin embargo, los numerosos grupos mafiosos que operan en la sombra y que dominan a base de pólvora y sangre las cloacas del mundo.

La intención de este post es continuar… Esperemos que no lo impida la Ley del Silencio.

El castillo hermético de Federico II

Erigido entre 1240 y 1250 en una colina de Apulia, al sur de Italia, el sorprendente edificio medieval de Castel del Monte está cargado de simbolismos difíciles de comprender. Algunas teorías defienden que su artífice, el emperador alemán Federico II de Hohenstaufen, más conocido como Stupor Mundi –el Asombro del Mundo– ocultó en él una serie de claves herméticas.

Castel del Monte, Apulia, Italia (Crédito: Wikipedia)

Óscar Herradón ©

La figura del emperador del Sacro Imperio Romano Germánico y rey de Sicilia en el siglo XIII, Federico II de Hohenstaufen, aparece rodeada de un profundo halo de misterio que ocho siglos después de su andadura sigue despertando la controversia entre los investigadores. Fue conocido en su tiempo como Stupor Mundi, el «asombro del mundo», por su impresionante formación intelectual y su provocadora forma de actuar, realizando un acercamiento al mundo islámico en tiempos de guerras de religión y cruzadas cristianas, lo que para algunos le convertía en el «Anticristo». Sin duda se adelantó muchos siglos a su tiempo. De hecho, hoy mismo el pontífice Francisco I a Irak ha visitado por vez primera en décadas de historia católica, lo que es todo un hito, y han pasado dieciocho siglos desde que el Hohenstaufen se entrevistó pacíficamente con sus «hermanos» musulmanes.

Federico II (Wikipedia)

Su figura, no obstante, y teniendo en cuenta la época turbulenta que le tocó vivir, no está exenta de polémica. Cuenta la leyenda que Federico nació después de que un dragón se apareciera a su madre Constanza y echara sobre ella su aliento de fuego, una «visita» de gran contenido simbólico similar al del origen de algunos grandes mandatarios de la Antigüedad, como Alejandro Magno, o al de héroes del panteón grecolatino como Hércules. Pronto Federico comenzó a mostrar un enorme interés por todas las ramas del saber. Una vez coronado emperador del Sacro Imperio Romano-Germánico, en 1220, Federico convirtió Sicilia, donde tenía su corte, en un auténtico estado moderno con un magnífico funcionamiento del comercio y una administración centralizada. La llenó también de trovadores y artistas de toda clase, origen y condición.

De Arte Venandi

Protegió incluso a algunos cátaros y a patarinos y arnaldistas, todos con la particularidad común de ser considerados herejes por la Santa Sede. Ello, sumado a su afición por las ciencias ocultas y la alquimia, provocaría airadas reacciones de los católicos. De hecho, llegaría a ser excomulgado en varias ocasiones. Gran erudito, escribió varias obras, entre las que destaca un tratado de cetrería –De Arte Venandi cum Avibus–, y fue el único monarca que logró liberar Tierra Santa sin derramar una sola gota de sangre, gracias a sus habilidades diplomáticas.

Numerología, alquimia y arquitectura hermética

A su vez, el Stupor Mundi fue el artífice de uno de los edificios más asombrosos de la Edad Media. Es más que probable que la sabiduría ocultista y esotérica de su consejero «espiritual», el alquimista Michel Scoto y otros heterodoxos, influyeran en Federico II a la hora de tomar la decisión de construir en la región italiana de Apulia la fortaleza de Castel del Monte. Una construcción excepcional tanto por su forma como por su carácter mágico. Fue levantada a una altura de 540 metros sobre el nivel del mar, sobre una colina que para algunos autores es artificial y sobre la que, al parecer, existía en tiempos pretéritos un monasterio bajo la advocación de Santa María del Monte.

Es evidente que la fortaleza es una exaltación de la simbología del número ocho, ya que esta cifra se repite como un leitmotiv en la disposición del mismo. Siguiendo al autor galo Jean-Michel Angebert, el número ocho es símbolo de equilibrio y de infinito y se presenta en múltiples tradiciones como un rasgo común para la realización de la llamada Gran Obra alquímica. Varios autores afirman que Castel del Monte se usaba como fortaleza, mientras que para otros era un edificio de recreo o incluso un lugar de alojamiento; lo extraño es que su rara disposición descarta casi por completo estas hipótesis. En el caso de que fuera una fortaleza, deberían existir almenas defensivas y otros elementos característicos de las mismas; la posibilidad de que fuese utilizado como alojamiento también es improbable, pues la planta octogonal dificultaría la disposición de muebles y utensilios y la comodidad de los invitados. Narraciones contemporáneas refieren que, en ocasiones especiales, cientos de caballeros de diversas nacionalidades eran recibidos por el emperador en el exterior del recinto, donde se alojaban en tiendas de campaña, lo que viene a corroborar la teoría de que el interior del edificio no era habitado por nadie. Lo que hacían allí aquellos caballeros continúa siendo un misterio. Puede que algún tipo de ceremonial… ¿pagano?

Castel del Monte desde el aire (Licencia: Wikipedia)

Hay expertos que sostienen que Castel del Monte podría ser incluso un observatorio astronómico, dada la disposición del edificio y el enclave elegido para la construcción. La puerta de entrada principal al edificio, que conduce al patio octogonal central, está orientada al Este, según el eje Andria-Jesusalén. La orientación de esta entradaes sin duda alguna intencionada, y su finalidad era conseguir «una identificación vinculante entre el edificio y el Cosmos, lo divino y lo terrenal. El edificio se convertía así en un reflejo del cielo en la tierra (…)». Hoy, la enigmática «fortaleza» continúa en pie, majestuosa, erigida sobre la misma colina que la vio nacer, sorprendiendo a propios y extraños por su peculiar forma, cobijando entre sus muros oscuros secretos de una época que escapa a nuestra comprensión, y que cada vez se aleja más y más en el tiempo.