La historia económica de la humanidad (contando con las mujeres)

Ático de los Libros publica Económica. Una historia global de mujeres, riqueza y poder, de la economista británica Victoria Bateman, que nos acerca el crucial –e injustamente olvidado– rol económico de las mujeres en el progreso humano.

Óscar Herradón ©

Bateman recorre doce milenios, desde la Edad de Piedra hasta la informática, para demostrar que las mujeres nunca estuvieron ausentes de la economía, sino ocultas en los relatos. Es un libro de divulgación ambicioso, con anécdotas memorables y una tesis que crítica y público ha acogido con entusiasmo.

Bateman enfrenta tres ideas preconcebidas: que la mujer trabajadora es un fenómeno moderno, que la prosperidad fue obra de los hombres y que la producción femenina se limitó durante siglos a la reproducción. El libro (una voluminosa edición en tapa dura con sobrecubierta que quita el aliento) sostiene que las mujeres han estado siempre en el centro del progreso económico como empresarias, comerciantes e industriales. Es el desarrollo natural de The Sex Factor (2019), donde defendía que la libertad de las mujeres fue un factor clave del ascenso económico de Occidente, una tesis que Foreign Affairs describió entonces como una crítica feminista al sesgo masculino de gran parte de la teoría económica.

Un desfile de mujeres olvidadas

Boda de Mahoma con Khadijah.

Y en ello descansa el mayor atractivo del libro. Aparecen Phryne, la mujer más rica de la Atenas antigua, que ofreció pagar la reconstrucción de las murallas de Tebas tras su destrucción por Alejandro Magno; Khadijah, la comerciante que empleó a Mahoma antes de proponerle matrimonio; y Ching Shih, prostituta convertida en pirata que dominó el comercio en el mar de China Meridional. Junto a ellas, Priscilla Wakefield, que fundó el primer banco inglés para mujeres y niños, y la zapatera del siglo XVIII Ann Askew. Y el trabajo anónimo: mujeres que participaron en la construcción de la Gran Pirámide y en la fontanería de la Roma antigua, tejedoras de seda de la Ruta de la Seda y cerveceras que dominaron el comercio londinense medieval.

En una entrevista con The New Feminist, la autora, que ha enseñado historia económica en Oxford y Cambridge y es miembro de la Royal Historical Society, menciona a las mujeres lidias y a las neandertales que eran más cazadoras que recolectoras, y subraya que leemos el pasado desde un guion occidental y patriarcal. Recuerda además una frase de su abuela: las mujeres de clase trabajadora siempre han trabajado. Sostiene que la figura del ama de casa a jornada completa es un invento del siglo XIX, y que la cerveza, hoy asociada a lo masculino, fue durante siglos un negocio de mujeres. Su ejemplo más provocador es el de Roma, donde, según cuenta, mujeres que comerciaban con aceite de oliva por todo el Mediterráneo se vieron empujadas hacia el hogar por las leyes natalistas de Augusto, un movimiento que ella compara con el conservadurismo social actual y con el mito de las tradwives.

Es una mujer singular, y activista: llegó a protestar desnuda en congresos académicos y en directo en televisión, en horas de máxima audiencia, contra el Brexit (en la imagen de la izquierda), que ella misma explicó como una doble protesta contra la sexualización del cuerpo femenino y a favor de reconocer el valor económico que el mercado del sexo le pone. Ante la pregunta de si es valiente, responde que solo es ella misma, con o sin ropa. Económica es una lectura vívida y bien documentada, que gana enteros por las historias, muchas de ellas insólitas, que rescata.

Visionarias, librepensadoras y espiritistas

Almuzara publica el último trabajo de la historiadora Dolors Marín, doctora en Historia Contemporánea, especialista en el movimiento libertario español, un viaje que recupera del injusto olvido a mujeres pioneras de las luchas sociales de 1830 a 1931.

Óscar Herradón ©

Las hermanas Fox.

Marín es autora de otros ensayos como Anarquistas, Clandestinos, Ministros anarquistas o La Semana Trágica, que rescatan del olvido las prácticas asociativas y culturales de quienes no ocuparon los titulares de la gran historia política. Este nuevo libro aplica ese mismo instinto de recuperación a un terreno más resbaladizo: el de las mujeres que, entre 1830 y 1931, buscaron emancipación personal y colectiva a través de vías que hoy suenan extravagantes –el mesmerismo, el espiritismo o la teosofía– pero que en su momento fueron auténticos laboratorios de disidencia. Un enfoque realmente novedoso y magnético.

La tesis de fondo es sencilla y está bien planteada: la ciudad decimonónica, con su asociacionismo obrero y sus ateneos, fue el caldo de cultivo de una generación de mujeres –maestras, editoras, poetas, ilustradoras, escritoras– que encontraron en las corrientes espiritualistas una vía de acceso a la palabra pública que la religión oficial y el republicanismo político les negaban. Algunas de esas mujeres se decantaron después hacia el republicanismo, otras hacia el anarquismo de raíz federal; el libro las sigue en ambas direcciones sin perder de vista el hilo espiritista que las conecta. Es un enfoque que dialoga directamente con lo que la historiadora Mary Nash lleva demostrando desde los años setenta sobre la relación entre feminismo, movimiento obrero y cultura política en la España contemporánea, y con el trabajo de Gloria Espigado sobre el papel de las mujeres en el anarquismo español, que documentó de forma pionera cómo el asociacionismo libertario permitió a estas mujeres una presencia pública inédita para su tiempo.

Pioneras, rebeldes, inconformistas

La figura de Amalia Domingo Soler –escritora y espiritista sevillana que dirigió publicaciones enfocadas específicamente a mujeres desde el espiritismo militante– funciona como eje casi natural del volumen, aunque Marín evita el error de convertir el estudio en una simple galería de retratos individuales. Prefiere reconstruir redes: cómo circulaban estas mujeres entre ateneos, prensa obrera y círculos espiritistas, en una época en la que, como ha señalado la investigadora Marta Nogueroles Jové en su trabajo sobre el espiritismo filosófico en la España del siglo diecinueve, esta corriente estuvo íntimamente ligada al librepensamiento y a la masonería, y gozó de una legitimidad intelectual que hoy resulta difícil de imaginar, antes de que el darwinismo social y el auge de un capitalismo poco dado a discursos integradores la condenaran al descrédito.

Puesto en perspectiva comparada, el libro se beneficia de dialogar más con la historiografía anglosajona sobre el fenómeno, que es considerablemente más extensa. La historiadora británica Alex Owen, en su influyente The Darkened Room: Women, Power and Spiritualism in Late Victorian England (2004), mostró cómo en la Inglaterra victoriana el espiritismo ofreció a las mujeres, a través de la mediumnidad, una autoridad social que subvertía las relaciones de género convencionales, al precio de quedar atrapadas en una feminidad «natural» que la propia práctica espiritista reforzaba; es una tensión –emancipación a través de un rol supuestamente femenino– que también atraviesa el caso español, y que Marín intuye y documenta con buen material de archivo. Visionarias, librepensadoras y espiritistas. Mujeres pioneras de las luchas sociales (1830-1931) es, en ese sentido, más crónica coral que ensayo interpretativo: prioriza sacar a la luz nombres y trayectorias olvidadas –tarea nada menor, y necesaria– frente a la construcción de un marco explicativo tan trabado como el que ofrece la tradición académica angloamericana sobre espiritismo y género.

El resultado es un libro ameno, bien documentado y generoso en voces recuperadas, que cumple su función divulgativa sin renunciar del todo al rigor de archivo que se le exige a una historiadora con la trayectoria de Marín, aunque no es tarea fácil teniendo en cuenta la propia amplitud del proyecto, al abarcar mesmerismo, espiritismo, teosofía, librepensamiento, republicanismo y anarquismo federal bajo un mismo paraguas. Para quien conozca la obra anterior de Marín sobre el anarquismo español, este ensayo se lee como una extensión lógica de su interés por las culturas de la disidencia; para quien llegue sin ese bagaje, funciona sobre todo como una puerta de entrada, generosa en nombres propios, a un capítulo de la historia social española que la historiografía canónica ha tendido a tratar como curiosidad marginal antes que como objeto de estudio serio.

De silenciadas a protagonistas (RBA)

RBA Libros publica el ensayo De Silenciadas a protagonistas. Las mujeres y la política en España (1975-1983), el esperado cierre de la exitosa y necesaria trilogía escrita por la filóloga y escritora feminista española Carmen Domingo.

Óscar Herradón ©

Women protesting with banners demanding freedom, amnesty, and rights.
Imagen generada por IA.

En el anterior post hablamos del Patronato de Protección a la Mujer con motivo de un revelador ensayo que acaba de publicar la Editorial Crítica. Pues bien, si lo que queremos, además de profundizar en la labor represiva de este y otros organismos, es conocer la lucha por los derechos de las mujeres en los años 70, nada mejor que hacerlo de la mano del nuevo libro de la escritora feminista Carmen Domingo, De silenciadas a protagonistas. Las mujeres y la política en España, que acaba de publicar RBA y que comienza precisamente abordando el papel del Patronato de Protección a la Mujer tras hacerlo de los colectivos en clandestinidad.

Pilar Primo de Rivera.

Un ensayo que aborda minuciosamente, con información muy relevante, el periodo comprendido entre 1975 y 1983, cuando ya se hizo efectiva la ansiada democracia, diversas instituciones, como el citado Patronato de Protección a la Mujer, y su justa desaparición, así como otras instituciones falsamente «feministas» de la dictadura, como la Sección Femenina, la rama femenina de la Falange Española Tradicionalista y de las JONS, comandada por Pilar Primo de Rivera, para adentrarse en las sombras de las cárceles (que acabarían por convertirse en espacio de lucha), y encaminarse hacia la luz con las asociaciones vecinales, el Partido Feminista de España o el Movimiento Democrático de Mujeres (MDM), entre otras instituciones que, ahora sí, luchaban por la libertad y emancipación de la mujer.

Reparto de comida de mujeres de la Sección Femenina en Guipúzcoa, 1937.

Con la instauración de la democracia en nuestro país, comenzaron a cristalizar muchos de los cambios reclamados por la sociedad mediante constantes protestas públicas que habían sido duramente reprimidas por el régimen franquista. En estas reivindicaciones, la participación de la mujer es fundamental para entender lo que sucedió en ese periodo que hemos dado en llamar Transición. No solo en cuanto a nombres propios –más de los que aparecen en la mayoría de los libros de historia–; sino también en lo que respecta a las exigencias sociales, estrechamente vinculadas a los roles que las mujeres desempeñaban.

De silenciadas a protagonistas culmina la necesaria trilogía que Carmen Domingo ha dedicado a la implicación de la mujer en la política española del siglo XX (cuyos títulos precedentes fueron Con voz y voto. Las mujeres y la política en España (1931-1939) y Coser y Cantar. Las mujeres y la política en España (1939-1975), ambos publicados en RBA y disponibles en los puntos de venta), un ensayo que es una vívida crónica de una época en que las mujeres volvieron al primer plano de la esfera pública, tras décadas y décadas de oscurantismo en el que fueron mal llamadas –y consideradas– el «sexo débil». Sus intervenciones y su protagonismo en las diversas organizaciones, sindicatos, iniciativas ciudadanas, vocalías vecinales y partidos políticos fueron determinantes para el establecimiento de la democracia en España.