Seres espectrales del viejo Japón

Edelvives publica el nuevo trabajo del genial artista francés Benjamin Lacombe, la adaptación gráfica de varios relatos del escritor y orientalista británico Lafcadio Hearn (1850-1904), un paseo por lo intangible a través de un amplio abanico de seres espectrales de la tradición asiática: Espíritus y criaturas de Japón.

Óscar Herradón ©

Descubrí la prosa de Lafcardio Hearn gracias a una de las editoriales españolas fundamentales de la literatura fantástica y de terror, Valdemar. Fue a través de uno de los volúmenes de su colección gótica, sin ánimo de menospreciar a nada ni a nadie, probablemente el mejor y más completo compendio de literatura oscura publicado en la lengua de Cervantes, abanico de autores y obras gloriosas que aumentan cada año (no tardaremos en bucear en algunos de sus emblemáticos títulos en Dentro del Pandemónium). El volumen en cuestión era Kwaidan. Y otras leyendas y cuentos fantásticos de Japón, con prólogo de mi admirado Jesús Palacios, a quien tuve la oportunidad de entrevistar en su casa en 2005 con motivo del lanzamiento de su libro Hanussen. El Mago de Hitler, que publicó Oberón. Y teniendo en cuenta que las traducciones de dicha editorial son de las mejores, supe que, una vez más, serían fieles a la esencia del original. Fue leerlo, y caer rendido a los pies de Hearn, al que, como tantas veces me ocurre, descubrí tarde (pero a tiempo –espero–).

Pues bien, otra editorial que cuida sus lanzamientos con mimo, la mayoría enfocados al público infantil y juvenil, es Edelvives, y hace unas semanas volví a toparme con Hearn entre sus novedades, en este caso en una preciosa edición ilustrada por Benjamin Lacombe, al que llevaba tiempo siguiendo la pista, pues no es la primera vez que da vida con sus dibujos a la obra del británico. El resultado de la combinación del horror fantástico nipón de Hearn con el colorismo de Lacombe no podía ser más envolvente y magnético, como si hubiesen estado siempre a la espera de fusionarse, aun a pesar de compartir tiempos y lugares muy diferentes. El título en cuestión es Espíritus y criaturas de Japón, nueve relatos basados en la rica, mágica y también oscura mitología del viejo Japón a los que Lacombe pone rostro. Parar de leer es, como me sucedió con Kwaidan, tarea harto imposible. Este volumen sigue a la publicación hace unos meses de Historias de Fantasmas de Japón, también con prosa de Hearn y trazo de Lacombe.

Benjamin Lacombe, colores oníricos

El joven ilustrador y autor francés Benjamin Lacombe (1982) es uno de los máximos representantes de la nueva ilustración francesa, con un arte hipnótico que, acompañado de los textos de Hearn o Poe, pero también de Lewis Carrol o Prosper Mérimee, entre otros, se convierte en una experiencia casi metafísica para aquel que fija la retina en sus imágenes.

Lacombe

Entre las fuentes de inspiración del artista galo se encuentran desde los Prerrafaelistas y el Quattrocento italiano a los primeros pintores flamencos, pero también artistas más contemporáneos como Tod Browning y su universo de «monstruos» humanos plasmados en la visionaria La Parada de los Montruos (Freaks, 1932), el universo gótico de Tim Burton (declarado deudor también de Browning), Fritz Lang y su distópica Metrópolis, pionera en el género de la ciencia ficción en la gran pantalla, Ray Harryhausen y su stop motion, David LaChapelle o Diane Arbus.

Aunque posee un amplio catálogo de obras enfocadas al público juvenil, como las adaptaciones de las dos Alicias de Carroll, ha triunfado con obras para adultos como la citada Espíritus y criaturas de Japón o la «reversión» de los Cuentos Macabros de Edgar Allan Poe en dos volúmenes, con traducciones de Julio Cortázar, ambos publicados en castellano por Edelvives en dos ediciones de infarto, y también la adaptación de Nuestra Señora de París con texto íntegro de Víctor Hugo, que ha cosechado un gran éxito en su edición española, hasta el punto de agotarse.

Con su tono preciosista, imbuido del estilo gótico y caricaturesco de personajes burtonianos de rostros porcelanosos (que parecen a punto de romperse) y grandes ojos melancólicos (sin duda deudores de otra gran influencia del creador de Bitelchús o Eduardo Manostijeras: Margaret Keane, que sirvió de inspiración a su película de 2014 Big Eyes), sus dibujos están llenos de juegos visuales casi oníricos que invitan a la introspección, y que quedan grabados a fuego en nuestra memoria. He aquí el catálogo completo de su rompedora obra en la web de Edelvives:

https://www.edelvives.com/es/info/benjamin-lacombe

SATORI EDICIONES: AMOR POR JAPÓN Y SU CULTURA

Y si lo que queremos es profundizar en todo ese imaginario terrible que cautivó a Lafcadio Hearn, nada mejor que sumergirnos en las páginas de algunos títulos de Satori Ediciones, una editorial que ama Japón y publica lo mejor que llega desde el imperio del sol naciente. En otro post profundizaré en algunos de sus títulos sobre seres terroríficos de la cultura nipona que me han hecho pasar más de una noche en vela, pero de momento recomiendo un par de novedades prodigiosas:

MUSEO YOKAI. LA COLECCIÓN YUMOTO KOICHI

Este formidable volumen, hermosamente ilustrado a todo color, nos descubre a las criaturas más fascinante de la cultura japonesa de manera amena y muy documentada, apoyada en un material visual que corta el aliento: la colección Yumoto Koichi, que atesara unas 3.000 piezas y constituye la mayor muestra dedicada a objetos relacionados con los yokai del mundo. Se puede visitar en el Miyoshi Mononoke Museum, que abrió sus puertas en abril de 2019. La colección debe su nombre a Yumoto Koichi (1950), ex director del departamento de conservación del Museo de la Ciudad de Kawasaki, un incansable buscador e investigador de este fascinante campo de la mitología japonesa.

Los yokai (espectro, espíritu o demonio) pueblan el folclore japonés, y son una amplia variedad de monstruos y seres sobrenaturales. Han servido de inspiración y tema recurrente en el arte nipón desde el siglo XVII hasta la actualidad debido a sus formas únicas y sus infinitas posibilidades creativas. La Colección Yumoto Koichi incluye desde rollos ilustrado e-maki, dibujos policromados nishiki-e y todo tipo de libros (algunos rarísimos), hasta kimonos, fajines obi, colgantes, fundas para dagas y numerosos objetos de la vida cotidiana. Se incluyen también documentos del periodo Edo (1603-1868) –también conocido como periodo Tokugawa–, uno de los más florecientes de Japón.

Se cuenta con detalle su historia y se muestra un gran número de sus objetos en el volumen editado por Satori, a través del cual podemos conocer las criaturas sobrenaturales de su rico folclore a través del arte. He aquí la forma de adquirirlo en papel en su web:

https://satoriediciones.com/libros/museo-yokai/

VISIONES DEL MAL EN JAPÓN

Para profundizar aún más en este rico tapiz de seres mitológicos y terroríficos, de mano de Satori también tenemos Visiones del mal en Japón. Fantasmas, demonios y yokai en las obras maestras del ukiyo-e, que ya destacamos en su momento en las páginas de Año/Cero-Enigmas, una recopilación escalofriante de seres sobrenaturales representados en las obras más importantes del grabado japonés, con excelentes reproducciones a todo color de más de 120 grabados, el mejor complemento para el citado título Museo Yokai.

El libro presenta las ilustraciones más icónicas y espectaculares de yurei (espectros), oni (demonios), kaijin (hechiceros) y yokai (monstruos sobrenaturales) acompañadas de una introducción básica a la historia de cada criatura. Una imagen clara y aterradora del mundo de las sombras japonés, cuyos seres sobrenaturales han pervivido a lo largo de los siglos e influenciado numerosos géneros artísticos, incluidos el manga y los videojuegos. He aquí el enlace para adquirirlo (no os arrepentiréis):

https://satoriediciones.com/libros/visiones-del-mal-en-japon/

ENCICLOPEDIA YOKAI

Y si todavía alguien se queda con ganas de más (lo que no sería raro), Satori también publicó hace tiempo los dos volumenes de la Enciclopedia Yokai, la obra maestra del genio del manga Shigeru Mizuki de la que también nos hicimos eco en las páginas de la revista, en unas ediciones profusamente ilustradas.

A boy walking: los inicios folk de Bob Dylan

Hace unos días Bob Dylan cumplía 80 años, y el icono contestatario de la música del siglo XX lo hacía en un mundo algo más justo que en los tiempos de su canción-protesta, aunque no demasiado. Ahora, un libro recorre la escena musical de sus primeros años en la escena folk de la década de los sesenta.

Óscar Herradón ©

Algo más justo, pero no, no demasiado. Los migrantes continúan siendo chivos expiatorios de las crisis y las conspiraciones, los homosexuales (que en países como el nuestro han conquistado derechos que ni el propio Dylan habría imaginado allá por los años 60) son perseguidos, intimidados, encarcelados e incluso condenados a pena de muerte en tantos otros sitios (hoy, según ILGA, la Asociación Internacional de Lesbianas, Gays, Bisexuales, Transexuales e intersexuales, en 12 países), y los derechos sociales y laborales de los sesenta y setenta… ¡eran si cabe mejores que los de ahora! (quitamos el «si cabe»).

No está la Guerra de Vietnam, pero sus EEUU han batallado hasta la extenuación en otros rincones, por otras causas más (o menos) justas, con enemigos de distinto nombre y diversa vestimenta. En 2021 el conflicto prende en todos los rincones: de Siria a Yemen, del Sahel a la República Centroafricana. No, no hemos cambiado demasiado, quizá lo haya hecho el tío Bob.

El señor Dylan en 2011, unas cuantas décadas después de empazar

Me dobla la edad, y aún así, siento que me hago viejo al tiempo que el señor Dylan se hace (se ha hecho) también. Y una infinidad de los temas grabados a lo largo de más de sesenta años en la carretera continúan siendo himnos generacionales. Lo fueron de nuestros abuelos, ahora lo son de nuestros hijos…

El «antisistema» es hoy Premio Nobel de Literatura (uno de los más polémicos de la historia del certamen sueco, que se lo digan a Mario Vargas Llosa), ha recibido de manos de Obama la medalla presidencial (fue en 2012) y no es millonario, sino lo siguiente: el año pasado vendía los derechos de todos sus discos a la Universal en un acuerdo «discreto» que se presume en unos 400 millones de dólares de beneficio para el cantautor. Tampoco ha escapado a la crítica (a veces visceral) ni a los escándalos personales, a pesar de mantener un halo de misterio eterno sobre su vida privada. Antes de separarse de su primera esposa, Sara Lownds, ésta le acusó de no cuidar a sus hijos y de estar siempre borracho, también de agresión, una agresión que él mismo reconoció a la prensa porque ella le había dado «un cigarrillo de marihuana a nuestro hijo Tom». Y eso que siempre se dijo que Dylan fue quien inició a los Beatles en los deleites del cannabis

Pero a pesar del acomodo y el lujo, la fama de Robert Allen Zimmerman (nombre con el que le bautizaron sus padres, que pertenecían a una reducida comunidad judía) continúa inalterable, también la de provocador y desafiante –al punto de la desesperación para aquellos objeto de sus iras–. Como en los tiempos en que el folk le llevó a lo más alto, aquella década de los derechos civiles, los eslóganes contra Vietnam y los porros de tamaño más que considerable.

BREAKING NEWS!

En relación a su música, y concretamente a sus inicios folk, la Fundación José Manuel Lara (Grupo Planeta) ha publicado recientemente un magnífico libro, para fans, pero también para neófitos, sobre los primeros pasos del autor de «Like a Rolling Stone»: A boy walking. Bob Dylan el Folk Revival de los sesenta, firmado por el periodista onubense Jesús Albarrán Ligero. Un recorrido muy documentado y amenísimo por aquella primera etapa que mezcla biografía, autobiografía, ensayo y literatura. Además de proponer un estudio de la ingente obra, vida e influencias de Dylan, el texto retrata con escrupulosidad quirúrgica el ambiente que se respiraba en una época convulsa que marcaría al genio norteamericano, y por ende a toda la sociedad occidental de la segunda parte del siglo XX. Un esquivo y preciso cuaderno de bitácora donde se unen, como en una suerte de comunión mística, la guitarra, el viaje en su más pura esencia y lo inesperado, y que mereció, no sin notables méritos, el Premio Manuel Alvar de Estudios Humanísticos 2020.

He aquí la forma de adquirirlo mientras continúa (esperemos) soplando el viento:

https://www.planetadelibros.com/libro-a-boy-walking-bob-dylan-y-el-folk-revival-de-los-sesenta/313716

Operación Overlord: los secretos del Desembarco de Normandía (II)

Fue el episodio clave que daría inicio a la fase final de la guerra en Europa y el principio del fin del Tercer Reich. Dejando al margen las derrotas infligidas por los soviéticos a los alemanes en Stalingrado o Kursk, sin las que el avance por el Este hacia Berlín habría imposibilitado la victoria, los aliados asestaron un golpe mortal a la Alemania nazi el 20 de junio de 1944, el conocido como «Día D». Un impresionante contingente de fuerzas británicas y norteamericanas desembarcaron en el continente para avanzar sin parangón hacia el corazón del régimen nacionalsocialista.

Óscar Herradón ©

Para preparar la que acabaría por ser la operación estratégica más importante de la historia bélica, la Marina Real Británica tomó posesión del edificio de Southwick House, una soberbia mansión con fachada de estuco y entrada porticada, en 1940. Se hallaba a unos 8 kilómetros al sur de la base naval de Portsmouth y en sus fondeaderos había todo tipo de embarcaciones destinadas al que habría de ser conocido como «el día más largo», programado, en un principio, para el 5 de julio de 1944: buques de guerra, barcos de transportes y centenares de barcas de desembarco que inmortalizaría años después el cine bélico, que encontró en aquella colosal operación un verdadero filón.

Los hermosos jardines de la mansión estaban ahora plagados de barracones, tiendas de campaña y caminos de ceniza. Se trataba del Cuartel General del almirante sir Bertram Ramsay, comandante en jefe de las fuerzas navales para la invasión de Europa, así como el puesto de mando avanzado del SHAEF (Supreme Headquarters Allied Expeditionary Force, «Cuartel General Supremo de las Fuerzas Expedicionarias Aliadas»). En las estribaciones de Porsmouth se habían colocado estratégicamente baterías antiaéreas cuya misión era defender la zona, así como un arsenal naval a los pies de la montaña, ante posibles incursiones de la Luftwaffe, que tantos estragos había causado hasta entonces.

Sir Bertram Ramsay

El general Eisenhower ordenó al equipo meteorológico al servicio del Cuartel General, bajo las órdenes del Dr. James Stagg, recién nombrado capitán de grupo de la RAF (fuerza aérea británica) para evitar conflictos por «intrusismo» entre los herméticos cuadros militares, previsiones meteorológicas para tres días que debían consignarse todos los lunes para ser contrastadas posteriormente con la realidad. Nada podía quedar al azar, puesto que la marejada en el Canal de la Mancha a causa del mal tiempo podía mandar a pique las lanchas de desembarco, atestadas de soldados apiñados a bordo. De hecho, el día 1 de junio, un día antes del fijado para que los buques de guerra zarparan de Scapa Flow, en el noroeste de Escocia, las estaciones meteorológicas indicaban que se estaban formando áreas de depresión al norte del Atlántico que podrían dificultar mucho las cosas. Para más inri, los expertos meteorológicos ingleses y norteamericanos no se ponían de acuerdo sobre sus previsiones en un tiempo en el que no había satélites capaces de arrojar informaciones certeras.

Tanto Eisenhower como Churchill estaban sumidos en un estado de «nerviosismo previo al Día D», razonable teniendo en cuenta lo que se jugaban en aquella ofensiva secreta: si triunfaba, asestarían el primer golpe mortal a Hitler; si fracasaba, todo sería incierto y casi con seguridad la guerra se prolongaría mucho más tiempo, una guerra que ya había costado millones de bajas.

Preparativos de Overlord (Source: Wikipedia).

Lo más importante en todo momento, la mayor preocupación, había sido mantener el secreto de las operaciones. Gran parte de la costa meridional inglesa estaba cubierta de campamentos militares conocidos como «salchichas», donde las tropas de invasión permanecían aisladas, sin contacto con el exterior, aunque solo en la medida de lo posible, puesto que muchos soldados saltaban las alambradas para encontrarse con sus novias y esposas o tomar una última copa. La posibilidad de que se produjesen filtraciones era muy elevada. Por ejemplo, un general estadounidense de las fuerzas aéreas fue enviado a casa con deshonra por haber revelado la fecha de la denominada «Operación Overlord» en el curso de una fiesta en el Claridge.

Según refiere el historiador Antony Beevor en su exhaustivo estudio sobre aquellos días previos al que sería denominado por Rommel como «el Día más Largo», entonces existía el riesgo de que en Fleet Street se notara la ausencia de los periodistas británicos invitados para acompañar a las fuerzas invasoras y cubrir e inmortalizar aquel glorioso momento. Tanto ingleses como alemanes sabían que el Día D era inminente, pero existía la duda sobre cuál la fecha exacta y dónde tendría lugar el desembarco, algo que había que ocultar al enemigo a toda costa. Era la conocida como «Operación Boydguard» (Guardaespaldas), que contaría con distintas ramificaciones orientadas a confundir a los ejércitos de Hitler para que culminara con éxito la invasión de Europa.

Tanques falsos de la operación de engaño Bodyguard.

El origen de esta operación puede rastrearse hasta la conferencia de Teherán, en noviembre de 1943, el primero de los encuentros de los «Tres Grandes» donde se reunirían Churchill, Roosevelt y Stalin para orquestar el ambicioso plan de invadir el Viejo Continente que en principio tendría lugar en mayo de 1944 (finalmente se retrasaría un mes), con el general Eisenhower como comandante supremo aliado y Montgomery como comandante de las fuerzas terrestres aliadas para el ataque a través del Canal de la Mancha.

Operación Long Jump

Skorzeny

Precisamente, durante dicha reunión, que debía celebrarse en la Embajada de la Unión Soviética en Teherán, estuvo a punto de producirse un atentado contra figuras de tal envergadura del mando aliado. Hitler, a través de sus servicios secretos, había planeado minuciosamente el golpe durante la cumbre: la idea principal era asesinar a Churchill y a Stalin y tomar como rehén a Roosevelt para poder pactar condiciones en caso de que el Tercer Reich lo necesitara –y por aquellas fechas ya era cada vez más evidente que la contienda estaba en contra de los alemanes–, en una operación clandestina de nombre en clave «Salto de Longitud» (Long Jump en inglés, Weitsprung en alemán), orquestada por Ernst Kaltenbrunner, tras haber interceptado un codificado de la Armada estadounidense. El comando encargado del magnicidio, que sería comandado por un oscuro personaje, el jefe superior de unidad de asalto –Obersturmbannführer– SS Otto Skorzeny, conocido ya de los lectores de «Dentro del Pandemónium», a la desesperada, tenía también autorización para acabar con la vida del presidente estadounidense. Sin embargo, el plan alemán para la conferencia se puso en conocimiento de los servicios de Inteligencia soviéticos, uno de los más efectivos en la contienda, que eran los responsables de controlar y garantizar la seguridad en suelo iraní en virtud del Tratado de amistad rubricado entre la URSS y Persia de 1921.

Los «Tres Grandes» en la Conferencia de Teherán.

El encargado de sabotear el plan fue el joven espía de 19 años Gevork Vartanián, que llevaba desde los 16 trabajando en las filas del NKVD –su propio padre trabajaba como espía soviético bajo la fachada de rico comerciante armenio en Persia (actual Irán)–. Vartanian, de nombre en clave «Amir», conocía bien el oficio y en 1943 ya había ayudado a descubrir a más de 400 espías nazis camuflados entre los alemanes que vivían en Irán. El joven ruso fue capaz de interceptar una señal radiofónica en la que detectó los mensajes que se entercambiaban entre el Estado Mayor alemán y los seis paracaidistas alemanes, liderados por «Caracortada», que habían sido lanzados sobre suelo iraní para perpetrar el doble magnicidio y el secuestro.

Vartanian

La orden que Gevork y sus compañeros de equipo habían recibido de Moscú era peinar todo Teherán hasta dar con la emisoria de radio clandestina que recibía las consignas desde Berlín, en agotadoras jornadas de 18 horas. Fue tan minucioso el registro que llevaron a cabo los rusos, que los alemanes se sintieron acorralados. Cuando se produjo la detención de varios colaboradores de los nazis, y Gevork Vartanián logró localizar todas y cada una de las frecuencias utilizadas por los germanes en sus comunicaciones, el plan fue cancelado, y el comando alemán decidió esperar a que se celebrase la Conferencia, entre grandes medidas de seguridad, e intentar llevar a cabo el atentado in extremis, en el transcurso de la vuelta de los mandatarios a sus respectivos países, el 2 de diciembre. Sin embargo, tampoco aquí pudieron lograrlo y varios miembros del comando fueron apresados gracias al espía soviético y a su grupo. De esta forma, los «Tres Grandes» se salvaron de la que podría haber sido una muerte segura que probablemente hubiese cambiado el curso de la guerra.

La identidad de Vartanián, condecorado como Héroe de la Unión Soviética, se mantuvo en secreto hasta el año 2000, en que recibió el merecido reconocimiento por haber detenido el complot del atentado. Moría el 10 de enero de 2012 en Moscú, según recogía el diario El Mundo el día después del suceso.

Este post tendrá una inminente continuación en «Dentro del Pandemónium».

PARA SABER ALGO (MUCHO) MÁS:

BEEVOR, Antony: El día D. La batalla de Normandía. Crítica, 2010.

CARDONA, Pere y P. Villatoro, Manuel: Lo que nunca te han contado del Día D. Principal de los Libros 2019.

HERRADÓN, Óscar: Expedientes Secretos de la Segunda Guerra Mundial. Luciérnaga,

MACINTYRE, Ben: La historia secreta del Día D: la verdad sobre los superespías que engañaron a Hitler. Crítica, 2013.

BREAKING NEWS!

Hace unos días, la editorial La Esfera de los Libros contraatacaba con una nueva y suculenta novedad nada menos que del prestigioso historiador británico de la Segunda Guerra Mundial Max Hastings, que ya va por su segunda edición. El libro es Overlord. El día D y la batalla de Normandía y el título hace referencia al nombre en clave de aquella colosal operación de desembarco y conquista, «Señor Supremo», orquestada por los servicios de inteligencia británicos y norteamericanos para engañar a la Wehrmacht.

El señor Hastings

Esta monografía se suma a una lista de magníficos trabajos sobre el asunto, entre los que destacan principalmente dos, los de Antony Beevor y Ben Macyntire, y podríamos decir que se trata, al menos de momento, del trabajo definitivo sobre el Desembarco, completamente actualizado con datos e informes recientemente desclasificados y una contrastación de fuentes ingente e impecable. Un texto monumental que abarca tanto los preparativos como analiza los escenarios (cada una de las playas, los parapetos, los búnkeres, el camino francés hacia el continente…), las operaciones de inteligencia desplegadas por ingleses y estadounidenses para facilitar el Desembarco y engañar a los ejércitos de Hitler con otro punto de invasión (entre otros, Calais), la contraofensiva alemana y el coste indescriptible en vidas, así como la enorme destrucción material. Una completa edición que incluye un prólogo a la edición española, numerosos mapas que muestras los desembarcos aliados entre el 6 y el 9 de junio, y otros momentos clave como la batalla por Villers-Bocage, la Operación Epsom (la ofensiva británica también conocida como Primera Batalla del Odón), la Operación Goodwood (ya en julio) o la Operación Cobra (nombre en código de la operación aliada lanzada por el Primer Ejército de Estados Unidos siete semanas después del Día D), entre otras, así como exhaustivos apéndices con una cronología detallada, el Orden de batalla aliado, las Fuerzas disponibles en el llamado Teatro Europeo de Operaciones (ETO por sus siglas en inglés) para la operación Overlord Día D e incluso las Fuerzas terrestres alemanas encontradas por los Aliados en Normandía. Imposible brindar una mayor fuente documental.

Como la historia es cambiante, y sobre todo en un asunto tan descomunal como la guerra más devastadora de todos los tiempos, no dejan de aparecer nuevos testimonios o de desclasificarse documentos que se creían perdidos, o blindados, o simplemente se desconocía su existencia, lo que nos obliga a cambiar una y otra vez lo comúnmente aceptado sobre un asunto, sobre un hecho (por decisivo que fuera, como es el caso de aquel «Día más largo»). Por ello, en un escenario vivo y cambiante aunque sucediera hace 80 largos años, con el tiempo no será extraño que surjan nuevos trabajos reveladores. Por ahora, éste de Hastings (autor de obras emblemáticas como Armagedón. La derrota de Alemania, 1944-1945, La Guerra de Churchill: la historia ignorada de la Segunda Guerra Mundial o Némesis. La derrota del Japón, 1944-1945, entre otras), es el más completo y novedoso hasta el momento.

La voz autorizada de John Keegan, de The New York Times Book Review, ha dicho de él: «El relato de Max Hastings sobre la batalla no sería indigno de coincidir con el de los mejores periodistas y escritores que la presenciaron. Un homenaje a sus habilidades como historiador».

He aquí la forma de adquirirlo:

http://www.esferalibros.com/libro/overlord/

UN MUNDO EN LLAMAS

Y para una visión global no solo del Desembarco y del conjunto de la gigantesca –y compleja– Segunda Guerra Mundial, sino del origen de su desencadenamiento: la Gran Guerra, el auge de los totalitarismos, el Tratado de Versalles, la humillación de los vencedores de la Primera Guerra Mundial a los alemanes, las desorbitadas reparaciones de guerra (que se hayan en la base mismo del nacimiento del Partido Nazi), nada mejor que sumergirse en las amenas páginas del ensayo Un Mundo en Llamas. Una breve historia entre 1914 y 1945, del veterano periodista Fernando Cohnen, un libro introductorio y de muy fácil lectura para tener una idea global de la turbulenta historia de la primera mitad del siglo XX.

Un recorrido por episodios clave como el Crack bursátil del 29 y la devastadora crisis que causó (agudizando, en países como Alemania, una decadencia largamente instalada en la sociedad y la economía) o el auge de populismos en países como Alemania e Italia, pero también en España (que acabarían desencadenando, en gran parte, la Guerra Civil, cuyo certero análisis también tiene cabida en este completo libro) que recuerda a lo que hoy vivimos en pleno siglo XXI. Un ensayo breve pero contundente recientemente editado por Crítica (Grupo Planeta) y que podéis conseguir en el siguiente enlace:

https://www.planetadelibros.com/libro-un-mundo-en-llamas/320860