Aquí se pudren los reyes de España (II)

Es uno de los rincones más herméticos del majestuoso monasterio de El Escorial, en la localidad madrileña del mismo nombre. Se conoce como el Pudridero Real, y es uno de los lugares que recogen Gorka López de Munain y Miriam Beltrán Valiente en el ensayo España Macabra. La cultura de la muerte entre el Medievo y la Modernidad, que acaba de publicar Desperta Ferro Ediciones.

Óscar Herradón ©

El actor Paul Naschy, referente del cine de terror patrio durante décadas, quien falleció en 2009, refirió en sus memorias una anécdota que tenía que ver con el pudridero. Según dejó escrito, durante un rodaje para una productora japonesa de unos documentales sobre historia de España, se perdió y acabó en aquella tétrica estancia –no cuenta cómo logró entrar allí, si supuestamente estaba cerrada–, en la que recordó haber respirado un olor nauseabundo, el de dos cuerpos en descomposición. Puesto que existe una cancela cuya llave la guardan con mimo los agustinos, sus únicos propietarios, es de suponer que se la enseñaron debido a su prestigio.

Sin embargo, lo que vio Naschy no fue el pudridero en sí, sino una estancia abovedada, porque hay un tabique que nadie puede atravesar realizado por los operarios cuando comienza y culmina el proceso de descomposición. El actor afirmó que olía fatal, y no es de extrañar porque, a pesar del tabique, existe una ventana de ventilación, y en el momento en que hizo aquella «visita», hacía poco tiempo que habían introducido allí el cadáver de la condesa de Barcelona. Quién sabe, aunque en los mentideros de Internet los internautas no se ponen de acuerdo en este punto, ni sobre la fecha ni sobre los cuerpos que debían permanecer en la estancia.

Entonces, ¿por qué se pueden hallar en internet fotos que dicen ser del Pudridero, donde se ven varios ataúdes? La razón es que esa imagen pertenece a la antesala de «pasos perdidos», donde se encuentran los féretros vacíos de los cuerpos que ya han sido depositados en el lugar. Tan solo la pared tapiada del fondo que puede apreciarse corresponde al Pudridero en sí, puesto que está prohibido realizar fotografías, lo que continúa contribuyendo a aumentar su aura de misterio.

Sarcófagos regios

Don Juan.

En 24 de sus 26 sarcófagos descansan todos los soberanos de España fallecidos desde Carlos I, así como las reinas madres de reyes, con algunas excepciones. Los dos que están vacíos esperan para albergar los cuerpos de los condes de Barcelona, Don Juan de Borbón y María de las Mercedes, que en la actualidad se encuentran en el pudridero, ya que su hijo, Juan Carlos I, quiso honrarlos con exequias reales a pesar de no haber ostentado nunca la Corona de España por decisión del dictador Francisco Franco.

La reina Victoria Eugenia.

Los restos de la abuela del rey emérito, Victoria Eugenia de Battenberg, esposa de Alfonso XIII, fueron trasladados en octubre de 2011 al Panteón de los Reyes, ocupando el sarcófago número 24, frente a Alfonso XIII, situado bajo la de su suegra, la reina María Cristina, esposa de Alfonso XII, esposa y madre de reyes ambas, como reza la tradición para ocupar tan luctuoso honor. Su cadáver fue repatriado en 1985 por decreto real, aunque había fallecido en Lausana en 1969, permaneciendo en la antesala del panteón, el citado Pudridero, durante 26 años hasta su traslado al sarcófago. Hoy permanecen en la tétrica sala del Pudridero los cuerpos de don Juan de Borbón y María de las Mercedes, que descansan en el Monasterio de El Escorial desde abril de 1993 y enero de 2000 respectivamente.

Panteón de Infantes.

Por su parte, el llamado Pudridero de los Infantes alberga a día de hoy los cuerpos de Jaime de Borbón – segundo hijo de Alfonso XIII–, Luis Alfonso de Baviera y Borbón e Isabel Alfonsa de Borbón y Borbón –ambos nietos de Alfonso XII–. Los últimos infantes en abandonar aquel sitio de tránsito mortuorio fueron Alfonso de Borbón Dos Sicilias y el hermano de Juan Carlos I, Alfonso de Borbón y Borbón. Estos fueron los últimos en ser trasladados al Panteón de inmaculado mármol blanco destinado a príncipes, infantes y reinas que no fueron madres de reyes. Actualmente aún permanecían 24 tumbas vacías…

Un nuevo panteón en el horizonte

El rey emérito.

En la actualidad, surge el debate de qué ocurrirá con Juan Carlos I y doña Sofía tras su deceso. Y es que el rey emérito, que se encuentra residiendo en Abu Dabi (sitio bastante agitado en medio de la guerra de Irán) y ha manifestado su deseo de regresar a España, ya tiene 88 años de edad, y su esposa 87. Y es que una vez que los padres de don Juan Carlos abandonen el Pudridero y ocupen sus respectivos féretros en el Panteón de los Reyes, los 26 habrán sido ocupados y los reyes eméritos deberán buscar otro mausoleo para su descanso eterno. De momento, no sabemos cuál será la elección, o si se podrá realizar algún tipo de remodelación –poco probable– en el monasterio filipino. Hasta ahora, una de las posibilidades que tiene mayor peso es la de que se decanten por su descanso eterno en la Catedral de la Almudena.

Doña Sofía.

Según se hacía eco en 2018 el diario El Español, al parecer Patrimonio Nacional ya está buscando una solución a este problema. Mientras, como digo, se baraja la posibilidad de habilitar un espacio en la cripta de la catedral de La Almudena para albergar el cuerpo de Juan Carlos I. En cuanto a su esposa, la reina emérita, doña Sofía ha manifestado en alguna ocasión que le gustaría que sus restos fuesen repatriados a su tierra natal, Grecia. La incógnita sigue en el aire.

Sepulcro de los Reyes Católicos, y de Felipe el Hermoso y Juana I.

Informaciones más recientes, de marzo de este 2026, sugieren que el Rey Emérito ha manifestado su deseo de ser enterrado en la Capilla Real de Granada, junto a los Reyes Católicos, según han confirmado fuentes de su entorno y sus últimos biógrafos. El debate sobre qué pasará con sus restos en relación con el Escorial se avivó de nuevo cuando, en septiembre de 2024, durante una de sus escalas en España, Juan Carlos I realizó una visita «secreta» al monasterio. Curiosamente, según revelaba a El Español Marina Fernández, directora del Grupo Escuela Internacional de Protocolo, el mismo Rey Emérito «sentó un precedente cuando aprobó que su padre, don Juan de Borbón, el conde de Barcelona, fuera enterrado en la Cripta de El Escorial sin haber sido formalmente rey de España».

Ahora mismo Juan Carlos I no es rey reinante, sino formal king (rey emérito), pero según sus directrices en relación con su progenitor, debería ser enterrado allí. El problema, como ya hemos señalado y también matizaba al citado rotativo Marina Fernández, es la falta de espacio: «el problema es que el Panteón de los Reyes del Monasterio de El Escorial está completo. No hay sitio. Y, además, es esa decisión de don Juan Carlos, la de enterrar a sus padres en el Panteón de los Reyes, la que le deja sin sitio a él y a la reina Sofía»; y añade: «Hay que buscar otro sitio y no hay nada cien por cien definido. Se baraja la posibilidad de ampliar el Panteón, de hacer una especie de cripta adyacente porque no caben Juan Carlos, Sofía, ni tampoco Felipe y Letizia… ampliar sería la idea primaria, pero de momento nada se sabe».

Y es la propia experta quien matiza que, efectivamente, los cuerpos de los condes de Barcelona, padres del Emérito, continúan en el Pudridero, probablemente a donde sean trasladados los restos de Juan Carlos I. Se calcula que entre 25 y 40 años es el tiempo que se necesita para que sea eliminada la humedad y el mal olor de los cuerpos, con el objetivo final de momificarlos finalmente.

¿Qué encontraremos en España Macabra. La cultura de la muerte entre el Medievo y la Modernidad?

La muerte siempre ha generado angustia, miedo e incertidumbre. Es inevitable, impredecible y, por encima de todo, indomable. Sin embargo, los seres humanos tenemos a nuestro alcance una herramienta poderosa y que no hemos dejado de utilizar a lo largo de los siglos: las imágenes. Con ellas podemos materializar nuestros miedos, exorcizarlos e incluso escenificar el destino que nos aguarda más allá de la vida. España macabra. La cultura de la muerte entre el Medievo y la Modernidad recorre las diversas estrategias con las que las personas nos hemos enfrentado a la muerte a través de una amplia selección de obras de arte medievales y modernas, tratando así de responder a una pregunta que no dejará de sobrevolarnos: ¿por qué se puso un énfasis tan marcado en crear imágenes sangrientas y crudas en lo formal y de tono melancólico en lo emocional?

Los autores de este libro, Gorka López de Munain y Miriam Beltrán Valiente, buscan desentrañar los mecanismos de lo macabro, comprender qué hay detrás de los cuerpos lacerados, las vísceras desparramadas o los borbotones de sangre que han salpicado las pinturas de vanitas o las esculturas de los santos mártires a lo largo de la historia. Para ello, hemos propuesto un viaje por la España más macabra, atravesando claustros, capillas, conventos, museos y cementerios, o panteones como el citado de El Escorial, con su singular Pudridero, tras los ecos de una estética que, a través de mecanismos cambiantes y refractarios a una definición cerrada, sigue agitando nuestras emociones. Veremos así cómo, de manera inesperada, el recurso a lo macabro terminará por encima de todo siendo una llamada de esperanza: Ubi est, mors, victoria tua? «¿Dónde está, muerte, tu victoria?».

*Texto publicado en su forma original en la revista Historia de Iberia Vieja.

Orquestando el Día D. Los secretos del Desembarco de Normandía (II)

Fue un momento crucial en el desarrollo de la Segunda Guerra Mundial y a la hora de doblegar a las fuerzas de Hitler en el viejo continente. Ahora que Ático de los Libros publica el ensayo Normandía 1944, del prestigioso historiador y escritor británico James Holland, recordamos algunas anécdotas de aquella sangrienta y heroica jornada que cambió la historia para siempre.

Óscar Herradón ©

Lo más importante en todo momento, la mayor preocupación, había sido mantener el secreto de las operaciones. Gran parte de la costa meridional inglesa estaba cubierta de campamentos militares conocidos como «salchichas», donde las tropas de invasión permanecían aisladas, sin contacto con el exterior, aunque solo en la medida de lo posible, puesto que muchos soldados saltaban las alambradas para encontrarse con sus novias y esposas o tomar una última copa –para muchos, por desgracia, así sería–. La posibilidad de que se produjesen filtraciones era muy elevada (por ejemplo, un general estadounidense de las fuerzas aéreas fue enviado a casa con deshonra por haber revelado la fecha de la denominada Operación Overlord en el curso de una fiesta en el Claridge londinense).

Rommel con Hitler en 1942.

Entonces existía, según refiere Beevor en su exhaustivo estudio sobre aquellos días previos al que sería denominado por el general alemán Erwin Rommel, encargado de la defensa de Normandía, como «el Día más Largo», el temor de que en Fleet Street se notara la ausencia de los periodistas británicos invitados para acompañar a las fuerzas invasoras y cubrir e inmortalizar aquel glorioso momento. Tanto ingleses como alemanes sabían que el Día D era inminente, pero existía la duda sobre cuál sería la fecha exacta y dónde tendría lugar el desembarco, algo que había que ocultar al enemigo a toda costa. Era la conocida como Operación Bodyguard, que contaría con distintas ramificaciones orientadas a confundir a los ejércitos de Hitler para que culminara con éxito la invasión de Europa.

Teherán: el pistoletazo de salida

El origen de esta operación puede rastrearse hasta la conferencia de Teherán, en noviembre de 1943, el primero de los encuentros de los «Tres Grandes» donde se juntarían Churchill, Roosevelt y Stalin para orquestar el ambicioso plan de invadir el Viejo Continente que en principio tendría lugar en mayo de 1944 (finalmente se retrasaría un mes), con el general Eisenhower como comandante supremo aliado y Montgomery como comandante de las fuerzas terrestres aliadas para el ataque a través del Canal de la Mancha.

Churchill con Roosevelt en Yalta.

Parece ser que durante la conferencia, al menos así nos lo ha transmitido la historia de aquel encuentro, Churchill se volvió hacia Stalin y profirió uno de sus típicos comentarios metafóricos que se convertiría en una suerte de mito: «En tiempos de guerra, la verdad es tan preciosa que siempre debería estar protegida por una sarta de mentiras». Stalin le contestó, secamente: «Esto es lo que llamamos astucia militar». La invasión del Día D, efectivamente, iba a estar protegida y ayudada por una campaña gigantesca, un conjunto de mentiras –a cuál más ingeniosa– para ocultar la verdad. En reconocimiento por la observación del premier británico, se bautizó a la empresa con el nombre en clave de Bodyguard (Guardaespaldas), si es que no se trata de otro más de esos abundantes episodios apócrifos que salpican los libros de historia y se dan por verdaderos.

El objetivo principal de la Operación Bodyguard era engañar a los alemanes para que creyeran que la invasión llegaría a un punto que no era, y que no llegaría al lugar que era, en palabras de Ben Macintyre: «Y aún más, para asegurarse de que esas tropas que se estaban preparando para rechazar la falsa invasión no eran desplegadas para repeler la auténtica, el engaño debía mantenerse después del Día D». La llamada «Operación Carne Picada» sirvió para facilitar los desembarcos en Sicilia en 1943. El objetivo ahora era justo el contrario: un año antes se había logrado convencer a los alemanes de que el objetivo más probable no era el objetivo real. Ahora el propósito era hacer creer a Hitler que el objetivo más verosímil era el objetivo.

En la actualidad el Día D aparece, con cierta aura mítica, como una victoria monumental, algo, en retrospectiva, como históricamente inevitable. Sin embargo, en aquel momento no parecía tan claro y los aliados tuvieron no pocas dificultades a la hora de llevarla a cabo: los ataques anfibios, como señala el citado Macintyre, estaban entre las operaciones más difíciles de la guerra y, además, los alemanes habían construido una denominada «zona de la muerte» a lo largo de toda la costa francesa, con una profundidad de más de ocho kilómetros, una pista de obstáculos letal hecha de alambre de espino, cemento y más de seis millones de minas, tras la cuales había emplazamientos de artillería y puestos de ametralladoras y búnkeres.

Sir Alan Brooke.

El Muro Atlántico parecía impenetrable y no eran pocos los militares escépticos acerca del éxito de la operación. El mariscal de campo sir Alan Brooke, jefe del Estado Mayor imperial, llegaría a decir: «Puede ser perfectamente el más terrible desastre de toda la guerra». Había que controlar el elemento sorpresa, probablemente el más complicado de mantener, a toda costa. Solo había un puñado de lugares adecuados para un desembarco masivo en aquella zona. En palabras de uno de los planificadores, según recoge John C. Materman en The Double Cross System in War, «era completamente imposible ocultar el hecho de que el ataque principal tendría lugar en algún punto entre la península de Cherburgo y Dunquerque».

Calais… un trampantojo

Calais destruida por los Stukas en junio de 1940.

El objetivo más obvio era el paso de Calais, en el noroeste, la región más cercana a la costa británica. Además, los puertos de aguas profundas de Calais y Boulogne podían ser abastecidos fácilmente así como reforzados una vez tomados por los aliados, y la cabeza de puente en Calais ofrecería la ruta más directa para una marcha de los ejércitos invasores hacia París y el corazón industrial alemán en el Ruhr. De hecho, el propio Hitler había identificado aquella región como el objetivo más probable: «Es ahí donde el enemigo debe atacar y atacará, y es ahí –a menos que todos los indicios sean engañosos– donde tendrá lugar la batalla decisiva contra las fuerzas de desembarco». Efectivamente, todos los indicios, la mayoría facilitados por agentes dobles, eran engañosos. Sin embargo, el Führer estaba completamente alerta respecto a la posibilidad de volver a ser engañado como en las invasiones del norte de África y Sicilia. Sería mucho más difícil para los servicios de Inteligencia aliados engañarle en esta ocasión.

Por su parte, en julio de 1944, los planificadores militares aliados habían llegado a la conclusión de que, «en lugar de las ventajas evidentes que proporciona el paso de Calais por su proximidad a nuestra costas», la costa de Normandía al norte de Caen representaba un mejor objetivo: las playas normandas eran largas, anchas y con pendientes suaves, con brechas adecuadas en las dunas a través de las cuales una fuerza invasora podría replegarse rápidamente tierra adentro. La ausencia de un fondeadero de aguas profundas se resolvería de manera ingeniosa mediante la construcción de enormes puertos artificiales conocidos como Puertos Mulberry.

Precisamente para dejar el camino libre a la invasión, y paralelamente a los preparativos militares, en un esfuerzo colectivo extraordinario, los servicios secretos británicos, en colaboración con los norteamericanos y los de la Francia Libre, llevarían a cabo uno de los más brillantes señuelos de la Segunda Guerra Mundial, utilizando las habilidades de un ecléctico grupo de agentes dobles del Sistema de Doble Cruz, entre ellos, uno de los mejores espías de la contienda: el español Juan Pujol, alias «Garbo».

¿Qué encontraremos en el libro de James Holland Normandía 1944. El Día D y y la batalla por Francia?

En esta nueva historia del Día D y las batallas en Normandía (que Ático de los Libros publica en rústica con solapas tras el éxito de su edición en tapa dura), James Holland, el principal exponente de la nueva generación de historiadores que están reinterpretando la Segunda Guerra Mundial, nos ofrece una visión global que cuestiona mucho de lo que creemos saber sobre esta campaña. Muchos relatos anteriores han ignorado la escala y complejidad del esfuerzo bélico aliado, así como las limitaciones tácticas, operativas y estratégicas de las fuerzas alemanas.

A partir de archivos y testimonios inéditos que van desde soldados rasos hasta generales, pasando por pilotos de bombarderos, enfermeras o miembros de la Resistencia, el autor nos brinda, con una prosa palpitante, el relato épico de la campaña que supuso el principio del fin de la guerra en Europa. Normandía 1944 es una historia de lucha y superación, un relato del Día D y la campaña de los Aliados en Normandía que integra los niveles operacional, estratégico y táctico en una obra escrita con el magistral estilo que caracteriza a Holland.

Blake y Mortimer. Integrales

Norma Editorial publica las ediciones integrales de una de las cumbres de la historieta, Blake y Mortimer, fruto de la fértil imaginación del historietista británico Edgar P. Jacobs (1904-1987).

Óscar Herradón ©

Edgar P. Jacobs

Edgar P. Jacobs, como si hubiese nacido de sus propias viñetas, fue un personaje multifacético. Apasionado de la ópera, recibió formación como cantante lírico e hizo sus pinitos en su juventud en dichas lides encima de un escenario. Nacido casi con el siglo, en 1904, fue amigo (y en ocasiones antagonista) de Hergé, el inmortal creador de Tintín, quien no veía con muy buenos ojos el mundo de la farándula en el que se movía Jacobs; de hecho, una anécdota (quizá apócrifa) cuenta que el protagonista de este post inspiró a Hergé el personaje de Bianca Castafiore, diva de divas y estereotipo operístico por antonomasia. Quién sabe. Sí es seguro, no obstante, según recoge el guionista Antonio Altarriba en el magnífico prólogo al primer tomo de la edición integral de Blake y Mortimer que enseguida analizaremos, que el personaje de Jacobini, el cantante de ópera que aparece en El asunto Tornasol dentro de Las Aventuras de Tintín «es homenaje y también guiño de Hergé al que fuera su gran amigo, más allá de sus estrechas pero puntuales colaboraciones».

Portada de la revista Tintín en 1949.

Y es que las aventuras de estos inolvidables personajes tendrían su primera aparición precisamente en la revista Tintín, el 5 de septiembre de 1946. Pero vayamos un poco más atrás: en 1940 Jacobs hubo de dejar de lado su pasión vocal debido a que los alemanes ocuparon Bélgica. Sin embargo, como reza la máxima, no hay mal que por bien no venga, y en el caso de nuestro autor aquella ocupación nazi provocó que se cortara el flujo comercial con los Estados Unidos, enemigos de la Alemania nazi (que, sin embargo, no entrarían oficialmente en guerra hasta el 8 de diciembre de 1941, tras el bombardeo japonés de Pearl Harbor) y las series de cómics proveniente de América, como señala Altarriba, dejaron de llegar a las publicaciones europeas, afectándolas seriamente, como la revista belga Bravo!, cuyas historietas tuvieron que ser o bien interrumpidas o bien asumidas por autores europeos.

Fue el caso del Flash Gordon de Alex Raymond, el célebre space opera que permitiría a Jacobs, de entonces treinta y seis años, demostrar sus dotes como dibujante, creando también para Bravo!, en 1943, El Rayo «U», una serie claramente influenciada por el personaje de Raymond (surgido para competir con las historietas de Buck Rogers, al que pronto superó en éxito y durabilidad), y al que también podemos acercarnos en castellano gracias a Norma Editorial. Será un año después, en 1944, tras la liberación de Bélgica de las tropas nazis, cuando Jacobs conocerá al también belga George Prosper Remi, mundialmente conocido por su pseudónimo, Hergé (al que se ha acusado de ser germanófilo e incluso colaboracionista en plena Segunda Guerra Mundial, asunto delicado que ocupará otro post del Pandemónium).

Hergé contrató a Jacobs como colorista para remodelar y colorear los primeros álbumes de Tintín, y el segundo colaboró también en el dibujo de decorados de las nuevas aventuras del perspicaz periodista de flequillo rubio que empezarán a aparecer en la revista homónima Tintín a partir de su primer número, en septiembre de 1946, precisamente coincidiendo con el nacimiento de sus legendarios Blake y Mortimer. Según Altarriba, Jacobs combinará con maestría el realismo matizado de Raymond y la depuración lineal de Hergé, construyendo un estilo propio, «indiscutiblemente marca Jacobs». Precisamente en el número 1 de la citada revista comenzará la primera de las historias de la serie, El Secreto del Espadón, que el primero volumen integral de las aventuras de Blake y Mortimer recoge al completo junto con El misterio de la Gran Pirámide.

Una dupla inmortal

Blake.

La vibrante serie, una de las cimas del cómic francobelga, sigue las aventuras de dos jóvenes solteros que, al igual que los personajes de Sherlock Holmes y Watson, creados por sir Arthur Conan Doyle, comparten residencia; dos orgullosos británicos que sirven al gobierno de Su Majestad. El capitán Francis Percy Blake es galés y oficial de Su Majestad. Antiguo piloto de la Royal Air Force (RAF), la fuerza aérea que tendría un papel fundamental en la aún reciente Batalla de Inglaterra, llegaría a ser director del servicio secreto británico, el MI5, con un papel capital también en la Segunda Guerra Mundial cuyas devastadoras consecuencias aún se apreciaban en la sociedad en las que se creó la serie. Arquetipo de la compostura británica, el rubio Blake parece frío y distante pero es también combativo y persistente, aunque reflexivo y cauto. Como buen espía, es igualmente ducho en el arte del disfraz para pasar desapercibido.

Mortimer.

Por su parte, el profesor Philip Angus Mortimer, de origen escocés y formado en la India (en tiempos aún del colonialismo), es físico nuclear y uno de los científicos más prominentes del Reino Unido, además de arqueólogo aficionado, como podemos comprobar en El Secreto de la Gran Pirámide, respondiendo al arquetipo de intelectual británico. Es jovial, inquieto, imaginativo y bromista; y es también impulsivo, lo que le hace a veces temerario, metiéndose en los problemas más pintorescos de la serie.

Olrik, el villano.

Su principal antagonista es el coronel Olrik, que aparece por primera vez en el título que inaugura la serie, El Secreto del Espadón, como jefe de inteligencia del dictador oriental Basam Damdu, emperador del Tíbet, tras el estallido de la Tercera Guerra Mundial, argumento nada extraño si tenemos en cuenta que Jacobs ideó la historia cuando aún no había finalizado la Segunda Guerra Mundial y la estrenó poco después de su fin, al comienzo de la Guerra Fría, un tiempo de incertidumbre ante la amenaza invasora de la URSS en el que el propio Churchill barajó la posibilidad de emprender una «tercera» guerra mundial contra Moscú en el marco de la ultrasecreta Operación Impensable ideada por los servicios secretos británicos. Salvándose in extremis de Blake y Mortimer en la primera aventura, Olrik aparecerá en otras historias de la serie, como El Misterio de la Gran Pirámide o La Marca Amarilla, que inicia el segundo tomo integral publicado por Norma, probablemente la historia más famosa y significativa de la dupla protagonista.

Un noir de aventuras… y ciencia

Como señala Álvaro Pons, codirector de la Cátedra de Estudios del Cómic de la Fundación SM y la Universidad de Valencia, en la documentada y sumamente interesante introducción a este segundo tomo (que se complementa con otro suculento texto del guionista y crítico de historieta Jorge García), en el relato «Jacobs unía con elegancia las claras reminiscencias del policíaco británico de Agatha Christie con los mecanismos bien conocidos del vodevil folletinesco de los franceses Allain y Souvestre, consiguiendo que lo que hasta la geografía había decidido dividir permanentemente por el Canal de la Mancha quedase perfectamente maridado en las páginas de la historieta. La estructura del relato usaba con eficacia el andamiaje de la bien conocida novela Y no quedó ninguno [también conocida como Diez Negritos, una de las obras más emblemáticas de Agatha Christie, publicada el 6 de noviembre de 1939, ya iniciada la Segunda Guerra Mundial, que estalló a comienzos de septiembre tras la invasión alemana de Polonia], pero sobre esos cimientos la historia nos recordaba las andanzas de la figura misteriosa del villano Fantômas».

Y la ciencia, también la ciencia: «Por si fuera poco, la narración se desarrolla introduciendo la ciencia con la pasión alegre y predictiva de Julio Verne, pero con la suspicacia y recelo de H. G. Wells, avanzando lo que sería una constante en la serie». Siguiendo al citado autor, Jacobs era perfeccionista hasta lo indecible (sus larguísimas explicaciones en bocadillos interminables que a veces ralentizan el ritmo del diálogo, pero que son marca indisoluble de la casa, lo evidencian): la rigurosidad de sus escenarios, de la geografía que muestra en sus obras… «pero también la ciencia que muestra constantemente en los lances de sus personajes: si algo caracteriza a las entregas que Jacobs firmó de la serie es su pasión por los descubrimientos científicos, que intenta justificar desde el conocimiento al que se accedía en la época».

Un caso paradigmático de todo esto es el relato S.O.S.: Meteoros, que aparece también en este segundo volumen integral junto a la citada La Marca Amarilla y El enigma de la Atlántida (los mitos y la magia también están muy presentes en sus relatos a pesar de la primacía de los avances científico-técnicos); en palabras de Pons, «en sus primeras páginas aparecen una serie de espeluznantes titulares que hablan de horribles acontecimientos climáticos. Olas de calor extremo, inundaciones o violentas tormentas sacuden el planeta, según reza la prensa, en un panorama inquietante similar al que vivimos hoy por la mano humana como el terrible peligro que más acecha a la humanidad».

Algo que cobra gran significancia mientras escribo estas líneas, cuando está sumida España en una ola de calor que ha durado casi dos semanas, sacudida por una ola de centenares de incendios devastadores (de Ourense a Zamora, de Extremadura a Ávila), la mayoría provocados por el hombre, ese ser pérfido de dos patas y en muchas ocasiones poco cerebro, pero que se extienden como la pólvora, imparables, debido a las nuevas condiciones climáticas que han remodelado el paisaje, unido al calor extremo, la incompetencia o inoperancia de las autoridades (locales, autonómicas y centrales) y el abandono de los montes y campos que antes servían de sustento a muchas localidades sobre nuestra piel de toro que poco a poco han sido víctimas del abandono rural y la llamada «España vaciada».

Apenas unos años antes las revistas científicas habían comenzado a lanzar los primeros avisos de los peligros de modificación del clima por la acción humana, por la quema incontrolada de combustibles fósiles y el aumento de la concentración de CO2 en la atmósfera ante la imposibilidad de los océanos por absorber estos gases, lo que daría lugar a un aumento de la temperatura del planeta por el llamado efecto invernadero. 80 años después, estos efectos, como podemos comprobar cada día, son mucho más devastadores, y aumentando.

Antenas H.A.A.R.P.

Pero quizá lo más sorprendente es que, aunque en los años 50 del pasado siglo ya existían proyectos de control y manipulación del clima desde los estamentos militares que alimentaban las teorías de la conspiración (como el proyecto británico Cumulus, también en la década de los cincuenta), «generalmente se basaban en técnicas bien conocidas de siembra de nubes». En palabras de Álvaro Pons, «la propuesta que [en el relato] descubre Mortimer de un sistema de control climático basado en una red de estaciones que usan campos electromagnéticos para poder controlar el clima es una predicción casi perfecta de las elucubraciones conspiranoicas que han envuelto el proyecto H.A.A.R.P. (siglas de High Frequency Active Auroral Research Program), un programa militar de estudio y análisis de la ionosfera que ha sido señalado habitualmente como un complot secreto para controlar el clima y que estaría detrás de las catástrofes climáticas que estamos viviendo», al menos en los delirios y la imaginación calenturienta de los negacionistas, hoy tan activos y armados de «pseudoargumentos» que lanzan sin miramientos en las RRSS. Un discurso, como vemos, completamente actual a pesar de transcurso de tantas décadas.  

Estamos, por tanto, ante una de las obras maestras de la bande dessinée del pasado siglo XX, que ahora podemos disfrutar en su totalidad en formato integral (Norma ya ha lanzado tres tomos, y también todas las historietas de forma individual). No tardaremos en volver sobre algunos de los secretos que envuelven a Blake y Mortimer en el Pandemónium, pero hasta entonces recomendamos los volúmenes editados por Norma hasta el momento:

https://www.normaeditorial.com/buscador/blake%20y%20mortimer