La orquesta que la barbarie no pudo silenciar

La Editorial Crítica publica en castellano la última obra de la biógrafa y ex corresponsal extranjera de Reuters Anne Sebba: La orquesta de mujeres de Auschwitz. Una historia de supervivencia, el primer estudio que aborda como conjunto, y no a través de una sola memoria individual, la historia de la única orquesta íntegramente femenina que existió en los campos nazis.

Óscar Herradón ©

Hace unos días hablábamos de las atrocidades que tuvieron lugar en el campo de concentración (KZ) nazi de Ravensbrück, al norte de Alemania, y de una serie de mujeres que desafiaron los extremismos y la falta absoluta de humanidad de sus carceleros (algunas sufriendo por ello el peor de los destinos). Pues bien, ahora nos vamos al que probablemente sea el más célebre e infame de los konzentrationslager del Tercer Reich, el de Auschwitz, en Polonia, donde se desarrolla la conmovedora historia de este ensayo.

Alma Rosé.

En 1943, los oficiales de la SS alemana a cargo del campo de concentración Auschwitz-Birkenau ordenaron la formación de una orquesta entre las prisioneras. Durante nueve meses cruciales, entre 1943 y 1944, Alma Rosé, virtuosa violinista y sobrina de Gustav Mahler, reclutó y dirigió a las mejores intérpretes entre la vasta población cautiva, sin importar la nacionalidad, etnia o lengua materna. Casi cincuenta mujeres y niñas de 11 países integraron esta banda que era obligada a tocar marchas en cualquier condición climática y a dar conciertos semanales para los oficiales nazis. A veces, también se convocaba a algunas de sus integrantes para que ofrecieran actuaciones en solitario. A casi todas las músicas elegidas, formar parte de la orquesta les salvó la vida, ¿pero a qué precio?

El libro nace de la rivalidad mezquina entre los mandos del gigantesco campo (el más temible, no obstante, era el anexo, Birkenau –o Auschwitz II–, donde se llevaban a cabo las cremaciones), en particular del deseo de la comandante Maria Mandl de emular a otros oficiales, y recuerda que episodios de esta historia ya habían aparecido en testimonios previos, como los de Anita Lasker-Wallfisch o Fania Fénelon. Lo que distingue el trabajo de Sebba, entre otras virtudes, es que por primera vez se reconstruye la experiencia colectiva del grupo, reuniendo cuantos testimonios de supervivientes ha podido rastrear la autora, en un momento en que esa memoria está a punto de perderse con la desaparición de sus últimas protagonistas.

Rigor documental y ambigüedad moral

Kathryn Hughes, en su reseña como libro del día para The Guardian, elogia la destreza narrativa de Sebba y destaca que el libro está recorrido por una empatía constante hacia las decisiones moralmente imposibles que debieron tomar aquellas jóvenes. Caroline Moorehead, en el Times Literary Supplement, coincide en el mismo punto de fondo: la autora ha sabido honrar la dignidad de esas mujeres sin simplificar la complejidad de su situación.

No obstante, Sebba evita cualquier tentación de extraer una moraleja edificante. La propia autora advierte que hablar de vida cultural en los campos es en sí mismo una perversión, dado que aquel mundo estaba dominado por el miedo y la coerción, algo que corroía cualquier forma de belleza. La orquesta, sin embargo, ofreció a un puñado de mujeres un espacio mínimo de resistencia frente al sistema que las aplastaba, y terminó salvando la vida de unas cuarenta de ellas.

Las voces reunidas

Lasker-Wallfisch.

El elenco de personajes que reconstruye Sebba incluye a la violinista Alma Rosé, sobrina de Gustav Mahler y directora principal del conjunto, hasta la violonchelista adolescente Anita Lasker-Wallfisch, última superviviente de la orquesta. Un relato estremecedor sobre cómo lo sublime fue retorcido hacia fines inhumanos. La publicación Kirkus Reviews describe su edición inglesa como una aportación importante y desgarradora a la historiografía del Holocausto.

Ninguna de estas lecturas convierte la música en consuelo. Queda muy poco espacio de consuelo en este libro para quien todavía crea que la música es, por naturaleza, una fuerza humanizadora. Pero esta historia hay que conocerla, y no repetirla, por manida que pueda sonar tal expresión.

Metallica: la banda que lo cambió todo

Son varias las novedades editoriales que tienen a la formación de metal comandada por James Hetfield y Lars Ulrich, con nada menos que 43 años de solera en el negocio, como protagonistas. De Metallica. La historia detrás de sus 180 canciones, publicado por BLUME, a Nos veremos en el infierno (Alianza), pasando por la novela gráfica que homenajea al grupo angelino de Redbook Ediciones, todas ellas nos ofrecen diferentes pero igualmente apasionantes puntos de vista sobre los autores de himnos como «Master of Puppets», «Enter Sandman», «The Unforgiven» o «Nothing Else Matters».

Óscar Herradón ©

El veterano periodista musical galo Benoît Clerc, cuyos trabajos ya hemos reseñado en el Pandemónium, firma el monumental volumen dedicado a Metallica dentro de la colección «All the songs», que repasa canción por canción de la longeva trayectoria de los «cuatro jinetes del Apocalipsis» del metal, ¡que lanzaron su primer disco en 1983, hace 43 años!; desde la génesis, aquel Kill Em’ All que era toda una declaración de intenciones (y con himnos como «The Four Horsemen» y «Seek and Destroy») hasta el penúltimo álbum del grupo, y un añadido con 72 Seasons que en la edición original se había quedado fuera porque el libro fue compuesto antes de su lanzamiento, con abundante y jugoso material fotográfico y una ficha técnica (estudio, productor, créditos de composición, anécdotas) para cada tema.

Nada menos que 180 canciones que forman parte del imaginario del heavy metal y el trash de las últimas cuatro décadas y la historia detrás de cada una de ellas. Es BLUME, una editorial predilecta de este blog, la que se encarga de brindarnos la apabullante edición en castellano de esta joya literario-rockera.

Más de 163 millones de discos vendidos

Metallica ha conseguido numerosos premios musicales, entre ellos nueve Grammys, dos premios otorgados por la MTV, dos galardones American Music Awards y dos de Billboard; desde el año 2009 la banda pertenece al Salón de la Fama del Rock y tiene una estrella en el paseo de la fama de Kerrang! (legendaria publicación inglesa de rock y heavy metal lanzada por primera vez el 6 de junio de 1981, ahí es nada, apenas dos años antes de la formación de Metallica, por lo que su historia ha corrido prácticamente paralela). Y ha vendido, según las últimas estimaciones, unos 163,3 millones de discos. Para cortar el aliento.

De «Hit the Lights» a «Inamorata», este portentoso libro desvela los secretos que envuelven la génesis y la realización de las 180 canciones que componen la obra de este grupo brillante, feroz y único en el planeta. Clerc, quien se presenta como músico profesional desde hace más de quince años y fundador en 2018 de su propia productora, Tivoli Songs (sabe de primera mano, pues, de lo que habla), asume en estas páginas una tarea de opereta: cubrir la trayectoria de la banda oriunda de California (aunque Lars Ulrich es danés, y nació en la localidad de Gentofte en 1963), desde la demo germinal No Life ‘til Leather que daría origen al Kill Em’ All hasta el décimo álbum de estudio, Hardwire… to Self-Destruction, en un volumen que roza las 500 páginas (y no precisamente en pequeño formato) de papel satinado.

Metallica (1983). Imagen extraída de Wikipedia.

Aunque la crítica especializada le ha achacado ciertos errores en relación con la información de algunas composiciones (datos menores, pero que para el fan acérrimo pueden constituir un pecado –difícil de descubrir si no eres una enciclopedia metálica andante–), y también cierta superficialidad a la hora de contarlo «todo absolutamente» de cada tema como propone el título (le achacan datos de producción genéricos, válidos para todo el álbum, en lugar de las anécdotas específicas que un gran aficionado querría conocer –insisto, solo en algunos temas menores–), la verdad es que el volumen da lo que promete: un «tocho» impresionante repleto de material de una banda legendaria que sigue en activo y a la que he tenido la suerte de ver dos veces (pocas son) en directo. Allá por 2008, en el Getafe Electric Festival (donde también pude disfrutar del brutal directo de Machine Head) y un año después, en 2009, durante la gira World Magnetic Tour (en el Palacio de Deportes de la Comunidad de Madrid), cuando ya tenían algo más que solera (Cliff Burton llevaba muerto 22 años y Jason Newsted, el bajista que lo sustituyó y cuyo bajo fue minimizado durante la grabación del álbum …And Justice for All, en lo que se trató de una supuesta broma –para él, de mal gusto– del resto de la banda y un homenaje a Cliff, había abandonado la formación hacía siete largos años, siendo sustituido por el actual, Robert Trujillo).

Metallica 1989 (Wikipedia).

Entre algunas de las muchas anécdotas jugosas que se citan se incluye cómo Cliff Burton ayudó a Kirk Hammett a resolver el solo de «Ride the Lightning» (del álbum homónimo de 1984) y cómo Kirk Hammett, sin saberlo, correspondió el favor ayudando a Burton con el solo de bajo de «Orion» (tema instrumental incluido en el Master of Puppets de 1986). Un libro monumental en producción y ambición editorial que gracias a BLUME podemos disfrutar en castellano. Aunque el precio, como es lógico, no es pequeño, el producto lo merece. Ahí lo dejo.

Metallica. Nos veremos en el infierno

Metallica 2008 (Wikipedia).

Cuando la gira de presentación de 72 Seasons, el último álbum de estudio hasta el momento de la banda, aún estaba activa, Alianza Editorial lanzaba este volumen confeccionado por el experto periodista musical Jesús Casañas (que colabora en MondoSonoro), autor en la misma colección de otra biografía «no oficial» sobre Héroes del Silencio. Hace cuatro décadas, la que probablemente sea la banda de metal más grande del planeta reinventó la historia de la música hace más de cuatro décadas y desde entonces siguen en la brecha demostrando que su directo no tiene parangón. Doy fe.

La historia de Metallica está repleta de altibajos humanos y musicales; el fatal fallecimiento del genial Cliff Burton, uno de los mejores bajistas de la época, en 1986, en un accidente en la carretera mientras estaban de gira por Estocolmo, Suecia (que dejaría muy tocado al grupo), marcó un antes y un después en la evolución de los angelinos (en su memoria, editaron en 1987 el VHS Cliff Em’All, con algunas de sus actuaciones más prodigiosas), que pasó de liderar el thrash metal para adentrarse en nuevos territorios musicales en una continua búsqueda de su identidad que, en ocasiones, le granjeó el desencuentro con sus seguidores hasta ese momento, aunque produjo el que probablemente sea al álbum más alucinante (mi favorito) de la banda: el Black Álbum lanzado en 1991, hace 35 primaveras -ahí es nada- con éxitos inmortales como «Enter Sandman», «Nothing Else Matters», «The Unforgiven», «Sad But True» o «Wherever I MayRoam».

Metallica. Nos veremos en el infierno, relata toda esta aventura en detalle, tanto las épocas más gloriosas, cuando James, Kirk, Cliff y Lars sabían que estaban transformando la historia de la música con su talento único para dominar el ruido, como las jornadas más tristes, cuando sentían que estaban perdiendo el contacto con sus seguidores. Combinando de manera magistral la historia oral con el relato periodístico y el análisis musical, álbum a álbum, canción tras canción, y analizando aspectos como la composición, la grabación, la producción y la recepción por parte del público de tal o cual material, Jesús Casañas ofrece una biografía actualizada y completa de la banda, un verdadero manual de uso para seguidores de toda la vida y para aquellos recién llegados a las filas del metal. Ampliamente ilustrada, con muchas imágenes inéditas, esta adictiva biografía cuenta con una selección de vídeos comentados y una playlist de Spotify (hoy la forma principal en la que escuchamos música, en streaming) también comentada.

Metallica. Nothing Else Matters. La novela gráfica

Esta salió hace algo más de tiempo, pero dejará al fan de Metallica realmente alucinado –a un servidor le pasó–. Dentro de la colección «la novela gráfica del rock» del sello Ma Non Troppo (Redbook Ediciones), Nothing Else Matters («Nada más importa») que toma el título de la inolvidable balada incluida en el legendario Black Album del que ya nos hicimos eco en el Pandemónium, cuenta con la maestría de los expertos Brian Williamson (en la ilustración) y Jim McCarthy (en el guion), quienes capturan toda la esencia y todos los sinsabores de la banda de trash metal (que fue evolucionando hacia el heavy, el hard rock e incluso en ocasiones el rock alternativo, pues tienen múltiples registros en sus once álbumes de estudio) más exitosa y legendaria de todos los tiempos (sin ánimo de desmerecer a Anthrax, Slayer o los Megadeth creados por el exMetallica –muy a su pesar– Dave Mustaine).

La historia en viñetas de Metallica desde sus inicios underground hasta sus éxitos más comerciales, pasando por sus Grammys (nueve) y sus más de 100 millones de álbumes vendidos en todo el mundo. Esta cautivadora y adictiva novela gráfica se convierte en un emocionante viaje en forma de montaña rusa que abarca dos décadas de altibajos (aunque sabemos que su trayectoria duplica esta cifra) tanto en la carretera como en el estudio.

Y de la mano de la misma editorial, muy querida del Pandemónium, podemos disfrutar también de Metallica. Furia, sonido y velocidad, compuesta a cuatro manos por Daniel Gaguine y Matías Recis que analizaremos más en profundidad en otro post, una obra definitiva sobre la historia de la banda –al menos hasta ahora, pues los cuatro «hombres de negro» siguen en activo y sin previsión de separarse–, una banda que simboliza como ninguna otra la pasión por el sonido y la locura del metal.

Un recorrido cronológico por su trayectoria biográfica, sus discos, videoclips, anécdotas y curiosidades. Sus letras son analizadas también por estos dos especialistas musicales que además completan el volumen con un singular apéndice en el que se detallan los instrumentos, efectos y amplificadores utilizados en cada período y disco de este poderoso e imbatible grupo.

Prince. La historia detrás de sus 684 canciones

La editorial BLUME publica un monumental volumen con toda la trayectoria musical del multifacético artista Prince, de cuya temprana muerte el pasado 21 de abril se cumplieron diez años. Tema a tema, composición tras composición, con un despliegue espectacular de imágenes, más de 600 páginas (una por canción) en las que el veterano periodista musical Benoît Clerc desgrana a un compositor inigualable e inclasificable.

Óscar Herradón ©

Prince en 1984. En la gira de su immortal Purple Rain.

Nunca fui de Prince. Tampoco de Michael Jackson. Desde que era un chaval de 13 años caí cautivado por el hard rock, el heavy metal y derivados, y con el tiempo por estilos mucho más pesados (con grupos como Pantera, Sepultura, Death o Slayer), por lo que ni el rey del Pop ni su gran rival musical en los 80 y 90 me llamaban la atención. Sé que estaban muy presentes, porque aún iba a EGB, en el colegio Ortega y Gassett de Leganés, y tenía unos diez u once años, allá por 1991, cuando me llamó la atención a las puertas del colegio una furgoneta completamente serigrafiada con una de las giras de Prince, y aquellos símbolos tan extraños que se sacó de la chistera y con los que más tarde se le identificaría, y que a día de hoy nadie sabe si han sido debidamente descifrados –si es que hay algo que descifrar o se trató solo de otra provocación más del artista–. Hasta tal punto era ya importante aquel compositor y multiinstrumentista oriundo de Minneapolis, que ya lo había petado en los ochenta, cuando no existían ni internet ni las redes sociales que globalizan la fama en décimas de segundo. Y salvo aquella anécdota, poca más atención le presté a Prince entonces.

Michael Jackson.

Sin embargo, con los años uno está más abierto a lo diferente  –quizá es algo más sabio, pero poquito– y fui dejando espacio a músicas que jamás habría imaginado que me conquistarían, desde David Bowie al propio Jackson o, por supuesto, el genial, multifacético y no poco controvertido Prince. Tuve que esperar a tener más de 20 años para sucumbir a sus encantos –aunque, he de reconocerlo, sigo siendo más de Iron Maiden, Guns n’ Roses, Nirvana o Metallica–.

10 años sin un artista multifacético

Pues bien, esta deriva nostálgica viene al caso en el Pandemónium porque se han cumplido recientemente diez años de la trágica muerte de Prince (al parecer, según la autopsia, a causa de una sobredosis accidental de Fentanilo, la «droga zombi»), engrosando, con tan solo 57 años, a la sobrecogedora lista de grandes músicos con final trágico: Kurt Cobain, Jim Morrison, Janis Joplin, Jimmy Hendrix, y mucho más recientemente Michael Jackson, George Michael, Chris Cornell, Amy Winehouse o Dolores O’Riordan, entre otros. Cosas de la vida, y de la fama –y las estrellas–.

El caso es que, como conmemoración de esta triste pero notable efeméride, BLUME, editorial muy querida de este blog y referencia ineludible en ediciones musicales, publica un libro necesario y fascinante para fans del creador de «Purple Rain» que revolucionó los 80 con su chupa de cuero morada encima de una Honda CM400A personalizada: Prince. La historia detrás de sus 684 canciones.

Prince. Dirty Mind.

Después de dos álbumes teñidos de funk y disco, Prince Rogers Nelson se convirtió en el maestro del Minneapolis Sound en 1980 con su tercer álbum, el sulfuroso y acertadamente llamado Dirty Mind («Mente Sucia»). Desde sus primeros discos para Warner Bros. Records, el hombre que pronto sería apodado «el Kid de Minneapolis» dedicó su vida a una abundante y variada producción musical. Prince atravesó la década de 1980 con una irreverencia y audacia que siempre lo caracterizarían. Después de encadenar varios éxitos («Little Red Corvette», «Purple Rain», «Kiss», «Sign O’ The Times» o «Batdance») y tras más de 100 millones de discos vendidos, el multifacético artista estadounidense supo reinventarse con cada uno de sus disco, burlando las predicciones de quienes lo creían muerto, resurgiendo, cual Ave Fénix, constantemente de las cenizas, y siempre sorprendiendo a través de nuevas direcciones artísticas.

Una obra monumental

La colección cuyo título original en inglés es All the Songs, de Mitchell Beazley (de la que BLUME ha publicado ya varios títulos en castellano, en un formato de lujo), ha construido su prestigio con un enfoque realmente singular: diseccionando canción por canción el catálogo de artistas con mayúscula. Tras los volúmenes dedicados a Queen, a David Bowie y a Metallica (este último lo analizaemos en breve en el Pandemónium), Benoît Clerc, compositor de música para televisión, publicidad y cine (fundador del sello Tivoli Songs) y laureado escritor francés, afronta en este tomo su desafío más descomunal –y eso que los citados no son precisamente artistas modestos en cuanto a producción musical–, sin embargo, lo de Prince es ya colosal. El resultado son más de seiscientas páginas que funcionan, simultáneamente, como enciclopedia de consulta, biografía monográfica y álbum fotográfico de lujo.

Prince en 1981.

Tras haber vendido más de cien millones de álbumes, Prince supo reinventarse con cada disco, sorprendiendo siempre mediante nuevas direcciones artísticas. Documentar esa longeva trayectoria exigía un criterio de selección exhaustivo, y sin embargo Clerc optó por la totalidad sin concesiones: no solo crea entradas para cada canción de cada disco oficial de Prince, sino que también detalla las caras B, los lanzamientos de archivo y los bonus tracks de cajas recopilatorias.

En 1988.

La estructura es estrictamente cronológica: una introducción a cada álbum o período sitúa el contexto, y, como es de esperar, las canciones que hoy se consideran más relevantes para el conjunto de la obra del compositor reciben mayor atención. Junto a cada canción constan la duración, los compositores, los músicos implicados, si fue single o cara B, las fechas de publicación, las posiciones en las listas del Reino Unido y los Estados Unidos, y los detalles técnicos de grabación, incluyendo el equipo y el lugar de registro.

El impronunciable «Love Symbol», que adoptó en 1993.

El libro intercala dos tipos de recuadros que elevan el texto por encima del mero catálogo anotado. Los apartados Headphones at the Ready («Auriculares listos») se centran en fragmentos muy breves de ciertas canciones, explicando cómo se obtuvo un efecto determinado o cómo Prince llegó a autorreferenciarse en su propia obra. Los recuadros con el encabezamiento de For Prince Addicts («Para adictos a Prince»), por su parte, añaden datos curiosos sobre una canción o un álbum en concreto, mientras que unas inserciones en formato «entrada de concierto» recogen algunos de los momentos más sorprendentes o menos conocidos de la carrera en directo del incombustible artista.

A nivel material, el volumen, de un peso considerable y calidad de producción excepcional, es una auténtica delicatessen para bibliófilos y fans del artista. Visualmente es impresionante, con una amplia selección de fotografías excelentes distribuidas a lo largo de todo el voluminoso libro. Además, el texto ofrece una biografía del artista bastante satisfactoria a través de su música, así como una riqueza colorida de fotografías y algunas revelaciones genuinamente sorprendentes. Entre las más llamativas que menciona la crítica anglosajona se encuentra el episodio en que Prince suplantó a Sly Stallone para conocer a Chaka Khan, o la perturbadora sugerencia del propio artista respecto a la canción «Sister». También el momento en el que, hace ahora 45 años, Prince teloneó a los Rolling Stones en el Memorial Coliseum de Los Ángeles (tras recibir una llamada del propio Mick Jagger proponiéndoselo), y acabó llorando y marchándose del directo porque, tras salir al escenario con su slip negro y sus botas ceñidas hasta el muslo, el público rockero se sintió ofendido y arremetió contra él. Era 1981, ha llovido mucho… Una lluvia de objetos (latas, botellas, y hasta zapatos) cayó sobre él mientras escuchaba insultos de todo tipo, muchos homófobos y racistas. 

Guitarist in purple outfit playing electric guitar on stage with cheering crowd and Purple Rain Tour text

Tras 15 minutos en escena, y en medio de la canción Uptown (la cuarta del setlist) Prince y sus compañeros pararon en medio de un sonoro abucheo, se dieron la vuelta y se marcharon. Según recordaba el bajista Brown Mark, que acababa de incorporarse a la banda de Prince, en ultimateclassickrock.com: «Lo siguiente que noté fue que la comida volaba por el aire como si fuera un nubarrón de tormenta. Imagina a 94.000 personas lanzando comida unos a otros; fue lo más loco que he visto en mi vida (…) Me golpearon en la espalda con una bolsa de pollo frito; entonces mi bajo empezó a desafinar cuando un enorme pomelo golpeó el ajuste». Prince salió escoltado por un equipo de seguridad, que describió que el artista se encontraba emocionalmente consternado y llorando en silencio. Y aunque juró no volver a telonear a los Stones, por mucho que fueran «Sus Satánicas Majestades», y voló inmediatamente su casa de Minneapolis sin la banda, recibió llamadas de su mánager, Steve Gargnoli, de su guitarrista Dez Dickerson y del propio Jagger, que le dijo: «Si quieres ser un verdadero cabeza de cartel, tienes que estar preparado para que la gente te tire botellas a lo largo de la noche. Tienes que estar preparado para morir!!!». Y Prince aceptó de nuevo, para el siguiente concierto, que sería dos días después, el 11 de octubre de 1981.

Richards con Jagger en 1981.

El público angelino, conocedor de los incidentes del primer concierto, iba dispuesto a todo, y a repetir la hazaña e incluso superarla: se repitieron abucheos e insultos homófobos y racistas, también lanzamiento de objetos, incluidas ¡vísceras de animales!; el ambiente era incluso peor, pero Prince y su banda aguantaron la furia y completaron las cinco canciones del setlist. La último, y probablemente no por casualidad, era Why you wanna treat me so bad? («¿Por qué quieres tratarme tan mal?». Ya en el backstage, el artista dijo que ese público «no tenía gusto musical» y que todos eran «unos retrasados mentales». Posteriormente dijo que no volvería a abrir un concierto de los Stones. Con el tiempo, el guitarrista de la longeva banda de rock, que en julio de este 2026 sacarán su nuevo disco de estudio tras más de 60 años en el candelero –ahí es nada–, Keith Richards, definió a Prince como «un enano sobrevalorado… insultante para nuestro público» (Prince medía 1,60).

Paisley Park Studio.

De Madonna a Miles Davis, de Michael Jackson (con el que siempre mantuvo cierta rivalidad) a Kate Bush, todos los grandes nombres de la música popular quisieron grabar con él. Tras su inesperada muerte en 2016, The Prince State trabajó minuciosamente para exhumar de The Vault, su bóveda acorazada de Paisley Park (su casa-estudio), álbumes preciosos hasta ahora inéditos. Miles de canciones aún reposan ahí; cada lanzamiento es un evento global. Obra única en el mundo, este libro ofrece una nueva mirada a la extensa obra del artista y detalla minuciosamente la génesis de todas sus canciones, desvelando uno a uno los secretos de una discografía espectacular, digna de este extraordinario e inmortal cantautor.

Duane Tudahl con su libro.

Sin duda, uno de los aciertos de este monumental volumen es que Clerc no rehúye el juicio crítico. Aunque su valoración es predominantemente positiva, no tiene reparos en señalar los momentos en que Prince, a su entender, pudo haber errado el tiro. Probablemente Prince. All the songs sea el libro definitivo sobre el artista estadounidense tanto por su amplitud como por su minuciosidad (aunque para fans acérrimos también es obligatoria la lectura de la serie de Duane Tudahl, que se aproximó sesión a sesión –casi un diario de trabajo– a las grabaciones de Prince).

Con una carrera tan mitologizada como la de Prince, este magnífico volumen es un compendio exhaustivo que ilumina cada rincón de su magnífica e inclasificable trayectoria. Benoît Clerc ha asumido una tarea hercúlea y ha entregado la obra de referencia en un solo volumen, una cobertura que ningún otro libro ha intentado siquiera igualar en extensión. Para cualquiera que desee aproximarse a la obra completa de uno de los músicos más prolíficos y enigmáticos del siglo XX (tal es mi caso), este volumen es, sencillamente, indispensable.