La Marca del Maligno (III)

18 11 2020

Es una figura intemporal que causa temor allá por donde pasa pero que, a su vez, goza de una legión de seguidores. Con diversas máscaras e identidades a lo largo de la historia y las distintas culturas, el mal se humaniza adquiriendo su forma y tentando a las almas más endebles con sueños de dinero y poder. El diablo, y sus múltiples rostros, ha dejado señales de su existencia que van más allá de meras leyendas. En numerosos lugares aún puede verse y sentirse… LA MARCA DEL DIABLO

Óscar Herradón ©

El Museo del Diablo (Kaunas, Lituania)

Si uno quiere sentirse más cerca del diablo, pero sin correr el peligro que supone invocarlo o firmar un pacto con su sangre, puede visitar el Museo del Diablo –Devil’s Museum– de Kaunas, en Lituania, una verdadera rareza expositiva sobre la que se ciernen multitud de leyendas.

Incluido en la lista de los museos más curiosos del mundo, consta de tres pisos y alrededor de mil criaturas a cuál más peculiar venidas de todos los rincones del planeta, una colección que se va incrementando año tras año con las aportaciones de numerosos visitantes foráneos. En el primer piso nos encontramos con los demonios locales, la mayor parte auténticas obras de arte: pinturas sobre seda o lienzo, tallas en madera, algunas centenarias, cerámicas o tallas en piedra, con originales interpretaciones de estas malvadas –y también cómicas– criaturas. Uno de los demonios más curiosos es un pequeño diablo dorado sólo visible a través de una lente de aumento, así como un demonio bíblico protector de esta planta museística.

En el segundo piso se halla un gigantesco demonio hecho en madera que fue donado por varios ciudadanos que habían sufrido numerosos desastres y que culpaban a la talla de los mismos. En esta planta hay rarezas de todo tipo; armas, piedras esculpidas con la imagen del maligno, y un tronco con apariencia de demonio, así como un recorrido por la historia de las acólitas de Satán, las brujas. En la tercera planta, el curioso se encontrará con diferentes demonios forasteros, una amplia variedad diabólica.

El diablo…

…es el ángel rebelde, el enemigo de los planes de Dios, el que tienta a los hombres. Los hebreos lo llamaron Satán –Satanás–, cuyo significado es «el obstructor», «el adversario» o «el acusador». El Nuevo Testamento le dio el nombre griego de diabolos –Diablo–, que significa «el Calumniador». Por otra parte, la palabra demonio proviene del griego daimon, con el que los griegos se referían al destino de las personas y que se aplicaba a distintas divinidades o a los poderes desconocidos e invisibles que actúan sobre el hombre. Los cristianos tomarían el término para designar a los ángeles caídos. Además de Satán, la demonología fue elaborando una intrincada jerarquía que incluía nombres como Luzbel, Belcebú, Mammón, Leviatán, Belial, Astaroth, Asmodeo o Belfegor… todos ellos son Legión

Arqueología demoníaca

En 2010, un grupo de arqueólogos británico descubrió, en el barrio londinense de Greenwich, enterrada a cinco metros de profundidad, una botella de 23 cm de alto, colocada al revés, esmaltada y con el dibujo del rostro de un hombre barbudo grabado. Tras un minucioso estudio, se concluyó que se trataba de una botella de bruja, llamada también «jarra Belarmino», en honor, o quizá como burla, a San Roberto Belarmino, un jesuita italiano del siglo XVI, azote de protestantes y “martillo de herejes”.

El interior de la «botella de brujas» encontrada en Greenwich contenía orina humana con un alto contenido en nicotina, azufre –elemento imprescindible en todo rito contra las fuerzas del averno–, 12 clavos de hierro, 8 alfileres, un trozo de tela en forma de corazón y uñas recortadas. Fue sellada y enterrada boca abajo con un buen puñado de clavos para «infligir dolor a la bruja».

DANZAD, DANZAD, MALDITOS

Para expulsar al maligno, se celebran procesiones y bailes en numerosos rincones.

La Diablada de Píllaro (Ecuador): En Píllaro, entre el 1 y el 6 de enero de cada año, miles de personas disfrazadas toman las calles para bailar en la Diablada: suelen ataviarse como diablo, guaricha o capariche, los tres personajes principales. El origen de esta festividad está en la época colonial y evoca la rebeldía de los indígenas y mestizos contra la religión católica: se disfrazaban de diablos en repudio a los sermones de los sacerdotes españoles y al maltrato que recibían de los colonos. La tradición exige que aquellos que se vistan de diablo en Píllaro deben hacerlo durante siete años consecutivos. En caso contrario, pueden pasarles “cosas imprevistas”…

Los diablos danzantes de Yare (Venezuela)

Desde hace 269 años, los “diablos” danzan en esta localidad nueve jueves después del Jueves Santo. Comenzó en 1749, cuando una gran sequía afectó al Valle de Yare. Los fieles hicieron promesas al Santo Sacramento para que llegara la lluvia; y llegó. Durante el ritual de los “diablos danzantes”, los llamados “promeseros” visten de rojo, con capas y máscaras de apariencia grotesca, y portan cruces, escapularios y rosarios. Bailan por las calles al ritmo de tambores e instrumentos de cuerda que causan un gran estruendo para espantar al maligno. Escenifican una larga procesión que finaliza en la iglesia, cuando todos en señal de respeto, se postran ante el Santo Sacramento, y son bendecidos por un sacerdote.

El Colacho (Castrillo de Murcia, Burgos)

Esta festividad se celebra el domingo después de Corpus Christi y se remonta a 1620, aunque sus orígenes no están claros. Ciudadanos vestidos de demonios corren por todo el pueblo luciendo máscaras rojas y amarillas y profiriendo insultos contra los lugareños, dándoles latigazos con una cola de caballo atada a una vara. Cuando los redobles anuncian la llegada del atabalero, vestido de negro, y los hombres devotos para «expulsar el mal», da comienzo una exhibición singular y no exenta de controversia: el salto del Colacho. Los bebés que han nacido ese año son colocados sobre un colchón, mientras los «diablos» les saltan por encima en una suerte de bautismo: así el demonio absorbe los pecados de los recién nacidos y les proporciona protección frente a las enfermedades y desgracias.

Lugares que acogen el mal

Davolja Varos (Serbia)    

Davolja Varos, que en serbio cirílico significa «Ciudad del Diablo», es una formación rocosa al sur de Serbia. Compuesta por 202 exóticas formaciones conocidas como «pirámides de tierra» o «torres», fueron creadas por la erosión y una fuerte actividad volcánica. Bajo ellas corre un manantial con alta concentración de minerales y dos fuentes: Davolja voda –«agua del Diablo»– y Crveno Vrelo –Pozo Rojo–. La particularidad del terreno: suelo rojo, aguas extremadamente ácidas y el particular sonido que causa el viento al atravesarlas, ha dado origen a diversas leyendas, entre ellas, que aquel es un lugar consagrado al maligno.

Las Flechas del Diablo (Devil’s Arrows, Boroughbridge, Inglaterra)

Los llamados «Menhires de Boroughbridge» son tres grandes piedras megalíticas ubicadas en North Yorkshire, que se levantan cerca de la carretera A1 que en la actualidad cruza el río Ure. Erigidas en tiempos prehistóricos, parece que en un principio fueron cinco piedras, que finalmente se dispersaron. Las tres restantes están alineadas de forma casi perfecta, por lo que se cree que fueron así colocadas para coincidir con los movimientos lunares. La historia sobrenatural empezó a escucharse en 1721, cuando se dijo que fue el mismísimo Satanás quien tiró las piedras, que empezarían a ser conocidas como «Las Flechas del Diablo» (Devil’s Arrows). Una leyenda señala que al dar doce vueltas en contra de las agujas del reloj a una de ellas, se aparecerá el mismo Astuto en persona.

Los pantanos de los condenados

Cuentan que algo oscuro se cierne sobre Yeun Elez, en Bretaña, donde, según Olivier Le Carrer, los sortilegios de otros tiempos «se divierten confundiéndose con los de la actualidad». Ese río de los ángeles es el Elez, cuyo curso «seguían las criaturas aladas para ir a liberar las almas cautivas de los difuntos y abrirles las puertas del purgatorio». Se dice que antes de que el embalse sirviera para refrigerar, en los 60, la hoy desaparecida central de Brennilis, allí convergía una marisma sin fondo.

Los campesinos del Arrée vivían siempre con el alma en vilo esperando los chirridos de la carreta del Ankou, según Le Carrer, «el devoto servidor de la muerte que recorría los campos con su mell bennigt –mazo bendecido– para marcar a los siguientes ‘elegidos’». No era baladí que se encontraran inquietos: no sabían qué les aguardaba en el insondable youdig, considerado la puerta del mismo Infierno; otra de tantas…

Marcas y huellas del Diablo

Dispersas por el mundo, existen huellas y señales que se atribuyen a la acción del Astuto. Aquí os dejamos algunas de las más sugerentes:

–La huella del Diablo en la catedral de Múnich. Cuenta la leyenda que cuando en el siglo XV le encargaron al arquitecto Jörg Von Halsbach construir la catedral de Múnich, éste hizo un pacto con el diablo. Al parecer, le propuso al Astuto que si no interfería en la construcción, él levantaría una catedral sin ventanas, y si no lo conseguía, como es de recibo, el maligno se quedaría con su alma. Veinte años después, cuando el templo estuvo terminado, el diablo, que no podía pisar suelo sagrado, se asomó a la puerta y no pudo ver ventana alguna –el ventanal del fondo estaba tapado por un gran retablo–. El rey de los infiernos, encolerizado, logró cruzar el umbral y plantó su huella en mitad del suelo de la catedral, una huella que hoy puede verse.

La huella del diablo en Santa Eulària (Ibiza). Cuenta el folclore local que un leñador huraño de nombre Pep cortaba troncos en el Puig d’en Ribes y un hombre extraño le preguntó si necesitaba ayuda; luego se puso a cortar árboles a una velocidad de vértigo. Pep recelaba de él, recelo que fue en aumento cuando a la hora del almuerzo el desaliñado visitante sacó un cuenco «lleno de lombrices, uñas, lagartijas, insectos y demás inmundicias que se llevaba a la boca»; y sus sospechas se vieron confirmadas cuando al volver al trabajo, Pep pudo ver de refilón cómo bajo las ropas del extraño sobresalía «una cola larga y afilada».

Era el mismo diablo. Como el leñador llevaba consigo un rosario, ahuyentó con él al maligno, que salió en estampida hacia la cima. Se levantó una capilla –Sa Creu d’en Ribes– en el mismo lugar en el que –aseguran– el huidizo diablo dejó su última huella.    

La Puerta del Infierno

Si quieres emprender el camino hacia el averno, obviando los riesgos que implica, puedes hacerlo, por ejemplo, en la República Checa, en la región de Okna, al norte de Bohemia. Allí se erige el misterioso Castillo de Houska, que, según la tradición local, habría sido erigido precisamente como «tapón»de una entrada al mismísimo infierno. La historia, que se remonta al siglo IX, contaba que en la roca sobre la que se yergue había una grieta por la que salían criaturas infernales «con aspecto mitad humano y mitad animal, que causaban daños a personas, animales y perjudicaban la cosecha». Con el paso de los años se logró taponar la grieta y sobre ella se erigió una capilla de estilo gótico. Fue en el siglo XIII, lo que convierte a Houska en una de las fortalezas más antiguas de Chequia.

El hecho de que las paredes estén siempre húmedas y cubiertas de líquenes, mientras las demás construcciones no sufren dichos problemas, despierta aún más dudas entre los lugareños. Desde hace siglos, las gentes de la zona están convencidas de que la misteriosa puerta que se abriría debajo del castillo conduce a otros mundos… e incluso a otros tiempos. Aunque las fortalezas se construían con una finalidad protectora, la mole pétrea de Houska se sitúa en un lugar desierto y sin acceso al agua. Una leyenda apunta que en el siglo XVI se concedió a un reo condenado a muerte la posibilidad de trocar su trágico destino por la libertad si se aventuraba en su interior y contaba lo que había visto. Una vez que le hicieron descender, comenzó a gritar, aterrado, que lo subieran, asegurando que prefería morir en el cadalso: aseguró que en el interior de la sima había escuchado unos gritos espeluznante, y que el ambiente estaba impregnado de un hedor insoportable. En el siglo XIX se extendió aún más la leyenda cuando el poeta romántico Karel Hynek Mácha decidió pernoctar en la sima.

Existen otras supuestas puertas al infierno diseminadas por todo el orbe: El Escorial (España); el Necromanteión (Éfira, Grecia, el cráter de Darvaza (Turkmenistán), Hierápolis (Pamukkale, Turquía). El Monte Osore (Japón) Suma y sigue… No sabemos cuál es el mejor atajo para llegar hasta allí. En otro post nos atreveremos a abrirlas.





Hoteles en los que se hospeda el mal (II)

10 11 2020

No es precisamente un buen año para el sector hotelero y turístico por culpa de la dichosa pandemia del Covid-19, el peor y más letal inquilino de los últimos 100 años; más bien está siendo nefasto, para olvidar, como en muchos otros sectores, pero seguro que cuando esto se recupere, y lo hará –no me atrevo a vaticinar cuándo, eso sí–, volvemos a viajar a los lugares más sorprendentes… e inquietantes. Si somos de experiencias fuertes, quizá nos atrevamos a alojarnos y pernoctar en alguno de estos establecimientos, aunque dudo que lo recomiende la mayoría de cardiólogos e incluso psiquiatras. NO APTO PARA APRENSIVOS.

Óscar Herradón ©

Fort Garry Hotel (Canadá)

Downtown, Winnigpeg (Manitoba, Canadá). El Fort Garry Hotel fue construido en 1813 por el Grand Trunk Pacific Railway con la finalidad de hospedar a los viajeros del tren, ya que estaba situado muy cerca de la unión de la vía férrea, en el cruce de los ríos Red y Assiniboine. Es uno de los hoteles más grandes del país, reconocido como patrimonio histórico canadiense desde 1981. Pero arrastra también ecos de tragedia: cuentan que en la década de  1940 una mujer fue brutalmente asesinada por un mafioso en la habitación 202. Desde entonces, la habitación estuvo cerrada al público hasta los años 50. Pero como si la estancia estuviera maldita, tuvo lugar un nuevo hecho luctuoso: una joven embarazada esperaba a su marido que había salido a comprar el periódico. Cuando se asomó a la ventana, vio horrorizada cómo un coche lo arrollaba, causándole la muerte. La muchacha, encogida por el dolor, se ahorcó en el armario.

Fort Garry Hotel

Desde entonces, han sido varios los huéspedes que han afirmado ver extrañas siluetas y escuchar lamentos horripilantes en el interior de la 202. Una extraña fenomenología que sería fruto de la tragedia vivida y que, según el testimonio de algunos que han dormido allí –o al menos lo intentaron– se manifiesta en forma de una vieja espeluznante que se lamenta en un rincón. Otros testigos afirman haber visto sangre goteando de las paredes y que alguien o algo invisible les toca los pies cuando están tumbados sobre las camas. Otras de las historias que circulan sobre el Fort Garry Hotel hablan de grotescas apariciones de una mujer gimiendo por los pasillos… ¿la suicida de la 202? Quién sabe…

El delicado asunto «sobrenatural» fue dotado de cierta oficialidad tras el testimonio de la diputada canadiense liberal Brenda Chamberlain –quien se definía escéptica–, que durmió en la 202 durante un caucus en el año 2000 y afirmó más tarde a la prensa que fue despertada a media noche porque sintió dos veces una «presencia» que intentaba meterse en su cama. La noticia copó los titulares nacionales y la duda sigue en el aire.

Fairmont Banff Springs. 405 Spray Ave, Banff, Alberta (Canadá)

También en Canadá se halla el emblemático hotel Fairmont Banff Springs, de una belleza arquitectónica que deja paralizado al visitante, enclavado a su vez en un paisaje circundante espectacular: el de las Montañas Rocosas. Es por eso que se le conoce como «el Castillo de las Rocosas», un lugar de gran confort al que acuden gentes con bastante dinero. Construido en 1888 en el estilo de la arquitectura baronial escocesa. Declarado Sitio Histórico Nacional por la UNESCO, si ocupa un lugar en este post es porque guarda un secreto… bastante oscuro.

Fairmont Banff Springs

Aunque toda parece formar parte de una leyenda muy popular por aquellos lares, lo cierto es que es casi un asunto de «interés nacional» por la repercusión que tiene entre los canadienses. Cuenta ésta que el día en que unos prometidos iban a casarse en el Fairmont, mientras acudían juntos al salón donde tendrían lugar las celebraciones nupciales, tuvo lugar la tragedia. Bajaban agarrados una sinuosa escalera de piedra caliza que aún puede verse en el hotel; los escalones estaban flanqueados por velas encendidas y, en un momento dado, no se sabe si porque la novia pisó con su talón el borde del largo vestido o porque la tela rozó alguna de las velas, se asustó, tropezó y cayó por las escaleras, perdiendo la vida al instante.

La escalerita se las trae…

Trágico, sin duda. Pero la historia de aquella desdichada novia no terminó con su muerte… durante años circularon historias sobre las apariciones en el hotel de una mujer ataviada con vestido nupcial, con su traje blanquísimo y su velo, a la que le gustaba subir y bajar la empinada escalera, incluso, hay quien afirma haberla visto bailando –quizá el baile que nunca pudo celebrar–, para después esfumarse ante los atónitos ojos de los testigos sin dejar rastro.

Lo dicho, suena a leyenda, otra más del tema «lugar encantado», pero lo cierto es que ha calado tanto entre los canadienses que incluso llegaron a acuñar una moneda en 2014 conmemorando tan fatales hechos: en su anverso puede verse la tradicional efigie de la reina Isabel II, realizada por la retratista canadiense Susanna Blunt, con su particular leyenda, pero en el reverso aparece el retrato de una novia con los ojos cerrados.

Gracias al uso creativo de la tecnología lenticular se produce un singular efecto cuando se inclina la moneda de 25 centavos: de repente, los ojos de la novia están abiertos mientras que la luz de las velas se alinea hasta el fondo negro de la escalera… A continuación, el cuello y el pecho de la efigie se transforman en la imagen del majestuoso Fairmont Banff Springs Hotel. Si se gira, vuelve a desaparecer como afirman que hace su fantasma… Aunque solo se trate de una conmemoración de ecos folclóricos, lo cierto es que da bastante yuyu.

La habitación 873   

Y como no podía ser de otra manera, este majestuoso hotel enclavado en las Rocosas canadienses tiene su propio habitación “maldita”, la 873. Eso sí, a diferencia de otros hoteles con reclamo “sobrenatural”, en el Fairmont nadie habla de esta estancia, el personal del hotel tiene prohibido hacerlo –a pesar del bombo que le dan a la «novia fantasma»; afirman que nunca ha existido, pero los «cazadores» de lo insólito han visitado el inmueble varias veces y han encontrado ciertas pistas que indican que la 873 es algo más que un cuento de viejas.

Según la historia recogida en varios libros, décadas atrás una familia fue asesinada en dicha habitación. Tras una larga investigación, los administradores del complejo decidieron renovarla, pero los nuevos viajeros que dormitaban allí –y que en principio desconocían las muertes– aseguraban que eran despertados por horribles gritos y que, cuando encendían las luces, se encontraban únicamente con unas huellas de manos ensangrentadas en los espejos de la estancia… Estremecedor. Eso sí, por muy rápido que avisaran a recepción, en cuanto el personal subía, las marcas habían desaparecido.

En un intento por encubrir aquella horrorosa tragedia y las consecuencias “invisibles” de la misma, se decidió sellar la habitación: retiraron la puerta y la entrada la cubrieron con paneles de yeso, todo ello a ras de suelo para que coincidiera con el resto del pasillo, como si jamás hubiera existido. Pero los amantes de lo oculto afirman que existen indicios de que los empleados siguen un guión cuando les preguntan. Que mienten, vamos. Hay habitaciones que terminan en 73 en todas las plantas, salvo en el octavo piso; también luces encima de cada puerta, y olvidaron quitar las que iluminaban la antigua entrada; si alguien golpea la pared justo ahí se escucha un sonido hueco. El misterio sigue tapiado en aquel pasillo.

Además, el Fairmont Banff cuenta también con otro curioso inquilino, un espíritu amistoso –friendly ghost– que sería el de un ex empleado del hotel de nombre Sam McCauley, un botones que se retiró a principios de 1970. Antes de partir le dijo a sus compañeros que volvería. Lo que no dijo era cómo: parece que eligió para su hacerlo la forma descarnada; cuando murió en 1975 comenzó a observarse su supuesto fantasma en el noveno piso del hotel.

Según varios testigos, es un espíritu que se muestra amable y servicial, pero que viste un traje anticuado. Abre las puertas de las habitaciones y, cuando los inquilinos le van a dar las gracias y una propina, simplemente se desvanece. Todo parece fruto de la leyenda o de la vívida imaginación de visitantes y lugareños, pero lo cierto es que no todo el mundo se atreve a recorrer la novena planta en la soledad de la noche. Existe una fotografía en la que se puede ver a los empleados del hotel en 1965, donde Sam, sentado en el centro –parece que ya le gustaba destacar–, aparece sonriente. Quizá ya intuía que aquel maravilloso paraje sería su hogar por toda la eternidad.





Hoteles en los que se hospeda el mal (I)

9 11 2020

No es precisamente un buen año para el sector hotelero y turístico por culpa de la dichosa pandemia del Covid-19, el peor y más letal inquilino de los últimos 100 años; más bien está siendo nefasto, para olvidar, como en muchos otros sectores, pero seguro que cuando esto se recupere, y lo hará –no me atrevo a vaticinar cuándo, eso sí–, volvemos a viajar a los lugares más sorprendentes… e inquietantes. Si somos de experiencias fuertes, quizá nos atrevamos a alojarnos y pernoctar en alguno de estos establecimientos, aunque dudo que lo recomiende la mayoría de cardiólogos e incluso psiquiatras. NO APTO PARA APRENSIVOS.

Óscar Herradón ©

Afirman aquellos que están hechos de la pasta de la incredulidad más obcecada que son meras leyendas, situaciones fruto de la sugestión o del miedo llevado al límite, cuando no del interés de unos cuantos con el único afán de lucrarse; incluso, en estos tiempos en los que la Red es un apéndice más de nuestro cuerpo, que se trataría solo de otras más entre tantas fake news que circulan sin control ni freno, confundiéndonos sobre los que es real y lo que viene siendo trola pura y dura.

Muchas de esas historias nacen así. Pero parece haber algo más… en ocasiones mucho más. O al menos eso aseguran, con semblante muy serio, quienes se han topado cara a cara con lo insólito, con el terror en su estado más puro y no han podido volver a dormir tranquilos. Y la gran mayoría no tiene motivos para mentir.

Porque aquello que parece intangible, que desafía nuestra preclara razón en la que no tiene cabida lo que se sale del guión de lo comúnmente aceptado, se presenta cuando le viene en gana, y son numerosos los testimonios de su presencia, reiterativa o casual. Un buen número de ellos han sido recogidos en esos lugares de paso en los que recalamos alguna vez –o muchas– en nuestra vida: hoteles, moteles, paradores… Sitios de tránsito o descanso en los que la presencia del mal, o lo extraño, sea lo que sea, se hace patente, obligando en ocasiones a cerrar a los propietarios –o a silenciar el asunto– y, en otras, paradójicamente, provocando que aumenten sus reservas al reclamo de «quedan habitaciones vacantes». Hoy el miedo está de moda, aunque no es para todos los públicos. Tras entrar en la recepción y llamar al conserje, comienza nuestro particular viaje a las sombras.

Hotel Cecil. Los Ángeles (EEUU)

640 S. Main Street. Los Ángeles. Con forma de enorme torre en la que tienen cabida 600 habitaciones, el Hotel Cecil fue construido en el corazón de la soleada capital de la costa oeste en 1927, un tiempo de grandes estrellas, gánsteres y crímenes sin resolver. Aunque fue erigido como un lugar acogedor, con los años fue decayendo su fama, tornándose en lúgubre y decadente y se convirtió en lugar de paso de gente anónima, alguna muy peligrosa. Aquel que tenía dinero no se alojaba en el Cecil…

Su historia siniestra, que abarca varias décadas, comienza poco después de su construcción: tras el crack de 1929 y la Gran Depresión, en sus dependencias comenzaron a suceder numerosos suicidios y crímenes, tantos, que hoy está considerado el hotel más maldito de toda la costa oeste. En él residió durante un tiempo la tristemente célebre Elizabeth Short, bautizada por la prensa como «La Dalia Negra», una joven aspirante a actriz cuyo cuerpo apareció desnudo y descuartizado en un descampado de Los Ángeles, el 15 de enero de 1947, brutal suceso que inspiraría a James Ellroy su novela homónima –ese, y la brutal muerte de su madre, que contaré en otro post–. Nunca se descubrió a su asesino.

En 1962, una inquilina de nombre Pauline Otton saltó desde una ventana de la novena planta del Cecil. En su brutal caída, acabó con la vida de un pensionista. Ese mismo año, contribuyendo a aumentar la fama de malditismo del inmueble, Julia Frances Moore, de 50 años, saltó desde la octava planta y su cuerpo impactó contra la barandilla del segundo piso. Sin embargo, la luctuosa historia del hotel no había hecho más que comenzar.

Apenas un par de años después, en 1964, una vendedora telefónica jubilada de nombre «Pigeon» Goldie Osgood, que llevaba tiempo residiendo en el Cecil, fue hallada muerta en su habitación: había sido violada, apuñalada y golpeada hasta la muerte. El crimen nunca fue resuelto.

Drogas, prostitución y serial-killers

La tétrica historia de este hotel inspiraría una de las últimas temporadas de la exitosa serie catódica American Horror Story. Como si de un imán para los dementes se tratara, el Cecil, ya en lo que era considerado un barrio marginal –Skid Row–, donde se traficaba con drogas y se utilizaban las habitaciones para la prostitución ilegal, dio cobijo a algunas de las mentes más retorcidas de la crónica negra de los últimos cuarenta años, lo que alentó su nefasta fama.

A mediados de los 80, se pudo ver en el hotel durante una buena temporada, antes de ser arrestado, a Richard Ramírez, alias Night Stalker (El Acosador Nocturno), uno de los más retorcidos serial-killers de América. Entonces las habitaciones eran muy baratas, rondando los 14 dólares la noche. Uno de los empleados nocturnos del Cecil, Raoul Rodríguez, recordaría más tarde cómo un hombre que estaba seguro era Ramírez se alojó allí durante los meses de julio y agosto de 1985, en una habitación de la planta 14.

De origen mexicano, Ramírez acabó con la vida de 14 personas en Los Ángeles entre 1984 y 1985. A principios de los 90 el Cecil dio cobijo a Jack Unterweger, un asesino en serie de origen australiano, de notables cualidades literarias, que acabó con la vida de 12 prostitutas de diferentes países utilizando su propio sostén para estrangularlas. Hubo otros crímenes menores y agresiones sangrientas en sus instalaciones, en 1988, en 1995, en 2010…

En un lugar con un historial así, no es raro que se hiciera presente la actividad «sobrenatural»; incluso, existen fotografías en Internet –no muy convincentes, todo sea dicho– en las que se pueden ver extrañas siluetas que han aparecido tras el revelado. Una larga lista de hechos anómalos y ruidos sin explicación; incluso, algunos huéspedes aseguran haber sufrido intentos de estrangulamiento mientras dormían… Se marcharon prestos del Cecil asegurando que los fantasmas del establecimiento intentaban asesinarlos.

El crimen más extraño

A pesar de su historial trágico, el caso más extraño y espeluznante en el interior del Cecil tuvo lugar en su interior hace apenas unos años, en 2013. Aquel año, la joven de 21 años de origen chino Elisa Lam, que sufría una depresión, decidió realizar un viaje para recorrer los EEUU de punta a punta. Uno de los lugares que más anhelaba conocer era Los Ángeles, y allí recaló, instalándose en el peor hotel, en la peor calle de la ciudad.

La tarde del 31 de enero Elisa estuvo en una librería cercana, Last Bookstore, donde compró algunos libros y discos. Regresó con sus compras al hotel, según declaró el personal que la vio entrar en el Cecil. Pero ese mismo día algo pasó: no volvió a dar señales de vida. Sus padres alertaron a las autoridades pero el paradero de la joven era desconocido.

Dos semanas después, cuando la policía revisó los vídeos de vigilancia, se quedaron estupefactos con unas imágenes que circularían por Youtube, poniendo los pelos de punta a medio mundo. En aquellos cortes se ve a Elisa, pocos días antes de su desaparición, actuando de una forma cuanto menos extraña en el interior de uno de los ascensores del Cecil: pulsaba los botones del elevador y salía y entraba varias veces a su interior, muy inquieta. Además, daba la sensación de que hablaba con alguien, aunque en las imágenes no se apreciaba figura alguna, lo que dio pie a hipótesis de todo tipo: que si había sufrido un brote psicótico, que hablaba con un asesino, un fantasma e incluso que el elevador se trataba de ¡una puerta dimensional! Sin palabras… Al poco rato, Elisa salía del ascensor, y nada más se supo.

En febrero, los inquilinos del hotel comenzaron a dar quejas en recepción sobre el color y el sabor del agua que manaba de los grifos y la ducha, y sobre el mal olor y sabor de la misma. No sospechaban entonces que beber aquel agua o ducharse con ella marcaría sus vidas para siempre… El personal de mantenimiento del hotel fue a revisar los tanques de la azotea y descubrieron un cuerpo en descomposición. Cuando las autoridades se llevaron el cadáver y le hicieron la autopsia, corroboraron que era el cuerpo de Elisa Lam y que llevaba 19 días sumergido en el depósito. A partir de entonces cogió fuerza la hipótesis del suicidio e incluso del asesinato, aunque ninguna de las dos se pudo corroborar. El cuerpo, a pesar del mal estado, no mostraba signos de violencia.

En cuanto al suicidio, según se hacía eco el diario La Vanguardia el 30 de enero de 2017,  los investigadores afirmaron que era casi imposible que la joven tuviera acceso a los depósitos del tejado. Los recepcionistas aseguraron por su parte que «el tanque no tenía fácil acceso y estaba cerrado con llave –una llave que, presuponemos, no tenía la víctima–. Además, la tapa pesa considerablemente», algo extraño para una chica que no debía pesar más de 50 kilos. Es más, los bomberos, agotados, tuvieron que optar por hacer un orificio en el tanque para sacar el cuerpo. Incluso, había un dispositivo de alarma que nunca se activó.

Cómo no, la hipótesis paranormal no tardó en copar las redes sociales: se habló de una entidad invisible y agresiva que estaría acosando a Elisa en el ascensor, lo que justificaría el hecho de que las puertas no se cerraran ni siquiera tras pulsar ésta el botón; dicha entidad habría sido la responsable de llevarla a la azotea… Demasiado poder, no obstante, para un ente descarnado.

Otra hipótesis es que pudo haber sido víctima de una posesión demoníaca que habría terminado en suicidio… Muchos relacionaban a Richard Ramírez con el satanismo, del que se jactaba de ser fiel seguidor, pero era imposible que éste tuviera algo que ver en el «crimen»: Ramírez permanecía en la cárcel, donde llevaba 23 años esperando la pena capital. Curiosamente, moría en prisión el mismo año del caso Lam, el 7 de junio de 2013, a los 53 años, tras pasar 23 en el corredor de la muerte. Más leña que arrojar al fuego de lo extraño.

Circularon ideas aún más peregrinas: que Lam formara parte de una retorcida conspiración del gobierno con ingredientes tan sugerentes como experimentos con humanos y secretos de Estado. Un año más tarde, sin pruebas evidentes y ante la falta de testimonios fehacientes, la policía estatal archivó el caso. Cinco años después, el caso de Elisa Lam es considerado el mayor misterio de la década en los EEUU.

Ballygally Castle Hotel (Irlanda del Norte)

Situado en la cima de la bahía de Ballygally, en la costa de Antrim, al noreste de Irlanda del Norte, a tan sólo 32 km al norte de Belfast, se erige un viejo e impresionante castillo con una truculenta historia detrás. El Ballygally Castle Hotel data de 1625, y fue construido al estilo de los castillos defensivos franceses por un escocés, James Shaw. La fortificación perteneció a la familia Shaw hasta 1799. Ya en el siglo XX, la compró el magnate de las alfombras Cyril Lord, quien amplió y renovó su estructura.

Hoy es un moderno alojamiento con 44 habitaciones y un restaurante dentro de las murallas con una sugerente carta. Pero al margen de ser un sitio acogedor, lo cierto es que, cual reclamo sobrenatural, existen una serie de placas que te guían hacia la conocida como «Habitación del Fantasma» (Ghost Room), aunque al parecer no es un simple recurso turístico. Cuentan que dicha estancia, situada en un torreón superior con espectaculares vistas al mar de Irlanda, perteneció a una famosa residente, Lady Isobel Shaw.

De acuerdo a los lugareños, el dueño del castillo, James Shaw, se casó con la desafortunada Lady Isobel que no pudo darle el varón que éste soñaba, sino una niña. Enfurecido, la encerró en la torre negándose a alimentarla y allí la muchacha enloqueció: durante semanas no paró de gritar y golpear la puerta hasta que su retorcido esposo la arrojó a la desdichada por la ventana. Aunque hay versiones diferentes: a saber, que el escocés contrató a unos esbirros que la arrojaron por las empinadas escaleras, causando su muerte; otros claman que Isobel mantenía una relación adulta con un marinero y cuando Shaw lo descubrió, la encerró.

Cyril Lord.

Desde entonces, se dice que su espíritu frecuenta la pequeña habitación, dejando la estancia impregnada de un característico olor a vainilla que todos, desde el dueño al último camarero, relacionan con Isobel. A veces se aparece –dicen– en esa parte del castillo a algunos visitantes, como desesperada: creen que está buscando a su hija. Lo más estremecedor es que algunos inquilinos afirman haberse despertado en medio de la noche y encontrar al “fantasma” en medio de la habitación para, a continuación, verlo desvanecerse.

Según se relata en el libro de Jeff Belanger The World’s Most Haunted Places, en 1998, una semana antes de la fiesta de Halloween, la reportera Kim Lenaghan grabó parte de un segmento de «divertidas situaciones de miedo» para el programa radiofónico de la BBC Good Morning Ulster en el interior del BallyGally. Eligió pasar la noche, claro, en la Ghost Room, tras pedirle consejo a una médium apodada “Sally” que la acompañó antes de pernoctar. Lenaghan le contaría a Belanger más tarde que en un momento determinado «Sally» pareció entrar en contacto con alguna entidad, aunque no estaba en trance, aunque sí muy concentrada. Luego, la temperatura de la habitación subió notablemente, «al menos diez grados». La médium comenzó a hablar con alguien invisible y se hizo presente un olor, un fuerte olor a vainilla, «pero no era exactamente vainilla; era un olor viejo, que recordaba ligeramente al moho; olía a vainilla rancia… Sé que suena ridículo, pero eso es lo que era», sentenciaría la periodista.

Siguiendo el trabajo de Belanger, «la médium explicaría más tarde que el espíritu era el de una mujer joven asustada que estaba buscando a su hija pequeña. Le dijo a Lenaghan que ‘la mantenían allí contra su voluntad, asegurando que había una mujer vieja que no la dejaría salir de la habitación’. Durante la conversación, la mujer corría continuamente hacia la ventana buscando a un hombre llamado Robert que estaba en el mar. El espíritu no entendía por qué Robert no volvió a buscarla».

Tras este episodio que comenzó a alarmar a la hasta entonces incrédula reportera, Lenaghan se despidió de «Sally», se hizo con una taza de café, un poco de brandy y una grabadora, subió las escaleras y se instaló en la pequeña habitación del torreón. Lenagham afirmó que alrededor de las tres de la madrugada la habitación comenzó a calentarse de nuevo: «Pensé: ¡es el café y el brandy! Y luego se puso aún más cálido y pensé, ‘no, algo no está bien’. Inmediatamente regresó el olor. Y era aún más fuerte que antes (…)».

Segundos después, salió escopetada de la habitación y se fue a otra lo más alejada posible. Al día siguiente, el personal la llevó de nuevo al ala «encantada» del castillo, donde varios inquilinos afirmaron haber escuchado llamar a la puerta por la noche, e incluso uno de ellos aseguró haber visto a una mujer que se desvaneció. Este mismo le mostró a la periodista, escrito en el polvo del espejo de la «habitación fantasma» el nombre de Kim. Si fue una puesta en escena de los administradores del BallyGally, fue desde luego de Oscar.

Ghost Room… ¡Buen descanso!

Otros inquilinos afirman que el castillo está encantado por uno o más niños. Algunos fueron despertados por unas pequeñas manos que tiraban de las sábanas y les empujaban. Cuando abrían los ojos no veían a nadie… pero sabían que no se trataba de un sueño o una pesadilla porque, ya erguidos, podían escuchar una risa infantil. Hoy es un hotel de 4 estrellas. Puedes reservarlo en Booking desde unos 150 euros la noche. Seguro que la experiencia merece la pena… O no.

Este post continuará (si nos deja el alma atormentada del malvado Ramírez…)