Los Protocolos de los Sabios de Sión: la farsa que cambió la historia de Europa (I)

Las teorías de la conspiración no son inocuas. Algunas pueden ser muy dañinas, e incluso criminales. En estos tiempos cibernéticos de trolls, foreros de doble identidad, fake-news e información globalizada muchas veces sin control, éstas campan a sus anchas por la Red…

Óscar Herradón ©

…desde las clásicas, algunas con cierto asomo de verdad, pues la conspiración ha existido, existe y existirá siempre mientras el hombre campe sobre la tierra, léase las oscuridades en torno al asesinato de Kennedy, los gobiernos en la sombra o lo que oculta el Vaticano, a otras de nuevo cuño, una mezcolanza de ideas absurdas y pseudoverdades que hablan de que la tierra es plana, la vacuna del Covid contienen metales pesados o que a una pizzería de Washington da cobijo a una oscura red de pederastas satánicos. Puede parecer algo moderno, lo de usar la conspiranoia para cosechar poder y derrocar al adversario, pero lo cierto es que es algo bien antiguo, y unos de los máximos exponentes a la hora de utilizar falsas historias para sacar rédito político fueron los nazis, desde sus misma configuración ideológica.

Leyes de Núremberg

Una de las bases de su ideario (y semilla de lo que con el tiempo acabaría tomando la siniestra forma de la Shoa), fue un texto envenenado con rimbombante título que algunos vuelven a reivindicar hoy en las RRSS como «la verdad» en lo que no es sino una reavivación de viejos y retorcidos fantasmas. 

Los orígenes de estas actas bautizadas como Los Protocolos de los Sabios de Sión son oscuros y dudosos; existen mil y una teorías sobre el mismo pero estudiosos de la talla de Norman Cohn, que en los años sesenta llevó a cabo la más minuciosa investigación sobre su origen y difusión a través del análisis de miles de documentos y de numerosas entrevistas a miembros de las SS y a antiguos nazis (fruto de la cual nació su trabajo El mito de la conspiración judía mundial), han contribuido a arrojar algo de luz sobre su forja e inusitado éxito posterior, rodeados, no obstante, insisto, de múltiples sombras. Ahora han sido publicados importantes trabajos que recojo al final del artículo.

Cuando los nazis llegaron al poder en 1933 comenzaron a distribuir de forma masiva ejemplares de los envenenados Protocolos, extendiendo su fama por toda Europa; hasta tal punto se desató la alarma que la comunidad judía de Suiza, sintiéndose amenazada, denunció a la dirección de la organización nazi en Berna y en 1935 se inició una investigación sobre la autenticidad o falsedad del texto sobre el que se interesaron periodistas y estudiosos de todo el mundo.

ROSER 1

No fue el primer intento de desvelar el fraude. En 1921, cuando los Protocolos gozaban de gran éxito en Estados Unidos principalmente gracias al multimillonario fabricante de automóviles Henry Ford, virulento antisemita, que se dedicó a divulgarlos, un periodista del rotativo británico The Times, Philip Graves, descubrió en Estambul –o eso afirmaba en una historia digna de una novela de espionaje– la obra Diálogo en el Infierno, de Maurice Joly (uno de los textos seminales de los Protocolos), y la similitud excesiva de la conspiración judía con ésta. Durante tres días seguidos, en agosto de 1921, el diario publicó una serie de artículos en los que informaba, entre otras cosas, que «los Protocolos (…) son solo un torpe fraude producido por un plagiario inconsciente que parafraseó un libro publicado en Bruselas en 1865».

Maurice Joly

Pero aquello no preocupó a los nazis, que siguieron considerando el texto como verídico. Joseph Goebbels, maestro de la contrainformación y la propaganda, llegaría a decir del texto: «Los Protocolos de los sionistas son tan actuales hoy como lo fueron el día en que fueron publicados por primera vez». Palabras cuasi proféticas que hoy cobran notoriedad si tenemos en cuenta que, con matices y actualizaciones, son la base de las nuevas conspiraciones de la ultraderecha populista.

Según las pesquisas –los demandantes obtuvieron las declaraciones de varios emigrados rusos de ideas liberales–, todo apuntaba a que Los Protocolos de los Sabios de Sión habían sido creados por la temible policía secreta zarista, la Okhrana –u Orjana–, tristemente célebre por llevar a cabo brutales interrogatorios y torturas (hacía desaparecer a sospechosos sin dejar huella alguna) que sería la base del NKVD soviético y serviría de fuente de inspiración a la mismísima Gestapo, la policía secreta nazi.

Pero debemos remontarnos tiempo atrás para ver el origen de un texto deliberadamente falseador de la historia que mostraba a los judíos como seres cuasi infernales, integrantes de siniestras organizaciones secretas cuyo cometido era acabar con el mundo conocido e instaurar el judaísmo internacional en todo el orbe, visión apocalíptica que asimilaría profundamente Hitler en su cosmovisión.

Dudosos orígenes

Siguiendo el trabajo de Norman Cohn, parece que la raíz del mito de una conspiración judía mundial, en su forma moderna (no medieval), se la debemos a un clérigo francés, el abate Barruel, que en su alucinada y extensa obra –en cinco volúmenes– Mémoire pour servir a l’histoire der Jacobinisme, presentaba la Revolución Francesa como la culminación de la más secreta de las sociedades secretas. Como en la actualidad afirman muchos conspiracionistas en historias similares, Barruel culpaba a los templarios, cuya Orden –según él– no había sido aniquilada por completo en 1314, sino que había sobrevivido como sociedad secreta cuya misión era abolir las monarquías, derrocar al Papado y fundar una república mundial bajo su control.

Voltaire

La imaginación de Barruel era desbordante y afirmaba que también la masonería estaba controlada por estos conspiradores natos, que habían creado una academia literaria secreta formada por personajes tan notorios como Voltaire, Diderot o D’Alembert y cuyas publicaciones socavaban la moral y la verdadera religión –el catolicismo, claro– de los franceses. Ni qué decir tiene que Barruel incurría en mil y una falacias históricas, la mayoría relacionadas con la masonería, cuya organización y pretensiones no comprendía en absoluto, pero poco le importó.

Ahora sí, los judíos

Sin embargo, aunque el sacerdote francés culpaba a los masones de todos los males, apenas hacía referencia a los judíos. Sería en 1806 cuando un extraño personaje entró en escena y envió un documento al religioso que parece ser la primera de una serie de falsificaciones que culminarían en los Protocolos.

Visión del judío como un ser demoníaco

El documento era una carta escrita por un tal J. B. Simonini, un supuesto oficial del ejército italiano que ponía a Barruel sobre aviso del peligro que suponía la «secta judaica», sin duda, «el poder más formidable, si se tiene en cuenta su gran riqueza y la protección de que goza en casi todos los países europeos». Aquel fue el detonante de una de las mayores falsificaciones, y más dañinas, de la historia moderna.

Edición de Los Protocolos de 1912 con símbolos ocultistas

El tal Simonini afirmaba que en una ocasión se había hecho pasar por judío de nacimiento ante unos poderosos judíos del Piamonte que le mostraron grandes sumas de oro y plata a quienes «abrazaran su causa»; le prometieron además hacerle general si se hacía masón y le revelaron todos sus secretos, como que Manes y el Viejo de la Montaña eran también judíos –lo que era deliberadamente falso– y que la Orden de los francmasones y los Illuminati habían sido fundadas por judíos, una verdadera falacia, ya que en el siglo XVIII los masones eran generalmente hostiles a los judíos y muchas logias no los aceptaban entre sus miembros.

Él solito, Simonini, había «descubierto» que solo en Italia más de 800 eclesiásticos eran judíos, entre ellos obispos y cardenales, al igual que sucedía en España, y que se esperaba que dentro de poco, incluso, hubiese un Pontífice judío. Simonini avisaba del peligro que suponía que en algunos países se hubiera concedido todos los derechos civiles a los judíos (lo que recordaba notablemente a lo que pasaría tiempo después en la Alemania de Hitler) y que éstos acabarían haciéndose con todas las tierras y las propiedades, dejando a los cristianos sin nada.

En menos de un siglo –continuaba el misterioso remitente– los judíos serían los amos del mundo, «convertirían todas las iglesias cristianas en sinagogas y reducirían a los cristianos restantes a un estado de total esclavitud»; además, los judíos aniquilarían a la Casa de Borbón, el último impedimento para alcanzar su objetivo.

Barruel, como era de esperar, dio pábulo al que sería el embrión del mito de la conspiración judeomasónica que tanto daño causaría a partir de entonces. El eclesiástico galo ideó una nueva obra en la que hablaba de una conspiración revolucionaria que duraba siglos, desde Manes hasta los masones, pasando por los templarios medievales y en la que el mismo Napoleón Bonaparte –a sugerencia de Simonini– era también judío, pues debido a la defensa que hizo de los principios de libertad, igualdad y fraternidad, dondequiera que llegó su poder se emancipó a éstos.

Sociedades secretas en Alemania

Durante décadas estas fantasías no tuvieron mucho eco, pero a partir de 1850 reapareció el mito en Alemania como un arma de la extrema derecha en su combate con las nuevas ideologías del liberalismo, la democracia y el secularismo. En ese ambiente, contribuirían a enredar aún más la madeja y a aportar su retorcido granito de arena diversos personajes que fueron haciendo más grande la teoría de la conspiración. Por ejemplo, la novela Biarritz del ex oficial de correos Hermann Goedsche, que firmaba con el pseudónimo Sir John Retcliffe.

Retcliffe

Uno de sus capítulos se titulaba «En el cementerio judío de Praga» que, en el lenguaje romántico de la época, describía una reunión nocturna, secreta, que se celebraba cada siglo en el cementerio de la ciudad checa durante la fiesta de los Tabernáculos. A ella –decían– acudían los doce jefes de las tribus de Israel que se reunían en torno al representante de la casa de Aarón, al que informaban sobre sus actividades subversivas durante el siglo transcurrido y que conspiraban para que Israel volviese a convertirse en dueño absoluto de la Tierra.

El inquietante viejo cementerio judío de Praga

Aquel ejemplo de pura ficción romántica y antisemita comenzó a divulgarse como cierto y sería origen del conocido como «Discurso del Rabino». Curiosamente, serían los antisemitas rusos los primeros en divulgar dicha historia como un episodio real; después lo haría Francia, Alemania… en periódicos y publicaciones vinculados a la extrema derecha y al catolicismo. En 1887, Theodor Fritsch lo publicó en su «catecismo» para agitadores antisemitas, así como diferentes periódicos de Austria. Su carrera de popularidad era ya imparable.

Fritsch

Fritsch dedicaría un capítulo entero a las «sociedades secretas judías» en su Manual de la cuestión judía, que durante el Tercer Reich sería, junto a los Protocolos, texto de cabecera en las escuelas. Un año después de que Goedsche publicara su novela, el francés Gougenot des Mousseaux publicó otro que se consideraría la Biblia del antisemitismo moderno y que vincularía, como en la Edad Media, a los judíos con la adoración a Satanás.

Mousseaux

Mousseaux estaba convencido de que el mundo estaba cayendo en las garras de un misterioso grupo de adoradores del maligno, a quienes llamaba «los judíos de la Cábala», y consideraba este culto maligno como práctica habitual también de los maniqueos, los gnósticos, los Hashshashin, los templarios y los masones. En la línea de Barruel, apuntaba que pretendían la dominación mundial. Mousseaux dejaría el camino abonado para el abate Chauty, canónigo honorario de Poitiers y Angulema, autor de la denominada «Carta de los judíos de Constantinopla». Según ésta, a lo largo de toda la Diáspora habría existido un gobierno judío único y secreto, con un plan inmutable de dominación mundial.

Este post tendrá una inminente continuación en «Dentro del Pandemónium».

PARA INDAGAR MUCHO MÁS:

Recientemente, con la reactivación de tamaña farsa en el universo cibernético por grupos extremistas y herederos del viejo nacionalsocialismo, se han publicado nuevos y documentados trabajos sobre el asunto. Uno de los más importantes es Los Protocolos de los Sabios de Sión. Una historia infame, y salió hace apenas unos meses al mercado de mano de una de las editoriales que más cuidan las publicaciones de historia, Marcial Pons.

Su autor es el profesor de la Universidad Carlos III José Ramón Cruz Mundet. Allí dirige el Máster en Archivística. Es, además, Doctor en Historia y experto en gestión de documentos, autor de una extensa bibliografía y responsable de proyectos de digitalización en organizaciones públicas y privadas. Nadie mejor que él para unificar los numerosos textos –algunos incluso dispares– que acabaron dando forma a la conspiración antisemita de los Protocolos y para guiarnos en el rastreo de los antecedentes de una gigantesca conjura que serviría para justificar un odio que perdura todavía hoy bajo distintas formas. He aquí la forma de adquirirlo:

https://www.marcialpons.es/libros/una-historia-infame/9788417945220/

El otro es el último trabajo de uno de los mayores expertos en historia contemporánea y en la Segunda Guerra Mundial, el británico Richard J. Evans y se centra en exclusiva en ese pensamiento tendente a la conjura que invadía toda la ideología nazi y que le serviría para justificar sus atrocidades con los judíos y otras minorías, entre ellos, principalmente, una creencia férrea en el contenido de los Protocolos.

En Hitler y las teorías de la conspiración. El Tercer Reich y la imaginación paranoide, Evans propone una mirada crítica a la era de la «posverdad» en la que los «hechos alternativos» han ido ganando terreno, algo muy similar a lo que sucedió en la Europa de Entreguerras y en la Alemania nazi. Para situarnos en la materia, el autor escoge cinco de las teorías conspirativas más duraderas sobre el Tercer Reich y las analiza con el rigor que le caracteriza para explicar cómo éstas puedes no solo movilizar a las masas, sino instalarse como verdades históricas oficiales de un régimen.

Por supuesto, comienza con la de mayor envergadura, Los Protocolos de los Sabios de Sión, esa supuesta conspiración del pueblo judío para socavar la civilización –y que recuerda, mucho, a discursos actuales sobre el inmigrante y el diferente–; sigue con el mito del «Puñal por la Espalda» (en alemán, Dolchstosslegende), según el cual los socialistas y los judíos fueron los responsables de impulsar al ejército alemán de aceptar la derrota en la Gran Guerra, en base a oscuros intereses creados.

El tercer lugar lo ocupa incendio del Reichstag, que aunque se trató realmente de una operación de «falsa bandera» (fue realmente provocado por los nazis para instalarse en el poder, pero se acusó del mismo al joven comunista Marinus van der Lubbe, drogado y puesto en el lugar de los hechos) estuvo siempre rodeada de un aura de conjura y complot que se instaló con fuerza entre los alemanes.

Otra de las teorías de la conspiración más importantes –y persistentes– es el misterioso vuelo del viceführer Rudolf Hess a Reino Unido en 1941 supuestamente con la intención de firmar la paz con el imperio británico a espaldas (o no) del Führer. Hess permanecería en la prisión alemana de Spandau hasta 1987, año de su (supuesto) suicidio a los 93 años, que levantó todo tipo de interpretaciones y sospechas.

Y finalmente, Evans se centra en el eterno rumor de que Hitler huyó del Führerbunker en 1945, en un Berlín sitiado, y escapó a Sudamérica para vivir el resto de sus días oculto y sin ser juzgado, rumor que impulso por interés estratégico el propio Stalin y el Kremlin y que llegaría a barajar como posible el mismo FBI, que posee un informe en dicho sentido. Evans, con una quirúrgica observación de los hechos, investiga sus orígenes y la causa de su permanencia para demostrar que «la explotación consciente de los mitos y las mentiras con fines políticos no resultan ser una creación del siglo XXI». De hecho, se remontan mucho más atrás de los nazis, hasta la antigüedad, al origen de las civilizaciones y al ansia del hombre por mantener o alcanzar el poder. He aquí la forma de adquirirlo:

https://www.planetadelibros.com/libro-hitler-y-las-teorias-de-la-conspiracion/330637

Mi nombre es Bond, James Bond

En octubre de 2020 nos dejaba, a los 90 años, uno de los grandes intérpretes de todos los tiempos, Sir Sean Connery. Ahora, una biografía compuesta a varias manos por distintos autores y publicada por Sílex Ediciones nos desvela los secretos de este carismático escocés que nos hizo soñar durante décadas.

Óscar Herradón ©

Sir Thomas Sean Connery nos dejó el 31 de octubre de 2020 a los 90 años. Casi un siglo de puro entretenimiento. Sobra decir que fue uno de los grandes actores de los últimos 60 años. Pero aquél que encarnó al agente 007 con una elegancia y presencia nunca superadas (y eso que hubo grandes actores que se pusieron después en la piel del mujeriego agente secreto, el último el vitaminado Daniel Craig), aparte del personaje creado por Ian Fleming nos dejó inolvidables papeles en cintas como Robin y Marian, El Nombre de la Rosa o Indiana Jones y La última cruzada (y otras más olvidables, aunque no por su culpa, como Los Vengadores, El Primer Caballero o La Liga de los Hombres Extraordinarios).

Connery, nacido en Edimburgo, Escocia, el 25 de agosto de 1930, fue mucho más que un actor soberbio, y ahora una detallada biografía publicada por Sílex y firmada por distintos autores, desgrana, a modo de homenaje por su muerte, todos y cada uno de los aspectos (algunos menos amables) de su fascinante vida y carrera. En este post abrimos boca con varias curiosidades que probablemente no sabías (o sí), sobre el padre de Indy:

Cuando Arnold Schwarzenegger ganó en 1967 su primer título de Míster Universo ni siquiera él imaginaba la exitosa carrera que se le abriría en Hollywood y que comenzó con esa rareza documental titulada Hércules en Nueva York en 1969, sin embargo, la halterofilia era ya una rama deportiva bastante conocida cuya fama contribuyó a extender el forzudo austríaco. Pues bien, también Sean Connery practicó el culturismo y participó en Míster Universo en una fecha en la que este deporte era muy minoritario. Fue en 1953 y Connery se alzó con ¡la medalla de bronce! Como levantador de pesas utilizó como alias el apodo de su juventud, «Big Tom».

Acabó siendo uno de los actores mejor pagados de todos los tiempos, pero Connery adquirió experiencia teatral entre bastidores, trabajando como tramoyista. Antes del éxito, realizó todo tipo de trabajos: fue repartidor de leche, formó parte de la Marina Real Británica (de la que tuvo que licenciarse a causa de una úlcera péptica duodenal), conductor de camión, socorrista en las piscinas de Portobello, peón de granja, modelo artístico en el Edinbugh College of Arts, y hasta pulidor de ataúdes. También fue un excelente futbolista, y llegó a ser tentado por el gerente del Manchester United a los 23 años (demasiado tarde, según él), y eligió la carrera actoral.  

Con un fuerte acento y una característica dicción, muchos decían que aquello sería un impedimento para triunfar en el cine. Hoy, su voz es una de las más reconocidas e icónicas del séptimo arte.

El debut de Sean Connery en Hollywood fue en la cinta Darby O’Gill ant the Little People (traducida en España como Darby O’Gill y el Rey de los DuendesEl Cuarto Deseo–), producida por Walt Disney y donde el escocés hizo incluso sus pinitos cantando. La cinta aunaba fantasía y viejas tradiciones feéricas escocesas.

Connery interpretó personajes eternos, pero también rechazó papeles muy sugerentes: no quiso ser Tarzán, papel para el que su pasado de gimnasio le venía que ni pintado; la idea era relevar a Gordon Scott, pero quizá la sombra de Johnny Weissmuller era muy alargada para reconvertirse en rey de los monos. Y el bueno de Connery rechazó también protagonizar la catódica Maverick, que encumbró a James Garner.

En 1971 Connery entró en el Libro Guinness de los Récords al aceptar encarnar una vez más al agente 007 en Diamantes para la eternidad, fichaje que le valió un millón doscientos mil dólares. De la época, claro. Hoy hay quien gana bastante más por participar en un episodio televisivo.

Una de sus intervenciones más icónicas de los 80 fue el papel de Juan Ramírez Sánchez-Villalobos en Los Inmortales (The Highlander), con inolvidable banda sonora de Queen. Connery tomó clases de esgrima por exigencias del director, Russell Mulcahy, y durante el rodaje fue herido por el actor Clancy Brown.

En 1986 se hizo con un merecido premio BAFTA por interpretar al cultivado monje medieval Guillermo de Baskerville en la adaptación cinematográfica de la novela homónima El nombre de la rosa, del italiano Umberto Eco. Y por Los Intocables de Eliot Ness (1987), de Brian De Palma, ganó el que fue, increíblemente, el único Oscar de su dilatada carrera, como Mejor actor de reparto.

Es el único actor que, en la antesala de los sesenta, fue considerado el hombre vivo más sexy por la revista People. Corría el año 1989.

Y llegamos al momento en que Connery acepta el papel de Henry Jones, el «papi» del arqueólogo-aventurero más famoso de todos los tiempos, azote de los nazis. Aunque George Lucas estaba prácticamente convencido de que el escocés no aceptaría participar en la tercera entrega Indiana, Spielberg se lo propuso y, tras realizar notables cambios en el guión (entre ellos, darle mayor importancia a su personaje, y no irle a la zaga al hijo en lo que a galán se refiere –la idea de compartir amantes fue suya, y al Rey Midas de Hollywood le encantó–), aceptó, realizando otra memorable interpretación que forma parte del imaginario de varias generaciones.

En un principio, Sean Connery no estaba llamado a interpretar al capitán ruso Marko Ramius en La Caza del Octubre Rojo, adaptación de la novela homónima de Tom Clancy. El rol había recaído en el actor austríaco Klaus Maria Brandauer, villano de la película de Bond Nunca digas nunca jamás. El segundo día de rodaje, el intérprete de Memorias de África y Mefisto, se rompió una pierna y recomendó a Connery para sustituirlo. Éste, sin tiempo para prepararse un papel de tal enjundia, se incorporó a la filmación en el último momento y el realizador John Milius (Conan) ayudó al escocés a recrear el acento ruso, tarea nada sencilla.

Un año después de Indiana Jones y la última cruzada, Connery pudo haber coincidido de nuevo con Harrison Ford, al que quería en el rol de Jack Ryan el director, John McTiernan (el creador de La Jungla de Cristal y Depredador), pero Tom Clancy lo consideraba demasiado viejo para el papel. Tras rechazarlo también Kevin Costner, que comenzaba a dar forma a su ambicioso western Bailando con lobos, el rol recayó en el poco conocido Alec Baldwin. Éste contó con la bendición de Clancy, que siempre consideró al actor de Ella siempre dice sí, ahora en sus horas más bajas por culpa del fatídico accidente en el rodaje de Rust, la encarnación perfecta de Ryan. Curiosamente, Harrison Ford daría vida al analista de la CIA en Juego de Patriotas (1992) y Peligro Inminente (1994). Y eso que entonces era más viejo…

Éstas y muchas otras curiosidades sobre el caballero más elegante del celuloide, en el citado libro editado por Sílex. Un delicia. He aquí el enlace para adquirirlo:

http://www.silexediciones.com/producto/sean-connery/




Relatos para amantes de los libros

Cualquiera que siga «Dentro del Pandemónium», o al menos haya ojeado algún post, sabe de la pasión de un servidor por el mundo del papel escrito. Así que una novedad que se titula precisamente «Relatos para amantes de los libros» no podía pasarme desapercibida.

Óscar Herradón ©

Y más cuando la edita Alma, cuyos volúmenes son una verdadera obra de arte minimalista. Este hermoso título ilustrado por la artista pamplonesa Natalia Zaratiegui, recoge un selecto compendio de algunos de los mejores cuentos centrados en el arte de la escritura, y en su artífice, el escritor, y todo (TODO) lo que eso conlleva… que puede ser una odisea.

Una antología realizada con el mimo y el cariño de un bibliófilo, el escritor, periodista y profesor Antonio Iturbe (autor del bestseller La bibliotecaria de Auschwitz) cuya selección, prólogo e introducciones realiza con la precisión de quien es autor y además enseña literatura: así, calmará la sed de tinta de los lectores y les descubrirá la vida secreta de los libros, a los que no volverán a mirar de la misma manera, aunque estoy seguro de que muchos de los que se adentren en sus páginas ya saben mirar esas joyas de papel cosido como mucho más que un objeto para el entretenimiento.

El difícil arte de escribir… sobre escritura

En el prólogo, Iturbe escribe: «Cuando el escritor utiliza el espejo para mirar hacia adentro, como sucede en esta reunión de relatos, lo que nos muestra puede resultar muy revelador sobre el funcionamiento de los complejos mecanismos de la creación. También sobre los de la impostura. Porque la actividad del escritor se mueve en una precaria cuerda floja entre la introspección y la vanidad, entre el arte más elevado y el modus vivendi más terrenal y zopenco».

Con tal aperitivo, ya nos podemos sumergir en las páginas de una antología que recoge textos de grandes autores, algunos realmente dispares entre sí, una amplia muestra de géneros y épocas literarias, desde Antón Chéjov («Chist»), Clarín («Un documento») o Dostoyevski («Bobok»), a maestros del terror como Edgar Allan Poe («Berenice») o H. P. Lovecraft («Historia del Necronomicón»), pasando por Rubén Darío («El Rey Burgués»), Rosalía de Castro («Carta a Eduarda»), Edith Wharton («El Ángel de la Tumba») o Kipling («El cuento más hermoso del mundo»), entre otros. Se echa de menos en tal selección, quizá, más firmas femeninas, pero sabemos de la dificultad de la mujer durante tantos siglos para dedicarse a la creación, o a lo que le viniera en gana.

En definitiva, una delicada joya para bibliófilos que podéis adquirir en el siguiente enlace:

https://www.editorialalma.com/libros/relatos-para-amantes-de-los-libros

COMPAÑEROS DE VIAJE (FÓRCOLA EDICIONES):

Y si uno ama los libros, viajar, y la poesía inherente a ambos, nada mejor que sumergirse en las páginas de Compañeros de viaje. Poetas en busca de su identidad, de la filósofa y escritora argentina Virginia Moratiel, editado por Fórcola Ediciones.

Rilke

Moratil, también poeta, nos ofrece una personal y apasionada cartografía poética, jalonada por la vida y obra de artistas fascinantes: de Safo y Emily Dickinson a Wislawa Szymborska y la atormentada Alejandra Pizarnik; de Matsuo Basho y Giacomo Leopardi a Rainer Maria Rilke y Paul Celan, «seres atractivos y enigmáticos, que en pleno dolor son capaces de abrazarse con denuedo a la belleza, consolarnos e infundirnos ganas de seguir viviendo».

Y como marco que lo envuelve todo está el viaje como metáfora de la vida, un peregrinaje solitario donde el viajero se siente extranjero a cada paso, a la vez que transita un itinerario siempre nuevo (haciendo visible la máxima de Antonio Machado, «caminante no hay camino, se hace camino al andar (…) y al echar la vista atrás, se ve la senda que nunca se ha de volver a pisar»); un itinerario preñado a su vez de aventuras y desafíos que acabarán por hacer que el poeta se conozca a sí mismo.

Se trata de una vibrante y nada sencilla búsqueda de la propia identidad, en una exploración sapiencial que concluye con la muerte, encontrando –si es que existe– la felicidad en el transcurso de esa odisea del espíritu que se busca a sí mismo, y no en el final del camino. Así, en esa búsqueda interior de uno mismo (del artista y el lector), para la autora los poetas son inmejorables compañeros de viaje, bien por la manera en que abordan temas universales o bien por el sentimiento que destilan ante las encrucijadas del camino, revelándonos la BELLEZA con mayúsculas.

Para adquirir tan hermoso libro, aquí tenéis el link de la editorial:

Por su parte, Pulpture Ediciones nos trae una buena dosis de literatura, nada menos que cuatro autoras inéditas hasta el momento en España en cuatro absorbentes relatos: dos historias de ciencia ficción –una de ellas un space opera– y dos enclavadas en el género fantástico, en una preciosa edición minimalista.

El primer relato es «Rehabilitaciones», de la escritora estadounidense y profesora asociada de inglés en la Universidad de Nevada, Reno, Susan Palwick, alguien que sabe abordar el género sci-fi, pues en 1985 comenzó su carrera profesional publicando La mujer que salvó al mundo para la prestigiosa revista de ciencia ficción Isaac Asimov. Sorprende que hasta ahora ningún editor en castellano se fijara en su obra. «Rehabilitaciones» es un relato de ciencia ficción intimista sobre las adicciones (en este caso el alcoholismo y los trastornos alimentarios), sus diferentes facetas y las formas más saludables en que podemos enfrentarnos a las mismas.

Le sigue el relato «Chesirah», de la jovencísima L. D. Lewis, un space opera sobre el renacimiento y las ansias de libertad que tiene como protagonista a una fénox, una criatura que necesita un lugar seguro donde arder y cuyo nombre da título al texto. Chesirah vive enjaulada a expensas del fabricante de muñecas Nazar, que la trata como si ella misma fuera otro objeto; así, solo piensa en escapar…

El tercer relato lleva por título «La atracción de la manada» y es obra de Suzan Palumbo, una joven escritora y editora originaria de Trinidad y Tobago con numerosas publicaciones en revistas especializadas (The Dark Magazine, PseudoPod, Weird Horror…) que subvierte el mito nativo americano de la mujer-ciervo transformándolo en algo muy direrente que obligará al lector a mirar el mundo a través de los ojos de esta «bestia» de la naturaleza que es más humana que monstruo.

Y esta delicatessen literaria concluye con «Bestias fabulosas», de la escritora británica de terror y fantasía Priya Sharma, un cuento que en 2016 se hizo con el British Fantasy Award a la mejor ficción corta, una «novela» de terror sobre una extraña mujer que vive rodeada de lujos junto a su amante y que guarda un terrible secreto de su infancia, rodeada de privaciones en el noroeste de Inglaterra.

He aquí el link para adquirir este libro:

http://pulpture.com/dos-pieles/