Mario de Langullo, el último maqui

Almuzara nos trae una historia que no por ser relativamente local es menos relevante de la oscuridad de nuestro pasado reciente y la lucha por la libertad. El último maqui. Vida y leyenda de Mario de Langullo, es la cautivadora biografía novelada que el barcelonés Juan Carlos Alonso ha dedicado a Mario Rodríguez Losada, «Mario de Langullo», más conocido como «O Pinche», el último guerrillero antifranquista en abandonar territorio español.

Óscar Herradón ©

Es un libro nacido, según cuenta el propio autor, de una escena muy concreta: una noche de julio de 1985 en la aldea de Vilarellos, con apenas treinta habitantes, cenando caldo de berzas y tocino mientras los vecinos discutían, entre partidarios y detractores a partes iguales, si «o Mario os tiña ben postos». Esa frase, y la cueva bajo una roca enorme que todavía llaman «A cova do Mario», fueron el germen de una obsesión que tardaría casi veinte años en convertirse en proyecto de investigación y otros tantos en convertirse en libro.

La historia real que reconstruye Alonso es de una crudeza que necesita poco adorno novelesco. Mario se echó al monte desde el mismo alzamiento de 1936, tras el fusilamiento de su padre, Juan Rodríguez; su madre, Arsenia Losada, fue torturada hasta el punto de que le reventaron el hígado; su hermana murió de tifus en Barcelona; y Benilde Nogueira, su primera novia y madre de su hija Albina, sufrió también represalias directas por su relación con el fugitivo. La venganza de Mario, cuando llegó, fue igualmente brutal: su primera víctima fue el párroco de Cesuris, Manuel Cereijo, degollado y exhibido –su cabeza– como trofeo por las aldeas cercanas. A partir de ahí, treinta y dos años, un mes y cinco días de huida, quince asesinatos, medio centenar de atracos y tres mujeres notables jalonan un historial que terminó, insólitamente, con una recompensa de un millón de pesetas sobre su cabeza y una entrevista con Santiago Carrillo antes de cruzar a Francia.

Reconstruyendo el pasado fratricida

El material documental detrás del libro es serio, aunque de naturaleza artesanal más que académica: archivos municipales, registros civiles, hemerotecas digitales, un libro casi inencontrable de otro maqui, Antonio Téllez i Solá, en el que el propio Mario confesaba buena parte de sus crímenes, y sobre todo cuatro horas de conversación con Albina Nogueira Rodríguez, la única hija reconocida del protagonista, que aportan al relato una capa testimonial de primera mano poco habitual en este tipo de biografías de guerrilleros anónimos.

Principales áreas de actividad del maquis.

Ahí está, precisamente, la tensión que define el volumen y que ha dividido a sus lectores: la etiqueta de «biografía novelada» permite a Alonso rellenar con diálogos inventados los huecos que ni el archivo ni la memoria oral podían cubrir, una licencia que algunos lectores gallegos familiarizados con la zona han denunciado como excesiva, señalando errores de localización concretos –la ubicación del molino paterno, el puente donde habría muerto el cura– y un registro lingüístico que suena anacrónico para la época. Es la crítica de siempre a la no ficción novelada: se gana en lectura corrida lo que se pierde en verificabilidad, y quien busca una biografía en el sentido estricto del término se queda, según esa lectura, un poco decepcionado.

Puesto en el contexto de la historiografía seria sobre el maquis, el libro de Alonso ocupa un lugar modesto pero no desdeñable. La síntesis de referencia sigue siendo Maquis: historia de la guerrilla antifranquista, de Secundino Serrano, que una reseña francesa de su traducción sitúa como la obra que dotó de densidad interpretativa a un fenómeno hasta entonces tratado casi en exclusiva por historiadores locales; esa misma reseña recuerda que fue el historiador alemán Hartmut Heine quien abrió, con sus trabajos pioneros, la vía de investigación específica sobre el maquis gallego, el escenario exacto en el que se mueve Mario de Langullo. Frente a ese cuerpo académico, construido con aparato crítico y contraste documental, el libro de Alonso funciona como lo que es, una recuperación de memoria oral y archivo local, vívida y bien documentada en sus grandes líneas.

Lo que el libro logra, y no es poco, es rescatar del mito a una figura que en la Galicia profunda seguía siendo, cuarenta años después de su marcha, motivo de discusión entre vecinos de una aldea de treinta habitantes: ni bandolero puro ni héroe puro, sino un hombre atrapado en una violencia que él no inició pero que decidió no abandonar durante más de tres décadas. Como retrato humano de esa ambigüedad, El último maqui cumple con creces su cometido.

Visionarias, librepensadoras y espiritistas

Almuzara publica el último trabajo de la historiadora Dolors Marín, doctora en Historia Contemporánea, especialista en el movimiento libertario español, un viaje que recupera del injusto olvido a mujeres pioneras de las luchas sociales de 1830 a 1931.

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Las hermanas Fox.

Marín es autora de otros ensayos como Anarquistas, Clandestinos, Ministros anarquistas o La Semana Trágica, que rescatan del olvido las prácticas asociativas y culturales de quienes no ocuparon los titulares de la gran historia política. Este nuevo libro aplica ese mismo instinto de recuperación a un terreno más resbaladizo: el de las mujeres que, entre 1830 y 1931, buscaron emancipación personal y colectiva a través de vías que hoy suenan extravagantes –el mesmerismo, el espiritismo o la teosofía– pero que en su momento fueron auténticos laboratorios de disidencia. Un enfoque realmente novedoso y magnético.

La tesis de fondo es sencilla y está bien planteada: la ciudad decimonónica, con su asociacionismo obrero y sus ateneos, fue el caldo de cultivo de una generación de mujeres –maestras, editoras, poetas, ilustradoras, escritoras– que encontraron en las corrientes espiritualistas una vía de acceso a la palabra pública que la religión oficial y el republicanismo político les negaban. Algunas de esas mujeres se decantaron después hacia el republicanismo, otras hacia el anarquismo de raíz federal; el libro las sigue en ambas direcciones sin perder de vista el hilo espiritista que las conecta. Es un enfoque que dialoga directamente con lo que la historiadora Mary Nash lleva demostrando desde los años setenta sobre la relación entre feminismo, movimiento obrero y cultura política en la España contemporánea, y con el trabajo de Gloria Espigado sobre el papel de las mujeres en el anarquismo español, que documentó de forma pionera cómo el asociacionismo libertario permitió a estas mujeres una presencia pública inédita para su tiempo.

Pioneras, rebeldes, inconformistas

La figura de Amalia Domingo Soler –escritora y espiritista sevillana que dirigió publicaciones enfocadas específicamente a mujeres desde el espiritismo militante– funciona como eje casi natural del volumen, aunque Marín evita el error de convertir el estudio en una simple galería de retratos individuales. Prefiere reconstruir redes: cómo circulaban estas mujeres entre ateneos, prensa obrera y círculos espiritistas, en una época en la que, como ha señalado la investigadora Marta Nogueroles Jové en su trabajo sobre el espiritismo filosófico en la España del siglo diecinueve, esta corriente estuvo íntimamente ligada al librepensamiento y a la masonería, y gozó de una legitimidad intelectual que hoy resulta difícil de imaginar, antes de que el darwinismo social y el auge de un capitalismo poco dado a discursos integradores la condenaran al descrédito.

Puesto en perspectiva comparada, el libro se beneficia de dialogar más con la historiografía anglosajona sobre el fenómeno, que es considerablemente más extensa. La historiadora británica Alex Owen, en su influyente The Darkened Room: Women, Power and Spiritualism in Late Victorian England (2004), mostró cómo en la Inglaterra victoriana el espiritismo ofreció a las mujeres, a través de la mediumnidad, una autoridad social que subvertía las relaciones de género convencionales, al precio de quedar atrapadas en una feminidad «natural» que la propia práctica espiritista reforzaba; es una tensión –emancipación a través de un rol supuestamente femenino– que también atraviesa el caso español, y que Marín intuye y documenta con buen material de archivo. Visionarias, librepensadoras y espiritistas. Mujeres pioneras de las luchas sociales (1830-1931) es, en ese sentido, más crónica coral que ensayo interpretativo: prioriza sacar a la luz nombres y trayectorias olvidadas –tarea nada menor, y necesaria– frente a la construcción de un marco explicativo tan trabado como el que ofrece la tradición académica angloamericana sobre espiritismo y género.

El resultado es un libro ameno, bien documentado y generoso en voces recuperadas, que cumple su función divulgativa sin renunciar del todo al rigor de archivo que se le exige a una historiadora con la trayectoria de Marín, aunque no es tarea fácil teniendo en cuenta la propia amplitud del proyecto, al abarcar mesmerismo, espiritismo, teosofía, librepensamiento, republicanismo y anarquismo federal bajo un mismo paraguas. Para quien conozca la obra anterior de Marín sobre el anarquismo español, este ensayo se lee como una extensión lógica de su interés por las culturas de la disidencia; para quien llegue sin ese bagaje, funciona sobre todo como una puerta de entrada, generosa en nombres propios, a un capítulo de la historia social española que la historiografía canónica ha tendido a tratar como curiosidad marginal antes que como objeto de estudio serio.