Saga. Integral 3

Vuelve la monumental space opera del guionista estadounidense Brian K. Vaughan y la artista gráfica canadiense Fiona Staples, merecedores de infinidad de premios. El tercer volumen de Saga, que edita por todo lo alto Planeta Cómic, retoma las peripecias de la familia más cool del espacio sideral en lo que, hasta el momento, parecía el final de la franquicia. Pero, como en muchas películas de nuestros adorados 80, deberíamos incluir esa frase de «TO BE CONTINUED…», pues sus creadores han retomado una historia que nadie quería que acabase.

Por Óscar Herradón

He de confesar que de primeras me daba pereza sumergirme en otra space opera, algo cansado de la revisitación explosiva del sci-fi de los últimos años, pero cuando a través de Planeta Cómic tuve en mis manos el enorme primer volumen de Saga, decidí lanzarme a la piscina. No tenía nada que perder y las críticas que había leído eran, en conjunto, bastante positivas. Y lo cierto es que, unas cuantas páginas más adelante, la historia –acompañada de un dibujo soberbio a la vez que sencillo y un peso considerable para mis manos– me cautivó. Seguir las desventuras (y aventuras) de la extraña familia formada por Alana y Marko y su pequeña Hazel me dejó con ganas de más. Pasó bastante tiempo hasta que se publicó la segunda parte, y ahora, por fin, el tercer volumen llega a las estanterías.

Grosso modo, esta «saga» familiar narra la historia de dos miembros de distintas razas extraterrestres (Alana es de la tecnológicamente avanzada Landfall y Marko de su satélite, Wreath) que, marcadas por décadas de odio y sangre, están condenadas a enfrentarse y cuya unión está prohibida por ley, pero, como una suerte de Romeo y Julieta cósmicos, se enamorarán y harán oídos sordos a las prohibiciones y al peligro (de muerte) por desafiar el estatus quo espacial. Fruto de aquel amor furtivo y a veces salvaje (el cómic tiene pasajes de fuerte componente erótico, y violencia, mucha violencia), nacerá la pequeña Hazel (narradora de la historia), un milagro para unos y una aberración para muchos otros que no tolerarán tal fusión y evolución.

Y es que, aunque todo pueda parecer muy idílico, bonito, poético y romántico, lo cierto es que la novela gráfica no tiene nada de cuento de hadas o de romance al uso. Al contrario, en cada página, y capítulo tras capítulo, se evidencia que no solo nada es idílico ni sencillo para los protagonistas, sino que el universo (trasunto de nuestra amada Tierra, claro, por raro que sea el planeta en el que recalen) es un nido de víboras a cuál más venenosa que no serán ni mucho menos fáciles de sortear.

Ni siquiera los protagonistas, Marko y Alana, Alana y Marko (Tanto Monta, Monta Tanto), son unos santitos… más bien unos antihéroes con un pasado bastante oscuro fruto de los tiempos, también oscuros, que les ha tocado vivir entre galaxia y galaxia. A veces fábula moral, otras relato vertiginoso de acción, por momentos un noir tecnológico de ecos distópicos y desprecio por la (in)humanidad, Saga es muchas cosas, pero desde luego no es un cómic de trama y entretenimiento facilones, pues tiene numerosos e ingeniosos giros –aunque sí entretenidísimo y adictivo como la historia más sencilla y directa–.

Tercera y última… hasta ahora

El señor Vaughan

Este tercer volumen de la grandiosa obra de Brian K. Vaughan y Fiona Staples (merecedores de los premios Eisner, los «Oscar» de los cómics), fue el último durante unos cuantos años (ahora han publicado algunas entregas más) y ha llegado en formato integral para deleite de su legión de fans en España. Sobre Vaughan, para neófitos, señalar que es un reconocido guionista mucho antes de la publicación de Saga. Lo consagró una emblemática obra, también un sci-fi con fuerte contenido social y ecos pulp y ciberpunk: The Private Eye, que la editorial Gigamesh, siempre a la vanguardia del noveno arte, publicó en edición exclusiva –igual que la obra Barrera, que el estadounidense creó con sus colaboradores Marcos Martín y Muntsa Vicente, otra joya gráfica por fin en castellano– y cuya trama se adelantó, casi de manera profética, a lo que sucedería más tarde en nuestro globalizado y loco mundo.

En esta joya que pudimos disfrutar gracias a Gigamesh, Vaughan nos avisó de muchas cosas, del espionaje masivo en la Red antes de las filtraciones del que fuera analista de datos de la NSA, Edward Snowden, el enemigo público nº 2 de la Administración USA (el 1 se lo reservamos a Julian Assange, que fue el primero que desafió al establishment de la nueva América) y de que estallara el escándalo de Cambridge Analytica (que favoreció el Brexit y la llegada de Donald Trump a la Casa Blanca, entre otros vendavales políticos) y antes de que toda nuestra intimidad –claramente vulnerada y vulnerable– pasase a la nube y fuese objeto codiciado de las tecnológicas y grupos más tibios…

Volviendo a Saga, en este tercer tomo se retoma la historia de nuestra familia favorita del espacio exterior. Con altibajos, como cualquier pareja de carne y hueso, no todo lo que han tenido que superar Alana y Marko ha sido sencillo, ni los ha hecho unirse más (según el tópico) y vivir felices como príncipes del cosmos. Pero ahí siguen, contra viento y marea, juntos de nuevo como familia tras su reconciliación, que se narra en el final del segundo integral (publicado por Planeta Cómics hace apenas unos meses, haciéndolo coincidir casi con el lanzamiento del tercero), y tras el regreso de Hazel y su paso por el centro de enseñanza en el que, a modo de prisión, permaneció recluida y del que realizó una espectacular huida.

Ahora, viajamos con ellos hasta Phang, un cometa con destino incierto que atraviesa el espacio y donde, como era de prever, surgirán las dificultades, entre los ya habituales golpes de suerte de una familia tan chic, y hechos inesperados, más bien contratiempos, como el que Alana vuelva a estar embarazada en esa diana circense espacial llena de peligros y salpicada de sexo y violencia (dos de las señas de identidad a las que Vaughan no ha renunciado por temor a la censura, cada vez más afilada en todo el orbe, cultura incluida, quién sabe si también en el espacio). Una denuncia de la desigualdad, la violencia institucionalizada, el racismo o la homofobia vestida de renovada «guerra de las galaxias».

En esta entrega la familia es acompañada por el príncipe Robot IV y su hijo, la niñera fantasma Izabel, uno de los «horrores» de Cleave, una mona humanoide adolescente que murió tras pisar una mina antipersona (sugerente imagen ectoplásima con los instestinos fuera) y una mujer encerrada en un cuerpo de hombre que ayudó a Hazel a escapar de su cautiverio, una transgénero de nombre Petrichor. También tendrán relevancia la ex esposa de Marko, Gwendolyn, y su nueva pareja, la joven ex esclava sexual Sophie; villanos como La Voluntad, ahora con el rumbo algo perdido, y su secuaz Gata Mentira; el archimalvado Gale (agente de la Inteligencia Secreta de Landfall) y la foca antropomórfica Ghül. También repiten Upsher y Doff, un periodista y un fotógrafo (trabajan para el periódico sensacionalista The Hebdomadal), que además son pareja y que acompañan al lector desde el comienzo de la historia.

Una magnífica edición en tapa dura, como las anteriores, que recoge los tomos recopilatorios del 7º al 9º (números 37 a 54) de la edición americana de la serie. Un «cierre» (entrecomillado, pues ya vemos que no es tal) apoteósico a la que quizá sea la mejor, o al menos una de las mejores, series de ciencia ficción y fantasía que nos ha brindado el noveno arte en los últimos años.

He aquí el enlace para hacerse con el volumen:

https://www.planetadelibros.com/libro-saga-integral-n-03/340341

Cuando Stallone se vistió de Juez Dredd

Fue una de las películas más desastrosas de mediados de los 90, y a pesar de ello, a casi 30 años de distancia de su estreno es vista con cierta nostalgia por los amantes de las rarezas y de la serie B –servidor incluido–. Es mala, sí; no hacía justicia al cómic que adaptaba, de una calidad infinitamente mayor (y muchísima más violencia), cierto, pero tenía «su aquel». Ahora que Ediciones Kraken saca un nuevo tomo sobre el personaje capital del cómic británico, en «Dentro del Pandemónium» recordamos algunas anécdotas de su adaptación cinematográfica.

Óscar Herradón ©

Se convirtió en uno de los mayores batacazos de Stallone, tras décadas de gloria taquillera con sagas como Rocky o Rambo y un notable éxito dos años antes con Demolition Man. Que entonces el italoamericano enseñara el culo en la escena de la criogenización supuso todo un escándalo (y un reclamo de espectadores) cuando quien esto suscribe tenía 13 primaveras y no había alcanzado ni siquiera la adolescencia. Cómo ha cambiado todo desde entonces. No siempre para mejor. Bendita inocencia.

Le acompañaban en aquella cinta futurista de tono paródico un espídico e hipervitaminado Wesley Snipes (para la nostalgia queda su frase de «Simon dice: ¡Muere!») y una entonces cuasi desconocida Sandra Bullock que se convirtió en mito erótico de toda aquella generación y rostro de referencia a partir de entonces en las superproducciones de Hollywood, principalmente en comedias románticas, pero no solo, pues ha destacado en títulos de gran calidad como The Blind Side o Gravity, y que en aquella aventura futurista de 1993 donde practicaba «sexo sin contacto» por medio de un casco sensorial fue nominada a los Premios Razzie como peor actriz secundaria.

Pero volvamos a Juez Dredd. Algo que no solía suceder en las páginas del cómic británico era que Dredd se quitara el casco, pues era el elemento que lo dotaba de cierto aire misterioso e implacable, pero en gran parte del metraje de su adaptación cinematográfica Sly luce sin él. Se rumoreó que el estudio, Hollywood Pictures, propiedad de Disney, no estaba por la labor de pagarle al actor millones de dólares por un papel en el que ocultaba gran parte de su celebérrimo careto a la audiencia.  Es comprensible.

El excéntrico acompañante de Dredd es el hacker Herman «Fergie» Ferguson, rol que interpretó el comediante del Saturday Night Live Rob Schneider, quien ya había aparecido brevemente en Demolition Man. Stallone pretendía que dicho papel recayera en Joe Pesci, pero el actor que había ganado unos años antes un merecido Oscar por Uno de los Nuestros (Goodfellas), de Martin Scorsese, rechazó el papel, que habría sido relativamente similar al que interpretó en Arma Letal 2 en 1989. Precisamente Schneider sufriría un accidente durante el rodaje, y para más inri realizando un acto bastante rutinario, no una de esas escenas de acción que requieren de especialistas (o intérpretes algo temerarios como Tom Cruise): resbaló mientras bajaba por unas escaleras y se dio un fuerte batacazo, golpeando su rostro con el suelo del piso. Aunque el equipo quedó paralizado, imaginando lo peor, no sufrió heridas graves.

A vueltas con la violencia

Cannon

Aunque la película no ofrece ni mucho menos la carga de violencia del cómic original, la idea del director, Danny Cannon , era ser más fiel al mismo dotándola de una atmósfera asfixiante y un contenido que los estudios calificarían de «extremadamente violento» y que obligó a eliminar numerosas escenas en la sala de montaje. De haber prosperado la idea de Cannon, estaríamos ante una cinta muy diferente, probablemente mucho mejor. Aún así, la cinta fue calificada con la temida X (llamada desde 1996 NC-17 según la calificación por edades de la Motion Picture Association) hasta en cuatro ocasiones, pues prevalecía el enfoque violento del realizador, mucho más agresivo de lo previsto por el estudio financiado por Disney. Así, uno de los productores, Edward Pressman, convenció a la junta para que le echara una mirada a una nueva versión más light, que recibió la calificación R (apta desde los 16 años), comercialmente mucho más deseable para una película de acción futurista.

El enfrentamiento entre Stallone y el director fue sonado. El primero creía que debía ser una película de acción con algunos guiños cómicos. Cannon, por el contrario, quería algo oscuro y sin tregua. Con los años, Sly confesaría que el realizador intentaba afirmar su autoridad saltando de la silla de director y gritando que todos debían temerle. Evidentemente, Stallone llevaba muchos años siendo una estrella y tenía una gran influencia en la producción, por lo que no estaba dispuesto a dejarse mangonear por Cannon, ni siquiera aunque éste tuviera razón…

El escándalo de la violencia –que parece fue cosa casi exclusiva de Cannon– acabó salpicando también al guionista, uno de los más solicitados entonces: Steven E. de Souza, que había firmado el libreto de las dos primeras partes de La Jungla de Cristal (Die Hard), Comando o Ricochet (y el de otra película que fue un absoluto fiasco y que se rodó un año antes que Juez Dredd: Street Fighter: la Última Batalla, protagonizada por un Jean-Claude Van Damme ciego de polvo blanco y Raul Julia como villano y ya gravemente enfermo de cáncer).

De Souza

Con el tiempo, un colega le contó a De Souza que los estudios Disney le habían metido en la lista negra, que lo consideraban persona «non grata» y que no volvería a escribir un guion para ellos. Nunca lo hizo. Todo aquel revuelo, sin duda (y al contrario que con otras producciones) repercutió negativamente en su éxito en salas, pasando a convertirse en rareza de videoclub. Y en pieza de coleccionistas «frikis» casi tres décadas después.

Del papel a la gran pantalla… dos veces «fallidas»

Las historias del Juez Dredd en papel tienen un largo recorrido, no en vano, podemos asegurar sin equivocarnos que es quizá el personaje más importante de la viñeta británica, que revolucionó el estilo de contar historias en la «pérfida Albión» con un estilo directo, novedoso, podría decirse que transgresor y en cierto punto satírico, un acercamiento distinto al sci-fi de corte cyberpunk, antecesor de historias distópicas como el Blade Runner de Ridley Scott o el manga/anime Akira, creado por Katsuhiro Otomo (que también realizó su versión cinematográfica en 1988).

El personaje nació en 1976 en el seno de la revista 2000 AD creada ese año por el guionista Pat Mills, que propuso al también guionista John Wagner que participara del proyecto, y se les ocurrió la idea de crear a una especie de agente de la ley que llevara la justicia hasta al extremo (más cerca, pues, de la venganza), con un tono duro, áspero, sin concesiones y dedicado al público adulto. Wagner confió su diseño al español Carlos Ezquerra, con quien había trabajado previamente, y la premisa inicial que le dio es que tuviera cierto parecido estético con el protagonista de la película La Carrera de la Muerte del Año 2000 (Death Race 2000), protagonizada por David Carradine y en la que salía… ¡Silvester Stallone! ¿Casualidad?

El Juez Dredd debutó en el número 2 de 2000 AD, el 5 de marzo de 1977, ambientando la historia en el año 2099, en un futuro distópico en el que la población mundial ha sufrido varias guerras nucleares y existen las citadas Megaciudades. En «Mega-City Uno» es donde Dredd y otros «Jueces» (que sustituyen a las figuras jurídicas de las democracias), con un estricto entrenamiento previo y una imparable bestialidad nunca vista en el cómic hasta entonces, interpretan su particular sentido de la «justicia».

Finalmente, Ezquerra no se inspiró demasiado en el piloto vestido de cuero negro que portaba un oscuro casco que le cubría gran parte del rostro, y a Wagner no le gustó nada su diseño, afirmando que su personaje parecía «un conquistador español». Sin embargo, a Mills le encantó y, en palabras del propio Ezquerra, «se cambió de Nueva York a Mega-City Uno, un centenar de años más tarde».

Los archivos completos del Juez Dredd (Kraken)

Puesto que hablar del serial daría para treinta entradas en «Dentro del Pandemónium», en esta ocasión me centraré solo en lo último publicado en castellano. Hace unos meses, una de mis editoriales de cómics favoritas del panorama nacional, Kraken, editaba el décimo volumen de Los archivos completos del Juez Dredd, el personaje más importante de la viñeta británica, sin cortapisas ni aditivos, un libro ya publicado en su día por ellos –en 2006– y que ahora sale en una nueva edición con impactante portada en blanco y negro. Continúa así la crónica futurista del policía que se hizo popular con sus aventuras publicadas originalmente en la legendaria revista 2000 AD.

En esta ocasión, el Juez Dredd vuelve a las duras calles de la Gran Meg para enfrentarse a los más peligrosos delincuentes de la ciudad en un volumen que incluye algunas de las historias más trepidantes del personaje como «El arte de Kenny Quién», «Los puños de Stan Lee» o «El Taxidermista», con guiones de los genios de la citada publicación Alan Grant (Lobo) y John Wagner (Una historia de violencia), y el arte de clásicos como Steve Dillon (Predicador), Cam Kennedy (Star Wars) o Ian Gibson (Halo Jones). He aquí la forma de adquirir esta delicatessen para los adictos al cómic más exigentes:

https://www.edicioneskraken.com/titulos_detalle/215-juez_dredd_los_archivos_completos_10

Capitán Harlock, un héroe renacido

Ahora que el manga y el anime viven la que probablemente sea la época más dorada –y rentable– de estos géneros seminales de Japón, revitalizar los títulos clásicos (algunos injustamente olvidados por las nuevas generaciones) es tarea obligada para editoriales y productoras. Es lo que ha hecho LetraBlanka Editorial con el capitán Harlock, un pirata del espacio muy particular.

Óscar Herradón ©

En 1970, de la prodigiosa mente de Leiji Matsumoto nacía el legendario manga Capitán Harlock, que fue serializado en la revista Play Comic y recopilado en cinco tomos. Su protagonista, un héroe rebelde de ecos románticos (que en parte bebe del Corto Maltés de Hugo Pratt) que surca el Cosmos como proscrito a bordo de su nave Arcadia, sería mundialmente célebre por su adaptación televisiva, emitida de 1978 a 1979, en una época en que brillaron con luz propia otras sagas maestras del género como Mazinger Z o Capitán Futuro.

Aunque el manga había terminado de forma abrupta, sin un final cerrado, como pasa (y odiamos) con algunas series catódicas que no consiguen el respaldo y la cuota de pantalla necesarias para seguir adelante, Matsumoto trabajó como consejero para el estudio que llevó a cabo la adaptación al anime, sugiriendo un final completo que la serie televisiva sí tendría frente a la historia en papel.

Et in Arcadia Ego

Al igual que la Odiseus de Ulises 31 o El Cometa del Capitán Futuro, la nave del capitán Harlock era uno de los elementos más característicos de la serie. El diseño de la Arcadia, a medio camino entre un buque acorazado y un barco pirata (en el frontal se apreciaba una inquietante calavera con sus tibias, el emblema clásico de los filibusteros), es uno de los elementos más logrados de la producción, pues contribuía a extender el aura misteriosa que per se ya tenía el protagonista. Un estilo (estilizado y elegante) que sería ampliamente imitado en el anime y manga contemporáneos.

En 1982, se estrenaba la película de animación El Capitán Harlock en la Arcadia, que sirvió como precuela y mostraba la razón por la que el protagonista lucía, como un bucanero del cosmos, un parche en el ojo. Al largo le seguiría una serie de 22 episodios: Endless Orbit SSX. En 2002 se lanzó una nueva serie anime de 13 capítulos y la película de animación 3D bajo el simple título de Capitán Harlock, que tuvo buena acogida general y llegaría a ser elogiada por el mismísimo James Cameron, cabeza pensante tras Terminator, Titanic o Avatar.

Sus admiradores estamos de suerte. Hace unos meses, LetraBlanka Editorial lanzaba dos alucinantes volúmenes (de tres) en tapa dura sobre el personaje: Capitán Harlock. «Memorias de la Arcadia», que ya recomendamos en la sección de novedades de la revista Año/Cero-Enigmas. La nueva adaptación al cómic es obra del francés Jérôme Alquién, eso sí, con la máxima fidelidad al original, pues lo ha hecho bajo la supervisión y aprobación de Leiji Matsumoto.

A bordo de la Arcadia, Harlock recorre el espacio y desde la nave protege a la Tierra de la amenaza de las Mazon, una raza alienígena que se vio obligada a abandonar su planeta natal y ahora pretende instalarse en el nuestro aniquilando a la raza humana.

Es una obra directa (va al grano) y colorida, en este sentido diferente al manga original, en blanco y negro y de 400 páginas, lo que permitía a Matsumoto detenerse mucho más en el complejo mundo interior de los personajes. Sin embargo, también en estos volúmenes, una adaptación al lenguaje occidental llena de acción sin pausa, hay espacio para la introspección, elemento muy importante en la obra seminal, con más de 50 años de existencia.

Un magnífico complemento del original que fusiona acertadamente el anime con la historieta franco-belga (Bande dessinée), y es que Alquié sabe lo que se hace, un fanartista (como se autodefine) mundialmente conocido por su corto de la Saga de Hades (Saint Seiya) y quien, según confesó a Anime News Network, dibujará un manga de la serie conocida en nuestro país como Los Caballeros del Zodíaco (referente de la infancia de quien esto suscribe con cierto aire nostálgico).

Un tomo dibujado por él mismo y guionizado por Arnaud Dollen que, al igual que sucede con la adaptación de Capitán Harlock, goza del permiso de los creadores originales: ha sido autorizado por Akita Shoten y supervisado por Masami Kurumada. El lanzamiento está previsto para 2022, y mientras, esperamos también con ansia la publicación del tercer volumen de Harlock de la mano de LetraBlanka. ¡No tardéis compañeros!

He aquí el enlace para adquirir los dos volúmenes publicados (y el booktrailer con el que se os hará la boca agua –avisados quedáis–):