Enriqueta Martí. La Vampira de Barcelona (I)

A comienzos del siglo pasado, en una Barcelona en blanco y negro que se encaminaba hacia la modernidad, pero en la que la superchería tenía aún un gran peso y los bajos fondos eran un hervidero de malas costumbres, tuvieron lugar una serie de horrendos crímenes cometidos por una mujer aparentemente normal que escondía un terrible secreto. El nombre con el que fue bautizada era Enriqueta Martí. El apodo que le colgarían los medios sensacionalistas: la Vampira de Barcelona. Esta es su historia.

Óscar Herradón ©

En 2012 se cumplieron 100 años de la muerte del personaje, al que dedicamos un amplio reportaje en la desaparecida revista Enigmas, y ahora que mi buen amigo Alberto de Frutos, al alimón con Eladio Romero, publica En la Escena del Crimen (Larousse, 2022), en una edición ilustrada que corta el aliento (y si te descuidas, algún que otro cuello) y, entre un amplia amalgama de crímenes patrios que conmocionaron a la sociedad a lo largo de dos siglos –con prólogo del periodista Juan Rada, ex director del legendario semanario El Caso–, recupera el citado de la «Vampira del Rabal», era el momento de traerlo al interior del Pandemónium.

Fue una de las serial killers más temibles de la crónica negra catalana, y de haberse tratado realmente de una «vampira», etiqueta que le colgó la prensa sensacionalista de la época, ávida de podredumbre y escándalo –lo que en gran parte desvirtuaría su figura, reconvirtiéndola de una deleznable paria criminal en una suerte de bruja de poderes sobrehumanos–, es muy posible que el personaje que protagoniza este post todavía se hallase oculta en algún rincón oscuro del barrio gótico de Barcelona, expectante, siempre al acecho, pendiente de que un confiado muchacho, que pasea saboreando un dulce o botando una pelota, sea presa de sus engatusamientos.

Si formara parte del universo legendario –que coquetea siempre con la realidad– de los No Muertos, Enriqueta Martí continuaría siendo un peligro para la sociedad, no solo un recuerdo funesto de unos tiempos marcados por la superchería, la miseria y una alta sociedad decadente dispuesta a cualquier cosa para proteger a sus congéneres, aunque ello significara acabar con los más desamparados. Las huelgas, el feminismo y los movimientos civiles comenzaban a presionar (había tenido lugar poco tiempo antes, apenas tres años, y no por casualidad, la llamada Semana Trágica) y el mundo estaba a punto de cambiar de forma radical, no siempre como esperaban los poderes fácticos que gobernaban nuestra piel de toro (de ahí a la guerra civil había un paso… y tan solo unos años).

Pero volvamos a Enriqueta, que me pierdo. A pesar, como digo, de lo que dirían de ella los rotativos, convirtiéndola poco menos que en la tía abuela payesa del conde Drácula, nuestra protagonista no lucía colmillos, ni es probable que durmiera ni siga haciéndolo en un ataúd a la espera de que la noche caiga sobre la ciudad condal y la sangre brote a chorros del vientre rajado de par en par de una criatura inocente (suena grotesco, pero así se escribían muchas de aquellas crónicas de sucesos de principios del siglo pasado, para escándalo de la moral católica y regocijo del pueblo llano).

Nacer, crecer, delinquir…

Siendo muy joven, Enriqueta se trasladaba de su ciudad natal, San Feliú de Llobregat, donde había nacido en 1868, hasta Barcelona, donde comenzaría trabajando como niñera. Pálida, de ojos finos y rasgados, una muchacha más no era difícil que pasara desapercibida en una de las urbes más cosmopolitas de la España decimonónica que se acercaba a un nuevo siglo. Codiciosa, pues sería, parece, la codicia lo que la llevaría a los bajos fondos y a los más retorcidos crímenes, la joven Enriqueta comenzó a ejercer la prostitución, tanto en burdeles que salpicaban entonces la capital catalana como en lugares públicos dedicados a tal menester, como el Puerto de Barcelona o el llamado Portal de Santa Madrona.

Joan Pujaló

En torno a 1895, si los datos oficiales que manejamos sobre ella son correctos –pues las fechas no están completamente claras– se casó con el pintor Joan Pujaló, quizá para abandonar esa mala vida que ahora es objeto de debate político continuado, relación que no tardaría en fracasar, según confesaría en una entrevista el propio Joan en 1912 (cuando ya se había descubierto el pastel criminal), porque según él Enriqueta sentía una afición desmesurada por el género masculino, por lo que realizaba continuas visitas a las llamadas «casas del mal vivir», y poseía un carácter extraño, era –sigue– hipócrita e impredecible. La mujer, no obstante, ya no se podía defender de aquellas acusaciones, así que, quién sabe…

No obstante, Pujaló sucumbió al oscuro encanto de la Martí, y en el tiempo que duró su relación, se juntaron y separaron, cual émulos de actores hollywoodienses, hasta en seis ocasiones. Mientras tanto, Enriqueta llevaba una doble vida: la de prostituta y alcahueta y la de esposa reservada. Pronto no fue lo suficiente lo que sacaba vendiendo su cuerpo y su avaricia la llevaría a combinar la prostitución con la mendicidad. Durante el día, la Martí, vestida con harapos, pedía limosna y recurría a casas de caridad, a los conventos y a las parroquias, donde conseguía engordar su bolsa cuando ni mucho menos pasaba hambre. Para su miserable cometido, en ocasiones llevaba a niños de la mano, con la intención de ablandar los corazones de los viandantes, niños que decía que eran sus hijos pero que había encontrado por esas calles decadentes prerrevolucionarias.

Sin embargo, Enriqueta parece que nunca había dado a luz. Niños que no solo servirían para ocultar su falsa calidad de mendiga, sino para fines más oscuros. Por la noche, su transformación –cual trasunto femenino de Jekyll y Hyde–, era absoluta: se vestía con sus mejores galas, con buenas gasas, lujosas sedas y tocados, y se dirigía al Liceo, donde conocía a la gente de alto postín, creando a su alrededor una cartera de potenciales clientes, los de un prostíbulo en el que había niños y adolescentes.

Prostíbulos y ciénagas urbanitas

Mientras recorría los bajos fondos como mendiga, Enriqueta, retorcida dama de la podredumbre, localizaba y seguía los pasos de los niños huérfanos y famélicos, de aquellos más débiles que podían servir a sus propósitos como proxeneta. Secuestraba a los infantes y en el Liceo se ponía en contacto con cocheros y otros trabajadores que le informaban de los movimientos de la aristocracia. A partir de ese momento, no le sería difícil poner en contacto ambos mundos: el de los muchachos de los bajos fondos y el de los ricos con mucho dinero y aún más depravación. Parece ser que fue por aquel entonces cuando a Enriqueta, que los rotativos describieron como ducha en artes oscuras, se le ocurrió que no solo podía sacar plata de su abominable prostíbulo de menores, sino que podía utilizar a los muchachos para «curar las enfermedades» de las gentes de rancio abolengo.

Este post tendrá una inminente continuación en «Dentro del Pandemónium».

PARA SABER MÁS:

Barcelona 1912. El Caso Enriqueta Martí (Sílex)

Su autor, el escritor y crítico literario Jordi Corominas, nos introduce en el fascinante caso de la «Vampira» desde una visión más cercana a la realidad de los hechos, donde el personaje se integra en una Barcelona dividida en dos facciones muy marcadas, ricos y pobres, burgueses y obreros, Modernismo y Revolución, en una trama que para el autor ha sobrevivido en sus mentiras porque nos puede más las fantasía que la verdad, un relato que trata de «aclarar los hechos y situar a Enriqueta Martí en su justa dimensión».

Corominas afirma que entonces el relato oral, la tradición oral, tenían mucha fuerza, en una sociedad en gran parte analfabeta y en la que los periódicos estaban destinados a un público muy selecto, generalmente de la clase alta. Enriqueta se convirtió en un mito, no obstante, gracias al enorme eco que tenía la prensa, lo que según el autor se explica también por la gran cantidad de casos que había en la época de maltrato infantil y secuestro de niños, no solo en Barcelona o Cataluña sino en toda España. Pero además, tras un hecho socialmente muy tumultuoso como fue la Semana Trágica, los ánimos estaban a flor de piel.

El de Enriqueta era también el tema de conversación predilecto de los vecinos de Barcelona día tras día. Existía entonces una tendencia a este tipo de contenido sensacionalista y truculento que comienza en 1910, apenas dos años antes, con el caso del Sacamantecas, que influiría muy mucho en la forma de contar lo sucedido en la ciudad condal, una suerte de reflejo a la española de lo que sucedió unas décadas antes en Londres con el caso –¿nunca resuelto?– de Jack el Destripador, también en los bajos fondos, en este caso al otro lado del canal de la mancha, en Whitechapel.

Un recorrido que pone los puntos sobre las íes en lo sucedido, radiografía la Barcelona de su tiempo y desmonta los aspectos menos verosímiles del relato.

En la Escena del Crimen (Larousse)

Y por supuesto el citado libro compuesto a cuatro manos por Eladio Romero y Alberto de Frutos –quienes ya colaboraron juntos en 30 paisajes de la Guerra Civil que reseñamos en su momento–, En la escena del crimen. Dos siglos de crónica negra en España, publicado recientemente por Larousse.

En la línea del libro de Corominas, De Frutos y Romero desmontan parte de la leyenda que convivió durante décadas con la historia real de Enriqueta Martí, víctima del sensacionalismo de su tiempo y de la feroz competencia en la venta de periódicos. Pero hay mucho más, y en las páginas profusamente ilustradas de este oscuro –y entretenidísimo– compendio, se recogen 30 crímenes que a lo largo de 200 años de nuestra historia, por sus particularidades, conmocionaron la España del momento, dejando una huella indeleble en su historia negra reciente; unos sucesos íntimamente ligados al auge de los medios de comunicación, de implantación general en nuestro país a mediados del siglo XIX, que alimentaban a una opinión pública cada vez más ávida de noticias sensacionalistas.

Asesinatos vinculados en cierta manera a lo esotérico, como los cometidos por Manuel Blanco Romasanta, «el hombre lobo de Allariz», o los del Sacamantecas citado, así como los de Enriqueta y el crimen de Gádor, que daría origen a la siniestra leyenda del hombre del Saco; crímenes colectivos que sacudieron a todo un pueblo, como la matanza de Puerto Urraco o los asesinatos los marqueses de Urquijo, rodeado de claroscuros todavía hoy; o los asesinatos de Mazarrón, en Murcia, que darían pie a una de las más aplaudidas películas del inolvidable Fernando Fernán Gómez, El Extraño Viaje (precisamente su título iba a ser El Crimen de Mazarrón, pero se lo prohibió la férrea censura de la época, que también neutralizó su difusión); sucesos todos ellos que configuran parte de la memoria colectiva nacional, como el de la madrileña calle Fuencarral, el de Níjar o el del juego de rol. Una crónica negra que trasciende el género del true crime y forma parte del ADN secular hispánico, repleto, por supuesto, también de cosas buenas.

He aquí el enlace para hacerse con este sanguinolento recorrido por el pasado patrio:

https://www.larousse.es/libro/libros-ilustrados-practicos/en-la-escena-del-crimen-dos-siglos-de-cronica-negra-en-espana-eladio-romero-garcia-9788419250674/

Piratas y filibusteros: los saqueadores del océano (II)

Hermandades secretas, maravillosos tesoros escondidos, mapas imposibles, barcos encantados… y al margen de la leyenda, mucha historia. Hace tiempo que el tema de la piratería pasó de ser un recurso romántico de la literatura y el cine a convertirse en objeto de estudio de los historiadores más prestigiosos. Ahora, la editorial Crítica publica el que puede ser el ensayo definitivo sobre estos «outsiders» del pasado… y del presente, pues la piratería vuelve a ser algo trágicamente común en ciertas partes del planeta.

Por Óscar Herradón ©

Uno de los piratas más conocidos es sin duda Francis Drake, quien abordó las naves españolas y francesas al servicio de la reina inglesa Isabel I. A él se atribuyen saqueos en las colonias de la costa de Panamá y la captura de hasta cien buques de nacionalidad española su devastación fue tal que el monarca Felipe II llegó a ofrecer 20.000 ducados por su cabeza. Una de sus acciones más famosas fue el asalto al puerto Nombre de Dios, conocido también como «el almacén de los tesoros del mundo», aunque el sabotaje que le haría pasar a la historia de la piratería fue la captura del navío «Nuestra Señora de la Concepción» en el Pacífico, llamado también «cagafuegos», por ser el barco mejor equipado de la escuadra española en la zona.

El navío transportaba tres cofres con monedas, unos cuarenta kilos de lingotes de oro y al menos veintiséis toneladas de plata. Tres años después arribó al puerto inglés de Plymouth tras una dificultosa y larga travesía, con el botín intacto. A bordo del Golden Hind, capitaneado por Drake, la mismísima Isabel I le concedió el título de Sir. Durante años el corsario trabajó a las órdenes del conde de Essex, servidor de la Corona inglesa, y hay quien afirma que mantuvo una relación amorosa secreta con la llamada Reina Virgen, aunque no existen pruebas que demuestren dicha hipótesis.

Gracias a sus incursiones y a su servicio al gobierno británico logró reunir una de las fortunas más grandes de toda Inglaterra. En uno de los episodios más cruciales de la historia naval, la lucha contra la «Armada Invencible» filipina, Drake comandó como vicealmirante una de las escuadras inglesas que echaron por tierra las ambiciones del rey español y los sueños hegemónicos de todo un país. Murió de malaria en las cercanías de Portobelo al regresar de su última misión, en la que, extrañamente, había fracasado.

5 tesoros perdidos que aún puedes encontrar…

El Mapa de Lüe

Un supuesto códice masónico y uno de los «mapas del tesoro» más controvertidos que aún no se han desvelado. Es conocido como «Mapa de Lüe» y al parecer se trata de un galimatías que, debidamente decodificado, llevaría hasta un ostentoso tesoro nazi formado por cien toneladas de lingotes de oro que Hitler y sus esbirros habrían enviado a sus seguidores al otro lado del Atlántico, una suerte de quintacolumnistas. Supuestamente, este enigma histórico lo sacó a la luz el cazatesoros alemán Karl von Mueller, que sería el autor del libro The Mater Hunter Manual, aunque es casi seguro que se trata de una farsa. Un texto cifrado en símbolos masónicos a lo Dan Brown a la espera de que un «lumbreras» los desentrañe que incluso fue nombrado en la película La Búsqueda (2004).

El botín de Jesse James

Leyenda inmortal del Lejano Oeste, al forajido Jesse James (1847-1882) se le atribuyen numerosas riquezas acumuladas durante sus numerosos atracos que habría escondido antes de ser asesinado a traición por su compinche Robert Ford. El minero Ben Morton, que falleció en 1930, dedicó muchos años de su vida, algo ya habitual, a buscar el tesoro del bandido en las montañas de Missouri. Cuando murió, entre las pertenencias de Morton se encontró un extraño documento que tomó el nombre de «Mapa de Wolf» –debido a que está encabezado por la imagen de un lobo–. Al parecer, el viejo minero lo obtuvo del sacerdote que dio la extremaunción al hermano de Jesse, Frank James. Al menos eso reza la leyenda. Hasta hoy, el mapa –un diseño tosco e incluso algo infantil– no ha llevado a ningún sitio. Todo apunta a un fraude.

El tesoro de Yamashita

En 1944, el general japonés Tomoyuki Yamashita, el «Tigre de Malasia», asumió el mando de las tropas niponas en Filipinas, y recibió un extraño encargo: poner a salvo un tesoro fruto de la confiscación de bienes y del expolio en Malasia, China o Taiwán; una ingente cantidad de oro que previamente habría ocultado en Singapur la sociedad secreta Kin no Yui («Lirio Dorado») con la colaboración de la Yakuza. Yamashita debía trasladarlo a Filipinas para desde allí embarcarlo hacia Japón, pero ante la inminente invasión aliada tuvo que enterrarlo en 157 lugares distintos de la isla Bacuit Bay y otras zonas de Filipinas, junto a los soldados japoneses y prisioneros que mandó ejecutar para que no revelasen el secreto.

El 23 de febrero de 1946 Yamashita fue ejecutado por los estadounidenses sin revelar su paradero, aunque fuentes de aroma conspiracionista apuntan a que la OSS –antecesora de la CIA– supo de su ubicación y se lo comunicó al presidente Truman, un botín que serviría para financiar la lucha anticomunista de posguerra. Es más probable que parte del oro lo hubiera confiscado el dictador filipino Ferdinand Marcos (1917-1989) al cerrajero Rogelio Rojas, quien dijo haber tenido acceso a un mapa que había pertenecido a un soldado japonés. Fuera cual fuese la verdad, muchos filipinos continúan buscando el tesoro enterrado en su territorio.

La mina del Holandés Perdido

En las Montañas de la Superstición, en Arizona, un escenario que ya de por sí invita a la ensoñación, circulan numerosas leyendas aborígenes. Lugar icónico del Viejo Oeste, esta árida región es el epicentro de una historia bautizada como la «mina del holandés perdido» –o del alemán, depende de la versión–, un episodio supuestamente verídico aderezado de tantos condimentos que ya es difícil discernir la realidad de la mera quimera. Una mina descubierta en el siglo XVI que al parecer explotaron primero los jesuitas hasta que fueron pasados a cuchillo por los apaches. Aunque este punto no está muy claro. A mediados del siglo XIX, la mina perteneció al español Miguel de Peralta, quien descubrió oro en la misma y la explotó hasta que él y sus trabajadores fueron masacrados también por los apaches.

En 1862, el aventurero alemán Jacob Waltz, que exploró gran parte del territorio estadounidense y tuvo conocimiento de aquella historia, dijo haber encontrado la mina y solía mostrar como prueba una cantidad de oro equivalente a unos 60.000 dólares. Nunca quiso regresar por miedo a los apaches –decía–, pero dibujó un mapa que vendió por mucho dinero. Aquellos que fueron en su busca jamás regresaron, al parecer, víctimas de una maldición… Aún hoy, son numerosas las personas que se aventuran a las Superstition Mountains en busca de la mina perdida.

El tesoro del Olonés

El Olonés era el apodo con el que se conocía al sanguinario pirata Jean-David Nau, que, cuentan, era capaz de arrancar el corazón de sus prisioneros y comérselo crudo y que hizo acopio de un gran botín durante sus abordajes. Un anciano pescador de nombre Joaquín Garrido, que afirmaba descender de algunos miembros de la tripulación del Olonés, tuvo su momento de gloria cuando, en 1924, le dio a unos americanos de vacaciones en Cuba un mapa que señalaba el lugar donde había escondido sus riquezas: mil libras en lingotes ocultas en algún lugar de la isla cubana de Cayo Francés –Villa Clara–. Un mapa que parece claramente falso, e incluso tosco y un tanto infantil, pero que animó a muchos cazatesoros a ir en su busca.

PARA SABER ALGO (MUCHO) MÁS:

La editorial Crítica lanzó recientemente un vibrante ensayo que lleva ya varias ediciones. Se trata del libro Piratas. Una historia desde los vikingos hasta hoy. Su autor es Peter Lehr, profesor de estudios sobre terrorismo en The Handa Centre for the Study of Terrorism and Political Violence de la Universidad de St. Andrews, en Escocia. Ha firmado otros exitoso ensayos, como Counter-Terrorism Technologies: A Critical Assessment o Militant Buddhism: The Rise of Religious Violence in Sri Lanka.

En su último libro, de espíritu fundamentalmente divulgativo, lo que logra gracias a su facilidad de lectura y un ritmo que no cae en ninguna de sus páginas, aunque aportando la precisión del especialista, aborda la piratería desde tiempos inmemoriales hasta la misma actualidad, donde, debido a diversas circunstancias de este tumultuoso siglo XXI, ha resurgido con fuerza. Y Lehr sabe de lo que habla, pues uno de sus trabajos más exitosos se centraba precisamente en este punto, el terrorismo marítimo: Violence at Sea: Piracy in the Age of Global Terrorism.

Desde los vikingos y los piratas Wako medievales hasta los asaltantes somalíes de la actualidad, Lehr analiza la motivación que lleva a algunos individuos a convertirse en piratas, así como su organización, la violencia en el mar y las tácticas de terror utilizadas para saquear barcos y regiones costeras. También se ocupa del papel del Estado en el desarrollo de la piratería desde los corsarios que actúan bajo una autoridad legítima hasta los piratas que operan tomándose la justicia por su mano, y explora cómo la combinación de factores estructurales como la debilidad de la vigilancia marítima y la liberalización del comercio ha hecho posible que la piratería persista hasta nuestros días.

He aquí el enlace para adquirir este vibrante ensayo:

https://www.planetadelibros.com/libro-piratas/333733

Relatos para amantes de los libros

Cualquiera que siga «Dentro del Pandemónium», o al menos haya ojeado algún post, sabe de la pasión de un servidor por el mundo del papel escrito. Así que una novedad que se titula precisamente «Relatos para amantes de los libros» no podía pasarme desapercibida.

Óscar Herradón ©

Y más cuando la edita Alma, cuyos volúmenes son una verdadera obra de arte minimalista. Este hermoso título ilustrado por la artista pamplonesa Natalia Zaratiegui, recoge un selecto compendio de algunos de los mejores cuentos centrados en el arte de la escritura, y en su artífice, el escritor, y todo (TODO) lo que eso conlleva… que puede ser una odisea.

Una antología realizada con el mimo y el cariño de un bibliófilo, el escritor, periodista y profesor Antonio Iturbe (autor del bestseller La bibliotecaria de Auschwitz) cuya selección, prólogo e introducciones realiza con la precisión de quien es autor y además enseña literatura: así, calmará la sed de tinta de los lectores y les descubrirá la vida secreta de los libros, a los que no volverán a mirar de la misma manera, aunque estoy seguro de que muchos de los que se adentren en sus páginas ya saben mirar esas joyas de papel cosido como mucho más que un objeto para el entretenimiento.

El difícil arte de escribir… sobre escritura

En el prólogo, Iturbe escribe: «Cuando el escritor utiliza el espejo para mirar hacia adentro, como sucede en esta reunión de relatos, lo que nos muestra puede resultar muy revelador sobre el funcionamiento de los complejos mecanismos de la creación. También sobre los de la impostura. Porque la actividad del escritor se mueve en una precaria cuerda floja entre la introspección y la vanidad, entre el arte más elevado y el modus vivendi más terrenal y zopenco».

Con tal aperitivo, ya nos podemos sumergir en las páginas de una antología que recoge textos de grandes autores, algunos realmente dispares entre sí, una amplia muestra de géneros y épocas literarias, desde Antón Chéjov («Chist»), Clarín («Un documento») o Dostoyevski («Bobok»), a maestros del terror como Edgar Allan Poe («Berenice») o H. P. Lovecraft («Historia del Necronomicón»), pasando por Rubén Darío («El Rey Burgués»), Rosalía de Castro («Carta a Eduarda»), Edith Wharton («El Ángel de la Tumba») o Kipling («El cuento más hermoso del mundo»), entre otros. Se echa de menos en tal selección, quizá, más firmas femeninas, pero sabemos de la dificultad de la mujer durante tantos siglos para dedicarse a la creación, o a lo que le viniera en gana.

En definitiva, una delicada joya para bibliófilos que podéis adquirir en el siguiente enlace:

https://www.editorialalma.com/libros/relatos-para-amantes-de-los-libros

COMPAÑEROS DE VIAJE (FÓRCOLA EDICIONES):

Y si uno ama los libros, viajar, y la poesía inherente a ambos, nada mejor que sumergirse en las páginas de Compañeros de viaje. Poetas en busca de su identidad, de la filósofa y escritora argentina Virginia Moratiel, editado por Fórcola Ediciones.

Rilke

Moratil, también poeta, nos ofrece una personal y apasionada cartografía poética, jalonada por la vida y obra de artistas fascinantes: de Safo y Emily Dickinson a Wislawa Szymborska y la atormentada Alejandra Pizarnik; de Matsuo Basho y Giacomo Leopardi a Rainer Maria Rilke y Paul Celan, «seres atractivos y enigmáticos, que en pleno dolor son capaces de abrazarse con denuedo a la belleza, consolarnos e infundirnos ganas de seguir viviendo».

Y como marco que lo envuelve todo está el viaje como metáfora de la vida, un peregrinaje solitario donde el viajero se siente extranjero a cada paso, a la vez que transita un itinerario siempre nuevo (haciendo visible la máxima de Antonio Machado, «caminante no hay camino, se hace camino al andar (…) y al echar la vista atrás, se ve la senda que nunca se ha de volver a pisar»); un itinerario preñado a su vez de aventuras y desafíos que acabarán por hacer que el poeta se conozca a sí mismo.

Se trata de una vibrante y nada sencilla búsqueda de la propia identidad, en una exploración sapiencial que concluye con la muerte, encontrando –si es que existe– la felicidad en el transcurso de esa odisea del espíritu que se busca a sí mismo, y no en el final del camino. Así, en esa búsqueda interior de uno mismo (del artista y el lector), para la autora los poetas son inmejorables compañeros de viaje, bien por la manera en que abordan temas universales o bien por el sentimiento que destilan ante las encrucijadas del camino, revelándonos la BELLEZA con mayúsculas.

Para adquirir tan hermoso libro, aquí tenéis el link de la editorial:

Por su parte, Pulpture Ediciones nos trae una buena dosis de literatura, nada menos que cuatro autoras inéditas hasta el momento en España en cuatro absorbentes relatos: dos historias de ciencia ficción –una de ellas un space opera– y dos enclavadas en el género fantástico, en una preciosa edición minimalista.

El primer relato es «Rehabilitaciones», de la escritora estadounidense y profesora asociada de inglés en la Universidad de Nevada, Reno, Susan Palwick, alguien que sabe abordar el género sci-fi, pues en 1985 comenzó su carrera profesional publicando La mujer que salvó al mundo para la prestigiosa revista de ciencia ficción Isaac Asimov. Sorprende que hasta ahora ningún editor en castellano se fijara en su obra. «Rehabilitaciones» es un relato de ciencia ficción intimista sobre las adicciones (en este caso el alcoholismo y los trastornos alimentarios), sus diferentes facetas y las formas más saludables en que podemos enfrentarnos a las mismas.

Le sigue el relato «Chesirah», de la jovencísima L. D. Lewis, un space opera sobre el renacimiento y las ansias de libertad que tiene como protagonista a una fénox, una criatura que necesita un lugar seguro donde arder y cuyo nombre da título al texto. Chesirah vive enjaulada a expensas del fabricante de muñecas Nazar, que la trata como si ella misma fuera otro objeto; así, solo piensa en escapar…

El tercer relato lleva por título «La atracción de la manada» y es obra de Suzan Palumbo, una joven escritora y editora originaria de Trinidad y Tobago con numerosas publicaciones en revistas especializadas (The Dark Magazine, PseudoPod, Weird Horror…) que subvierte el mito nativo americano de la mujer-ciervo transformándolo en algo muy direrente que obligará al lector a mirar el mundo a través de los ojos de esta «bestia» de la naturaleza que es más humana que monstruo.

Y esta delicatessen literaria concluye con «Bestias fabulosas», de la escritora británica de terror y fantasía Priya Sharma, un cuento que en 2016 se hizo con el British Fantasy Award a la mejor ficción corta, una «novela» de terror sobre una extraña mujer que vive rodeada de lujos junto a su amante y que guarda un terrible secreto de su infancia, rodeada de privaciones en el noroeste de Inglaterra.

He aquí el link para adquirir este libro:

http://pulpture.com/dos-pieles/