Los difusos orígenes de Halloween

Corría el año 835 de nuestra era cuando el pontífice Gregorio IV designaba el 1 de noviembre como All Hallow’s Day (Día de Todos los Santos). El día anterior, 31 de octubre, fue conocido como All Hallow’s Evening (Noche –Víspera– de Todos los Santos); de la evolución de la palabra a lo largo de los siglos, y de su contracción, surgió «Halloween», probablemente en el siglo XVI, de una variación escocesa de la expresión irlandesa All Hallows’ Even.

Óscar Herradón ©

No hay que olvidar que ese es el nombre que recibe en otros países, o recibía, incluido España. En México se conoce como Día de Muertos y es la fiesta capital –al menos en sentido espiritual– del país. El origen de la festividad que hoy día se celebra de un rincón a otro del mundo gracias al marketing estadounidense, muy alejado de la Roma pontificia, parece ser celta, el Samhain. Al parecer, los celtas estaban convencidos de que la frontera entre los vivos y los muertos se estrechaba en la noche anterior a la llegada del nuevo Año –nuestro 31 de noviembre–, permitiendo a los espíritus volver a nuestro mundo.

Algunos folcloristas han señalado que, para ahuyentar a los malos espíritus en ese momento clave, los celtas se ataviaban con cabezas y pieles de animales con la intención de tener una apariencia tenebrosa y evitar sufrir daño a malos de los espíritus malignos. Adoraban al dios Sol (Belenus), especialmente en Beltane, el primero de mayo, pero también adoraban a otra deidad: Samagín o Samhaín, el Señor de la Muerte o de los Muertos –y quien daría nomenclatura a la festividad–, el 31 de octubre, donde parece que se realizaban sacrificios no sólo animales sino también humanos. Según Julio César en sus Comentarios, los celtas de Britania creían que eran descendientes del dios Dis, una tradición transmitida oralmente por los druidas.

Beltane

Los celtas y sus sacerdotes druidas comenzaban su año nuevo el día correspondiente al 1 de noviembre de nuestro calendario, que marcaba el comienzo del invierno. Al parecer, estaban convencidos de que el 31 de octubre, la noche previa, el Señor de la Muerte reunía las almas de los difuntos que en vida habían sido malvados y que habían sido condenados a encarnarse en cuerpos de animales –aquellos que habían llevado una vida honorable, creían, se reencarnaban como humanos y volvían a sus hogares–.

Para evitar sufrir daño a manos de los espíritus del inframundo, se ataviaban con cabezas y pieles de animales; asimismo, los druidas estaban convencidos de que el castigo a ese espíritu maligno podría ser favorecido a través de sacrificios, oraciones y dones ofrecidos al Señor de la Muerte.

En La Historia y orígenes del Druidismo, del folclorista escocés Lewis Spence (1874-1955), podemos leer: «El rasgo sobresaliente de Samagín consistía en encender una gran hoguera… Samagín también era el festival del muerto, se pensaba que en esta estación los espíritus recorrían los campos, asustando a la gente en sus recorridos.

Para ahuyentarlos de los campos y de los recintos de las villas, encendían teas desde la fogata, las cuales eran llevadas alrededor del territorio… al tiempo que adivinaban el destino del individuo para todo el año».

Durante los días anteriores a la víspera del año nuevo, los jóvenes de la comunidad recorrían el vecindario pidiendo materiales para la gran hoguera, en la creencia de que el fuego no sólo desterraba los malos espíritus, sino que «rejuvenecía al sol». No en vano, hasta hace poco la montaña de fuego de Halloween que encendían los escoceses se conocía como Samagín o Samhain, indicando la fuerte influencia del antiguo festival celta.

Además de las mascaradas y los bailes alrededor del fuego, el interés por la adivinación y los sortilegios llegó a ser importante en el marco de la festividad. Los druidas creían que por las particulares formas de los frutos y los vegetales podían adivinar el futuro, y con el mismo propósito se utilizó a las víctimas de los sacrificios humanos, práctica prohibida con la conquista romana de Bretaña.

Así, Halloween rivaliza con los agüeros, hechizos y toda clase de prácticas místicas que también se realizan en la noche de San Juan, aunque en este caso en relación con el declive del sol, y no con el solsticio de verano. En Irlanda, esta fiesta incluye tradiciones propias, como el barmbrack, un pan dulce que lleva pasas y pequeños objetos en el interior de la masa –algo así como nuestro Roscón de Reyes–; cada objeto tiene un significado específico que, al parecer, sirve para predecir el futuro de aquel que lo encuentra. Una práctica bastante similar a la del soul cake, que se cocía en honor de los muertos en la tradición cristiana. Esta práctica comenzó en la Inglaterra medieval y se mantuvo hasta los años 30 del siglo pasado, y era llevada a cabo tanto por protestantes como por católicos. Hoy se continúan realizando «soul cakes» en Portugal o en la Francia rural.

Los pasteles, tradicionalmente denominados «almas», se entregaban a «las almas gemelas» –generalmente a niños y pobres– que iban de puerta en puerta durante los días de Difuntos rezando «por las almas de los benefactores y amigos», y muchos folcloristas han visto en esta tradición el origen del «truco o trato». Entre los católicos, era una tradición que los pasteles fueran bendecidos por un sacerdotes antes de ser repartidos en el Día de Todos los Santos.

A cambio de aquel presente en tiempos de precariedad, los niños prometían orar por las almas de los parientes fallecidos del donante durante el mes de noviembre, que creían se hallaban en el Purgatorio.

Ya que la celebración de Halloween era una noche donde se creía que las almas de los muertos vagaban por todas partes, la costumbre de narrar historias de fantasmas a la luz de la lumbre se originó como una consecuencia natural de tales creencias, y se mantiene hoy con fuerza en distintos países.

Según un estudio realizado en por la empresa The Harris Poll en 2014, un 42% de los estadounidense cree en fantasmas, cifra que aumenta hasta el 52% en Gran Bretaña. No es raro que Halloween sea para ellos una festividad especial.

2 lecturas –recién publicadas– que no te dejarán pegar ojo este Halloween:

–El maestro del horror contemporáneo, el señor Stephen King, regresa con cuatro novelas cortas publicadas por Plaza & Janés, editorial habitual de sus libros en España, bajo el sugerente título de La Sangre Manda y con una portada en tonos naranjas con un gato negro, símbolo –algo injusto– del mal fario y el satanismo que adquiere aún mayor significado en estas festividades. Relatos que se centran en las fuerzas oscuras que nos acechan. El primer texto, que da título al libro, es un absorbente noir paranormal protagonizado por la detective Holly Gibney, al frente de la ya legendaria agencia Finders Keepers, quien siguiendo la máxima de una cruenta y violenta noticia precisamente bajo el potente titular de «La sangre manda», investigará una matanza en el instituto Albert Macready, enfrentándose a sus propios temores interiores. Le siguen tres narraciones no menos inquietantes para este Halloween: El teléfono del señor Harrigan, La Vida de Chuck y La rata, un relato sobre un escritor que, desesperado, se enfrenta al lado más oscuro de la ambición y parece contener ciertos ecos de la película En la boca del miedo que en 1994 dirigió el también multifacético John Carpenter.

–Por su parte, la Editorial Minúscula nos trae una de las joyas de la novela «gótica» contemporánea, La maldición de Hill House, probablemente la novela más emblemática de escritora estadounidense Shirley Jackson (1916-1965) que ha gozado de un nuevo impulso gracias al éxito de la serie homónima de Netflix que es otra buena opción para pasar este «Día de los Muertos» en familia y en semi confinamiento. Maldiciones familiares, fantasmas, premoniciones y fenómenos poltergeist que acaban en tragedia, se dan la mano en esta vertiginosa trama, uno de los grandes libros de terror del pasado siglo.

Cuatro personajes llegan a un viejo y laberíntico caserón que da nombre a la novela, Hill House. El doctor Montague, estudioso de lo oculto, y tres personas que éste ha reclutado para llevar a cabo un experimento que arroje pruebas evidentes de fenómenos psíquicos en casas encantadas. A pesar las reticencias de la familia, que arrastra una terrible tragedia vivida entre esos angostos y ahora abandonados muros, la joven y atormentada Eleanor acabará formando para de esa singular comitiva. También Theodora –con quien Eleanor establecerá un fuerte vínculo desde el principio–, y Luke, el heredero de tan desagradable mansión. Como un organismo que tiene vida, la casa pondrá a prueba a los incómodos visitantes, que serán testigos de situaciones extremas que escapan a su compresión, con la intención de escoger a uno de ellos y atraparlo para siempre. Una delicia… terrorífica.

Crímenes reales… en la noche de Halloween

Se acerca Halloween. Los niños están exaltados, los padres compran un buen arsenal de comida y sobre todo bebida, a ser posible de alta graduación, y las tiendas de disfraces hacen su agosto a finales de octubre. Bueno, eso los años anteriores… éste toca pasarlo en semiconfinamiento. Las circunstancias sanitarias mandan. Pero la celebración –sui géneris– continúa.

Óscar Herradón ©

¿Que los disfraces de hoy dan miedo…? Ja!

El miedo se convertirá por un día en diversión… o quizá no. Y es que son numerosas las rocambolescas historias que han tenido lugar entre la noche del 31 de octubre y el 1 de noviembre, y no sólo en el argumento de películas o en los relatos sangrientos que amenizan tan oscura velada. Sino escrupulosamente reales.

Quizá es que ese día todos nos volvemos un poco más locos… Y las siguientes líneas lo atestiguan. Es más, un estudio realizado por la Universidad de Yale durante más de 12 años y en el que se analizaron alrededor de 2,5 millones de alumbramientos, el número de nacimientos en Halloween decrece notablemente, al parecer, porque inconscientemente las mujeres tienen una predisposición a no dar a luz en tan significativa –y tétrica– fecha. Esto parece demostrar un posible vínculo entre el estado anímico de las embarazadas y sus niveles hormonales que podría influir en el momento del nacimiento. No es de extrañar… Si a ello le sumamos seis meses de pandemia y confinamiento, la situación se torna mucho grisácea. Apta para que se abran las puertas del averno…

Lejos de las tentativas homicidas de estrellas del celuloide como Michael Myers y su desconcertante máscara blanquecina, que también tiene su enjundia, la noche de Halloween arrastra una oscura lista de…

…crímenes muy reales

Quizá el más célebre sea el asesinato de Ronald Sisman y Elizabeth Platzman, una pareja de Manhattan que fue asesinada durante las primeras horas de Halloween de 1981 en su apartamento, cerca del pueblo de Greenwich: fueron salvajemente golpeados antes de que les dispararan en la cabeza y el piso saqueado. Aunque la prensa habló de un posible ajuste de cuentas por un tema de drogas –en el que estaría involucrado Ronald–, el caso dio un extraño giro cuando un preso afirmó que uno de sus compañeros había predicho el crimen antes de que ocurriera, y no parecía tener dotes premonitorias…

Aquel reo resultó ser uno de los peores criminales de los años 70, David Berkowitz, más conocido como «El Hijo de Sam», que llevaba en prisión desde 1977. Según el informante, Berkowitz le había dicho que su culto –una suerte de grupo satánico– estaba planeando entrar en una pequeña casa cerca de Greenwich en Halloween, donde debían realizar un crimen de ecos rituales. Cuando se le preguntó a Berkowitz sobre este punto, declaró que Sisman poseía una grabación de uno de los tiroteos de los llamados «Hijos de Sam» que pretendía entregar a las autoridades para que le exoneraran de unos cargos por venta de estupefacientes. Aunque parece que David realizó una minuciosa descripción del apartamento, no se encontraron evidencias que apoyaran sus declaraciones –según él, porque había ordenado a sus acólitos que borraran todas las huellas tras el crimen–. Aquella noche de Halloween se tiñó de sangre más allá de las mascaradas y los caramelos, y casi cuarenta años después el asesinato de Sisman y Platzman sigue sin resolverse.

Henry Lee Lucas

Otro serial-killer, tan abundantes en el país de las barras y estrellas, Henry Lee Lucas, afirmó años después haber sido el responsable del brutal crimen de una chica que fue encontrada en una alcantarilla cerca de la Interestatal 35, a las afueras de Georgetown, Texas, identificada como «calcetines naranjas» –orange socks–, porque era la única prenda que vestía su cuerpo tras haber sido estrangulada. Nunca se pudo demostrar que Lucas, responsable de la muerte de al menos 100 mujeres en distintos estados de los EEUU, fuera el autor: le gustaba arrogarse la autoría de crímenes que no había cometido. Estremecedor.

Iowa. Noche de Halloween de 1982. El matrimonio formado por los sexagenarios Marvin y Ethel Brandland escucharon cómo llamaban a su puerta. Como todos los años, estaban preparados para repartir caramelos a los niños, pero al abrir, un hombre enmascarado que les apuntaba con una pistola les espetó: «Truco o Trato: dadme todo el dinero o disparo». Los Bandland creyeron que era una broma de mal gusto, bastante habitual en tales fechas, e intentaron quitarle la máscara al susodicho.

El hombre se resistió y consiguió entrar en la casa. Llevó al matrimonio hasta el sótano, hasta su caja fuerte, y en un momento en el que Marvin forcejeó con éste para arrebatarle el arma, el desconocido le disparó en la garganta, por lo que el propietario murió en el acto. Tras aquello, Ethel quedó tan traumatizada que murió pocos meses después. En su huida, el asesino perdió su máscara, pero jamás fue encontrado por las autoridades. Aquel Trick or Treat se pasó de vueltas.

El caso más reciente tuvo lugar en 2012, y aunque no sucedió en tal fecha, sí estaba muy relacionado con Halloween, en concreto con el remake de la mítica cinta realizado por el multifacético Rob Zombie en 2007: al comienzo de la misma Michael Myers asesina a su familia y esto parece que sirvió de inspiración a Jake Evans, un joven de una comunidad cerrada, en Aledo, Texas, de 17 años, que disparó hasta la muerte a su hermana y a su madre con un revolver del calibre 22.

Evans escribió una confesión de cuatro páginas que fue dada a conocer durante el juicio y que puso los pelos de punta a los letrados: no mostró ningún tipo de remordimiento y detalló con pelos y señales el crimen, e incluso cómo volvió a disparar al cadáver de su madre. Confesó, además, que aquella semana visionó tres veces la película de Rob Zombie, y que eso le hizo pensar que podría cometer el crimen con facilidad.

Dijo también que había planeado matar a sus abuelos, que vivían al otro lado de la calle, y a su hermana mayor, que residía en la universidad: “Yo estaba muy triste porque sentía cómo mi propia familia se estaba convirtiendo en la gente que odio”. Los jueces no hallaron indicios de enfermedades mentales y en abril de ese año el chico fue condenado a 45 años de prisión.

Una larga lista bermeja

Se han sucedido otros crímenes espeluznantes que engrosan la macabra lista de la noche de Halloween: el del bebé de 19 meses Nima Louise Carter, que murió en 1977, o el brutal crimen de Martha Moxley, asesinada el 31 de octubre de 1974 en Greenwich (Connecticut), durante una fiesta de disfraces celebrada en casa de los Skakel –precisamente muchos años después, en 2002, sería condenado uno de los hijos de la familia, Michael Skakel, por aquel crimen–.

Otra fue misteriosa muerte del joven de 21 años de la Universidad de Minnesota Chris Jenkins, que fue a una fiesta de disfraces en un bar de Minneapolis la noche de Halloween de 2002 y cuyo cuerpo fue descubierto en el río Mississipi  4 meses después o la muerte del joven judío ortodoxo de 15 años Jaim Weiss, hallado muerto la mañana del 1 de noviembre de 1986 en una escuela secundaria yeshiva en Nueva York, entre otros.

Feliz Samhain, y cuidado con los desconocidos…