Sapiens. La novela gráfica

Hace ya unos años que el escritor israelí Yuval Noah Harari revolucionó el campo de la divulgación científica con la publicación, primero, de su ensayo multiventas «Sapiens», y después, de títulos igualmente exitosos como «Homo Deus» o «21 lecciones para el siglo XXI». Todas las ediciones de sus obras en castellano, más que recomendables si eres un tipo curioso y preocupado por lo que nos espera en un futuro no muy lejano, las ha lanzado la editorial Debate, y la misma se encarga ahora de publicar la novela gráfica de aquella reveladora «ópera prima» ensayística en dos volúmenes.

Por Óscar Herradón ©

En su condensada historia de la humanidad, Harari, profesor de Historia de la Universidad Hebrea de Jerusalén, pinta un fresco provocador, ingenioso y nada complaciente con el «animal» de dos patas. Y es que si el mundo se ha ido al garete –léase clima, superpoblación, epidemias– , mucha parte de culpa es nuestra (más de unos que de otros, todo sea dicho). En un mundo que además de herido (algunos dicen que de muerte, otros son algo más optimistas) está saturado de información irrelevante, fake news, memes y basura cibernética, el historiador, profesor y filósofo apoya la máxima de que la claridad es poder, y permite acercarse a lo fundamental del conocimiento sin perderse en un marasmo de datos intrascendentes –o quizá no lo sean, pero distraen del objetivo principal–.

Quitar todo lo superfluo (o simplemente sesudo), pues no se pretende crear un premio Nobel, sino conseguir que el gran público –ese cautivado en el confinamiento con los vídeos de TikTok, las peroratas de influencers y youtubers y los realities delirantes– sienta interés por el saber y aprenda algo, aunque no sea mucho, a retener información y, sobre todo, a PENSAR, cosa que no está muy de moda en nuestro tiempo. Así, el israelí nos entrega una visión panorámica de la especie humana sin caer en el resbaladizo campo de los mil y un detalles. De forma concisa, amena y divertida (y a veces irónica, cuando no directamente mordaz), Harari lo consigue con creces, y no es raro, por tanto, que su libro llegara al número 1 de la prestigiosa lista de The New York Times y que entre sus fans se cuenten el ex presidente Barack Obama, Bill Gates o Mark Zuckerberg.

No es habitual trasladar al cómic un ensayo, porque, por poco sesudo que sea, transmitir su mensaje es tarea harto complicada. El ilustrador belga David Vandermeulen y el francés Daniel Casanave lo consiguen con nota y eso que, evidentemente, el libro de Harari ha tenido que «comprimirse» todavía más para tomar forma gráfica y no era fácil, ni mucho menos, «condensar» a un artista de la condensación. Aún así, mantiene vivo el discurso fresco, sintetizador y directo del original, con el atractivo añadido de un trazo sencillo pero lleno de fuerza y tanto o más ingenioso que el material de partida.

Compromiso con la enseñanza

El propio Harari cobra vida en la viñeta (aún a pesar de sus reticencias iniciales) y aparece en las páginas gráficas de Sapiens en su faceta de profesor y divulgador, contando cosas sorprendentes a su sobrina, sus compañeros de la Universidad o a través de conferencias, narrando al lector en tercera persona, un acierto sin duda a la hora de convertir la temática del ensayo en trazos y color.

Así, asistimos al vibrante y provocador relato de cómo un simio insignificante consiguió imponerse en la lucha por la supervivencia y fue capaz de dominar el planeta Tierra, dividir el átomo, llegar a la Luna (mal que les pese a los conspiracionistas), manipular el código genético… Eso sí, el ser humano, yo, tú, todos nosotros, nuestros antepasados y los que nos rodean, también hemos sido los responsables de llevar al planeta (no tan) azul hasta el límite, causar las mayores masacres a lo largo de los siglos y cometer las peores vejaciones para con el prójimo. Harari lo sabe, y tampoco se muestra excesivamente optimista sobre nuestra especie de homínidos que desbancó a otras tanto o más «fuertes» como el Neandertal (con quien convivimos), el Homo Erectus o el Denisovano.

En El nacimiento de la humanidad (Sapiens. Una historia gráfica 1), Vandermeulen y Casanave adaptan el primer cuarto de Sapiens, el que se centra en la revolución cognitiva que llevó al Homo Sapiens a pesar de ser un homínido nómada y salvaje en sus comienzos, a realizar viajes espaciales o modificar la materia. Pero, como señalé más arriba en este mismo post, no todo son elogios: Harari resalta el papel del Sapiens en la extinción de múltiples especies, homínidas y no homínidas, humanas y no humanas.

Su segunda parte mantiene viva la chispa de la primera, consiguiendo dejar al lector pegado a la hoja entintada cual niño pequeño que descubre el mundo por primera vez. Con el subtítulo de Los pilares de la civilización, de nuevo Vandermeulen y Casanave adaptan (más bien reescriben) otra parte importante del original y se centran en cómo el Homo Sapiens pasó de ser una especia nómada y sedentaria a trabajar más duro, haciendo que el trigo se apoderase del viejo mundo tras domesticar a los animales (sí, hoy ni se nos ocurre pensar en aquello, pero no fue ni mucho menos fácil).

También cómo un improbable matrimonio entre un dios y un burócrata dio lugar a los primeros imperios, e incluso se permiten adaptaciones a los nuevos tiempos, incluyendo el Covid-19 en el relato; en una sugerente viñeta podemos leer: «¡Última hora! ¡Desde el comienzo de la crisis de la Covid-19, la Reserva Federal ha creado billones de dólares extra!», mientras Harari puntualiza a su sobrina, con cierto arrebato contracultural: «Cosas así podrían pasar en cualquier lugar. Todo depende de si la gente confía en el orden imaginado». Como hombre comprometido con los derechos humanos, Harari ha protestado varias veces contra el gobierno de Netanyahu, lo que le ha granjeado la animadversión de los más radicales y brindado la calidad de proscrito en su propio país.

Por supuesto, el israelí no olvida en su discurso cómo la guerra, el hambre, las enfermedades y la desigualdad se convirtieron en parte esencial de la condición humana y por qué solo nosotros mismos somos responsables de ello. En este punto insiste notablemente. Por las páginas de esta segunda entrega pasean de nuevo personajes que hacen más amena la lectura y ayudan a la retención y el aprendizaje de los más jóvenes y de los que no lo somos tanto: Yuval, Zoe, la profesora Saraswati, Cindy y Bill el Troglodita, la detective López y la Doctora Ficción. Todos ellos conforman una prodigiosa continuación de la adaptación gráfica de Sapiens.

He aquí la forma de adquirir este volumen, una muy buena opción para regalar en estas fiestas y a la vez cultivar el saber. Falta nos hace:

https://www.penguinlibros.com/es/economia-politica-y-actualidad/259098-libro-sapiens-una-historia-grafica-volumen-ii-9788418056925

Quemar libros: historia de la destrucción del conocimiento (II)

Desde el mismo momento en que el hombre ha compilado el saber, otros se han encargado de destruirlo. La historia está llena de episodios de quema de libros, y ahora un ensayo del bibliotecario de Bodley, en Oxford, Richard Ovenden, publicado por Crítica, nos recuerda ese ignominioso ejercicio de desmemoria a través de los episodios más destacados desde el más remoto pasado hasta la actualidad.

Óscar Herradón ©

En el año 306 a.C. subió al poder Ptolomeo I Sóter en Alejandría (Egipto). Fue la misma época en la que un griego brillante y erudito, de nombre Demetrio de Falera, arribó a la mítica ciudad procedente de Tebas, tras un largo exilio que le había obligado a abandonar Atenas. Ambos personajes trabaron una profunda amistad y el monarca, aconsejado por Falera, procedió a la construcción de un edificio consagrado a las musas y al que dio el nombre de museo que, poco tiempo después, contó con una enorme biblioteca. Fue el germen del futuro gran centro del saber del mundo antiguo.

Falera

Demetrio, según narra la Carta de Aristeas a Filócrates, fechada en el siglo II a.C., recibió grandes sumas de dinero del rey «para adquirir, de ser posible, todos los libros del mundo». De esta forma, la biblioteca más importante de la antigüedad fue reuniendo un inmenso catálogo de libros de las más variadas temáticas. Falera, uno de los hombres más brillantes de su tiempo, profundamente preocupado por el saber, se embarcó en la ardua tarea de traducir al griego todos los textos judíos del Antiguo Testamento. Para ello, contó con un grupo de traductores hebreos procedentes del barrio judío de Alejandría, a instancias de Ptolomeo I y el sumo sacerdote Eleazar. Durante setenta y dos días se tradujeron las Sagradas Escrituras en su totalidad.

Pero no solo los ancestrales conocimientos de la religión judía interesaron al maestro Demetrio, éste intentó almacenar la mayor cantidad posible de saber humano. Por ley, todos los viajeros que pasaban por Alejandría debían donar una obra a la biblioteca del museo, cuya descripción únicamente se conserva en un antiguo documento de dudosa autenticidad. Parece ser que el museo formaba parte de los palacios de la realeza y contaba con un paseo, una gran casa donde se situaba el refectorio y largos pasillos en cuyas paredes se colocaron fantásticas obras pictóricas. Como curiosidad, contaba con un zoológico y un jardín botánico que albergaba los más raros animales y las más extrañas plantas del mundo.

La biblioteca era el edificio más admirado; en un principio utilizada únicamente como sala de consulta, contó con diversas ampliaciones, entre las que se encontraba la conocida como biblioteca del Serapeum, templo edificado en honor de la deidad sincrética greco-egipcia Serapis y que estaba situado a pocos metros del edificio del museo –de esta forma, parece ser que la famosa biblioteca de Alejandría estaba dividida en dos—. Al parecer, las paredes del Serapeum daban cobijo a iluminados que pernoctaban intramuros, consultando los libros en busca de algún tipo de revelación.

Ruinas del Serapeum de Alejandría en la actualidad (Source: Wikipedia)

A pesar de su impresionante labor, Falera no consiguió el puesto de director de la biblioteca que tanto anhelaba. Años después de haberse convertido en uno de los personajes más relevantes de la sociedad alejandrina, el erudito cayó en desgracia cuando el sucesor de su amigo el monarca, Ptolomeo II Filadelfo, lo expulsó de la ciudad como a un perro. Parece ser que hacia el año 285 a.C., en el Bajo Egipto, murió tras ser mordido por un áspid, la famosa serpiente que acabó con la vida de la reina Cleopatra años después. Con la muerte de Falera la historia humana perdía una de sus mentes más brillantes y a uno de los primeros y más importantes impulsores del conocimiento. Nadie sabe cómo llegó la serpiente a morderle; algunos hablan de suicidio, otros de asesinato…

Zenódoto

El primer director de la biblioteca fue Zenódoto de Éfeso (325-260 a.C.) quien fue sucedido más tarde por Apolonio de Rodas y éste a su vez por el enigmático Eratóstenes, en tiempos de Ptolomeo III Evergetés. Son figuras apasionantes de las que la historia, por desgracia, nos ha legado muy poca información. Eratóstenes fue un hombre profundamente sabio y adelantado a su tiempo. Una vez convertido en director del centro, emprendió profundos estudios en los que combinaba la investigación científica con el análisis literario. Uno de sus más misteriosos y afamados descubrimientos fue la medición de la circunferencia de la Tierra, que estimó en 252.000 estadios (unos 39.690 kilómetros). En pleno siglo XX, las más exactas mediciones de la circunferencia terrestre, gracias a la intercesión de satélites y potentes computadoras- está en 40.067’96 kilómetros.

Paradójicamente, el dogma ortodoxo cristiano y su visión del mundo, convirtieron la Tierra en una extensión en planicie a lo largo de muchos y oscuros siglos medievales –y también hoy, cuando el terraplanismo vuelve a ganar fuerza en los cenagales del Big Data–. Los primeros que se atrevieron a afirmar otra concepción de la misma, redonda, girando alrededor del sol, como Copérnico o Galileo, fueron acusados de herejes, algunos de ellos ejecutados (como Giordano Bruno), curiosamente, un hombre que había vivido muchos siglos antes de todo esto ya conocía el verdadero aspecto de nuestro planeta.

¿Qué extraños conocimientos se perdieron en Alejandría?, ¿cómo logró un hombre del siglo II a.C., con los rudimentarios utensilios que se supone había en su época, ajustarse tanto a la longitud real de dicha circunferencia?, ¿pudo haber utilizado oscuras artes mágicas para lograrlo?, ¿quizá algún libro de la enigmática biblioteca? Como tantos otros episodios de la historia humana, continúa siendo un misterio que quizá nunca logremos desentrañar.

La destrucción del Templo del Saber antiguo

La historia de la biblioteca de Alejandría está irremediablemente ligada a los intentos por destruirla, en una interminable sucesión de ataques contra sus pilares y sus libros. Al parecer, la primera destrucción del mítico edificio data del año 48 a.C., cuando el más grande de los emperadores romanos, Julio César, se inclinó a favor de Cleopatra en la lucha por el trono de Egipto. Cuando la flota egipcia fue reducida a cenizas en el puerto de Alejandría, según el testimonio de Dión Casio recuperado por Fernando Báez, se destruyeron unos depósitos de libros que esperaban su entrada en el centro. Al parecer, ardieron 40.000 rollos de pergamino, aunque esta cifra no ha podido ser confirmada. Lo que parece poco probable es que César, que ordenó el ataque, pretendiera destruir libro alguno, pues no parece ser la forma de actuar de un hombre que escribió una obra de la talla de La Guerra de las Galias, aunque fueron varios los eruditos que mostraron una fuerte tendencia biblioclasta, a destruir libros y textos, como el mismísimo Platón, del que se conocen episodios famosos de destrucción y quema de escritos.

Más tarde, parece ser que fueron los cristianos quienes quemaron el mítico edificio. Comandados por Teófilo, atacaron el Serapeum en el año 389 y la biblioteca dos años después, según algunos historiadores, aunque tampoco está claro. Las crónicas recogen que, al concluir el saqueo, las muchedumbres de cristianos enfurecidas demolieron las paredes, destruyeron los iconos paganos y llenaron el templo de cruces. Se sabe que Teófilo mandó destruir el Serapeum, pero no hay consenso entre los historiadores sobre quién ordenó la quema de libros; algunos atribuyen el libricidio a los mismos cristianos comandados por éste, otros, en cambio, a las hordas musulmanas de un servidor de Omar I, algunos siglos después –entre el VI y el VII d.C.– en su conquista de Egipto.

En la actualidad, la tesis de la destrucción árabe de la mítica biblioteca ha perdido fuerza, desviando de nuevo la atención hacia los romanos, que habrían llevado a cabo diversas incursiones en la legendaria ciudad arrasando por completo la biblioteca y el museo. Existen, no obstante, más hipótesis sobre la misteriosas desaparición del mayor registro de libros de la antigüedad: pudo deberse, entre otras cosas, a los efectos de un terremoto, e incluso a la negligencia de aquellos encargados de velar por la seguridad del colosal edificio.

PARA SABER UN POCO (MUCHO) MÁS:

BÁEZ, Fernando: Historia universal de la destrucción de libros. Destino (Imago Mundi), 2004.

Ovenden

Recientemente, Crítica publicaba Quemar libros. Una historia de la destrucción deliberada del conocimiento, del bibliotecario de Bodley desde 2014 (y que ocupa el cargo de alto ejecutivo de las Bibliotecas Bodleianas de la Universidad de Oxford) Richard Ovenden. Nadie mejor que él para repasar la historia de la destrucción del saber, pues con anterioridad desempeñó distintos puestos en la Biblioteca de la Universidad de Durham, la Biblioteca de la Cámara de los Lores, la Biblioteca Nacional de Escocia y la Universidad de Edimburgo, siendo además Tesorero del Consorcio de Bibliotecas de Investigación Europeas, Presidente de la Coalición pra la Conservación Digital y miembro de la Junta del Consejo de Recursos de Bibliotecas e Información de Washington D.C. Casi nada.

El autor toma como punto de partida la infame quema de libros «no germánicos» y judíos de 1933 en la Bebelplatz de Berlín (a la que siguieron numerosas quemas en otras universidades del país) instigada por el Ministro de Propaganda de la Alemania nazi Joseph Goebbels. Aquel acto de intransigencia y fanatismo daba una idea bastante inequívoca sobre las intenciones del nacionalsocialismo: se cumplía la máxima de «se empieza quemando libros, y se acaba quemando hombres». En Quemar libros, nos sumergimos en un viaje de 3.000 años a través de la destrucción del conocimiento y la lucha por preservarlo de los biblioclastas de todo color y pelaje.

Así, descubrimos que los ataques a las bibliotecas han sido una constante desde la antigüedad, pero que lamentablemente han incrementado su frecuencia e intensidad en la Edad Moderna. Baste recordar la destrucción de la cultura promovida por el ISIS o la destrucción de un millón de libros en Irak tras la segunda invasión norteamericana. El hombre cometiendo una y otra vez los mismos errores del pasado.

John Murray

Como evidencia Ovenden en estas apasionadas (y apasionantes) páginas, las bibliotecas son mucho más que almacenes de literatura; al conservar documentos legales como la Carta Magna o registros censales, también defienden la ley y los derechos de los ciudadanos –de ahí que numerosos tiranos y dictadores hayan puesto gran empeño y medios en destruirlas–; el libro se traza un análisis completo, desde lo que realmente sucedió con la Biblioteca de Alejandría , como hemos visto en el post, hasta los papeles de la generación Windrush (el denigrante trato a la generación de inmigrantes caribeños que llegaron a Reino Unido tras la Segunda Guerra Mundial), y desde Donald Trump borrando tuits vergonzosos (que normalmente alguién ya había capturado) hasta la compañía editorial inglesa John Murray quemando las memorias de Lord Byron en nombre de la censura.

Quemar libros es también la historia de los que defendieron el saber frente a la intolerancia, la de un sorprendente abanicos de arqueólogos autodidactas, aventureros, filántropos, poetas, activistas y bibliotecarios que recorrieron un heroico camino para conservar y rescatar el conocimiento, también en los grandes conflictos bélicos de la historia, con la noble intención de conservar y rescatar el conocimiento y garantizar así la supervivencia de la civilización, que no es nada si no está respaldada en el saber y la tolerancia.

The Times no escatima elogios hacie el libro: «Apasionante e iluminador. Este espléndido libro revela cómo, en el mundo actual de noticias falsas y hechos alternativos, las bibliotecas se mantienen como desafiantes guardianes de la verdad».

He aquí la forma de adquirirlo en papel y en libro electrónico:

https://www.planetadelibros.com/libro-quemar-libros/329802

Una historia del mundo en 500 rutas

Todo el que lea habitualmente las entradas que configuran «Dentro del Pandemónium» sabe que en su contenido prima la Historia con mayúscula (en sentido principalmente divulgativo), esa Historia omnipresente sin la que nada tiene sentido y sin la que no tendríamos un modelo a seguir –y muchos a desterrar–.

Óscar Herradón ©

Un libro maravilloso para descubrir la historia global nada menos que a pie, pues es cuando más viva se muestra ante nosotros, es una de las últimas novedades de BLUME: Una historia del mundo en 500 rutas, un tesoro escondido para cualquiera que muestre interés en el paisaje terrestre y su legado, un monumental libro ilustrado de 400 vibrantes páginas escrito por la periodista y viajera inglesa Sarah Baxter, redactora de la revista de viajes Wanderlust y colaboradora de grandes medios centrados en este apasionante tema, como las guías Lonely Planet o la revista Runner’s World, pero también en decanos del periodismo británico como The Guardian, The Telegraph o The Independent.

En las páginas de este volumen, nada sesuso, ligero de contenido pero intenso (en el buen sentido), podremos disfrutar de nada menos que 500 rutas con huella histórica y sendas naturales –o producto del ser humano cuando no guerrea y destruye– que podrían darnos para media vida si las realizamos, pero una opción es disfrutar con la imaginación desde el sofá de casa. También nos brindará muchísimas horas de entretenimiento. Algo ideal para un abril semiconfinado aún por el maldito Covid y con el tiempo bastante revuelto. Todo ello a través de sugerentes comentarios plagados de anécdotas, mapas ilustrados y fotografías que te dejan sin aliento, de auténticos paraísos perdidos en este planeta también bastante perdido. Un viaje en el tiempo y en el espacio para olvidar estos meses funestos. Aquí el enlace para adquirirlo en papel y también en cómodo (aunque menos magnético) ebook:

https://blume.net/catalogo/1733-una-historia-del-mundo-en-500-rutas-9788417492076.html

Y a través de las vías del tren      

Para complementar la lectura, este Día del Libro de 2021 uno puede sumergirse también en las páginas de otro voluminoso tomo de la misma colección y firmado por Baxter –igualmente desde el sofá, porque la pandemia no invita demasiado a recorrer el mundo en ningún medio de transporte, a no ser que pertenezcas a la OMS–. En Una historia del mundo en 500 viajes en tren, tenemos una completa y entretenida guía con una amplia variedad de rutas ferroviarias, desde las largas y épicas transcontinentales hasta las locales más cortas, donde se explora la evolución del mundo natural y se recorre el progreso de las antiguas civilizaciones.

CIVILIZACIONES, DE LAURENT BINET (SEIX BARRAL)

En un ejercicio de genialidad histórica (alternativa), el francés Laurent Binet imagina en Civilizaciones, una de las últimas novedades publicadas por Seix Barral, la conquista de América al revés, lo que en literatura se llama ucronía o novela histórica alternativa. Y lo hace partiendo de esta premisa: ¿Qué habría pasado si los incas hubieran conquistado Europa?

Conocí el trabajo de Binet por su fantástico ensayo novelado (éste sí, basado en hechos completamente reales) HHhH, que le valió el premio Goncourt de primera novela en 2010 y que también publicó en España Seix Barral, una impecable, documentada y magnética rememoración de los últimos días del despiadado jerarca nazi Reinhard Heydrich en Praga, la ciudad que comandaba usando la táctica de «el palo y la zanahoria» y que sería finalmente su tumba a causa de un atentado perpetrado por la Resistencia checa en colaboración con los servicios de inteligencia británicos.

Civilizaciones está dividida en cuatro bloques; en la primera, situada en el siglo X, una de las hijas del rey vikingo Erik el Rojo abandona con varios guerreros la colonia de Vinland (Terranova, en la costa noreste de Estados Unidos) y navega hacia el sur, momento en el que se producirá un efímero aunque significativo (por mágico e insólito, y también productivo) encuentro entre este pueblo de guerreros del norte y diversas culturas precolombinas. Los vikingos serán los responsables de enseñarles a los indígenas el uso del hierro, la doma de los caballos, el culto a Thor y algo muy importante: un escudo inmunológico frente a las enfermedades eruropeas que en la historiografía auténtica sería una de las principales causas de la victoria de los conquistadores, al diezmar a gran parte de la población autóctona.

Binet presenta después una reescritura de los llamados Diarios de Colón: cuando se produce el contacto, el Almirante presuntamente genovés (aunque a día de hoy se mantiene la incógnita sobre su verdadero origen) se topará con unos indígenas mucho más preparados y menos dóciles de los que se encontró el verdadero navegante a finales del siglo XV. Los hombres al mando del rey taíno Cahonabo y su hija Higüemota (ambos personajes reales), aniquilarán la flota, capturarán sus embarcaciones y Colón no regresará como héroe descubridor a la España de los Reyes Católicos, sino que permanecerá en el Nuevo Mundo como prisionero, aunque tendrá un papel relevante en el marco de la comunidad nativa.

Un tercer bloque –el más extenso– redibujará los hechos al no haber seguido el curso natural de los acontecimientos (historiográficos) y así, el rey Atahualpa no será apresado por Francisco Pizarro, hasta que, frenado en su avance por los aztecas, se verá obligado a hacerse al mar, recalando en Cuba (que por supuesto Colón no rebautizó como «isla Juana» en honor de la hija de Isabel y Fernando). Allí, la ahora reina Higüemota (que fue adiestrada por Colón durante su infancia en los secretos del Viejo Continente) entregará a Atahualpa los antiguos barcos capturados y exhortará al inca a realizar el camino a la inversa: hacia Europa.

Atahualpa, embarcado con menos de 3.000 hombres conquistará Europa. Aunque suene inverosímil, casi una quimera (y lo e, aunque se haga real en estas páginas gracias a la magia de la literatura), lo ciero es que Hernán Cortés conquistó Mesoamérica con igual número (reducido) de hombres. A partir de ese momento, comenzará una epopeya fascinante en la que los incas contarán con el apoyo de aquellos parias perseguidos por la Corona y la Inquisición en una península Ibérica azotada por la peste y el fanatismo religioso: judeoconversos y moriscos.

Entonces tendrá lugar una asombrosa repetición (con matices) de episodios históricos pero «a la inversa» en un ejemplo de genialidad narrativa y erudición histórica en la que Binet brilla con luz propia, como ya demostró en trabajos anteriores. Autos de fe, los más grandes reyes de la Cristiandad (Carlos V) sometidos a las vejaciones que sufrieron sus homónimos nativos (Moctezuma), prestamistas (los banqueros Fugger, que en lugar de a los Habsburgo darán sus créditos a los incas, permitiendo que forjen un gran ejército imperial que les habra las puertas del Sacro Imperio Romano-Germánico…

La victoria de Atahualpa se producirá no solo en el plano militar, sino principalmente en el político y cultural. Por las páginas de civilizaciones desfilan Tomás Moro, Erasmo de Rotterdam, Martín Lutero o Enrique VIII, que, debido a sus problemas con Roma, decidirá convertirse al intismo, la religión de los incas, más tolerante con la poligamia. De esta forma se compone un fresco del Renacimiento en el que todo es posible, un encuentro entre Cervantes y Montaigne como soñó Borges, o las aventuras en tierras americanas, tras conocerse en Lepanto, «la más alta ocasión que vieron los siglos pasados», de Miguel de Cervantes y un caballero de origen griego y de nombre Domenikos Theokopoulos, más conocido como El Greco, que servirá de base a la inmortal obra del primero, El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha, el texto que inauguró la novela moderna.

Una obra embriagadora en la que el autor francés despliega una imaginación desbordante. Un ejercicio de audacia narrativa que contiene una profunda reflexión acerca de las huellas que dejamos en el pasado, la imperfección y ambición humanas y el mundo que hemos construido, muchas veces a costa del derramamiento de sangre, pero por suerte también gracias a la cultura, la comunicación y la multiculturalidad, tan denostada por los más incautos. He aquí el link para adquirir esta novela tanto en papel como en libro electrónico:

https://www.planetadelibros.com/libro-civilizaciones/318194