Diente de Oso (Integral): el ascenso del nazismo y la II Guerra Mundial vistos a través del cómic

El veterano guionista marsellés Yannick Le Pennetier (cuyo nombre de guerra es Yann) y el diseñador de cómics belga francés Henriet, llevan años dando forma a una serie gráfica fascinante que, ya concluida, Norma Editorial publica en formato integral: Diente de Oso. Una aventura vertiginosa en el marco de la Segunda Guerra Mundial que aúna belicismo y drama, y que es también un thriller político y un relato histórico fiel a una época de extremos.

Por Óscar Herradón ©

Narrada en parte a través de flashbacks y desde los puntos de vista de los tres personajes principales, se trata de una de las obras más aclamadas de los últimos años dentro de la amplia oferta que conforma la bande-dessinée. El primer volumen se publicó en 2016 y desde entonces no ha hecho sino cosechar seguidores, no solo en los países del ámbito natural del género (básicamente la Europa occidental), sino en todo el planeta, y no es extraño que suceda así, pues es un relato que mezcla elementos sempiternos de la literatura (el amor, la traición, la venganza, el paso de la adolescencia a la edad madura, la desesperanza…) con una trama bélica de espionaje y trasfondo político (por supuesto, de denuncia del nazismo, pero también un alegato del horror de la guerra en todas sus formas), regado de adrenalítica acción, digno homenaje a la viñeta de aventuras de toda la vida.

La obra tiene detrás un trabajo de documentación absolutamente deslumbrante. Si bien no soy un gran conocedor del trabajo previo de sus autores, ni un lector decano de novela gráfica –que, por otro lado, cada vez me cautiva con mayor fuerza y me parece incluso más atractiva que mucha de la colosal oferta literaria (al uso). Nunca es tarde si la dicha es buena que reza el proverbio–, la Segunda Guerra Mundial y el Tercer Reich sí son temas en los que me he sumergido bastante más tiempo, aunque sean inabarcables, así que dicho trasfondo documental y despliegue informativo sobre la época en cuestión, Entreguerras desde el ascenso de Hitler al poder y la Segunda Guerra Mundial, me atrajo desde el principio y es uno de los fuertes del cómic, perfectamente engarzado a la trama de ficción y a las singularidades de los personajes.

Novela (gráfica) de aprendizaje

Los tres principales, Max, Werner y Hanna, adolescentes preñados de matices que evidencian que, a pesar del horror y el desprecio hacia el otro, no todo es blanco y negro en la vida, ni todo el mundo se ajusta a la perfección al rígido papel de criminal o de héroe: unos y otros titubean, aman, odian, lloran, sienten miedo… hasta los nazis más recalcitrantes. Con respecto a los criminales, encoge el alma reconocerlo, pero así es, y es algo que saben transmitir con coherencia sus autores a través de la amplia amalgama de identidades que surcan la novela gráfica (desde el ferviente nazi que empieza a cuestionar la loca cruzada de conquista de su Führer al miembro de la Restistencia que tortura a un alemán hasta la muerte en pro de su misión).

Tres niños distintos marcados por un mismo destino enmarcado en los terribles años de la mayor guerra conocida por el hombre. Un joven checo de origen judío (Max), un alemán «de sangre pura» (Werner) y una alemana de gran coraje (Hanna) que acabará militando en las fuerzas armadas alemanas en la contienda. Distintos (distancia que se acentuará a causa de la política racial tras el ascenso de Hitler a la Cancillería) que, sin embargo, en su infancia y primera adolescencia, además de su amistad –y por ende inocencia que se irá tornando en desencanto en la vida adulta–, comparten un sueño en común: surcar algún día los cielos como pilotos. Lo acabarán haciendo (Hanna, de hecho, será una piloto de élite de la Luftwaffe), pero en los convulsos años de la Segunda Guerra Mundial, tras mucho tiempo sin saber los unos de los otros, cada uno con sus fantasmas y sus secretos, y aparentemente enfrentados entre ellos.

Su infancia transcurre en la Baja Silesia (trasunto de numerosos rincones multiétnicos del Viejo Continente antes de la tragedia nacionalsocialista), una región poblada por judíos polacos, alemanes y checos. Un guiño a la infancia del guionista, el legendario escritor marsellés Yann, quien pasaba las horas muertas viendo entrenar a los legendarios Fouga Magister (entrenador biplaza a reacción de origen francés) en su ciudad natal. Se nota que su pluma está a cargo de los diálogos, con un dominio absoluto del ritmo del noveno arte.

Como apasionado de la aviación, la serie Diente de Oso tiene numerosas referencias aeronáuticas y por tanto, la fuerza militar que cobra más importancia en el marco del Reich es la citada Luftwaffe, la fuerza aérea alemana que comandaba el orondo Hermann Göring y cuya sede, el Ministerio de aviación del Reich, fue uno de los pocos edificios que permaneció en pie, en bastante buen estado, tras los implacables bombardeos aliados sobre la ciudad, actual Ministerio de Finanzas, de obligada visita si uno se acerca a la capital alemana, muy cerca de la antigua calle Prinz Albrecht Strasse, donde se erigía la sede de la temible Gestapo nazi.

Un certero fresco de la Segunda Guerra Mundial

ALSOS

Por las páginas de Diente de Oso pasean reclutas de la Hitlerjugend (las Juventudes Hitlerianas), miembros de la Resistencia polaca, oficiales de las Werwolf nazis (una fuerza irregular que hacia el final de la guerra ayudaba a la Wehrmacht luchando contra los aliados como una guerra de guerrillas) y agentes de la OSS (Office of Strategic Service), la agencia de inteligencia militar antecesora de la CIA comandada por el general William J. Donovan, que también existió realmente, un personaje sobre el que se cuentan numerosas historias, y que fue, además, el inventor de la pistola con silenciador. Y operaciones secretas con un trasfondo histórico también muy real, como la Operación Paperclip y la Operación Alsos, a través de las cuales los americanos intentaron evitar que los alemanes desarrollaran la bomba atómica, y de paso hacerse con los científicos más prominentes del proyecto nuclear nazi, que pasarían a trabajar bien para EEUU, bien para la URSS, en el nuevo orden geopolítico mundial que se avecinaba, la Guerra Fría.

Por la trama se mencionan –y tienen especial interés– las llamadas «Armas Secretas» y «Armas Milagrosas» desarrolladas por la maquinaria nazi y defendidas con tesón por el ministro de Propaganda, Joseph Goebbels, desde los cohetes V2 al Ho XVIII Amerika Bomber, un proyecto –real– de bombardero intercontinental basado en el diseño del Horten Ho 229, cuyo objetivo era bombardear algún importante núcleo de población en EEUU y que tendrá un papel destacado en el relato.

El título, aunque en principio pueda parecer extraño para quien se acerca por vez primera a las páginas de la novela gráfica, se debe a un amuleto hallado por los tres muchachos en sus años felices en una caverna y extraídos del cráneo de un oso cavernario (con su consiguiente rito «pagano» de por medio, algo muy del gusto de los ariosofistas de Entreguerras). En definitiva, una novela gráfica que ahora, gracias a la siempre vanguardista labor de Norma Editorial, podemos disfrutar en formato de lujo integral y con un sorprendente «Making Of» con numerosos bocetos y entrevistas a los autores. Y para quien prefiera los volúmenes de forma independiente, Norma también los publicó en su momento y parece que aún están disponibles. He aquí el enlace para el Integral (no os arrepentiréis de tenerlo, y lo devoraréis):

https://www.normaeditorial.com/ficha/comic-europeo/diente-de-oso/diente-de-oso-edicion-integral

Klimt, de Cornette y Marc-Renier

Gustav Klimt fue uno de los grandes pintores del modernismo. pero también fue un personaje pintoresco, una «celebrity» de la noche austriaca y un mujeriego empedernido al que se le cuentan cientos de amantes, aunque, paradójicamente, muy celoso de su vida privada. Ahora, Norma Editorial publica una novela gráfica inspirada en el creador del inmortal cuadro «El Beso» y una ingente obra artística, mucha de ella, por desgracia, perdida a manos del fuego, toda una iluminadora muestra de bande-dessinée del guionista belga Jean-Luc Cornette y el dibujante franco-alemán Marc-Renier.

Por Óscar Herradón ©

Una colorida obra encuadrada en la bande-dessinee con una portada tan hermosa como los cuadros del propio Klimt. En realidad, se trata de un libro de historietas encuadernado en cartoné de 56 páginas que contiene la traducción del original publicado por Glénat en 2017 para el mercado francobelga y que ahora Norma edita en un volumen único.

Pero sus autores, a través de un dibujo muy cuidado y realista –a veces casi preciosista, como sus pinturas– y un guión diferente y fluido, no hacen un «biopic» al uso traducido al lenguaje de la viñeta, sino que se centran en la hermosa –y controvertida– relación del artista con sus musas (muchas de ellas también amantes), la admiración que le brindan sus mecenas, el matrimonio Bloch-Bauer, las muchas sombras que lo atormentan y que se manifiestas durante el sueño en forma de pesadillas, así como la siempre tensa relación entre el pintor y las autoridades, además de ciertos colectivos de profesionales que, como los médicos o los periodistas, serán objeto constante de sus críticas y enfados.

Y es que, aunque los cuadros de Klimt estén preñados de oro, no lo están por la ostentación del lujo, muy al contrario, era un hombre bastante humilde, rodeado de pocas comodidades, que vivía con su madre y desentonaba por su extravagancia (con su pelo alborotado y la túnica que solía llevar como indumentaria) y que se mostró muy cercano con los jóvenes pintores que acudían a pedirle consejo, al contrario que otros genios del pincel contemporáneos.

Si sus pinturas son conocidas por el empleo del pan de oro, la explicación se encuentra en que su padre, Ernst, era orfebre y grabador profesional, y el pequeño Gustav (así como su hermano Ernst, también pintor) estuvieron desde muy pequeños en contacto habitual con el metal precioso –y ya sabemos lo que marcan los años de infancia a las personas. Cuanto menos a un artista–.

Mecenas, amantes y escándalos…

Adele Bloch-Bauer

El matrimonio Bloch-Bauer conoció al pintor austriaco seis años antes de los hechos que se narran en el libro, cuando Klimt expuso las obras que le había encargado el gobierno: la decoración de las pechinas de la escalera del Kunsthistorisches Museum, y recibió críticas feroces de la sociedad vienesa contemporánea, que llegó a tildar sus pinturas de orgiásticas y pornográficas, sucias e inmorales. Unas obras en las que Klimt comenzó a desmarcarse sutilmente del modelo académico dominante inspirándose tanto en las estampas japonesas como en el simbolismo. Aquellas pinturas desagradaron a muchos pero cautivaron a la señora Bloch-Bauer, de la que el pintor se convertiría en gran amigo… y, puestos a elucubrar, quizá en su amante.

El cómic se centra en el encargo, en 1907, de retratar precisamente a Adele, lo que los invitará a rememorar las circunstancias en que se conocieron y los avatares vividos en el transcurso de este tiempo. La naturaleza del encargo propiciaría el nacimiento de una de las grandes obras del maestro de Baumgarten, un retrato conocido como «la Gioconda Austriaca».

Las críticas a su trabajo arreciaron principalmente a partir del inicio del nuevo siglo, y eso que llevaba años siendo el enfant terrible de la escena artística austriaca. A principios del XX, la prensa llegó incluso a cuestionar su salud mental, y lo cierto es que los trazos de la novela gráfica sugieren que el genio de los dorados no era lo que se dice alguien completamente equilibrado. Cosa de artistas. Sin embargo, mientras los encargos públicos eran cada vez más escasos en su país, gozaba de un prestigio excepcional en el resto de Europa.

Su pintura, sin embargo, después de 1918 (el año en que murió tras sufrir un infarto, una neumonía y una gripe, dejando en su taller un considerable número de obras inacabadas) sería rechazada por anticuada y demasiado decorativa, y muchas de sus grandes creaciones serían fruto de las llamas y del expolio a manos de los nazis durante la Segunda Guerra Mundial, lo que ha hecho que hallamos perdido verdaderas joyas de la historia del arte. A finales de los años 70 resurgió el interés por su obra y hoy sus cuadros son unos de los más cotizados y célebres de todo el mundo: en 2006, su retrato Adele Bloch-Bauer I se convertía en el cuadro más caro de la historia al comprarlo el magnate Ronald S. Lauder por 106,8 millones de dólares.

Flöge

En la novela gráfica también aparece, aunque sucintamente, la mujer con la que Klimt pasaría el resto de su vida tras conocerla durante la primera década de 1890: la diseñadora de moda Emile Louise Flöge, una tormentosa relación de pareja que fue motivo de acalorados debates entre los historiadores, pues está documentado que el artista le fue reiteradamente infiel a su esposa, con la que tendría ¡14 hijos! Una vida sin duda de novela (en este caso gráfica) que cautivará a cualquier apasionado del arte, y del cómic.

He aquí el enlace para adquirir el cómic:

https://www.normaeditorial.com/ficha/comic-europeo/klimt

La Belle Époque

Y ya que hablamos de una época a caballo entre el siglo XIX y el XX, recomendamos en el Pandemónium una novela que, sin nada que ver con Klimt, se desarrolla en el tiempo en el que el pintor austriaco realizó algunas de sus obras más importantes y además uno de los personajes, Toulouse-Lautrec, fue contemporáneo del autor de El Beso y ambos fueron vanguardia del modernismo. Se trata de El Enigma del Salón Victoria, de Antonio Puente Mayor, un vertiginoso thriller que tiene como escenario principal dicho salón, aunque hay otras localizaciones como San Sebastián, Moravia, Praga, París, Madrid o Londres en aquellos cautivadores años de la denominada Belle Époque.

El Salón Victoria se hallaba en el palacio regio construido para las vacaciones de la emperatriz Eugenia de Montijo en Biarritz, que le dio dicho nombre en honor a la reina victoria de Inglaterra; hoy es el lujoso Hôtel Du Palais. Precisamente ahí arranca la trama de la novela. En su interior se despiertan los cinco famosos protagonistas tras una noche de celebración: Arthur Conan Doyle, creador de Sherlock Holmes y apasionado del contacto espírita, el ingeniero Gustave Eiffel, el neurólogo Sigmund Freud, el pintor Henri de Toulouse-Lautrec y el compositor italiano Giacomo Puccini, quienes deberán echar mano de sus habilidades para desentrañar el misterio que se cierne sobre ellos tras aquella noche de desenfreno y que les impide salir del salón hasta ser completamente resuelto.

50 años de El Padrino (Parte I)

En febrero se cumplían 50 años del estreno de la primera parte de El Padrino. En la ceremonia de los Oscar, un ya octogenario Coppola era objeto de una gran ovación de la platea acompañado de dos de los hombres clave de aquella epopeya, Robert De Niro y Al Pacino. Pocos meses después, en julio, fallecía otro de los actores fundamentales, James Caan, que dio vida a Sonny Corleone. Ley de vida. No obstante, murió en la cama, acompañado de los suyos, y no masacrado a tiros en una emboscada. Ahí va nuestro particular homenaje a esta obra MAESTRA.

Por Óscar Herradón ©

Podría escribir un post tan largo sobre El Padrino y su repercusión que ocuparía la mitad de la memoria disponible del blog de WordPress. Pero la idea no es aburrir al que se acerque a este humilde «Pandemónium». Lo que pretendo es rendir mi particular y subjetivo homenaje –algo tardío– a esos 50 años del estreno de la primera entrega de la que muy probablemente sea la obra cinematográfica más perfecta de la historia del cine –ahí es nada– a través de algunas anécdotas sobre el rodaje, el impacto de su éxito en los actores y la recomendación de dos libros maravillosos publicados a raíz de tal efeméride donde, ahí sí, cualquiera podrá encontrar información detallada y suficiente sobre la adaptación a la pantalla grande de la obra de Mario Puzo por Francis Ford Coppola, realizador en el que por aquel entonces pocos productores confiaban para sacar adelante tamaño desafío.

Presiones de la Liga Italioamericana y el clan Colombo

Podemos decir que el ejecutivo de la Paramount Peter Bart fue un visionario, pues compró los derechos de la novela cuando Puzo únicamente tenía un boceto de 20 páginas. Pero hubo complicaciones más allá del aspecto artístico. Miembros del crimen organizado como Joe Colombo y la Liga Italoamericana de Derechos Civiles iniciaron una campaña para impedir su rodaje, algo que cambiaría notablemente después. Un día, un reportero le preguntó a Joe Colombo, líder de una de las Cinco Familias de la Cosa Nostra en Nueva York, que si era un jefe de la Mafia, y este le contestó: «¿Mafia? ¿Qué es Mafia? No hay ninguna Mafia. Que si soy un cabeza de familia… Sí. Mi esposa, mis cuatro hijos y mi hija. Esa es mi familia».

Colombo

A través de la presión de la Liga, varios trabajadores de producción fueron amenazados y las oficinas ejecutivas de la Paramount y la productora del film Gulf & Western tuvieron que ser desalojadas hasta en dos ocasiones por amenaza de bomba. Pronto las amenazas llegaron hasta el productor, Al Ruddy, al que no le quedó más remedio que reunirse con Joe Colombo y lo hizo en el hotel Park Sheraton, el mismo lugar en cuya barbería fuera asesinado otro gran capo de la Mafia, Albert Anastasia, allá por 1957. Todo muy simbólico, sin duda.

Al parecer, fue una reunión tranquila, pero en ella Colombo pidió (y ya sabemos lo que implica la palabra pedir para un capitoste del crimen organizado) que la palabra Mafia no apareciera en la película vinculada a la comunidad italoamericana. Ruddy le contestó que podía leer el guión, convencido de que el capo no leería ni una sola línea. Ruddy, que se conocía en profundidad el libreto, sabía que la palabra «Mafia» aparecía una sola vez y que Cosa Nostra ni se mencionaba. Además, cuentan que aceptó que los clanes mafiosos aportaran «asesores» y extras al rodaje. Yo también habría aceptado…

Coppola

Finalmente, Colombo pidió a Ruddy la asistencia a una rueda de prensa y cuando los medios publicaron que la «Mafia» había dado la bendición a la cinta, el productor fue despedido de forma inmediata. Cuando Coppola explicó a los ejecutivos que sin Ruddy la película no sería viable (de hecho, la Bolsa indicaba una pérdida de valores tras aquel movimiento), el productor, por suerte para todos, fue readmitido en su puesto y el proyecto siguió adelante.

Un trasfondo muy real

Gallo

Puede que Joe Colombo insistiera ante los medios en que solo era un padre de familia, pero lo cierto es que su carrera delictiva sugiere todo lo contrario. También la suerte que correría al final evoca la épica sangrienta que emana El Padrino: permaneció siete años en coma tras un atentado perpetrado por Jerome A. Johnson, quien se hizo pasar por reportero y se coló en uno de los actos masivos de la Liga para dispararle en 1971. Ni siquiera pudo ver el estreno de El Padrino y si se cumplieron sus exigencias (y eso que en el estreno de la segunda parte, en 1974, seguía en el hospital). Nunca se ha confirmado, pero muchos apuntaban a que el ejecutor, Johnson (que fue abatido por los guardaespaldas de Colombo) era un sicario del capo enfrentado Joe «Crazy» Gallo. Este, fuera o no el responsable, incitó la Segunda Guerra de los Colombo y no duraría mucho más que su adversario: Gallo moría tiroteado en abril de 1972 en Little Italy mientras celebraba su 43 cumpleaños. Joder, me quedan tres meses para tener su edad, qué mal rollo…

Curiosamente, tras el estreno muchos miembros del crimen organizado se sintieron homenajeados. A los mafiosos la cinta, que presentaba una visión muy estilizada y elegante de sus modos de vida (mucho más cruda en su vertiente real, crímenes incluidos) les encantó y acabaron por «imitar» a esos personajes que engordaban sus egos. Por ejemplo, Salvatore «el Toro» Gravano, de la familia Gambino, afirmó que se sintió impactado al ver el pase de El Padrino: «salí aturdido del cine. Quiero decir que salí flotando. Tal vez fue ficción, pero para mí, entonces, esa era nuestra vida. Fue increíble. Recuerdo haber hablado con un montón de tipos, esa clase de tipos, que sentían exactamente lo mismo que yo». Y se quedó tan ancho.

Algunos fueron mucho más allá, como los jefes mafiosos Nicky Giso y Paulie Intiso, que según las malas lenguas llegaron a cambiar su forma de vestir e incluso de hablar para parecerse a Vito Corleone, lo que no denota una personalidad a prueba de balas precisamente. No obstante, es revelador de lo que la película de Coppola supuso, colándose por la puerta grande en la cultura popular del siglo XX (y lo que llevamos del XXI). Un servidor ni es mafioso –ni lo pretende–, pues lejos del celuloide el romanticismo no suele tener cabida entre asesinos, no he imitado la forma de vestir de Vito Corleone/Marlon Brando, Michael Corleone/De Niro-Pacino o de Sony Corleone/James Caan, pero he sucumbido a las mil y una ediciones en DVD y Blu Ray y por supuesto al merchandising (camisetas, pósters…), entre las que se cuentan algunas figuras de escala 1/6 que alimentan mi muñecofilia y que son algunas de las piezas a las que tengo más cariño. Sí, Coppola supo trascender la pantalla grande.

Este post tendrá un par de entregas más como merece una trilogía sublime.

PARA SABER ALGO (MUCHO MÁS):

Con motivo del cincuenta aniversario, la editorial Cult Books publicó hace unos meses el libro El Padrino, donde autores de la talla de Peter Bart, Guillermo Cabrera Infante, Alberto Moravia o el realizador francés Bertrand Tavernier, tristemente fallecido en 2021, aportan afilados textos donde desentrañan muchos de los secretos de la película de Coppola: desde cómo el cineasta italoamericano fue una de las últimas opciones de la Paramount (hasta el punto de que tuvieron a otro director prevenido durante semanas, preparado para tomar el mando en cualquier momento, algo que por suerte no sucedió), los problemas que creó el casting –de los que hablaré en el siguiente post–, las dificultades del rodaje o las citadas atenciones de algunos mafiosos del mundo real. El libro cuenta también con la colaboración de Peter Biskind, Pauline Kael y Roger Ebert y está profusamente ilustrado en blanco y negro.

Por su parte, otra de las grandes editoriales volcadas en el cine de nuestro país, Notorious Ediciones, comandada por un verdadero cinéfago como Guillermo Balmori, publicaba el fascinante volumen ilustrado El Padrino. El libro del 50 aniversario, donde tres plumas que emanan sabiduría y cinefilia a manos llenas, como son las de Quim Casas, Jesús Antonio López y Jaime Vicente Echagüe, analizan los diferentes aspectos del que fue sin duda el film más sobresaliente de los 70, desde su gestación, qué pasó con el director, los actores, el original de Puzo y por supuesto la tremenda repercusión… Una joya en tapa dura ilustrada a todo color y en blanco y negro que cualquier apasionado de la cinta tiene que devorar y tener en lugar preferente en su biblioteca.

Y si lo que queremos es ahondar en el cine que modificó conciencias y causó alborotos varios nada mejor que hacerlo de la mano de un peculiar libro publicado por Blume: Cine Transgresor. Un ensayo que se centra en las fascinantes historias tras la creación, recepción y legado de cincuenta cintas inolvidables firmado por Ian Haydn Smith, experto en arte y fotografía y autor del libro superventas 1001 movies you must see before you die.

Comienza, por supuesto, con los inicios del séptimo arte y aborda desde la primera grabación rodada por los hermanos Lumière (Llegada de un tren a la estación de La Ciotat) a obras maestras que definieron la formar de rodar como El Nacimiento de una Nación, de Griffith, Nosferatu, de Murnau, Nanuck el Esquimal o El Acorazado Potemkim, de Eisenstein, y termina el primer bloque con el traumático cambio que supuso el paso del mudo al sonoro, tema que abordó El Crepúsculo de los Dioses o más recientemente Babylon.

Sigue un bloque que aborda el periodo de 1930-1959, en un mundo en constante cambio, con obras maestras como el controvertido documental El triunfo de la voluntad, de Leni Riefenstahl, que ensalzó al régimen nazi, El Gran Dictador, de Chaplin, Ciudadano Kane, de Orson Welles, el neorrealismo italiano, Rashomon, de Kurosawa o El Séptimo Sello, de Bergman, sin olvidar las grandes comedias de Billy Wilder como Con Faldas y a lo loco.

En «Rompiendo todas las reglas», Haydn Smith aborda el periodo de 1960 a 1979, donde se enmarcan las dos primeras partes de El Padrino y películas, como reza el título, tan transgresoras como Psicosis, de Alfred Hitchcock, Bonnie & Clyde, de Arthur Penn, 2001: Una odisea del espacio, de Stanley Kubrick o Tiburón, del Rey Midas de Hollywood Steven Spielberg.

En el período de 1980 a 1999 recoge cintas como Fitzcarraldo, de Herzog, el nuevo queer cinema hoy reivindicado, Terminator 2, de James Cameron, Reservoir Dogs, de Tarantino, el cine indie o El proyecto de la bruja de Blair y el nuevo cine de terror. Y en el último bloque, del año 2000 al día de hoy, bajo el epígrafe de «El futuro está por escribir», el autor se acerca al cine digital, al cine post 11-S, al nuevo cine de terror afroamericano de Jordan Peele (Déjame Salir, Nosotros) o al auge del cine surcoreano.

Apocalypse Now

Aunque precisamente El Padrino no es uno de esos 50 títulos seleccionados que hicieron tambalear el mundo del cine, Haydn Smith sí recoge una película del director Francis Ford Coppola: Apocalypse Now, tanto o más legendaria que las adaptaciones de la obra de Mario Puzo. Se trataba de una adaptación al siglo XX de la obra de Joseph Conrad El corazón de las tinieblas, proyecto para el que a finales de los 60 George Lucas convenció al controvertido John Milius. Como se retrasó tanto, Lucas, que ya estaba pergeñando el rentable universo en que acabaría convirtiéndose Star Wars, lo abandonó y le sustituyó Coppola como director. Junto con Milius, trasladó la historia de Conrad a la guerra de Vietnam, reflejando la locura del conflicto que marcaría a varias generaciones. El resultado, en palabras de Haydn, fue «un trabajo que trascendió los límites del género bélico en su exploración de los recovecos más oscuros del alma humana».

El título fue cosa de Milius, quien siempre se ha autodefinido como un extremista de derechas, quien se basó en los hippies que a finales de los sesenta lucían chapas con la leyenda «Nirvana Now». Harvey Keitel sería el encargado de dar vida al protagonista, el capitán Willard, tras un arduo casting, pero finalmente Keitel abandonó el proyecto y fue sustituido por Martin Sheen, quien sufrió un infarto casi mortal debido a las durísimas condiciones del rodaje que transcurrió en Filipinas.

Para más inri, un tifón persistente destruyó gran parte del set y retrasó el rodaje varias semanas. Marlon Brandon (que encarnaría al enajenado coronel Kurtz), con un marcado sobrepeso, debía ir vestido de negro y solamente le enfocaban a la cara, mientras un doble más delgado hacía los planos generales. Ademas, el legendario actor que dio vida a Vito Corleone en la primera entrega de El Padrino no se llevaba bien con Dennis Hopper, que al parecer se pasó gran parte del rodaje drogado. En palabras del propio Coppola: «Tuvimos acceso a demasiado dinero, a demasiado equipo y, poco a poco, nos volvimos locos». Bendita locura.

…también Arte Transgresor

Y como guinda del pastel, también Blume, en la misma colección, ha publicado Arte Transgresor. Firmado por la historiadora del arte y periodista Susie Hodge, miembro de la Royal Society of Arts, nos cuenta la historia del arte contemporáneo a través de obras que fueron verdaderamente disruptivas y nos explica el contexto en el que se creó cada una de ellas, poniendo de relieve la esencia del mismo, que cuestiona y desafía las expectativas de forma constante.

Obras que se atrevieron a ser diferentes, arriesgaron reputaciones (como sucedió también con muchas de las películas de las que hablábamos líneas más arriba) e incluso pusieron en riesgo carreras profesionales. 50 obras transgresoras que abarcan desde Las bañistas (1853) de Gustave Courbet, hasta la Fuente (1917) de Marcel Duchamp; Antropometría sin título, de Yves Klein; La cena (1974-79) de Judy Chicago, pasando por La Inmersión (Cristo del Pis, 1987) de Andres Serrano y El amor está en la papelera (Niña con globo) del todavía desconocido (aunque quizá por poco tiempo) Banksy.

Páginas por las que discurren artistas de todo pelaje, algunos de egos enormes, feministas ortodoxas, reclusos superdotados, espiritistas, anticonsumistas, activistas y reyes de la sátira, de Manet a Rodin, de Munch a Picasso, de Max Ernst a Jackson Pollock, de Basquiat al colectivo feminista y antirracista Guerrilla Girls. Un viaje diferente y magnético por el arte moderno y contemporáneo.