Precuela. Una lucha de Estados Unidos contra el fascismo

Capitán Swing publica este ensayo de la periodista Rachel Maddow que recuerda un episodio histórico olvidado del país de las barras y estrellas que muestra el auge de los extremismos del pasado en una nación cada vez más polarizada bajo el segundo mandato de Donald Trump.

Óscar Herradón ©

Precuela es un ensayo histórico y político verdaderamente revelador en el que Rachel Maddow explora de forma incisiva un episodio poco conocido de la historia estadounidense: la presencia y expansión de movimientos fascistas y pro-nazis en los Estados Unidos durante las décadas de 1930 y 1940, en el periodo de Entreguerras y en la Segunda Guerra Mundial, en la que el país entró oficialmente tras el ataque japonés de Pearl Harbor el 7 de diciembre de 1941. El libro nace de la investigación realizada para el pódcast de la autora, Ultra, y funciona como una advertencia sobre la fragilidad democrática y la facilidad con la que el extremismo puede infiltrarse en instituciones aparentemente sólidas.

Juicio a los saboteadores nazis (1942).

Uno de los mayores aciertos del ensayo es su capacidad narrativa. Y es que Maddow tiene amplia experiencia televisiva y eso se nota en el ritmo: convierte una investigación histórica compleja en un relato casi de thriller político. Figuras como el sacerdote católico estadounidense nacido en Canadá Charles Coughlin (que hizo un soberbio uso de la radio para llegar a la audiencia de forma masiva), el propagandista y poeta germanoamericano George Viereck -que llegaría a actuar brevemente como agente nazi en la guerra- o el movimiento America First aparecen no como anécdotas a pie de página, sino como parte de una red ideológica que simpatizaba con Hitler y buscaba debilitar la democracia estadounidense desde dentro.

Operación Pastorius

Viereck.

Precisamente en 1942 tendría lugar uno de los episodios más insólitos de la Segunda Guerra Mundial, y sería la infiltración para atentar en territorio estadounidense de varios agentes nazis que finalmente serían desenmascarados, detenidos por el FBI y ejecutados. Fue denominada Operación Pastorius por el Abwehr –el servicio de inteligencia militar alemán comandado por al almirante Wilhelm Canaris–, en honor al nombre del fundador del primer asentamiento alemán en América, Franz Daniel Pastorius (Germantown, Pensilvania, 1683).

Bandera del German American Bund.

El objetivo de los ocho hombres enviados en dos grupos por el Tercer Reich –liderados, uno por George John Dasch y el otro por Edward Kerling– era sembrar el caos económico y el miedo civil: destruir fábricas de aluminio, infraestructura ferroviaria, la industria química y las instalaciones hidroeléctricas del río Ohio. Aprovecharían el enorme éxito –y la protección– que podían brindarles antiguos miembros del Bund Germano-Americano (German American Bund), un movimiento de inspiración nazi fundado en los EE. UU. en 1936, financiado por el gobierno de la Alemania nacionalsocialista y que en 1939 contaba con 20.000 miembros que llegaron a dar un multitudinario mitin en el Madison Square Garden de Nueva York el mes de febrero, movimiento que sería disuelto por las autoridades tras la entrada del país en la contienda. Sin embargo, una pifia de los espías alemanes, entrenados de forma apresurada antes de ser soltados cerca de la costa estadounidense en submarino, hizo que fueran rápidamente desenmascarados por agentes de J. Edgar Hoover y juzgados por un tribunal militar.

Rachel Maddow (Wikipedia).

En Precuela, Maddow también destaca el papel de periodistas, fiscales e investigadores que combatieron esa infiltración fascista en un tiempo en el que gozaba de gran aceptación entre algunos sectores, creciente, el movimiento nazi y fascista europeo. Así, la autora, en lugar de centrarse en los demagogos del pensamiento ultraconservador y filofascista, presta mucha atención a quienes intentaron frenarlo, en lo que se convierte en una combinación entre investigación histórica y advertencia contemporánea, pues establece paralelismos evidentes con la política estadounidense actual, lo que ha llevado a ciertos críticos a afirmar que la obra funciona más como una advertencia ideológica que como un análisis desapasionado.

Aunque fuera así –y a veces lo es–, la situación actual, de profunda polarización de la población y de decisiones absolutamente delirantes y en ocasiones incluso cercanas a la ilegalidad de la segunda Administración Trump, aceptan el símil (con sus grandes distancias, claro, pues por suerte no estamos en los tiempos del Tercer Reich, el fin del colonialismo o la Unión Soviética de Stalin), pero, en todo caso, la democracia –aunque no sea plena, según algunos sectores políticos– debe cuidarse. Y al margen de tratarse o no de una «advertencia», recordar este oscuro episodio del pasado estadounidense, un país que no mucho tiempo después se volvería paranoico con la llamada «infiltración comunista» es razón de peso para elogiar un libro de estas características.

Un ensayo convertido en best seller de The New York Times, con un enorme valor documental y la importancia de rescatar un capítulo históricamente olvidado, una obra que obliga al lector a reconsiderar la idea de que el fascismo fue un fenómeno exclusivamente europeo y que recuerda que las democracias liberales nunca están completamente inmunizadas frente a movimientos extremistas, y no solo de derechas.

Blazing Combat (Norma Editorial)

Norma Editorial recupera, en una espectacular nueva edición, Blazing Combat, la novela gráfica que reprodujo la guerra alejada de toda épica, incomodó a los estadounidenses en los años 60 y que es un verdadero alegato antibelicista, algo arriesgado en aquellos tiempos de Guerra Fría.

Óscar Herradón ©

Publicada originalmente en 1965 bajo el sello Warren Publishing y bajo supervisión de Archie Goodwin y Jim Warren, esta serie sin duda adelantada a su tiempo solo sobrevivió cuatro números, aunque fueron suficientes para convertirse en leyenda y desafiar al establishment. En plena escalada de la sangrienta Guerra de Vietnam, que causó múltiples muertes e innumerables mutilados entre los veteranos, Blazing Combat nació como una revisión adulta al cómic bélico tradicional, que, al contrario del resto de relatos belicistas, huía del heroísmo y el patriotismo para apostar por relatos autoconclusivos que cuestionaban el sentido y finalidad de hacer la guerra.

Historias ambientadas en diferentes escenarios bélicos, como la Segunda Guerra Mundial, Corea o la aún candente Guerra de Vietnam, donde los soldados estadounidenses sufrían infinidad de bajas en una guerra a miles de kilómetros de su patria, algo que vuelve a cobrar, por desgracia, plena actualidad hoy, con la guerra de Irán activa y la posibilidad de una invasión terrestre estadounidense-israelí de consecuencias imprevisibles.

Blazing Combat mostraría el horror, el sufrimiento y la inutilidad de la guerra, y Goodwin lo haría por medio de los mejores dibujantes de la época: Joe Orlando, Wally Wood, John Severin, Alex Toth, Russ Heath, Gene Colan y Frank Frazetta, entre otros, mostrando al público cómo el héroe del cine bélico s más un arquetipo que una realidad: los protagonistas son soldados anónimos desbordados por la inmensidad y absurdez de la guerra, tremendamente asustados, donde se dan la mano muchos incompetentes y un sistema voraz en el que manda, como siempre (antes y ahora, como sucede en Oriente Medio), el dinero y el poder, en este caso adquiridos a través de la muy rentable industria armamentística estadounidense (para quienes la controlan, claro, no para aquellos que caen bajo las bombas), hoy tan activa durante el alocado segundo mandato no consecutivo de Donald Trump, el mismo que se erigió en «pacificador» y prometió en su campaña electoral sacar al país de las barras y estrellas de todos los frentes bélicos.

Esta visión sería censurada por los militares y boicoteada por los mayoristas, supuestos «patriotas» que condenaron a Blazing Combat al olvido. En este volumen Norma Editorial presenta una recopilación de los cuatro números de Blazing Combat que Goodwin y Warren lograron publicar antes de verse forzados a cerrar la serie.

He aquí el enlace para adquirir esta imprescindible obra maestra gráfica:

https://www.normaeditorial.com/ficha/comic-americano/blazing-combat-nueva-edicion

Elon Musk: Soberbia Máxima

Es uno de los grandes personajes del siglo XXI. Magnate tecnológico y emprendedor «visionario», al frente de Tesla, SpaceX y StarLink, además de la red social X, Elon Musk es también un hombre controvertido que ha tenido problemas con sus trabajadores, antiguos socios y ha generado aceradas críticas de un rincón a otro del planeta tras su alianza con Donald Trump en la campaña de las presidenciales a 2024. Ahora, La Esfera de los Libros y Planeta Cómic nos traen dos novedades editoriales que revelan esa doble faceta del «genio que mira a las estrellas».

Óscar Herradón ©

Elon Reeve Musk nació el 28 de junio de 1971 en Pretoria, Sudáfrica, que entonces era un régimen nacionalista blanco que practicaba el Apartheid o «separación» en afrikáans, un sistema legislativo que sostenía políticas segregacionistas contra los ciudadanos no blancos y estratificaba la sociedad según la raza, garantizando el estatus superior a los ciudadanos blancos, seguidos por los indios y los negros. Los africanos negros estaban en el escalafón inferior y no podían votar, los obligaban a vivir en zonas separadas de los blancos y también a emplear instalaciones públicas diferentes; además, la resistencia al Apartheid se reprimía de forma brutal por las autoridades, y Musk creció en un ambiente expuesto a propaganda gubernamental antinegros.

Joshua Norman Handelan

Su abuelo materno, Joshua Norman Handelman, era un peculiar estadounidense que se dedicó a la quiropráctica y con unas ideas políticas nada ortodoxas. De 1931 a 1941 fue miembro del Partido Tecnocrático y lideró su rama canadiense, un movimiento popular en los EE.UU. y Canadá durante un breve periodo de los años 30 y 40 del siglo XX, que proponía una forma de gobierno tecnocrático: planeaban que el Tecnato norteamericano transformara el subcontinente en un gran sociedad tecnocrática que incluiría Canadá, México, Centroamérica y parte de Sudamérica. Haldeman era profundamente anticomunista, algo que heredaría su nieto. Después, se mudaría a Sudáfrica, donde nacería Elon, quien tendría una infancia acomodada pero difícil, con un padre autoritario y violento.

De pequeño, Musk era un apasionado de los libros y los ordenadores, y ya en su adolescencia, también de los explosivos químicos a partir de productos caseros, del motocross y del juego de rol Dungeon & Dragons. Luego, estudió en diversas universidades distintas disciplinas (muchas de las cuales nunca terminó) y siempre destacó por su emprendimiento, aunque en la escuela sus compañeros lo consideraban un friki, y le hacían bullying, algo bastante habitual en los jóvenes con un alto coeficiente intelectual e inquietudes distintas al fútbol o al béisbol, como era su caso. Además, según reveló el propio Musk en mayo de 2021 en el programa Saturday Night Live, padece Asperger, lo que parece que complicó sus relaciones con el resto de chavales.

De Zip2 a SpaceX

Con Obama en 2010.

Su extraordinaria capacidad para el aprendizaje y su habilidad informática le convirtieron pronto en un próspero empresario de Silicon Valley, tras vender su primera empresa, Zip2 (compañía que proporcionaba software de guías locales para internet, fundada en 1995 por Elon y su hermano Kimbal y por Greg Kouri), por 300 millones de dólares, y la segunda, PayPal (sí, la de los pagos seguros que casi todos usamos), por 1.500 millones. Luego pasó a hacer realidad sus sueños más ambiciosos: construir coches eléctricos y venderlos a precios asequibles, para lo que fundó Tesla, y hacer baterías de litio en las que almacenar energía y con las que funcionar al margen de las compañías eléctricas, a través de la empresa SolarCity, e incluso diseñar cohetes capaces de ir al espacio y volver a la Tierra para reutilizarlos (algo inaudito hasta entonces en el sector aeroespacial), con SpaceX, que ha firmado incluso contratos conjuntos con la NASA; enviar una inmensa red de satélites al espacio (Starlink) para que haya conexión a internet y red telefónica disponible en más de 150 países e incluso diseñar un tubo que permitiría a vehículos circular a 1.200 kilómetros por hora bajo tierra, llamado Hyperloop y que fue un rotundo fracaso (donde se instaló, los coches no pueden ir a más de 50 km/h).

«Make America Great Again»

A pesar de la indudable brillantez de Musk en la innovación empresarial y tecnológica (posee una memoria fotográfica, es autodidacta en ciencias e ingenierías y se trata, sin duda, en ciertos aspectos, de todo un visionario), ha sido, sin embargo, duramente criticado por su actitud en sus empresas e incluso denunciado por viejos socios por prácticas abusivas, malos tratos a sus empleados y un largo etcétera. Y en los últimos años se ha sumado lo que probablemente le ha granjeado un gran rechazo en un amplio espectro de la opinión pública: su inmersión en política apoyando la candidatura de Donald Trump a las elecciones presidenciales de 2024 que el magnate neoyorquino finalmente ganó, agitando nuestro mundo como no se recuerda desde hace décadas.

Trump convirtió a Musk en su hombre de confianza para llevar a cabo los recortes en la Administración USA (fondos públicos para sostener universidades, funcionarios, investigaciones en biomedicina, y un largo etcétera) al frente del llamado eufemísticamente Departamento de Eficiencia Gubernamental (DOGE, por sus siglas en inglés) lo que granjeó al CEO de Tesla y SpaceX una gran impopularidad: Musk imitó a su admirado Javier Milei, presidente argentino que se declara anarcocapitalista y quien se ha mostrado orgulloso con una motosierra en actos públicos (aludiendo precisamente a los recortes del llamado «escudo social»), y el propio Elon ha aparecido incluso realizando lo que para muchos no es sino el saludo fascista en público, y ha apoyado, como tiempo antes otros mentores ideológicos de Trump –pensemos por ejemplo en Steve Bannon–, partidos políticos y de gobierno vinculados a la extrema derecha (célebres son sus rifirrafes en redes con el presidente español, Pedro Sánchez, en relación con las políticas de regularización masiva de migrantes del gobierno, embarcado ahora en una cruzada contra la política imperialista estadounidense del «matón» de Trump al recuperar el viejo eslogan anti-PP de «No a la Guerra» y prohibiendo a los yankees el uso de las bases militares de Morón y Rota –lo que no le ha impedido enviar la joya de la corona de la Armada, la fragata Cristóbal Colón, al Mediterráneo para proteger a Chipre de la amenaza iraní–). Los tiempos, sin duda, están agitados. Mucho.

Tas unos meses de confianza mutua y elogios en los que el propio Elon Musk aparecía junto a su hijo llamado X (tiene al menos 12 hijos reconocidos), en los mítines de Trump e incluso en el mismísimo Despacho Oval, la relación entre ellos se fue enfriando e incluso se echaron en caso turbios asuntos: Musk llegó a acusar a Trump de estar en los papeles de Epstein –cosa que es cierta, a pesar de la censura informativa de su propia administración, pero hoy sabemos que a Musk también se le menciona, entre infinidad de grandes personalidades de las altas esferas y del mundo del espectáculo–, cosa que después retiró, y Trump, ni corto ni perezoso acusó a Musk de haberse vuelto loco y pedirle que se marchara –todo comenzó con la crítica del magnate de Tesla precisamente a las políticas fiscales de la Casa Blanca–.

Hoy parece que las cosas se han suavizado, mientras Musk sigue empeñado en seguir sorprendiendo al mundo no con sus declaraciones de índole ideológica (más bien desafortunadas, por ser suaves) sino con sus prodigios tecnológicos, campo en el que sin duda se maneja mejor que en la jungla política, y ahora pretender impulsar la llegada del hombre a Marte y la creación de una colonia en el Planeta Rojo, él que, aunque negacionista del cambio climático (como lo fuera del Covid y la eficacia de las vacunas, al igual que la mayoría de miembros del movimiento MAGA que en su día tanto jaleó) afirma que es la única posibilidad de que la humanidad siga existiendo.  ¡Señoras y señores, con todos ustedes: Elon Musk!

*Todas las imágenes de este reportaje han sido extraídas de Wikimedia Commons y son de libre uso.

PARA SABER MÁS:

Soberbia Máxima (La Esfera de los Libros)

Recientemente, La Esfera de los Libros, una de nuestras editoriales predilectas del Pandemónium, publicaba en castellano Soberbia Máxima: irrupción, ascenso y caída de Elon Musk, de Faiz Siddiqui, periodista especializado en tecnología establecido en San Francisco y que colabora con The Washington Post, en cuyas páginas ha cubierto la información de empresas como Tesla, Uber y Twitter (ahora X) para la sección de economía del legendario rotativo estadounidense, un trabajo reconocido por la Society Advancing Business Editing and Writing, y galardones de Periodismo Hearst.

Siddiqui

Con una prosa afilada y sencilla Siddiqui nos ofrece la crónica definitiva de la irrupción, ascenso y caída del último césar de Silicon Valley, y nos cuenta la historia americana por excelencia, la de forjarse a uno mismo, como hemos narrado en el post, desde la juventud de un joven extranjero y retraído, aunque sumamente inteligente, hasta el ascenso de este a la cima de la economía y la política, mostrando una ambición sin límites.

Con el pulso narrativo del mejor periodismo de investigación –la traducción, sin duda, es magistral–, y la mirada crítica de quien ha seguido muy de cerca la trayectoria de Musk, Siddiqui desmonta muchos de los mitos del magnate tecnológico y su identificación con el movimiento MAGA («Make America Great Again») liderado por el controvertido Donald Trump, y, a través de episodios clave de su biografía que llevan hasta la guerra cultural en RRSS de todo el mundo, el autor revela cómo la arrogancia y la confianza desmedida del «ultimo césar de Silicon Valley» han sido «tanto su fuerza como el germen de su declive». Y lo hace a través de testimonios de primera mano y de documentos inéditos, como debe hacerse para realizar la autopsia (sin fantasías) de un personaje clave de nuestro tiempo, nos guste o no.

Elon Musk. Retrato de un oligarca (Planeta Cómic)

Por su parte, Planeta Cómic nos trae la novela gráfica que desgrana de forma mordaz al personaje: Elon Musk. Retrato de un oligarca, de Darryl Cunningham, alias «Yudori», autora de cómic de Corea del Sur y residente en Cambridge que presenta una investigación muy documentada –y no exenta de ironía, e incluso sarcasmo– del que es una de las personalidades más fascinantes de la actualidad: de su infancia en Sudáfrica al desarrollo de PayPal, Tesla, SpaceX o la compra de Twitter, la primera biografía en forma de novela gráfica sobre Musk revela aspectos poco conocido del oligarca, y en ocasiones impactantes, tanto de su vida privada como de la carrera impresionante –pero polémica– que lo ha convertido en el hombre más rico del mundo, por encima de Jeff Bezos (Amazon) y más inasible.