Los Goonies nunca dicen muerto

En 2020 se cumplieron 35 años del estreno de Los Goonies, una de las películas de la generación de los 80 que más nostálgicos ha cosechado. Y hoy ha saltado la triste noticia de que su director, Richard Donner, ha muerto a los 91 años, dejando tras de sí una ristra de obras maestras. Gracias al sensacional libro Los Goonies nunca dicen muerto (Diábolo Ediciones), firmado por Francisco Javier Millán, penetramos en los secretos del rodaje de este clásico inolvidable, y recordamos, en «Dentro del Pandemónium», al genial realizador.

Óscar Herradón ©

El comunicado lo hizo su esposa, la productora de cine Lauren Shuler, a Deadline, confirmando que había fallecido este lunes. No fue ni mucho menos fácil poner en marcha los Goonies. Richard Donner no se ajustaba al perfil de directores de los primeros años de la productora Amblin creada por Steven Spielberg, pero había demostrado su veteranía con La Profecía en 1976, que seguía la estela de El Exorcista (1973) de William Friedkin, pero con su propio lenguaje y una cautivadora atmósfera de cine negro. Luego vino Superman. La película (1978) que supuso un gran reto porque había que hacer creíbles los superpoderes del protagonista (inolvidable Christopher Reeve) con unos efectos especiales que básicamente hubo que inventar para el film. Y lo consiguieron.

1985 fue sin duda su gran año: estrenaría Los Goonies y otra película mítica de aquella década, Lady Halcón, protagonizada por Rutger Hauer, Michelle Pfeiffer y uno de los jóvenes de moda entonces, Matthew Broderick, una epopeya de ecos fantásticos que podríamos encuadrar a medio camino entre las cintas de «espada y brujería» y las historias de amor de época. Donner sería el artífice, también, de la saga de acción Arma Letal y de películas como Maverick, Los fantasmas atacan al jefe, Conspiración –también con Mel Gibson–, La Fuerza de la Ilusión o Asesinos.

Según confirmaron varias fuentes a Variety, el director había estado trabajando hasta hacía bien poco en la esperada preproducción de Arma Letal 5, proyecto que ahora se queda huérfano. En las redes, Mel Gibson ha confesado: «¡Donner! Mi amigo, mi mentor. ¡Oh! ¡Las cosas que aprendí con él! Su talento, humildad. Aparcaba su ego en la puerta y se ponía al servicio de lo que le requerían los demás. Tenía un alma y un corazón magnánimos. Irá directo a algún lugar inexplorado del firmamento. Por mi parte, le echaré muchísimo de menos, junto con todo su enorme ingenio y sabiduría!». Danny Glover, su compañero en la saga de acción, puntualizaba: «Mi corazón está roto».

¿Y cómo llegó Donner a un proyecto familiar y juvenil como Los Goonies? Spielberg (que también se deshizo en elogios en las RRSS tras la muerte del realizador) conocía a Donner de su pasado común en la televisión y le tenía en gran estima como profesional. Aunque titubeante al principio, finalmente Donner aceptó el proyecto, más ambicioso de lo que pudiera sugerir una cinta de aventuras para los más pequeños (y por extensión para toda la familia).

Cartel original, por el maestro Drew Struzan

La historia, probablemente apócrifa, cuenta que en medio del proceso creativo de la magistral (y mucho más dramática) El Color Púrpura, Spielberg ideó una historia a partir de dos preguntas: «¿qué haría un grupo de niños un día de lluvia?, y ¿Qué acontecimientos podrían soñar?». Era el autor de ET. El Extraterrestre, así que algo sabía de cine familiar. A ello sumaría el estilo aventurero heredado de Indiana Jones y las aventuras clásicas de piratas que le apasionaban de niño, concretamente la película El Halcón del Mar (1940), de Michael Curtiz, protagonizada por un incombustible Errol Flynn (que tuvo lo suyo en la industria, algún día nos centraremos en su carrera) y cuya embarcación sería la principal inspiración del barco pirata de Los Goonies, «Inferno».

Otra joya de Diábolo firmada por Francisco Javier Millán

Tanto Spielberg como el guionista se basaron en leyendas locales de la costa del Pacífico que hablaban de grandes tesoros enterrados por bucaneros que arribaron a las costas cargados de oro… y secretos. Muchos de ellos llegaron a la Nehalem Bay, a 65 km de Astoria, donde se rodó la película, por lo que ese aire aventurero se masticaba en la zona desde hacía décadas. Cazatesoros, piratas y mafiosos… una buena combinación que resultaría muy rentable.

Astoria, el pueblo de los secretos…

Chris Columbus, autor del libreto de la también generacional Gremlins (1984) de Joe Dante (y más tarde director de otra cinta inolvidable, Solo en casa), sería el guionista. El cuartel general de producción de Los Goonies se estableción en el hotel Red Lion-Thunderbird Motor Inn junto al puerto de Astoria, (Oregón), localidad en la que desde hace años se celebra el día de Los Goonies, el 7 de junio. Tal fue el éxito de la cinta. Y de rebote inició la tradición del Monster Bash, una fiesta de disfraces para el público más pequeño que se celebra desde entonces durante la Noche de Halloween.

El secretismo en torno al proyecto hizo correr el rumor de que se trataba de la secuela de los Gremlins, que Joe Dante no realizaría hasta 1990. Unos rumores que han perdurado hasta el día de hoy. De hecho, Donner declaró en 2014 (casi tres décadas después del rodaje) que la segunda parte estaba en marcha con argumento escrito por Spielberg y con los hijos en la ficción de los protagonistas originales. Nunca se ha confirmado este punto y a fecha de verano de 2021 la  secuela continúa siendo una quimera. Quizá sea mejor así (que se lo digan si no a la saga de Indy y su carta entrega. Miedo me da lo que estarán haciendo con la quinta y un Harrison Ford casi octogenario). Nintendo Entertainment System sí se atrevió con una secuela… para un videojuego de 1987 donde la pandilla debía rescatar a una sirena secuestrada por los Fratelli. Al menos…

El director de fotografía elegido fue Nick McLean, quien ya trabajara con el director de fotografía Vilmos Zsigmond a las órdenes de Spielberg en Loca Evasión (1974) y en Encuentros en la Tercera Fase (1977). Después de Los Goonies, sería el director de fotografía de Cortocircuito (John Badham, 1986) y de la desternillante comedia La Loca Historia de las Galaxias. Spaceballs (Mel Brooks, 1987).

Exteriores impresionantes y decorados de ensueño

La guarida de la familia Fratelli fue levantada en el Ecole Point (y derrumbada al terminar la filmación, a pesar de los intentos de un empresario local por instalar allí un negocio). Era una zona de magníficos y miradores y exuberantes bosque, y para no generar alarma entre la población, se colocó un mástil en la entrada del mirador que rezaba: «Para su información. Esta estructura es un set provisional para ser usado en la producción de Warner Bros. Los Goonies. El decorado será totalmente retirado y el parque volverá a sus condiciones originales tras la filmación. Vean Los Goonies en 1985. Gracias. Warner Bros. Inc.».

Una vez rodados los exteriores, el equipo se trasladó a los estudios de Warner en Burbank. El set del puente bajo la tupida red de túneles fue otro de los espectaculares entornos creados por el diseñador de producción, J. Michael Riva (fallecido en 2012). Para realizar la escena en que los «goonies» cruzan un mástil como si fuera un puente mientras asciende el nivel de agua, el equipo de efectos especiales hizo fluir miles de libros de agua en el interior del decorado a través de un orificio, y el flujo lo dirigían por control remoto, discurriendo más de 7.500 litros de agua por minuto. Se emplearon más de 3 millones y medio de litros de agua. Ahí es nada.

Las sorpresas para los jóvenes actores eran continuas en el set: principalmente la del clímax final, en el plató donde se guardaba celosamente el impresionante barco pirata de Willy el Tuerto. Los chicos se quedaron boquiabiertos al ver la embarcación por primera vez y en una toma (que finalmente se excluyó del montaje final) se ve a Josh Brolin (quien tendría una carrera de éxitos mayor, seguido de Sean Astin, su hermano en la ficción) expresar su sorpresa con un sonoro «holy shit».

Para el «Inferno», un navío del siglo XVII que pertenecía al pirata español Willy el Tuerto y que en su historia alternativa sería perseguido por la armada británica tras la lucha en el mar entre ambas potencias, se construyó un barco a escala real en unos dos meses y medio. Todo un desafío: el equipo de J. Michael Riva construyó el navío documentándose sobre los galeones españoles de ese periodo, junto con otros elementos propios de los barcos contemporáneos a la historia de fondo de su capitán. Debían respetar las dimensiones de esta clase de embarcaciones y hacer un decorado funcional que pudiera albergar el rodaje, algo nada sencillo si tenemos en cuenta que el barco tenía 32 metros de longitud desde la línea de flotación; además, debido a su enorme peso, los especialistas tuvieron que contrarrestar del lado de estribor columnas de acero que debían estar ocultas del objetivo de las cámaras. Desde ese lado, a su vez, se sujetaba la colosal construcción a las paredes del estudio.

Industrial Light & Magic… verdadera magia del cine

Se hizo un trabajo minucioso, al detalle, de los elementos náuticos: las ventanas del camarote del capitán eran reales (las demás pintadas), mástiles y velas diseñados por un departamento específico que se encargó de las telas y luego se le añadieron todo tipo de aparejos. Quiso la casualidad (o el destino «goonie») que la atracción Piratas del Caribe de Disneyland estuviese siendo renovada y muchos de los aparejos del barco Columbia fueron rescatados por el equipo de Mike Riva para colocarlos en el Inferno.

Y luego le llegó el turno a la Industrial Light & Magic, la subdivisión de Lucasfilm Ltd., encargada de los efectos especiales: usaron Matte Painting para ocultar las vigas y pasarelas del estudio, una de las últimas veces en la que se usaron este tipo de efectos artesanales (que derivan de las pinturas que complementan los decorados teatrales) antes de la eclosión digital que lo invade todo, y en la que también se usa esa técnica, pero de forma diferente. ¡Bendito stop-motion!

La ILM haría un trabajo realmente impresionante también con el derrumbe de la cueva y la última «aventura» del Inferno, cuando se adentra en el mar ya al final de la cinta, observado por la pandilla «goonie», sus padres y las autoridades. Estaba muy lograda, pero no era real: las condiciones atmosféricas nubosas de Cannon Beach no eran las más aconsejables para que el barco navegase saliendo de las rocas: lo que vemos en la cinta es una transparencia de la maqueta y su balanceo sobre el agua se generó por ordenador utilizando imágenes reales de un barco meciéndose en el mar. Los efectos de las olas golpeando contra el casco del galeón se obtuvieron con trozos de papel rasgados que se movían detrás de la transparencia.

Hubo increíbles escenas eliminadas (algunas se pueden ver en las ediciones especiales en DVD y Blu Ray) que Francisco Javier Millán desmenuza en las páginas de su libro, sorpresas en el plató, momentos inolvidables que los miembros del equipo recordarían en múltiples entrevistas hasta el día de hoy…

Sin duda, uno de los personajes inolvidables de la cinta de Amblin fue Sloth, el hermano de los Fratelli deforme el único con buen corazón (lo que le convertiría finalmente en un «goonie»). Aquel tipo al que le encantaba el chocolate y que ayudaría a la pandilla en su huida fue interpretado por John Matuszak, un corpulento y altísimo actor que venía de triunfar en el mundo del rugby, donde ganó dos Super Bowl. Un guiño a este deporte era que el personaje llevaba una camiseta de uno de los equipos en los que jugó Matuszak, los Oakland Riders.

En 2010, en Los Goonies: creación de un clásico de culto, Richard Donner explicó que el proceso de maquillaje de Sloth llevaba cinco horas diarias y su apariencia sería uno de los secretos mejor guardados hasta la fase de promoción de la cinta (nadie ajeno al departamento de maquillaje tenía acceso al espacio que ocupaban). El diseño original corrió a cargo de Craig Reardon, especialista en efectos de maquillaje en ET, Polgergeist y En los límites de la realidad, pero no convenció, y le sustituyeron los estudios dirigidos por Tom Burman, que respetó el diseño original y lo mejoró: uno de los ojos era movido mecánicamente por control remoto, haciendo que los técnicos se tuvieran que sincronizar con el parpadeo del ojo natural de Matuszak. Primero le colocaban un montón de aparatos en la cabeza y después venía el látex. Este elaborado maquillaje no podía ser mojado bajo ningún concepto, algo que sí ocurrió en alguna ocasión por el despiste de los chicos. Burman, jefe del departamento, confesó: «Este es con toda probabilidad el maquillaje más difícil que he hecho nunca y no sé de otro que tuviera tantas piezas, quince pizas superpuestas en total».

En 1978, Matuszak se había erigido, además, con el galardón de hombre más fuerte del mundo y había participado en series como M.A.S.H. y El Sheriff chiflado, además de la extraña cinta Cavernícula (1981) junto al ex Beatle Ringo Starr. El gigantón más de 2 metros y más de 120 kilos moría prematuramente, a los 38 años, en 1989, a causa de un infarto, tras una vida de abuso de estupefacientes, como narró en sus memorias.

Al parecer, fue a causa de una sobredosis accidental del opioide Darvocet (retirado por las autoridades sanitarias estadounidenses en 2010) y a un factor que contribuía a agrandar su corazón. Ahora, probablemente, se esté comiendo junto a Donner, como dos niños grandes, una enorme chocolatina mientras éste último llama a las puertas del cielo. Porque, como reza el título del libro de Diábolo, de este post y una de las frases más célebres de la película: «Los Goonies nunca dicen muerto», cita que hoy repitió en redes Sean Astin.

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