Íberos: el enigma de los antiguos pobladores de Hispania

Fue un pueblo heterogéneo fascinante y belicoso que dejó una huella indeleble en nuestro pasado, incluido el nombre de la Península. Todavía queda un rico universo ibérico por descubrir que se mantiene hermético para los investigadores. ¿Quiénes fueron los íberos? ¿Podemos hablar de una etnogénesis ibérica? ¿Qué hay de su escritura? ¿Y de su desaparición? El escritor Luis del Rey Schnitzler desentraña su memoria y sus muchos misterios en el libro Los Íberos. Historia y Arqueología, que ha publicado recientemente la editorial Almuzara.

Óscar Herradón ©

Los pobladores íberos construyeron verdaderas ciudades-estado con un territorio propio, rico en tierras para la agricultura y la ganadería y cerca de yacimientos minerales, asentamientos estratégicos por lo general en cerros de meseta plana, de fácil defensa (construían sobre un oppidum –lugar elevado–) y cerca de un manantial o un río que les aseguraba el aprovisionamiento de agua. Solían litigar con los poblados vecinos, por lo que eran habituales las escaramuzas y las guerras. Como pueblos guerreros en tiempos de invasión romana, sus poblados estaban dotados de fuertes murallas, uno de sus elementos más característicos, lo que contrasta con las viviendas, por lo general modestas, incluso entre los jefes.

Aunque la idea más extendida que se tiene sobre los íberos es que su origen es desconocido (se baraja que vinieran del norte de África, o de alguna parte de Europa Occidental), cada vez tiene más fuerza la teoría de diversos historiadores que sostienen que fueron autóctonos de la península ibérica, ya que su cultura nació y se desarrolló en este territorio en un proceso que comenzó hacia el siglo VI a.C. y finalizó con su romanización. Compartían ciertas características comunes, pero no eran un grupo étnico homogéneo, y es posible diferenciar entre tres grandes áreas de la Península: la turdetana o tartésica, la levantina o propiamente ibérica (que es la que nos ocupa) y la del noreste peninsular, a la que habría que sumar la norpirenaica en el Languedoc francés. Los colonizadores romanos distinguían al menos una docena de pueblos con características propias dentro de los pueblos íberos (turdetanos, túrdulos, oretanos…).

Con sus particularidades, tenían sus propios cultos religiosos, lengua y escritura. La lengua ibérica es una lengua paleohispánica documentada por escrito. Aunque su alfabeto fue descifrado por el arqueólogo e historiador español Manuel Gómez-Moreno Martínez, la mayor parte de las inscripciones y textos que se conservan son incomprensibles, debido a la falta de lenguas coetáneas que la tradujesen y faciliten su interpretación. No obstante, su propia escritura (de tipo mixto, silábica y alfabética, con un posible origen fenicio o chipriota) es una de las principales evidencias del desarrollo cultural con personalidad propia del pueblo ibérico. 

PARA SABER MUCHO MÁS:

El citado trabajo de Luis del Rey Schnitzler, Los Íberos. Historia y Arqueología, un apasionante viaje por la historia y territorio de los pueblos íberos y el legado arqueológico que perdura hasta nuestros días.

¿Quiénes fueron los íberos? ¿A qué le llamaron Iberia los griegos? ¿Podemos hablar de una etnogénesis íbera? Más allá de ser identificados a través de un tipo de cerámica común, ¿qué otros nexos hubo entre ellos? ¿Una lengua? ¿Unas creencias? ¿Un tipo de organización supratribal? ¿Qué es eso del individualismo íbero? ¿Hasta dónde alcanzó el influjo oriental? Al margen de estas cuestiones, ¿es lícito contar una historia de los íberos? ¿Cómo recomponemos esa historia? ¿Qué nos puede aportar el registro arqueológico?

Desentrañar la memoria de los íberos, del heterogéneo mundo íbero, supone un reto y para todas las anteriores preguntas en este libro se avanzarán respuestas, nunca concluyentes, pero con un aporte no falto de originalidad animarán a la reflexión del lector, que se sumergirá en un mundo apasionante.

ÍBEROS (PINOLIA)

Y otro libro lanzado por el sello Pinolia, de la siempre exigente Editorial Almuzara, Íberos, donde los mejores especialistas, coordinados por Vicente Barba Colmenero, doctor en Patrimonio y Arqueología por la Universidad e Jaén y el Instituto Francés de Arqueología Oriental en El Cairo, así como experto en Arqueología del Mundo Antiguo en el Mediterráneo Oriental y en el sur de la península ibérica, nos desvelan un mundo de príncipes, guerreros, damas y diosas.

Fueron los geógrafos griegos quienes dieron el nombre de íberos a los pueblos que habitaban las áreas meridionales y levantinas de la Península. Entre el siglo IV antes de Cristo y la romanización completa de sus territorios, los íberos desarrollaron una cultura específica que por diversas razones ha permanecido más desconocida que muchas de sus contemporáneas. A finales del siglo XIX, en unos terrenos cultivables cercanos a Elche, se produjo el hallazgo casual de la escultura de una mujer adornada con unos grandes rodetes. La Dama de Elche ha llegado a ser el emblema de la cultura íbera, pero todavía hoy el trabajo de arqueólogos e investigadores sigue sacando a la luz datos fascinantes de aquellos pueblos, algunas de cuyas costumbres podemos rastrear hasta nuestros días.


A través de diversos artículos, en este libro se analizan la forma de vivir de los pueblos íberos, su organización social, sus inquietudes espirituales, su sentido estético, su artesanía, su lengua aún por descifrar, su manera de construir, de vestirse, de comer y de relacionarse, belicosa o comercialmente, con otros pueblos.

Aldobrando (Norma Editorial)

Norma Editorial publica un sorprendente relato iniciático en forma de novela gráfica, una maravillosa historia sobre el coraje, la amistad y el amor ambientada en un entorno medieval: Aldobrando.

Por Óscar Herradón ©

De la mano de Norma Editorial, referencia indiscutible del cómic tanto americano como europeo y del manga, nos llega Aldobrando, un cuento en forma de novela gráfica, una entrañable historia de superación firmada por Luigi Critone (La Rose et La Croix, basada en la fascinante vida del alquimista y químico alemán Johann Böttger) y el multifacético artista italiano Gianni Pacinotti, alias Gipi, que además de dibujar cómics como Los inocentes, Exterior Noche o Mi vida mal dibujada, entre otros, ha realizado guiones e incluso dirigido películas como L’ultimo terrestre (2011).

Ambientada en la Edad Media, esta fábula cuenta la historia del tímido y asustadizo personaje que da título a la novela gráfica, Aldobrando, quien ha vivido desde que era niño bajo la tutela del hechicero que lo adoptó. Siempre encerrado en su cabaña, alejado (o más bien refugiado) del mundanal ruido, su mentor le impulsará a salir de su ensimismamiento e ir más allá: le hará partícipe de un conjuro que saldrá mal para el hechicero, quien recibirá una herida mortal, lo que obligará a su pupilo a salir en busca de «la hierba del lobo», la única posibilidad de cura para aquel. Un relato de aprendizaje donde el protagonista deberá superar una serie de pruebas.

A partir de ese momento comenzará una aventura de ecos clásicos que, envuelta en el velo del mito, la superstición y la magia medievales, es sin embargo un relato de aprendizaje donde el protagonista deberá superar una serie de pruebas. Una historia que en el aspecto visual combina los colores cálidos y entornos naturales espectaculares (en contraste a los escenarios lluviosos y gélidos, donde se opta por colores fríos y la primacía de las sombras) que casan a la perfección con el excitante guión, repleto de emoción en la que el protagonista, ni fuerte ni ágil, sin habilidades en las armas y ni siquiera demasiadas luces, destaca –a diferencia del héroe prototípico de las novelas de caballerías– por la pureza de su corazón. Un renovado Quijote que emprenderá su particular «camino del héroe» para encontrarse a sí mismo, superarse y entrar de una vez por todas en el mundo de los adultos, algo nada fácil.

De obligada lectura para amantes de la historia, la literatura y el noveno arte.

El Asesino (Norma Editorial)

Norma Editorial publica los integrales de la serie El Asesino, de Matz y Jacamon, que ahora adapta a la pantalla grande David Fincher de la mano de Netflix. Una saga adrenalítica, con múltiples giros de guión, que muestra los límites de la maldad del ser humano y la corrupción que asola nuestro mundo «civilizado».

Por Óscar Herradón ©

He de decir que me encantan los integrales. Es una forma magnífica (y por la que cada vez apuestan más las editoriales) de sumergirse en una serie y darse un buen chute de ella, como si ves en streaming una serie que se emite al completo. A veces esperar cada capítulo (o cada entrega nueva de un cómic) es frustrante. Ahora, Norma Editorial lo hace con El Asesino, del que ya ha publicado dos tomos y está a punto de lanzar el tercero, una historia adrenalítica de asesinos y espías que está de absoluta actualidad porque ha inspirado la nueva y esperada película homónima de David Fincher (Seven, El Club de la Lucha), protagonizada por Michael Fassbender (Shame, Un método peligroso) bajo el todopoderoso paraguas de Netflix.

El protagonista de esta serie, que como buen liquidador/espía no tiene nombre, ejerce una profesión que exige paciencia, destreza y mucha sangre fría, y lo más importante: no dejar rastro. Ello le obliga a vivir como un lobo solitario, cumpliendo su oficio y los contratos que firma con turbios clientes sin dejar huella alguna de sus acciones. Un liquidador, un asesino, como reza el título, que realiza su profesión como otra cualquiera, aunque esta requiere mucha sangre derramada y una ausencia total de compasión.

25 años de éxito

Esta vertiginosa saga que se publicó por primera vez en 1998 de la mano de Casterman, viene firmada por el guionista Matz, quien ha adaptado al cómic, entre otros, Adiós Muchachos y La Dalia Negra, y el artista Luc Jacamon, quien obtuvo en un lejano 1986 el premio Alfred Étudiant otorgado por el Salón de Angoulême a jóvenes promesas. Hoy Jacamon hace mucho que no es una joven promesa, sino un artista consagrado del noveno arte. Prueba de ello es esta saga elogiada por crítica y público en numerosos países. Su dibujo es limpio, de trazo grueso y muy detallado, como en toda buena historia europea, aunque a lo largo de las páginas de estos dos primeros integrales se evidencia un gusto por la experimentación en alguna de sus páginas –o simplemente en una viñeta– que distan mucho de un trabajo de bande dessinée al uso.

El personaje evoluciona de forma sorprendente a lo largo de la historia, con un guión eficaz e imaginativo (aunque en ocasiones algo enrevesado) firmado por Matz, en el que se intercalan también complejas tramas políticas y se evidencia la corrupción de las altas esferas. En definitiva, una serie que uno debe leer antes de  disfrutar de su adaptación por el gigante Netflix con otro gigante del cine tras las cámaras. Deseando hincarle el diente al tercer volumen.