Vikingos: magia, sacrificios y seres espectrales (I)

27 01 2021

A lo largo de casi tres siglos surcaron los mares y aterrorizaron las costas de Europa. Aguerridos soldados, fueron mucho más que simples bárbaros: llevaron el comercio a Oriente y desembarcaron en tierras desconocidas. Devotos de sus dioses y grandes supersticiosos, la magia y la profecía formaban parte de su vida cotidiana y su universo espiritual estaba poblado de seres aterradores, maleficios y oscuras venganzas.

Óscar Herradón ©

(Pexels Free License. Meik Schmidt)

Han pasado más de mil años pero sus sanguinarias hazañas siguen despertando la curiosidad y el temor a partes iguales. Pertrechados con toscas pero implacables armas de combate, aquellos considerados los mejores navegantes de su tiempo asolaron numerosas poblaciones costeras de la vieja Europa a golpe de hacha y espada.

Considerados poco menos que salvajes, los señores del Norte eran, sin embargo, un pueblo con elaboradas creencias, cultura propia y una rudimentaria escritura, las runas, muy vinculada con la magia y la adivinación. Ahora que los vikingos están más de moda que nunca gracias a exitosas películas y series que reivindican su papel en la historia, aunque con elevadas dosis de ficción, el misterio en torno a su figura continúa sin ser completamente desvelado, acumulándose los interrogantes sobre muchos aspectos de su existencia: sus túmulos funerarios, los sacrificios humanos, sus ceremonias iniciáticas o sus sorprendentes expediciones. En las próximas líneas, intentaremos arrojar algo de luz a su sorprendente peregrinaje en la oscuridad de los tiempos medievales. 

El misterio en torno a nuestros protagonistas empieza por su mismo nombre. El origen de la palabra vikingo es ya de por sí discutido. En textos en escritura rúnica se usa la forma «fara í víking» en el sentido de «ir de expedición», aunque textos más tardíos como las sagas irlandesas se refieren exclusivamente a este término como sinónimos de piratería o saqueo, aunque parece que las connotaciones negativas le fueron atribuidas tiempos después de la llamada Era Vikinga –aproximadamente entre los años 789 y 1100–; aunque las teorías sobre el origen etimológico de la palabra son variadas y confusas: en nórdico antiguo vik significa «bahía pequeña, cala o entrada», que puede estar relacionada también con la teoría de que la palabra vikingo haría alusión a una persona que proviene de Viken –un antiguo reino cuyas fronteras, no muy claras tampoco, parece que abarcaban parte de Noruega, Dinamarca y Suecia–. Vikingo, no obstante, fue el principal nombre dado a los pueblos nórdicos originarios de Escandinavia durante la Edad Media en general. Sea como fuere, los enigmas se multiplican en relación a sus formas de vida, sus ceremonias, saqueos y creencias en general.

Ataque vikingo de Guérande, en Francia

Fuentes documentales 

Puesto que los vikingos no dejaron escrito nada en referencia a sus creencias, ni poseían una religión revelada ni tenían un libro sagrado, hemos de basarnos en las sagas escritas posteriormente que supuestamente recogen la tradición oral de varios siglos, y también acudir a la rica mitología de los pueblos escandinavos. Ante la falta de certezas que expliquen la cosmogonía de una cultura, el origen del mundo y del Universo, el hombre suele ocupa ese vacío existencial recurriendo a la mitología, historias y leyendas que se dan la mano y se confunden, transmitidas oralmente de generación en generación, mitos que permiten en parte entender la forma de ser y actuar de estos pueblos; una mitología que alude al destino, al más allá o al fin del mundo en la mayoría de relatos. Las más célebres son la llamada Edda menor, que el noble islandés Snorri Sturluson compuso entre los años 1220 y 1230, una obra en prosa que mostraba el panteón de dioses vikingos y su cosmogonía desde la óptica cristiana, y la llamada Edda poética, una colección de 29 poemas sobre dioses y héroes escrita en Islandia entre 1250 y 1300; también tenemos los versos compuestos por los poetas o escaldos cortesanos, que componían los cantos heroicos, a través de unas “agudezas” o metáforas llamadas kennings que ofrecen valiosa información religiosa y mitológica.

Casa de Snorri Sturluson en Reykholt (Islandia)

Además, en el siglo XIII el monje danés Saxo Grammaticus compuso la Gesta Danorum, una historia de ecos legendarios de los reyes de Dinamarca que incluía también importante información mitológica, sin olvidar los cronistas de otras religiones que tuvieron algún contacto con los vikingos, como el monje y cronista cristiano del siglo XI Adán de Bremen o el escritor y aventurero árabe Ahmad ibn Fadlán. La fuente más antigua sobre estos pueblos nórdicos es la obra que compuso en el siglo I de nuestra era el historiador romano Tácito, Germania.

Ritos y culto ancestrales

En relación con sus ritos, los investigadores señalan que no existe religión escandinava antigua en el sentido que le damos hoy, abstracto y conceptual. El término que aludía a lo que llamamos religión era «sidr», que tenía el significado literal de «práctica» o «costumbre». Salvo casos aislados, parece que no existían sacerdotes como tales, que pasasen una iniciación particular ni que formaran una casta. No obstante, en fuentes islandesas posteriores se alude a una clase sacerdotal llamada Godar –cuyo significado era «Aquellos que hablan la lengua de los dioses»–, que albergaba responsabilidades religiosas y civiles. Los Godar pertenecían a la comunidad «sacerdotal» de Ásatrú, y podían ser un gothi (sacerdote) o una gythia (sacerdotisa). Parece un hombre era libre de elegir a qué dios adorar. Y es que la libertad, incluso de culto, era una de las características fundamentales del vikingo.

Pexels Free License (Erik Mclean)

Su religión se reducía principalmente al culto a distintos dioses de una mitología pagana muy rica pero igualmente confusa debido al sincretismo con otras religiones –los pueblos germanos de raíz indoeuropea que se instalaron en Escandinavia y los pueblos ya asentados allí, y más tarde con el cristianismo– y a la confusión entre diferentes mitos de diversas procedencias, aunque en su panteón, de numerosos dioses, destacaban Odín y sus hijos Thor y el maléfico Loki, además de Freyja, la diosa del amor y la belleza, o Tyr, el dios del valor, entre muchas otras divinidades.

El momento más solemne de esta «religión» era el llamado sacrificio –el Blót–, principalmente de animales, por lo general cerdos y caballos, muy frecuente en sus prácticas, que consistía en hacer una petición a sus dioses –brindándoles un tributo de sangre– a cambio de que les fueran propicios en la cosecha, la guerra o la enfermedad.

El primer paso del Blót era el sacrificio en sí, mientras que el segundo era la consulta a los augures o rituales de adivinación, de gran importancia para un pueblo regido por las determinaciones del destino; y el tercero consistía en un banquete sacrificial conocido como blotveizla, durante el cual los invitados –que podían ser unos pocos o cientos– consumían la carne del animal inmolado, a la vez que realizaban libaciones –normalmente de hidromiel o cerveza– destinadas a sus antepasados, a sus dioses y a las personas presentes más importantes de la comunidad, haciéndose a la vez juramentos constrictivos –para los vikingos era muy importante un juramento sobre un anillo sagrado, en honor al anillo Draupnir– y probablemente, aunque existen lagunas documentales, rituales de tipo adivinatorio como el seidr.

Así se conocía a un tipo de hechizos o brujerías practicado por los nórdicos paganos que implicaba el encantamientos con hechizos y que tenía un fuerte componente chamánico. Solía ser realizado mayoritariamente por mujeres –la völva o seidkona, “mujer que ve”–, pero también lo podían llevar a cabo hombres –aunque no era muy bien visto–, una práctica que, según la creencia, realizaba Freyja y algunas otras diosas del panteón nórdico e incluso Odín. Fue Snorri Sturluson quien recogió en qué consistía el seidr: éste incluía tanto adivinaciones como la llamada “magia manipuladora”. En las sagas escandinavas es descrito para afectar a una persona, ya sea para maldecirla, sanarla o cambiar su pensamiento e incluso su destino.

Este «maleficio» se realizaba mediante un tipo de trance conocido como spae, durante el cual se utilizaba, según recogen algunas sagas, una suerte de trono conocido como seidrhjallr, proveniente del nórdico antiguo hjallr, cuyo significado es plataforma. No se sabe con certeza cuál era su uso exacto, aunque parece que venía a simbolizar una suerte de unión entre lo que había en el cielo y en la tierra y otros mundos de su cosmogonía.

Parece que también las hechiceras utilizaban un bastón o cayado llamado seidrstafr, del que se han hallado restos arqueológicos. Cuando una bruja, una völva, moría, era enterrada con este instrumento, que solía llevar grabados varios hechizos con runas, el lenguaje adivinatorio de los nórdicos, y ornado con vidrios y piedras semipreciosas.

Cánticos para invocar el otro mundo

A través de un canto conocido como vardlokkur, que la völva –o sus ayudantes– interpretaba para su propia protección mientras practicaba el seidr –ya que mientras tanto se encontraba en “el otro mundo” y podía sufrir algún percance–, parece que los espíritus del más allá le brindaban información. De hecho, es popular el mito del viaje que las Völur han de realizar a Hel –el inframundo nórdico– para contactar con las almas difuntas, que son quienes les narraban el porvenir. Queda patente pues que la adivinación y la predestinación están presentes en la gran parte de los cultos religiosos vikingos.

Junto a los seidr, en las sagas se atribuye a las völva la capacidad de hacer otro tipo de magia como cambiar el clima a su antojo, invocando por ejemplo grandes tormentas –en una suerte de «hacedoras de lluvias» que existen en otras culturas–, un rito para el que la oferente incluso se preparaba ingiriendo una serie de alimentos especiales.

Además de las seidkona y las völva, existían también curanderas que utilizaban las fuerzas o espíritus de la naturaleza, según el autor Manuel Velasco, “para ayudar a recuperar o mantener la salud de la gente”. Estas mujeres eran denominadas «Hijas del Cuervo» y estaban bajo la advocación de Eir, diosa de la sanación.

Y aquí llegamos a un punto controvertido sobre el pasado de este pueblo… ¿cometieron sacrificios humanos? Lo veremos en el siguiente post, que está a punto de caramelo, o tan dulce como el Hidromiel…

PARA SABER UN POCO / MUCHO MÁS:

Ático de los Libros nos regala una joya historiográfica sobre los protagonistas de nuestro post: Vikingos. La historia definitiva de los pueblos del norte. Un exhaustivo recorrido, profusamente documentado y contrastado por interminables fuentes, no así complejo en su lectura, que firma el prestigioso historiador y arqueólogo inglés Neil Stuppel Price, uno de los investigadores mundiales que más saben sobre los vikingos de Escandinavia y la apasionante arqueología del chamanismo, que es actualmente profesor en el Departamento de Arqueología e Historia Antigua de la ciudad sueca de Uppsala.

En esta voluminosa monografía de casi setecientas páginas, Price nos muestra un retrato fidedigno de los pueblos del norte pero alejado de una óptica distorsionada muy presente en la historiografía que pretendía satisfacer los gustos de cronistas medievales, dramaturgos de la Inglaterra isabelina o potenciales imperialistas y que ha permanecido en gran parte hasta el día de hoy. Basándose, como buen conocedor de su campo, en las últimas investigaciones y descubrimientos arqueológicos –aunque ha sido duramente criticado en diversos medios por el apoyo a la teoría de los denominados «vikingos queer»–, el arqueólogo nos traslada en un épico recorrido desde la caída del imperio romano a manos bárbaras hasta el siglo XII, rastreando los oscuros orígenes, aún colmados de claroscuros, de los guerreros de Odín, descubriéndonos su rica cultura y compleja cosmología –que influyó desde a los nazis más iluminados hasta las últimas y más colosales producciones de Hollywood marca Marvel–, explicando, con rigor, qué demonios –nunca mejor dicho– les impulsó a realizar saqueos por media Europa desde que asolaron en un primer momento las costas inglesas. Un pueblo salvaje a la vez que instruido en numerosos campos, contradictorio y multifacético.

Una historia monumental, y como bien reza el título, probablemente definitiva –al menos de nuestro tiempo, pues siempre se realizan nuevos descubrimientos– sobre los guerreros de Odín. Imprescindible.

Por su parte, la Editorial Actas ha publicado recientemente un soberbio volumen en cartoné con sobrecubierta de casi 400 páginas: Vikingos. Historia de un pueblo guerrero. Está firmado por la joven investigadora María de la Paloma Chacón Domínguez, egresada en Historia por la Universidad Complutense de Madrid y especializada en Historia militar. Un ensayo en el que, con buen pulso narrativo y lenguaje sencillo la autora nos muestra quiénes eran, de dónde venían y cuáles eran las creencias y costumbres de este pueblo guerrero con orígenes nórdicos que pondrían en jaque durante tres siglos –a partir del año 793, que realizan su primera gran incursión, en la isla inglesa de Lindisfarne– a campesinos, clérigos y reyes de gran parte del Viejo Continente y del Próximo Oriente. Pueblos (o más bien pueblos, en plural) lleno de claroscuros, salvajes guerreros cuasi demoníacos para unos, fueron sin duda también grandes navegantes (y descubridores), fructíferos granjeros y hábiles artesanos; colonos natos que expandieron las fronteras del mundo conocido más allá del Atlántico varios siglos antes de que lo hiciese Cristóbal Colón, de lo que dan cumplido testimonio yacimientos vikingos como L’Anse aux Meadows, en Canadá. Un viaje trepidante –y voluminoso– al corazón del pueblo guerrero. He aquí la forma de adquirirlo:

Y si lo que queremos es una visión menos ortodoxa, cargada de anécdotas y «sorpresas» sobre el pueblo guerrero nórdico, lo mejor es sumergirnos en las páginas de otra novedad de la Editorial Almuzara, un nuevo título de su exitosa colección «Eso no estaba en mi libro…», en este caso de los vikingos, claro. Firmado por Irene García Losquiño, Doctora en Estudios Escandinavos por la Universidad de Aberdeen y máster en Estudios Medievales y que, por tanto, sabe bien lo que cuenta, y lo cuenta fenomenal, con rigor, gracia y espíritu divulgativo.

No se olvida tampoco, algo bastante usual en la historiografía escrita por el «patriarcado», de las mujeres vikingas, y nos cuenta la epopeya de Helga –u Olga– de Kiev, y su apasionante conversión al cristianismo ortodoxo, siendo la primera persona del pueblo rus en ser proclamada santa. No se olvida Losquiño de mujeres guerreras que hicieron historia aun a la sombra de los rudos varones escandinavos, vikingas a medio camino entre la realidad y la ficción –que sí tienen protagonismo en sagas nórdicas medievales– y que la televisión ha hecho célebres a través del personaje de Lagertha de la serie Vikingos. No faltan los dioses y los demonios, los monstruos y los Berserker, de los que pronto hablaremos en «Dentro del Pandemónium»… Un completo repaso, lleno de guiños cinematográficos y culturales, por los pueblos del Norte. La web de la editorial:


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