Hoteles en los que se hospeda el mal (I)

No es precisamente un buen año para el sector hotelero y turístico por culpa de la dichosa pandemia del Covid-19, el peor y más letal inquilino de los últimos 100 años; más bien está siendo nefasto, para olvidar, como en muchos otros sectores, pero seguro que cuando esto se recupere, y lo hará –no me atrevo a vaticinar cuándo, eso sí–, volvemos a viajar a los lugares más sorprendentes… e inquietantes. Si somos de experiencias fuertes, quizá nos atrevamos a alojarnos y pernoctar en alguno de estos establecimientos, aunque dudo que lo recomiende la mayoría de cardiólogos e incluso psiquiatras. NO APTO PARA APRENSIVOS.

Óscar Herradón ©

Afirman aquellos que están hechos de la pasta de la incredulidad más obcecada que son meras leyendas, situaciones fruto de la sugestión o del miedo llevado al límite, cuando no del interés de unos cuantos con el único afán de lucrarse; incluso, en estos tiempos en los que la Red es un apéndice más de nuestro cuerpo, que se trataría solo de otras más entre tantas fake news que circulan sin control ni freno, confundiéndonos sobre los que es real y lo que viene siendo trola pura y dura.

Muchas de esas historias nacen así. Pero parece haber algo más… en ocasiones mucho más. O al menos eso aseguran, con semblante muy serio, quienes se han topado cara a cara con lo insólito, con el terror en su estado más puro y no han podido volver a dormir tranquilos. Y la gran mayoría no tiene motivos para mentir.

Porque aquello que parece intangible, que desafía nuestra preclara razón en la que no tiene cabida lo que se sale del guión de lo comúnmente aceptado, se presenta cuando le viene en gana, y son numerosos los testimonios de su presencia, reiterativa o casual. Un buen número de ellos han sido recogidos en esos lugares de paso en los que recalamos alguna vez –o muchas– en nuestra vida: hoteles, moteles, paradores… Sitios de tránsito o descanso en los que la presencia del mal, o lo extraño, sea lo que sea, se hace patente, obligando en ocasiones a cerrar a los propietarios –o a silenciar el asunto– y, en otras, paradójicamente, provocando que aumenten sus reservas al reclamo de «quedan habitaciones vacantes». Hoy el miedo está de moda, aunque no es para todos los públicos. Tras entrar en la recepción y llamar al conserje, comienza nuestro particular viaje a las sombras.

Hotel Cecil. Los Ángeles (EEUU)

640 S. Main Street. Los Ángeles. Con forma de enorme torre en la que tienen cabida 600 habitaciones, el Hotel Cecil fue construido en el corazón de la soleada capital de la costa oeste en 1927, un tiempo de grandes estrellas, gánsteres y crímenes sin resolver. Aunque fue erigido como un lugar acogedor, con los años fue decayendo su fama, tornándose en lúgubre y decadente y se convirtió en lugar de paso de gente anónima, alguna muy peligrosa. Aquel que tenía dinero no se alojaba en el Cecil…

Su historia siniestra, que abarca varias décadas, comienza poco después de su construcción: tras el crack de 1929 y la Gran Depresión, en sus dependencias comenzaron a suceder numerosos suicidios y crímenes, tantos, que hoy está considerado el hotel más maldito de toda la costa oeste. En él residió durante un tiempo la tristemente célebre Elizabeth Short, bautizada por la prensa como «La Dalia Negra», una joven aspirante a actriz cuyo cuerpo apareció desnudo y descuartizado en un descampado de Los Ángeles, el 15 de enero de 1947, brutal suceso que inspiraría a James Ellroy su novela homónima –ese, y la brutal muerte de su madre, que contaré en otro post–. Nunca se descubrió a su asesino.

En 1962, una inquilina de nombre Pauline Otton saltó desde una ventana de la novena planta del Cecil. En su brutal caída, acabó con la vida de un pensionista. Ese mismo año, contribuyendo a aumentar la fama de malditismo del inmueble, Julia Frances Moore, de 50 años, saltó desde la octava planta y su cuerpo impactó contra la barandilla del segundo piso. Sin embargo, la luctuosa historia del hotel no había hecho más que comenzar.

Apenas un par de años después, en 1964, una vendedora telefónica jubilada de nombre «Pigeon» Goldie Osgood, que llevaba tiempo residiendo en el Cecil, fue hallada muerta en su habitación: había sido violada, apuñalada y golpeada hasta la muerte. El crimen nunca fue resuelto.

Drogas, prostitución y serial-killers

La tétrica historia de este hotel inspiraría una de las últimas temporadas de la exitosa serie catódica American Horror Story. Como si de un imán para los dementes se tratara, el Cecil, ya en lo que era considerado un barrio marginal –Skid Row–, donde se traficaba con drogas y se utilizaban las habitaciones para la prostitución ilegal, dio cobijo a algunas de las mentes más retorcidas de la crónica negra de los últimos cuarenta años, lo que alentó su nefasta fama.

A mediados de los 80, se pudo ver en el hotel durante una buena temporada, antes de ser arrestado, a Richard Ramírez, alias Night Stalker (El Acosador Nocturno), uno de los más retorcidos serial-killers de América. Entonces las habitaciones eran muy baratas, rondando los 14 dólares la noche. Uno de los empleados nocturnos del Cecil, Raoul Rodríguez, recordaría más tarde cómo un hombre que estaba seguro era Ramírez se alojó allí durante los meses de julio y agosto de 1985, en una habitación de la planta 14.

De origen mexicano, Ramírez acabó con la vida de 14 personas en Los Ángeles entre 1984 y 1985. A principios de los 90 el Cecil dio cobijo a Jack Unterweger, un asesino en serie de origen australiano, de notables cualidades literarias, que acabó con la vida de 12 prostitutas de diferentes países utilizando su propio sostén para estrangularlas. Hubo otros crímenes menores y agresiones sangrientas en sus instalaciones, en 1988, en 1995, en 2010…

En un lugar con un historial así, no es raro que se hiciera presente la actividad «sobrenatural»; incluso, existen fotografías en Internet –no muy convincentes, todo sea dicho– en las que se pueden ver extrañas siluetas que han aparecido tras el revelado. Una larga lista de hechos anómalos y ruidos sin explicación; incluso, algunos huéspedes aseguran haber sufrido intentos de estrangulamiento mientras dormían… Se marcharon prestos del Cecil asegurando que los fantasmas del establecimiento intentaban asesinarlos.

El crimen más extraño

A pesar de su historial trágico, el caso más extraño y espeluznante en el interior del Cecil tuvo lugar en su interior hace apenas unos años, en 2013. Aquel año, la joven de 21 años de origen chino Elisa Lam, que sufría una depresión, decidió realizar un viaje para recorrer los EEUU de punta a punta. Uno de los lugares que más anhelaba conocer era Los Ángeles, y allí recaló, instalándose en el peor hotel, en la peor calle de la ciudad.

La tarde del 31 de enero Elisa estuvo en una librería cercana, Last Bookstore, donde compró algunos libros y discos. Regresó con sus compras al hotel, según declaró el personal que la vio entrar en el Cecil. Pero ese mismo día algo pasó: no volvió a dar señales de vida. Sus padres alertaron a las autoridades pero el paradero de la joven era desconocido.

Dos semanas después, cuando la policía revisó los vídeos de vigilancia, se quedaron estupefactos con unas imágenes que circularían por Youtube, poniendo los pelos de punta a medio mundo. En aquellos cortes se ve a Elisa, pocos días antes de su desaparición, actuando de una forma cuanto menos extraña en el interior de uno de los ascensores del Cecil: pulsaba los botones del elevador y salía y entraba varias veces a su interior, muy inquieta. Además, daba la sensación de que hablaba con alguien, aunque en las imágenes no se apreciaba figura alguna, lo que dio pie a hipótesis de todo tipo: que si había sufrido un brote psicótico, que hablaba con un asesino, un fantasma e incluso que el elevador se trataba de ¡una puerta dimensional! Sin palabras… Al poco rato, Elisa salía del ascensor, y nada más se supo.

En febrero, los inquilinos del hotel comenzaron a dar quejas en recepción sobre el color y el sabor del agua que manaba de los grifos y la ducha, y sobre el mal olor y sabor de la misma. No sospechaban entonces que beber aquel agua o ducharse con ella marcaría sus vidas para siempre… El personal de mantenimiento del hotel fue a revisar los tanques de la azotea y descubrieron un cuerpo en descomposición. Cuando las autoridades se llevaron el cadáver y le hicieron la autopsia, corroboraron que era el cuerpo de Elisa Lam y que llevaba 19 días sumergido en el depósito. A partir de entonces cogió fuerza la hipótesis del suicidio e incluso del asesinato, aunque ninguna de las dos se pudo corroborar. El cuerpo, a pesar del mal estado, no mostraba signos de violencia.

En cuanto al suicidio, según se hacía eco el diario La Vanguardia el 30 de enero de 2017,  los investigadores afirmaron que era casi imposible que la joven tuviera acceso a los depósitos del tejado. Los recepcionistas aseguraron por su parte que «el tanque no tenía fácil acceso y estaba cerrado con llave –una llave que, presuponemos, no tenía la víctima–. Además, la tapa pesa considerablemente», algo extraño para una chica que no debía pesar más de 50 kilos. Es más, los bomberos, agotados, tuvieron que optar por hacer un orificio en el tanque para sacar el cuerpo. Incluso, había un dispositivo de alarma que nunca se activó.

Cómo no, la hipótesis paranormal no tardó en copar las redes sociales: se habló de una entidad invisible y agresiva que estaría acosando a Elisa en el ascensor, lo que justificaría el hecho de que las puertas no se cerraran ni siquiera tras pulsar ésta el botón; dicha entidad habría sido la responsable de llevarla a la azotea… Demasiado poder, no obstante, para un ente descarnado.

Otra hipótesis es que pudo haber sido víctima de una posesión demoníaca que habría terminado en suicidio… Muchos relacionaban a Richard Ramírez con el satanismo, del que se jactaba de ser fiel seguidor, pero era imposible que éste tuviera algo que ver en el «crimen»: Ramírez permanecía en la cárcel, donde llevaba 23 años esperando la pena capital. Curiosamente, moría en prisión el mismo año del caso Lam, el 7 de junio de 2013, a los 53 años, tras pasar 23 en el corredor de la muerte. Más leña que arrojar al fuego de lo extraño.

Circularon ideas aún más peregrinas: que Lam formara parte de una retorcida conspiración del gobierno con ingredientes tan sugerentes como experimentos con humanos y secretos de Estado. Un año más tarde, sin pruebas evidentes y ante la falta de testimonios fehacientes, la policía estatal archivó el caso. Cinco años después, el caso de Elisa Lam es considerado el mayor misterio de la década en los EEUU.

Ballygally Castle Hotel (Irlanda del Norte)

Situado en la cima de la bahía de Ballygally, en la costa de Antrim, al noreste de Irlanda del Norte, a tan sólo 32 km al norte de Belfast, se erige un viejo e impresionante castillo con una truculenta historia detrás. El Ballygally Castle Hotel data de 1625, y fue construido al estilo de los castillos defensivos franceses por un escocés, James Shaw. La fortificación perteneció a la familia Shaw hasta 1799. Ya en el siglo XX, la compró el magnate de las alfombras Cyril Lord, quien amplió y renovó su estructura.

Hoy es un moderno alojamiento con 44 habitaciones y un restaurante dentro de las murallas con una sugerente carta. Pero al margen de ser un sitio acogedor, lo cierto es que, cual reclamo sobrenatural, existen una serie de placas que te guían hacia la conocida como «Habitación del Fantasma» (Ghost Room), aunque al parecer no es un simple recurso turístico. Cuentan que dicha estancia, situada en un torreón superior con espectaculares vistas al mar de Irlanda, perteneció a una famosa residente, Lady Isobel Shaw.

De acuerdo a los lugareños, el dueño del castillo, James Shaw, se casó con la desafortunada Lady Isobel que no pudo darle el varón que éste soñaba, sino una niña. Enfurecido, la encerró en la torre negándose a alimentarla y allí la muchacha enloqueció: durante semanas no paró de gritar y golpear la puerta hasta que su retorcido esposo la arrojó a la desdichada por la ventana. Aunque hay versiones diferentes: a saber, que el escocés contrató a unos esbirros que la arrojaron por las empinadas escaleras, causando su muerte; otros claman que Isobel mantenía una relación adulta con un marinero y cuando Shaw lo descubrió, la encerró.

Cyril Lord.

Desde entonces, se dice que su espíritu frecuenta la pequeña habitación, dejando la estancia impregnada de un característico olor a vainilla que todos, desde el dueño al último camarero, relacionan con Isobel. A veces se aparece –dicen– en esa parte del castillo a algunos visitantes, como desesperada: creen que está buscando a su hija. Lo más estremecedor es que algunos inquilinos afirman haberse despertado en medio de la noche y encontrar al “fantasma” en medio de la habitación para, a continuación, verlo desvanecerse.

Según se relata en el libro de Jeff Belanger The World’s Most Haunted Places, en 1998, una semana antes de la fiesta de Halloween, la reportera Kim Lenaghan grabó parte de un segmento de «divertidas situaciones de miedo» para el programa radiofónico de la BBC Good Morning Ulster en el interior del BallyGally. Eligió pasar la noche, claro, en la Ghost Room, tras pedirle consejo a una médium apodada “Sally” que la acompañó antes de pernoctar. Lenaghan le contaría a Belanger más tarde que en un momento determinado «Sally» pareció entrar en contacto con alguna entidad, aunque no estaba en trance, aunque sí muy concentrada. Luego, la temperatura de la habitación subió notablemente, «al menos diez grados». La médium comenzó a hablar con alguien invisible y se hizo presente un olor, un fuerte olor a vainilla, «pero no era exactamente vainilla; era un olor viejo, que recordaba ligeramente al moho; olía a vainilla rancia… Sé que suena ridículo, pero eso es lo que era», sentenciaría la periodista.

Siguiendo el trabajo de Belanger, «la médium explicaría más tarde que el espíritu era el de una mujer joven asustada que estaba buscando a su hija pequeña. Le dijo a Lenaghan que ‘la mantenían allí contra su voluntad, asegurando que había una mujer vieja que no la dejaría salir de la habitación’. Durante la conversación, la mujer corría continuamente hacia la ventana buscando a un hombre llamado Robert que estaba en el mar. El espíritu no entendía por qué Robert no volvió a buscarla».

Tras este episodio que comenzó a alarmar a la hasta entonces incrédula reportera, Lenaghan se despidió de «Sally», se hizo con una taza de café, un poco de brandy y una grabadora, subió las escaleras y se instaló en la pequeña habitación del torreón. Lenagham afirmó que alrededor de las tres de la madrugada la habitación comenzó a calentarse de nuevo: «Pensé: ¡es el café y el brandy! Y luego se puso aún más cálido y pensé, ‘no, algo no está bien’. Inmediatamente regresó el olor. Y era aún más fuerte que antes (…)».

Segundos después, salió escopetada de la habitación y se fue a otra lo más alejada posible. Al día siguiente, el personal la llevó de nuevo al ala «encantada» del castillo, donde varios inquilinos afirmaron haber escuchado llamar a la puerta por la noche, e incluso uno de ellos aseguró haber visto a una mujer que se desvaneció. Este mismo le mostró a la periodista, escrito en el polvo del espejo de la «habitación fantasma» el nombre de Kim. Si fue una puesta en escena de los administradores del BallyGally, fue desde luego de Oscar.

Ghost Room… ¡Buen descanso!

Otros inquilinos afirman que el castillo está encantado por uno o más niños. Algunos fueron despertados por unas pequeñas manos que tiraban de las sábanas y les empujaban. Cuando abrían los ojos no veían a nadie… pero sabían que no se trataba de un sueño o una pesadilla porque, ya erguidos, podían escuchar una risa infantil. Hoy es un hotel de 4 estrellas. Puedes reservarlo en Booking desde unos 150 euros la noche. Seguro que la experiencia merece la pena… O no.

Este post continuará (si nos deja el alma atormentada del malvado Ramírez…)

El Escorial: El Templo mágico de Felipe II

Felipe II fue el soberano occidental más poderoso de su tiempo, pero su figura se ha desdibujado en parte por los partidarios de la Leyenda Negra y también por los afectos a la «Leyenda Rosa». Hombre de su tiempo, tuvo una completa educación renacentista y a pesar de su defensa a ultranza de la Contrarreforma, mostró un profundo interés por las ciencias ocultas, la alquimia y el hermetismo. Con la idea de erigir su propio templo, «émulo del de Salomón», mandó erigir el monasterio de San Lorenzo de El Escorial cargado de un simbolismo en gran parte desconocido.

Óscar Herradón ©

Existen diversas evidencias que señalan cómo Felipe II concibió la idea de plasmar en su gigantesca obra escurialense una especie de Cielo en la Tierra, quizá influido no solo por las teorías lulistas –del místico mallorquín Ramon Llull–, la funcionalidad de los templos religiosos o el «hermetismo cristiano», tan en boga por aquel entonces –lo que hacía que un rey católico pudiera interesarse por lo oculto sin caer en la herejía–, sino también por los textos de corte místico que fueron escritos por «visionarios» y hombres de fe de su época como Fray Luis de León, San Juan de la Cruz o su muy admirada Santa Teresa, por la que intercedió ante la Inquisición y cuyas obras el monarca parece que leía con asiduidad y devoción.

Pero además del carácter intimista y austero, como un gran espacio de religiosidad, que el monarca quiso impregnar al edificio donde pasó los últimos años de su vida, en él Felipe II plasmó también, insisto, un auténtico «Cosmos», su Universo o Cielo particular –al igual que hizo el emperador medieval Federico II en Castel del Monte–, emulando el más simbólico edificio religioso de la antigüedad: el Templo de Salomón, hecho que sin embargo ha pasado desapercibido –al menos para la gran mayoría– durante varios siglos. Aún hoy no es algo que te cuenten los guías oficiales del monasterio o las biografías al uso.

Múltiples referencias mágicas

Aunque desde prácticamente su misma construcción se viene haciendo referencia a la planta del edificio sacro en forma de «parrilla», probablemente en alusión al patrón del mismo, San Lorenzo, que según la tradición fue sometido a martirio en el objeto de tortura del mismo nombre, lo cierto es que, según investigadores como René Taylor –quien más datos ha aportado para una comprensión a fondo del sentido esotérico y hermético del monasterio– todos los análisis apuntan a que dicha hipótesis comúnmente aceptada es errónea, y a que el diseño y trazado son precisamente «una evocación del Templo de Salomón».

No es una casualidad que el llamado Patio de los Reyes, que sirve de acceso al recinto, sobre la fachada de la iglesia del monasterio, estén representadas las figuras de varios reyes del Antiguo Testamento, entre ellos David y su hijo Salomón, artífice del templo de Jerusalén. El mismo padre fray José de Sigüenza, primer cronista del recinto, en uno de sus textos, afirma: «…otro templo de Salomón, al que nuestro patrón y fundador quiso imitar en esta obra». Luego, aquellas palabras fueron casi olvidadas por la historiografía.

Teniendo en cuenta que desde la antigüedad el rey hebreo ha sido relacionado con la magia y que incluso en el Corán, en algunas Suras, se habla de la relación de éste con el mundo de los espíritus, mientras que en la Edad Media se atribuyeron a su autoría tratados mágicos cuyo título era Las clavículas de Salomón, recogiendo quizá parte de su sabiduría, no deja de ser harto curioso que el segundo Felipe escogiera precisamente su figura para que precediera la entrada a su templo «cristiano». No obstante, el soberano español ostentaba entre sus múltiples títulos el de Rey de Jerusalén, y como apuntan diversos estudios, él mismo se veía como un nuevo Salomón, por lo que no debe extrañarnos que quisiera emular a esta figura en la construcción de su templo particular.

Juan de Herrera, hombre de ciencia… y magia

Pero éstas no son las únicas evidencias que apoyan esta hipótesis; se sabe que el arquitecto Juan de Herrera, que se puso al frente de las obras del monasterio tras la muerte de su colega Juan Bautista de Toledo, poseía una colección de libros titulada precisamente Copia del Tratado que se hizo del Templo de Salomón en manuscrito, textos en los que seguro se basó el arquitecto para llevar a cabo las obras del monasterio.

Precisamente, Herrera dio la orden de que los trabajos de construcción del edificio se llevasen a cabo en silencio, puesto que la obra, en palabras del heterodoxo investigador Juan G. Atienza, «necesitaba paz y sosiego». El caso es que para que existiera ese relativo silencio de ciertas connotaciones mágicas, los sillares de piedra se tallaron y labraron directamente en la cantera –de este modo no se escucharía en los alrededores el constante golpeteo de los malletes y martillos–; curiosamente, al igual que ocurrió, según los textos bíblicos, durante la construcción del Templo de Salomón.

El Patio de los Reyes, coronado por David y Salomón

Aquello, como es de suponer, ralentizó el avance de las obras, que corrieron el riesgo de ser detenidas en más de una ocasión y que sangraron los ya de por sí limitados recursos del Tesoro Real, con la repercusión que todo ello tenía en la maltrecha economía castellan, que bajo el gobierno del «todopoderoso» Rey Prudente sufrió hasta tres bancarrotas.

Una planta llena de particularidades

Pero las similitudes entre la ambiciosa obra de Felipe II y el templo salomónico no terminan ahí; la misma distribución de los espacios puede hallarse en ambos templos. En el hebreo se encontraba la Casa de los sacerdotes (Domus Sacerdotum), la Casa del rey (Domus Regia) y la Casa del Señor (Domus Domini), mientras que en San Lorenzo se pueden diferenciar a su vez tres espacios: el palacio, el convento y la iglesia.

En la creación de la propia planta del edificio, analizada minuciosamente por René Taylor en su magnífico trabajo Arquitectura y magia. Consideraciones sobre la idea de El Escorial, editado en su día con mimo por Siruela, nos encontramos con una combinación perfecta de las figuras del círculo, el triángulo y el cuadrado, mediante las cuales, siguiendo la obra de Ramon Llull, era posible representar la estructura del Universo, estructura que puede apreciarse en los frescos que adornan los techos de la biblioteca del monasterio donde están representadas además las llamadas Artes Liberales; entre ellas, aparecen personificadas la Retórica, la Gramática, la Aritmética, la Geometría, la Astrología y la Didáctica, junto a la Teología y la Filosofía. Y se puede apreciar además, ingeniosamente disimulado, el famoso Sello de Salomón, una alusión más que evidente al rey hebreo y su templo.

En 1604, el jesuita Juan Bautista Villalpando, discípulo de Herrera, publicó De postrema Exechielis Prophetae Visione (La última visión del profeta Ezequiel), un texto financiado por el mismo Felipe II donde el autor, siguiendo las Sagradas Escrituras, ofrecía una imagen de cómo debió ser el mítico Templo de Salomón, siguiendo las corrientes renacentistas según las cuales el hombre era un reflejo del Cosmos, corrientes de pensamiento impulsadas por hombres como Leonardo da Vinci y su hombre vitruviano, Marsilio Ficino, Pico Della Mirandola o Enrico Cornelio Agrippa.

En próximos post, seguiré adentrándome en los secretos de este austero y magnificente edificio madrileño en el que siempre me siento muy, muy pequeño, aunque en completa paz. Y no, no es ninguna revelación mística…

Para un análisis en profundidad del aspecto esotérico y hermético del monasterio de San Lorenzo, consultar las siguientes obras:

–TAYLOR, René, Arquitectura y magia. Consideraciones sobre la idea de El Escorial, Ediciones Siruela, 1994.

–ATIENZA, Juan. G, La cara oculta de Felipe II. Alquimia y Magia en la España del Imperio, Ediciones Martínez Roca, 1998.

–CUESTA MILLÁN, Juan Ignacio, La boca del infierno. Claves ocultas de El Escorial, Aguilar, 2006.

EL LIBRO DEL MES PARA SABER MÁS:

–La editorial La Esfera de los Libros nos trae una monumental monografía sobre el Rey Prudente recién salida de imprenta: Felipe II. El hombre, el rey, el mito, del catedrático de Historia Moderna de la UCM Enrique Martínez Ruiz. El autor aborda en esta extraordinaria biografía, ricamente ilustrada, las tres principales facetas vitales de Felipe II. La primera, la del hombre que ha de formarse con vistas a las responsabilidades que le esperaban como cabeza de un gran imperio que se asentaría en las cuatro partes del mundo entonces conocidas. La segunda, la del rey que debe ejercer un gobierno permanente sobre todos los territorios en multitud de ámbitos. Y la tercera, la derivada de las dos anteriores, y que eleva su figura a la categoría de mito.

Esta obra, destinada a convertirse en una de las principales referencias historiográficas, no solo se centra en la vida y obra del monarca, sino tambien en su tiempo, su corte, las artes y las letras, la guerra y la paz, la diplomacia y la vida cotidiana del Siglo de Oro español. Podéis adquirirlo aquí:

http://www.esferalibros.com/libro/felipe-ii/

Sor Patrocinio. La consejera iluminada de Isabel II (2)

Fue un personaje anacrónico en una España, la del siglo XIX, abierta a convulsos cambios. Consejera espiritual de Isabel II y su marido Francisco de Asís, provocaría un auténtico vendaval político cuando afirmó padecer en su cuerpo los estigmas de Cristo. Aquel y otros hechos «prodigiosos» desembocaron en un proceso judicial que hizo historia y que fue impulsado por el político Salustiano Olózaga, receloso con esta singular religiosa cuya figura está rodeada, todavía hoy, de claroscuros.

Óscar Herradón ©

Sor Patrocinio –según afirmaría en varias ocasiones, muy a su pesar– se haría célebre por sus estigmas, esto es, por mostrar en su cuerpo las llagas que padeció Jesús durante la Pasión. La primera llaga se le abrió en julio de 1829, aunque al parecer la priora no lo advertiría hasta bien entrado el año 1830, cuando Sor Patrocinio tenía dieciocho años. La religiosa padecerá nada menos que las cinco llagas del «Salvador», algo inaudito incluso para el santoral de la Iglesia.

El 10 de octubre de 1830 nacía la que sería la reina más castiza de nuestra historia, Isabel II, en un tiempo convulso para las Órdenes eclesiásticas y con un enfermo Fernando VII que debido a la aprobación de la Pragmática Sanción –que convertía a su hija en heredera directa al trono– sería el responsable de una terrible guerra civil que asolará España, una España no recuperada aún de las terribles secuelas de la Guerra de la Independencia.

«La muerte de Fernando VII». F. de Madrazo (1833)

La reina niña será afín toda su vida a la Monja de las Llagas, y ésta llegará incluso a ser consejera no solo espiritual, sino en ocasiones también política, de la soberana, cuya imagen con las manos cubiertas con paños para ocultar sus heridas se haría célebre en toda España.

Mientras la religiosa vivía supuestas experiencias místicas y su cuerpo mostraba estigmas sangrantes –hasta el punto de que algunas de sus hermanas afirmaban que en el suelo quedaban charcos de sangre–, el vengativo Olózaga, ahora ocupando el cargo de gobernador civil de Madrid, decidió presionar al Congreso para que se abriera una causa contra Sor Patrocinio, su antiguo amor no correspondido.

El 7 de noviembre de 1835, poco después del mediodía, llegaba a las puertas del convento del Caballero de Gracia un piquete de la Guardia Nacional, y algo más tarde el juez, el secretario, una escolta y muchos curiosos que se arremolinaron en los alrededores del edificio sacro. El día 9, tras el rezo y después de una dura pugna con la abadesa y el prior, que no querían dejar escapar a su religiosa favorita, «la sacaron entre bayonetas», trasladándola no a prisión, sino a una casa que supliría dicha función, en la calle de la Almudena, 119, regentada por doña Manuela Peirote, y donde la visitará el receloso enamorado instándola a que deje, una vez más, la clausura. Ella no cederá. LLa acusada permanecerá cuatro meses en dicho domicilio, entre inacabables rezos y numerosas presiones de los políticos, cuando tendrá lugar el proceso en el que será juzgada por falsificar sus llagas y ser favorecedora de la causa carlista –una acertada estrategia de sus detractores para mancillar su hasta el momento buen nombre–.

El proceso judicial comenzó el 6 de noviembre de 1835, en el que, entre otras cosas, un grupo de facultativos médicos, entre ellos el célebre doctor Diego de Argumosa, debía examinar con minuciosidad las llagas de supuesto origen sobrenatural que nuestra protagonista por aquel entonces mostraba en las manos, los pies, el costado izquierdo –herida abierta que supuestamente reproducía la que el centurión romano Longinos asestó a Jesús en el Gólgota con la famosa “Lanza del Destino”- y en la cabeza, diversas incisiones en forma de corona de espinas. El 21 de febrero, en presencia de varias autoridades, entre ellas el principal impulsor de la causa, Olózaga, los médicos citados certificaron la completa cicatrización de los “estigmas” que desde ese momento y hasta la muerte de la sospechosa serían simplemente mitones –que en ocasiones, no obstante, según el testimonio de varias religiosas, volvieron a sangrar-.

Un proceso judicial atípico

Sin duda el proceso abierto contra Sor Patrocinio fue tan insólito como célebre en toda Europa en aquellos tiempos –lejos quedaban ya los procesos por temas similares en los que el demonio, los estigmas, los vaticinios y los vuelos misteriosos se daban la mano en los tribunales del Santo Oficio–.

Como ya señalé, varios facultativos examinaron las «llagas» de la procesada y siguieron su evolución hasta que fueron curadas. En su declaración, del 7 de febrero de 1837, viéndose acorralada por las evidencias de las pruebas, Sor Patrocinio confesó que un buen día, en los tiempos en los que se encontraba en el convento de Caballero de Gracia, un tal padre Alcaraz, religioso capuchino del Prado, sermoneó a la joven novicia, y viendo en ella una mujer de gran devoción le dijo que «San Pablo en sus cartas exhortaba mucho la penitencia, y en seguida sacó de la capilla una bolsita, en que dijo conservaba una reliquia que aplicada a cualquier parte del cuerpo causaba una llaga, que debía tenerse abierta para seguir padeciendo y teniendo tal mortificación, ofreciendo a Dios los dolores como penitencia de las culpas cometidas y que pudiera cometer, y alcanzaría el perdón de ella».

Y continúan las actas del proceso: «sobre esto la hizo un terrible encargo, mandándola aplicase a las palmas de las manos y al dorso de ellas, a las plantas y parte superior de los pies, en el costado izquierdo, y alrededor de la cabeza en forma de corona, encargándola muy estrechamente bajo de obediencia y las más terribles penas en el otro mundo, que no manifestase a nadie de qué la habían provenido, y que si la preguntaban debería decir que sobrenaturalmente se había hallado en ellas».

Dicho religioso, además, instó a Sor Patrocinio a que mantuviese aquello en secreto, «sin que se lo manifestase ni a la abadesa, ni a su confesor, ni a persona alguna (…)». Al parecer, nada sobrenatural rodeó a los estigmas de Sor Patrocinio, que debido a su ciega fe se dejó embaucar por otros religiosos que pretendían sacar provecho de aquellas «milagrosas» llagas. La sentencia fue dictada el 25 de noviembre de 1836, y se condenaba a la religiosa a ser trasladada a otro convento «que se halle al menos a distancia de 40 leguas de esta corte», encargándose a la abadesa del mismo que la vigilase concienzudamente. Finalizaba así uno de los procesos judiciales más extraños de la España decimonónica.

El proceso fue tristemente célebre, dio mucho que hablar en la Villa y Corte y fue el motivo del primer destierro de Sor Patrocinio, que se vería obligada a lo largo de su vida a abandonar en varias ocasiones, y muy a su pesar, la clausura, para, petate en mano, marchar a un destino en ocasiones incierto. La religiosa fue enviada el 26 de abril de 1837 –tras residir hasta entonces en un convento de Arrepentidas de la madrileña calle de Hortaleza– a Talavera de la Reina, a cumplir su pena de destierro, concretamente al convento de Concepcionistas calzadas de la Madre de Dios.

El primer exilio y la Corte

En dicho convento cayó enferma y se solicitó al Gobierno su traslado a otro más cálido y acogedor; gracias a la intercesión de la reina gobernadora, se permitió a Patrocinio trasladarse hasta Torrelaguna, donde permanecería durante cinco años.

Regresará entonces a Madrid, ya con Isabel II como reina de pleno derecho; la reina niña comenzaba a ser comidilla en los mentideros de la capital y daría mucho que hablar durante décadas a los amantes de las historias de folletín.

Isabel II, la Niña «Bonita»

De nuevo en Madrid, Sor Patrocinio, con cuarenta y tres años, vuelve a su comunidad, que ahora está alojada en el Convento de La Latina, ya que el edificio del Caballero de Gracia se cerró con el proceso. Por aquel tiempo moriría su madre y tendría lugar el primer encuentro entre la religiosa e Isabel II, que visitó el edificio sacro junto a su madre y su hermana María Luisa Fernanda. Hasta el 29 de octubre de 1845 Patrocinio permanecería allí, hasta que se traslada al de Jesús Nazareno, cedido por el duque de Medinaceli, donde sería nombrada maestra de novicias.

Isabel y Francisco

Tiempos relativamente tranquilos hasta que tiene lugar el precipitado matrimonio de la reina niña con su primo Francisco de Asís. Se cree que la monja fue quien convenció a Isabel II de que le tomara en matrimonio, algo a lo que Isabel era reticente debido a los rumores de la supuesta homosexualidad de Asís, comidilla de los círculos cortesanos. Después, Sor Patrocinio se convertiría en un personaje asiduo a la soberana y a su esposo, lo que le costaría nuevas críticas y ataques. Junto al padre Claret, confesor de la reina, la religiosa se encargaría de velar por la salud espiritual de aquella llamada a regir los destinos, a menudo tristes, de los españoles. Y falta hacía. Porque vendrían tiempos difíciles…

En 1849, Sor Patrocinio sufrió un atentado con arma de fuego del que saldría ilesa. Años después un segundo encapuchado intentaría de nuevo matarla, sin conseguirlo. Ese mismo año, el 21 de octubre, hubo un cambio ministerial y Ramón María Narváez, jefe de Gobierno, culpó a la monja de ello, quien pagaría sus supuestos tejemanejes con un nuevo destierro, esta vez a Badajoz, aunque poco después reconsideraría su decisión y le permitiría el regreso a la capital. Un continuo ir y venir, alternado con el claustro y la Corte, sería su vida.

Narváez

El día 2 de febrero de 1852, la princesa de Asturias iba a ser presentada a Nuestra Señora de Atocha, cuando tuvo lugar el intento de regicidio del cura Martín Merino sobre Isabel II que asesta una puñalada a la soberana que milagrosamente, gracias a las ballenas de su corsé, sale levemente herida de la que habría sido una incisión mortal. En aquellos tiempos de habladurías y bajezas políticas de todo tipo, algunos quisieron ver la responsabilidad de Sor Patrocinio en el atentado, una auténtica falacia de la que años después de la muerte de la monja hablaría la propia reina española, al igual que de otros asuntos relacionados con la que había sido su consejera espiritual junto al padre Claret. También ella había sido objeto de las iras de los terroristas, pero eso nadie quiso recordarlo entonces.

Algunos no perdonaban a la monja el hecho de que en los tiempos de la reina gobernadora y de la minoría de edad de Isabel II, Sor Patrocinio predijera el triunfo del ejército carlista el día en que el pretendiente al trono español nombró a la Virgen de los dolores generalísima de las huestes rebeldes, virgen que sería bordada en el estandarte de los sublevados, y que sería causa del llamado «Debate memorable», cuando en 1862 el viejo y rencoroso Olózaga incluyó el nombre de su antigua amada en los graves folios del Diario de Sesiones, donde se debatiría, una vez más, el papel de Sor Patrocinio en la vida política del país. Continuaban sin dejarla tranquila en su labor devocional.

Nuevos exilios y penalidades

Nuevos destierros forzosos; debido a su influencia en la corte y a su fama cada vez mayor de visionaria, Sor Patrocinio sería llevada primero a Baeza y después a Benavente, al convento del Sancti Spiritus, perteneciente a la Orden de las dominicas calzadas y donde sería enclaustrada una vez más por orden del Gobierno, ingresando el 19 de septiembre de 1855.

Convento del Santi Spiritu

Desde allí mantendría una fluida correspondencia con palacio, con Isabel II y Francisco de Asís e incluso la princesa de Asturias, a los que seguía asesorando desde su exilio en diferentes asuntos, al parecer, algunos de ellos incluso políticos, al igual que hiciera la venerable madre Sor María de Ágreda, la «Dama Azul» –a quien Sor Patrocinio veneraba y llegaría a afirmar que se le había aparecido en una ocasión–, consejera espiritual del rey Felipe IV. Sor Patrocinio no se sentía a gusto con dicha comunidad, a la que, según sus cartas, consideraba extraña, y con cuyos miembros ni siquiera comía.

En sus misivas solicitaba insistentemente que la trasladaran, debido al clima frío y húmedo del lugar y a que su salud se resentía constantemente, padeciendo extraños vómitos de sangre en los que algunos quisieron ver también la huella divina. Las quejas constantes de la monja aludiendo a su precaria salud hicieron que fuera trasladada al convento de Torrelaguna, más cerca de la Corte y en compañía de sus hermanas, aunque los rigores de este desangelado convento no le iban a la zaga al de los anteriores, un edificio sin muebles, casi en ruinas, al que Sor Patrocinio llamaba «su Portalico de Belén» y que sostenía gracias a donaciones particulares; un buen día Narváez, entonces jefe de Gobierno y responsable de su destierro, quien pensaba que quizá la encontraría rodeada de lujos y comodidades, se presentó de improviso en el mismo y comprobó, conmovido, la lamentable situación de la religiosa, que pasaba un frío terrible en invierno, lo que provocó que el político informase a la reina sobre la conveniencia de trasladarla a un lugar más decoroso, en este caso a Aranjuez.

Isabel II se preocuparía entonces de que su consejera espiritual fundase conventos en los reales sitios de La Granja, el Escorial, El Pardo y Lozoya y reformase conventos como el de Manzanares, en Ciudad Real. La energía vital de la protagonista de este post era sorprendente.

El cambio de régimen, la enfermedad y la muerte

En 1868 triunfó la revolución que envió al exilio a Isabel II, episodio que al parecer había vaticinado años atrás la propia Sor Patrocinio, incluida la llegada al trono –también bastante compleja– de su hijo Alfonso XII tiempo después. En tales circunstancias, el cardenal Cirilia la envió a Francia para ponerla a salvo de los revolucionarios, entre los que tenía mala fama, donde continuaría su labor fundadora a la espera de regresar a España, escribiendo la regla de una nueva Orden que sería aprobada por el obispo de París. En 1870 se desencadenó la guerra franco prusiana que pondría en dificultades a la comunidad de religiosas españolas, que habrían de trasladarse a diferentes conventos. Todo eran sobresaltos.

Nuevas idas y venidas. En 1874, con la Restauración y la llegada al trono de Alfonso XII, se permitiría el regreso de la madre Patrocinio a nuestro país donde, a pesar de su edad, continuaría incansable su labor fundadora.

Alfonso XII

Este singular personaje estuvo en el punto de mira de los más importantes políticos del siglo XIX, Olózaga, Narváez, los propios reyes; a pesar de su deseo de querer pasar desapercibida, fue víctima de todo tipo de difamaciones, escarnios y como hemos visto, constantes destierros, hasta el punto de que llegaría a decir: “¡Pobre de mí, sin meterme en nada, cómo me traen y me llevan cada uno para sus fines particulares…!”. Para otros, sin embargo, Sor Patrocinio nunca fue tan inocente.

Sea como fuere, tan singular religiosa dejó este mundo en 1891, en el convento del Carmen de Guadalajara, tras una dilatada existencia llena de luces y sombras y después de un tiempo muy enferma de disnea. No obstante, hasta el último año de su vida proyectó fundar una comunidad en San Clemente de la Mancha. Poco antes de fallecer recibió un telegrama de León XIII –que sustituyó en el trono pontificio a su amigo Pío Pío IX–, donde el Santo Padre le daba la bendición. Según uno de sus mejores biógrafos, Benjamín Jarnés, besó el papel varias veces. La monja ya estaba más cerca de alcanzar el cielo.

En 1907 comenzó su proceso de beatificación, en el que se consultó incluso a la propia Isabel II, una larga batalla por elevarla a los altares que aún no ha concluido. Actualmente, está considerada «sierva de Dios» y la Congregación para las Causas de los Santos mantiene su proceso abierto en busca de los milagros que atestigüen su carácter «divino».

PARA SABER UN POCO MÁS:

–JARNÉS. Benjamín: Sor Patrocinio, la Monja de las Llagas, Austral, 1971.

–VOLTES, Pedro: Sor Patrocinio, la Monja Prodigiosa, Planeta, 1994.

–Hace un par de años la editorial Almuzara publicaba Isabel II. Historia de una gran reina, una completa biografía de la tantas veces vapuleada –en ocasiones injustamente– reina por antonomasia del XIX español. El autor, Eduardo Rodríguez López, realiza un estudio didáctico, exhaustivo a la vez que ameno y de fácil lectura sobre la vida de la soberana, detallando los avatares políticos del reinado de «la de los Tristes Destinos» y el contexto en el que se tomaron las decisiones y su porqué, huyendo de conclusiones simplistas.

Podéis adquirir el libro aquí: