Weekly (Norma Editorial)

En sus aventuras el felino John Blacksad va acompañado del reportero Weekly (con forma de garduña), un periodista de raza y sinvergüenza de espíritu que será clave en las diversas aventuras –o desventuras más bien– del gato detective. Ahora, Norma Editorial lanza el spin-off dedicado al personaje.

Óscar Herradón ©

Acompaña al protagonista de Blacksad desde la segunda parte de la exitosa serie noir, Arctic Nation, publicada en 2003, saga muy presente en el Pandemónium por ser de lo mejor que uno puede encontrarse en la novela gráfica patria y europea. Pues bien. Ahora que se cumplen 25 años del comienzo de los desvelos del gato detective, ha llegado el momento de conocer el pasado de este entrañable personaje de la serie de la mano del guionista Juan Díaz Canales y el dibujante italiano Giovanni Rigano, que no le va a la zaga al dibujante original, el genial Juanjo Guarnido. Y eso es mucho decir. Titulada precisamente Weekly (Blacksad Stories), acaba de lanzarlo Norma Editorial, tan presente siempre en nuestro blog por su catálogo fascinante de novedades y por ser precisamente la que apostó desde el principio por Blacksad.

En este spin-off que mantiene la esencia de la serie original, con algo más, quizá, de humor, conoceremos los orígenes de la garduña reporteril. Ambientada en los años 50 del pasado siglo, época que tan bien conoce y en la que se desenvuelve Canales, nos desvela la historia de Dustin, un adolescente holgazán de higiene justita que se verá forzado a ganarse la vida en las multiculturales y peligrosas calles de Nueva York. Vive con su abuela, una mujer entrañable pero de armas tomar y muy devota que odia la afición de su nieto por las historias gráficas de terror y crímenes (llenas de sangre, seres demoníacos, violencia y lujuria), y que considera fruto de la retorcida mente del diablo, al igual que la liga censora para el control de la moral, que no es sino el reflejo de organizaciones existentes en aquellos tiempos, y es que Canales se distingue por su minucioso proceso de documentación histórica para sus relatos de ficción.

La censura de la moral

Hubo una campaña contra los tebeos de crímenes y terror juvenil en los años 50, coincidiendo con la tristemente célebre Caza de Brujas del senador Joseph McCarthy y la HUAC (siglas en inglés del Comité De Actividades Antiestadounidenses) que acabó con la brillante carrera de actores, guionistas y directores de Hollywood como Dalton Trumbo, John Garfield o Edward Dmytryk, entre muchos otros. Pues bien, finalmente se creó, a instancias del psiquiatra germano-estadounidense Fredric Wertham (autor del bestseller La seducción de los inocentes, publicado en 1954), una investigación del Congreso y un mecanismo de autocensura llamado Comics Code Authority (CCA), que echaba la culpa a los cómics del aumento de la delincuencia juvenil y otros problemas de la sociedad, lo que interrumpió la difusión de determinados comic-books o novelas gráficas durante casi tres décadas. Ahí es nada.

Dustin pasará por los más pintorescos trabajos (desde fotógrafo de la policía a soplón para la prensa –algo que le facilita su puesto en comisaría, aunque no tardará en ser descubierto–, e incluso limpiando en una lúgubre funeraria donde no todo es lo que parece) hasta descubrir su verdadera vocación, la de periodista y reportero, aunque no le será ni mucho menos fácil ejercerla; y, curioso como es (por no llamarlo fisgón), pronto se verá envuelto en una trama apasionante, digna continuación de las aventuras noir de Blacksad, donde estará a punto, incluso, de perder la vida en varias ocasiones.  Al final, su empleo como reportero le llevará a adoptar el nombre, ya legendario, de Weekly. Una obra soberbia que ningún amante de la bande dessinée y especialmente de la magna serie Blacksad debería perderse.

Blake y Mortimer. Integrales

Norma Editorial publica las ediciones integrales de una de las cumbres de la historieta, Blake y Mortimer, fruto de la fértil imaginación del historietista británico Edgar P. Jacobs (1904-1987).

Óscar Herradón ©

Edgar P. Jacobs

Edgar P. Jacobs, como si hubiese nacido de sus propias viñetas, fue un personaje multifacético. Apasionado de la ópera, recibió formación como cantante lírico e hizo sus pinitos en su juventud en dichas lides encima de un escenario. Nacido casi con el siglo, en 1904, fue amigo (y en ocasiones antagonista) de Hergé, el inmortal creador de Tintín, quien no veía con muy buenos ojos el mundo de la farándula en el que se movía Jacobs; de hecho, una anécdota (quizá apócrifa) cuenta que el protagonista de este post inspiró a Hergé el personaje de Bianca Castafiore, diva de divas y estereotipo operístico por antonomasia. Quién sabe. Sí es seguro, no obstante, según recoge el guionista Antonio Altarriba en el magnífico prólogo al primer tomo de la edición integral de Blake y Mortimer que enseguida analizaremos, que el personaje de Jacobini, el cantante de ópera que aparece en El asunto Tornasol dentro de Las Aventuras de Tintín «es homenaje y también guiño de Hergé al que fuera su gran amigo, más allá de sus estrechas pero puntuales colaboraciones».

Portada de la revista Tintín en 1949.

Y es que las aventuras de estos inolvidables personajes tendrían su primera aparición precisamente en la revista Tintín, el 5 de septiembre de 1946. Pero vayamos un poco más atrás: en 1940 Jacobs hubo de dejar de lado su pasión vocal debido a que los alemanes ocuparon Bélgica. Sin embargo, como reza la máxima, no hay mal que por bien no venga, y en el caso de nuestro autor aquella ocupación nazi provocó que se cortara el flujo comercial con los Estados Unidos, enemigos de la Alemania nazi (que, sin embargo, no entrarían oficialmente en guerra hasta el 8 de diciembre de 1941, tras el bombardeo japonés de Pearl Harbor) y las series de cómics proveniente de América, como señala Altarriba, dejaron de llegar a las publicaciones europeas, afectándolas seriamente, como la revista belga Bravo!, cuyas historietas tuvieron que ser o bien interrumpidas o bien asumidas por autores europeos.

Fue el caso del Flash Gordon de Alex Raymond, el célebre space opera que permitiría a Jacobs, de entonces treinta y seis años, demostrar sus dotes como dibujante, creando también para Bravo!, en 1943, El Rayo «U», una serie claramente influenciada por el personaje de Raymond (surgido para competir con las historietas de Buck Rogers, al que pronto superó en éxito y durabilidad), y al que también podemos acercarnos en castellano gracias a Norma Editorial. Será un año después, en 1944, tras la liberación de Bélgica de las tropas nazis, cuando Jacobs conocerá al también belga George Prosper Remi, mundialmente conocido por su pseudónimo, Hergé (al que se ha acusado de ser germanófilo e incluso colaboracionista en plena Segunda Guerra Mundial, asunto delicado que ocupará otro post del Pandemónium).

Hergé contrató a Jacobs como colorista para remodelar y colorear los primeros álbumes de Tintín, y el segundo colaboró también en el dibujo de decorados de las nuevas aventuras del perspicaz periodista de flequillo rubio que empezarán a aparecer en la revista homónima Tintín a partir de su primer número, en septiembre de 1946, precisamente coincidiendo con el nacimiento de sus legendarios Blake y Mortimer. Según Altarriba, Jacobs combinará con maestría el realismo matizado de Raymond y la depuración lineal de Hergé, construyendo un estilo propio, «indiscutiblemente marca Jacobs». Precisamente en el número 1 de la citada revista comenzará la primera de las historias de la serie, El Secreto del Espadón, que el primero volumen integral de las aventuras de Blake y Mortimer recoge al completo junto con El misterio de la Gran Pirámide.

Una dupla inmortal

Blake.

La vibrante serie, una de las cimas del cómic francobelga, sigue las aventuras de dos jóvenes solteros que, al igual que los personajes de Sherlock Holmes y Watson, creados por sir Arthur Conan Doyle, comparten residencia; dos orgullosos británicos que sirven al gobierno de Su Majestad. El capitán Francis Percy Blake es galés y oficial de Su Majestad. Antiguo piloto de la Royal Air Force (RAF), la fuerza aérea que tendría un papel fundamental en la aún reciente Batalla de Inglaterra, llegaría a ser director del servicio secreto británico, el MI5, con un papel capital también en la Segunda Guerra Mundial cuyas devastadoras consecuencias aún se apreciaban en la sociedad en las que se creó la serie. Arquetipo de la compostura británica, el rubio Blake parece frío y distante pero es también combativo y persistente, aunque reflexivo y cauto. Como buen espía, es igualmente ducho en el arte del disfraz para pasar desapercibido.

Mortimer.

Por su parte, el profesor Philip Angus Mortimer, de origen escocés y formado en la India (en tiempos aún del colonialismo), es físico nuclear y uno de los científicos más prominentes del Reino Unido, además de arqueólogo aficionado, como podemos comprobar en El Secreto de la Gran Pirámide, respondiendo al arquetipo de intelectual británico. Es jovial, inquieto, imaginativo y bromista; y es también impulsivo, lo que le hace a veces temerario, metiéndose en los problemas más pintorescos de la serie.

Olrik, el villano.

Su principal antagonista es el coronel Olrik, que aparece por primera vez en el título que inaugura la serie, El Secreto del Espadón, como jefe de inteligencia del dictador oriental Basam Damdu, emperador del Tíbet, tras el estallido de la Tercera Guerra Mundial, argumento nada extraño si tenemos en cuenta que Jacobs ideó la historia cuando aún no había finalizado la Segunda Guerra Mundial y la estrenó poco después de su fin, al comienzo de la Guerra Fría, un tiempo de incertidumbre ante la amenaza invasora de la URSS en el que el propio Churchill barajó la posibilidad de emprender una «tercera» guerra mundial contra Moscú en el marco de la ultrasecreta Operación Impensable ideada por los servicios secretos británicos. Salvándose in extremis de Blake y Mortimer en la primera aventura, Olrik aparecerá en otras historias de la serie, como El Misterio de la Gran Pirámide o La Marca Amarilla, que inicia el segundo tomo integral publicado por Norma, probablemente la historia más famosa y significativa de la dupla protagonista.

Un noir de aventuras… y ciencia

Como señala Álvaro Pons, codirector de la Cátedra de Estudios del Cómic de la Fundación SM y la Universidad de Valencia, en la documentada y sumamente interesante introducción a este segundo tomo (que se complementa con otro suculento texto del guionista y crítico de historieta Jorge García), en el relato «Jacobs unía con elegancia las claras reminiscencias del policíaco británico de Agatha Christie con los mecanismos bien conocidos del vodevil folletinesco de los franceses Allain y Souvestre, consiguiendo que lo que hasta la geografía había decidido dividir permanentemente por el Canal de la Mancha quedase perfectamente maridado en las páginas de la historieta. La estructura del relato usaba con eficacia el andamiaje de la bien conocida novela Y no quedó ninguno [también conocida como Diez Negritos, una de las obras más emblemáticas de Agatha Christie, publicada el 6 de noviembre de 1939, ya iniciada la Segunda Guerra Mundial, que estalló a comienzos de septiembre tras la invasión alemana de Polonia], pero sobre esos cimientos la historia nos recordaba las andanzas de la figura misteriosa del villano Fantômas».

Y la ciencia, también la ciencia: «Por si fuera poco, la narración se desarrolla introduciendo la ciencia con la pasión alegre y predictiva de Julio Verne, pero con la suspicacia y recelo de H. G. Wells, avanzando lo que sería una constante en la serie». Siguiendo al citado autor, Jacobs era perfeccionista hasta lo indecible (sus larguísimas explicaciones en bocadillos interminables que a veces ralentizan el ritmo del diálogo, pero que son marca indisoluble de la casa, lo evidencian): la rigurosidad de sus escenarios, de la geografía que muestra en sus obras… «pero también la ciencia que muestra constantemente en los lances de sus personajes: si algo caracteriza a las entregas que Jacobs firmó de la serie es su pasión por los descubrimientos científicos, que intenta justificar desde el conocimiento al que se accedía en la época».

Un caso paradigmático de todo esto es el relato S.O.S.: Meteoros, que aparece también en este segundo volumen integral junto a la citada La Marca Amarilla y El enigma de la Atlántida (los mitos y la magia también están muy presentes en sus relatos a pesar de la primacía de los avances científico-técnicos); en palabras de Pons, «en sus primeras páginas aparecen una serie de espeluznantes titulares que hablan de horribles acontecimientos climáticos. Olas de calor extremo, inundaciones o violentas tormentas sacuden el planeta, según reza la prensa, en un panorama inquietante similar al que vivimos hoy por la mano humana como el terrible peligro que más acecha a la humanidad».

Algo que cobra gran significancia mientras escribo estas líneas, cuando está sumida España en una ola de calor que ha durado casi dos semanas, sacudida por una ola de centenares de incendios devastadores (de Ourense a Zamora, de Extremadura a Ávila), la mayoría provocados por el hombre, ese ser pérfido de dos patas y en muchas ocasiones poco cerebro, pero que se extienden como la pólvora, imparables, debido a las nuevas condiciones climáticas que han remodelado el paisaje, unido al calor extremo, la incompetencia o inoperancia de las autoridades (locales, autonómicas y centrales) y el abandono de los montes y campos que antes servían de sustento a muchas localidades sobre nuestra piel de toro que poco a poco han sido víctimas del abandono rural y la llamada «España vaciada».

Apenas unos años antes las revistas científicas habían comenzado a lanzar los primeros avisos de los peligros de modificación del clima por la acción humana, por la quema incontrolada de combustibles fósiles y el aumento de la concentración de CO2 en la atmósfera ante la imposibilidad de los océanos por absorber estos gases, lo que daría lugar a un aumento de la temperatura del planeta por el llamado efecto invernadero. 80 años después, estos efectos, como podemos comprobar cada día, son mucho más devastadores, y aumentando.

Antenas H.A.A.R.P.

Pero quizá lo más sorprendente es que, aunque en los años 50 del pasado siglo ya existían proyectos de control y manipulación del clima desde los estamentos militares que alimentaban las teorías de la conspiración (como el proyecto británico Cumulus, también en la década de los cincuenta), «generalmente se basaban en técnicas bien conocidas de siembra de nubes». En palabras de Álvaro Pons, «la propuesta que [en el relato] descubre Mortimer de un sistema de control climático basado en una red de estaciones que usan campos electromagnéticos para poder controlar el clima es una predicción casi perfecta de las elucubraciones conspiranoicas que han envuelto el proyecto H.A.A.R.P. (siglas de High Frequency Active Auroral Research Program), un programa militar de estudio y análisis de la ionosfera que ha sido señalado habitualmente como un complot secreto para controlar el clima y que estaría detrás de las catástrofes climáticas que estamos viviendo», al menos en los delirios y la imaginación calenturienta de los negacionistas, hoy tan activos y armados de «pseudoargumentos» que lanzan sin miramientos en las RRSS. Un discurso, como vemos, completamente actual a pesar de transcurso de tantas décadas.  

Estamos, por tanto, ante una de las obras maestras de la bande dessinée del pasado siglo XX, que ahora podemos disfrutar en su totalidad en formato integral (Norma ya ha lanzado tres tomos, y también todas las historietas de forma individual). No tardaremos en volver sobre algunos de los secretos que envuelven a Blake y Mortimer en el Pandemónium, pero hasta entonces recomendamos los volúmenes editados por Norma hasta el momento:

https://www.normaeditorial.com/buscador/blake%20y%20mortimer

Maurice Bavaud, entre las sombras

Se han registrado al menos hasta 42 intentos de acabar con la vida de Adolf Hitler. Ninguno de ellos logró su objetivo, pero varias de estas tentativas magnicidas estuvieron muy cerca de eliminar al líder del Tercer Reich. Uno de los hombres que se acercó peligrosamente al Führer fue el seminarista suizo Maurice Bavaud, cuya historia, que es necesario reivindicar, se recuerda en una novela gráfica de reciente aparición.

Óscar Herradón ©

Uno de los intentos que menos trascendió, a diferencia de la llamada Operación Valkiria –llevada al cine por Bryan Singer en 2008 con Tom Cruise en el papel del coronel alemán Claus Von Stauffenberg– fue un plan para atentar contra el líder nazi ideado por el Grupo de Operaciones Especiales británico, el SOE, creado a instancias de Winston Churchill y encargado de sabotajes y atentados tras las líneas enemigas.

Hitler en el Berghof en 1936.

En una carta fechada el 20 de junio de 1944, el general Colin Gubbins escribió a sir Hastings Ismay, subsecretario del Gabinete de Guerra inglés, informándole sobre dicho complot cuyo origen se remontaba a 1941 y que fue aprobado por todos los departamentos. Sin embargo, la operación fue abandonada debido a un cambio repentino en los acontecimientos, cuando se produjo el fallido intento de atentado citado en la llamada Guarida del Lobo. El Plan, bautizado como “Foxley”, pretendía utilizar a un francotirador en el Berghof, la residencia de Hitler en Berchtesgaden, el conocido como “Nido del Águila”, en los Alpes bávaros. Aunque la operación se canceló, la inteligencia británica llegó a redactar un grueso informe de 120 páginas, firmado por un agente identificado con el nombre en clave de LB/X.

Bavaud, una «misión divina»

Elser

Uno de los «lobos solitarios» que intentó acabar con la vida del Führer fue el campesino y carpintero suabo Georg Elser, responsable del atentado en la cervecería Bürgerbräukeller de Múnich el 8 de noviembre de 1939 que a punto estuvo de liquidar al dictador, pero hubo más.  Precisamente un año antes de atentado de Elser –el número 21 de los registrados–, en 1938, en el mismo lugar y en la misma fecha (Múnich, 8 de noviembre), como si el destino los hubiera puesto de acuerdo, el seminarista suizo –estudiaba teología católica con la intención de convertirse en misionero– de 22 años Maurice Bavaud, que consideraba al líder nazi la misma reencarnación del anticristo, hizo lo propio.

Gerbohay

Bavaud pertenecía a un grupo anticomunista de estudiantes en Francia –estudiaba en el seminario de Santa Ilan, en una comuna francesa en Bretaña–, llamado Compagnie du Mystère. Su líder, Marcel Gerbohay, una suerte de iluminado que afirmaba descender de la dinastía Romanov –pretendía que cuando el comunismo fuese aniquilado estos volvieran al poder en Rusia con él en el poder–, influyó considerablemente en Bavaud al convencerle de que la muerte de Hitler ayudaría a materializar dichos planes.

Bavaud

Maurice realizaría su tentativa de magnicidio durante el desfile conmemorativo que realizaba el mismo recorrido que antaño hicieran los “Mártires del Movimiento” del NSDAP para hacerse con el gobierno bávaro. Bavaud había comprado una entrada para el festejo fingiendo ser un periodista suizo. En un tramo previamente escogido del recorrido, donde se erigía la iglesia del Espírito Santo, intentó disparar sobre Hitler con una pistola semiautomática Schmeisser de 6,35 milímetros –que había comprado en Basilea–, pero tuvo que abandonar su idea al ver que el Führer se dirigía al otro lado de la calle en lugar de pasar por el centro, como tenía previsto, para saludar a un grupo de acólitos. Ironías de la vida.

Monumento honorífico.

Tras abandonar su plan, el día 9 intentó regresar a París en tren, con la idea de realizar un segundo intento, sin embargo, tuvo la mala suerte de ser descubierto en el convoy sin un billete válido y con la pistola escondida. El revisor avisó a las autoridades y la Gestapo lo detuvo y después lo sometió a un brutal interrogatorio, usando la tortura, como acostumbraban. Acabó confesando su plan magnicida y a pesar de las presiones de su familia, la no intervención del Gobierno suizo hizo que fuese guillotinado en la cárcel de Berlin-Plötzensee el 14 de mayo de 1941, a los 25 años.

Hoy, aquel joven estudiante de teología es considerado un héroe nacional en su país natal. Ello fue posible gracias a la perseverancia de su padre, que no cejó en su empeño de rehabilitar su buen nombre. En 1956, consiguió que Alemania revocara la sentencia de muerte de Maurice y que el Estado germano pagara 40.000 francos suizos en concepto de reparación.

PARA SABER MÁS:

Hace unos meses, HarperCollins Ibérica publicaba una cautivadora novela gráfica protagonizada por este fascinante e injustamente olvidado personaje para darle nuevamente voz y que fuera conocido por las nuevas generaciones.

Es obra del periodista y guionista parisiense Pat Perna con ilustraciones de François Ruizgé. Con un dibujo realista y una ambientación soberbia (a pesar de que combina historia real con personajes ficticios, lo que en este caso es un acierto), la historia comienza en plena Guerra Fría, en medio de un Berlín dividido, cuando el periodista Guntram Muller se interesa por el juicio de Maurice Bavaud, ejecutado como hemos visto en el post en 1941 acusado de conspiración por los nazis. El periodista se pregunta: ¿Era un loco, un asesino solitario? ¿Un espía de una organización secreta? ¿Recibía órdenes de los aliados o por el contrario de algún allegado del mismo Hitler? ¿Cómo pudo acercarse tanto al líder del NSDAP en plena efervescencia de su poder?

Las apariencias rara vez se hacen realidad y los héroes están hechos para suscitar vocaciones. Una de las obras más reveladoras de la bande-déssinee de los últimos años, un relato intimista que hay que leer de forma pausada, apto para amantes tanto de la novela gráfica como de la historia e incluso del noir. He aquí el enlace para adquirir esta joya en la web de la editorial: