Una mansión secreta en la campiña inglesa*

Alan Turing fue un personaje fundamental en la guerra de los códigos de la Segunda Guerra Mundial. Considerado el padre de la informática moderna, sería el responsable de descifrar los mensajes secretos de la máquina nazi Enigma junto a otros brillantes criptógrafos que libraron su propia guerra desde Bletchley Park.

En 1938, el servicio de Inteligencia británico se puso a buscar un lugar en el que instalar el Cuartel General de Comunicaciones del Gobierno y la Escuela de Cifrado (GC&CS, por sus siglas en inglés). Entonces se había sacado a subasta la mansión de Bletchley y sus terrenos, que hasta entonces había sido la vivienda de un rico corredor de bolsa y su mujer, un caserón victoriano que pronto se convertiría en el lugar más secreto de toda Inglaterra. El Gobierno compró parte del terreno y, en agosto de 1939, después de ejecutarse de forma silenciosa la transformación en una blindada instalación militar, el GC&CS trasladó allí su sede.

Turing

Bletchley tenía tres ventajas: a apenas 80 kilómetros de la capital, tenía comunicación directa a través de una vía férrea; se hallaba también relativamente cerca de las universidades de Oxford y Cambridge –donde el jefe del GC&CS reclutó a los mejores criptógrafos y matemáticos del país, entre ellos a Alan Turing–, y disponía de una línea de cableado telegráfico. Una gigantesca secuoya sirvió entonces para camuflar las enormes antenas destinadas a recibir los mensajes en clave del enemigo, interceptados a cientos de kilómetros de allí.

Churchill

Apenas unas semanas después comenzaba la Segunda Guerra Mundial y la carrera contrarreloj para descifrar, con los progresos polacos como base, los mensajes encriptados alemanes. A medida que fue creciendo el volumen de mensajes alemanes que había que «romper», aumentó la necesidad de un trabajo estructurado e industrializado. Los cuatro criptógrafos más destacados, Turing, Gordon Welchman, Stuart Milner-Barry y Hugh Alexander, escribieron una carta al primer ministro, Winston Churchill, muy interesado en lo que sucedía en Bletchley, pidiéndole más personal, algo que el premier ordenó inmediatamente. Así, lo que comenzó siendo una pequeña comunidad de criptoanalistas, pasó a convertirse en un inmenso centro de descodificación donde se reunieron las mentes más brillantes de toda Inglaterra, no solo criptoanalistas o matemáticos, sino también aquellos que eran buenos jugando al ajedrez o resolviendo crucigramas.

Hut 1

Los equipos de Bletchley Park trabajaban en cabañas o «casetas» prefabricadas (llamadas hut), en un total de quince barracones, cada una de las cuales tenía asignado un número en lugar de un nombre para mantener el secreto a toda costa. Por lo general, casi ningún especialista o radioperador que trabajaba en una cabaña conocía el trabajo que se estaba realizando en las otras. Por ejemplo, por citar solo alguna, la denominada «Cabaña 4» se utilizaba para descifrar los mensajes de Enigma enviados desde la «Cabaña 8», con datos de inteligencia diarios cruciales para las batallas en el Atlántico entre submarinos U-boat alemanes y los convoyes aliados. El engaño del Sistema de Doble Cruz que daría lugar a la «Operación Fortitude Sur», fue posible gracias a los mensajes procesados en la «Cabaña 4» los días previos al desembarco de Normandía.

Un grupo de «Rompedores de Códigos» en la Estación X, como se conocía entonces a Bletchley Park.
Enigma

Puestos que los nuevos rotores introducidos en Enigma producían millones de combinaciones posibles de texto cifrado, en Bletchley era necesario encontrar los cambios de los ajustes de la máquina, almacenar los mensajes alemanes –creándose un gigantesco fichero con miles de tarjetas con mensajes o datos recopilados de mensajes anteriores–, descifrarlos, traducirlos del alemán al inglés e interpretar su contenido, quizá el paso más complejo. La configuración del cifrado, una vez comenzó la guerra, cambiaba a diario, y cuantos más mensajes interceptados, se hacía necesario descifrar más rápido su contenido para que no perdieran valor.

Bombas Criptográficas

Bombe

Basándose en el dispositivo diseñado por Rejewski y su equipo, Alan Turing, con la ayuda de Gordon Welchman, construyó una serie de dispositivos electromecánicos a los que denominó Bombes («Bombas Criptográficas»), y cuyo nombre parecía hacer alusión al sonido similar al «tictac» de un reloj cuando generaban combinaciones, o al estruendo de varios de ellos funcionando a la vez. Otra versión apunta a que el nombre elegido aludía a un postre helado local. Estas gigantescas máquinas electrónicas –a las que el propio Turing bautizó con el poético nombre de «diosas de bronce»–, podían comprobar, a gran velocidad, cientos de combinaciones de letras posibles para reducir el número potencial de ajustes de la máquina Enigma de ese día. Con la «Bomba», aumentó la velocidad con la que los británicos podían descifrar el tráfico.

Typex Machine

Asimismo, en el complejo se utilizaban las Typex, una máquina de cifrado británica estándar modificada que lograban que funcionara como las Enigmas, con rotores, teclado y alimentación de papel con una impresora (la Enigma, a pesar de su gran parecido con la máquina de escribir compacta, no utilizaba papel). Las Typex se usaban para convertir el texto cifrado en alemán.

Hut 6

Aunque muchos de los miembros de la Inteligencia británica se mostraron recelosos con el ingenio de Turing, que este desarrolló gracias a los pasos dados por los matemáticos polacos y a haber desarrollado en Cambridge prácticamente la base teórica del ordenador moderno, la necesidad de doblegar a los nazis impuso su criterio y se construyeron las «Cabañas 11 y 11» –esta segunda construida dos años después– para alojar varias decenas de máquinas Bombe que trabajaban de forma ininterrumpida.

Aunque Turing y sus «Bombas» supusieron un gran avance para romper el código Enigma, en Bletchley Park se realizó un impresionante trabajo en equipo en el que todas las aportaciones fueron importantes. Cada una por separado no habrían permitido a los ingleses cosechar el éxito que lograron. Por ejemplo, en 1941, el equipo liderado por el ya citado Dillwyn Knox –un excéntrico personaje que a veces trabajaba en pijama y bata–, el formado por oficiales de la Women’s Royal Naval Service, usando la técnica del rodding, descifró el código naval italiano tras la batalla de Matapan. Tras recuperar blocs de notas y documentos de codificación de Enigma de los submarinos alemanes, junto con transmisiones meteorológicas, pudieron leer finalmente los mensajes de la Enigma que utilizaba la Marina alemana. La obtención de aquellos documentos de codificación alemanes fue posible gracias a que el 7 de mayo de 1941, la Armada Real Británica capturó deliberadamente un barco meteorológico alemán, junto con equipos y código cifrado, y dos días después se capturó el submarino U-110 de la Kriegsmarine, que iba equipado con una máquina Enigma, un libro de códigos, un manual de operaciones y otras informaciones vitales para romper el tráfico submarino de mensajes codificados.

Shaun Wylie

Sin embargo, en febrero de 1942 los alemanes introdujeron una máquina Enigma de cuatro rotores en sus submarinos, mucho más compleja y a la que denominaron con el nombre en clave de Shark. En octubre de ese año, los tripulantes del HMS Petard, arriesgando sus vidas, recuperaron del U-559 que había sido derribado, antes de que se fuera a pique, dos libros de códigos de señales cortas alemanas. Tras enviarlos a Bletchley, Shaun Wylie y los criptógrafos de la «Cabaña 8» consiguieron descifrar Shark. Aquello fue muy importante para tomar ventaja en la batalla del Atlántico que estaba causando millares de muertes y una pérdida incalculable de materiales y provisiones de los aliados. Y así más y más logros en equipo: en 1943, los alemanes, desconfiados de la seguridad de sus transmisiones, introducen un nuevo código meteorológico corto, pero una vez más los especialistas que trabajan en la «Cabaña 8» logran evitar otro «apagón» en la decodificación de mensajes gracias a la introducción de Bombes más rápidas. Shark se vuelve a redescifrar en apenas diez días.

Lorenz

Sin embargo, los alemanes también codificaban con otra máquina conocida como Lorenz, más grande, pesada y compleja que Enigma. Sin embargo, como sucediera aquel lejano día en que los polacos pudieron hacerse, gracias al despiste alemán, con una máquina Enigma en Varsovia, a los aliados volvió a sonreírles la suerte: un operador germano erró al usar Lorenz, enviando un mensaje con la misma configuración de encriptado dos veces –la segunda, usando abreviaturas–, lo que permitió a John Tiltman, jefe de criptografía en Bletchley Park, descifrar su hasta entonces «irrompible» código.

Colossus, el primer ordenador

Colossus

Mientras los alemanes complican el cifrado tanto de Lorenz como de Enigma, en Bletchley hacen llamar a Tommy Flowers, ingeniero del servicio postal. Este, junto a Max Newman, diseñará y construirá el primer ordenador semiprogramable del mundo, al que bautizaron como Colossus, permitiendo doblar el éxito del trabajo de los criptoanalistas de la campiña inglesa.

Eisenhower en vísperas del Día D.

Colossus descifró un mensaje crucial: nada menos que la confirmación de que el ejército alemán esperaba una invasión masiva en Calais, una información decisiva para que el general Dwight Eisenhower se decidiera por Normandía para que tuviera lugar el gigantesco desembarco del 6 de junio de 1944. Los historiadores están convencidos de que los avances realizados en aquel complejo ultrasecreto permitieron que la duración de la guerra más feroz que había conocido el hombre se acortara en dos años. Sin embargo, los logros conseguidos en aquella mansión victoriana lejos de miradas indiscretas continuarían siendo un secreto después de la guerra.

El trágico final de un héroe

Turing, que, a pesar de su carácter excéntrico y su comportamiento asocial, se había convertido en un auténtico héroe de Bletchley y había sido condecorado con la Orden del Imperio Británico –eso sí, no podía divulgar la razón de aquel honor patrio–, en 1952 se enfrentó, a pesar de su impagable contribución al esfuerzo de guerra, a una acusación criminal tras confesar, durante un interrogatorio tras interponer una denuncia por robo –irónicamente, había acudido a las autoridades para buscar justicia–, que había mantenido relaciones sexuales con otros hombres, algo que estaba prohibido en Inglaterra.

Se le imputaron los cargos de «indecencia grave y perversión sexual», los mismos que había enfrentado el escritor también inglés Oscar Wilde medio siglo antes. Dos años después del juicio, a los 42 años, Turing apareció muerto en su casa de Manchester, al parecer tras comer parte de una manzana impregnada con cianuro. Aunque oficialmente el caso fue cerrado como suicidio, aquella misteriosa muerte dio origen a distintas teorías, entre ellas la del asesinato, algo que no ha podido demostrarse.

Turing

En 2009, el entonces primer ministro del Reino Unido, Gordon Brown, emitía un comunicado en el que pedía disculpas en nombre del Gobierno de Su Majestad y la nación por la ignominiosa persecución a Turing, reconociendo la gratitud que debían a este, al igual que a sus compañeros en Bletchley, los aliados. El 14 de abril de 2015, saltaba la noticia de que un «manuscrito perdido» del matemático de Cambridge –un bloc de notas de 56 páginas escrito de su puño y letra, que data de antes de 1942 y que le dejó a su amigo Robin Gandy cuando estaba en pleno proceso de descodificación del código nazi en la mansión victoriana–, había sido subastado por más de un millón de dólares por la casa Bonhams. Su nombre tenía los reconocimientos que sus contemporáneos le negaron.

Décadas de secretos

John Cairncross

En relación con Bletchley Park, el autor británico Sinclair McKay señala que «Hacia el final de la guerra, el complejo era la mayor factoría de secretos jamás construida». Sin embargo, cuando se puso fin al conflicto, Churchill, ordenó destruir todas las instalaciones militares de Bletchley, incluidas las bombas, las Enigma y todos los artilugios empleados para romper el código alemán. Probablemente lo hizo para evitar que los soviéticos se hicieran con dichos secretos a las puertas de la Guerra Fría. Curiosamente, los rusos no solo sabían de la existencia de Enigma gracias a un espía infiltrado en el mismo Bletchley Park (John Cairncross, que trabajaba en la Cabaña –Hut– 3 y que sería uno de los «cinco de Cambridge»), sino que también disponían de sus propias unidades que usaron con fines militares y estratégicos. Se ordenó el secreto y en 1960 se destruyó además la última unidad de Colossus, estando, hasta 1975, vigente una ley británica que prohibía la mera divulgación de su existencia.

Winterbottam

No fue hasta 1967 que David Kahn publicó el libro John Cairncross(«Rompedores de Códigos»), que describía la captura de la Enigma naval del U-505, y aludía a la existencia de un complejo en el que numerosas máquinas «que llenaban varios edificios» permitían leer los mensajes. En 1974, el exoficial de inteligencia F. W. Wintherbottam publicaba su libro y abría la caja de Pandora para que los investigadores comenzaran a indagar qué sucedió en aquel recóndito y hermoso paraje de Bletchley Park durante la guerra.

En febrero de 2006, gracias a un programa de traducción llamado «Proyecto M4», los especialistas lograron descifrar uno de los últimos mensajes que quedaban por descifrar de Enigma tras la rendición alemana, enviado por un submarino desde el Atlántico señalando que se había visto obligado a sumergirse durante un ataque, facilitando las coordenadas de la última localización del enemigo.

Hoy, Bletchley Park, que estuvo a punto de ser demolido en los años 90 para construir un centro comercial, gracias a la campaña iniciada en 2011 con el nombre de Saving Bletchley Park, es un museo visitado cada fin de semana por miles de turistas que recuerda que allí, en tiempos del mal, un grupo de héroes luchó día y noche por la victoria. Su sacrificio permitió ganar una guerra.

*Este texto ha sido extraído del libro Espías de Hitler, Ediciones Luciérnaga, de Óscar Herradón.

PARA SABER MÁS:

De la mano de Pinolia podemos disfrutar del libro Alan Turing: el legado de un genio, coordinado por Daniel Torregrosa, que realiza un minucioso recorrido por la vida y obra del matemático británico desde los tiempos de la decodificación de Enigma hasta la revolución digital en la que estamos inmersos, sobrecogidos por la misma IA y sus múltiples posibilidades –y peligros– que no existiría sin los avances desarrollados por el propio matemático británico.

Visionario, genio matemático, héroe de guerra como hemos visto en el post y víctima de una injusticia histórica, Alan Turing emerge en estas páginas como una de las figuras más influyentes del siglo XX. Su mente prodigiosa estableció los cimientos de la informática moderna y la inteligencia artificial, mientras su vida ejemplifica la lucha contra los prejuicios de una época que no supo comprender su brillantez. Este volumen colectivo traza un recorrido cautivador por su extraordinaria trayectoria: desde una infancia caracterizada por una curiosidad insaciable hasta su decisiva labor en Bletchley Park, esa mansión secreta en la campiña inglesa a 80 kilómetros de la City, donde su ingenio resultó determinante para descifrar los códigos nazis y precipitar el fin de la Segunda Guerra Mundial.

Esta vibrante obra profundiza en sus contribuciones pioneras como la máquina de Turing, concepto revolucionario que sentó las bases teóricas de la computación moderna, junto con su célebre test de Turing, piedra angular en el desarrollo de la inteligencia artificial que continúa desafiando a científicos e ingenieros en la actualidad. A través de un análisis riguroso pero ameno y accesible a todos los públicos, este libro reivindica la figura esencial de Turing y propone una reflexión necesaria sobre cómo sus descubrimientos fundamentales en programación, algoritmos y computación teórica transforman constantemente nuestro presente tecnológico. Una poderosa historia de genialidad, resiliencia y visión científica que sigue inspirando a nuevas generaciones de innovadores y pensadores de todo el mundo.

He aquí el enlace para adquirir esta obra en la web de la editorial:

El Gran Reemplazo: la última falacia cibernética

Vivimos tiempos de crisis económicas endémicas, globalización e incertidumbre social que ha aumentado con la pandemia, generando una polarización de la sociedad que también vemos en España. Con la migración masiva en el punto de mira y un éxodo de migrantes que ha aumentado exponencialmente tras la invasión rusa de Ucrania, algunos grupos vinculados a la extrema derecha extienden en RRSS la teoría conspirativa de «El Gran Reemplazo»: los occidentales blancos estarían siendo sustituidos por la multiculturalidad en un genocidio largamente encubierto. Una postura que han defendido algunos de los seguidores más radicales de Donald Trump, pero que encuentra eco también en Europa, donde precisamente nació. Tras los últimos tiroteos masivos en EEUU, esta conspiranoia vuelve a estar en primera línea de actualidad.

Óscar Herradón ©

En febrero de este 2022 la editorial Edaf lanzó mi último trabajo de divulgación, el libro La Gran Conspiración de QAnon y otras teorías delirantes de la Era Trump, un recorrido sui géneris por este alocado mundo en el que vivimos, bombardeados por todo tipo de información, millones de datos entre los que cuesta discernir la verdad de la suposición, los hechos del bulo, la noticia del fake. Un amplio espectro de movimientos y creencias en el que se dan la mano ciberactivistas de extrema derecha y extrema izquierda, vendedores de humo que mueven masas, políticos que causan vendavales a golpe de tuit, conspiracionistas de medio pelo, verdaderas milicias antisistema…

Un espejo del batiburrillo confuso y humeante de esta tercera década del siglo XXI que comienza revuelta, hiperglobalizada y polarizada, en medio de crisis económicas, del eterno desempleo, la división cada vez más acentuada entre los selectos ricos (con mayor patrimonio tras la pandemia) y la multitud de pobres, la pérdida de esperanza, de fe o de los sistemas de valores de otro tiempo (en muchas ocasiones para bien, otras para mal), en un mundo a las puertas de la inteligencia artificial y el 5G lleno de posibilidades donde, sin embargo, pululan los mismos fantasmas de tiempos anteriores, la precariedad y el miedo, la incertidumbre y la desesperanza, unidas a la sensación de estar permanentemente vigilados.

Un acelerado cambio de paradigma

Tras pasar –y no del todo– una pandemia que jamás creíamos que sobrevendría en tiempos de trasplantes multiorgánicos, microchips cerebrales y hombres-cíborg, cuando los «turistas espaciales» pueden, a golpe de talonario, realizar un viaje por la estratosfera en un cohete, resulta que un virus respiratorio (para unos, fabricado en laboratorio, para la gran mayoría, una simple mutación que no esperábamos), causa más de 6 millones de muertos y creciendo y convierte en real el escenario planteado en películas como Contagio o Estallido y en novelas como La Peste de Albert Camus, cien años después de la última gran pandemia, la mal llamada Gripe Española que comenzó en medio de la Primera Guerra Mundial.

Y si no teníamos bastante, resulta que la escalada de tensión en el este de Europa culminó con la invasión de las tropas rusas de Ucrania, un país que acaba de ganar Eurovisión (más por solidaridad que por estrictas razones artísticas) y cuya terrible guerra dura más de 80 días, tres largos meses de sirenas antiaéreas, bombardeos, ejecuciones y torturas en una auténtica vulneración de los derechos humanos (al parecer por ambas partes, aunque principalmente de la rusa) y el mayor éxodo en el viejo continente desde la Segunda Guerra Mundial, esa conflagración devastadora que ocupa numerosas entradas de este Pandemónium.

El señor Jones

Pues bien, en dicho trabajo, que vio la luz apenas unas semanas antes del estallido de la guerra de Putin, como la llama Pedro Sánchez, y que el Kremlin tilda de «operación militar especial» para no movilizar a la población (algo que provocaría una respuesta social previsiblemente negativa), hablaba de cómo algunos de los conspiracionistas –que mueven auténticas masas en el país de las barras y estrellas– como el mediático Alex Jones, uno de los que más contribuyó a la victoria de Trump en las presidenciales de un ya lejano 2016 y posteriormente en airear sus políticas republicanas, es un fiel seguidor, además de mil y una teorías a cuál más estrambótica, del llamado «Genocidio Blanco».

Hoy hablo de él en este post porque en dos días se han producido nuevos tiroteos masivos en Estados Unidos, y quienes los han perpetrado parecen pertenecer a esta ola de seguidores de la llamada teoría de «El Gran Reemplazo», tiroteos en Búfalo (Nueva York) y Laguna Woods (Los Ángeles) de los que me ocuparé en un segundo post para no aburrir al lector con tanta subordinada.

La Gran Conspiración contra el Occidente blanco

Pues bien, regresando a Alex Jones, éste es también defensor de la teoría conspirativa neonazi y supremacista del llamado genocidio blanco, según la cual la inmigración masiva, la integración racial, el mestizaje, las bajas tasas de fertilidad, la anticoncepción y el aborto se están promoviendo en países predominantemente blancos (como EEUU, pero también gran parte de Europa, con Inglaterra a la cabeza) para convertir deliberadamente a éstos en una minoría y provocar que se extingan a través de la «asimilación cultural».

El 2 de octubre de 2017, afirmó que los demócratas y comunistas estaban planificando ataques de «genocidio blanco». Y meses antes, en abril, fue duramente criticado por sostener que el ataque químico en la ciudad siria de Jan Sheijun era un engaño y una operación de «bandera falsa», y que fue llevado a cabo por el grupo de defensa civil White Helmet, que, según él, es un frente terrorista afiliado a Al-Qaeda y financiado por George Soros, el «nuevo hombre del saco» del conspiracionismo. Declaró también que «nadie murió en Sandy Hook», lo que constituye una afrenta para la memoria de las víctimas y familiares de esta escuela primaria en la que murieron 28 personas, la mayoría niños, a manos del joven de 20 años Adam Peter Lanza.

Renaud Camus

Pero, ¿en qué consiste la teoría conspirativa del genocidio blanco? También conocida como «El Gran Reemplazo», fue impulsada por el escritor galo Renaud Camus en 2012, según la cual los franceses blancos católicos y la población blanca cristiana europea en general están siendo reemplazados sistemáticamente por pueblos no europeos, principalmente árabes, bereberes, norteafricanos, subsaharianos e iberoamericanos, a través de la inmigración masiva y el crecimiento demográfico. Según la investigadora austriaca experta en extremismo Julia Ebner, autora de La vida secreta de los extremistas (Temas de Hoy, 2020), era la ideología que motivó al perpetrador de la matanza de Christchurch en Nueva Zelanda o al del tiroteo en El Paso (Estados Unidos) ese mismo año.

Volviendo a Jones, el 6 de agosto de 2018, Facebook, Apple, YouTube y Spotify eliminaron todo contenido de Jones e InfoWars de sus plataformas por «violar sus políticas». Youtube cerró varios canales asociados al sitio web, entre ellos The Alex Jones Channel, con nada menos que 2,4 millones de suscriptores. Y Facebook hizo lo propio con cuatro de sus páginas por «glorificar la violencia gráfica y el uso de un lenguaje deshumanizante para describir a las personas que son transgénero, musulmanes e inmigrantes, lo que viola nuestras políticas de discurso de odio».

Apple también suprimió todos los pódcast asociados con Jones desde su plataforma iTunes, y también fue eliminado en Pinterest, Mailchimp y LinkedIn. Sería, además, uno de los personajes más activos en la jornada del asalto al Capitolio el 6 de enero de 2021 junto a milicias de extrema derecha y seguidores de QAnon que consideraban un fraude la victoria de Joe Biden en las presidenciales.

Hace apenas unas horas, el presidente demócrata desde entonces, mal que le pese a los gurús de la alt-right, en medio de la situación más delicada para la política internacional desde la Guerra Fría por el conflicto de Ucrania y el tira y afloja del Kremlin con la OTAN, también aludió a los graves problemas internos de la nación de las barras y estrellas, y señaló, en relación con la masacre de Búfalo, que «el supremacismo blanco es un veneno».

Este post tendrá una inminente continuación en «Dentro del Pandemónium»…

Rodolfo II de Habsburgo: el emperador de las sombras (II)

Introvertido y extravagante, Rodolfo II convirtió la ciudad de Praga en un hervidero de cultura donde se dieron cita científicos, artistas y matemáticos pero también magos, nigromantes, charlatanes y vividores que hicieron de la vieja Bohemia un lugar tan fascinante como lúgubre.

Óscar Herradón ©

Muchos farsantes se codearon con el monarca. Pero su afán de mecenazgo y protección frente a los rigores de la Inquisición hizo que se reunieran en Praga auténticos expertos que escribieron tratados sobre la materia y otros que, según sus biógrafos, llegaron a proveerle de grandes cantidades de oro para pagar a sus ejércitos, algo difícil de creer hoy en día. Pero lo cierto es que durante su reinado se produjo el máximo esplendor del arte alquímico en Chequia. No solo el castillo de Praga fue un centro de reunión de iniciados y sopladores; los aristócratas Guillermo de Rozmberk y Jan Zbynek de Hazmburk también promovieron esta práctica.

En la corte trabajaron importantes alquimistas como Martin Ruland el Joven, entre cuyas obras destacan un tratado sobre la piedra filosofal y una enciclopedia del saber alquímico de la época. A él se atribuye, además, un tratado sobre el infierno. El emperador también tenía a su servicio alquimistas hebreos. El más importante fue el converso Mardochaeus de Delle, quien compiló sus vastos conocimientos en un libro que desapareció siglos después.

Aunque los más destacados, quienes ya gozaban de renombre antes de formar parte del círculo rodolfino, fueron Michael Maier y Michael Sedivoj. Maier llegó a ser conde palatino y secretario privado del emperador y dejó un importantísimo tratado de alquimia, el célebre Atalanta Fugiens. El polaco Michael Sedijov, más conocido como Sendivogius, publicó numerosos trabajos sobre la ciencia sagrada.

Michael Maier

Sopladores, embaucadores, falsos médiums…

Pero entre estos grandes sabios también se mezclaron charlatanes y embaucadores. Es el caso del inglés Edward Kelley, que se aprovechó de las creencias del emperador para enriquecerse. Junto a él estuvo un personaje más respetable y rodeado de misterio, el inglés John Dee, cuyos artilugios mágicos tuve la ocasión de observar de cerca durante una visita al British Museum en 2014, y que volverá a aparecer en «Dentro del Pandemónium». Ambos, supuestamente, vendieron al soberano uno de los libros más misteriosos de todos los tiempos: el Voynich.

A diferencia de este último, Kelley se quedó sirviendo a Rodolfo, obteniendo grandes riquezas. Éste hizo creer al monarca que había logrado la transmutación de los metales, el ansiado oro que iba a traer la bonanza al Imperio. Kelley se convirtió en consejero imperial y en 1588 fue nombrado caballero de Bohemia. Adquirió una serie de casas en Praga, incluyendo una que según la leyenda había ocupado el legendario Fausto: la Faustum Dum. A partir de entonces algunos decían haber visto al nigromante volando a la grupa de Mefistófeles. Confiado por sus riquezas y su poder, Kelley dejó de persuadir al emperador con falso oro e incluso llegó a matar a un noble durante un duelo. Acabó en la cárcel y, mientras intentaba escapar, se fracturó una pierna. La gangrena se apoderó de ella y tuvieron amputársela. Permaneció en prisión hasta que un veneno preparado por su esposa acabó con su vida en 1597.

Rodolfo II hacia 1593, por Lucas van Valckenborch

A diferencia de este último, Kelley se quedó sirviendo a Rodolfo, obteniendo grandes riquezas. Éste hizo creer al monarca que había logrado la transmutación de los metales, el ansiado oro que iba a traer la bonanza al Imperio. Kelley se convirtió en consejero imperial y en 1588 fue nombrado caballero de Bohemia. Adquirió una serie de casas en Praga, incluyendo una que según la leyenda había ocupado el legendario Fausto: la Faustum Dum. A partir de entonces algunos decían haber visto al nigromante volando a la grupa de Mefistófeles. Confiado por sus riquezas y su poder, Kelley dejó de persuadir al emperador con falso oro e incluso llegó a matar a un noble durante un duelo. Acabó en la cárcel y, mientras intentaba escapar, se fracturó una pierna. La gangrena se apoderó de ella y tuvieron amputársela. Kelley permaneció en prisión hasta que un veneno preparado por su esposa acabó con su vida en 1597.

Mecenas de la ciencia y la cultura

Aunque Rodolfo promocionó los estudios ocultistas, algunos eruditos de renombre que sentarían los pilares de la ciencia y la astronomía modernas también tuvieron un lugar en su corte. Uno de los astrónomos patrocinado por Rodolfo fue Tycho Brahe. Éste llegó a Praga en 1599, y se convirtió en el más brillante de los astrónomos pretelescópicos. Descubrió la ecuación anual de la Luna y determinó la desigualdad principal de la órbita lunar con referencia al plano de la elíptica. Gracias a sus conocimientos consiguió convertirse en astrólogo y matemático imperial, obteniendo grandes riquezas y un observatorio. Pero lo que más llamó la atención del emperador fue la capacidad profética de Tycho. Nadie dudaba entonces que predecía el futuro y que era capaz de penetrar en los misterios celestes, además de curar las enfermedades. De hecho, comenzó a venderse un elixir que llevaba su nombre y que, supuestamente, tenía virtudes terapéuticas. Brahe también preparó un brebaje milagroso para Rodolfo que contenía melaza, oro potable y tintura de coral.

El astrónomo y profeta Tycho Brahe
Rodolfo II

El emperador se guió siempre por las predicciones del astrólogo, que fueron normalmente de signo funesto. Brahe predijo que Rodolfo moriría poco después que su león, la mascota imperial, asesinado por un hombre de la Iglesia, lo que provocó un auténtico delirio en el soberano, que siempre se creyó perseguido, y tuvo también consecuencias diplomáticas nefastas, cuando expulsó a los capuchinos de Praga, al creer que tramaban un complot para asesinarlo.

Más relevante aún para la ciencia moderna fue la llegada de Johannes Kepler, quien trabajó con Brahe. Kepler afirmaba que la Tierra giraba alrededor del Sol y que no era el centro del universo, corriendo el peligro de ser quemado por hereje. Tras la muerte de Brahe –que nunca aceptó los postulados de su pupilo, aun sabiendo que eran correctos–, Kepler, nuevo astrónomo y matemático imperial, publicó Astronomia Nova, enunciando las dos primeras leyes que permitirían a Newton proponer el principio de atracción universal.

Un trágico y anunciado final

Al no ocuparse de los asuntos de Estado, la administración central del Imperio quedó paralizada por completo. Como anteriormente hizo su padre Maximiliano, Rodolfo II jamás volvió a recibir a un sacerdote y cogió un auténtico pánico a Dios y a los sacramentos (una de los principales «pruebas», según los nuncios papales, que demostraban que el emperador estaba endemoniado es que éste blasfemaba en numerosas ocasiones y palidecía ante la cruz).

Rodolfo II, por Giuseppe Arcimboldo
Matías

En esta lamentable situación, alimentada por la superchería de los que le rodeaban, pasó el emperador de los alquimistas y mecenas de los sabios sus últimos años de vida. Su hermano Matías, que se aliaba con católicos o protestantes según soplara el viento, logró finalmente su objetivo: movilizó un gran ejército que se situó a la mismas puertas de Praga y consiguió que Rodolfo renunciara a los tronos de Hungría, Bohemia y Moravia. El 11 de noviembre de 1611, Matías le obligó a que firmase su abdicación.

Rodolfo II de Habsburgo, desolado y triste, estaba cada vez más enfermo; sufría de terribles dolores y sus piernas se hincharon tanto que no pudo quitarse las botas durante dos días. Cuando los médicos de cámara decidieron rajárselas, la gangrena ya había hecho acto de presencia. No obstante, siguiendo con su habitual e intransigente comportamiento, se negó a que le vendaran las heridas y rechazó los remedios de los médicos. Solo ingería un elixir preparado por el alquimista Sethon, compuesto de ámbar y bezoar. Sin embargo, ningún elixir pudo burlar al destino y Rodolfo II moriría, destronado y abandonado por todos, el 20 de enero de 1612, a las siete de la mañana, poco después de su león y sus dos águilas imperiales negras, como había profetizado años atrás Tycho Brahe.

PARA SABER UN POCO (MUCHO) MÁS:

Y para una visión global de la estirpe regia a la que pertenecía Rodolfo II, la misma dinastía que trajo a España monarcas del calado de Carlos V o su hijo Felipe II, entre otros, nada mejor que sumergirse en las páginas del voluminoso ensayo Los Habsburgo. Soberanos del Mundo, publicado recientemente por Taurus, la primera historia global de la dinastía que dominó gran parte del planeta durante siglos.

De orígenes modestos, los Habsburgo ganaron el control del Imperio romano en el siglo XV y, en tan solo unas décadas, se expandieron rápidamente hasta abarcar gran parte de Europa, desde Hungría hasta España, y crear un imperio en el que nunca se ponía el sol, de Perú a Filipinas, bajo el cetro de Carlos V y después de su hijo Felipe II. Precisamente el autor, Martyn Rady, catedrático de Historia de Europa Central en la Escuela de Estudios Eslavos y de Europa del Este (SSEES), concede una importancia especial a la rama española de los Austrias, la más poderosa y la más decisiva de la historia moderna. En un relato de pulso envidiable, narra con magistral claridad la construcción y la pérdida de su mundo, un mundo que duró novecientos años, tiempo durante el cual los Habsburgo dominaron Europa Central hasta la Primera Guerra Mundial.

Precisamente, uno de los detonantes de la Gran Guerra fue el asesinato del archiduque Francisco Fernando, heredero al trono austrohúngaro. Un magnicidio de cariz política que ya se había cebado con otro miembro de la dinastía, la emperatriz Sisí (Isabel de Baviera), asesinada por un anarquista el 10 de septiembre de 1898. Pero el libro recoge infinidad de nombres (en función de su importancia historiográfica, por supuesto).

Entre los numerosos personajes que conforman la historia de los Habsburgo, nada menos que 900 años, hubo de todo: personajes extravagantes y variados, desde guerreros a contemplativos, unos de viva inteligencia, otros con poca perspicacia, unos valientes, otros tendentes a la traición, pero a todos les impulsó el mismo sentido de misión familiar, como le sucedía al protagonista de este post, Rodolfo II.

Con su masa aparentemente desorganizada de territorios, su maraña de leyes y su mezcolanza de idiomas, el Sacro Imperio Romano-Germánico suele parecer caótico e incompleto. Pero gracias a la labor de Rady, con una ingente cantidad de información y un trabajo de documentación y análisis de las fuentes ciclópeo, descubrimos el secreto de la perseverancia de este largo linaje: sus miembros estaban convencidos de su predestinación para gobernar el mundo como defensores de la Iglesia católica (aunque algunos, como el propio Rodolfo II, fuesen excomulgados, y otros, como Carlos V, enviase sus tropas contra la Santa Sede, el célebre Sacco di Roma); garantes de la paz (pese a las numerosas guerras que libraron), y mecenas de la ciencia y la cultura, algo en lo que coincidieron todos, contribuyendo, en tiempos de Felipe II, al esplendor del Renacimiento, y siglos después, a la expansión de otras corrientes de pensamiento aun a pesar de ser una institución del Ancien Régime

El libro de Martyn Rady es el ensayo más ambicioso –y completo– dedicado a esta dinastía hasta la fecha. Un texto que ha recibido todo tipo de elogios y del que el crítico Alan Sked, del Times Literary Supplement, ha dicho: «Probablemente el mejor libro jamás escrito sobre los Habsburgo en cualquier idioma». Se puede adquirir en la web de Taurus (Penguin Random House) en papel y en versión digital:

https://www.penguinlibros.com/es/historia/38916-los-habsburgo-9788430623334