Francofacts: desmontando los bulos sobre el franquismo

La editorial Pasado & Presente publica Francofacts, un libro que marca un antes y un después en la historiografía sobre el franquismo y que sin duda tu cuñado no quiere que leas. Su lectura deja un retrogusto de autenticidad y controversia que gustará o no, pero que no dejará indiferente a nadie, y que intenta hacernos llegar, en un virtuoso maridaje entre el humor y la academia, un mensaje a los españoles de bien: tu cuñado miente.

Óscar Herradón ©

Este libro marca un antes y un después en la historiografía sobre el franquismo. Un título que debería ser de obligada lectura en las escuelas. Un catálogo de respuestas a las sempiternas preguntas acerca de nuestro pasado común: ¿Quiénes somos? ¿De dónde venimos? ¿Se ha muerto Paco? El curioso lector podrá exclamar: ¡Esto no venía en mi libro de bachillerato! Su lectura deja un retrogusto de autenticidad y controversia que gustará o no, pero que no dejará indiferente a nadie. Dos jóvenes, aunque sobradamente preparadas, figuras de referencia en sus respectivos campos de creación aúnan esfuerzos para hacer llegar un mensaje a los españoles de bien: tu cuñado miente. Es el fruto del maridaje entre el humor y la academia, un irresistible cóctel que invita a reír y a pensar. 

La guerra incivil

El 18 de julio de este 2026 se cumplieron 90 años del trágico inicio del golpe de Estado que daría pie a la Guerra Civil Española (que en realidad comenzó un día antes, en el norte de África), y casi un siglo después la población española está más polarizada que nunca desde el fin de la dictadura, que siguió al fin de la brutal contienda y duró 40 años. En un tiempo del auge de la ultraderecha en todo el mundo, y también de los movimientos de izquierda radical que han alimentado en parte la llama totalitaria, al igual que los fracasos de las políticas supuestamente progresistas que en muchos lugares han causado el efecto contrario al pregonado por sus gobiernos, el recuerdo de aquella guerra fratricida –y las versiones contrapuestas sobre su origen, desarrollo y final–, en definitiva sus fantasmas, están más vivos que nunca desde hace más de cincuenta años.

Los movimientos de izquierdas utilizan a Franco al más mínimo embate para atacar a los nuevos referentes de la derecha (algunos sí, ultraderecha), mientras que estos mismos suavizan el papel represor del militar nacido en Ferrol (ya no «del Caudillo») mientras extienden versiones alternativas que distorsionan la realidad histórica de una época terrible. Es entonces cuando se hace necesario, en medio de este maremágnum agitado y crispado, poner los puntos sobre las íes, desvirtuar teorías conspirativas sin fundamentos y acudir a las fuentes primarias para confeccionar la historia tal cual fue, nuestra historia, la de todos. No la historia alternativa, ni la sesgada ideológicamente (de una parte u otra del espectro ideológico, que aunque menos, también hay teorías conspirativas que ganan fuerza entre los sectores de izquierda).

En este sentido, y lejos de esa literatura revisionista hoy tan de moda que cala entre los jóvenes como nunca antes (muchos de ellos llegan a afirmar cosas como que «con Franco se vivía mejor» cuando el dictador murió hace más de cincuenta años), o que fue la izquierda la que inició la guerra en el 36, debemos reaccionar. No hay que minimizar, no obstante, algunos desvaríos de esos mismos movimientos de izquierda que ayudaron –que no justificaron, ojo– a abonar el campo de la rebelión: la quema de iglesias, la subversión al orden establecido, los golpes independentistas –como el de Cataluña que puso en un brete a Manuel Azaña–, etcétera. Pero no, no empezó la guerra el Frente Popular ni parece que dieran un pucherazo en las elecciones de febrero, como dicen una y otra vez, hasta la saciedad, los «grandes» conocedores de la historia del siglo XX.

Pues bien, este libro surge precisamente para echar abajo los muchos bulos sobre la bonhomía de Francisco Franco Bahamonde, por mucho que hiciera pantanos e implantara –mentira, no lo hizo él– nuestra Seguridad Social: cuando el dictador llegó al poder, este servicio llevaba más de treinta años en funcionamiento, iniciado a través de la comisión de reformas sociales de 1883 y comenzada a aplicarse en 1900, quedando la seguridad social institucionalizada en 1908 a través del Instituto Nacional de Previsión, INP. Pasado & Presente editorial, habitual en el Pandemónium por su amor y cuidado a la historia y a la divulgación, está detrás de la publicación de este Francofacts. Desmontando los bulos sobre el franquismo, del historiador y profesor asociado de la Universidad Autónoma de Madrid Fernando Hernández de Sánchez y el historietista español Pedro Vera, que como bien reza su subtítulo sirve para «Desmontar los bulos del franquismo», con mucha ironía, sarcasmo, mala leche y con ilustraciones realmente ingeniosas de Vera.

Patriota, honrado… y austero

Un lugar común de la historiografía revisionista y de los nostálgicos del régimen es que durante el franquismo «pudo haber corrupción, como en todo sistema político. Pero lo cierto es que Franco fue un ejemplo de austeridad y honradez», algo que desmonta sin dificultad Hernández de Sánchez (apoyado en una minuciosa bibliografía), que asegura que aunque la fama de tener las manos limpias es uno de los mitos más queridos por los franquistas: su ídolo entró en la guerra sin sueldo (porque la República le retiró al sublevarse su sueldo de general, de 2.500 pesetas al mes). A pesar de ello, Bahamonde contaba –como el resto de cómplices en la insurrección– con el seguro suscrito a su nombre por el financiero y contrabandista de tabaco Juan March (sí, el mismo que da nombre a la prestigiosa Fundación), por si las cosas salían mal.

Pazo de Meirás.

Tras la victoria, el Caudillo se autoasignó un sueldo de 50.000 pesetas al año, lo que según el autor «en absoluto explica el monto real que acumuló a lo largo de sus cuarenta años de ejercicio en el poder». Al margen de sus honorarios oficiales, Franco se enriqueció de manera fraudulenta por tres vías: la apropiación de donativos efectuados por particulares adictos a su causa; la venta de café regalado por la dictadura brasileña; y el soborno, disfrazado de donativo, de la empresa norteamericana de telecomunicaciones ITT. A o largo de los años de la guerra, Franco recibió en su cuartel general donaciones en metálico y en especie. Según las investigaciones del historiador Ángel Viñas, el Caudillo se habría reservado para sí mismo parte de las aportaciones que sus simpatizantes hicieron a la suscripción nacional abierta para financiar la guerra. Y mucho más: junto a dinero y joyas, el Caudillo recibió otros valiosos obsequios que engrosaron su patrimonio personal, como el Pazo de Meirás (A Coruña), el Palacio del Canto del Pico, en Torrelodones (Madrid); apartamentos en Alicante; fincas en Marbella; y olivares en Mancha Real (Jaén). Suma y sigue.

Spanish illustration of a dictator handling money amid stacks of cash
Imagen creada con la IA de WordPress.
Ley de Responsabilidades Políticas.

Mientras Franco y su entorno prosperaban de forma meteórica, sus principales partidarios se forraban mediante el pillaje autorizado por la Ley de Responsabilidades Políticas de febrero de 1939 que, en palabras del hispanista Paul Preston, fue «en esencia un mecanismo para justificar la expropiación masiva de los vencidos». Incontables patrimonios cambiaron de manos gracias a la delación, la denuncia o la usurpación, al tiempo que los vencidos quedaban en la ruina, ya fuera por las elevadísimas multas y sanciones económicas que acompañaban a las condenas impuestas por los tribunales militares o por la pérdida total de sus ahorros al ser declarado nulo y sin valor el dinero emitido por la República.

Otra fuente de enriquecimiento de los incondicionales de la dictadura pertenecientes a clases modestas fue la concesión de estancos de tabaco, despachos de aceite, licencias de taxi o puestos de portería y conserjería. De esta forma, el régimen generaba un sector social que le debía gratitud y dispuesto a colaborar como adulador entusiasta o como confidente. Las élites, por su parte, se vieron favorecidas por la purga del mundo intelectual, académico y técnico, y la propia familia del patriarca también sacó tajada de su poder: su yerno, el marqués de Villaverde, emprendió un negocio de importación de motos italianas de marca Vespa introducidas en el país a través de una sociedad de la que era presidente el marqués de Huétor de Santillán, jefe de la Casa Civil del Generalísimo, es decir, «uno de los que cortaba el bacalao en El Pardo». Los ejemplos son innumerables, y casi todos están explicados en este maravilloso libro ilustrado con corrosivos dibujos del artista Pedro Vera (uno de los maestros de la revista humorística El Jueves –que hasta no hace mucho, se publicaba los miércoles, cosas de la triste y letal crisis del kiosco–, donde fue creador, entre otros, de Nick Platino y Ortega y Pacheco) y escrito igualmente con cierta mala leche.

Cristóbal Martínez Bordiú

Regresando un momento sobre la familia del Caudillo, cuenta su autor que no se esperaba otra cosa de Cristóbal Martínez Bordiú, un señorito de segunda de la buena sociedad de Jaén con la carrera de medicina; y que una letrilla satírica corrió en los días que rodearon su boda con la única hija del dictador: «La niña quería un marido,/ la mamá quería un marqués, / el marqués quería dinero./ ¡Ya están contentos los tres!». El marqués de Villaverde acumuló gran cantidad de cargos públicos y privados, enriqueciéndose en poco tiempo. Entre 1950 y 1979 fundó, presidió o formó parte de los consejos de administración de diecisiete empresas, e introdujo a sus parientes en palacio, una trama de relaciones que pronto fue conocida como «el clan de El Pardo».

El libro está repleto de frases lapidarias (acompañadas de sus pertinentes e incendiarios dibujos) que deconstruyen la imagen dorada de los nostálgicos –y muchísima información para corroborar la tesis– como esta: «“Nuestra cruzada es la única lucha en la que los ricos que fueron a la guerra salieron más ricos”. Y lo consiguieron hasta el día de hoy». Un libro valiente, provocador (más para unos que para otros) y tremendamente entretenido.

La Guerra Civil desde el Aire (Pinolia)

Pinolia (Grupo Almuzara) nos trae un ensayo particularmente vibrante, en algunos pasajes casi adrenalítico (como si se tratara de una película de acción bélica a lo Christopher Nolan), de uno de los aspectos quizá menos analizados de la Guerra Civil Española: la lucha desde el aire.

Óscar Herradón

Guernika 1937.

Aquella lucha fratricida, de la que tantas décadas después ya no cabe duda de que se trató del preámbulo de la Segunda Guerra Mundial –de hecho, fue el campo de pruebas de los futuros contendientes, por un lado los soviéticos, por el otro alemanes e italianos–, trascendió los límites convencionales del conflicto armado para convertirse en un campo experimental donde se gestó el futuro (muchas veces terrible) de la guerra aérea moderna.

Este libro, riguroso, ameno y muy bien documentado, ha sido escrito a cuatro manos por el divulgador Rafael Moreno y por Manuel P. Villatoro, a quien tengo el gusto de haber tratado varias veces por algunas entrevistas que me hizo para las páginas de ABC por varios libros centrados precisamente en la Segunda Guerra Mundial y el Tercer Reich, periodista serio y fiable, apasionado de su trabajo, algo que se nota a la hora de sumergirse en las páginas de este –y otros– de sus libros.

Richtfofen

La Guerra Civil desde el aire examina minuciosamente el componente aéreo de esta contienda a través de los protagonistas que definieron la batalla en ambos bandos. Los perfiles de pilotos republicanos y sublevados cobran vida junto a figuras emblemáticas como André Malraux (el célebre novelista, aventurero y político francés) y Wolfram von Richthofen, nada menos que primo de Manfred von Richthofen, el celebérrimo «Barón Rojo» que se convirtió en leyenda por sus acciones durante la Primera Guerra Mundial, mientras se rescata del olvido a profesionales fundamentales pero tradicionalmente ignorados: mecánicos, observadores y ametralladores de las FARE, cuya labor resultó crucial para el esfuerzo bélico.

Malraux

Como miembro de la fuerza aérea alemana, la Luftwaffe, reorganizada por Göering en 1935, un año antes del estallido de nuestra Guerra Civil, ya en tiempos de gran poder del Tercer Reich, Wolfram von Richthofen se puso al servicio de los sublevados del general Franco, mientras que Malraux, nada más estallar el conflicto, se puso al servicio de la causa de la Segunda República. A través de sus contactos con personalidades del Ministerio del Aire francés, Malraux consiguió movilizar bombarderos, cazas y aparatos de escolta e incluso tras la formación del llamado Comité de No Intervención (apoyada por Inglaterra y Francia en el marco de la política de apaciguamiento), adquirirá en Francia nuevos aparatos a través de terceros países para servir a la causa republicana. También contrató, con fondos pagados por el gobierno español, tripulaciones formadas tanto por voluntarios como por profesionales, algunos procedentes del servicio de la Compagnie Générale Aéropostale francesa.

Ya en territorio Español, cuando los hombres y el equipo llegan a Madrid, la capital todavía resistente frente al levantamiento y en la que lucen numerosos carteles con el lema antifascista de «¡No pasarán!», el propio Malraux organizará a estos con el legendario nombre de «Escuadrilla España», un grupo que contó con unos ciento treinta miembros y que realizará 23 misiones de ataque entre agosto de 1936 y febrero de 1937, cuando fue disuelto sin lograr el objetivo de vencer a las tropas sublevadas que finalmente ganarían, a base de mucha sangre derramada, la fratricida contienda.

Batallas aéreas épicas

Las grandes batallas aéreas –como la de Brunete, Teruel o el Ebro– son analizadas meticulosamente en el libro, revelando cómo estas confrontaciones en el aire determinaron frecuentemente el desenlace de las operaciones terrestres. El texto documenta la fascinante evolución de los combates aéreos: desde los primitivos duelos entre aeronaves casi artesanales de los primeros meses, hasta las sofisticadas formaciones tácticas de escuadrillas equipadas con modernos Messerschmitt Bf-109 y Polikarpov I-16 que se enfrentaron en los últimos años del conflicto, anticipando las tácticas que dominarían la Segunda Guerra Mundial. En una coyuntura histórica marcada por el auge de la aviación y la acelerada evolución tecnológica, los cielos españoles fueron escenario de innovaciones tácticas y estratégicas que transformarían definitivamente la naturaleza de los enfrentamientos posteriores.

He aquí el enlace para hacerse con este muy recomendable ensayo histórico:

Recuérdalo a tú y recuérdalo a otros

Crítica reedita un clásico para comprender la Guerra Civil Española desde un punto de vista muy humano y alejado de lecturas simplistas o ideológicamente sesgadas, algo muy habitual en los textos dedicados a nuestra contienda fratricida, principalmente en los últimos y polarizados años. Se trata de Recuérdalo tú y recuérdalo a otros. Historia oral de la guerra civil española, del hispanista estadounidense Ronald Fraser, que dio forma a un ensayo profundamente revelador que no ha perdido un ápice de intensidad ahora que se cumplen nada menos que 40 años desde que fuera publicado por primera vez.

Óscar Herradón ©

No se trata, sin embargo, de una obra objetiva –¿alguna lo es?–, por lo que ha sido criticada de no ser absolutamente fiel a la verdad histórica, algo que compensa el autor con la pasión con que abordó en su momento su composición, dando voz a aquellos que vivieron el conflicto en sus propias carnes , algo prácticamente inédito hasta entonces en relación a este espinoso asunto en nuestro país, sumido prácticamente todavía en los estertores de la dictadura.

En los años 70, el historiador Ronald Fraser entrevistó a distintos testigos de la contienda para dar forma a un completo y sensacional fresco de la guerra española, una década en la que aún era tabú y donde el posfranquismo aún se refería a ella como «la Cruzada».

La obra de Fraser ofrece el «testimonio colectivo» de muchos de los que participaron en la lucha o sufrieron sus consecuencias, acercándonos la realidad del sangriento conflicto civil con una viveza estremecedora. Una fuerza y un fervor narrativos que se mantienen más de cuarenta años después de su publicación original. Más de 800 páginas para sumergirse y paralizarse.

Desgranando las contradicciones de la sociedad española

Fraser fue un hispanista que nos legó otras obras emblemáticas sobre nuestro pasado más reciente, como Las dos guerras de España o La maldita guerra de España –que Crítica también reeditó en 2013–, donde aborda otro de nuestros grandes conflictos, nada menos que la historia social de la Guerra de la Independencia, esa misma que Ridley Scott ha pasado por alto (inexplicablemente debido a su trascendencia, pues sería la primera gran derrota de Napoleón) en el biopic del Gran Corso que protagoniza el camaleónico Joaquin Phoenix y que ha sido fruto de no pocas críticas –más historiográficas que cinematográficas–.

Pero volvamos al tema que nos ocupa que tiendo a irme por las ramas. Fraser conocía bien nuestro país: de padre escocés y madre estadounidense, se formó en Reino Unido, Estados Unidos y Suiza y fue profesor visitante de historia contemporánea de España e historia oral en el Universidad de California en Los Ángeles. Era también periodista, lo que dota de una gran frescura su trabajo historiográfico repleto de investigación de campo, entrevistas y testimonios. Vino por estos lares por vez primera en 1957, concretamente recalando en Mijas, cerca de Málaga.

De aquel viaje nacería con el tiempo el libro Mijas: República, guerra, franquismo en un pueblo andaluz, cuya primera edición precisamente llevaría el título de Tajos: República, guerra, franquismo… para evitar la censura franquista, y también el amor a aquella tierra le brindaría la oportunidad de publicar Escondido. El calvario de Manuel Cortés, que describe la tortuosa historia del alcalde homónimo republicano de Mijas, que hubo de estar escondido durante la posguerra sin poder salir por miedo a ser fusilado por los franquistas. Conocido como «el topo de Mijas», su historia serviría de inspiración a la premiada película de 2019 La Trinchera Infinita, protagonizada por Antonio de la Torre.

El fresco multicolor de un país enfrentado

Más de 300 entrevistas (toda una proeza) a personas que participaron en el conflicto y que constituyen un amplio mosaico de opiniones que hacen revivir con enorme intensidad y dramatismo aquellos acontecimientos que tuvieron lugar hace más de 80 años y que, como buena historia oral, saca a relucir el punto de vista y motivaciones de los contendientes (unos voluntarios, otros obligados dependiendo del territorio en que estuvieran: estos tomados por los sublevados, aquellos fieles a la Segunda República), cómo experimentaron la guerra fratricida, también las contradicciones que se reflejaban en una sociedad profundamente desigual y distinta entre provincias, así como la forma en que vivieron la revolución y la contrarrevolución desde ambos bandos, contándonos de forma magistral el esfuerzo titánico del movimiento obrero y el socialismo por cambiar la realidad de una país profundamente anclado en el pasado (y que cometieron, igualmente, no pocos excesos) y el triunfo irremediable de los sublevados.

Durante sus últimos 25 años de vida Fraser vivió en Valencia con la historiadora Aurora Bosch, quien también ha recibido numerosos premios a su actividad investigadora, entre ellos el premio Willi Paul Adams 2013 que otorga la Organization of American Historians (OAH) al mejor libro sobre Historia de Estados Unidos en lengua no inglesa por Miedo a la democracia. Estados Unidos ante la II República y la Guerra Civil Española, que publicó precisamente la editorial Crítica en 2012.